Se removió incómoda, tratando de encontrar su lugar en la silla pero también tratando de hacer la menor cantidad de ruido posible. No quería molestarlo, no quería despertarlo pero al mismo tiempo luchaba desesperadamente contra sus ganas de gritar y hacer ruido, todo el ruido que se pudiera con tal de conseguir que su compañero, su pareja, su colega, su torpe zorro despertara de aquel letargo que parecía no tener final.

Por fin encontró una posición relativamente cómoda (¡Por Dios! ¡Hacía horas que había dejado de sentir las piernas y aborrecía el olor a antisépticos! ¡Aborrecía los hospitales! Y aborrecía a ese estúpido lobo que había disparado su arma contra ella) cuando un gruñido gutural la sacó de sus pensamientos. Primero creyó que no era real, pero luego algo la hizo sobresaltarse en la oscuridad.

—Za-Zanahorias…

— ¡Nick! —Exclamó en voz baja levantándose de golpe y encaminándose hasta la cama.

—Zanahorias. —Murmuró él con voz ronca mientras buscaba el rostro de Judy en la oscuridad.


Not gonna die (La verdad escuchaba a Skillet con una canción que lleva ése título cuando ésta idea comenzó a tomar forma, espero la disfruten).


Toda la operación estaba montada, lo único que tenían que hacer era entrar al viejo edificio en donde, supuestamente, se encontraban los contrabandistas, una manada de lobos a los que tenían meses persiguiendo.

En ésta ocasión incluso Bogo había tomado un papel, encabezando la redada que organizaban. Las nubes de tormenta hacían bastante ruido, en cualquier momento se soltaría la lluvia y eso sólo dificultaría la operación si no se daban prisa en entrar. Sin embargo, no iba a iniciar el operativo sin sus estrellitas, que estacionaban el Mustang negro a toda prisa para correr a tomar los chalecos antibalas que les ofrecía Lobato; Judy aprestó su arma y se reportó con Bogo con una mirada cargada de furia y otros significados. Nick se acercó a ellos paseando la mirada en los rostros de todos los animales que los rodeaban. Por alguna razón no había paquidermos.

—Será cosa de discreción. —Murmuró para sí mismo.

—Hopps y Wilde irán por la parte trasera del edificio, no dejen que nadie salga, disparen a discreción a menos que sea necesario tomar medidas más fuertes.

—Entendido/Sí, señor.

— ¿Los demás, están claros?

—Sí, señor. —Murmuraron al unísono.

—Movilícense entonces.

Un rayo surcó el cielo y el ruido atronador seguido por la luz iluminó los rostros de todos en el lugar. Judy y Nick salieron a la retaguardia seguidos de otros dos tigres y un lobo. Trataban de hacerlo todo con sigilo pero sus pisadas en la tierra húmeda sonaban con demasiada fuerza en los oídos de Judy, quien miraba hacia atrás de vez en cuando.

La lluvia se desató sin avisar, cubriendo a los oficiales que acompañaban a Nick y Judy, todos intercambiaron miradas de incomodidad y fue Nick quien abrió la puerta en silencio, sosteniendo el arma en alto para comprobar que nadie estuviera rondando cerca. Asintió una sola vez y todos entraron a refugiarse cerca de la entrada.

Disparos sonaron arriba, seguidos de pasos, no sólo garras sino también pezuñas retumbando contra el suelo viejo de madera, dos sombras que salieron disparadas a la puerta, una recibió un disparo en la pata izquierda y la otra logró escapar.

— ¡Oficial Hopps iniciando persecución! —Gritó Judy corriendo tras el lobo que acababa de escaparse, no parecía ir armado, así que decidió aventurarse sola. Claro, Nick no la dejó. Salió en seguida, apuntando en todo momento con el seguro de la pistola puesto, no quería disparar a Judy por accidente. Dos lobos trataron de salir por una de las laterales, cuestión que consiguió que Nick tuviera que regresar sobre sus pasos para tratar de detenerlos.

Judy se quedó a solas con el lobo al que persiguió por varias cuadras.

Y la persecución los llevó hasta un callejón sin salida, donde el lobo encaró a la oficial riéndose burlesco al percatarse de que se trataba de una coneja.

No cualquier coneja, muchos rumores había sobre una oficial nueva, la primera coneja en convertirse en policía. La mejor de su clase en la academia de policía. La que había logrado desbaratar la red de Bellwether. Y tenía frente a sí precisamente a esa coneja. Sonrió burlesco sacando un arma de entre los pliegues de su chaqueta.

El viento rugía en los oídos de ambos, habían pronosticado la peor tormenta de la historia de la ciudad justo para esa noche, pero Bogo y los otros, todo el mundo había dicho que era prácticamente imposible que cayera precisamente ése día, los del clima siempre se equivocaban con sus predicciones. Y aun así la lluvia caía con toda su furia, hiriendo la piel de los animales por la brutalidad y el tamaño de cada gota que se desprendía de la nube para atacar la tierra.

—Ríndete. —Amenazó Judy quitándole el seguro al arma. —El resto de tus hombres están ya bajo el cuidado de los míos, así que sólo te queda de una sopa.

—Coneja idiota, no me van a capturar así nada más.

—Es inútil ofrecer resistencia. Y yo recomendaría guardar silencio, todo lo que hagas y digas será usado en tu…

Pero el disparo la obligó a ponerse a cubierto tras un enorme contenedor de basura. El lobo también corrió a ocultarse al percatarse de que Hopps, en contra de todos sus principios, estaba abriendo fuego. Intercambiaron varios disparos hasta que la coneja decidió que aquello era torpe de su parte, de todos modos no lo alcanzaría ninguna bala. Un momento de duda la hizo planear una nueva estrategia, desde ahí no podía atraparlo, así que se arriesgó a lanzarse al otro lado del callejón, a los contenedores del frente.

Mala idea.

Vio un destello, primero no supo si se habría tratado de un nuevo rayo surcando el cielo y luego se dio cuenta de que era una punzada de dolor. Chispitas blancas bailando frente a sus ojos gracias al dolor del disparo, le había dado en el brazo izquierdo. La ventaja de ser diestra radicaba en que podía seguir disparando, la desventaja era que acababa de perder su brazo de apoyo para disparar. Sintió el dolor hasta que vio la sangre, rojo intenso, brotar a borbotones por la herida y mancharle el brazo.

Escuchó la risa histérica del lobo al otro lado del callejón, envalentonada por la descarga de adrenalina asomó medio cuerpo disparando, consiguiendo darle en una oreja al lobo y arrancarle un aullido de dolor.

Escuchó como el seguro de un arma era retirado y reconoció la escopeta recortada al ser cargada; cuando cortabas el cartucho de una escopeta, bueno, el sonido era peculiar y escalofriante, parecido a la muerte. Giró sobre sí misma y recargó el peso de su cuerpo contra el contenedor. Dos lobos la miraban con sonrisas descompuestas, muecas de sadismo y locura por tener a su merced el trofeo de Bogo.

Un nuevo rayo surco el cielo, iluminando de manera macabra el rostro de los lobos, Judy cerró los ojos horrorizada y escuchó el disparo esperando lo peor. Aclarando, lo peor en un escenario en el que sólo estaba ella, porque el segundo peor escenario era…

—Torpe coneja… —Murmuró Nick cayendo de rodillas frente a ella. Sus palabras salieron agónicas y entrecortadas, como si le costara muchísimo trabajo decirlas. Judy abrió los ojos horrorizada y percatándose de que su peor pesadilla se desarrollaba frente a sus ojos. —Nunca cierres los ojos si están por dispararte.


¿Qué tal? ¿Merece un review?