Hola a todos!

Increíblemente pude actualizar en tiempo record jajajaja

De este capítulo debo decir que no fue planeado y ni siquiera lo había previsto, tampoco ha sido mi intención darle tanto protagónico a Harry (él ya tiene 7 libros ¿no?) pero al comenzar a escribir simplemente fluyo así que bueno… no soy de ir contra mis musas. Después se ofenden y se van si las contradigo.

Declaimer: El universo de HP no me pertenece y el fic es sin fines de lucro.

Sin más, espero les guste.

Capitulo 7:

Las luces de Grimauld Place estaban apagadas cuando Harry apareció en medio de un remolino de llamas verdes en la chimenea de la casa. Llegar a casa siempre tenía un leve dejo amargo que el niño que vivió nunca pudo erradicar del todo en los casi 2 años que llevaba viviendo allí. Su idea en un principio había sido la de buscar un lugar nuevo y totalmente propio para vivir, pero una vez establecido en la casa y arrastrado día a día por la rutina de la Academia de Aurores y la constante persecución de los reporteros, nunca hallo el tiempo propicio o las ganas necesarias para emprender la búsqueda de un departamento. En ese aspecto envidiaba enormemente a Hermione.

La chica había salido de Hogwarts anunciando que estudiaría en la Facultad de Leyes Mágicas y 2 semanas después tenía su carta de aceptación de la escuela, había vendido la antigua casa de sus padres y comprado un pequeño apartamento en las afueras del Londres Muggle, no demasiado lejos del callejón Diagon y se las había ingeniado (hasta el día de hoy Harry no sabía muy bien como) para que los reporteros no acamparan en su puerta.

Eso es magia, pensó Harry con sarcasmo al mirar furtivamente por la ventana del salón hacia la calle. Por lo menos 10 personas estaban apostadas en la acera mirando con insistencia hacia la casa. El muchacho suspiro con pesadez y declino la idea de encender las luces y se dirigió, dando tumbos, hacia la cocina. Como esta estaba en el subsuelo era el lugar más resguardado de miradas curiosas.

Además tenía hambre.

Era muy extraño el hecho de que solo hacia unos años estaba sobreviviendo solo con vallas silvestre y té y ahora si su estomago no recibía una buena dosis de alimentos sólidos cad horas comenzaba a quejarse estruendosamente.

Uno se acostumbra fácil a la buena vida, se dijo.

Llego a la cocina que se encontraba igualmente en penumbras y se decidió a encender las luces. Kearcher tenía el día libre así que no podía llamarlo para que le hiciera la cena así que se puso a revolver distraídamente la alacena para ver si encontraba algo decente que comer, no habría nada remotamente tan bueno como lo que cocinaba la Sra. Weasley pero se conformaría con algo que no tuviera moho.

Al final unas galletas dulces en un estado aceptablemente bueno y un té hicieron el trabajo, pero mientras los engullía sentado solo en la larga mesa de madera que ocupaba gran parte de la cocina, escuchando el silencio ensordecedor de aquella enorme casa vacia, pensó que quizás esa no era la "buena vida".

Era ciertamente frustrante como, por mucho que lo intentaba, la desazón volvía.

Suspiro con resignación, quizá nunca se fue.

Probablemente no se iría jamás.

–Deja eso ya.

Harry se sobresalto de tal manera que casi se cae al piso. En la puerta de su cocina Hermione lo miraba con los brazos cruzados y una ceja arqueada.

–Dios, Hermione ¿por qué gritas? – dijo Ron entrando detrás de ella con los brazos llenos de bolsas de mercado. Camino con decisión hacia la mesa y coloco las bolsas allí sin mucha delicadeza. Luego tomo una galleta del plato que Harry tenía al lado de su taza de té y se la comió de un solo bocado sin titubear.

– ¡Ron! – regaño Hermione entrando a la cocina también.

–No están tan mal. –se defendió el pelirrojo.

–Claro que lo están. Lucen horrible. –contradijo la chica y recorrió la habitación con la mirada. – ¿Dónde está el paquete? Te mostrare la fecha de vencimiento, apuesto a que fue hace meses.

–Una semana como mucho, mujer exagerada. – replico rodando los ojos.

Harry miro a uno y otro de sus amigos aun aturdido por su súbita aparición.

–No soy exagerada, ¿Qué tal si se indigesta por comer alimentos vencidos? Podría caer en cama y perder clases de la academia y…

La repentina carcajada que soltó el chico de lentes interrumpió a sus amigos, que lo miraron extrañados.

– ¿Qué pasa, Harry?

–Oh vamos, tío. No me digas que aguantaste una guerra entera solo para enloquecer en tiempos de paz. – se burlo Ron. –¿Qué bicho te pico?

–Ninguno, no pasa nada. – respondió Harry tratando de calmarse pero la risa aun le bailaba en la voz. –Honestamente, no sé por qué me preocupo.

Hermione se inclino hacia él y deposito un beso ligero como pluma sobre su coronilla. –Ni yo. – se alejo de los dos chico rumbo a la estufa al tiempo que sacaba las varita. Unos rápidos pases y florituras silenciosas pusieron el horno a calentar y una hoya de agua a hervir. –Cenaremos pollo con patatas, espero les parezca bien.

–Y si nos parece mal. –tanteo el pelirrojo. – ¿cambiarias el menú?

Harry miro con atención a su amiga a la espera de su respuesta.

Hermione miro a su novio y luego a su mejor amigo con una solemnidad propia de una ceremonia y alzo la barbilla orgullosa al tiempo que les respondía.

–Absolutamente, no.

Las carcajadas volvieron a estallar en la cocina, pero esta vez provenían de los tres amigos. Solo hasta ese momento, tan familiar y cómodo y feliz, fue que Harry pudo soltar el nudo que lo sujetaba al miedo a la soledad que tanto estaba amargando su vida el último tiempo.

–Nos hará lavar los platos ¿cierto? – pregunto al pelirrojo una vez que la castaña concentro su atención en la labor de preparar la comida con unos hábiles movimientos de varita patentados por Molly Weasley.

Ron rio por lo bajo y lo miro con un brillo muy especial en los ojos. –Cuenta con ello.

… … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … …

Las flamas verdes centellaron en el apartamento de Hermione cuando ella y el pelirrojo llegaron por Red Flú.

El chico tosió fuertemente mientras ella se sacudía la ropa con insistencia, sin lograr quitar el polvo.

–Odio esto cada vez más, dime de nuevo ¿por qué no podemos aparecernos?

Hermione rodo los ojos cruzando la pequeña sala rumbo a la alcoba. –Por qué hay una decena de reporteros en la puerta de Harry y nadie puede aparecerse dentro de Grimauld Place. No quieres que nos sigan hasta aquí ¿cierto? – pregunto deteniéndose en el umbral de la puerta y mirando a su chico con una sonrisa sugerente. –Necesito una ducha para quitarme las cenizas ¿vienes?

Una sonrisa depredadora se instalo en el rostro de Ron mientras seguía a su novia rumbo al cuarto de baño. Para cuando Hermione atravesaba la puerta ya había sido alcanzada por el pelirrojo. La tomo de la cintura con decisión girándola en sus brazos y la beso con una fiereza y hambre que no tenían nada que ver con las manos entrelazadas y leves roces de labios que se habían dado a lo largo del día. Este beso era puro fuego y pasión.

–Ron…–suspiro la chica cuando se separaron levemente para tomar aire y el chico aprovecho para sacarle la camiseta de un solo tirón por la cabeza.

– Dios, te he extrañado tanto. –confeso Ron con voz ronca mientras deslizaba sus labios a lo largo del cuello de Hermione, empujando su cuerpo rumbo a la cama.

–Nos vimos dos veces esta semana…–replico ella sonriendo complacida cuando la erección de Ron le rozo la cadera.

-Sabes a que me refiero. –gruño él en respuesta con la voz más ronca aún, tumbando a Hermione sobre la cama a medio hacer y recostándose sobre ella con cuidado de no aplastarla.

Ron se calentaba tan fácilmente que Hermione no podía dejar de sentirse complacida y alagada. El hecho de que él la deseara tanto, que estuviera tan ansioso por quitarle la ropa y perderse en su cuerpo la excitaba como el mismo toque de sus manos, bueno, casi como el toque de sus manos.

Ron era puro fuego cuando le hacía el amor. Intenso e insaciable, nunca parecía tener suficiente de ella. Siempre tenía otro beso abrazador para quitarle el aliento, u otra caricia atrevida para estremecerla. Y siempre tenía energía para empezar una nueva ronda.

Nunca dormían casi nada las noches de los domingos, por lo cual los lunes en el trabajo eran lentos y agotadores.

No se quejaba, por supuesto. Valía la pena completamente.

–¡Dios, como te gusta torturarme!– exclamo el pelirrojo cuando termino de sacarle el pantalón a su novia.

Recostada en la cama, Hermione lo miraba recorrerla una y otra vez con la mirada, sus ojos poniéndose más y más oscuros y brillantes por el deseo.

–¿Te gusta?– le pregunto refiriéndose al conjunto de ropa interior rosa claro y encaje que llevaba puesto. Mordiéndose el labio inferior delineo con la punta de sus dedos el borde de la tasa del corpiño que tenía una delicada puntilla. Ron estaba hipnotizado por el movimiento de su mano y estaba tan inmóvil que hasta parecía no respirar. – Lo escogí pensando en ti.

-Mierda…quieres volverme loco ¿cierto?-gruño abalanzándose sobre ella y devorando su boca nuevamente. Sus manos comenzaron a recorrer su silueta desde las rodillas, tocando suavemente la piel tersa de sus muslos mientras lograba hacer que ella envolviera sus piernas alrededor de su cadera.

El cuerpo de Hermione era el paraíso para él. Una extensión de piel suave y cálida como el terciopelo a su disposición para ser acariciada a placer, sus manos eran enormes pero nunca parecían alcanzar. Ron amaba el hecho de ser el único hombre que podía tener a Hermione en esta manera, ser el único que podía tocarla, besarla y hacerle el amor.

-Ti..tienes…demasiada… ropa.-se quejo entre beso y beso la chica.

Ron no dudo ni un solo instante en levantarse de sobre la chica y quitarse la ropa. Lo primero en desaparecer fue su camiseta, que prácticamente salió volando una vez se la hubo sacado por la cabeza. Lo siguiente fue patear los zapatos y forcejear con los calcetines hasta que estos también fueron arrancados de sus pies. A continuación comenzó a pelearse con su cinturón, ansioso por deshacerse de sus pantalones pero las pequeñas manos de su novia lo detuvieron.

Hermione estaba adorablemente sonrojada cuando se arrodillo en la cama frente a él, mirándolo atreves de las pestañas.

-Mmmm..¿Ansioso?- murmuro mientras abría la hebilla del cinturón y tiraba de el para sacarlo fuera de la presilla de sus viejos jean.

-¿Por tenerte?-preguntó el pelirrojo con un leve toque de burla. –Siempre.

Hermione se sonrojo aun más quizá a causa de sus palabras o quizá porque había comenzado a desabotonar el molesto pantalón.

-También te he extrañado.-susurro presionando sus labios contra la clavícula del pelirrojo y deslizándolos hacia arriba por su cuello hasta encontrar el punto exacto donde latía su pulso acelerado.-mucho…mucho…mucho.

-Dios, realmente quieres volverme loco…-murmuro el chico con voz estrangulada dado que las manos de la chica habían terminado de desprender los botones de sus vaqueros y rozaba los nudillos contra la tela tirante de los calzoncillos que cubrían su miembro.

Ron hecho la cabeza hacia atrás disfrutando de las atenciones de su novia.

-No, solo quiero hacerte feliz.- sonrió Hermione contra la piel de su cuello.

Ron no pudo esperar un instante más para tenerla. Rodeo la cintura femenina con sus brazos y presionó a su novia contra él mientras se recostaban nuevamente sobre las sabanas.

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Las luces del alba apenas despuntaban cuando Ron abrió los ojos por primera vez. Hermione reposaba su cabeza sobre su pecho y él la tenia firmemente envuelta en sus brazos. La respiración de la chica era lenta y pausada pero aun así Ron sabía que no dormía. Deslizo la yema de sus dedos a lo largo de la suave piel de la espalda de ella, para hacerle saber que estaba despierto pero Hermione no parecía muy interesada en darle los buenos días.

Ron no se molesto ni por un instante, tampoco intento hablarle. Sabía que ella necesitaba ese momento de calma, también sabía que es lo que ella hacía.

Hermione estaba escuchando el latido de su corazón.

No demasiado tiempo atrás, cuando las heridas de la guerra aun estaban frescas y dormir juntos era solo dormir juntos Ron se sorprendía despertando de madrugada solo para observar a Hermione. Solía acercar su rostro a ella hasta poder sentir cada exhalación de aire rosarle solo para asegurarse de que ella respiraba, de que estaba viva y a salvo. Era la única forma de ahuyentar las pesadillas donde la perdía.

Escuchar sus latidos era el equivalente para ella, y Ron no había entendido verdaderamente cuan duro había sido su día hasta ese momento.

Era culpa de ella, por supuesto, iba por la vida tratando tan fieramente de que las personas pensaran que era fuerte y perfectamente autosuficiente que de vez en cuando terminaba convenciéndolo de ello a él también.

En realidad, era culpa de él, se reprocho inmediatamente. Casi diez años a su lado, debería saberlo mejor.

Ella siempre fue frágil.

Y la guerra la había roto en mil pedazos.

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Vaya, no sabía que estaba de un humor tan melancólico hasta que lo leí de corrido jajajajja.

Eso me pasa por escribir mientras leía Los juegos del Hambre, ¿alguien más piensa que los escritores se están volviendo más y más sádicos con el tiempo? A todos se les da por matar a la mitad de los personajes. Termine también con juego de tronos el 3er libro y estoy desolada.

En fin, los próximos capítulos serán más felices y menos dramáticos, lo prometo aunque me tenga que ver una comedia romántica por día para ponerme de humor.

Saludos.