Hola mi gente linda. Esto de poner fecha limite de publicación me funciona. Tratare de cumplir con la actualización mensual jajajajaja
Espero estén empezando bien este año.
Como saben nada del universo de Harry Potter me pertenece, todo lo que reconozcan es propiedad de la maravillosa J. K. (a quien aún no perdonó por decir que Hermione y Ron no debieron terminar juntos)
Capítulo 11:
Faltando cinco minutos para las dos Ron entró a la tienda Sortilegios Weasley. El lugar como siempre estaba abarrotado de gente, puntualmente niños y adolescentes decididos a gastar todo el dinero que sus padres les hayan dado.
El sólo hecho de pensar que le quedaba aún una jornada de trabajo completa le daban ganas de ponerse a llorar pero se las ingenio para dibujar una sonrisa en su rostro al momento de saludar a su hermano. George, naturalmente, fue el miembro de la familia que tardó más en poder afrontar la pérdida de Fred. Ahora que al fin pudo empezar el duelo necesario para seguir adelante con su vida, Ron no quería darle el menor motivo para preocuparse o distraerse.
-Pero que puntualidad. A alguien se le están pegando las costumbres de su novia. -se burlo el pelirrojo mayor a modo de saludo. -Mira lo que hace el compromiso con un pobre tío.
-Ja ja ja. Buenas tardes para ti también idiota.
La mirada de George siguió a Ron todo el camino hasta la tras tienda y se opaco momentáneamente al hacer un rápido análisis de su hermano pequeño. El hombre no era tonto, sabía muy bien que el ritmo que Ron se había autoimpuesto todo el último año; continuando con su formación de Auror y ayudándole con la reapertura de la tienda; acabaría por agotarlo tanto física como mentalmente. Por las ojeras que adornaban sus ojos y los movimientos aletargados que realizaba, el límite estaba a la vuelta de la esquina.
El cariño sustituyó a la preocupación en los ojos de George mientras veía a su hermanito pequeño comerse unos caramelos que él escondía codiciosamente en un cajón del escritorio.
-No puedes seguir haciendo esto, Ron. -no era un tema que pensará abordar ese día en particular pero era obvio que su hermano no pensaba renunciar, así que ese momento era tan bueno como cualquier otro.
La mano de Ron se quedo congelada a medio camino de dejar otro caramelo en su boca.
-No jodas, George. Sólo son unos putos caramelos.
George tuvo que tragarse un suspiro.
-¿Como es que Hermione aceptó casarse con alguien que tiene una cloaca en lugar de boca?
Ron respondió con una sonrisa de lado y una mirada bastante sucia por lo que su hermano decidió no indagar más en el tema.
-Habló en serio Ron. No puedes seguir trabajando aquí mientras estudias.
El pelirrojo miró a su hermano mayor con una expresión de seriedad que había sido forjada durante la guerra y de cierto modo no encajaba ahora con los tiempos de paz.
-¿Tienes idea de lo terriblemente desconsiderado que es el que quieras despedirme cuando sabes perfectamente que necesito el dinero? Me voy a casar en tres meses y por más liberal que sean estos tiempos no pienso dejar que Hermione me mantenga.
George quiso reírse pero en realidad esto no era nada gracioso.
-Podrías estar trabajando como asistente en la oficina de Aurores al igual que Harry-indicó George con mucha paciencia -Viviendo tu sueño en vez de ser esclavo del mío.
Ron abrió la boca para refutar lo dicho, explicar que él no se consideraba un esclavo, sólo un empleado mal pago pero igualmente disfrutaba el puesto y que no quería abandonar a su hermano. Pero George endureció su expresión y sus palabras.
-Este no es tu lugar y lo sabes. Esto no es lo que soñabas cuando niño al pensar en tu futuro. Tu quieres ser Auror, siempre lo has querido. Y contra todo pronóstico -aún regañándolo George no pudo evitar burlarse un poco de él – has resultado ser bastante bueno en ello. No deberías estar perdiendo tu tiempo aquí. Gastando fuerzas y energía en algo que no tiene nada que ver contigo.
En cierto punto el tono de George comenzó a temblar. Lo cierto es que el hombre no se había dado cuenta de lo culpable que se sentía hasta que las palabras comenzaron a salir de su boca. Pero una vez que dijo la primera frase supo que todo ello era verdad, estuvo siendo egoísta todo este último tiempo y un poco mal agradecido también.
-George… - Ron intentó acercarse a su hermano, percibiendo lo tempestuoso de sus emociones.
-No. – el tono fue tajante y no admitía réplicas. -Este es mi sueño. Mío y de… Fred. Y sólo porque el ya no este no es motivo para que tu te sacrifiques.
-¡No me estoy sacrificando! -exclamó el pelirrojo menor-A mi me gusta la tienda y lo que hacemos aquí y quiero ayudarte. No se a que viene todo esto.
-No lo sabes ¿eh?-preguntó burlón- Te mueves como si te hubieran dado una paliza.
-Tuve una semana de entrenamiento de mierda ¿y eso qué? No es la primera vez que la cosa se pone pesada. Todas las carreras son difíciles, Hermione casi no duerme en época de exámenes y ella es brillante. ¿Y acaso nunca has visto a Harry cuando nos evalúan en táctica y estrategia? Parece un condenado inferi.
George miró a su hermano pequeño con cariño. Realmente no pensaba renunciar, no quería dejarlo. El niño tonto e inseguro que se enfurecía con sus bromas pesadas y se sonrojaba, que creía cualquier locura que él y Fred le inventaron y lloraba de frustración por nunca poder contra ellos ya no estaba. No volvería.
En su lugar había quedado un hombre adulto. Uno que tomaba sus propias decisiones y las defendía a capa y espada. Ron sufrió lo mismo que todos en la familia (quizá, más que nadie en la familia), pasó por todo el horror, la pena y el dolor y, aunque George no entendía muy bien cómo, se había vuelto más fuerte.
Y más importante aún, no estaba roto como el resto de ellos.
George realmente no lo entendía pero ciertamente le tenía envidia, a veces incluso no de la buena.
-Voy a estar bien ¿sabes? – cualquier dejo beligerante desapareció del tono de George, no quería pelear con Ron, al parecer solo Hermione podía ganarle -Por mucho tiempo pensé que eso no volvería a ser posible, pero estaré bien. Con el tiempo y trabajo duro, estaré bien. Igual que los demás.
-No quiero dejarte sólo. -susurro el pequeño de los Weasley un tanto avergonzado.
-Eres mi hermano pequeño, se supone que es mi trabajo cuidar de ti y no al revés.
-No seas idiota. Somos familia, por supuesto que se supone que te cuide.
George le sonrió. Una sonrisa sincera, legítima. Y Ron se alegro de ver como esta llegaba hasta los ojos de su hermano puesto que ello no sucedía demasiado a menudo.
-Tengo algo para ti. -comentó el mayor rodeando el escritorio y buscando entre los papeles de los cajones.
-Si es la carta de despido no pienso aceptarla. -insistió Ron.
George suspiro totalmente derrotado. -Ya lo sé. -respondió sacando un pequeño sobre del fondo del cajón y tendiéndoselo a Ron. -Toma.
Ron lo tomó con reticencia, a lo largo de su vida había aprehendido a desconfiar de todos los objetos que vinieran den parte de los gemelos, pese al dolor de saber que ahora era sólo uno de ellos con quien podía hablar y compartir, ese viejo recelo no desaparecía del todo.
-¿Qué es esto? -preguntó Ron al abrir el sobre y encontrar una pequeña llave.
-Es la llave de tu bóveda en Gringotts.
Ron miró a su hermano mayor con extrañeza, él no tenía una cuenta en el Banco de los magos. El poco dinero que logró ahorrar, destinado mayormente a la boda, estaba muy seguro guardado en una caja debajo de su cama.
-He estado depositando un porcentaje de las ganancias de la tienda en una cuenta a tu nombre desde que comenzaste a trabajar conmigo. -explicó George sonriendo al menor. -O quizá debería decir desde que reabriste la tienda, comenzaste con la reelaboración de los productos y pateaste mi culo hasta aquí todas las mañanas para que te ayudará. ¡Y no se te ocurra decir que no puedes aceptarlo! -agregó George adelantándose a la objeción que Ron estaba por soltar.
-No lo hice por dinero. -susurró Ron mirando la llave como si fuera el objeto más extraño que haya visto en su vida.
-Lo se. -respondió George en el mismo tono de confidencia. -Pero te ganaste hasta el ultimo Galeón, Sickle y Knut.
Ron miró a George con aflicción y un tanto de enojo. Su hermano le estaba jugando sucio. Él no quería aceptar su dinero, pero lo haría de todas formas y George lo sabía.
Por mucho que se esforzó durante los últimos meses lo que logró reunir no era suficiente para darle a Hermione la fiesta de casamiento que ella se merecía. Una gran parte del dinero se utilizó en el anillo, que quizá no debió elegir tan inconscientemente, lo sabía, pero en cuanto lo vio supo que debía ser ese. Era el indicado. Era simplemente perfecto.
Por lo cual en las últimas semanas se habían pasado elaborando presupuestos y listas de lo que necesitaban para la celebración. Cada vez que Hermione tachada algún elemento de la lista, disimuladamente y esperando que Ron no la viera, él sentía como su pecho se oprimía.
Quería darle todo lo que ella deseaba. El hecho de no ser capaz lo estaba frustrando sobremanera.
-Yo…
-No vas a devolvérmelo Ron- dictaminó George.
Ron suspiro cansado y derrotado, estos diez minutos con George estaban resultando tan agotadores como las siete horas de entrenamiento de esa misma mañana. O quizás era simplemente que el ya no tenía fuerzas.
-Realmente estás despidiéndose ¿cierto? -preguntó.
-Puedes venir Los sábados a ayudar, ya sabes que es el día más concurrido de la semana y quizá algún otro día si tienes ganas, pero no permitiré que sigas viniendo todos los días.
-Cuatro día.
-No, Ron. No
-Tres días y no te acusare con mamá por despedir a tu propio hermano.
George lo miró boquiabierto sin poder creer que jugará esa carta.
-Tres días con media jornada y no le diré a Hermione que coqueteas con las clientas.
Ron se rió totalmente despreocupado de la amenaza. -Buen intento George pero Hermione sabe que yo no se coquetear.
-Ron…
El aludido suspiro resignado.
-Tres días a la semana medio día. De acuerdo.
Una pausa un tanto incómoda se hizo entre los hermanos.
-Eh… George, ah… -Ron se rasco la cabeza mirando al suelo sintiéndose avergonzado. -Gracias.
George sonrió de lado mientras negaba con la cabeza levemente. Ron no había entendido absolutamente nada de su conversación.
Era él quien debía darle las gracias.
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Ron se apareció en la puerta del departamento de Hermione apenas pasadas las siete de la tarde y eso era todo un record en un día de semana. Al girar su llave en la puerta se preguntó cuanto tardaría en comenzar a llamarlo su departamento. Quizá cuando terminará de mudarse cosa que su madre no le dejaría hacer hasta después de la boda. Claro está, como su padre solía decir, lo que Molly no sabe no la hace daño.
George cumplió su palabra y transcurridas cuatro horas de trabajo estaba, literalmente, pateándolo fuera de la tienda. El nuevo trato no le hacía mucha gracia pero no había forma de ganarle a George en esta. Estaba demasiado decidido.
Una vez que Ron salió de Sortilegios Weasley se dirigió con paso lento hacia Gringotts. Nunca había ido antes sin su familia y en esas ocasiones las visitas eran cortas y la mirada de los duendes los seguían como si fueran intrusos y no clientes. Claro que esa también sería una visita corta, sólo deseaba saber la cifra total de la cuenta.
Cuando se enteró el monto Ron casi corre el camino andado desde la tienda de su hermano para decirle que no. No, no, no, de ninguna manera podía aceptar su dinero. Es decir, era ridículo. Ningún empleado podría ganar 7.564 galeones en un año. Era simplemente imposible y al escuchar tal número desorbitante casi se atragantó con su propia saliva.
En cierto modo lo desconcertaba tener tanto dinero luego de toda una vida de poseer cosas usadas por sus hermanos mayores y comprar todo de segunda mano. Al final terminó por no devolver el dinero, aunque no lograba sentirse cómodo del todo con ello, pero con ese dinero sumando el departamento de Hermione y unos meses de ahorro podrían comprar una casa propia. Una de los dos, donde empezar a construir su vida juntos.
Debía agradecerle mejor a George, decidió.
-Hola. -saludó Hermione cuando lo vio cruzar el umbral de la puerta. – Llegas temprano.
Ron sonrió apenado sin saber como comenzar a contarle todo lo que había pasado ese día. Optó por saludarla con un dulce beso en los labios y sentarse junto a ella en el sofá.
-¿Estás bien con eso? -preguntó Hermione una vez escucho todo el relato de Ron. -Con aceptar su dinero quiero decir.
-No me pone particularmente feliz, pero ayuda en muchas cosas.
-Ron. Si realmente no quieres tomarlo no lo hagas. Podemos arreglarnos bien sin el. -respondió Hermione y su novio supo de inmediato que lo decía en serio.
-Mis padres se las arreglaron bien, Hermione. -contestó sintiéndose culpable por la crítica implícita en su tono. -Yo quiero algo mejor para nosotros.
-Esta bien. -Hermione habló con voz dulce pasando una mano por sus cabellos pelirrojos de la forma en la que a él le gustaba. Y el gesto fue increíblemente reconfortante. -Si me lo preguntas a mi, creo lo mismo que George. Te lo has ganado todo.
Ron medio suspiro medio sonrió mientras recostaba su cabeza sobre la falda de Hermione.
-¿Eso incluye un masaje de pies?
Hermione le sonrió dulcemente mientras seguía acariciándole los cabellos y bajaba hasta darle un beso ligero en la punta de la nariz.
-Ni en tus sueños, Weasley.
Luego rieron juntos.
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Bueno no se ustedes pero me estoy aburriendo de mi propia historia jajajajaja desastre soy. Creo q necesitaba escribir algo de estos hermanos, siempre imagino como se apoyaron mutuamente para seguir adelante.
Pero creo que falta acción y "acción" así que dejen comentarios y los sorprenderé con un duelo en el próximo capítulo.
Saludos.
