Capítulo 4:

–¿Crees que Ron se haya dado cuenta que le mentí?

–No creo que lo haya notado. –respondió el chico más por hacer sentir mejor a su amiga que por convicción.

–Pues yo creo que si lo noto.

–¡Ron! –la exclamación sonó más fuerte de lo que debería porque salió de dos bocas al mismo tiempo. Harry y Hermione se giraron sorprendidos hacia la puerta de la cocina donde el pelirrojo los miraba cruzado de brazos y con el hombro apoyado levemente contra el marco.

Su expresión era todo menos feliz.

–Ron. –repitió Hermione sin saber que más decirle, miro a Harry fugazmente que a su vez miraba a Ron con una expresión de disculpa en el rostro que no le hacía ningún bien a la situación. –¿qué haces aquí? –pregunto solo para ganar tiempo pero lo único que consiguió fue una mirada mortalmente seria de esos ojos azules que ella tanto amaba. Por Merlín, Hermione no quería ni comenzar a imaginar que era lo que su novio estaría pensando de ellos.

–Se me ocurrió pasarme a saludar. –respondió con demasiado sarcasmo en el tono de voz.

Hermione suspiro derrotada y más cansada de lo que estaba antes de meterse en la ducha –Estas enojado conmigo.

–No, Hermione. Me encanta que me mientas y me ocultes cosas.

–Deja ya el sarcasmo, por favor. –le pidió levemente irritada.

–De momento el sarcasmo es lo único que frena mis verdaderos impulsos. –gruñó con la mandíbula apretada –No quieres que lo deje. Créeme.

El silencio se hizo nuevamente en el salón pero en esta ocasión si fue tenso e incomodo, Ron miraba intensamente a Hermione y esta a su vez la esquivaba, muy concentrada en estirar uno de los rizos que le caía sobre el hombro. Harry, no muy seguro de que debía hacer exactamente metido como estaba en medio de una discusión de pareja, se puso de pie. –¿Quieren que los deje solos?

–Sí.

–No.

Respondieron sus amigos al mismo tiempo, pero cosas totalmente opuestas. Harry miro primero a Ron, que fruncía el ceño aun más en dirección a su novia; y luego a Hermione, que se mordía el labio inferior sin mirarlos a ninguno de los dos. Decidió, como a lo largo de todo ese día, estar del lado de su amiga.

Se sentó nuevamente y guardo silencio.

Ron suspiro y fue a sentarse al lado de su cuñado y amigo, en el sofá. –Extraño el tiempo en que estabas de mi parte. –se lamento sonriendo de lado resignado.

–Yo no, la verdad. –opino Hermione acercándose a su novio que le ofreció una de sus piernas para que se sentara. Luego de acomodarse en su improvisado asiento y darle un pequeño beso en los labios a modo de saludo, que Harry prefirió no ver, le peino el cabello con los dedos de esa forma que al pelirrojo tanto le gustaba. –Tuve una pequeña reunioncita con tu tía Muriel. –le contó con voz suave y un triste amago de sonrisa.

–Maldita sea. –rugió Ron apretando los dientes. –Cuando vi la nota de Rita Skeeter en El Profeta sabía que la vieja arpía no tardaría en intentar abordarte. –luego pareció meditar las implicaciones de esa aseveración y soltó otra serie de maldiciones e improperios no aptos para los oídos de una dama.

Hermione, probablemente presintiendo que no estaba en posición de regañarlo, pasó por alto las groserías y volvió a enredar sus dedos en los cabellos rojos de su mago. –Sabía que no seria agradable. En realidad no se siquiera porque fui.

–Porque eres demasiado testaruda como para darte por vencida, demasiado ingenua como para admitir que no todos tienen algo bueno ni siquiera muy en el fondo y demasiado buena como para no intentar hacer de esto un mejor lugar. –respondió Ron envolviéndole la cintura con un brazo.

Su novia lo miro frunciendo el ceño. –Eso no suena a cumplido.

–Bien, porque no lo es. Y sigo molesto porque me hayas mentido, para que lo sepas. –dijo con voz ruda y luego interrogo, cambiando el tono drásticamente a uno más dulce. –¿Te hizo daño?

Hermione suspiro resignada y se recostó en el hombro de Ron, cuando se decidió a hablar su voz sonó amortiguada por estar sus labios demasiado cerca del cuello de su novio. –Fue muy desagradable y cruel. Dijo un montón de cosas que nadie debería tener que escuchar jamás. –se quedo callada un momento como considerando sus próximas palabras y Harry se dio cuenta de que bajo el halo de sus largas pestañas marrones los ojos de Hermione buscaban su mirada. Quería ser lo más sincera posible con Ron, entendió, sin causar problemas en la familia de su novio, lo cual era como mínimo difícil porque cada músculo del cuerpo del pelirrojo estaba en tensión por la furia que comenzaba a recorrerlo. –Me afecto más de lo que esperaba pero es mi culpa por haber ido. Debería haber sabido que no era posible que Muriel tuviera algo amable que decirme a mí, o a cualquier otro ser viviente sobre la tierra, en realidad. –intento bromear viendo como la mano que Ron descansaba en la rodilla que ella no ocupaba se cerraba en un puño hasta ponérsele los nudillos blancos.

–No te preocupes. –trato de serenarlo Harry. –Tuve unas palabritas con ella cuando Hermione se fue, no creo que vuelva a entrometerse en sus vidas.

La aludida se irguió en toda la altura que podía estando sentada en el regazo de su novio. –¿Cómo? –pregunto mirándolo con severidad. –¿Qué fue lo que le dijiste?

Ron lo miraba, olvidado de su enojo por un momento, con la misma duda escrita en todo su pecoso rostro.

–Solo que no tenía derecho a tratarte así y que no se volviera a meter contigo. –resumiéndolo así a Harry no le parecía que sus palabras tuvieran tanto peso como le pareció cuando se las soltó a la anciana bruja llevado por la ira. Interceptando la mirada seria del otro aspirante a auror supo que su amigo pensaba exactamente lo mismo. –Quizá debí decir más. –reflexiono más para si que para los otros dos.

–Quizá no debiste de decir nada. –contradijo Hermione molesta. –Yo creí que había lidiado con la situación con mucha clase. "Me ha insultado en todas las formas posibles, no imagino que más pueda decir. Le pido no me importune más con esta conversación. Buenas tardes" –repitió las palabras que le dijo a la tía de Ron alzando la barbilla orgullosamente como hizo esa misma tarde. –Si hasta me sentí como Elizabeth Bennet, no puedo creer que hayas arruinado mi salida dramática Harry, fue lo único bueno de toda la tarde.

Harry fue a replicar algo pero toda la atención de su amiga fue reclamada por su novio. Ron le acaricio la mejilla con su enorme mano con una ternura que el azabache le había visto muy pocas veces y lo hizo sentir que sobraba por primera vez desde que el pelirrojo llegara. –¿En verdad estas bien?

Hermione cerró los ojos inclinando el rostro hacia su tacto. –Lo estoy ahora.

–Bien. –se alegro sonriéndole con sus ojos y sus labios. –¿Quién es Elizabeth Bennet? –pregunto haciendo reír a su novia y a su amigo.

–La heroína de una novela muggle que me encanta. –explico la castaña sonriendo divertida. Luego se pudo de pie y tomo su mano tirando de él para que el pelirrojo también se pusiera de pie. –Tenemos que irnos ya. Si no llegamos a la cena Molly nos acecinara. –su novio sonrió ante la forma natural y cariñosa en que la chica nombro a su suegra pero no se levanto del sillón.

–¿No vamos a… –dejo la pregunta a medio formular y Harry vio claramente como su amigo lo señalaba con una casi imperceptible inclinación de cabeza.

Hermione lo miro con ojos repentinamente iluminados por la emoción –¿Quieres decirle? –pregunto con las mejillas levemente sonrojadas y una sonrisa tímida naciendo en la comisura de los labios.

Harry, picado por la curiosidad, miro primero a uno y otro de sus amigos que no parecían muy consientes de que hablaban de él como si no estuviera allí presente. Era muy molesto que hicieran eso, y lo peor para el caso es que de un tiempo a esta parte comenzaba a ser una costumbre en ellos.

–¿Decirme qué? –cuestiono sabiendo muy bien que ninguno de sus amigos le haría caso hasta no estar de acuerdo entre ellos, lo cual significaba que se había vuelto invisible sin necesidad de su capa por al menos cinco minutos.

–Tiene más sentido contárselo a Harry primero que a cualquier otra persona. –contesto Ron a su novia, como Harry predijo, ignorando la pregunta como si no la hubiera formulado.

–Lo sé. Pero creí que ibas a querer contarle a toda la familia junta para no repetir las mismas razones una y otra vez. –replico Hermione encogiéndose de hombros delicadamente e ignorando también a su amigo, que bufó sintiéndose cada vez más frustrado.

–¿Contarme qué? –pregunto nuevamente sin poder contenerse con la esperanza de que la irritación en su voz llamara la atención de la pareja y decidieran dejarse de tanto misterio y le explicaran de qué demonios hablaban.

–Vamos a tener que dar las mismas razones una y otra vez porque nadie lo va a aceptar de buenas a primeras, Hermione. –respondió Ron rodando los ojos como si a la chica no entendiera algo sencillo y fundamental, hecho totalmente insólito en su historia. –Francamente ¿no sabes cómo es mamá?

–Claro que lo sé por eso exactamente quería que nos fuguemos pero tú insististe tanto en la tradición y todas esas cosas que, honestamente, no tienes derecho a quejarte de las consecuencias.

"¿Fugarse? ¿Tradición?" repitió Harry en su mente totalmente desconcertado –¡Oigan, de qué están hablando!

–¿Todas esas cosas? –repitió Ron chasqueando la lengua molesto por las palabras de su novia. –Cualquier otra mujer pensaría que es romántico y se alegraría.

–Sigo aquí ¿saben?

–Cualquier otra mujer disfruta de ser el centro de atención con todas las miradas puestas en ella o de lucir como princesa de cuento o muñecas de porcelana y no les molesta que las traten como adornos. –contesto Hermione cruzándose de brazos y rodando los ojos. –Yo de un tiempo a esta parte solo quisiera poder coserme la capa de invisibilidad de Harry a la piel. No soy como otras mujeres, Ron. Creí que lo sabías.

–Tómense el tiempo que quieran, yo espero…–dijo Harry echándose para atrás en el sofá y cruzándose de brazos al igual que su amiga, como un niño enojado cuando se lo ignora. Vagamente escucho las excusas que daba su cuñado sobre que no consideraba a Hermione un adorno y que sabía perfectamente que no era como otras mujeres y la amaba por ello pero prefirió no prestarle demasiada atención. Era más difícil aguantar las peleas de sus amigos ahora que eran pareja que cuando eran solo amigos "Antes era la tensión sexual ¿ahora qué escusa tienen?" pensó fastidiado porque la disputa no cesaba. Paseo su mirada por los alrededores para distraerse mientras esos dos terminaban de sacarse los ojos y noto como las manecillas del reloj, que estaba en la repisa donde Hermione dejo su peine hacia unos minutos, marcaban las 17:30 de la tarde. Su amiga tenía razón en algo, Molly iba a matarlos.

–Hey…–llamo el joven mago girando a ver a sus amigos para intentar calmarlos, pero al verlos besarse suavemente suspiro derrotado. La fuerza invisible que ejercían esos dos entre sí era la cosa más extraña que Harry hubiera visto en su vida (inferís, horrocrux y visiones incluidos) y verdaderamente creía que los inefables del Departamento de Misterios deberían de estudiarla. Aunque quizá tuvieran que encerrarlos en un cuarto oscuro como el del Velo y, entonces, no tendrían otra cosa que hacer que…

No era tan buena idea, concluyo aclarándose la garganta ruidosamente para llamar su atención.

La pareja se separo pareciendo levemente sorprendidos de verle a él allí, pero el futuro auror ya estaba acostumbrado a que cuando ellos se besaban el mundo a su alrededor desaparecía, pero cuando menos su amiga tuvo la decencia de sonrojarse a diferencia del pelirrojo, que lo miraba con la palabra "piérdete" escrita en toda la cara.

–Odio interrumpirlos…–dijo con evidente sarcasmo. –pero vamos a llegar más que tarde a La Madriguera y Molly realmente nos matara.

–¡Uy! Tienes razón.

–Espera…–le dijo Ron a Hermione y le sonrío de esa forma en que lo hacía cuando quería infundirle confianza. Ella le regreso la sonrisa y entrelazo sus dedos en los del chico, luego se volvió hacia su mejor amigo y lo miro a los ojos verdes con cierta solemnidad mezclada con alegría en los suyos castaños.

Harry se puso de pie repentinamente en alerta, algo importante pasaba y la curiosidad dio paso rápidamente a la preocupación.

–Tenemos algo muy importante que contarte, Harry. –comenzó Hermione con voz suave.

–Queremos que seas el primero en saberlo oficialmente porque…bueno…eres nuestro mejor amigo y, ya sabes, te queremos mucho y todo eso…

Bueno, ahora sí que la cosa había alcanzado grados de peligro insospechados. Cuando Ron empezaba a hablar de sentimientos y a decirles a las personas que las quería tan abiertamente, aun con la torpeza que lo caracterizaba, era momento de comenzar a preocuparse. No podía imaginar cual era el motivo por el cual sus amigos se estuvieran comportando tan raros, a menos que…

–¿Estas embarazada? –soltó porque repentinamente la imagen de una niñita con ojos azules y cabello rizado de un rojo intenso le lleno la mente. Aunque si era sincero la idea de ser tío le gustaba bastante.

–¡Harry! –exclamo la castaña con las mejillas súbitamente rojas.

–No, idiota. –dijo el pelirrojo rodando los ojos, su voz fastidio puro. –Nos cuidamos.

–¡Ron! –grito nuevamente Hermione, si es posible, aun más sonrojada lanzándole una mirada asesina por haber dado información de más sobre un tema que, según su opinión, no le concernía en lo absoluto al azabache.

–Está bien, está bien. –alzó las manos enseñando las palmas en un gesto apaciguador hacia la castaña que parecía tener toda la sangre de su cuerpo agolpada en las mejillas. –Dije lo primero que se me ocurrió. Lo siento.

–Realmente eres un idiota a veces ¿lo sabías? –le reprocho Hermione y esta vez fue el turno del azabache de sonrojarse, cayendo en cuenta de las gran tontería que acababa de pensar y sintiéndose verdaderamente un idiota, más que nada en realidad porque la castaña lo había llamado así cuando el adjetivo era generalmente reservado para su novio. La joven bruja suspiro cansada y volvió a sonreírle en un gesto conciliador. Cruzo su mirada un momento con la de Ron y luego le dijo ampliando su sonrisa hasta volverla radiante –Nos vamos a casar.

Ron sonreía también y parecía muy feliz de que la vida fuera lo que es. Harry, en cambio, estaba totalmente inmóvil incapaz de reaccionar, igual que si le hubieran lanzado un petrificus totalus.Se limito a pasar su mirada de la bruja al mago ida y vuelta por varios minutos incrédulo de lo que acababa de escuchar. Tenía que ser una broma, debía ser una broma. Tenían apenas veinte años, y aun estaban estudiando para convertirse en legista mágica y auror respectivamente y, si bien los dos tenia trabajos (Hermione hacia una pasantía en el Departamento de Control y Regulación de Criaturas Mágicas y Ron en Sortilegios Weasley) ambos eran apenas de medio tiempo y enfrentar los gasto de un hogar era por demás complicado. Además del hecho de la convivencia, que era muy difícil incluso para parejas que llevaban años juntas, ellos solo tenían un año y medio de relación y nueve meses de ello estuvieron separados porque la castaña había regresado a Hogwarts para terminar su educación.

–¿Estás bromeando? –le pregunto a la chica aún sabiendo que no era así. –¿Se han vuelto locos? Son demasiado jóvenes aún, no han terminado sus estudios, no tienen trabajos fijos y… y… ni siquiera pueden pasar una hora juntos sin discutir por alguna tontería ¿cómo piensan que podrán vivir juntos?

Harry hubiese seguido un poco mas pero las repentinas carcajadas de sus amigos lo cortaron en seco.

–Te lo dije. –recordó el pelirrojo a su novia.

–Y yo estuve totalmente de acuerdo contigo, por si no lo recuerdas. –replico Hermione mirándolo sonriente pero con un dejo de reproche en la comisura de sus labios, luego miro al muchacho que era casi su hermano. –¡Hay, Harry! –exclamó la chica sonriéndole divertida e indulgente. –Siéntate, tenemos mucho que hablar.

El niño-que-vivió se dejo caer en el sofá sintiéndose algo aturdido y confundido ¿Cuándo había cambiado tanto el mundo, sus vidas? ¿No había sido ayer que estaban escondidos en una carpa en el medio de la nada temiendo por sus vidas? ¿No fue ayer que estaban allanando ilegalmente Gringots y volando a lomos de un dragón? ¿No fue ayer que peleaban en los pasillos de Hogwarts por el derecho a vivir en paz y en un lugar mejor? Miro a sus amigos que también tomaron asiento, uno al lado del otro esta vez, y lo miraban enternecidos por su confusión.

No, no había sido ayer.

Volvió a mirarlos con más detenimiento, fijándose en los pequeños detalles que se le escaparon a lo largo de esos meses. Vio como tantas veces la sombra de comprensión y madures tras el azul de los ojos de su amigo y entendió por fin que Ron Weasley, el tercer Weasley (ahora segundo) más bromista y despreocupado, quien siempre fue un chico acomplejado e inseguro era un hombre (con todas las letras de la palabra) que lo miraba a los ojos, sin dejo alguno de inseguridad o vergüenza. Orgulloso de si mismo y contento con sus decisiones, quizá por primera vez en su vida; entrelazando los dedos de su mano con los de la mujer que amaba.

Y miro a Hermione Granger, la bruja más inteligente que ha visto Hogwarts en los últimos cien años, que se gano ese título a base de ser lógica, racional y cuidadosa. La mente del trío dorado encargada siempre de pensar frío y sacar las papas del fuego cuando Ron y Harry metían la pata (sí, pata porque son animales los dos, burros más precisamente) hasta el fondo; devolviéndole al hombre de su vida el apretón de manos y dispuesta a arrojarse junto a él despreocupadamente al abismo desafiando la gravedad, ignorando cualquier alerta o mal presagio y fieramente convencida de que podrían volar. Teniendo fe y ninguna certeza.

Adultos, libres, felices y enamorados.

La guerra, definitivamente, no fue ayer. Pero solo hasta ahora es que todo comenzaba a estar bien. Harry les sonrío entre alegre y resignado, realmente tenían mucho de qué hablar.

… … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … …

Bueno no hay realmente nada que pueda decir que justifique mi tardanza así que ni lo intentare. Lo siento mucho y si no quieren dejarme comentarios, lo entenderé, no me los merezco (Dana se limpia una lagrima dramáticamente).

Hasta la próxima. Besos.