Capítulo 12:

El olor a comida y un murmullo de voces fue lo que despertó a Ron de su sueño. Cuando abrió los ojos se encontró acostado en el mismo sofá donde converso con Hermione unas horas atrás, con la cabeza recostada en un almohadón y una manta abrigándolo. Los murmullos, que pudo identificar como las voces de su novia (prometida, se corrigió mentalmente) y su mejor amigo, venían de la cocina. Quería unirse a ellos pero le tomó un largo momento reunir la energía suficiente para levantarse. Estaba mucho más cansado de lo que le gustaba admitir.

Cuando al fin logró ponerse de pie se encaminó con pasos pesados hacia la cocina.

–¿Y qué le dijiste? –oyó a Hermione preguntar.

–Que podía irse a la mierda.

–Por Merlín, Harry. No eres un Neandertal ¿realmente no hay ninguna respuesta diplomática que se te haya ocurrido? –regaño la chica tras un profundo suspiro.

–Por supuesto que se me ocurrieron cosas mejores que decirle. –respondió Harry sonriendo burlón –Pero también se me ocurrieron muchas peores, así que yo que tu me daría por satisfecha.

Hermione negó con la cabeza al tiempo que movía su varita disponiendo los platos y cubiertos en la mesa.

–No puedo creer que aún no entiendas el papel que juegas en la comunidad mágica después de todo este tiempo. –comentó Hermione.

–Me importa un cuerno lo que esos burócratas pueda llegar a pensar, Hermione. Y me importa aún menos la absurda prensa amarillista en la que siempre ha sido, y aparentemente siempre será, El Profeta. –la voz de Harry estaba llena de rencor. Sus roces con la política y burocracia del Ministerio le habían dejado un mal sabor de boca cada vez. –Sólo quiero que me dejen vivir mi vida en paz.

Hermione volvió a suspirar, esta vez con más pesar aún.

–No pasará. Lo siento.

Harry le dedico una mirada dura a la chica, que a Ron no le gustó nada.

–Hola. – saludó el pelirrojo entrando a la cocina.

–Hey, al fin despiertas dormilón –saludo Harry sonriendo aliviado de que alguien interrumpiera la charla.

El pelirrojo sólo le dio una palmadita en el hombro antes de tomar lugar en la silla junto a él.

–¿De qué hablaban? – el alivio en la cara de Harry fue reemplazado por el desagrado en apenas una fracción de segundo y Hermione se río sin demasiado humor.

–Él es mío ahora ¿sabías? –alegó la chica levantando su mano y moviendo con gracias el dedo anular donde llevaba el anillo de compromiso.

Harry bufo y miró a su mejor amigo con el ceño fruncido pero con el fantasma de una sonrisa en los labios –Pollerudo(1).

Ron sólo se encogió de hombros ante la pulla. –¿Y de qué hablaban?

Harry murmuró una queja parecida a "puto perro con un hueso" y Hermione se apresuró a responderle antes de que se perdiera el tono de broma de la conversación.

–Harry tuvo una reunió con Kingsley y el señor Tiberius Ogden(2). Y no resultó muy bien.

–¿A quien de los dos mandaste a la mierda? –preguntó Ron– Porque Kingsley es nuestro jefe ¿sabías? De hecho es el jefe del jefe de nuestro jefe.

–Bueno por lo menos uno de ustedes ha aprehendido algo de respeto por la autoridad. –suspiro Hermione mientras sacaba un asadero del horno. La cocina se llenó de un delicioso aroma a carne y verduras asadas que interrumpió la charla por un momento. El estómago de Ron rugió y Harry paso saliva ruidosamente. Hermione miró a uno y a otro y luego sonrió.

–Receta de Molly Weasley ejecutada a la perfección –presumió la chica muy pagada de si misma.

–Te amo. No se si te lo había dicho hoy. – Ron nunca había parecido tanto un cachorro como en ese momento.

Hermione miró a Harry divertida. –Se casa conmigo por la comida ¿te das cuenta?

–Todavía puedes arrepentirte. –comentó el chico.

–No. No puede. –sentenció Ron mirando mal a su mejor amigo y recibiendo emocionado el plato repleto que su prometida le tendía.

Cuando todos estuvieron servidos el silencio se alzó mientras comían los primeros bocados con evidente placer. Pasado un largo y cómodo momento Ron volvió sobre el tema principal.

–Al señor Ogden. –respondió Harry sin emoción.

–Lo cual es cuando menos injusto. El señor Ogden fue un muy respetado miembro del Wizengamot y siempre estuvo en contra de las acciones de Fugde. No puedes poner a todos los políticos en la misma bolsa.

–¿Porqué no? –insistió Harry testarudamente.

–Porque yo seré una de ellos. –respondió Hermione mirándolo con el seño fruncido. –¿Qué vas a hacer? ¿retirarme la palabra?

Harry le dedico una mirada entre herida y enojada, como si ella no supiera que eso nunca pasaría.

–Bueno entonces por que no te dedicas tu a hacer las entrevistas y las conferencias y a tratar con los reporteros y la atención pública. –sugirió el elegido.

–Es lo que pretendo hacer. – respondió Hermione mientras miraba a Ron devorar la comida en su plato como si esta fuera a desaparecer de un momento a otro. La expresión en su rostro era mitad de cariño y mitad desagrado. –Pero no puedo hasta que tu rompas con el absurdo silencio que te empeñas en mantener.

–¿Eh? – pasarán los años que pasarán Hermione jamás perdería la habilidad de hacer que Harry se sintiera tonto y desorientado en la conversación.

La chica miró a su amigo como si lo dicho fuera lo más normal. Luego se río como si Harry todavía tuviera 12 años y le estuviera preguntando sobre la tarea de Transformaciones.

–Es porque todos nos ven como un equipo. – explicó el pelirrojo mientras le pasaba su plato vacío a Hermione para que le sirviera otra porción y le sonreía con adoración.

–Somos un equipo. –replicó Harry aprovechando para que Hermione le sirviera a él también un poco más de carne.

La chica entorno los ojos en dirección a uno y luego en otro en una muda amenaza, Harry concluyó que tendrían que lavar los platos otra vez.

–A lo que Ron se refiere es a que las personas pensarán que estas de acuerdo con todo cuanto yo diga. –explicó la castaña. –Mientras no hables, las personas siempre asumirán que tengo tu total apoyo. Y eso puede fácilmente inclinar la balanza a favor de una causa u otra. En unos pocos meses tendremos elecciones de Ministro y te guste o no tu opinión será una fuerza política. –la mirada y el tono de la chica se tiñeron de burla. –Eres el héroe de la comunidad mágica.

–La gestión de Kingsley se ha extendido más de lo estipulado ¿cierto? –preguntó Ron. –Esta haciendo un gran trabajo como Ministro interino.

–Su posición comienza a ser mal vista, ya han pasado casi dos años desde su nombramiento. Se debe o bien designarlo de forma permanente o bien buscar a alguien más. –la chica parecía más entusiasmada con la primer idea que con la segunda.

–Sigo sin entender el problema…

–Harry. –se quejó cansada Hermione. –Mientras te niegues a dar declaraciones todos pensarán que…

–¿Estoy de acuerdo contigo? –cortó el niño que vivió. –Lo estoy.

Hermione bufo de forma muy poco femenina ya quedándose casi sin paciencia.

–No, escúchame. –pidió Harry alcanzando su mano por sobre la mesa y apretándola levemente. –Yo nunca voy a entender este juego, no me gusta. No quiero ni la atención ni el poder ni la responsabilidad. No me gustan las pullas ni las intrigas ni la hipocresía de muchas de esas persona pero, más importante aún, yo no puedo sacar nada bueno de eso. No puedo ver a futuro que acciones serían las correctas y no puedo saber que es lo que nuestro mundo necesita para ser un lugar mejor.

"Tu si puedes. Siempre has tenido un perspectiva clara de que es aquello que necesita ser hecho. Y no permites que otras cuestiones te distraigan o te tienten. Tienes un inquebrantable sentido del deber y la justicia. Siempre lo has tenido y creo que siempre lo tendrás. Y eres la persona más inteligente que he conocido jamás.

Así que si las personas creen que tienes mi total apoyo, es porque lo tienes. Si crees que mi nombre te ayudará a lograr algo bueno, entonces ve y úsalo".

–Realmente no creó que lo entiendas… –susurro la chica apenada y conmovida por las palabras de su mejor amigo.

–No tengo que entenderlo, sólo tengo que creer en ti. Y yo creo. –declaró Harry con total seguridad.

Hermione asintió suavemente y le sonrió a su casi hermano. –Lo pensaré.

Un cómodo y conocido silencio se instaló en la habitación hasta que Ron exclamó, luego de tragar ruidosamente una porción considerable de comida.

–Tú sólo no quieres lidiar con los reporteros…

Los tres amigos rompieron a reír y ese fue el fin del tono adulto en la conversación.

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El sábado siguiente por la noche Ron estaba disfrutando de otro de sus baños eternos mientras en la recamara Hermione se vestía para la fiesta a la que asistirían esa noche.

Circus era un popular bar ubicado en callejón Diagon donde los jóvenes del mundo mágico se reunían para divertirse y escuchar nuevas bandas en vivo. Esa noche Seamus se presentaba por primera vez con su banda cuyo nombre Ron no recordaba. La escusa para reunirse y pasar un buen momento era tan buena como cualquier otra, pero el pelirrojo aún recordaba la voz desafinada de su ex compañero de cuarto cuando se le daba por aullar en la ducha. No sabía que se le había dado al chico por querer ser músico, nunca había notado ninguna inclinación a ello antes que anunciará que tenía una banda. Quizá sólo quería atraer chicas.

Ron salió del baño con una toalla amarrada a la cintura y con otra frotándose del cabello.

–Que bueno que ya saliste, por un momento creí que acabarías con toda el agua de Inglaterra.

–Jajajaja Harry me dijo lo mismo el otro d…

Ron se atragantó con sus propias palabras al ver a Hermione. La chica estaba frente al espejo colocándose unos lindos pendientes dorados como toque final para su atuendo. Llevaba un vestido un poco arriba de la rodilla de un suave color arena que resaltaba el tono melocotón de su piel tersa, la tela labrada y brillosa abrazaba sus curvas y un fino cinto marrón marcaba su estrecha cintura. El vestido no era demasiado escotado pero no llevaba brasier así que los ojos de Ron probablemente se desviarían hacia su pecho toda la noche. Se había maquillado y amarrado su cabello en una coleta alta haciendo a sus rizos bailar graciosamente sobre sus hombros. Se veía hermosa, sexy y muy pero muy deseable.

Ron se quedo embelesado mirándola por tanto tiempo que llamo la atención de la chica. Cuando Hermione se giró a encararlo Ron esperaba que le sonriera coqueta, que girará sobre si para que él pudiera admirarla mejor o que le preguntará si le gustaba su vestido, como haría cualquier mujer. Pero Hermione no era como cualquier mujer, y lo que ella hizo es dar un paso atrás alarmada y exclamar mientras le apuntaba con un dedo de forma amenazadora:

–Oh no. No, no y no. De ninguna manera volveremos a llegar tarde. No pienso volver a pasar la vergüenza de mi vida con Luna diciéndole a todos que probablemente estábamos follando sobre la mesa de la cocina, como la última vez.

Ron río, mientras sus orejas se ponían rojas, al recordar el desafortunado comentario que Luna había soltado la última vez que los ex miembros del ED se reunieron. En esa ocasión Hermione se había sonrojado violentamente casi confirmándoles a todos la verdad de esa afirmación.

–No fue tan malo, amor. –dijo Ron acercándose con pasos cortos.

–Fue terrible. –contradijo Hermione alejándose la misma distancia que Ron había acortado. –Todos se rieron un montón. Seamus no paraba de repetir que las calladitas terminamos siendo siempre las peores, Luna me preguntó si luego limpiábamos de forma muggle o con un hechizo porque a ella le gusta venir a cenar y era algo importante de saber. –comenzó a enumerar con sus dedos. – Harry dijo que el también quería saber y George, no se como lo dejé vivir después de eso, se burló por ello al día siguiente. El domingo. En el almuerzo familiar. ¡En frente de tu madre! –puntualizó con un adorable sonrojo en sus mejillas.

Ron estaba tratando con todas sus fuerzas de no estallar en carcajadas, no sabía que era más gracioso: recordar esa noche o la expresión de Hermione mientras la contaba. Lo que si sabía es que si se reía ahora ella bien podía llegar a maldecirlo.

–Puede ser muy rápido, amor. –ronroneo el pelirrojo haciendo otro intento por acercarse a la castaña.

–Nunca es rápido contigo. –acotó volviendo a alejarse.

–¿Eso es una queja? –cuestionó arqueando las cejas y sonriendo lo más seductor que pudo.

Hermione intento retroceder un poco más pero chocó con el tocador. Ya no había lugar para huir y Ron estaba parado frente a ella mirándola con deseo, completamente desnudo salvo por la toalla amarrada a su cintura. El también se veía sexy con el cabello húmedo y la mirada brillante.

–No. –admitió Hermione a regañadientes y más sonrojado aún. –En cualquier otra circunstancia, pero hoy quiero aprovechar para contarles a todo la noticia. Ya será suficiente atención. –continuó intentando razonar con su prometido.

Naturalmente, Ron hizo oídos sordos a todas sus palabras. Aprovechando que Hermione ya no podía retroceder la acorralo contra el tocador, colocando uno de sus brazos a cada lado del menudo cuerpo de la chica, cortando toda ruta de escape.

–Si tanta prisa tienes podemos obviar lo de sacarte el vestido. –murmuró Ron rosando sus labios contra la piel tersa de su cuello y sintiendo el estremecimiento que la recorrió. Ron llevo una mano hacia abajo, tocando suavemente el ruedo del vestido y la piel de los muslos de su amante. –Puedo simplemente levantarlo hasta tu cintura.

–Ron… –logró decir Hermione luego de pasar saliva. –Por favor… cuando regresamos. Podemos hacer lo que quieras cuando regresemos.

–Pero lo que yo quiero es follarte ahora. –confesó y antes que Hermione pudiera volver a objetar, la beso. Con uno de esos besos desesperados y demandantes a los que Hermione nunca podía resistirse. –Rápido y duro como a ti te gusta.

Para enfatizar sus palabras Ron presionó su cadera y la prueba de su deseo contra ella, lo cual le arrancó un gemido estrangulado.

Las manos de Hermione cobraron vida mientras seguían devorándose los labios uno al otro. Presionaron sus anchos hombros y luego se deslizaron por su pecho y abdomen, arañando sutilmente la piel tirante sobre los trabajados músculos. El entrenamiento para auror había hecho maravillas con la contextura del hombre y Hermione generalmente lo agradecía.

Cuando se separaron sus bocas, para poder respirar, y Ron bajo sus labios nuevamente hacia su cuello Hermione supo que todo intento de resistencia fue inútil.

–Ron… –susurró con voz trémula mientras quitaba la molesta toalla que cubría a su amante y se mecía suavemente contra él.

Como el pelirrojo había prometido, levantó la falda del vestido hasta dejarla toda arremangada en torno a la cintura de la chica. –Date la vuelta… –ordenó con voz ronca y profunda.

–¿Qu… qué? –preguntó Hermione totalmente perdida en los besos sobre su clavícula y el vaivén de sus cuerpos. El siguiente sonido que salió de la boca de ella fue una exclamación de sorpresa, cuando Ron se alejó un paso y tomándola con firmeza por las caderas, le hizo girar hasta estar de cara al tocador nuevamente.

Sorprendida por el repentino movimiento, no le quedo más remedio que apoyar las manos sobre el mueble para poder recuperar la estabilidad. Ron gruño pegándose a su espalda, llevo sus manos hacia el cuello de Hermione para retirarle el cabello, y poder besar su nuca.

–Ron… –susurró Hermione pero esta vez ya no había reticencia en su voz. Ella se había rendido por completo a las caricias de su amante y este no pudo más que sentirse orgulloso por ello.

Lentamente, Ron coló sus manos bajo la falda del vestido, acariciándole los muslos a Hermione hasta llegar al elástico de sus bragas, para luego comenzar a bajarlas.

–Llegué. Ron, Hermione. –escucharon gritar a Harry desde la sala.

Hermione saltó lejos de Ron tan enérgicamente que el pelirrojo casi cae de culo al piso.

–Hermione… –protestó mirando a la chica. Ella lo miraba a su vez, pero ya no había pasión en sus ojos, sólo vergüenza y sus mejillas ardían de un rojo brillante.

–Tienes que vestirte, Harry esta aquí. Vamos a llegar tarde. Te dije que era tarde. Tienes que apresurarte. –balbuceo aprisa mientras se acomodaba la ropa.

Ron no pudo más que gruñir de frustración cuando Hermione salió de la habitación dejándolo sólo, excitado e insatisfecho. Ni siquiera tenía tiempo de darse una ducha fría u ocuparse de su erección como se debe.

Comenzó a vestirse lanzando insultos y despotricando en voz baja contra Harry. Y es que Ron quería mucho a su mejor amigo, pero a veces no le caía nada bien.

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El trío dorado se apareció en la entrada de servicio de Circus, era algo que solían hacer para evitar la atención de algunos molestos reporteros. Los dueños del lugar, unos simpáticos y muy extrovertidos americanos que habían abierto el bar un año atrás, no tuvieron problemas en facilitarles esa entrada para que los jóvenes evitarán algunas molestas preguntas. Por supuesto, a cambio de la privacidad de la que gozaban los héroes de guerra, ellos debían decir a todo aquel que les preguntara que ese era el mejor lugar.

El lugar estaba lleno como de costumbre y la música sonaba a todo volumen, pero no fue difícil encontrar a sus amigos. Los sillones de la esquina superior del balcón siempre era ocupada por los ex miembros del ED. Ron, que era el más alto de los tres, podía distinguir el cabello rubio de Luna allí. Tomando la mano de su prometida se encaminó en dirección a las escaleras, abriéndose paso entre las personas que bailaban.

El grupo reunido era integrado por Luna, Dean, Lavander, Padme, George, Angelina, Neville y Hannah. Quienes estaban cómodamente sentados en diversos sillones muy cómodos y coloreados, alrededor de una mesa ratona con bebidas y canapés ya dispuestos. Todos le dieron una cálida bienvenida a los recién llegados y rápidamente se pusieron a conversar sobre las últimas noticias de cada uno. Antes de darse cuenta y sin proponérselo el grupo se dividió en dos. Las chicas por un lado y los chicos por otro, si ponían las banderas de las casas podría parecer que estaban de nuevo en Hogwarts.

Los tragos no tardaron en llegar, y llegaron en grandes cantidades. Hermione no tenía mucha resistencia al alcohol pero las chicas nunca la dejaban saltarse la ronda de chupitos. No paso demasiado tiempo antes de que estuviera mareada y riendo más ruidosamente de lo normal.

Luna les contó en detalle todos los preparativos para el viaje que emprendería en breve con su padre. Partiría para investigar criaturas mágicas en las que todavía Hermione no creía, pero apoyaba a su amiga si ese era el camino que la hacia feliz.

–¿Entonces cuando te vas?– preguntó Hermione dejando su vaso vacío sobre la mesa otra vez y tomando otro.

–En menos de un mes, creo. Papá tiene que terminar con unos arreglos en el periódico y será libre. –respondió la rubia tomando otro sorbo de su cerveza de mantequilla. –Quería cerrarlo, porque estaremos fuera varios años,– Hermione se atraganto con su bebida y cruzo una mirada de sorpresa con Lavander– pero lo convencí de nombrar un Director y apoderado. Sería una pena tirar el trabajo de años, puede retomar cuando regresemos y tendrá un lugar donde publicar nuestros descubrimientos.

–¿Años dices? –confirmo la castaña.

–Si. Comenzaremos por Europa del este pero quiero llegar al norte de África.

–Pero… –comenzó Lavander dubitativa. –¿Que pasa con.. crei que Dean y tú…

–Lo hemos dejado. –contó Luna como si nada, no parecía muy afligida, o siquiera un poco afligida, la verdad.

La afirmación pareció callar el resto de las conversación. Dean fue el único que rompió con el silencio mientras miraba a Luna con el ceño fruncido.

–Me has deja querrás decir.

La rubia sonrió como no fuera un reproche.

–Dean está enojado porque fui la primera en admitir que no estamos enamorados y no nos íbamos a casar. –explicó Luna para los presentes generando que los chicos se mirarán unos a otros incómodos. –O quizá haya dañado su ego no ser el amor de mi vida. – agregó esta vez en dirección a Hermione. La castaña boqueo como pez fuera del agua sin saber que responder. –Los hombres y su orgullo, ya sabes como es eso.

–Mi orgullo no tiene nada que ver. –contraataco Dean molestó. Para ese punto el ambiente del grupo era tan denso que se podía cortar con cuchillo.

–Claro que si. – respondió Luna toda serenidad y sonrisas cosa que parecía molestar más aún a Dean. –No eres el amor de mi vida. No se porque te enoja eso. Yo estoy bien con el hecho de no ser el amor de la tuya.

–Luna… –empezó a decir Harry que siempre parecía poder encauzar las conversaciones con la rubia. Pero en esta ocasión llego tarde porque al momento de decidirse a hablar Luna ya se había volteado hacia Hermione, para continuar una charla confidencial que todos estaban escuchando.

–Vamos a extrañarnos porque nos llevamos muy bien en la cama. Yo soy muy creativa y Dean tiene una muy buena resistencia sin mencionar que tiene un gran…

–¡Me encanta esta canción! –exclamó Lavander interrumpiendo la declaración de Luna y cortando las risas disimuladas de los hermanos Weasley, Neville y Harry. –¡Vamos a bailar!– La chica se puso de pie de un salto y automáticamente todos la miraron. Lavander llevaba un vestido de lentejuelas en diversos tonos de azul que se le pegaba al cuerpo como una segunda piel, terminando apenas en la mitad del muslo y con un importante escote. Algunos collares ocultaban las mordidas de su cuello aunque las cicatrices aún se notaban, pero a nadie le importaban. Estaba hermosa y despampanante y terriblemente sexy, era difícil no mirarla.

–¡Si, vamos! –secundó Hermione poniéndose de pie y tirando del brazo de Luna. –Tengo muchas ganas de bailar. Hannah, Angie ¿vienen?

Las chicas, que hasta hace un momento no sabían muy bien donde meterse, sonrieron agradecidas y se levantaron también.

Dean negó con la cabeza luciendo taciturno mientras las chicas bajaban a la pista de baile.

–Vas por la vida pensando que le gustas a tu novia pero en realidad resulta que sólo te usa para el sexo.

Los chicos rieron sin poder evitarlo.

–Mírale el lado bueno. –sugirió George. –Esta haciéndote buena publicidad.

Una nueva ronda de risas se alzó y hasta Dean sonrió de lado. Sólo Luna podía afrontar una separación con semejantes comentarios.

–¿Y lo es? –preguntó Ron.

–¿Qué cosa?

–El amor de tu vida. –aclaró –¿lo es? Porque si lo fuera serias un idiota por dejarla marchar.

El moreno lo miró con perplejidad, mitad asombrado porque no esperaba que alguien le hiciera esa pregunta y mitad porque no esperaba que ese alguien fuera Ron.

–No. –respondió honestamente apurando la última parte de su whisky de fuego. –Pero eso no significa que no sea importante.

Tomó otro vaso de la mesa y lo bebió en un solo trago.

–Lo siento. –se solidarizó Neville, que era quien más conocía a Dean de los presentes y por lejos el más sensible y considerado. –Pero si ella no es la indicada entonces quizá haber terminado sea lo mejor. Para no retenerse uno al otro.

–Lo sé, lo sé. –respondió el aludido con pesar. –Sólo es que pensé que estábamos bien y que yo era importante para ella. Pero no parece afectada en lo absoluto y ya estoy extrañándola. –tomó otro vaso de la mesa y lo levantó en un brindis silencioso hacia sus amigos. –Estaré bien. Voy a enfrentarme a esto como cualquier otro adulto. –volvió a vaciar el vaso de un trago largo. –Con mucho mucho alcohol.

Los chicos volvieron a reír y levantaron sus copas para brindar.

–Por las mujeres que nos usan para el sexo. –clamó George y todos estallaron en carcajadas antes de beber su trago.

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En medio de la pista las chicas bailaban, bebían y reían olvidando por completo la incomodidad de la escena que habían presenciado. Las luces de colores intermitentes y la música hacían al lugar muy parecido a una discoteca muggle. Claro que allí las bandejas con chupitos no levitaban solas.

Luna (que nunca había tenido vergüenza por lo que la gente pudiera pensar) y Hermione (que estaba algo más que pasada de copas) saltaban y daban giros. No había forma de encontrar el ritmo que la rubia seguía, pero la castaña meneaba sus caderas con sensualidad. Angie guiaba a Hannah y a Lavander como bailarín profesional, haciéndolas girar y marcándole los pasos, pero Lavander estaba bastante limitada en sus movimientos.

–Ug. –bufo la chica molesta de no poder bailar con soltura como sus amigas. –¿En que estaba pensando cuando me puse este vestido?

Las chicas rieron y Hermione se acercó para hablarle cerca del oído. –En eso. –señaló con un movimiento de cabeza a tres chicos muy guapos sentados en la barra que no despegaban sus ojos de la chica.

Lavander los evaluó un momento y sonrió en respuesta.

–Creo que me cansé de bailar y mis pies necesitan unos masajes. –le comento con tono coqueto y una sonrisa depredadora. –Nos vemos. – la chica se encaminó hacia los tres chicos en la barra. Estos sonrieron embelesados.

Hermione y Angie se miraron con complicidad y rompieron a reír. Todas las mujeres deberían tener la confianza en si mismas que Lavander tenía.

–¿Esta bien que la dejemos ir sola?– preguntó Hannah con preocupación mirando a Lavander, quien reía y coqueteaba despreocupadamente.

–Claro que esta bien. –respondió Luna.

–Déjala divertirse. – pidió Angie retomando el baile, esta vez tomando a Luna como compañera para intentar siguiera la misma música que todos los demás. Cosa obviamente imposible.

–Es más – exclamó Hermione sonriendo perversamente a Hannah. –Ve a conseguir algo de diversión tú también.

La chica se sonrojo violentamente y pareció encogerse en medio de la pista de baile. – N… no puedo. No podría. –tartamudeo.

–¿Porqué no? – preguntó Angie tomando las manos de Luna por tercera vez para que dejará de agitar los brazos en el aire.

Hannah se encogió aún más y miró con pena a Lavander. – No soy como ella.

-Nadie lo es. Lavander es lo más parecido a una veela que una bruja puede ser sin llegar a tener sangre de una. – comentó Hermione. –Pero eso no importa. Tu eres bonita a tu manera y puedes conseguir toda la diversión que quieras.

La cara de Hannah enrojeció varios tonos más.

Hermione miró a Hannah un momento, aunque le costó dos intentos poder centrar la vista por los tragos que llevaba. No le mintió cuando dijo que era bonita, la chica realmente lo era, solamente se acomplejada por no ser tan delgada como la moda lo dictaba. A la castaña también le habían acomplejado sus caderas en una época, pero Ron se había encargado de quitarle cualquier rastro de inseguridad a base de besos y caricias y muchas palabras sucias susurradas con voz ronca. Lo que Hannah necesitaba es que algún chico (o algunos chicos) le quitará la inseguridades también, era obvio para Hermione que no tenía razones para tenerlas.

–Angie, dame tu cinturón. –pidió la castaña mientras evaluaba el atuendo de su amiga. Llevaba zapatos bajos y un vestido abotonado al frente por la rodilla, suelto y de color negro. No estaba mal, pero no estaba bien. –Déjame intentar algo ¿si?

Hermione tomó el cinturón rojo que Angie y lo amarró a la cintura alta de Hannah, justo donde su busto terminaba y le desprendió dos botones al vestido. A continuación sacó su varita de la funda que llevaba amarrada al muslo (escondida bajo la falda del vestido) y transfiguro sus zapatos para que tuvieran un poco de taco.

–Luna..

–Toma mi labial rojo. –las chicas cruzaron una mirada cómplice.

–Tienes que aprender a resaltar tus aspectos positivos y no concentrarte en lo que te hace sentir insegura. – explicó Hermione mientras le pintaba los labios a su amiga. –Pero sobre todo tienes que relajarte y ser simpática, a los chicos siempre les gustaras más si sonríes.

–¿De donde sacaste eso? –pregunto Hannah divertida y avergonzada en partes iguales.

–De Lavander, por supuesto. Ella me eligió este vestido y Ron casi me lo arranca con los dientes cuando me vio con el. – eso no era algo que Hermione contaría tan abiertamente pero el alcohol solía aflojar su lengua bastante. Las chicas rieron de su declaración y eso hizo que Hannah se relajara.

–¿Me veo mejor? –preguntó sonriendo con timidez.

–Estas perfecta. –alabó la castaña pasando le de regreso su labial a Luna. –Ahora vamos a conseguirte esa diversión de la que hablábamos. –sin darle tiempo para protestar, tomó la mano de la chica y se encaminó a la mesa con bancos altos, donde Lavander y los tres chicos guapos se habían sentado a charlar.

–Hola. –sonrió Hermione Con la sonrisa más coqueta que tenía tomando asiento al lado de Lavander y jalando a Hannah para que se sentará también. –Nos hemos cansado de bailar y vinimos a hacerles compañía.

Lavander las miró con curiosidad por un momento, luego sonrió y prosiguió a hacer las correspondientes presentaciones.

–Chicos ellas son mis amigas Hannah y Hermione. –indicó con un delicado ademán de mano. –Chicas estos son Jessie, Paul y Malcom. Recién llegaron a Inglaterra después de viajar por Francia.

–Eso es genial, me encanta París. –comentó Hermione alegremente. –Hannah habla un perfecto francés ¿saben?

La aludida miró a Hermione con los ojos abiertos por el asombro mientras, a su vez Jessie (quien estaba sentado justo en frente de la chica) la miraba a ella con el interés brillando en sus ojos verdes.

–¿En serio? – le preguntó con una melodiosa y agradable voz de Soprano.

–No, no, claro que no. – Hannah sonrió avergonzada. –Hermione sólo esta bromeando. Yo difícilmente habló bien mi propio idioma, no pensaría en aprender otro.

Jessie río lo que pensó que era un chiste y se inclinó un poco en dirección a ella. –Creo que podrías aprender muy bien. Puedo enseñarte si quieres, soy un magnífico profesor. –agregó con galantería.

Hannah se sonrojo pero tuvo el buen tino de sonreírle en respuesta. Después de romper el hielo la conversación siguió muy fluidamente y las indirectas de Jessie hacia Hannah eran cada vez menos indirectas, a lo cuál la chica se sonrojada y sonreía coquetamente. Todo era muy divertido pero Hermione supo que era momento de dejar de beber cuando falló tres veces el orden gramatical de una frase y todos rieron (ella incluida).

Paul, quien estaba sentado más cerca de Hermione, había intentado coquetear con ella, sonreía ampliamente mostrando sus dientes blancos y de vez en cuando pasaba las manos por su espeso y brillante cabello rubio. Pero el interés en sus ojos se había evaporado rápidamente al notar que no tenía oportunidad, él ya sabía quien era ella y a quien pertenecía. De todas formas conversó con ella animadamente de sus viajes y de temas de interés, era unos años mayor que ellas y tenía muchas anécdotas que arrancaban carcajadas a las chicas.

Repentinamente alguien llegó a interrumpir la charla. Ron se paró detrás de Hermione y apoyo sus manos sobre la mesa y a cada lado del cuerpo de su novia, inclinándose levemente hacia ella. Hermione no necesitaba verle la cara para saber que estaba enojado, extrañamente lejos de molestarse, se dio cuenta que había echado de menos sus pequeñas escenas de celos.

–¿Lo están pasando bien? –preguntó el recién llegado. En su voz se notaba un tono afilado, algo peligroso y Hermione considero que quizá eso no seria una "pequeña" escena de celos.

–Muy bien, amor. – le miró por sobre hombro con una gran sonrisa. –Te presentó a Jessie, Paul y Malcom. Acaban de volver de un viaje por Francia. Jessie se ha ofrecido a enseñarle francés a Hannah. –señaló esperando que entendiera la indirecta. –Chicos este es Ron, el amor de mi vida y mi futuro esposo.

-¡¿Qué?! -exclamaron Lavander y Hannah al mismo tiempo.

-Ups. -río Hermione bajándose de la silla alta de una saltito, derecho a los brazos de Ron. – Lo olvidé. Después les cuento. -guiño a sus amigas. -Fue un placer conocerlos. -se despidió de los jóvenes.

Tomando la mano de un sorprendido pelirrojo lo arrastró lejos de sus nuevos conocidos, directo al centro de la pista de baile.

-No estabas a punto de hacerme una escenita de celos ¿cierto amor? -se burló dando la vuelta y rodeándole el cuello con los brazos.

Las orejas de Ron se pusieron rojas como cada vez que se avergonzaba por algo pero negó la afirmación bastante convincentemente. Hermione río de él negando suavemente con la cabeza y comenzando a bailar al ritmo de la música muy pegada a Ron.

-En todo caso no soy el único celoso. -comentó el pelirrojo señalando con un gesto de cabeza en dirección a su palco. Hermione volteó a ver encontrándose a Neville asomado al barandal con la vista fija en sus amigas. Más concretamente en Hannah, quien seguía riendo y coqueteando con Jessie. El rostro de su amigo estaba muy serio y denotaba malestar en cada gesto.

-No puede culpar a nadie más que a sí mismo si Hannah termina con otro. -señaló con cierta amargura. -Hace tiempo que le gusta y aún así no hace nada.

-Quizá aún lo esta procesando. Dale tiempo.

-¿Siete años? -arqueo las cejas.

-No fueron siete años. -se defendió Ron.

-Ajá. -Fue toda la respuesta de Hermione antes de besarlo y terminar con el tema. La música, para fortuna de Ron que nunca había tenido un gran sentido del ritmo, se volvió más lenta y sensual.

Hermione se movía contra el con gracia, sensualidad y toda intención de provocarle. Sabiendo que estaba completamente a su merced, Ron sólo se dedico a apoyar las manos en sus caderas y disfrutar del espectáculo que era su chica. Pasado un rato quizá estuviera disfrutando un poco mucho.

-Eres cruel… -le susurró Ron al oído cuando Hermione se dio la vuelta y se pego a él aun mas continuando con sus excitantes movimientos. -Tu continua buscándome y no te gustará lo que encontrarás. -amenazó besándole el cuello.

Hermione lo miró por sobre el hombro con los ojos encendidos por la misma pasión que seguramente ardía en los de él. -oh, pero estoy segura que si me gustará.

Sin esperar respuesta, por segunda vez en la noche, la chica tomó su mano y lo jaló para que la siguiera por en medio de la pista. Sólo que en esta ocasión iban en dirección contraria.

Cuando hubieran dejado la pista atrás el ambiente era mucho más íntimo y menos ruidoso. Había sillones y mesitas donde la gente charlaba más tranquilamente y varias parejas aprovechaban para besarse, algunas de formas bastante indecentes estando en un lugar público.

Hermione empujó a Ron dentro del rellano de un ventanal y cerró las espesas cortinas ocultándolos de miradas curiosas. Con un rápido movimiento de varita y un hechizo no verbal aseguró las cortinas y oscureció los vidrios del ventanal. Rápidamente le echó los brazos al cuello y lo besó apasionadamente. Ni lento ni perezoso, Ron respondió al beso con entusiasmo. Las manos de Hermione cobraron vida rápidamente colándose por debajo de la camisa de Ron, le acaricio el pecho y le raspo el abdomen delicadamente con las uñas. Esto provocó un gruñido por parte del pelirrojo, quien en respuesta posó las manos en el trasero de Hermione y la presionó contra su ingle, para que ella pudiera sentir el efecto que sus acciones causaban. El ya estaba listo y dispuesto para lo que ella quisiera. Aunque había algo que lo estaba molestando.

-Hermione… -gruño con voz ronca separando sus labios de los de la chica, cosa que ella aprovechó para atacar la piel sensible de su garganta. Ron tuvo que pasar saliva antes de conseguir hablar. -Estas ebria… - se lamentó.

Hermione río con los labios aún sobre su cuello y se restregó todo lo larga que era contra el cuerpo de su novio, haciéndole sentir todas sus curvas.

-¿Y no quieres aprovecharte de mi? -se burló.

-Claro que no… -gruño con voz ronca.

-Bueno. No hay problema. Puedes quedarte quietecito mientras yo me aprovechó de ti. -río Hermione antes de dejarse caer de rodillas ante Ron y comenzar a desprender su cinturón.

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Hice un poquito de investigación. Y este señor es un personaje de los libros miembro del Wizengamot que renunció por estar en contra de la campaña de difamación de Dumbledore.

Pollerudo se le dice en mi país a los hombres cuyas esposas o novias gobiernan. No conocía algún otro término más genérico.

Bueno volví con un nuevo capítulo un poquito más largo que los últimos. Espero les guste.

Besos y abrazos.