Primero que nada una aclaración. Sí es un NickXJudy, no es sólo friendship.
Continuando con ésto...
Hugo Med Lob: Respondiendo a tu pregunta, sí, sí me inspiré en una canción de Skillet ;D
ThePhantomPain02: Sé que ha sido algo corta (Mil gracias por el comentario en ¿Qué tienen los ascensores? Lo amé) Originalmente ésto iba a ser un One-shot, pero estaba quedando tan largo que decidí dividirlo en microclímax y publicarlo como historia en caps, aún no lo termino, pero espero poder actualizar al menos uno al día.
Flame n' Shadows: Me encantó tu comentario. Espero que te guste la historia.
Marianne E: ¡Mi más sincero gracias! Tanto por el mensaje como por los comentarios. Me agrada que te gusten mis historias 3
Hesvan: Bajo ninguna circunstancia los dejaría con la duda, espero que te guste el giro que toma.
XxLoneWolfYTxX: Gracias por el aplauso, espero de verdad disfrutes con la lectura. Gracias por seguir la historia!
MyobiXHitachiin: Reí ante los dos comentarios, me encantaron. No me animé a convertirla en asesina, pero creéeme que lo consideré... Ya verás a qué me refiero.
Clover819: La idea es seguir escribiendo, de verdad me encanta saber que sigues mis historias, gracias por eso. Espero que ésto sea más de lo que esperan.
mgmartinezvolturi: Muchas gracias! Y gracias por el Review
Judy Everlarck: Es genial saber que te ha gustado, espero que disfrutes el desarrollo de la historia!
Guest: Gracias por tomarte el tiempo de escribirme. Espero que el resto de la historia te agrade.
Y ahora sí, sin más qué agregar. Les dejo la continuación de la historia :D
No me maten D: jajaja
Recibo el impacto en la espalda, el chaleco recibe la mayor parte del daño pero siento algo caliente bajar por mi espalda, por dentro de la ropa y de la protección, el dolor lanza llamaradas de fuego a mis extremidades y a cada rincón de mi cuerpo, se me doblan las rodillas y comienzo a perder visión, los bordes se desvanecen y lo único que soy capaz de enfocar es el rostro contraído por el pánico de Judy, que luce indefensa.
—Torpe coneja. —Digo tratando de sonreír, gracias a Dios Judy está bien, le sangra un brazo y parte de la metralla ha hecho mella en sus piernas pero parece superficial ya que no sangraron aún. —Nunca cierres los ojos si están por dispararte.
Tengo qué luchar contra todo mi ser por seguir despierto pero el dolor está empujándome al borde del precipicio entre la inconsciencia y la oscuridad. Siento las manos de Judy en mi espalda y escucho su corazón, el chaleco no ha logrado hacer que ese sonido disminuya, lo escucho como si palpitara contra mi oído. Me relaja.
Trato de hablar, trato de mantenerme despierto pero no puedo, y la oscuridad se apodera de mí. Abro los ojos una última vez, veo destellos blancos, el rostro crispado por el dolor de Judy, escucho un nuevo disparo que la hace apretar los ojos y la sangre salir por su hombro, un hilo continuo de rojo oscuro cayendo por su costado y manchándome de sangre el rostro.
Y todo se convierte en oscuridad.
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Las luces largas pasando a intervalos sobre ella, el sonido que llegaba amortiguado por el aturdimiento, las voces de los doctores y enfermeros que conducían su camilla, el aroma extraño en la mascarilla de oxígeno, las miradas ocasionales que el león más cercano le dedicaba seguidos de los murmullos y rezos de una de las enfermeras a sus pies.
A intervalos podía escucharlos hablando apresuradamente sobre la hemorragia y la metralla, y al instante siguiente ya no podía enterarse de nada, no entendía y todo el sonido era una mezcla pegajosa de ruidos y nada.
La oscuridad seguida de una serie de luces y ocho animales agachados sobre ella, admirándola como si fuera un experimento. Judy sintió un escalofrío ante el contacto de una garrita contra su frente y trató de seguir la cuenta regresiva, pero no pasó del siete antes de perder el conocimiento de nuevo.
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Despertó rodeada del pálido color de las cortinas de hospital, terapia intensiva alcanzaba a leer en las ventanas de la entrada. Se levantó de golpe y se arrancó todas las agujas y electrodos que tenía pegados al cuerpo, salió disparada hacia la puerta donde la interceptó una enfermera, haciéndola frenar abruptamente. —Querida, no… —Murmuró levantándole un poco la bata para observarle las piernas. Un disparo de dolor se apoderó de ella y la hizo perder fuerza, en un instante se le doblaron las rodillas y se fue de bruces, la enfermera la sostuvo en brazos mientras alguien acercaba una silla de ruedas para la coneja. —Volvamos a tu cama. Necesitas mantenerte en reposo hasta que podamos mandarte a piso.
— ¡No! —Gritó con los ojos llenos de lágrimas. ¿Había llorado ya? Ni siquiera estaba segura de aquello, no había tenido la oportunidad de registrar el hecho de que su mejor amigo había… ¿Qué? ¿Dado la vida? ¿Lo había intentado? —No… —Suplicó en medio de sollozos. —Nick, necesito verlo, necesito saber que está bien. Necesito ver a Nick. Es mi amigo, es todo lo que tengo en ésta ciudad. —Y cubriendo su rostro, rompió en llanto. Bogo entró al lugar asintiendo para la enfermera sin que Judy se diera cuenta, empujó la silla en silencio por el pasillo, guiando a su mejor oficial por los pasillos atiborrados de animales que se movían en todas direcciones, entre el ruido, el caos y la desesperación y no dijo nada hasta que Judy se calmó un poco.
—Quiero que sepas que has sido muy valiente. Y Nick también lo ha sido.
— ¿Valiente?
—Lleva horas ahí dentro. No han terminado con él pero… bueno, me han permitido acercarme un poco y verlo… Te lo debo.
— ¿Está bien?
—Tan bien como se puede en su situación. —Un tigre les abrió una puerta de madera, Bogo se detuvo un instante antes de entrar y suspiró mirando a Judy, toda ella llena de vendajes y golpes, moretones bajo el pelaje y el corazón roto. —No tienes que ver esto… En el momento que decidas…
—Necesito verlo. —Suplicó desesperada.
—De acuerdo. Pero mantente sentada. —Empujó la silla hasta situarla frente a un ventanal de cristal tras el cual, unos metros abajo, se encontraba el quirófano. Nick tenía un tubo conectado por la boca y los médicos no dejaban ver mucho, sólo la expresión serena del zorro y las esquirlas de las balas que había recibido, todas y cada una de ellas depositadas religiosamente en un cuenco metálico que ya llevaba colectado un buen charco de sangre.
Judy cubrió su boca un segundo, horrorizada al ver a su mejor amigo jugándose la vida.
— ¿Cuánto tiempo tiene ahí?
—Tu operación, no muevas mucho el hombro. —Reprendió Bogo mirando a Judy con reproche. —Ambos estuvieron peleando durante horas, sólo que Wilde ha peleado más.
—Nick ¿está bien?
—Estable. —La puerta se abrió y una enfermera entró con un formulario para Bogo, quien firmó y asintió bruscamente para quedarse de nuevo con su agente. Judy suspiró viendo cómo extirpaban otra esquirla de la espalda de Nick y se hizo bolita en la silla de ruedas. —Para ser los agentes con mayor número de incapacidades al año, son los que resuelven más crímenes grandes. Ya podemos pasarte a piso. Ya lo viste, ya vámonos. —Amenazó cuando la vio extender una pata hacia el cristal, sin embargo no tuvo corazón para retirarla al verla estremecerse por los sollozos que la sacudían. Permaneció en silencio hasta que ella se calmó y luego arrastró la silla hasta el ascensor.
¿Qué se dice en una situación así? ¿Todo estará bien? ¿Pero cómo prometerlo si no lo sabes? Y aunque habría querido tener mil y un palabras de consuelo para ella, Bogo sabía por experiencia personal que cuando un colega estaba debatiéndose entre la vida y la muerte lo mejor era simplemente no acercarse, quedarse al margen porque las palabras de consuelo sólo servirían como dagas que irían directo al corazón. Suspiró desesperado y dejó a Judy en el pasillo mientras abría la puerta.
—Wilde estará en la habitación de al lado, no quiero que hagas otra estupidez como arrancarte las agujas.
—Con todo respeto, señor. No me gustan las agujas.
—Una lástima, Hopps. Es una orden. Deja todo en su lugar en caso de que te canalicen de nuevo.
—Sí, señor.
Y sin poder resistir más a la tentación de decirlo, Bogo se agachó frente a la silla de la conejita, y con una mirada franca y una sonrisa sincera pero cargada de remordimiento y tristeza, murmuró. —Judy… Todo estará bien. Wilde es lo suficientemente astuto como para engañar a la muerte, para jugarle una treta.
—Lo sé. —Admitió sonriente, levantando el rostro y mostrando sus enormes ojos violetas llenos de lágrimas y esperanzas. —Estará bien.
—Descansa, Hopps.
