22» Azares del Destino


15 de Agosto de 2015
4:00 p.m.
Apartamento de los Hermanos Goodman.

Mi hermano estaba con los puños temblando de furia y enojo, mientras que sostenía con enojo las cartas que había leído en voz alta. Yo solo estaba con mi mente en blanco, sin tener idea de lo que había leído.

-Yo...atenderé éste caso... -le dije a mi hermano, mientras me comenzaba a vestir, y me dirigía a la calle.
-¡De-detente! ¡Yo te acompaño! -me dijo. Pero con una mano le rechacé la petición mientras recalcaba la petición que estaba en la carta anteriormente leída…

-"No intervengas, Bruce Goodman. Si lo haces, tu hermano pagará tus acciones con su vida". Es lo que decía ésa carta ¿no?

Poco me importó sí tendría que correr o empujar personas: llegué a donde tenía que llegar, y ése lugar era el Centro de Detenciones.
Le hice la petición al guardia, y mientras él se retiraba, yo golpeaba una de las paredes, ignorando el dolor que sentía en mis nudillos, mientras recordaba la frase que más me importaba.

"Jake Morgan ha fallecido. Alguien ha sido acusado. Su nombre es..."

Inmediatamente, alguien entró del otro lado del cristal. Podía describirle perfectamente: de piel aperlada, alto y fornido, de ojos oscuros y cabellera castaña, con una apariencia un poco intimidante. Claro, si no usara la ropa que usaba: una camisa a cuadros bien fajada, con un pantalón de mezclilla celeste, un reloj de pulsera en su brazo izquierdo, un lápiz sobre su oreja derecha y unos anteojos gruesos, unidos por una pasta por la unión de ambos aros oscuros de plástico.

-David Larn, treinta y dos años, maestro de algebra, aritmética…en fin, matemáticas. Eres tú, ¿cierto? –dije con un rostro frío e inexpresivo. Nunca con la intención de intimidarle, pero de sacarle la verdad. Pero sin duda, a pesar de su apariencia, su comportamiento era…anómalo.

-Sí...soy yo señor Goodman. ¿Usted es el abogado que vendría, según se me informo?
-Sí, soy yo. Pero de momento no es de mí de quien quiero hablar...y mucho menos de usted. Si sabe a quién me refiero... ¿No es así?
- Lo entiendo. Escuche: yo no mate a su amigo, alguien me inculpo...yo. Yo…no le puedo dar detalles porque se me ha prohibido por otra persona, pero solo le puedo dar esto. -me dijo mientras mostraba un pequeño comunicador de radio que pasaba por el orificio del mural de vidrio y yo lo tomaba. –Él se pondrá en contacto con usted.
-Perfecto… -dije mientras tomaba el intercomunicador y lo apretaba en mi mano derecha. -Una simple radio. Pero por ahora no tengo ninguna pista, ni tampoco se de la escena del crimen. Además de que no creo que tenga fácil acceso a la escena del crimen. ¿Qué rayos hago...?
-Usted solo deberá limitarse a seguir sus órdenes y a hacer su trabajo, que él se encargara del resto. Espero por el bien de muchos, y que tenga éxito señor Goodman. –Con ésas últimas palabras, mi cliente se retiró y fue acompañado al final del pasillo, donde salió por la puerta de la pequeña sala. Solo tenía un pedazo de evidencia insignificante: un transmisor. Ni siquiera sabía si podía tomarlo en cuenta como evidencia. No podía acudir a mi hermano...y menos a la policía, si esto era lo que yo creía.
No me quedó otra opción, más que regresar al ya vacío bufete de Grossberg.
Tan pronto llegué, corrí hacia la oficina principal buscando al señor Grossberg: pero no había nadie. No estaba el señor Grossberg, además de que Mía ahora trabajaba en otro bufete y tampoco había señales de Hammond. ¿Dónde se encontraba todo el mundo?
Pocos segundos después, comenzó a oírse interferencia en el intercomunicador. Parecía que la función va a comenzar. Tomé el transmisor, y presioné el botón rojo que tenía en letras blancas "llamar"

-Aquí Goodman. -pero nada. Solo un silencio molesto de unos segundos para que tratase de repetirle, pero me interrumpiera tan pronto pudiese decir algo.
-Sé quién es usted señor Goodman. Sé a qué se dedica, en donde vive e incluso en donde se encuentra. Así que pasemos de las presentaciones ¿le parece?
-Huh, me parece una grosería que "usted" no se presente. Digo, de alguien que tiene clase al hablar tan propio. -decía con calma, pero en mi rostro se dibujaba otra cosa: furia, ira, odio. Me sorprendía a mí mismo el cómo podía controlarme
-Oh, entiendo. Veo que no se deja llevar por la ira Señor Goodman. Está bien: puede llamarme deKiller. Su amigo me conoció muy bien, pues él siguió mis "trabajos" por mucho tiempo.
-Tch... –hice un chasquido lejos de la radio, evitando que escuchara mis quejas. "Trabajos…en fin…" me dije a mi mismo en mi mente, mientras trataba de recobrar la compostura. -Sé que no es de mí el tener que apresurar, pero prefiero apurarme. Si bien sabe de la situación, solo tengo tres días para poder acabar con mi investigación, y declarar a alguien inocente. Aunque en éste caso sé que no es tan necesario eso. Dígame: ¿Qué es lo que quiere? ¿Qué busca?
-Todo a su tiempo señor abogado. Su amigo le dejo todo el expediente de su investigación en el gabinete de su escritorio, ahí está todo lo que necesita para empezar y encontrar al verdadero culpable. Pero vea bien, ya que no todo es lo que parece y el culpable junto con la victima van más allá de mi mano.

Segundos después, comenzó mi desesperación: la interferencia volvía a sonar, y la señal se perdía.

-¡Hey! ¡HEY! –pero mis gritos no servían de nada. La interferencia se hizo más y más fuerte, hasta acabar con la transmisión. A pesar de que quería romper el transmisor, me fui rápidamente por todo lo que me había dicho, hasta recaer en algo. -El gabinete. –me dije a mi mismo. Rápidamente corrí al escritorio de Jake y comencé a buscar entre sus cosas, dándome cuenta que todo estaba vacío excepto uno de sus cajones. Dentro tenía una carpeta, con el título "Caso DH-4". Mi ansiedad se disipaba, y mi ambición por la verdad motivó a mis manos a abrir su contenido, y revelar lo que había.
Dentro había un expediente de título "DeKiller, Shelly". Categorizado como un "Asesino múltiple", una lista de sus víctimas...pero lo que salió a la luz, era un nombre que estaba a un lado de la lista de vinculados. Finalmente algo había salido. Kevin Cadem, el rector de la universidad Drahamon. Pero la pregunta aquí era: "¿Por qué tenía que volver ésta universidad?"
Hace algo de tiempo, había investigado cierto caso con Jake sobre varios asesinatos en aquella universidad. Ahora la pregunta clave era: ¿Qué tenía que ver el rector en todo esto?
Dejé de quejarme, y me preparé a tomar el bus e ir al campus de la universidad Drahamon. Era toda una manzana universitaria: un edificio central de dos pisos, con una torre de cuatro, con las facultades rodeándole alrededor. Fuera de la manzana universitaria, a dos calles de distancia, había dos manzanas completas para el uso de departamentos universitarios, y las dos calles cercanas a la universidad eran casas de fraternidades. Algo que era muy usual en ése lugar.
Tan pronto caminé al campus, un guardia de seguridad me detuvo.

-¿Asunto, joven? –dijo él con un aire autoritativo.
-Vengo por asuntos del crimen que se ha cometido aquí. Y tengo el derecho de pasar. –respondí con frialdad.
-Pues disculpe, pero nada más la policía tiene derecho a pasar—
-¿Qué no nos vimos antes? –le pregunté. –Solo que antes venía con Jake Morgan…
-¡Ah, sí! ¡El abogado que mataron! –dijo él con alegría por reconocerme al fin, pero rápidamente su expresión quedó ensombrecida al notar lo que había dicho.

Asintiendo con su cabeza y agachando la mirada, él extendió su brazo hacia la entrada del edificio principal, en señal de perdón.