19» Presión


25 de Junio del 2015
3:20 p.m.
Tribunal del Distrito
Sala No. 2

La sala cayó en silencio, mientras que me dirigí al estrado con una sonrisa.

-¿Señor Berry? ¿Me permitiría su anuncio una vez más?
-No sé para que, pero...

Al momento de darme el anuncio de su circo, con la mano derecha la levanté hacia el juez, hacia Vittoria, y por último, hacia el público. El anuncio mismo había sido añadido a las evidencias y aparecía en las pantallas.

-Les presento la prueba decisiva... ¡Lo que conecta a éste sujeto con el arma homicida!

Apuntando a aquella pantalla en mi lugar, fue seleccionado el broche ensangrentado.

-¿No es ése un adorno suyo, señor "Berry"? -pregunté con una sonrisa. Él sol ose quedó pasmado al ver el broche.
-¡Ése...brroche...! -alcanzó a titubear Vittoria.
-Éste broche era parte de lo que el señor Berry iba a utilizar en el comienzo de la función del circo. Pero la pregunta es... ¿Dónde está ahora?
-Ehh...disculpe, abogado Goodman... -habló el juez.
-¿Sí, Su Señoría?
-¿En qué parte del anuncio se muestra éste broche? No lo veo por ninguna parte...
-¡¿ES EN SERIO?! -grité dentro de mi mente, empezando a sentir lo que pensé yo, podría ser una acumulación de sangre en la cabeza por tanto enojo. -¡E-esta bien, Su Señoría! ¡Se encuentra...justo aquí! -le hable, apuntando en la pantalla la ubicación del broche.

Inmediatamente, el público, Vittoria y el mismísimo juez cayeron en silencio, como si se encontraran con un dilema.

-¿Eh...dije...dije algo malo?
-Gütman. –habló Vittoria.
-F-físcal... ¿Ocurre algo?
-Usted acaba de prroponerr una teorría interesante. –dijo con seriedad, cruzada de brazos. –Sin embarrgo...

Ella mostró las dos pruebas en las pantallas, comparándolas.

-El brroche contiene florres turrquesas, negrras y bancas. Y la decorración del Señorr Berrry, la de la imagen, solo tiene florres turrquesas y bancas. ¿Alguna explicación?
-Sí, yo también quierro saberr. –mencionó el juez.
-¡Cuidado, que se le pega el acento! –me limité a decir en mi mente.

¿Habría alguna explicación para la falta de éstas flores en la imagen? Lo debía de haber...tenía que pensar fuera de la caja. Ése adorno negro estaba en el broche, pero no en el anuncio… ¿De dónde venían éstas flores negras?
Flores negras… ¿Flores?
Por un momento, me hice una pregunta en la cabeza, a cuál se expandió a una mucho más explicable: "¿Acaso ésas flores eran flores?"

-Se acabó el tiempo de reflexión, abogado. –dijo el juez. -¿Hay alguna explicación para la aparición de éstas flores?
-Si. Si la hay, Su Señoría. –dije con algo de inseguridad. –Pero para probar mi teoría, quiero hacer una petición.
-¿U-una petición? –preguntó el juez.
-Quiero que hagan un análisis de sangre del tipo desconocido de sangre y la sangre del señor Renovek. Pero más importante, quiero conocer la verdadera naturaleza de ésas flores negras.

Después de que se cumpliera mi petición, noté algo extraño en Vittoria. Era como si tuviese la misma idea que yo, más no la veía en mi contra… ¿Qué demonios estaba pasando con ella?

-Gütman. –habló ella. -¿Tienes una idea de que son ésas florres?
-De hecho sí. La tengo. Es solo que no lo pensé antes…

Asintiendo con firmeza, dio una ligera sonrisa tranquila, mientras que Dominik seguía en el estrado.

-En lo que el análisis de sangre llega…tengo una pregunta para ambos, la fiscalía y la defensa.

El juez había llamado nuestra atención, haciendo que lo miráramos.

-Si la sangre del testigo se encuentra en ése broche… ¿Qué puede probar?
-¡Que él pudo haber sido el asesino, por supuesto!
-¡Un momento! –habló Dominik. -¿Cómo puedes probar eso? Digo ¿Ves alguna herida en mí?
-Pues…por supuesto que no.
-¿Ves? No tienes nada para-
-Es porque no lo puedo ver.
-¿Se-señor Goodman?
-La defensa le pide al señor Renovek que se retire la chaqueta roja.
-Pero señor Goodman, ¿Qué puede estar ocultando? –preguntó el juez.
-¿Aún lo piensa? –pensé. –Sencillo: una herida.
-U-una…herida. –logró pronunciar Dominik.

Lo extraño era que la fiscal seguía en silencio, permitiéndome abrirme paso…

-¡Oiga, usted! ¡Debería de apoyarme! –gritó Dominik, viendo a Vittoria.
-No estoy aquí para apoyar a nadie.
-¡¿Qu-qué?!
-Estoy aquí para castigar al que debe de ser castigado. Nada más.

Con un cruce de brazos, lanzó una mirada potente contra Dominik, como si con solo mirarlo le ordenara quitarse la chaqueta. Lento y enfadado, Dominik se desprendió de su chaqueta roja, mostrando la camisa interior azul. Todos nos quedamos atónitos al ver que justo en el brazo había una herida vendada y aún sangrante.
Por dentro, sentía que cantaba victoria, pero él se mostraba sonriente aún.

-T-Testigo…ésa herida… -tartamudeó el juez.
-Ah ¿esto? –dijo ahora con un tono sarcástico, y con una enorme sonrisa. –Son los cobros por mi trabajo.
-¿Trabajo?
-Verá: Toda la mañana y en la tarde trabajamos para preparar el circo. No salí nunca de la carpa. Mientras, en uno de los entrenamientos, el tigre de la pequeña domadora, Regent, se salió de control y quiso jugar con mi brazo…tratando de quitármelo.

Todos nos pasmamos ante la noticia, mientras que el juez solo se quedaba un poco preocupado.

-¡¿Y se repondrá?! –preguntó con miedo.
-¡Pues claro! –respondió ahora con un rostro gentil. –Aquí traigo la prescripción del médico.

El muy maldito había falsificado una prescripción médica. Gusano desesperado...tenía que hacer algo…

-Entonces jamás salió de ése lugarr, sino hasta el momento que usted prrecenció el crrimen. –preguntó Vittoria.
-Por supuesto ma bien-aimée. –dijo seguro de sí mismo, con una sonrisa.
-¡Se-señor! ¡El análisis de sangre ha llegado! –dijo uno de los alguaciles. – A pesar de ser una cantidad muy mínima ¡Parece ser que la sangre hallada en el broche si pertenece al testigo!
-Oh. Creo que algo de sangre de la herida cayó en éste broche. –dijo Dominik con hipocresía.
-Y respecto al adorno de flores… -vaciló el alguacil. –Se trata de solamente de un pedazo de tela con lo que parece ser unas lentejuelas. Algo que provoca el efecto brillante…

Lentejuelas…tela…

-¡Su señoría! –grité fuertemente. -¡Solicito permiso para hacer una interrogación al señor Renovek!
-¿Al señor Renovek? Ah, se refiere al señor Berry…
-¡ÁBRA LOS OJOS, SEÑOR! –le rogué dentro de mi mente.
-Claro que puede. Solo que tengo que preguntarle… ¿Con que motivo?
-Señor Berry: ¿Puede declarar sobre lo ocurrido en la noche del crimen, una vez más?
-¡¿Por qué motivo?! –gritó él enfadado. -¡Yo las vi a las dos! La acusada, la anciana y ésa mujer, matándose las unas a las otras.
-Entonces, estuvo a una buena distancia para poder ver lo que ocurría, sin tener que entrar directamente a la atracción…
-¡ESO ES LO QUE TE DIGO, DESCEREBRADO!

Por primera vez, me sentía demasiado bien. La sonrisa atornillada en mi quijada, mientras que mis ojos permanecían cerrados.

-Protesto. –dije normalmente, mientras apuntaba hacia Dominik. –Tenía que ocurrir tarde o temprano.
-¿Ocurre algo, abogado?
-Crreo que esto terminó. –dijo Vittoria sonriente. Dominik por otro lado, estaba confuso.
-Señor Berry, o Renovek: cualquiera que sea su apellido. –dije con altanería. –Si usted estaba a buena distancia, ¿Qué hacía esto en la escena del crimen?

En las pantallas, se mostró como prueba el broche.

-Si dijo haberlo visto todo desde un buen punto lejano, sano y salvo, ¿Por qué estaba su broche ahí?

El silencio se hizo presente de nuevo, mientras que Dominik solo miraba nervioso.

-Además, parece que un trozo de la tela negra vino del sombrero. Apostaría a que fue arrancado. ¿No le parece…Señor Renovek?
-¿Qué está insinuando, señor Good—
-Procedo a decir que los eventos no ocurrieron, según lo mencionado por el señor Renovek. Lo que yo procedo a decir es que: Él mismo, fue a la escena del crimen y asesinó a la agente Brust. Después, siendo visto por la anciana, ella procedió a atacarlo con su propia arma. Pero fallando en el intento, ella terminó asesinada por éste sujeto. Al final, ocultó el cadáver en un buen lugar, y movió de lugar el cuarto para hacernos una mala idea de cómo era la escena del crimen.

Todos comenzaron a hablar, hasta que en cierto instante, Vittoria reaccionó.

-Dices que así pasó. ¿Perro que hay de los testigos?
-¿T-testigos? –tartamudeé.
-Así es. La pareja de testigos que se encontraban en el cuarto a lado. Ellos habían mencionado haber estado ahí desde mucho antes, por lo cual, debieron haber visto u oído algo.

Me dejaron en blanco, mientras que el juez miraba con curiosidad, y la fiscal con determinación. Algo quería ella de mí…

-Lo siento, loi garçon. Se te acabaron las oportunidades. Así que por mí cuenta, me retiro… ¡Y PUDR—
-¡PROTESTO! –gritó una voz joven. Ésta vez, corriendo al estrado, Aiyana hacía acto de aparición, mientras que con determinación, se preparaba para declarar.