21» Abriendo la Jaula


Julio del 2015.
Hora Desconocida.
Apartamento de los hermanos Goodman.

Fueron varios los días los que me tomó despertar. El disparo había sido fuerte, mas no letal. Me tomó un par de días en el hospital para reponerme del disparo.
Había podido volver a casa con la ayuda del señor Grossberg, pero solo para reposar en el departamento de mi hermano.
Me quedaba muchos días ahí adentro, y solo me dedicaba a salir para ir por comida o cualquier cosa necesaria. No tenía visitas, y no sabía nada de mi hermano, ni de Jake. Pero fue hasta que una mañana, una presencia inesperada llegó al departamento.

-Cuánto sin vernos, Ian.

Al voltear a ver, noté que era Mia. Entraba sonriente y con un ramo de flores. Tan pronto ella entró a la sala, las colocó en un florero sobre la mesa, mientras veía el departamento.

-Lindo lugar el de tu hermano y tú. -dijo ella, a lo cuál yo solo me encogí de hombros, y me senté en el sofá, mirando a la nada. Ni siquiera al televisor apagado ni a algún defecto en la pared: solo a la nada. -¿Aún sigues sin hablar con alguien? -me preguntó, mientras que le respondía simplemente con la cabeza, negando.

Exhaló profundamente, para luego dirigirse a la ventana de la sala, la cuál daba a la calle y unos edificios más. Yo la seguí con la mirada, serio. Inexpresivo.

-Es un hermoso día el que hay afuera... -dijo ella con una sonrisa. -Sería maravilloso que pudieras ver a tu hermano.

Un leve gemido se escapó de mi garganta, a lo cuál lo callé inmediatamente y solo bajé la mirada. Después de oír como sus pasos se acercaban hacia mí, levanté mi mirada hacia ella, quien me miraba con la misma gentileza que desbordaba siempre.

-¿Quieres verlo? -preguntó ella. Con mis ojos abriéndose en señal de sorpresa, asentí con la cabeza rápidamente. -Pues no como vistes. Así que date un baño y arréglate. Que él se encuentra en la Clínica Hotti.

-¿Le pasó algo? -pregunté yo, abriendo mi boca por primera vez en mucho tiempo.

-Nada grave. Pero será mejor que le visites. No le caería mal. Ni a ti.

La Clínica Hotti. Fue donde yo me encontraba después del disparo de Renovek. No tardé mucho en arreglarme y salir corriendo a la parada del autobús más cercano. El viaje de alrededor de veinte minutos era mucho más largo para mí, ahora que sabía que mi hermano se encontraba en el hospital. ¿Angustia? No tenía motivo para sentirlo, según Mia "él estaba bien".
¿Por que motivo entonces estaba nervioso? Tal vez el pensar que mi hermano estuviese en un hospital me hizo ponerme con los nervios de punta, pero aún no me podía sacudir ésta sensación.

-Disculpe, pero solo pueden pasar los familiares del paciente. -hablaba una enfermera.
-Pero su hermano anda ocupado. Así que soy la única visita que-

Tan pronto entré, escuché una conversación entre una enfermera y alguien más.

-¡Ian! -gritó Jake con la misma voz viva y sonora de siempre.
-Jake. -le respondí a secas. -¿Ocurre algo?
-¡Es ésta mujer! -respondía con las rabietas que él hacía antes. -¡No me deja pasar! ¡Quería ver a tu hermano!
-¡Ya le dije que solo los familiares pueden pasar! ¡Y no grite, que es un hospital! -respondía la enfermera.
-¡No estoy gritando! ¡USTED está gritando!
-¡Llamaré a seguridad para que lo echen!
-¡PUES LLAME YA! -gritó Jake con la sangre ardiendo.
-Eh...disculpe señorita. Yo me encargaré de él. -le dije, mientras me llevaba a Jake a la entrada del hospital.
-¡¿Que rayos haces?! ¡¿Les ayudas?!
-Es para calmar la situación. Además, relájate. Ya volví, y veré a mi hermano. -respondí con calma.

Era la primera vez que hablaba con naturalidad desde el incidente. Y era la primera vez que hablaba con Jake con la naturalidad de antes. Era como si todo lo de antes hubiese sido olvidado.
Solo tardé unos segundo en explicarle a la enfermera de la situación y de identificarme como el hermano de Bruce Goodman. Habiitación 42, en el segundo piso.
El viaje en elevador para mi fue más largo de lo usual, mientras que aún pensaba en que decirle a mi hermano. Tres pasos. Cinco. Ocho. Quince. Contaba cada paso que daba hacia la habitación 42. Un segundo... ¿Que diría? "Han sido treinta y dos pasos los que caminé del elevador a tu cuarto. ¡Que pequeño es la clínica!"
Definitivamente estaba en blanco. No sabía que decirle.
"¡Improvisa!" dije en mi mente. Era lo que Jake me diría. Tan pronto llegase, y viera su estado de salud, sabría que decir.
La puerta azul con el "42" metálico estaba frente a mí. Solo una puerta nos dividía.
Armándome de valor, tomé la perilla, la giré, y empuje la puerta.
Aunque era algo inesperado para ésa situación, sabía que debía de esperarme algo así...

-¡Le dije que ahora estoy bien! ¡¿Lo ve?! -gritó mi hermano de manera enfadada, mientras que se paraba de manos. La bata del hospital se despegó de su cuerpo, haciendo que cayera ésta revelase su cuerpo y su ropa interior, al mismo tiempo que su característico sombrero blanco cayó al suelo. Una enfermera que estaba ahí, trataba de detener a mi hermano, mientras que tenía una jeringa en la mano.

Quedé en silencio ante la escena, mientras miraba sin expresión alguna lo que pasaba.

-¡Oh, Ian! -gritó Bruce, mientras que se ponía de pie y trotaba hasta donde estaba él. -¡Me alegro de que estés aquí!
-Creo que ésa es mi línea. -dije algo serio, a falta de poder expresarme.
-Esto... ¡es conmovedor! -habló una profunda voz, que provenía de uno de los rincones. Al voltear a verle, noté que se trataba de un sujeto más grande que mi hermano, de piel aperlada y ojos oscuros. Su cara y su semblante me indicaban que se trataba de un maleante, pero su llanto emotivo e infantil, junto con las peculiares prendas de vestir, además de la gabardina café, me indicaban algo completamente distinto.
-¿Eh? ¿Quien es usted? -pregunté.
-Ah, cierto Ian. No los he presentado: Su nombre es Hammer. Áleo Hammer.
-¡Detective Áleo Hammer! -recalcó con algo de molestia, mientras seguía con unas lágrimas por desbordarse en sus ojos, a la par de una nariz que necesitaba limpiar.
-Sí, lamento es-¡AW! -gritó mi hermano.

Al notarlo, me fijé que la enfermera, sin que se diera cuenta, le abrió la parte trasera de la bata de mi hermano, y le bajó un poco su bóxer para poder propinarle la inyección.

-Mi trabajo terminó por hoy, señor Goodman. -dijo la enfermera con una sonrisa.
-¡PERO SE ATREVIÓ A ATACAR POR LA ESPALDA! ¡Es decir, por mi...!
-Verá, he trabajado como enfermera y veterinaria. Y si algo sé, es que mientras que el animal esté distraído, es mejor propinar la inyección de manera rápida. -terminó ella diciendo, mientras que se cruzaba de brazos y mostraba su inyección.
-¡Eh! ¡Pero no me tome por un animal! ¡Soy una persona! -ladró mi hermano, tal cual perro enfadado. Bien podría decir que en calidad de animales, solo era un cachorro llorón por su inyección, pero ése puesto se lo quedaba el detective que tenía a cuatro pasos de distancia.

Después de aquélla escena, me enteré que mi hermano había estado trabajando en ciertos casos junto a Jake. ¿El motivo? Todo era debido al encendedor de cobre que poseía Dominik Renovek. Un encendedor que se asemejaba al encendedor que había usado Jake en mi primer juicio. ¿Cuál era la conexión entre estos dos?
Tendría que dejármelo para después. Por el momento, tendría tiempo de sobra para disfrutar y descansar. Descanso que me sería necesario para un futuro desesperanzador...