Hola a todos.
Quiero comenzar agradeciendo a todas las personas que siguen el fic, que lo agregan a favoritos y por sobre todo que dejan sus comentarios por hacerme tan feliz. ¡Gracias por leer!
Creo que el capitulo anterior no ha gustado mucho pero no los culpo, por supuesto. Después de 7 libros de lucha uno esperaría poder leer que Harry es por fin feliz, que Ron y Hermione son libres de vivir su historia de amor sin impedimentos, yo quiero leer eso también pero por alguna razón cada vez que intento escribir todo cuanto sale es drama y más drama.
Me he dado por vencida, claro está. Como dije anteriormente no soy de ir contra mis musas.
Así que aquí va otra partecita de la historia para deprimirse.
Capitulo 8:
La casa de tejas azules se perdía entre la multitud de viviendas del vecindario, nada especial en sus paredes blancas o en las flores amarillas del jardín que la hiciera resaltar especialmente pero Hermione podría encontrarla hasta con los ojos cerrados.
A medida que se acercaba los detalles se hacían más nítidos. Unas flores color fucsia intenso de una especie que no conocía se mesclaban con las rosas amarillas a los lados del camino de grava que llevaba hasta el pórtico, y debían de haber sido plantadas hace poco porque no las recordaba de su visita anterior. El buzón había sido pintado hace poco también, porque la palanca ahora era de un intenso color rojo, y el césped estaba cuidadosamente podado. Alguien debe estar de vacaciones, pensó sonriendo de lado.
El sol de la mañana se sentía abrazador sobre la piel que su ligero vestido de verano dejaba al descubierto, pero no es de extrañarse. Sol es todo cuanto esa ciudad parecía ver durante el año completo. No muy lejos de allí, las olas del mar rompían contra la arena de la playa, pero no estaba lo suficiente cerca para que la briza marina llegara hasta ella.
Tenía calor, como si en vez de haber recorrido cinco calles desde el traslador hasta la casa hubieran sido cinco kilómetros. Aun así no se movía.
"¿Qué hago aquí?" se pregunto temblando impotentemente bajo el intenso sol, pese al ineludible calor.
"¿Qué hago aquí? ¿Qué hago aquí? ¿Qué hago aquí? ¿Qué hago aquí?"
–¿Hermione?...Hola
Hermione no pudo evitar dar un brinco ante el saludo, tanto por la sorpresa como por lo que esa vieja y conocida voz lo provocaba. Volteo a ver a la mujer que la miraba a su vez con una sonrisa cálida y amistosa pintada en los labios.
Era hermosa sin lugar a dudas. Recién pasado el umbral de los cincuenta su cabello intensamente castaño comenzaba a mostrar unos visos blanco que no la estropeaban en lo absoluto. Las leves arrugas de su rostro se ubicaban estratégicamente en las orillas de sus ojos y en la comisura de los labios, lo que le hace a uno pensar que es una mujer que acostumbra reír mucho más a menudo de lo que frunce el ceño. Y la mirada alegre en sus ojos celeste lo confirmaba.
Mil y una frases acudieron a la boca de Hermione, cientos de cosas que quería decirle a la mujer que tenía frente a ella.
"te he echado muchísimo de menos"
"me voy a casar"
"la guerra termino, no ganamos realmente pero todo es un poco mejor"
"estoy intentándolo"
"tengo miedo"
"estoy fallando"
"te quiero"
"perdóname, perdóname, perdóname, perdóname, perdóname"
Quería decirle muchas cosas, realmente.
"Hola, mamá"
Pero en cambio solo dijo, con voz suave y toda la alegría que pudo fingir.
–Buenos días, Señora Wilkins ¿Cómo está?
… … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … …
El interior de la casa era cuanto se podía imaginar desde el exterior. Los pisos de madera bien lustrados, las paredes perfectamente pintadas en cálidos tonos pastel y muebles a juego acomodados estratégicamente. Una linda casa, un buen hogar.
En los muros y sobre la chimenea un sinfín de retratos con marcos variados y coloridos decoraban la sala, pero Hermione no podía soportar verlos así que se concentraba en sostener la taza de té sin que las manos le temblaran. Sentada frente a ella, en un cómodo sofá marrón, Mónica Wilkins revisaba un catalogo de materiales de ortodoncia.
–Excelente variedad, como siempre. –comento pasando la página. –¿Estas segura de tener margen de utilidad con estos precios?
El comentario le saco una sonrisa a Hermione, tuviera el nombre que tuviera su madre siempre seria la clase de persona que pensaba y se preocupaba por las demás personas.
–Puedo cobrarle de más si quiere.– bromeo.
–Por favor, ya te he dicho que puedes hablarme de tú.– regaño con gentileza, llevándose la taza de té a los labios. –Sé que tengo edad para ser tu madre pero tanto formalismo me hace sentir vieja.
Esa enredadera oscura, maléfica y espinosa que crecía en su interior desde que se puso el horrocrux de Tom Riddle se apretó feroz mente alrededor de su corazón y, Dios, como dolía.
"Eres mi madre" grito en su mente, pero las palabras murieron antes de llegar a sus labios.
–Muy bien Mónica.– logro decir. –¿Cómo has estado?
La aludida sonrió enigmáticamente mientras volvía a tomar un sorbo de su té. –Algo cansada, pero bien. Claro que no tanto como tú. –agrego con voz picara.
Hermione parpadeo momentáneamente confundida hasta que capto hacia donde se dirigía la mirada de su madre. Veía fijamente, sin dejar de sonreír, la mano que sostenía su taza.
Su anillo de compromiso.
Le sonrió en respuesta y extendió la mano izquierda sobre la mesa que las separaba.
–Oh que hermoso es.
–Lo sé.
–La elección de la piedra es bastante peculiar, no suelen usarse rubíes en las sortijas de compromiso ¿tiene algún significado especial? – se intereso por saber Mónica.
Hermione contemplo el anillo por un instante pensando en cómo los colores rojo y dorado de un mono muy íntimo y particular habían marcado su vida, y la de Ron también.
–Eran los colores de nuestro equipo en el colegio, mi…prometido y yo tenemos mucha historia juntos. Hemos sido amigos muchos años antes de ser pareja y pasamos por mucho juntos. Creo que el rojo y el dorado simbolizan todo lo que compartimos.
Era la primera vez que lo pensaba, pero sabía que estaba en lo cierto.
–Es una decisión bastante inteligente. –comento la dentista ganándose una mirada interrogante de su interlocutora. –Enamorarse del mejor amigo de una.
–No sabía que enamorarse era una decisión. – respondió riendo suavemente. –Pero si lo es, no podría haber elegido mejor. Ron es el mejor hombre que conozco, fuerte y leal. Y me hace feliz.
–Lo amas. – sentencio, con convicción.
–Si. Lo hago, mucho, en realidad.
Un silencio cómodo y reconfortante las cubrió por un momento. Una paz propia de seres queridos luego de haber compartido una buena noticia.
–Muy bien, felicidades entonces. –concedió sonriéndole con calidez y sinceridad a la chica. –Me alegro mucho por ti.
–Yo me alegro de que no me hayas preguntado si estoy embarazada.
Ambas mujeres soltaron sendas carcajadas.
"Esto es." Pensó Hermione, "es por esto por lo que vine". No se había dado cuenta de cuánto necesitaba a su madre en este momento, que pese a no ser de las niñas que soñaban desde pequeñas con sus bodas y todos los cientos de cuestiones y detalles que implicaban, si se había formado una idea general de lo como deseaba que fuera ese día. Y su mamá estaba allí, con ella eligiendo regalos, seleccionando flores, escogiendo canciones, probando pasteles. A su lado el gran día acomodándole el velo y diciéndole que ninguna mujer se ha visto tan hermosa.
"Me haces tanta falta, mamá" el simple pensamiento era insoportablemente doloroso y como si el destino supiera que su resolución flaqueaba, el momento en que lo pensó, que realmente considero mandar todo al diablo, ser egoísta y arriesgarse. Ese momento de intensa debilidad donde incluso su mano se movió lentamente hasta rozar su varita oculta entre su ropa, fue el preciso momento donde ellos llegaron.
La puerta rompió el silencio con un estruendo violento y los gritos llenaron la habitación.
–¡Mamá, Sam me está tirando del cabello!
–¡No es cierto!
–¡Si, lo es! ¡Lo haces siempre! ¡Ves! ¡Mamá, dile que me deje!
–Buuuu buuuu la bebé llorando como siempre.
El tiempo se congelo para Hermione mientras veía el brillo del amor aparecer en los ojos de su madre mientras ella se giraba hacia los recién llegados. La primera en aparecer fue la niña. Largo cabellos rubios y ojos marrones, piel blanca apenas besada por el sol, dulce y encantadora con su vestido rosa. No le había preguntado la edad pero calculaba que no debía tener más de once. Corrió a abrazar a su madre.
"Mi madre."
O quizá solo quería alejarse de su hermano. El niño era más pequeño pero casi tan alto, tenía unos nueve años y todo el aire de Daniel el travieso. Cabellos negros como el ébano y ojos cafés, piel bronceada y trigueña, de rasgos angulosos y fuertes paradójicamente se veía bien junto a la niña.
Por un momento que pareció eterno los fuertes latidos de su corazón taparon las voces de las otras personas en la sala, y mientras notaba que empezaba a hiperventilar comprendió que debía marcharse de allí de inmediato antes de desmoronarse. Intento interrumpir los regaños de Mónica y las pullas de los niños e incluso intento que el brillo de amor absoluto que centellaba en los ojos de su madre no le doliera, pero la escena era demasiado. Simplemente demasiado.
–Buenos días, Señorita Granger. – la voz del hombre la tomo por sorpresa y dio un brinco en el sofá. Se giro hacia él y descubrió con horror que le costaba enfocar la vista a causa de las lagrimas que se acumulaban en sus ojos. Realmente debía irse y rápido. –Está usted un poco pálida ¿se encuentra bien?
"No"
La visión de su padre fue simplemente más de lo que podía soportar. Hermione lo recordaba como un profesional serio, siempre con un libro entre sus manos y algún nuevo curso que empezar, siempre enfocado en sus pacientes y poco propenso a los juegos y las distracciones. El hombre frente a ella tenía el mismo cabello castaño con rizos indomables y ojos cafés que ella, los mismos que recordaba de toda una vida pero las manos llenas de osos de peluche y baratijas conseguidas en lo que parecía ser un paseo muy divertido hablaban de una persona relajada y alegre. Un completo extraño para ella.
–Si. – murmuro de la mejor manera que pudo. –Solo un leve dolor de cabeza, creo que debería irme ya. Le he dejado a su esposa el ultimo catalogo, pueden enviarme un correo electrónico con su pedido.
Unas cuantas palabras de despedidas y unas pobres disculpas declinando la invitación a comer y Hermione ya estaba caminando por la calle bajo el sol nuevamente. Las lágrimas corrían salvajes por sus mejillas y no hizo nada por detenerlas.
Llorar no arreglaría nada, por supuesto.
Pero tampoco es que pudiera empeorar.
… … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … …
Bueno espero no le haya parecido tan mal.
Besos a todos los que sigan por allí.
