Extensión: 5289 palabras.
Notas: Y como tengo este fic medio adelantado la Jefaza de Jefes se gana un capítulo sin necesidad de alineación planetaria (?).
Cambié el resumen porque el otro, se podría decir, era provisional mientras se me ocurría algo decente. Quizás lo cambie de nuevo, a saber.
En fin, ojala te guste mami, mucho amor para ti~
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Tazas de té.
Rooibos.
Miró la taza de té frente a ella por largos, realmente largos momentos. Luego volteó la mirada por sobre su hombro, contemplando a las personas que se hallaban a su espalda, a una cierta distancia de su persona y del lugar donde se encontraba. De vuelta a la taza. Suspiró. Contempló la vacía pieza de porcelana y pensó unos momentos que quizás pudiese determinar, al menos, si Gray se hallaba en su futuro o no viendo las manchas de té al fondo de la fina taza, después de todo eso con varias puntas de seguro se trataba de Gray y su perfecto cabello... o bien podía ser una piña.
Vale, Gray o su merienda, ninguna estaba mal.
—¿Sucede algo? —le preguntó el joven que la había estado atendiendo desde que ella llegase, de pie a su lado.
Juvia alzó la mirada a él y negó con la cabeza antes de regresar su mirada a la taza de té y de ella dirigir sus ojos al pequeño plato, ahora vacío, en el que se habían hallado unas cuantas galletas hace poco.
—No —respondió, dejando la taza a un lado—, pero a Juvia le vendría bien un trozo de pastel.
—Por supuesto, ¿de qué lo desea?
—Uno de fresa —dijo, pensando inevitablemente en Erza con eso.
—Inmediatamente.
El joven le sonrió y se alejó de ella en busca del pedido.
Juvia desvió entonces la mirada, regresando su vista nuevamente a las personas que se hallaban a su espalda, suspirando una vez más al hacerlo. Retornó sus ojos al frente e inspeccionó unos momentos el salón de té en el que se encontraba, separado de la tienda de té por un gran arco abierto que marcaba el límite entre ambos espacios. La tienda, a sus espaldas, tenía en dos de sus cuatro paredes los mostradores con el té, la puerta más una pequeña repisa con accesorios como tazas y demás en la tercera, y finalmente el arco cubriendo tres cuartos de pared en la cuarta, con la caja de pago en uno de sus pilares. Atravesado el arco estaba ese pequeño salón de té, con cinco mesas esparcidas por el lugar, rodeadas cada una por dos pequeños sillones a sus lados en lugar de sillas. Juvia se hallaba en uno de ellos, no tenía brazos y era bastante cómodo a la vez que grande, no dudaba que cabían dos personas ahí y por tanto cuatro en total en cada mesa. Por lo demás la decoración era sencilla, pero el té tan bueno como el que vendía la tienda anexa y los bocadillos tampoco estaban mal.
Todo eso formaría una imagen bastante plácida si no fuera por el detalle de que se encontraba impaciente. No es que Juvia esperara a alguien en particular, de seguro fue su culpa por asumir que dos sucesos eran un muestrario lo suficiente amplio para formular un hecho absoluto, pero ciertamente había esperado encontrar a Rufus cuando se dirigió al lugar. Pero no, casi una hora ahí y nada. Lo único bueno que podía sacar de todo eso era haber descubierto el salón de té, por lo demás se supone había ido para preguntarle al mago si sabía de alguna tienda más cercana a Magnolia que vendiera té rooibos y no había obtenido nada, lo que implicaba que si él no llegaba tendría que ir nuevamente a ese lugar con la esperanza de encontrarlo cuando fuera a comprar té algún otro día. Que era lo otro, ya había comprado su Rooibos Earl Grey y ahora solo mataba el tiempo; y ella que incluso había considerado comentarle al mago que sí le había gustado la variedad Green Earl Grey, vaya decepción.
Suspiró, mirando una vez más su taza. Quizás debió aprovechar de pedir otro té, mirar esa piña (pseudo Gray) no le traía nada bueno.
Lo mejor sería acabar su pastel, pedir la cuenta y luego preguntarle a la anciana dueña del local si había visto a Rufus. Él parecía ir seguido ahí, o al menos esa impresión le había dado las dos veces que se lo había topado, de seguro la anciana lo reconocía y era capaz de decirle si se había pasado o no. De hecho, hubiera hecho eso antes de pasarse una hora ahí perdiendo el tiempo.
Recibió su pastel, se apresuró en comerlo (Erza se habría decepcionado de ella si la viera) y luego fue hasta la caja para pagar. Mejor eso que pedirle al chico que le llevara la cuenta, después de todo quería hablar con la dueña, la que le sonrió al verla acercarse.
—¿Disfrutó su té?
Juvia asintió levemente.
—Sí, a Juvia le gusta mucho el Earl Grey —respondió, admitiendo para sus adentros que lo había extrañado un poco en esos casi tres meses de no beber la variedad tradicional—. ¿Juvia puede hacerle una pregunta?
La dueña, una anciana de cabello canoso y rostro amable, asintió.
—Por supuesto —dijo, antes de mirar levemente el salón de té—. La mesa seis, ¿no?
Juvia parpadeó confundida al oírla.
—¿La seis?
—Oh, es que el cuatro es de mala suerte —dijo la señora con obviedad—, por eso no hay mesa cuatro.
—Por supuesto —aceptó Juvia por cortesía.
—Supongo que usted no cree en esas cosas.
—La verdad Juvia no suele pensar en eso como para creer o no hacerlo —admitió—. ¿Cuánto es?
La anciana volvió a sonreírle antes de hacer unos pocas cuentas antes de responderle y tender la boleta con el total hacia ella.
—¿Qué quería preguntarme?
—Ah, cierto —recordó Juvia, volviendo a echarle una corta mirada al local de té—. ¿Rufus-san no ha venido? —cuestionó, tendiéndole el dinero a la mujer.
Esta parpadeó, algo sorprendida por la pregunta.
—Oh no, se ha ausentado unos días —contestó, aceptando el dinero para depositarlo en la caja—. Ha de estar de misión, suele ser así cuando no se deja ver por un tiempo.
—Pero viene seguido, ¿no?
—Por supuesto, su gremio está a una media hora de aquí en tren, es un trayecto corto. ¿Por qué?, ¿habían quedado o algo así?
Juvia parpadeó. ¿Quedar? Esperen, ¿cómo una cita?
—¡Claro que no! —respondió inmediatamente, incómoda y algo sonrojada—. Es que Juvia necesitaba preguntarle algo, ella quería saber si había otra tienda de té que vendiera té de rooibos.
—Claro, Magnolia está bastante lejos de aquí, ¿no? —dijo la mujer—. Supongo que venir le resulta pesado.
—Sí, pero Juvia no ha encontrado otra tienda que venda té de rooibos más cerca de Fairy Tail.
—No es un té muy común —admitió la anciana, tal como habían hecho todos aquellos a los que Juvia les había preguntado—, cuesta incluso encontrar exportadores, sobre todo en el último tiempo con la sequía en Bellum.
—Juvia entiende. ¿No sabrá por casualidad de otro lugar que venda?
—Lo siento, suelo estar preocupada de mi negocio nada más, sé que le exportan a otros pocos en Fiore, pero no sé dónde ni cuántos.
—Ya veo, gracias de todas formas —dijo, dispuesta a marcharse—. Nos vemos.
—Nos vemos, señorita. Por cierto —llamó la anciana, captando su atención unos momentos—, hace tiempo que no se pasa, así que de seguro vuelve pronto, no suele estar lejos más de un mes.
Juvia parpadeó, tardando unos momentos en captar de qué hablaba, cuando lo hizo sonrió en respuesta y continuó su camino hacia la salida del local. Ya en la calle se puso rumbo a la estación de tren para retornar a Magnolia, lamentando unos momentos su mala suerte. Tardaba dos horas y algo el viaje, realmente anhelaba una opción más cercana para comprar té. Sin embargo, si la dueña le había dicho que probablemente Rufus volviera pronto quizás pudiera ir la próxima semana o a fin de mes a ver si estaba y rematar el asunto con rapidez. Fugazmente pasó por su mente la idea de ir a Sabertooth a preguntar, pero la desecho inmediatamente. Independiente de que el gremio estuviera a media hora de ahí no se atrevía a ir para preguntar algo así, después de todo no es como si fuese cercana a nadie ahí como para ir con tanta libertad. No, definitivamente no.
Compró el maldito boleto a Sabertooth. Total, era solo media hora y ella ya había perdido bastante tiempo, media hora más, media hora menos, no le significaba nada. Que no quería decir en lo absoluto que se sintiera cómoda presentándose en ese gremio, seguía siendo extraño.
—¡Maestro! —llamó la chica que la había recibido—, ¡es una maga de Fairy Tail!
Sting Eucliffe estuvo en medio segundo frente a ella.
—¿Viene acompañada? —preguntó casi gritándolo. Su rostro formó una expresión de decepción al ver a Juvia—. Pensé que sería Natsu-san con la rubia —comentó, para luego cruzarse de brazos y sonreírle—. ¿Qué sucede?
Juvia dudó unos momentos.
—Juvia solo venía a preguntar por Rufus-san —respondió al fin, ganándose una mirada extrañada del rubio frente a ella—. Ella tiene entendido que está de misión y quería saber cuándo volvía.
Sting pareció algo confundido tras su aclaración, pero tras pasarse la mano por el cabello acabo por responder.
—Sí, está de misión, pero no sé cuando vuelve —admitió, dirigiendo su mirada a la chica a su lado—. ¿Salió hace unas dos semanas, no?
—Efectivamente maestro.
El maestro de Sabertooth torció un poco el gesto, incómodo, antes de mirarla.
—Pues eso —dijo.
Juvia tuvo el impulso de decirle que ese «pues eso» a ella no le respondía nada porque, probablemente, no manejaba una información que ellos sí.
—¿Eso qué quiere decir? —indagó—, o sea, ¿por qué Sting-san no sabe cuándo vuelve?
—Porque ya debería haber vuelto —dijo Sting con simpleza—, no era una misión larga, tendría que haber estado aquí hace unos tres días pero no ha vuelto y tampoco ha llamado, por eso no sé cuándo volverá.
Lucía incómodo por el detalle y Juvia no tardó en comprender el motivo de ello. En resumen, no sabía nada de él desde hace tres días y estaba preocupado.
—Entiendo, gracias de todas formas —dijo, inclinándose en señal de gratitud—. Juvia se marcha, entonces.
No alcanzó ni a pensar en dar la vuelta cuando Eucliffe la retuvo.
—Espera, espera —llamó apresuradamente—, ¿por qué quieres saber cuándo vuelve? —cuestionó, entrecerrando los ojos con desconfianza al mirarla—. ¿De dónde se conocen ustedes dos?
Le hubiera encantado que esa pregunta no la hubiera puesto nerviosa como lo hizo, suscitaba aún más las ideas que el chico frente a ella claramente se estaba haciendo.
—De nada, Juvia solo quería preguntarle algo sobre té —respondió, sintiendo las mejillas calientes ante el escrutinio del maestro de Sabertooth—, ellos nada más han hablado un par de veces cuando se han topado —dijo, para luego añadir—, comprando té, nada más comprando té.
—Ya —dijo Sting, relajando levemente su expresión pero sin dar señales de creerle mucho, pues la miraba con algo de escepticismo—. Cuando vuelva le avisaré que preguntaste por él.
Juvia asintió, sintiendo las mejillas calientes ante la mirada inquisidora del mago frente a ella.
—Gracias por eso —murmuró, incómoda—. Juvia se marcha, que tengan un buen día.
—Igualmente —respondió la joven que la había recibido, inclinándose levemente al decirlo.
—Nos vemos —dijo Sting sin despegar su mirada desconfiada de ella.
Juvia dio la vuelta, avanzando a paso rápido lejos de Sabertooth. Definitivamente no tendría que haber ido, mejor se hubiera quedado con su media hora. Ya en el tren reafirmó esa idea al darle vueltas a las palabras de Sting, porque tras pensar seriamente en que no sabía a pesar de todo cuándo volvería surgió el fatalista pensamiento de si lo haría. Después de todo Sting le dijo que ya tendría que haber vuelto pero no lo había hecho, ni siquiera había informado, eso parecía implicar que quizás había tenido algún tipo de percance.
Y maldita sea, ahora estaba preocupada.
Suspiró, dirigiendo su mirada a sus pies. Todo eso era estúpido e incómodo porque solo era un maldito té, podía seguir tomando el Earl Grey tradicional pero por alguna razón no quería hacerlo. Desde ya, pudo rechazar la oferta de Levy pero acabo por no hacerlo aunque no quisiese cambiar su té y Juvia consideraba que quizás era porque muy internamente sí quería hacerlo, como si precisase cambiar algo. Era incómodo, la ponía incómoda tal como lo hacía el maldito insomnio. Y ahora estaba en un tren retornando a Magnolia tras ir a Sabertooth por culpa de esa extraña necesidad de cambiar algo, lo que fuera, que se materializaba en un tonto té que encima le acarreaba una preocupación que no necesitaba y por alguien que no conocía de nada. Aunque lo entendía, era lo que implicaba la vida de un mago y por tanto el pensamiento le había sido inevitable, después de todo le podría pasar a cualquiera.
A ella, o a Gray.
Quiso alejar esos pensamientos al volver a Magnolia y arrojarse sobre su cama, sintiendo que algo no estaba del todo bien con ella. ¿El qué?, ¿qué trataba de cambiar inconscientemente? Era desagradable la forma en la que a veces hasta ser uno mismo resultaba difícil e indescifrable. Por qué no se podía nacer, por lo menos, con un manual del propio ser.
O uno de Gray.
Suspiró nuevamente y dio la vuelta en la cama, algo alicaída. Entonces, como un súbito destello de consciencia, se percató de la causa. No, de su extraño comportamiento no, pero sí de su insomnio. No era el té, no era su cuarto, tampoco un hábito irregular o una mala alimentación, simplemente era cierto que un espectador externo solía ver mejor esas cosas que uno mismo. Los demás tenían razón: estaba desanimada.
Ir al gremio a la mañana siguiente de alguna forma reforzó ese pensamiento, verlos a todos tan alegres y sentirse fuera de lugar. Por alguna razón no se sentía del todo bien, no como era usual en ella.
—¡Juvia! —llamó Levy al verla, sonriendo y esperando a que ella se acercara para hablarle—. ¿Cómo te fue?
Perfecto. ¿Por qué de todas las cosas que podía haber hecho Levy tenía que haber regresado su preocupación?, bastante tenía con ella misma y sus problemas para agregar la incertidumbre.
—Mal —respondió, sentándose frente a la pequeña maga—, Rufus-san no estaba.
—Oh —musitó Levy—. ¿Por?
Juvia lo pensó, meditó unos momentos qué responder a eso.
—No sé —dijo finalmente—, la dueña le dijo a Juvia que probablemente estuviera de misión.
—Supongo que era esperable —comentó Levy tras oír su respuesta—. ¿Entonces no pudiste preguntarle?
—No, Juvia sigue sin saber de otro lugar que venda rooibos.
—¿Y?
Juvia parpadeó.
—¿Y qué?
—¿Qué harás?
—Oh —vocalizó al captar el punto. Se alzó de hombros—. Juvia irá otro día a preguntarle, quizás lo encuentre. La dependienta le dijo a Juvia que quizás volviera a fin de mes.
Quizás.
—Pero —comenzó Levy—, ¿y si mejor vas a Sabertooth? Ahí definitivamente tendrá que estar tarde o temprano.
Pero ya lo hizo y bien no le fue.
—Juvia no se siente cómoda yendo como si nada —y aún así había ido, ni ella se entendía—, además para ella es mejor ir a la tienda, así mata dos pájaros de un tiro —mintió.
—Supongo que tienes un punto, aunque podrías no volver a encontrarlo.
Por supuesto, bien podría nunca volver.
—Es una posibilidad —admitió—, pero la dueña le comentó a Juvia que Rufus-san siempre se pasaba por ahí.
—Oh —dijo Levy, comenzando a notar algo raro en el gesto de Juvia y en ella en general, como si estuviera incómoda con la conversación—. Entonces supongo que también estará ahí tarde o temprano.
—Por supuesto, así que Juvia irá a la tienda a fin de mes —dijo, para luego pensarlo un poco—, o quizás la próxima semana, la dueña le dijo que de seguro no tardaba en volver.
Prefería, en verdad, cortar con ese tema del té lo antes posible, no le estaba trayendo ningún bien.
Juvia no necesitaba cambiar su té, ella no necesitaba cambiar nada.
—Por cierto —llamó—, ¿Levy-san ha visto a Gajeel-kun? —preguntó, comenzando a pasear la vista por el gremio.
—Sí, él estaba —dijo Levy volteando igualmente la vista para revisar el gremio, al tiempo que el susodicho aparecía rodando por su campo de visión para ir a estrellarse a uno de los extremos del gremio—... luchando con los demás, como siempre.
Juvia parpadeó unos momentos, perpleja, antes de soltar una sonora carcajada y reír con fuerza unos momentos. La situación le había resultado graciosa. Se levantó para ir en busca de su compañero con una sonrisa en el rostro, Levy sonrió inevitablemente al verla, lucía más natural así.
La maga dio cuatro largos pasos hasta donde estaba Gajeel, deteniéndose a pocos metros de él.
—Gajeel-kun —llamó.
—Ah —respondió Gajeel, de espaldas contra el piso, fijando su atención en ella con molestia—. ¿Qué quieres, mujer?
—Juvia se preguntaba si Gajeel-kun la acompañaría a una misión, ella no quiere ir sola y necesita dinero —explicó.
El mago de hierro la miró unos momentos para luego sentarse —aún estaba tirado en el piso— de golpe y dirigir su mirada hacia el centro del gremio, donde varios miembros luchaban entre sí, entre ellos Natsu y Gray.
—¿Por qué no le preguntas al idiota de hielo? —cuestionó de la nada, regresando la mirada a la maga de agua.
—¿A Gray-sama? —repitió Juvia, dirigiendo luego la mirada al mago—. ¿A qué viene eso? —preguntó, centrando una vez más la mirada en el mago a su lado.
—Hace mucho que no le preguntas —aclaró Gajeel.
Juvia se quedo en silencio unos momentos, algo confundida.
—Juvia no entiende —admitió—, ¿qué tiene eso? Juvia suele ir a misiones con Gajeel-kun y Gray-sama suele ir a misiones con rival de amor y los demás —comentó, volviendo la mirada al grupo que peleaba a unos metros—. Juvia no suele ir a misiones con Gray-sama.
—Pero sueles preguntarle.
—Sí —admitió nuevamente, bajando unos momentos la mirada al piso—, pero Gray-sama le dirá que no y Juvia no quiere ir sola a la misión —explicó ante la mirada inquisidora de Gajeel. Se miraron unos largos segundos hasta que de pronto Juvia se llevó la mano a la boca, como si se hubiera percatado de algo. Gajeel no tardó en desconfiar de ese gesto—. A menos que Gajeel-kun quiera ir a una misión con Levy-san.
—¡¿Qué?! —exclamó el mago.
—En dicho caso trata de echar muy sutilmente a Juvia, pero Juvia entiende...
—¡Juvia entiende nada! —reclamó Gajeel, levantándose y mirándola con fastidio—. No inventes cosas mujer, vamos a la tonta misión.
Redfox dio la vuelta, aparentemente rumbo al tablero de misiones aunque su objetivo real era ocultar su sonrojo. Juvia quiso reír por el detalle, si no lo hizo fue porque la voz de Phanterlily la detuvo.
—Eso lo hiciste a propósito —acusó el exceed llegando a su lado.
Juvia lo miró unos segundos antes de alzar su mano.
—Nunca se le discute a una mujer —dijo como si revelara alguna especie de verdad universal antes de dar la vuelta y partir tras su compañero.
Y es que era una verdad universal, Gajeel solo era tan idiota que todavía no se enteraba, problema de él.
Lily no tardó en seguirla, volando a su lado unos momentos antes de cuestionar:
—¿En verdad te falta dinero?
Juvia presintió unos momentos que Lily había visto a través de su mentira.
—Sí —mintió, a pesar de todo.
Vale, dinero no le faltaba exactamente, pero no era mentira que el dinero nunca estaba de más. Sí era cierto que en realidad lo primero que necesitaba era distraerse, pero el hecho de ganar dinero por la misión no se convertía en un detalle irrelevante por eso, en lo absoluto. Era una mentira a medias, más o menos.
—Ah, una corta Gajeel-kun —reclamó al ver la misión en la que el mago había centrado la atención, atención que fue a ella con sus palabras—, Juvia tiene que hacer la próxima semana —aclaró.
Tenía que sacarse de dudas lo antes posible.
Por eso casi se sintió ansiosa al momento en que pisó nuevamente la tienda de té ocho días después, cumplida la semana de forma casi exacta. Avanzó por el lugar algo nerviosa y con la mirada algo inquieta antes de detenerse frente a uno de los mostradores de a saber qué té, sus conocimientos no le eran suficientes para determinarlo.
—Rufus-san —llamó.
Él giró el rostro, sonriendo al reconocerla antes de voltear completamente. A Juvia, sin embargo, le pareció percibir algo de torpeza en el movimiento por lo que no regresó la sonrisa.
—Juvia, tiempo sin verla —correspondió el mago a modo de saludo.
—Sí, es que Rufus-san no estaba la última vez que Juvia vino —comentó ella, tratando de decir aquello con normalidad, como si no hubiese pasado una semana pendiente del detalle.
—Claro, Kiko-san me lo comentó.
Juvia ladeó la cabeza, confundida.
—¿Quién?
Rufus hizo un gesto leve con la cabeza, señalando la caja. Juvia no tardó en entender tras dirigir una corta mirada tras ella que se refería a la dueña.
—Oh, ya veo —dijo, regresando la mirada a él—, es que Juvia no sabía su nombre.
—Comprendo.
—Ella hubiera esperado que mencionara a Sting-san.
Esta vez quien lució confundido fue Rufus.
—¿Por qué Sting?
—Eh —musitó Juvia, asombrada—, ¿Sting-san no se lo dijo?
—¿Qué cosa?
No, claramente no se lo había dicho. A saber por qué, tampoco es que le afectase que no lo hubiera hecho.
—No importa —dijo apresuradamente, algo incómoda. Si al final el maestro de Sabertooth no le había mencionado que había ido a preguntar por él mejor, todavía le avergonzaba un poco el detalle—. Ahora que menciona a Kiko-san —dijo, desviando el tema—, Juvia quería preguntarle algo a Rufus-san, por eso preguntó por él. Lo estuvo esperando la última vez que vino —agregó.
—Entiendo. Lamento eso.
—No importa —se apresuró en decir—, después de todo Rufus-san no sabía que Juvia lo estaba buscando, no es como si hubieran quedado para que él se disculpe.
—Supongo. ¿Qué quería preguntarme?
Juvia se tardó unos momentos en responder, buscando las palabras para ello.
—Ella se preguntaba si conoce alguna tienda de té más cercana a Magnolia que venda té rooibos, el viaje aquí le toma unas cuatro horas en total.
Él pareció pensarlo, quedando unos largos momentos en silencio con la mirada fija en ningún punto particular.
—Me parece que hay uno en Hosenka —respondió finalmente, fijando nuevamente su atención en ella.
A Juvia se le iluminó el rostro.
—¡¿De verdad?! —exclamó, llamando la atención de algunas personas y obteniendo una afirmativa por parte del mago—. ¡Qué bien!
Rufus sonrió al ver su reacción.
—Me alegra haberla ayudado.
Juvia le devolvió la sonrisa.
—Muchas gracias —dijo, fijando entonces la mirada en el mostrador a su lado—. ¿Qué vino a comprar Rufus-san?
—Vine a por un poco de cedrón —respondió él.
Eso la extrañó levemente.
—¿Por?
—Nada importante, es para Yukino —dijo Rufus—. ¿Qué vino a buscar Juvia?
—Oh —musitó, algo nerviosa—, no, Juvia no vino a por nada —contestó—, ella solo quería preguntarle a Rufus-san lo que... bueno, lo que ya le preguntó.
Rufus se quedo en silencio unos momentos, algo perplejo por esa declaración.
—O sea, ¿hizo un viaje de cuatro horas para eso?
Juvia inevitablemente se puso todavía más nerviosa, consciente de lo insignificante que sonaba todo como para haberse tomado esas molestias.
—Bueno —tartamudeó—, sí. —Se sintió un poquito tonta y un poco insegura al decir eso—. Juvia quiere decir, en teoría ya no tendrá que tomar el viaje y... bueno, ella estaba algo ansiosa por preguntarle.
Hubo un corto silencio tras eso. En realidad estaba ansiosa por saber de él, preocupada por la ausencia que había mencionado Sting, pero no es como si pensara hacer verbal ese pensamiento sonando tan ridículo, todavía no se conocían de nada como para que tuviera que preocuparse por él por muy inconsciente que hubiera sido.
—Supongo —aceptó Rufus—, aunque me sigue sonando algo raro.
—Juvia lo entiende un poco, sí suena algo raro —admitió por su parte, sonriendo levemente.
—En dicho caso asumo que ya se marcha, ¿no?
Juvia se sorprendió un poco con esas palabras, más que nada porque no había esperado esa acotación.
—Juvia podría esperar a Rufus-san —ofreció—, después de todo ambos van a la estación de trenes y él ya tiene claro que comprará, ¿no?
A fin de cuentas ya habían ido juntos a la estación de trenes una vez.
—Sí —aceptó él—, la verdad es que me entretuve un poco viendo qué hierbas habían, ya sabe, para ver más o menos qué opciones tenían. Pero Yukino me pidió cedrón así que supongo que estoy listo.
—Bien, Juvia lo acompaña a la caja —dijo sonriendo. Iba a preguntar qué tenía Yukino o por qué necesitaba cedrón, pero justo entonces Rufus comenzó a avanzar, haciendo patente un detalle que hasta entonces no había podido dejarse ver—. Rufus-san cojea. —Observó.
Él se detuvo, mirándola unos momentos antes de que sus ojos descendieran hasta su pierna izquierda unos segundos.
—Sí, tuve un pequeño percance —comentó con calma, para luego continuar avanzando.
Juvia no tardó en darle alcance.
—¿Qué le pasó? —cuestionó algo preocupada.
—Nada demasiado grave, me esguince el tobillo —explicó Rufus con calma.
—¿Cómo? —preguntó Juvia—, ¿en su misión?
Porque eso le explicaría el retraso que le comentó Sting.
—El lugar donde estaba sufrió un derrumbe.
—Oh —musitó ante la información—, ¿le cayó alguna piedra o usted cayó con el derrumbe?
—Yo caí —aclaró Rufus—, con la situación no me quedaba de otra y no pude caer bien tampoco.
—¿Le duele?
—Casi nada —dijo el mago, dejando la conversación de lado momentáneamente para pagar.
Juvia no dijo ni acotó nada más sobre el tema hasta que salieron de la tienda y emprendieron rumbo a la estación de trenes, mirando unos momentos el pie de su acompañante.
—¿Rufus-san necesita ayuda para caminar? —cuestionó.
—En lo absoluto, ya estoy mejor —respondió él—, aún está algo inflamado pero ya casi no me duele, me molesta más que nada debido a que no me permite caminar bien.
—Juvia entiende, supone que fue doloroso.
—Un poco, además estaba en un lugar montañoso a varios kilómetros del pueblo más cercano, me costó llegar para atender el esguince.
—Ya veo —dijo para luego quedarse callada unos momentos, viendo al mago caminar con algo de lentitud a través de la calle.
—Si quiere se adelanta.
—No, a Juvia no le molesta —dijo y agregó—, ella no tiene prisa de todas formas y no se sentiría bien dejándolo atrás.
Él le sonrió en respuesta y Juvia imitó el gesto vagamente, para luego regresar la mirada al frente. La estación de trenes no estaba muy lejos, detalle que agradecía, le incomodaba un poco que Rufus caminara habiendo sufrido una lesión, más considerando que cojeaba al caminar y el detalle no le permitía desentenderse del tema.
De pronto una idea cruzó su cabeza.
—¿Rufus-san no tendría que tomar reposo?
—Reposé allá, en las montañas. —Fue la respuesta del mago, simple y concisa.
—Ya —dijo Juvia, no muy convencida—, ¿pero reposó el tiempo suficiente?
Rufus volteó a verla, algo extrañado.
—¿A qué viene eso?
—Cojea —acotó Juvia—, ¿realmente está bien que recorra está distancia?
—Yo considero que sí, no fue algo grave en realidad y no me duele —replicó él.
Juvia no dijo nada más porque iba notando que era inútil, pero el detalle le seguía molestando un tanto al verlo cojear. Además a saber qué tan grave había sido o cuándo había vuelto finalmente a su gremio, quizás y apenas había tomado reposo un par de días y un esguince podía requerir mucho más dependiendo de la gravedad.
—¿Está seguro de que está bien?
—¿Sucede algo con eso?
Juvia frunció el ceño, comenzando a considerar que esa actitud era desagradablemente testadura. Se cruzó de brazos y volteó levemente el rostro, como si quisiera hacer patente su molestia con el gesto.
—No —respondió.
Rufus detuvo su andar porque era evidente que a Juvia le molestaba, no es como si hubiese intentado ocultarlo para empezar. Juvia no tardó en detenerse también, mirándolo unos momentos como esperando a que el mago dijera algo.
—¿Le molestaría menos si dejo que me ayude?
Juvia no pudo ocultar una sonrisa de triunfo.
—¡Sí! —exclamó.
Él pareció pensarlo unos momentos, algo incómodo, pero acabó por alzar su brazo izquierdo en señal de resignación. Juvia no tardó nada en llegar a su lado y pasar el dichoso brazo por sobre sus hombros, sosteniendo la mano de él con su mano izquierda una vez lo hubo hecho, para luego pasar su brazo derecho por la espalda del mago para tomarlo por la cintura. Iba a avanzar, pero por mucho que a ella le hiciera feliz el detalle de que forzara menos la pierna él lucía bastante incómodo.
—¿A Rufus-san le molesta que Juvia lo ayude? —inquirió antes de dar el primer paso para continuar rumbo a la estación.
—No, pero no me siento muy cómodo con la cercanía.
Juvia parpadeó, algo perdida.
—¿Disculpe?
—Prefiero mantener distancia de las personas —aclaró Rufus—, nada más eso.
—¿En verdad? —cuestionó por la sencilla razón de que si no lo mencionaba ella no hubiera sido consciente del detalle.
A Gray le molestaba la cercanía, pero en su caso era evidente pues Gray no dudaba en hacerlo patente. O al menos así lo sentía ella pues solía rechazar su contacto.
—¿No lo parece?
—Es que Rufus-san es bastante amable.
Él parpadeó.
—¿Qué tiene que ver eso? —inquirió—, uno puede ser amable sin tener que estar a medio milímetro de otra persona.
A Juvia la comparación le pareció graciosa, así que sonrió tenuemente con tal de no reír, aunque se le escapó un carraspeo.
—Cierto —aceptó—. Entonces —llamó, captando la atención del mago—, ¿por qué le molesta?
Rufus frunció el ceño, meditando la pregunta unos instantes.
—Solo soy algo reservado.
A Juvia le dio la impresión de que en realidad no tenía una respuesta para eso, pero consideró que estaba bien así, las personas no solían tener un motivo para ser como eran. Ella misma no tenía un motivo para alguna de sus actitudes, solo era ella.
—Juvia entiende —dijo sonriendo al tiempo que se acercaban a la estación.
Indudablemente habría llegado antes si hacía el camino sola, pero tampoco estaba apresurada y Juvia siempre prefería la compañía, hasta la más mínima cosa prefería no tener que hacerla en soledad.
—Nos vemos —dijo en cuanto se separaron, ya habiendo comprado su boleto para Magnolia.
—Supongo. —Fue todo lo que dijo Rufus, emprendiendo camino hacia su andén con lentitud.
Juvia se quedo quieta unos momentos, pensativa, realmente pensativa como le solía suceder últimamente y bastante seguido. Finalmente dio la vuelta, dispuesta a ir hacia su tren para emprender camino a Magnolia, aunque no dio ni un solo paso, inmersa en sus pensamientos como estaba, todavía con el «supongo» impreso en la memoria. En teoría no, pero aun así él dijo «supongo». En teoría no.
A los pocos segundos se halló corriendo en dirección contraria para darle alcance al mago.
—¡Rufus-san!
Él volteó al oír su llamado, observándola con algo de confusión. Dio la vuelta completamente al tiempo que Juvia llegaba frente a él.
—¿Qué sucede? —preguntó tras unos instantes, no muy seguro de a qué había venido el llamado repentino.
Juvia se tomó unos segundos para coger aire, había corrido bastante después de todo, la estación era grande, antes de hablar.
—Juvia cambió de opinión —comentó de la nada—, ella seguirá yendo a la tienda así que —dijo, cortándose unos momentos—, nos vemos —repitió.
Rufus la estudió unos segundos con la mirada, confuso.
—¿No le toma cuatro horas el viaje?
Aquello la avergonzó un poco, fue incapaz de ocultarlo.
—Sí —admitió—, pero a Juvia le gusta el té de la tienda así que... se pasara por ahí más seguido.
Mentira, Juvia detestaba el té, pero alguna excusa tenía que dar.
Nos leemos.
