Extensión: 4723 palabras.

Notas: Como soy buena subo otro capítulo para mi mami *corazón* (no se molesten en acostumbrarse, el cuarto no lo tengo escrito así que con ese de seguro tardo). Por lo demás espero le guste.

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Tazas de té.

Té negro.


Ciertamente le faltaba el toque, ese leve gusto a bergamota que a ella tanto le agradaba; y ciertamente la sensación algo reseca en su lengua no terminaba de cautivarla, pero tampoco estaba tan mal. Al menos no era del todo desagradable y esa sensación parecida a sequedad la dejaba cualquier té, incluso el Earl Grey.

Tenía algo de sabor, también.

—¿Qué pasa Juvia? —inquirió Lisanna, sentada frente a ella y contemplando el rostro algo pensativo de su compañera.

—Nada —respondió—, Juvia solo degustaba el té.

La mirada de Lisanna bajó hasta su taza, observando el líquido rojizo que esta contenía.

—Supongo que te gusta mucho el Earl Grey —acotó la maga al no saber qué más decir.

—Es té negro común —aclaró Juvia—, no Earl Grey.

Su amiga la miró entonces con algo de confusión.

—¿No que a ti no te gustaba el té?

Juvia se preguntó unos momentos cuántas veces más iba a recibir esa pregunta. No era fanática, cosa muy diferente a que no le gustara, le gustaba el Earl Grey, por ejemplo. Se podría decir que gustaba de muy pocos té y los que no le gustaban sí los detestaba un tanto, pero eso no significaba que no le gustara el té; no todo el té al menos, sus compañeros podrían dejar de generalizar tanto.

—Juvia quería probar —explicó, dándole otro sorbo a su taza.

Después de todo era casi lo mismo que el Earl Grey pero sin la bergamota. No era tan malo, hasta podía acostumbrarse a la sensación algo seca que le dejaba y ese sabor un tanto áspero. Sin embargo, tras tragar el líquido caliente y regresar la vista a Lisanna se encontró con una mirada suspicaz, una que le daba bastante mala espina.

Eso del té seguía siendo mala idea, no entendía cómo aún no se convencía de ello.

—Ya —dijo Lisanna, mirándola fijamente—, ¿y a qué se debe que quieras probar?

Por todos los cielos, tenían que ser hermanas. Juvia quiso suspirar y si no lo hizo fue únicamente porque empeoraría la situación, bastante tenía con que Lisanna insinuara cosas como para darle a entender que no quería tocar el tema, solo sería peor.

¿Era genético eso de malinterpretar todo?, porque parecía que sí.

—Nada en particular —respondió—, Juvia solo tiene ganas de un cambio.

—Ah. —Fue todo lo que dijo Lisanna, sin quitar esa mirada inquisidora de sus ojos, signo inequívoco de que esa respuesta no la dejaba conforme—. ¿Cambiar qué cosas?

Juvia frunció el ceño, no muy segura de a dónde se dirigía la conversación tras esa acotación.

—Nada en particular —repitió—, Juvia solo tenía ganas de cambiar algo.

—¿Por qué no la pintura de tu cuarto?

Esta vez alzó una ceja.

—Simplemente no pensó en eso —contestó—, Levy-san le recomendó lo del té por el insomnio y Juvia cambió el té, nada más.

Se resumía en simple casualidad.

—Sobre eso —dijo Lisanna, cambiando tema y tono de voz con una rapidez asombrosa—, ¿qué tal vas con el insomnio?, ¿ya duermes mejor?

A Juvia le hubiera encantado poder darle una afirmativa.

—No —dijo, incordiada por el detalle—, Juvia ha dormido algo mejor estos días pero sigue siendo un dormir algo cortado.

Lisanna le dirigió una mirada de fidedigna preocupación.

—Quizás deberías ir a ver a Porlyusica.

Juvia negó.

—Ella está bien, ya se le pasará —comentó, volviendo a mirar la taza en sus manos—. Juvia ha estado durmiendo mejor estos días, de seguro ya pronto lo hace con normalidad. Además Wendy-san no pudo hacer nada, Juvia no cree tampoco que Porlyusica-san logre mucho.

—Ojala tengas razón —dijo Lisanna, sonriendo antes de levantarse—. En fin, iré a ver si Mira-nee necesita algo, como se acerca fin de año el gremio anda más escandaloso que de costumbre.

Juvia asintió a modo de despedida y su compañera le sonrió una última vez a modo de respuesta antes de emprender camino hacia su hermana mayor. La maga de agua agradeció unos momentos que su insomnio hubiera desviado el tema al ver a su amiga marcharse, para luego regresar la mirada a su taza, pensativa. O sea, no había un motivo en particular por el que quisiera probar qué tal el té negro, tal como había dicho todo ese tema del té era pura casualidad, pero no quitaba que la ponía un tanto nerviosa que la gente preguntara, quizás porque solían hacerlo con ese tono insinuante y a Juvia la avergonzaba un poco ser consciente de lo que rumoreaban sus compañeras, inclusive algunos compañeros.

Quizás por eso no se extrañó demasiado cuando la presencia de Gray reemplazó a la de Lisanna, era uno de los tantos que solía escuchar con escepticismo sus explicaciones y por eso en el último tiempo solía interrogarla a cada momento.

—¡Gray-sama! —exclamó a modo de saludo, sonriendo con fuerza.

—Hola —saludó Gray con aparente indiferencia—. ¿Qué haces?

—Juvia bebe té.

—Ah. —Últimamente le daba la extraña impresión de que el mago odiaba esa bebida, aunque no entendía por qué, pero siempre se veía molesto cuando ella mencionaba cualquier cosa relacionada al té—. ¿Aparte?

—¿Aparte? —repitió, extrañada.

—Además de eso —aclaró Gray—, ¿haces o planeas hacer algo además de beber té?

Lo pensó unos momentos.

—No —dijo—, Gajeel-kun salió de misión con Levy-san y su equipo, y de todas formas Juvia no precisa dinero en estos momentos. Tampoco es que deba salir por algún motivo particular, solo pasa tiempo en el gremio —explicó, para luego caer en la cuenta de algo. Oh, cuánta ilusión le hizo—. A menos que Gray-sama quiera ir a una misión con Juvia y haya venido aquí para eso —dijo, ilusionada.

Gray no pudo ocultar una media sonrisa, más que nada porque contaba mes y medio desde que Juvia siquiera insinuó lo de ir a una misión con él.

—La verdad no —respondió con rapidez—, volví ayer de una con flamita y los otros.

—Oh —musitó Juvia, algo decepcionada, debió considerar ese detalle—. Juvia entiende.

Y ahí radicaba el problema para Gray. Nada más algo decepcionada. Un simple «Juvia entiende». No era por nada en particular, pero últimamente sentía a la maga algo distante y eso en Juvia era alarmante. ¿Ella, distante? Sonaba ridículo en su cabeza. Salvo claro que pareciera ser el caso, entonces pasaba a sonarle alarmante. Luego estaba el detalle de su insomnio, era indudable para cualquiera que algo le pasaba a Juvia, aunque el qué siguiera siendo un misterio. Eran compañeros, comenzar a preocuparse le había resultado inevitable.

—Así que —habló nuevamente, llamando la atención de la maga que bebía otro trago de su taza—, ¿no saldrás hoy?

—No.

—¿Y mañana?

—Tampoco.

—¿Y pasado?

Juvia parpadeó.

—¿Gray-sama quiere saber si Juvia saldrá esta semana por algún motivo en particular?

—No —respondió él—. ¿Pero saldrás?

—No.

Hubo un momento de silencio.

—Ya veo —dijo Gray—. Es que como hace mucho no sales a comprar té pensé que...

—Ah. —Lo interrumpió Juvia, como cayendo en la cuenta de algo, qué era lo que buscaba saber, probablemente—, Juvia saldrá la próxima semana con las chicas a la tienda de té, porque Levy-san aún quiere conocerla y Erza-san oyó a Juvia comentar que venden pastel de fresas.

Hubo otro momento de silencio.

—Ya veo —repitió Gray.

Al menos, se consoló, saldría con las demás, porque eso de que Juvia saliera a comprar té le molestaba, más considerando que se supone ella iba a encontrar una tienda más cercana.

«Juvia decidió que le gustaba esa tienda», era lo que había dicho la maga cuando Levy había preguntado, lo que implicaba que seguiría yendo allá. A Gray no le molestaría tanto si Mirajane no le insinuara cosas a cada momento sobre el detalle, como si el hecho de que a Juvia le gustara una tienda de té en particular tuviese que implicar necesariamente algo. Quizás solo le gustaba el té, a todas las chicas les gustaba el té, ¿no?

«Justo a Juvia no», había respondido Mira cuando hizo la acotación. Ahora la maga parecía distante y él no estaba sacando conclusiones apresuradas, claro que no. Es solo que ya lo había dicho, todo eso era extraño y Juvia ya actuaba lo bastante extraño con el asunto del insomnio como para agregarle otro detalle más. Además si contaba había ido, en teoría, seis miseras veces a la tienda en esos meses, seis veces de nada, debería dejar de oír a Mirajane.

¿Y por qué diablos Juvia bebía té en absoluto silencio estando él presente? Al demonio, eso no era normal.

—Cambie de opinión —dijo, captando la atención de la maga—, un poco de dinero extra no me vendría mal.

Juvia lo miró entonces sin comprender. ¡Sin comprender! Era ella la que hace unos minutos había dado la idea.

—Que... —dijo, pero no terminó—. Bah, olvidalo.

Tras eso se levantó, dispuesto a marcharse antes la mirada ahora confundida de la maga de agua. Es que Gray era raro a veces, ella nada podía hacer ante eso.

Contempló su figura perderse entre el barullo del gremio para luego regresar la mirada a su taza ya casi vacía, que entre el ir y venir de personas casi ni había notado cuándo se la había bebido casi en su totalidad.

—Sí —susurró, más que nada para sí misma—, el té negro no sabe tan mal.

Aunque le faltaba la bergamota, bendita bergamota. Ahora que lo pensaba, Levy le había mencionado que vendían mermelada de bergamota, le gustaría probarla. Debería preguntar dónde podría conseguir una.

—Podría preguntarle a Rufus-san —comentó, más que nada pensando en voz alta.

Después de todo Levy ya le había aclarado que no sabía exactamente dónde vendían y él solía saber ese tipo de cosas, tal vez por la buena memoria, era una teoría factible. Si lo veía podría hacerlo la próxima semana cuando fuera con las demás, Levy y Erza irían con ella y Lucy lo haría también obligada por la pelirroja, podría hablar con él sin problemas porque para su fortuna Mirajane no estaba entre las asistentes, de otra forma estaría cruzando los dedos para no verlo, que la maga aún no se quitaba la idea que le había dado Cana de la cabeza y de seguro no se la sacaría nunca a menos que ella se casara con alguien más (siendo ese alguien más de preferencia Gray, por supuesto). Aunque, ¿no implicaba acaso ese «alguien más» la posibilidad de que ella se casara con Rufus?

Oh... Demonios, las ideas de Mirajane la estaban trastornando.

Por algo razón acaba riéndose de la nada tras pensar eso, quizás por la forma tan graciosa en que esa última frase había sonado en su cabeza. Ese «Oh» pensado de forma tan fría e indiferente. O porque estaba pensando tonterías, también era una buena posibilidad.

—¿A qué se debe la risa? —cuestionó Mirajane, llegando a su lado sin que ella la hubiera sentido llegar.

Por supuesto, Mira solo había venido a retirarle la taza, que también a saber cómo sabía que ya había acabado, pero la mayor de los Strauss solía tener claro siempre cuándo alguien quería otro trago o había acabado el que ya tenía, quizás debido a la costumbre, llevaba bastante tiempo siendo camarera del gremio después de todo.

—Nada —respondió—, Juvia estaba pensando.

—Pensando —repitió la maga, mirándola con interés—, ¿en qué?

—Nada en especial, Juvia solo pensaba que Mira-san la tiene algo trastornada.

La susodicha enarcó una ceja.

—¿A qué viene eso? —inquirió.

—Juvia también pensaba en que quiere mermelada de bergamota —comentó, desviando el tema más que nada para molestar a su compañera, que bastante derecho tenía para ello.

—¿Mermelada de qué?

—Bergamota.

—¿Qué es eso?

—Una fruta.

—Oh. —Asintió Mirajane a su afirmación, claramente sin saber cuál era esa fruta en particular—. Entonces, ¿qué decías de mí?

—Mira-san trastorna a Juvia con sus comentarios perversos.

—Eso implica que yo soy perversa y no lo soy —reclamó la mayor, sonriendo con inocencia fingida—. En cualquier caso dime la verdad, ¿de qué reías?

—De eso.

—¿De verdad?

—Juvia estaba pensando en Mira-san.

—Me da desconfianza eso de que te rías por mi causa —comentó Mirajane para luego suavizar su expresión—. ¿Disfrutaste el té?

—Sí —respondió Juvia, ganándose una mirada inquisidora aún peor que la que le había dirigido Lisanna minutos antes.

Mierda. No debió decir eso.

—Me alegra —comentó Mira con calma y una mal, pero muy mal fingida inocencia, era evidente qué estaba pensando—. Por cierto, Gray está de mal humor, quizás deberías hacerle compañía. —Juvia parpadeó, extrañada, ¿por qué Gray estaría molesto?—. Yo solo aviso —dijo la mayor antes de retirarse.

Juvia la miró marcharse, pensando sus palabras. No es que se volviese loca por ir a hablar con Gray, es decir, ya había hablado con él y luego él se había ido sin motivo aparente y ahora estaba molesto sin razón aparente. No era por nada, pero Gray andaba raro y Juvia se sentía un poco incómoda tratando con un Gray raro, más que nada porque no sabía cómo tratarlo cuando actuaba un tanto diferente a lo normal. Era complicado tratar a alguien cuando no actuaba como estabas acostumbrado a que actuara, después de todo.

Aunque también podría ser que Gray necesitase su compañía para dejar de estar molesto, en dicho caso ella evidentemente tenía que ir a verlo.

Volteó la mirada con rapidez e ilusión en busca del mago, para encontrarlo volando por los aires hacia una de las paredes del gremio. Eso inevitablemente desbarató su teoría. Gray sí lucía molesto, pero lucía molesto siempre que se peleaba contra Natsu, cosa que hacía en esos momentos, por lo que Juvia no veía el sentido de las palabras de Mirajane. O sea, Gray estaba luchando contra Natsu, Gray no soportaba la compañía de nadie que no fuera Natsu cuando luchaba contra Natsu y ella bien se conformaba con verlos a la distancia. Si llegaba el momento en que dejase de pelear contra el mago de fuego quizás Juvia pudiese ir a hablarle, hasta entonces estaba bien donde estaba. Después de todo, ¿qué tenía ella que ver si Gray estaba molesto por estar luchando contra Natsu? A su parecer no mucho. No entendía a Mirajane. Le bastaba con mirarlo mientras pensaba en mermelada de bergamota, que de seguro sabía bien. Es decir, la bergamota hacía especial al Earl Grey, de seguro su mermelada también era especial.

Earl Grey. Bergamota. De seguro Gray con mermelada también era especial.

De acuerdo, eso último sí había sido bastante raro de su parte. Se habría reído de no querer llamar la atención de Mirajane de nuevo, más considerando que Mirajane le prestaba demasiada atención últimamente, específicamente desde el comentario de Cana. Ahora la camarera no despegaba sus ojos de ella cada vez que salía a comprar té, encima se había acercado a hablar tanto con Levy como con Erza y Lucy en cuanto se había enterado de que iban a acompañarla. A saber qué les había dicho, pero a Juvia le daba mala espina, quizás y hasta planeaba interrogarlas en cuanto volvieran con tal de alimentar sus fantasías mentales. Cuando pensaba en eso casi le daban ganas de no aparecerse más por esa tienda solo para quitarle a Mirajane el tema de conversación.

Por supuesto que no iba a dejar de ir por eso, además del detalle de gustarle ir ya le había prometido a las demás que la próxima vez podían acompañarla para conocer el lugar, a Levy le hacía mucha ilusión como para eliminar el panorama solo por un detalle como ese. Y le estaba agarrando el gusto al té, no podía dejar de ir justo cuando comenzaba a disfrutar de la tonta bebida sin sabor. O, al menos, de más variedades que solo el Earl Grey.

—¿A qué se debe eso? —preguntó Erza cuando iban en el tren de camino al susodicho salón.

Pero era entendible, llevaban más de una hora ahí y comenzaba a surgir la inevitable pregunta de por qué Juvia hacía un viaje tan largo por un maldito té. Dos horas no era tanto considerando que viajaban a menudo, pero solo para comprar té resultaba demasiado exagerado.

—Bueno —dijo, pensando unos momentos la respuesta—, Juvia ya se había acostumbrado al Earl Grey, simplemente ahora ha comenzado a acostumbrarse a otros tipos de té.

—Pudiste haberte acostumbrado antes, tendríamos de que hablar —comentó Levy.

—Sí, pero Juvia se acostumbró más que nada por lo del insomnio, sino no habría probado otro té que no fuera el Earl Grey, de seguro si hubiera tenido insomnio antes le habría empezado a gustar antes el té.

—Mejor no hubieras tenido insomnio para empezar —acotó Levy—. ¿Cómo vas con eso?

—Un poco mejor.

—Eso es bueno —dijo Lucy—, ojala ya pronto puedas dormir del todo bien.

Juvia le dirigió una mirada leve, que parecía alternarse entre el «rival de amor» y el «gracias», a Lucy casi le causó gracia lo opuesto de ambas reacciones.

—Aunque aún me parece que sería mejor si no bebieras té —dijo la maga de escritura, ganándose ella una mirada algo molesta de Juvia.

—A Juvia no le gusta el té de hierbas —reclamó.

—¿Y no te puedes acostumbrar a ese?

Juvia hizo una especie de berrinche con el comentario de Erza, algo incómoda por el rumbo de la conversación. Cruzó los brazos, testaruda.

—No.

—Te acostumbraste al té negro —comentó Erza.

—No cuenta, el té negro y el Earl Grey no son tan diferentes, tampoco las otras variedades de Earl Grey porque mantienen la bergamota. ¡El té de hierbas es totalmente diferente! —se quejó.

A su parecer tenía un punto bastante valido, incluso si sus compañeras no querían verlo.

—Ya, no importa —dijo Lucy llamando a la paz—, después de todo ya cambiaste el té común por ese té raro y no surgió efecto, no creo que importe mucho si Juvia toma té.

Recibió una mirada más cercana al «gracias» que al «rival de amor» esta vez.

—Eso, tal como rival de amor dice. —Bueno, al menos la mirada se había alejado algo de eso.

Levy rió levemente al oírlas, considerando divertida la conversación a su manera.

—Supongo que Lu-chan tiene razón, aunque en ese caso preferiría si te mantuvieras con el té de rooibos.

—Pero Juvia le... —Se cortó a medio decir, ganándose tres miradas extrañadas.

—¿Qué? —cuestionó Erza.

Juvia solo negó, como restándole importancia al tema. Es que no olvidaba que Erza figuraba entre las chicas que creían los comentarios de Mirajane y Lucy estaba entre las que a pesar de no creer mucho en los rumores mantenía un cierto interés por el tema. No, Juvia no iba a decir frente a ellas que le había dicho a Rufus que iba a probar más tipos de té, menos que menos que lo haría solo porque él se lo había recomendado. Para empezar, ¿qué no podía aceptar la recomendación de alguien sin que ellas se hicieran ideas?

Indudablemente de haber hecho verbal ese pensamiento una de las tres le hubiera alegado que no era la más indicada para decirlo, no cuando Juvia se hacía ideas con todo, pero como el pensamiento no fue verbal la conversación sobre el tema quedó ahí, principalmente porque Juvia no estaba dispuesta a seguir con el tema. Su paranoica cabeza aseguraba que Mirajane iba a interrogar a esas tres en cuanto volvieran al gremio (en realidad no se alejaba mucho de la realidad con eso), estaba decidida a cuidar sus palabras con eso en mente.

Ella no estaba para dar más ideas equivocadas.

—Aquí es —dijo en cuanto llegaron al lugar, ingresando a la tienda de té para dar una corta mirada a los clientes presentes, luego le dirigió una leve sonrisa a la dueña y emprendió camino hacia el salón de té anexo, seguida por sus compañeras.

—Es un poco más pequeño de lo que imaginaba —comentó Levy tras ella—, aunque es bastante lindo también, se siente algo tradicional.

Lucy le sonrió a su amiga al oírla en tanto Erza inspeccionaba el lugar sin demasiado interés, a ella solo le interesaba el pastel.

Juvia se apresuró hacia una mesa y le indicó a sus compañeras que la siguieran. Se sentó haciendo espacio para que a su lado se sentara Erza, frente a ellas se ubicaron Levy y Lucy, con la primera apresurándose en buscar a algún trabajador que las atendiera para luego llamarlo con la mano cuando lo hubo hallado.

A Juvia todo rastro de buen humor se le esfumó en cuanto vio a quién, casualmente, había llamado Levy. Maldita fuera su mala suerte, por qué de todas las mujeres en el mundo ella.

La joven camarera le dirigió una corta y envenenada mirada al llegar a su mesa, para luego mirar a las demás con indiferencia.

—Buenas tardes —saludó para después entregarle a cada una la carta con el menú, siendo la última Juvia.

Hubo un intercambio de miradas envenenadas en ese momento, otra vez.

—¿Desean algo o miraran primero lo que hay?

Juvia no se dio ni el trabajo de mirar la carta, solo mantuvo su mirada fija en esa mujer.

—Juvia quiere un Rooibos Earl Grey —dijo, casi escupiendo las palabras y sonriendo con diversión al hacerlo.

La chica la fulminó con la mirada y Juvia tuvo claro que había captado la indirecta, detalle que le hacía feliz porque había sido la idea.

—Enseguida —susurró en respuesta la joven, antes de mirar a las demás—. ¿Ustedes?

—Oh —musitó Levy, algo incómoda por el ambiente tan tenso que mantenían la camarera y su compañera—, yo veré la carta primero.

—Yo igual —dijo Lucy, también incómoda.

—Yo quiero un pastel de fresas —dijo Erza sin dudar, alternando la mirada entre Juvia y la dependienta—, y veré la carta antes de pedir algo para beber.

—Bien, inmediatamente.

En cuanto la chica se fue la mirada de todas se dirigió a Juvia, cuyos ojos habían seguido a la joven unos momentos antes de regresar la vista al frente, notando entonces la atención que sus compañeras mantenían en ella. Se puso a la defensiva de forma inevitable.

—¿Qué? —masculló.

Erza enarcó una ceja.

—Creo que eso lo tendríamos que preguntar nosotras —dijo—; ¿a qué vino tanta tensión entre tú y la chica que nos atendió?

Juvia suspiró con molestia.

—Nada especial, Juvia simplemente no se lleva bien con ella.

Y no era porque la primera vez no hubiera sido muy amable con ella, en lo absoluto. Era porque dos, ¡dos veces la había tratado mal! Una vez podría pasarla, pero para la segunda ya no. Podía pasar por alto que la primera vez que ella hubiera ido a ese lugar, por casualidades de la vida, esa tipa la hubiera tratado mal, ningún problema realmente importante hasta ahí. Pero la quinta vez que Juvia fue a esa tienda se volvió a topar con ella y la maldita fue igual de desagradable y esa vez sin razón. No, Juvia aseguraba esa vez no arruinarle nada de nada (ningún estúpido coqueteo), la maldita había sido desagradable solo porque era Juvia, porque se trataba de Juvia y nada más. Porque esa bastarda no podía pasar por alto el incidente de la primera vez, el que Juvia hubiera pasado por alto sin problemas. Pero ya no, la muy bastarda se podía ir al infierno. Si esa tipeja no había podido simplemente ignorarla pues entonces Juvia tampoco podía hacer eso. Juvia no la hubiera odiado de no ser odiada primero, pero ya que era así pues a odiarse mutuamente, no tenía motivos para no detestarla.

—¿Por? —inquirió Levy, que ya estaba lamentando haber llamado a esa chica y no a alguien más.

—Ella fue desagradable con Juvia sin motivo —respondió con simpleza y algo de molestia, dirigiendo una corta mirada a sus alrededores para asegurarse que la tipa no estuviera cerca.

Ni modo que quisiera ser oída por ella cuando hablaban de ella.

—¿Desagradable de qué forma? —preguntó Lucy.

Juvia abrió la boca, dispuesta a responder, pero en esos momento la susodicha bastarda apareció por su campo de visión, así que se reservó su respuesta y esperó pacientemente a que la chica le entregara su té y a Erza su pastel.

—¿Ya decidieron qué quieren?

Levy dirigió una corta mirada a la carta antes de hablar.

—Yo quiero un té Oolong, un Dan Cong*.

—Yo un té verde —dijo Lucy—, y un yōkan**.

Erza miró unos momentos la carta, algo indecisa, antes de hablar.

—Un pu-erh***.

—Bien —dijo la chica, cogiendo las cartas con algo de rapidez—, enseguida lo traigo.

Dio la vuelta y se marchó a paso rápido, dándole demasiado peso a ese «enseguida». Erza parpadeó, algo sorprendida, siendo imitada por todas menos Juvia, que se apresuró en recorrer el lugar con la mirada, desconfiando de esa actitud. Confirmó lo que no tardó en sospechar. Oh, claro que lo sospechó, después de todo esa chica era una persona horrible incapaz de atender como era debido a las personas.

Por eso la detestaba, era una persona realmente horrible y rastrera.

La atención de Levy se fijo en ella, extrañándose al ver su expresión.

—¿Qué pasa Juvia?

Esta vez no se habían mandado miradas de odio con la camarera, quizás porque esta había venido y se había ido demasiado rápido, así que a Levy se le hacía algo raro ese rostro molesto. A su parecer no había motivo, al menos ahora.

Juvia le dirigió una corta mirada antes de volver a inspeccionar el lugar, como queriendo asegurarse que su por lo visto archi-enemiga no andaba cerca.

—Nada —respondió, regresando la mirada a su compañera y captando también la atención de las demás—, Juvia solo comprobaba algo.

—¿Qué cosa? —preguntó Lucy.

—A Juvia se le hizo raro que atendiera tan apresurada.

—¿Solo eso? —cuestionó Erza—. Sí parecía algo apresurada, pero tampoco me parece tan terrible.

La maga de agua se cruzó de brazos.

—Ni siquiera estaba interesada en atender —comentó—, simplemente se largó.

—Ya —musitó Lucy, algo incómoda con la situación—, ¿y eso qué?

—Juvia suponía que por algo de pronto estaba tan ansiosa —dijo la maga de agua, más que nada para sí misma—. Quizás ni se moleste en traer el pedido.

Ella era así, después de todo, era horriblemente incapaz de atender debidamente a los demás, demasiado ocupada con sus propios intereses. Vale, tampoco la conocía tanto como para afirmarlo a ciencia cierta pero esa era la imagen que le habían dado sus dos encuentros, ella no podía hacer nada ante eso.

—¿Por qué crees eso? —cuestionó Levy.

Juvia se cruzó de brazos, molesta, antes de responder.

—Se ha largado a ligar —comentó, casi gruñendo las palabras.

No podía ser de otra manera, de seguro esa mujer hasta trabajaba ahí solo para sonreír a los chicos que pasaban. Despreciable.

—¿Ligar? —repitieron Lucy y Levy, confundidas.

Erza, en cambio, alzó levemente la mirada y no tardó en comprender el punto de todo eso. Por supuesto, ya aclarado que figuraba dentro de las que creían las historias de Mirajane se hizo otra idea, idea que no se molestó en hacer verbal en pos de alzar la mano para señalar la tienda de té, a espaldas de sus otras dos compañeras.

—Creo que lo capto.

Ante eso las dos chicas no tardaron en voltear, buscando a la susodicha mujer que las atendió. Juvia seguía molesta cuando ellas también captaron el punto. Sin embargo nadie alcanzó a decir nada, porque la molestia de Juvia se esfumó con la misma rapidez con la que una idea llegó a su mente. Había estado lamentando haberse topado con esa mujer, más considerando la situación porque aún no olvidaba lo de la mermelada de bergamota y tal como estaban las cosas por unos momentos creyó que ahora le sería imposible preguntar, al menos hasta que la dichosa idea llegó a su mente.

Oh sí, casi hasta olvidó que la amenaza de Mirajane seguía indirectamente sobre ella cuando alzó la mano repentinamente, sorprendiendo a sus compañeras. Su sonrisa podía tildarse de espeluznante cuando exclamó:

—¡Rufus-san!

Y cuando no obtuvo solo la atención del mago, sino también de la susodicha dependienta (nuevo rival de amor en la cabeza de Erza), su satisfacción fue máxima.

«Toma eso», pareció decir con el gesto.

Bajó el brazo al notar al chico acercarse, casi saltando de felicidad ante la idea de lo muy molesta que debía estar la otra chica. «Toma, toma eso».

Al tiempo la misma idea golpeó la mente de las tres compañeras que la acompañaban: Juvia era perversa a veces.


*Dan Cong: Una familia de tés oolong de estilo rayado de la provincia de Guangdong.

**Yōkan: es un postre de gelatina espesa hecho con anko (pasta endulzada de frijol azuki), agar-agar y azúcar. Suele venderse con forma de bloques, y se come cortado a rebanadas

***Pu-erh: El té pu-erh es conocido también como té rojo y su nombre proviene de la región de Pu'er de Yunnan China, de donde procede.


Nos leemos.