31» El Caso Forzado


16 de Agosto de 2015
12:42 p.m.
Tribunal del Distrito
Sala No. 2

No tardó mucho para que DeKiller hablase.

-La mujer que asesiné pertenecía a la Interpol. Su nombre era...Alice Brust, si mal no me equivoco.

Las demás personas seguían hablando sin preocupación, pero yo me quedaba en silencio, escuchando aquél nombre... ¿Alice Brust? ¿Aquella agente había sido asesinada?

-Ella logró descubrirme desde ése instante de mi intento de secuestro. Trató ella de seguirme por medio de la entrada lateral. Un movimiento inteligente, para no ser vista por lo demás. -recalcó DeKiller. -Ella entró a los camerinos. Y fue sencillo tomarla por la espalda...y clavar el cuchillo.

Tanto yo como Melissa nos veíamos las caras. Ahora entendíamos que la teoría de Melissa era correcta.

-Tomé su cadáver y lo llevé al sótano del teatro: justo donde nadie miraría, y que a nadie le importaría. Si se tratase de una obra de teatro, en ése caso si sería un problema. Pero no lo fue.

El rector seguía tratando de hablar y gritar a través de su mordaza, pero no evitaría que DeKiller hablase.

-Después, me reuní con mi cliente. Le comenté de lo sucedido, y él solo se molestó un poco. Él era alguien influyente, por lo que le pregunté si le importaba que tuviese que matar a un estudiante o dos. A él no le importó, con tal de cubrir las cosas bien. Estábamos de acuerdo en éso. Hasta que logré oír una de sus llamadas, mientras salía de su oficina.

"Sí...ése idiota. Tan pronto tenga acceso, destaparé todo, y lo culparé. Después de todo: Él es un asesino. ¿No?"

Ésas habían sido las palabras de DeKiller, mencionando la llamada que había oído de parte del cliente.

-Ésa rabia...ése enojo que me hace hervir la sangre. Ésa furia para nada saludable me consumía, mientras oía como se reía. Y pensé: "¿Por qué no lo matas ahora mismo?". Pero no tendría sentido una muerte así de arrebatadora. "Entonces...hagamos ésto más interesante.", me vino ése pensamiento a la mente.
-Señor DeKiller...para que usted lleve a cabo sus asesinatos, como debido acuerdo, ninguno de los dos, tanto quien presta sus servicios, como el cliente, deberían romper el tratado de Servidor y Cliente... ¿Me equivoco?

Los ojos de la sala se posaron en mí. Incluyendo los ojos de Melissa, de Dean, y del juez.

-Ah...veo que usted sabe de mis métodos. Me parece interesante que usted lo sepa al pie de la letra...
-Conteste la pregunta, por favor.
-Muy bien. Pues es como usted dice: Yo no revelo a mi cliente, ni me atrevo a cuestionar mis blancos. Mi cliente no revela datos míos, ni mi método de "trabajo", y paga por mis servicios en mitades: la primera mitad antes del trabajo, y la segunda mitad después del trabajo. Es un tratado en el cuál, como me gusta decir: "La confianza es algo elemental.".
-Y por lo que puedo entender: Él violó el tratado de confidencialidad. Por lo tanto, usted podría vengarse de él.
-Sí. Pero como dije: No tenía razones para matarlo. ¿No cree que es mejor que la persona sufra primero, y que después muera?

Ése tipo de lógica fría y analítica me daba asco, y a la vez me dejaba deslumbrado...pero sin dudas, él poseía la razón.

-Por lo tanto, usted elaboró su venganza... ¿cómo?
-Sencillo. Él dijo que no le importaba perder a un alumno, y yo solo seguí su juego.
-¡¿Ma-mató a alguien más?! -vociferó el juez.
-Claro que no. ¿Para que proseguir el plan, si ya fui traicionado? -habló DeKiller, mientras que aclaraba su garganta. -Le había pedido a mi cliente que llamase a un estudiante a mi escondite. De hecho, fueron dos a los que llamó él: El primero era Lucas Jerr, un alumno de la facultad de ciencias químicas. Fue gracias a él que pude obtener acceso al ácido clorhídrico. El segundo alumno era Mathias Harkley, un alumno de la facultad de derecho, y quien se supone sería la carnada perfecta para poder usar su cadáver: un chico de la misma complexión que el joven Morgan.

El tiempo seguía corriendo, y lo único que quería era que acabase de hablar, y declarar al desgraciado culpable...pero aún faltaba la razón de ser del profesor David Larn en éste caso.

-Fue hasta las seis de la tarde que logré secuestrar con éxito a Jake Morgan. Lo sedé y lo dejé en el sótano del teatro, junto con los dormidos Lucas Jerr y Mathias Harkley, y junto al cadáver de quien fue antes Alice Brust. Tome a ambos, al joven Morgan y al joven Harkley para desvestirlos. Igualmente, desvestí a la ya fallecida agente, y la vestí con las ropas del abogado. ¿En que me ayudaría eso?, se preguntarán. A mí, no me ayudaría. Pero haría que éste caso tornara sus ojos hacia el rector. Y con ésto, los de la Interpol: lo cuáles están tratando de triangular mi posición...pero no lo lograrán. O al menos, no a tiempo.

¿La Interpol estaba buscando a DeKiller? ¿Que estaba pasando aquí?

-Claro, tuve que bañar en ése ácido a la agente, y derretir todo su cuerpo, al punto de dejar solo trozos de carne en sus brazos y piernas. Era por motivos muy necesarios, aunque no quería que fuese de ésta forma...una forma de quedarse muerto para nada elegante.

Todo un asco para mi. Sin mencionar para el detective que estaba aguantando su vómito, mientras que Melissa apretaba con fuerza la orilla de su mesa.

-La ropa del joven Harkley la retiré y la quemé en un lugar por aparte para poder borrar ésta evidencia. Después de que me hubiese encargado de la agente, con precaución la logré subir al piso del escenario, dejando por accidente pocos residuos del ácido en éste mismo. Y fue ahí que el pobre profesor vio ésa escena: un desconocido cargando un cadáver desfigurado...fue todo un asco para él, una experiencia paralizante. Logré tomarlo por sorpresa, y tenía las intenciones de asesinarle. Pero después pensé: ¿Cómo podría vengarme de ése hombre? ¿Solo echando a perder el asesinato? No. Tenía una mejor idea.
-En resumen, me dijo: "Ayúdame, y te perdonaré la vida". -dijo una voz conocida. En el banquillo de los acusados, se encontraba de pie el profesor Larn, ahora con un aspecto distinto: decidido, determinado y enfocado.
-Y fue obediente. El miedo ayuda mucho en ésto. -terminó su declaración, aclarando su garganta. -Para terminar: tomé un trozo de la ropa de Jake Morgan y lo usé para limpiar el resto de ése ácido.
-A final de cuentas: fue el profesor Larn quién movió el cadáver en el estuche.
-Exacto: éste hombre fue mi cómplice, aunque fue forzado.

La sala se quedó en silencio, mientras analizaban la información dada por DeKiller. Fue el juez, quien rompió el silencio, e hizo las preguntas clave...

-Está declarando que mató a Alice Brust, en cumplimiento de su contrato con su cliente.
-Así es. -contestó DeKiller.
-¿Cómo podemos asegurar que lo que usted dice, es verdad?
-¿No les interesa para nada la vida de los jóvenes Jerr y Harkley? ¿Y la del abogado?

Ahí, yo desperté por un instante. No me había puesto a pensar en sus estados actuales.

-Ellos están bien...por ahora. Y entre más se extienda el juicio, menos serán las probabilidades de tenerlos.

El juez tomó su martillo rápidamente, pensando en terminar el juicio de una vez.

-¡UN MOMENTO! -gritó Melissa con fuerza. -¡¿Dónde están?!
-Ésa respuesta la daré al final del juicio. Tendré que alistar mis cosas para hacer una visita al...rector de la universidad.
-¡¿E-estamos siguiendo las instrucciones de un asesino?! -preguntó el juez con asombro.
-Tan pronto oiga el veredicto de inocencia de David Larn, daré la ubicación cinco minutos después.

No pasó mucho tiempo para que el juez dictaminara la culpabilidad contra Kevin Cadem. El hombre fue llevado por las autoridades rápidamente, mientras que tanto Dean, como Melissa y yo, estábamos con las uñas clavadas a la mesa.

-Es toda una informalidad hacerlo de ésta manera, pero se trata de una situación de emergencia... ¡Alguaciles, llévense al rector fuera de ésta sala y enciérrenlo!

No tardó mucho para que los alguaciles tomaran al amordazado rector, y lo retirasen del lugar, aún con esos fuertes gruñidos llenos de rabia.

-¡No podemos perder mas tiempo! -grité al juez.
-¡Si lo que dijo DeKiller es cierto, significa que las vidas de tres jóvenes están en peligro! -gritó Melissa con desesperación.

El juez levantó su martillo, y un par de alguaciles que se habían quedado en la sala tomaron al profesor, llevándolo al estrado.

-Sé que la situación lo requiere, pero solo tengo un mensaje para ustedes dos: abogado y fiscal.

Los dos nos miramos, para regresar la mirada al juez.

-Tengan en cuenta que lidiamos con un asesino profesional a sueldo: por lo tanto, vayan con la cabeza fría.

Éste comentario nos puso a pensar por un instante. La prisa era necesaria, pero sin dudas, tendríamos que prepararnos para cualquier cosa.

-A continuación, daré mi veredicto para el acusado, David Larn...

El juez hacía de esperarse por un momento, y yo estaba esperando poder oír aquellas palabras. Los segundos se volvían minutos. El tiempo se distorsionaba hasta volverse tan lento, que no podía saber si éste se había congelado. Uno de esos momentos que solo quería oír el veredicto, no por saborear la victoria, sino para rescatar una vida.

-¡No culpable! -gritó el juez a la par de un martilleo, haciendo que en las pantallas de la sala se mostrasen las palabras "No Culpable", y en las mismas empezara a llover confeti.

Tan pronto ésas palabras se escucharon, yo salí corriendo de la sala con el transmisor en mano, seguido de Melissa y de Dean, quienes me ayudaban a abrirme paso entre la multitud que bloqueaba la puerta de salida de la Sala de Juicios.
Los tres corrimos a la sala de acusados número 2, y les pedimos a los alguaciles esperarnos afuera, cerrando las puertas del lugar.

-¡Ya...ya, ya, ya! ¡Maldición! -gritaba Melissa.
-Éso no ayudará en nada. -hablaba Dean.
-Si no nos calmamos, nada lo hará. -respondí.
-¡Lo sabías desde el principio! ¡Y no dijiste nada! -gruñía Melissa entre dientes, mientras me lanzaba ésa mirada asesina.
-¡Él amenazó a mi hermano y...!
-¡Tú hermano no me importa!
-¡BASTA, MELISSA! -gritó Dean, dándole una bofetada.
-¡¿Pero que me has...?!
-Piensa un poco: si él hablaba, era muy probable que pondría en riesgo a Jake.

La fiscal solo apretó los puños, mientras que no hallaba cómo desquitarse.

-Abogado. -se escuchó una voz casi distorsionada, proveniente del transmisor. Con manos temblorosas, él apretó el botón de "LLAMAR", mientras que Dean y Melissa se le juntaban. -Ésta transmisión está siendo escuchada por la Interpol, por lo cuál no podré serle muy específico con los detalles.
-¡Solo...hable! -gruñó Melissa, apretando sus ojos.
-El lugar donde se encuentran es uno muy fácil de saber. Yo ya me alejé de ahí. Era el único lugar que no fue mencionado en el juicio, sino hasta cierto punto. Les deseo toda la suerte del mundo.

La transmisión se cortó, mientras que podía oír del otro lado de la puerta cómo comenzaban a abrir la puerta.

-¡Maldición! -gritó Dean, mirando hacia la puerta.
-¡Hay que abrirnos paso! ¡Sea como sea! -grité, mientras que me preparaba para dar embestidas.
-¡Pues haré honor a mi chaqueta! -gritó Dean, inclinándose y preparándose para dar un fuerte placaje.

Ambas puertas se abrieron, y lo único que vimos fueron a sujetos de traje oscuro y lentes entrar al recinto, seguidos de dos figuras conocidas: una de ellas estaba completamente vestido de blanco. La otra, una chica de ojos verdes y de cabello rosado, vestía un atuendo formal color oscuro, con una corbata dorada. Mi hermano, y la agente Reeves, habían entrado al lugar.

-¡A correr! ¡Que ya tenemos la ubicación! -gritó Reeves, mientras que con un gesto de su mano, nos indicaba a nosotros tres que nos apresuráramos.

Salimos como proyectiles, siguiendo a mi hermano y a la agente Reeves hacia el vestíbulo, y de ahí a la calle, directo a una camioneta.
Jamás en mi vida había corrido por un pasillo de personas vestidas de negro, y mucho menos saltar los escalones del tribunal del distrito con tal destreza.