—Hinata apurate.
Haciendo caso a su compañero apuro un poco el paso hasta alcanzarles a unos centímetros de distancia, el par se ofreció a llevarla a las instalaciones para que tomara una charla vocacional.
Además que necesitaban ir y cumplir con su deber como coordinadores de sus respectivos cursos que impartirían ese semestre, nada les costaba dejar a la nueva en uno de los grupos.
Pero al parecer y por las cara de la chica embobada en los murales dibujados por mismos estudiantes de artes esta nunca había visto que era el buen arte. Bien hora de discutirlo.
—Cariñosita dinos —el rubio apaciguó un poco el paso hasta situarse a su lado mientras que el pelirrojo a considerable distancia escuchaba— Para ti ¿Qué es el arte?
—Una forma de expresión. En todo puede haberlo.
—Forma un tanto romántica o poética de no ser directa. ¿Crees que debe ser efímero o eterno?
Akasuna no se andaba por las ramas como su compañero, directamente le pregunto a la Hyuga que lo meditaba— Tenemos un valioso e incomparable jarrón de la dinastía Ming en perfecto estado contra una simple explosión de fuegos artificiales. ¿Cuál prefieres?
De nuevo volvió a pensarlo y por fin decidió que le parecía mejor.
—Creo que ambos tienen el mismo valor —los dos artistas detuvieron el paso para girar a verla casi ofendidos de comparar sus estilos—, quiero decir. Es algo para admirar debido al esfuerzo del que hizo la pieza, el jarrón sigue tan perfecto como el primer día.
Y los fuegos artificiales sólo tienes una oportunidad de verlos, no hay otra que pueda repetirse.
Ambos hombres se miraron, no importaba que estuvieran en plena zona comercial con las personas rodeando al trio para evitar chocar con ellos. Fue una respuesta equitativa, la primera en mucho tiempo para el par.
—Danna creo que encontramos a la indicada de verdad. Hmp.
Sin asentir o negar el pelirrojo regreso la vista al camino. En silencio el trío hasta encontrar la entrada a la institución repleta de árboles de todos tipos propiedad de estudiantes de botánica, ecología, agricultura y uno que otra carrera más.
Ya algunos estudiantes estaban bajo la sombra de estos; charlando, discutiendo, intercambiando puntos de vista o haciendo sus proyectos atrasados. Muy pocos se encontraban sólo disfrutando la apacible zona.
Grandes edificios se visualizaban frente ellos. Por un momento ella temió perderse entre ellos. Pero pronto paso el temor al verlos de distintos colores entre sí
De diferentes colores los muros
Cruzando justo por el medio un gran reloj de sol junto a la estatua del fundador y primer director se mantenía orgullosa, siendo la divisora entre los caminos.
Personas entrando y saliendo del lugar sin detenerse, algunos apurados con papeles en manos mientras que otros prácticamente se desmayaban o vomitaban en las filas que hacían.
—Esa es la línea para las pruebas de Medicina. ¿Quieres intentarlo? —Ofreció Sasori, pero ella recordaba todas aquellas veces que vio sangre y casi se desvanece con tan sólo recordar.
Negando, no. Eso no era para ella.
El par decidió continuar el trayecto hasta las oficinas centrales, le dejarían en la fila de orientación vocacional para que entrara con un grupo a esa charla.
Al entrar al edificio de color verde se encontraron con una chica de cabellos azules, pinta de abuela mezclada con perforaciones en la boca y una rosa de papel en u cabeza. Les miró al trio sin inmutarse.
—De nuevo tarde, imbéciles. Sus salones están llenos.
—Sí nosotros también te queremos Konan —burlándose el rubio apretó una de sus mejillas con fuerza y recibió un golpe con un libro considerablemente grande, la bibliotecaria le mostró el dedo medio al plástico y le saco una media sonrisa al pelirrojo.
Muy al margen de ellos la morena se sentía desplazada pero era más que normal, con la mirada en el suelo esperaba le dijeran que hacer.
Una mano se posó con calma en su hombro, la chica de extraño pero increíblemente hermosa le dio una sonrisa sincera logrando calmar su poca autoestima y la hizo sentarse con ella tras la enorme división de madera.
—Ese par de idiotas me dijeron que necesitas una asesoría pero por el momento todos nuestros cursos están llenos, así que me ofrecí. Dime algo que realmente ames y otra cosa para la que seas buena.
Hyuga lo medito un poco en silencio, ¿Qué le gustaba? Naruto Uzumaki, pasar el rato con sus amigas y remendar su vieja muñeca.
Lo otro, para nada en realidad como Hisashi siempre le recordaba, escondiendo su cara tras sus mechones sintió lágrima a lágrima estancarse en sus ojos hasta que una mano en su hombro le hizo levantar la cabeza—. Empezaremos por algo simple.
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Horas más tarde y realmente cansada de aquel apoyo descansaba en las gradas del circuito de atletismo, llego justo a tiempo para el último examen del día.
Era un grupo de 50 hombres, todos ellos en pequeños y ajustados trajes negros que corrían en esa pista tratando de ser el que mejor tiempo llevase. Pero en cada vuelta un par de asistentes colocaban trampas, obstáculos o distracciones haciendo que uno a uno cayeran.
Tan sólo quedaban 6 y ninguno de ellos iba a rendir. Dando saltos como locos a cada paso mientras a unos metros delante ellos se encontraba una torre de rocas y un alambrado al ras del suelo.
Nunca pensó ver eso más que en las películas de guerra que pasaban en televisión.
Aunque a un chico con un peculiar corte de cabello y cejas exageradamente grandes parecía no ser ningún problema a esto, corriendo dejando una estela de polvo se acercaba al muro escalándolo con magistral fluidez.
¡En que idiotez se iba a meter! Sí lograba salir viva de la prueba estaba segura que Naruto-kun nunca iba a prestarle atención a su aspecto luego de aquello. Oh bueno, sí pero no de la manera correcta.
Y de la nada un grupo de gritos ensordecedores acapararon no sólo su atención, sino su concentración y dejo ir la hoja que Konan le hizo favor de llenar con posibles carreras.
Corriendo cuesta bajo trataba de alcanzarlo, olvidando aquel campo de tortura voluntaria por seguir la hoja y estrellarse contra la espalda de alguien.
Cayendo sobre su trasero aseguro la hoja con perfecta caligrafía cursiva a su pecho, mientras recuperaba fuerza y cordura.
—¡Maldición mocosa idiota! ¡Mira lo que haz hecho! —Dijo la persona completamente devastada tratando de juntar cada centavo aún se cortara las manos por el cristal roto. Mientras un albino reía cual llena por la escena. Y luego tomo el dije de su pecho para besarlo con fervor y una sonrisa enorme.
—¡Niña Jashin-sama agradece el sacrificio que haz hecho cumplir a mi avaro amigo! —¡Niña no corras fuera del jodido circuito!
Asustada por la manera en que ese hombre estaba sangrando, sin dejar de apretar cada insignificante moneda de manera que nadie pudiera tomar ni una sola.
Hinata recordó tenia un monedero de Chococat algo viejo pero que serviría para guardar todo ello, sacándolo de su bolso se lo entregó ante la vista atónita de ambos.
El de ojos verdes acepto el viejo muñeco y metió todo, incluso la tierra y los cristales de su frasco roto.
Kakuzu acepto el viejo gato donde metió en una velocidad impresionante hasta la tierra del frasco roto, se levanto del suelo y le ofreció la mano a la morena que de igual manera acepto su ofrecimiento.
Al estar de pie ambos se limpiaron lo mejor que pudieron, eso claro, al moreno evitando mancharse de sangre, el detergente estaba muy caro como para desperdiciarlo con esas manchas.
El jashinista por su parte abrió su botella de agua, dejando caer esta sobre las sucias manos de su amigo y limpiando lo mejor que se podía.
—Deberíamos ir a ver al Cerezo.
—¡Y gastar en equipo de curación, jamás!
—Entonces vamos a comer. —Sin objetar nada el moreno alzo sus hombros, dándole la razón pero el de ojos violetas giro a ver a la inofensiva pero torpe chica. Lo medito unos segundos antes de hablar— Vamos niña. Supongo debes tener hambre.
Y su estomago la traicionó, el ruido que hizo no podía ser más penoso y se limito a seguirlos con una considerable distancia hasta dar con un edificio lleno de vida.
Con la gran mayoría de mesas llenas de estudiantes disfrutando las comidas que vendían en la cafetería, el ambiente no era en nada comparable con su poco conocimiento de la vida pero era un tanto abrumador.
Deteniéndose frente al cartel de comida rápida el par ya ordenaba mientras ella aún meditaba, encontrando la ensalada de pollo mejor que las hamburguesas diablo o las alitas infernales.
Cuando tuvieron en su poder los alimentos se sentaron cerca del centro, admirando a un grupo de estudiantes de letras recitar poemas clásicos para el deleite de todos.
—¡Como diablos pudiste comprar esa cosa! ¡Costo 10 yenes y el refresco con papas lo elevo a veinte!
—Callate, yo te invite esta vez y es de lo mio —mordiendo su hamburguesa doble queso—. Agradece a Jashin-sama por tus alimentos. ¡Tacaño de mierda!
—¡Aprende a la niña! Tan sólo gasto siete en el agua con su ensalada. ¡Ella sí sabe comprar!
Sin prestarle atención a sus avaras quejas siguió comiendo, de vez en cuando admirando a la chica estar más inmersa en las voces de los recitantes y aplaudiendo de vez en cuando.
La hoja en la mesa tenía la inconfundible letra de Konan, preguntándose ¿Quién era esa chica?
—Oye. ¿Cómo te llamas?
—Hinata Hyuga señor —interrumpiendo su concentración en él para aplaudir de nuevo.
—Es obvio que eres nueva, pero esa letra es de la hija de puta de Konan. ¿Conoces a esa perra?
—Sí, Konan-senpai me ayudo como favor a Sasori-senpai y a Deidara-senpai.
A los dos sentados cruzaron miradas, a sí que esta era la nueva víctima del par de imbéciles pseudo artistas.
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El trío caminaba entre charlas de como el ahorrar era un verdadero arte y el amor hacia Jashin-dono en forma de sacrificios era la mejor expresión de arte.
Las farolas de la calle iluminaban su corto camino hasta que una estela de humo les cegó por un momento, el menor de los hombres grito muy enojado.
—¡Pinche Tobi cabrón deja de hacer pendejadas por todo el puto lugar!
Oh, una cosa más.
El ahora no sólo Teólogo senpai, sino vecino al vivir en el mismo edificio que ella aparte de ser el fiel y devoto numero uno de Jashin era un boca sucia en toda la extensión de la palabra.
