24» A La Altura


15 de Agosto de 2015
6:50 p.m.
Apartamento de Jake Morgan

Fue un viaje de veinte minutos para volver a aquél lugar. Mi antiguo apartamento.
El número veinte seguía dorado. La puerta seguía igual de blanca, excepto por un par de manchas de comida. Pero lo que más me llamaba la atención era que habían cintas amarillas cubriendo la entrada de la casa.
No podía quedarme afuera y esperar a que llegase un policía y me abriera la puerta, por lo cuál decidí abrir la puerta, y esquivando las cintas amarillas, entré a mi antiguo departamento. Tan pronto entré, era como un golpe ligero de nostalgia: las paredes seguían siendo de color celeste, y muchos de los muebles seguían siendo los mismos: desde el sofá, las lamparas, hasta la cama. Los únicos cambios que veía eran solo en algunos cojines o cajas de comida en la mesa y sobre el cereal.
Aunque vivía aquí antes, no se porqué motivo tenía que reconocer el lugar...
A la izquierda de donde estaba ahora estaba la cocina y el refrigerador. A mi derecha, el comedor. Y delante del comedor, viendo hacia un televisor, estaba el sofá.
girando a la izquierda, pasando el televisor, estaba un marco de puerta, el cuál llevaba a la habitación. Y ahí mismo donde me encontraba ahora, en ése marco, a mi izquierda estaba el baño, y a la derecha un armario grande de puertas corredizas. ¿Por qué debía revisar éste lugar así de nuevo?
Al girar dentro de aquella habitación, noté que delante de la cama, pegado a la pared, se encontraba un escritorio. Desesperado, abrí todos los cajones y puertas del escritorio, en busca de algo que se les haya escapado a la policía. Y no estaba equivocado del todo: ya que había un escrito de Jake sobre la universidad Drahamon y los casos que resolvimos en ése lugar, seguido de el afamado encendedor plateado que logré ver en mi debut, y una grabadora que poseía una etiqueta que decía "Investigación Cadem".

-Suéltalo. -dijo una voz masculina, mientras me alumbraba con una linterna. -¡He dicho que los sueltes!

Mi propio impulso me había condenado. Tiré los papeles que había encontrado, mientras que ésta persona se acercaba a mí. Con fuerza, me tomó de uno de los brazos, me sacó de la habitación para llevarme al comedor y azotarme contra una de las paredes. Poco después, comenzó a revisarme.

-Vaya, vaya. Tenemos a un ladrón. -dijo ahora, con una voz más reconocible.
-¡Eres...eres tú! -grité, volteándolo a ver al rostro.
-¡¿Tú otra vez?! -gritó el detective Eastfield, mientras que miraba algo confundido. -¡¿Que haces aquí?! ¡Es una escena del crimen! -gritó él, mientras que apretaba un poco más las esposas.
-¡Suéltame! ¡Que soy el abogado que investiga éste crimen!
-Sí, por supuesto... -dijo él, mientras que sin intención de responder, me desvistió rápido, mientras que me sentaba en una silla que trajo del comedor y me esposaba con los brazos en la espalda. -¡¿Dónde tienes tu arma?! ¡¿Qué robaste?!
-Espera...¿qué? -pregunté con un desánimo completo.
-¡TU ARMA! ¡¿DÓNDE?!

Me tomó cerca de cinco segundos procesar lo que ocurría, para sacar la conclusión de que éste detective era un completo paranoico. Con otros cinco segundo, logré dar una idea de que podría presentar para que e empezara a relajar, y demostrarle que yo soy un abogado.
Con mi pié derecho, y con una mirada fría y mostrando lo harto que me tenía con ésta situación (mirada que muy ocasionalmente le lanzaba a Jake en el pasado), apunté al saco gris que estaba encima de la silla, junto con mi pantalón y la camisa celeste.

-¿AHÍ? YA VERÁS... -decía fuertemente, mientras tomaba el saco y lo sacudía fuertemente.

Perplejo por éste acto (además de no ser capaz de comprender que si habría peso en el saco, habría algo como un arma ahí), solo me tomó una fracción de segundo para darme cuenta: ése policía era un COMPLETO IDIOTA.

-¡¿DÓNDE ESTÁ?! ¿Por qué no est- Ah... -dijo él, mientras me miraba con ojos maliciosos. -Así que aún ocultas evidencia, aún con lo poco que vistes. -dijo él, mientras que apretaba los puños, tronando sus nudillos.
-¡IDIOTA, MIRA MI INSIGNIA EN EL SACO! -grité con fuerzas y enfado, haciendo que su rostro se quedara algo perplejo, y despabilara. Al ver la insignia dorada de abogados en mi saco, él dejó caer el saco mientras que se volvía piedra. -¿Ahora me crees?

Pero él se quedó hecho piedra, mientras que miraba hacia un punto blanco: era como si su mentalidad se hubiera destrozado.

-Ey, emm... ¿Hola? Podrías al menos quitarme las esposas ¿no?
-Eh. Si. -dijo aún con la boca entreabierta, mientras que escuchaba como dejaba salir un aullido casi inaudible. -¿Cuál es tu nombre, niño?
-No soy un niño. Soy un abogado, el abogado a cargo de éste caso. Además, mi nombre es Ian Goodman.

Con ésa respuesta, sus sentidos se afinaron de nuevo. Era como si su alma hubiese regresado a su cuerpo, y él hubiera despertado.

-Ian Goodman, ¿eh? Pues vaya, vaya. ¡Que placer! -gritó él, mientras que lanzaba un buen gancho izquierdo a mi quijada, tirándome al suelo.
-¡¿Que rayos te pasa?!
-¡Oh, nada! ¡Es solo que es un honor... -dijo mientras lanzaba una patada a mi estómago. ...conocer... -seguido de otra más. -al maldito abogado... -siguió hablando, mientras ahora me pisoteaba el estómago. -que traicionó... -susurró una vez, agachado y cerca de mi cara. -a Jake Morgan.
-¡¿DE QUE DEMONIOS HABLAS, IDIOTA?! -grité adolorido, mientras me seguía retorciendo.
-¡¿Pues de qué sera?! -gritó él, lanzando otra patada a mi estómago. -¡TU MEJOR AMIGO ES ASESINADO! ¡¿Y AYUDAS AL MALDITO ASESINO?!

Pero contesté solo con una carcajada adolorida. Él dejó de atacarme, mientras que en mi pequeña secuela de demencia comenzaba a responder.

-Anda. Mátame. Que si me matas, podré preguntarle a Jake en persona quién lo mató. Así me ayudarás a responder el caso.

Con un enojo justificado, él me tomó de las esposas y me lanzó contra una de las paredes del departamento.
"¿Que más podía hacerme?" me pregunté. Me tenía en calzoncillos por haber creído que era un ladrón. Estaba siendo utilizado como trapo para la escena del crimen, y además, inculpado por traicionar a mi amigo. ¿Que tan bajo me podían arrastrar?

-No sé porqué te enfadas por Jake. -le comenté. -Pero si me matas, jamás sabré la verdad. -contesté con una mirada desafiante y con las energías que me quedaban.

El sabor de la sangre me llegaba a los labios, y sentía mucho dolor en mi abdomen. Pero él quería seguir peleando, y no pensaría echarme atrás. Si era necesario, soportaría lo que tendría que golpearme. Pero no me rendiría en buscar la verdad. No me importaría si era usado de nuevo como una muñeca de trapo: quería vengar su muerte.

-Heh...hah...hahahahahaha...

La risa que él empezó a dar me daba escalofríos, hasta que cayó sentado y se recargó en el refrigerador. Después de unos segundos de risa a carcajadas, pude oírle sollozar muy callado. Lo que podía notar era su respiración errática y como apretaba sus puños.

-Eres tan igual a tu hermano. Y a Jake. ¿Te enseñaron eso? -preguntó él, mientras que se levantaba y sacudía su cabeza, mientras se limpiaba la cara. Poco después, me levantó del suelo y me lanzó la ropa a la mesa.

Me tomó poco tiempo volver a vestirme, mientras que Dean recogía los papeles y las evidencias que se habían quedado en el cuarto.

-¿Cómo sabías venir aquí? -me preguntó.
-Es porqué vivía yo aquí solo, hasta que me instalé en el bufete Grossberg. De ahí mismo, a la primera mañana él llegó a mi apartamento y después de éso, comenzó a vivir conmigo. Era molesto, pero...

Contuve mis palabras, mientras que volteaba a ver a Dean.

-Las pruebas necesitaba descubrirlas y saber de que trataban. Pero ahora que tengo una ligera idea de que ha de tratar, ¿puedo encargarte las pruebas? La policía necesita más las pruebas. Además...creo que mereces tú aportar un poco al caso. Descubre parte de la verdad, que yo también lo haré.

Dean me miró aún con determinación, mientras que solo dejaba escapar un leve gruñido.

-Aún no confío en ti, abogado. Pero más te vale demostrarlo...

Después de un intercambio de palabras, ambos nos fuimos de ahí, cerrando la puerta de nuevo. Tan pronto llegamos a la entrada, estaba dispuesto a retirarme a mi hogar.

-Oiga, abogado. -me habló de lejos.
-¿Sí?

Con un par de hojas de papel, se me acercó y me las obsequió.

-Son copias de los testimonios del rector y de una estudiante de diseño y fotografía. Podrían ser útiles en el juicio de mañana.
-Oye, pero-
-Solo hay una condición, abogado.

Sorprendido, me quedé mirando a Dean, quien solo se me acercó con seriedad y determinación.

-Más le vale que usted diga la verdad.

Lanzando una pequeña risa, me dirigí de nuevo a él.

-¿En cuantos casos se topó con Jake?
-Pues...varios, obviamente. ¿Porqué pregunta éso?
-Porque ya debería saber a ésta altura...que la mayoría de los casos no son lo que parecen.

Despidiéndome con ésa frase, me dirigí a la parada de autobús más cercana para poder retirarme a casa.
Aquella vez había sido nuestro primer encuentro, uno que no olvidaría. Y faltaría todavía mucho tiempo para nuestro último encuentro.
Pero por éste caso, estaríamos aliados en busca de la verdad.