23» Sin Reconocer


15 de Agosto de 2015
6:15 p.m.
Universidad Drahamon.

Tan pronto llegué a la entrada del recibidor, noté que había marcas por todo el lugar: desde huellas, manchas, polvo: cada cosa que estuviera visible. Fue cuando vi que había huellas en la entrada del teatro que me le acerqué a uno de los forenses.

-Disculpe… ¿de quién es ésta pisada? –pregunté yo.
-Ah. Es la pisada de la víctima del caso. Pudimos comprobar que se trata de la huella de su zapato.

La huella de su zapato…en otras palabras: él había entrado aquí.

-¿Hay alguien que pueda corroborar esto?
-Oh sí. El rector de la universidad: él se encuentra en su oficina en éste instante. Pero está siendo interrogado por la policía, así que tendrá que esperar…

Poco después, caminando por el recibidor, me metí a la sala de maestros, topando con el área que menos quería llegar a ver: La escena del crimen. Las lineas blancas en el suelo, las manchas de sangre, y ciertos papeles tirados en la escena...sin dudas, éste era el lugar.

-Jake… -dije dentro de mi mente, a la par de sacudir mi cabeza.

Su muerte pesaba en mi consciencia desde que me enteré, pero no podía poner éso en mi mente. Si ocurría de ésta manera, ¿con qué estabilidad emocional y mental defendería a mi cliente? Y más aún: ¿Con que cara vería al asesino?
Éste incidente era personal, pero debía tomarlo con calma, y verlo desde otros puntos de vista. No podía dejar que su muerte nublara mi juicio...
Ya tendría yo mi momento para lamentarme por su muerte.
Podía notar como todos los forenses estaban como locos, caminando por fuera del recibidor, mientras que en éste lugar no veía ningún forense.

-Deben de haber terminado de investigar éste lugar… -dije en voz baja. Al acercarme a la mesa de recepción, noté algo que llamó mi atención: el reporte de autopsia. –No estaría mal que lo tomara por unos segundos, le sacara una copia y me lo quedara…

Con prisa, tomé el papel y me dirigí a una de las máquinas que estaban más atrás en la sala de maestros, terminando en cuestión de menos de quince segundos. Con rapidez y disimulando, guardé el papel en uno de los bolsillos, mientras que les dejaba el papel original en la mesa, justo donde estaba.

-Viene siendo hora de investigar otros lugares…pero antes…

Saqué de mi bolsillo la copia del informe de autopsia, encontrando los datos que necesitaba: "Encontrado en el centro de la sala de maestros. Cuchillo de cazador con filo serrado clavado en el pulmón izquierdo. Cuerpo completamente quemado y derretido en su mayoría con ácido. Irreconocible a simple vista. Los documentos que poseía y los testimonios comprueban su identidad. Análisis de sangre pendientes."

-Hmm…hay más datos del cuchillo…"El cuchillo entro por la parte lateral del tórax, perforando completamente el pulmón izquierdo. El cuchillo estaba hundido hasta el mango."

Sin más que poder ver aquí, a excepción de unas ligeras manchas de sangre muy difuminadas, dirigidas hacia el cadáver, me dirigí al teatro. A la entrada de éste, se encontraba aún el forense examinando la huella de Jake, por lo cuál tuve que entrar con cuidado al lugar. Después de unos segundos de acrobacias imposibles debido al investigador forense, logré pasar al auditorio. Obviamente, terminando con un buen golpe en la cadera.

-Su...suficiente. Ésto es trabajo para alguien de mejor físico ¡No yo!

Volteando a ver al forense, noté algo sumamente raro en la puerta de la entrada. El pomo estaba un poco de fuera, desatornillado.

-D-disculpe, forense.
-¿Que ocurre?
-¿Podría decirme que pasa con el pomo de la puerta?
-Ah...éso. No tiene importancia. -dijo él, mientras volvía a su trabajo con la huella.
-¿D-de qué está hablando?
-El detective a cargo dijo que ésa no es una entrada forzada. Si fuera así, estaría completamente destrozada.

¿Completamente destrozada? Sabía que los detectives de la policía eran muchas veces torpes. ¿Pero a éstas alturas?
Decidí examinar el pomo por mi propia cuenta, notando que los tornillos atravesaban el pomo por un par de orificios normales. Podían atornillarse por ambos lados.
Lo que más me extraño era que uno de los tornillos estaba atornillado al revés. ¿Requería ser apretado?
Examiné todo el teatro interior, buscando por más pistas. Butacas desacomodadas, alfombra recién aspirada, teatro lustrado...todo estaba limpio. Demasiado.

-Obviamente lo preparaban para el discurso para los alumnos de leyes. Algo limpio, con un abogado muy escuchado en éste sector de la ciudad...claro. -mencioné a mi mismo, mientras salía de aquél lugar.

No tardé en estar en la entrada del teatro, cuando vi que el forense se había retirado. Con la entrada libre, solo me quedaba visitar un lugar: con el rector de la universidad.
Fue cuestión de caminar poco más de diez metros para llegar a la oficina, y dirigirme a la recepción. Ahí mismo, se encontraba un joven que vestía a mezclilla azul y botas oscuras, junto con una chamarra de apariencia universitaria, de mangas blancas y chaleco rojizo. Era de piel clara, ojos verdes y cabello rubio, el cuál estaba peinado hacia atrás: el típico modelo de jugador de football universitario.

-Ey, alto ahí campeón. -dijo el chico, mientras me detenía y bebía una lata negra de un extraño líquido rojizo. -El rector está siendo interrogado por la policía.

Su aspecto...su forma de hablar, de manera creída...en pocas palabras: definitivamente no me agradaba.

-Pues perdóname, pero creo que debería hablar con un policía, no con un niño universitario.
-¿Universitario? -gritó él algo molesto. -¿Que edad crees que tengo, niño?
-¿Niño? -me sorprendí. -¿Me lo dice un NIÑO universitario? -contesté enfadado.

No tardó mucho él para sacar una placa de policía, atada al cuello por una cadena.

-Detective Dean Eastfield. Y estoy a cargo del caso.
-Es...espera... ¡¿Que tú qué?! -dije a él.
-Mira niño: deja de meter tus narices en ésto. Son asuntos oficiales. Déjalo a los adultos. -dijo él con una sonrisa, mientras ponía su mano encima de mi cabeza, sacudiendo mi peinado.
-Pues retire tu mano de mi cabeza, detective. -le dije algo enfadado. -Soy un adulto.
-Éso no lo niego. Es solo que... ¿Que quiere un alumno de derecho aquí?
-¡No soy un adulto! ¡Soy un abogado!
-Si, sí...claro. -dijo con una risa confiada, mientras que con una seña de su mano me indicaba que me fuera a otro lado.

Era el colmo. Me había hartado al fin ése gorila creído, que terminaría retirándome de ahí, en busca de más evidencia o de más testigos.