Era una mañana tranquila, el sonido de el canto de los pájaros se escuchaba en la lejanía desde donde estaban Jeff y Chris. Jeff paseaba por el amplio jardín de la que sería su nueva casa, sus ojos azules de perdían entre las nubes y si separaba la mirada del cielo era solo para mirar como su madre firmaba una gran cantidad de papeles que le daba un señor alto y calvo.
Chris, el hermano pequeño de Jeff, correteaba por los alrededores de la casa, intentando acostumbrarse a ella y conocer cada rincón.
Cuando su madre terminó de firmar, unos hombres con monos azules empezaron a entrar algunas cajas. La mayoría de cosas ya estaban allí, y ya habían estado limpiando, así que solo faltaba poner algunas lámparas, unos jarrones, manteles y parte de la vajilla.
Cuando los chicos vieron a su madre entrar, ambos la siguieron, Chris sin dejar su rápido ritmo y Jeff con su marcha pausada.
Su madre les enseño la casa y sus respectivas habitaciones, habían estado años durmiendo en la misma habitación. Debían acostarse pronto, puesto que empezaban mañana en su nuevo instituto y no les era conveniente llegar tarde.
Chris, al cual le costaba bastante coger el sueño, se levantó por la noche para ir a la cama de su hermano mayor. No solía hablar mal de su hermano, pero no le gustaba cuando se acostaba con la misma ropa. Usualmente llevaba una chamarra blanca, al igual que el pantalón, y una camisa roja, y siempre se acostaba con esa misma ropa. Su excusa era que al menos se quitaba la chamarra—aún que Jeff, más que considerarlo una excusa, lo consideraba un argumento—Chris, sin embargo, no lo hacía porque su ropa consistía en sudadera y vaqueros, lo cual no resultaba demasiado cómodo.
Se acuclilló frente a la cama de Jeff y lo miró atentamente mientras golpeaba con su dedo índice el hombro de su hermano.
Jeff se frotó la cara con la mano mientras abría los ojos y hacía ese ruido extraño que hacemos al despertar, ese que se parece a una «m» prolongada.
—¿Chris? ¿Que pasa?—dijo con voz adormilada.
Chris se sentó en el suelo antes de seguir hablando.
—Hemos venido aquí para vivir con papá, ¿cuando va a llegar?
Jeff y Chris apenas se llevaban dos años, y, a pesar de que Chris pudiera tener una mente ágil, Jeff era bastante más maduro que él.
Sin ánimos ni ganas de inventarse una mentira, fingió un bostezo y se limitó a contarle lo que su madre le había dicho.
—Papá no vendrá hasta que termine su viaje de negocios, no sabemos cuando podrá volver.
Su padre se había marchado de casa hacía ocho años, cuando Jeff tenía seis y Chris cuatro. Su madre se había inventado que ahora estaba viviendo en esta ciudad, pero cuando Jeff cumplió los catorce, ese mismo año, su madre le contó la verdad.
Chris volvió a su habitación para acostarse y dormir de una vez por todas.
A la mañana siguiente, desayunaron rápidamente, se vistieron con su ropa habitual, salvo Jeff, que solo se puso su chamarra, y cogieron el bus para ir hacia su nuevo instituto.
Cuando los hermanos entraron por la puerta—que, por cierto, hubiese estado divertido que entrasen por la ventana.—fueron directamente hacia la secretaría para saber cuales eran sus horarios, asignaturas, taquillas y clases. Luego, cada uno se fue por un lado, puesto que sus taquillas estaban separadas.
Después de que Jeff metiera todos sus libros en su taquilla, se topó con la atenta mirada de unos iris esmeralda. Al principio pensaba que era su hermano, pero después vio que era una chica, que destacaba por tener una mecha azul entre su cabello castaño.
—Hola, soy Nives—dijo tendiéndole una mano, con una sonrisa que le atravesaba la cara.—, DeVentica—añadió.
Jeff tomó la mano, confundido por su amabilidad y por su firma de llegar y presentarse, como si fuera lo normal. Aunque quizá fuese lo normal allí.
—Jeff.—se presentó sonriendo también, aún que sin dejar de lado su confusión.
—¿Sois nuevos?—¿como sabía ella que Jeff no estaba solo?—Tú y tu hermano Chris.
Hasta ese momento, no había reparado en que Chris estaba detrás de ella, a unos pocos metros de distancia.
Antes de poder contestar, Jeff oyó un ruido tras él, de un casillero cerrándose. Se dio la vuelta sobresaltado y vio a otra chica, de cabellos cortos y castaños y ropa de colores rojos, azules y negros oscuros, la cual le devolvió una mirada de impasibilidad ante su susto, para después marcharse hacia el interior del pasillo.
—Coraline Healwheater.—la presentó Nives cruzándose de brazos.—, un amor de persona.—terminó sarcásticamente.
Chris rió mientras Jeff la seguía con la mirada pasillo abajo.
—Y Jack Airliens.—se presentó un chico que parecía haber aparecido de la nada, les dio la mano a los hermanos y le sonrió a Nives.
Después de todas las presentaciones, marcharon hacia sus clases. Jack y Nives iban juntos a algunas, Chris no coincidió con nadie y Jeff compartió la última clase con Coraline. Con la cual tuvo el placer de tener una interesante conversación.
