A nadie le gustan los exámenes, ¿Cierto? jajaja estuve leyendo el tomo 7 del manga de Nougami Neuro y hay un capitulo en el que Yako se está preparando para unos exámenes y pide/ruega por la ayuda de Neuro. Haciendo que este, cruel como siempre, solo le ofrecería su ayuda si ella accedía a lamer su zapato. (Neuro es un sádico total, pero lo amamos igual jajaja Yako también xD)
Esta historia esta basada en ese capitulo pero con otro final. Todos amamos el lado sádico de Neuro, pero en este caso, quiero retratar a una completa Yako, que no se rendirá hasta conseguir que su querido demonio la ayude a aprobar, haciendo todo lo necesario para conseguirlo.
NEURO X YAKO FANFIC / MAJIN TANTEI NOUGAMI NEURO
CAPITULO 16: TIEMPO DE FAMILIA
Yako sabía que su madre viajaba por trabajo, pero también era su forma de superar la muerte de su marido. Ella lo sabía, al igual que ella tenía sus propios métodos para sobrepasar el dolor.
Ahora se encontraba en la ciudad de Colorado. Había llamado la noche anterior, mientras ella estaba haciendo el amor con Neuro.
Que vergüenza.
Aún podía recordar las palabras del demonio, sonriente, mientras aún se movía dentro de ella. Había sido una noche impresionante, ella había gemido hasta quedarse sin voz, cumpliendo las palabras que había pronunciado Neuro sobre que la haría gemir más. Y tanto.
No quería ver el rostro de sus vecinos.
Neuro se había hecho el dormido a la mañana siguiente, hasta que Yako se cansó y salió de la cama, buscando en el suelo su ropa interior. Sabía de buena tinta que él no necesitaba dormir demasiado, por lo que no dudaba de que había alguna razón oscura para que se hiciera el dormido.
Le costó más salir de la cama de lo que pensaba. Se estaba caliente dentro y fuera sintió el frío recorriendo su cuerpo desnudo.
Encontró las bragas junto a la chaqueta de Neuro.
-¿Que crees que haces, esclavo?
La chica volteó los ojos para ver al demonio recostado de lado en su cama, apoyado en uno de sus brazos. La sabana caía sensualmente sobre su cuerpo, desvelando una pequeña porción de sus pectorales trabajados.
Su mirada se clavaba en ella intensamente.
-¿Que?-Preguntó ella, aun con sus bragas en las manos. Sus ojos no podían concentrarse en su rostro teniendo aquella vista tan erótica de un hombre en su cama. No sabiendo lo que habían hecho debajo de las sabanas.
-¿Quien te dio permiso para vestirte?-Su sonrisa curvaba sus labios.
-¿No esperaras que me quede así?-Preguntó irónicamente. ¿O quizá si?-Hace frío.
-Te puedo calentar si quieres-Dijo, estirando la mano hacia ella, haciendo que la sabana resbalase un poco más, llegando a revelar las caderas y el comienzo del vello. Yako sintió como su nariz se llenaba de sangre por aquella visión. Se tapó la nariz por si acaso.
-No...no hace falta. Me vestiré
Ella se dio la vuelta, para proceder a la realización de la acción de ponerse ropa, dando dos inocentes pasos lejos de aquella visualización erótica. No pudiendo dar más pasos porque el demonio, rápido como solo él podía serlo, se acercó a ella, rodeandole el cuerpo con un brazo.
Soltó las bragas.
-¿Sientes frío, esclavo?-Preguntó Neuro junto a la oreja de ella. Él se estaba divirtiendo, puesto que no había tenido suficiente con la acción de la noche. Él deseaba más de ese pequeño esclavo.
Le mordió la oreja, haciendo una leve presión con los dientes, a lo que ella gimió. Neuro sabía que ese era uno de sus puntos sensibles.
Movió sus manos por el cuerpo de ella, utilizando los dedos para apretar algunas zonas y estimular sus botones, a lo que ella giró la cabeza para decirle algo, una queja, supuso él. Le atrapó el labio inferior con los dientes.
¿Todo esto lo estaba haciendo porque ella había tenido la sutil idea de decirle que tenía frío?
-Neuro...-Gimió ella cuando las habilidosas manos del demonio pasaron por sus muslos y rozaron su entrada. En aquella posición, con ella delante de él, sintiendo su calor y su peso en su espalda, ya que él no tenía problema alguno en cargar su peso contra ella. Era sofocante, pero igualmente erótico.
-Solo estoy dándole calor a mi esclavo. Que amo más considerado soy-Respondió Neuro, introduciendo un dedo en su entrada y jugando con ella y su zona sensible. Ella soltó todo el aire en un gemido. El demonio sonrió contra su espalda.
-No...tengo frío...-Musitó ella
No iba a colar.
-No me gustan las mentiras Yako-Sonrió de nuevo, introduciendo un segundo dedo-Tendré que castigarte
-¿Castigar?
Oh, no.
-Para que entiendas que eres mi esclavo
Sus dedos abandonaron su entrada, ya húmeda y dilatada. Yako pensó que había terminado todo, por lo que giró la cabeza, solo para encontrar la sonrisa de él.
-Inclínate-Dijo haciendo presión en su espalda con una mano. Se encontró con sus ojos verdes brillantes, entonces sintió la presión de su miembro y supo lo que intentaba.
Su voz sonó en toda la habitación cuando la penetró, en aquella posición, sintiendo como Neuro daba un gemido cuando estuvo totalmente enterrado en ella.
El demonio buscó sus manos para entrelazar los dedos, empujándola contra la pared, mientras movía sus caderas contra ella, haciéndola gemir y buscar su rostro para besarle.
Mientras atormentaba sus labios en un intenso beso, una de sus manos buscó su pierna y la levantó, haciendo aún más intensa la penetración.
-Deberíamos hacer esto todas las mañanas-Musitó contento Neuro, mientras se vestía, una hora después. Yako salía del baño, después de una larga ducha. Vestía un sencillo vestido de lana verde y las pantuflas de andar por casa. Neuro se estaba abrochando los pantalones.
"Mi cuerpo no lo soportaría" Pensó Yako internamente, puesto que no se atrevía a decirle nada al demonio, que parecía muy contento. Tampoco es que pudiera hacer nada, ella lo había deseado la noche anterior pero no estaba preparada para el "cariño matutino" del demonio.
Se fue a preparar el desayuno, moviendo una silla para que él se sentase. El demonio se apareció unos minutos después, sentándose en la silla que ella le había preparado, viendo como ella se movía con libertad por la cocina, calentando leche por un lado, preparando un bol con comida. Cada vez que abría la nevera, luego la cerraba, moviendo las caderas.
Dejó las cosas en la mesa, encontrando que Neuro se había agenciado una revista y estaba pasando los ojos por las filas de letras.
Yako comió mientras movía los ojos del demonio a su comida, le gustaba observar como su cabello caía por sus rasgos masculinos, como aquellos mechones brillantes de baterías demoníacas rozaban sus mejillas finas, como sus labios se curvaban. Sus mejillas se fueron tiñendo de bordo a medida que notaba que no podía apartar la mirada del demonio.
Recordaba los hechos pasados en su habitación, haciendo que su sonrojo se intensificase. Bajó la mirada, concentrándose en mover las manos por la comida.
Neuro sonrió, consciente de las miradas de Yako. Aún podía oír los gemidos de la chica, como sus manos buscaban sus hombros, le gustaba apretar sus manos cuando sentía que ella se iba a venir. El cuerpo de su esclavo era sublime, reaccionaba como a él le gustaba, su misterio era lo más delicioso que había llegado a sus labios en su larga vida demoníaco.
Aunque nunca podría amar la manera de comer que tenía la joven.
-No vamos, piojo-Dijo después de que ella acabase de comer. La chica se volteó, solo para ser agarrada por la cabeza y arrastrada fuera del departamento.
Volvía la rutina.
Durante los dos siguientes días, Yako vivía una especie de nueva rutina. Sus exámenes habían finalizado (Las notas se las darían dentro de dos días), por lo que ya no tenía que ir a la escuela y su tiempo era monopolizado por el astuto devorador de misterios.
Su día comenzaba despertándose en sus brazos, desayunando y yendo a la oficina a trabajar en la búsqueda de nuevos casos hasta bien entrada la tarde, donde si el esclavo nº 2 no se encontraba, el demonio aprovechaba para torturar a la chica con mordiscos y besos que dejaban a Yako momentáneamente descolocada y deseosa de más.
Luego iban a casa de Yako, donde él cumplía con lo prometido y la tomaba de todas las maneras posibles: a él le gustaba tomarla contra la pared de su cuarto, aunque a veces también la sorprendía cuando estaba tomando una ducha, o cuando menos se lo esperaba.
Yako adoraba los besos de Neuro, pero a veces se preguntaba si podría con ello.
-Neuro-Se quejó la chica, que estaba limpiando la mesa de la cocina después de haber cenado. Neuro había aparecido sin hacer ruido y la había rodeado con los brazos, yendo directamente a sus pechos, desprovistos de sujetador por la comodidad de ella. El punto de su vestido le hizo mucho más sensible, respondiendo a las peticiones del demonio-Neu...
Un gemido salió de sus labios cuando le rodeó el pezón sensible.
-Como si no te gustara...-Dijo él junto a su oreja-Eres muy sensible, piojo
Neuro besó la región trasera de su cuello mientras le subía el vestido, desvelando sus bragas a juego. Yako tembló cuando él dio con su punto sensible, apretándola contra la mesa, sintiendo el frío de la madera en su cintura desnuda.
-Que tenemos aquí...-La mano del demonio tocó la tela de sus bragas, encontrándola húmeda. Sonrió-No puedes mentirme, Yako. Lo deseas
Ella apoyó las manos en la mesa cuando él la inclinó hacía delante, tirando del vestido hacía arriba, pasando las manos por sus nalgas. Yako le miró por encima del hombro, encontrando su rostro más cerca de lo que esperaba. Sus labios se encontraron, Neuro lo intensificó mientras se sacaba la chaqueta y el chaleco, rozando su pecho contra la espalda de Yako.
-¿Estas lista?-Preguntó, aunque no había necesidad de respuesta. Yako no le iba a decir que no. Neuro no esperó su respuesta, aventurándose a bajar las bragas de ella por sus piernas.
Con un movimiento, sus cuerpos se volvieron a unir, con un gemido Yako supo que él volvía a disfrutarlo, como sus manos apretaban sus pechos, sus caderas moviéndose a un ritmo pausado al principio, aumentando la velocidad regularmente. Había aprendido como le gustaba hacerlo, sabía que primero intentaba ser gentil, por ella, pero luego su mente se fundía con la de demonio, tomando el control y llevándolo a otro nivel.
-Estas muy apretada hoy-Comentó Neuro, clavando sus caderas contra el cuerpo de ella, que no paraba de gemir. Sus ojos la miraban, como su cabello rubio se veía despeinado sobre la madera, como sus caderas reaccionaban al roce de las suyas, las marcas de sus manos enguantadas en la piel cremosa de Yako,...
La mandíbula del demonio se apretó, sus colmillos se apretaron, siendo visibles cuando abrió la boca para gemir, al sentir un espasmo en el interior de ella.
El sudor se empezó a acumular en su frente, apartando algunos mechones negros que obstaculizaban su vista.
-Neuro...
-Si, soy tu amo-Dijo él, orgulloso. Estaba a punto.
La detective sintió como él se introducía hasta el fondo, haciendo gemir a ambos cuando llegaron al final. Yako buscó la mano de Neuro, quien entrelazó sus dedos, mientras se liberaba y sus caderas disminuían su movimiento, hasta finalizar, estirándose sobre su cuerpo agotado.
Estuvieron así unos minutos, con la mitad de sus cuerpos sobre la mesa de madera, sus respiraciones agitadas y los restos de su acto escurriéndose hasta el suelo.
Luego de aquello, Yako se fue a dar un baño rápido, aún algo nerviosa y con sensibilidad en las piernas. Siempre le sucedía cuando terminaban.
Neuro escuchó el agua correr y se abrochó de nuevo los pantalones (Su otra ropa se la había llevado Yako a la habitación), estirándose en el sofá, para esperar a la chica. Se relamió los labios, sintiendo aún el sabor de su piojo.
Entonces llamaron a la puerta.
Viendo que la detective no iba a abrir, se levantó y fue a abrir, encontrándose con el rostro sorprendido de Haruka Katsuragi.
No era para menos, la madre de la detective había llegado a la ciudad para celebrar con su hija sus notas en los exámenes y curiosear sobre la relación entre su asistente y ella.
Pero lo que no se esperaba era aquella visión al abrir la puerta; ella esperaba a su hija, quizá con restos de comida en la boca pero lo que tenía delante era a un hombre medio desnudo que identificó como el "asistente" de su hija.
La madre de la chica parpadeó varias veces, pero aquel cuerpo medio sudoroso seguía allí.
-Bienvenida, señora Katsuragi-Sonrió Neuro, utilizando su "mascara" de humano, haciendo pasar a la madre de la chica, que aún no se había recuperado.
-Hola, quizá debí haber avisado-Empezó Haruka, que no sabía que decir. Neuro la acompañó hasta la cocina, donde se sentaron a la mesa.
-No se preocupe-Respondió Neuro, que no se perdía detalle de las miradas que le echaba la madre de su piojo. Eran madre e hija.
-¿Yako está en casa?
-Si, ahora mismo vendrá
Eso esperaba el demonio, a quien no le apetecía demasiado seguir solo con aquella humana en la cocina de su esclavo.
La detective apareció al poco rato, encontrándose una escena que desde luego no esperaba: su jefe demoníaco, Neuro, medio desnudo, estaba sentado a la mesa con su madre, quien le estaba asaltando a preguntas. Su rostro era un poema.
Yako se preparó. Tendría que dar muchas explicaciones.
Pero disfrutaría un poco de ver en apuros al demonio.
Gracias por todos los reviews. Gracias especiales a DannyNgami por sus siempre agradecidos comentarios. Me alegra mucho que te haya gustado mi historia.
Espero que no se haya hecho corto
:)
