—¿Piensas estar toda la noche tumbado en el suelo o qué?

—Es un bonito lugar.

La morena miraba a la lejanía esa escena, a su lado un moreno enmascarado movía las caderas de forma onduleante, casi guiado por una melodía contagiosa.

Konan le tendió la mano al hombre, este lentamente se fue parando y sacudiendo el polvo en su ropa.

Una vez acabada la rutina la pareja se acerco lentamente a donde ellos estaban, la de ojos perla no pudo sino sentirse intimidada por la presencia del hombre vestido con un pulcro pantalón negro y saco rojo.

Este al verla dirigió su mirada oculta bajo las micas moradas en un patrón circular, curioso le pregunto con una leve inclinación a la de cabellos azules.

—¡Cariñosita! —Exclamó una sedosa y brillosa cabellera rubia a unos metros de ellos, tras ellos una mata pelirroja calma suspiraba.

Deidara dio unos pasos más grandes de lo normal y se planto frente a ellos.

—Deidara-sempai.

—Pensamos que te perdiste, bueno, es que no te dijimos donde reunirnos. Al menos hasta que sepas el camino de regreso por tu cuenta.

—No se preocupen por mi —susurro sonrojada y ocultando su rostro—, Hidan-senpai y Kakuzu-sempai me trajeron.

Todos los presentes —incluyendo a Tobi, sí es que se le olvido incluso que mostraba su cuerpo— abrieron los ojos en señal de sorpresa. La chiquilla debía tener temple de acero para aguantar no solo las discusiones de los artistas, sino también para aguantar al Jashinista y el avaro.

—¡Tenemos fiesta! Yo llevo el hielo.

—Que va hombre, es más bien un milagro.

—¿Y eso? —Pregunto el recién llegado con olor a agua salada, su rostro bien era, bueno no era… ¡A quien engañamos!

Su belleza era la de un pez, literalmente un tiburón y muy feo. Sus dientes eran blancos relucían pero… ¡Los filosos acabados rompían cualquier mínima esperanza!

Tan concentrada estaba la Hyûga que nunca supo cuando paso a ser el centro de atención de nuevo, pero ahora con una mirada más penetrante enfocada en ella.

Lo sentía, lo podía sentir tan demandante, exigiendo le viera a los ojos. Como si la tuviera hipnotizada, y sabia muy bien de quien se trataba.

Una mirada más que familiar.

—Itachi-sama.

.

Sentada entre dos hombres realmente atractivos que trataban de acaparar su atención, mientras comían un trozo de pizza. Pero ella no podía dejar se sentir la pesada mirada sobre ella.

El mayor de los Uchiha se encontraba sentado frente a ella, mirándola por el rabillo del ojo mientras bebía una copa de vino escuchando atentamente lo que Akasuna le comentaba. Y es que dentro del demencial grupo eran los más parecidos.

—¡Quién carajos se acabó la pizza de anchoas! —Exclamó el humanoide pescado, iracundo rompió la caja de cartón frente a Tobi que salio huyendo refugiándose detrás del Konan.

Mientras los responsables ya hacían detrás de la morena, tanto Hidan como Deidara comían a toda prisa los trozos del crimen.

De tal manera que el albino al no masticar correctamente se atragantaba, empezando a sentir la falta de aire y el trozo de comida en su atorado en su garganta.

Hinata al darse cuenta se levantó e intentado presionar el estómago del hombre con el famoso puño suave de su familia ayudarlo, y servía pero alguien no desaprovecharía el momento.

Kakuzu con toda la saña del mundo se acerco a golpear sin controlar su fuerza a su compañero en la espalda, la morena asustada se soltó de él escuchando el golpe y el tronadero de costillas que lo acompaño con es asqueroso contenido alimenticio.

Mientras que el efímero corrió en dirección a la cocina con por un poco de agua y bolsas, Kisame al ver que vomitaba la pizza no se contuvo y lanzo un puñetazo a sus compañeros -mejor dicho al de ojos verdes- que sin esperarlo fue tumbado contra Hidan. Haciendo que el viejo sillón se fuera de espaldas con ellos.

La única respuesta de los afectados fue una patada acertada en la pantorrilla de Hokigashi, perdiendo el equilibrio y cayendo sobre Sasori e Itachi. Estos a su vez derramaron el contenido de sus copas sobre la ropa de Konan. Para su suerte Tobi no alcanzó a mancharse.

Zetzu, lejos de todos ellos fumaba algún cigarrillo de dudosa procedencia. Ajeno a todo el desastre que se estaba organizando en la «cueva» de Akatsuki.

Pain que acababa de regresar de la tienda por hielo encontraba su bonito lugar de entretención hecho un caos. Plantado en el pasillo que conectaba el baño, la sala y la cocina.

—¡Aquí viene el agua y las bolsas! —Exclamó el rubio, sin fijarse en su agujeta desatada que él mismo piso. Arrojando la jarra de plástico -ya sabían que eso siempre pasaba- por los aires en dirección a una chiquilla asustada.

Todos seguían el trayecto con la mirada hasta escuchar como el resto del agua caía sobre el bien proporcionado cuerpo de Hyûga. Mostrando sin pudor las curvas de esta.

Los hombres no pudieron estar más incómodos, aquella pequeña representación de camisas mojadas por parte de esta hizo un ambiente tenso durante varios minutos hasta que un enmascarado habló.

—Tobi creé que Hinata-chan tiene dos pechos más grandes que sandías. Ahora que lo pienso, ¡Tobi quiere sandía!

Y otros tantos también querían, Tobi.

NA: Se me ocurrió cuando me acordé que un vez en la universidad se les ocurrió hacer algo parecido. Pero en esa ocasión fue refresco agitado.