DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a natalayx.Yo solo me adjudico la traducción.

Capítulo beteado por Yanina Barboza, Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)

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Canción del capítulo: 'When You´re Gone' de Avril Lavigne


Summer Rose.

Capítulo 10

POV Bella.

Cuando Rose termina de hablar con Elizabeth, me dice que ella ya fue contactada acerca de Edward. Después de convencer a Rose de que estoy bien y que estaré bien si se va, conduzco directo hacia la casa de mi suegra.

Cuando Elizabeth abre la puerta, sus ojos están rojos del llanto y tiene rastros de lágrimas en su mejilla. Reprimo un sollozo al verla y ella me atrae a sus brazos, susurrado un: «Oh, cariño», mientras sus brazos se enredan a mi alrededor como un escudo protector. Me aferro con fuerza a ella, mi cuerpo temblando contra ella.

—¿Qué es lo que voy a hacer?

—Ven —dice, acariciando mi cabello mientras me lleva hacia dentro. No me suelta mientras nos sentamos en el sofá. En su lugar, me acerca más a ella.

—No puedo perderlo —lloro en su cuello.

—No lo harás —responde con confianza, separándome un poco de ella para mirarme a los ojos—. Él es fuerte, Bella. Luchará.

—Pero qué si…

—Sin "peros" ni "y si" —me interrumpe con una mirada llena de determinación—. Él saldrá de esto.

Parpadeo para evitar las lágrimas, asintiendo mientras me acuesto en el sofá. Descansando mi cabeza en su regazo, mis lágrimas mojan la tela de su pantalón. Cuando finalmente me recupero, Lizzie sugiere que vayamos a la cocina. Me siento mientras ella rebusca en la alacena, sacando dos tazas y un tazón de azúcar.

Mi boca se curva en una triste sonrisa mientras ella llena la tetera con agua y la pone a hervir en la estufa.

Edward ama tomar té de esta manera.


Elizabeth insiste en que me quede con ella por una semana. Creo que piensa que me sentaré en una esquina oscura y nunca me moveré. Solamente me quedo por tres días hasta que todo se vuelve demasiado. No puedo soportar estar sentada sin hacer nada, dejando que hagan todo por mí.

Estoy embarazada y mi corazón duele; pero no estoy paralizada.

Ella insiste en llevarme a casa y en tomar el autobús de vuelta a la suya. Me niego, asegurándole que estaré bien y que la llamaré tan pronto como llegue a casa.

Cuando me estaciono frente a la casa, Alice está sentada en los escalones y Jasper está recargado contra uno de los postes del porche. Ella mira hacia Jasper cuando él le dice algo mientras salgo del auto. Su cabeza gira en mi dirección cuando cierro la puerta del auto.

Cuando llego hacia ellos, ella se levanta con rapidez.

—Lo siento tanto, B —murmura, parándose de puntas para poder enredar sus brazos a mi alrededor en un suave abrazo.

Suspirando con pesadez, le devuelvo el abrazo con fuerza.

—Gracias —susurro contra su cabeza—. Hola, Jazzy —lo saludo, dándole una media sonrisa.

—Hola, cariño —responde con amabilidad, poniendo su mano en mi brazo y apretándolo suavemente—. Lamento lo de Ed.

—También yo —respondo, sonriendo con tristeza—. ¿Pasan? —pregunto, mirando entre ellos.

—Por supuesto —contesta Alice, entrelazando su mano con la mía mientras atravesamos el porche y entramos a la casa.


—¿Cómo está Lizzie? —pregunta Alice, preocupada.

—Está bien. Se mantiene ocupada —contesto, tomando un sorbo de agua—. Quería que me quedara por una semana, pero no pude soportarlo.

—¿Se puso en modo maternal contigo? —Jasper ríe.

Sonrío con suavidad.

—Sí.

—Esa es probablemente su manera de lidiar con las cosas —dice Alice con tristeza—. Preocuparse por ti porque no puede hacerlo por el hijo que quiere.

Mi sonrisa se desvanece y mis ojos se llenan de lágrimas.

—Oh, Bella —susurra Alice, poniendo su mano en mi rodilla—. Lo siento.

—No, no —le digo, palmeando su mano—. Está bien.

Alice y Jasper me hablan de sus vacaciones en Los Hamptons; ella me cuenta lo hermoso que está todo y que tengo que ir un día después del nacimiento de Summer, porque los spas de ahí son el paraíso. Jasper bromea acerca de cómo Alice enloqueció cuando vio a unas cuantas celebridades por ahí y sobre cómo se emocionó al extremo cuando vio a Sandra Bullock que incluso se desmayó.

Es la primera vez en tres días que me río y esbozo una sonrisa genuina.

El ruido de mi teléfono sonando me saca de mi buen humor. Una sombra de oscuridad, repleta de miedo, llena mis huesos y hiela mi sangre. Me siento congelada en mi lugar, mirándolo mientras suena. Alice responde, su voz suena lejana mientras habla con quien sea que esté del otro lado.

Me hace señas un par de veces, llamándome en voz baja y sacándome de mi estupor. Me sonríe para darme ánimos.

—No me pueden decir nada.

Tomando el teléfono de sus manos, lo pongo contra mi oreja y dejo salir un tembloroso suspiro.

—¿Hola?

—Hola, ¿señora Masen?

—Llámeme Bella —respondo.

—Bella será. Soy el doctor Carlisle Cullen de la estación médica de Afganistán.

—Hola, doctor Cullen —saludo con amabilidad—. ¿Cómo puedo ayudarlo?

—Su número me fue dado para mantenerla informada acerca de la condición de su esposo.

—¿Cómo está? —pregunto, ansiosa.

—La presión sanguínea está estable y ya respira por su cuenta.

—Gracias a Dios —respondo, aliviada.

—Pero lamento decirle que aún no hay ninguna respuesta de su parte —me dice, sonando genuinamente triste.

—Bien —digo, respirando con dificultad.

—No pierda la esperanza, Bella —dice con sinceridad—. Hemos tenido muchas mejorías de casos similares.

—Trataré, doctor Cullen —respondo con tristeza.

—Llámame Carlisle, cariño —ríe, imitando mi anterior petición—. Llamaré si algo más cambia.

—Gracias —susurro antes de colgar.

Repito la conversación con Carlisle para Alice y Jasper. Ellos me dicen que Carlisle tiene razón y que no debo perder la esperanza; la gente ha estado en peores condiciones que las de Edward y ha sobrevivido. Summer comienza a patear con ferocidad y cuando Alice lo nota sonríe ampliamente y pone sus manos en mi estómago para sentirla. Ya la ha sentido antes, pero siempre tiene la misma reacción y cada vez chilla de emoción; esto me provoca otra amplia sonrisa.

Se quedan por unas horas más y hablamos acerca de cómo voy con el embarazo y cómo está quedando la habitación de Summer. Les digo que aún no he puesto el moisés o la cuna. Jasper dice que llamará a Seth y Jake para que le ayuden a ponerlo, así como una cajonera. Cuando les digo que aún me faltan sábanas y un móvil, Alice se ofrece a llevarme de compras, lo cual no me sorprende.

Con el tema de la habitación de la bebé, mis pensamientos regresan a Edward y los sentimientos de tristeza por él al no estar aquí para ayudarme con todo eso, como sé que él quisiera, me envuelven.

—Será mejor que nos vayamos —dice Jasper, sintiendo mi necesidad de estar sola.

—Gracias por venir —digo con cariño.

—No lo agradezcas, cariño —responde con honestidad.

—¿Quieres que me quede? —pregunta Alice, preocupada.

—Gracias, Ali, pero necesito estar sola por ahora —respondo con tristeza, llevándolos a la puerta.

Jasper me abraza y besa mi cabeza.

—Si necesitas cualquier cosa, llámanos, ¿de acuerdo?

Asiento contra su pecho antes de romper nuestra unión.

—Lo haré.

Una vez que Alice y Jasper se han ido, saco mi teléfono y desbloqueo la pantalla. Busco entre mis contactos hasta que encuentro a Lizzie. La llamo, cumpliendo la promesa que le hice antes de dejar su casa.


Las siguientes semanas son una tortura.

No he escuchado nada desde que el doctor Cullen me llamó ese día. Me dijo que él me iba a mantener informada acerca del progreso de Edward, pero todo lo que he obtenido son emails de las enfermeras diciéndome que no ha habido ningún cambio.

Cada vez que el teléfono suena, mi corazón retumba contra mis huesos, tratando de escapar de mi cuerpo. Mi corazón, alma y mente están perdidos sin él.

En la noche me remuevo todo el tiempo, incapaz de dormir ante la visión de su espacio vacío. Él está destinado para estar aquí conmigo, viviendo estos recuerdos de nuestra bebé creciendo dentro de mí.

Hay días en los que me siento completamente perdida, sintiéndome enloquecer. Esos días, no puedo verme sin él; ni siquiera puedo pensar en eso. Nunca seré la misma, nunca lo lograré sin él.

Pero luego pienso en nuestra Summer Rose y ella me da la fuerza para seguir.

Me lo imagino junto a mí, jugando con el cabello que cae en mi rostro, su mano en mi estómago, con los ojos maravillados y llenos de alegría al sentir a nuestra niña patear contra su palma. Suspirando, acaricio mi estómago, pensando en Edward. Summer patea contra mi mano y no puedo evitar las lágrimas. Es como si supiera que estoy preocupada por su papi y tratara de decirme que está asustada también.

—Él estará bien, cariño —susurro, mi voz suena demasiado fuerte en la habitación vacía. Me giro y tomo las sábanas del lado de Edward mientras mi otra mano acaricia mi estómago—. Tiene que estarlo —sollozo, mi cuerpo tiembla mientras lloro en su almohada.


Lamento el pequeño retraso con la actualización, pero ya estamos de vuelta :D

Capítulo triste pero ya pronto tendremos noticias de Edward y Emmett, así que no se desesperen. ¿Qué les pareció?

No olviden dejar sus reviews con sus opiniones y nos leemos la siguiente semana con un nuevo capítulo de esta bonita historia :)

¡Hasta la próxima!

xx