DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a natalayx.Yo solo me adjudico la traducción.

Capítulo beteado por Yanina Barboza, Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)

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Canción del capítulo: 'Golden' de Lady Antebellum (la canción es hermosa, por favor escúchenla).


Summer Rose.

Capítulo 11

POV Bella.

—¿Emmett?

Hola, hermana pequeña.

—Dios, es tan bueno escuchar tu voz —susurro, exhalando un tembloroso suspiro.

Igual para mí, hermanita —responde con cariño—. ¿Cómo estás llevando todo?

Cierro los ojos, suspirando con pesadez.

—Estoy bien.

Estás hablando con tu hermano mayor, pequeña —ríe, y lo imagino poniendo los ojos en blanco, alzando la ceja de manera desafiante.

Mis labios se curvan en una suave sonrisa y sacudo la cabeza, divertida.

—Había olvidado lo molesto que eres.

Soy molesto porque me importa —dice con determinación.

Paso mi lengua por mi labio inferior antes de tomarlo entre mis dientes.

—Lo sé. —Me siento en el sofá, descansando mi mano en mi estómago—. Estoy preocupada, Em. ¿Qué otra cosa esperas? Trato de mantenerme calmada y positiva, pero es difícil, ¿sabes? —Tomo una profunda respiración mientras mi voz comienza a quebrarse—. Estaba tan asustada cuando me dijeron lo que había pasado. —Mi voz se rompe y no puedo contener las lágrimas—. Pensé que iba a perderlos a ambos.

Pero no lo hiciste —explica con gentileza—. Deberías saber que yo nunca me rendiría sin dar una pelea; tengo los genes de papá —ríe entre dientes antes de continuar—. Ed también es fuerte, Belle. Superará esto, ¿de acuerdo? No se rendirá; está peleando cada día para llegar a casa contigo y su pequeña.

—Emmett —sollozo, cubriendo mi rostro con mi mano mientras mi cuerpo tiembla—. Solo desearía poder estar ahí contigo.

Sé que sí, pequeña —dice con suavidad—. Y me mata que no puedas hacerlo.

Me sorbo la nariz de manera poco atractiva.

—¿Cómo estás tú? —pregunto, limpiando mis ojos con mi mano—. ¿Cómo está tu pierna?

Está sanando —murmura, claramente incómodo ante el cambio de tema—. Es difícil, ¿sabes?, pero superaré esto.

—Te quiero, Em —susurro.

Dime algo con toda honestidad; ¿quieres que vaya a casa? —pregunta sinceramente.

—Me siento tan egoísta y culpable de que tú no estés aquí con Rose —respondo, girándome un poco en mi lugar—. Pero yo solo… él necesita a alguien ahí con él.

Lo entiendo, Bella. Y también Rose. Estaba en Skype con ella y cuando le dije la posibilidad que existe de que vuelva a casa, ella insistió en que me quedara aquí con Ed; incluso cuando le dije que tú sugeriste que fuera a casa con ella.

—Por supuesto que eso dijo —murmuro, riendo suavemente.

Pero si cambias de opinión, dímelo de inmediato, ¿de acuerdo? —insiste, con determinación en su voz—. Y estaré en el primer vuelo de vuelta.

—Está bien —susurro, sonriendo ligeramente—. Gracias, Em.

Cualquier cosa por ti, hermanita. Sabes eso —responde con afecto—. Tengo que irme. Hablamos pronto; te quiero.

—También te quiero —respondo, incluso aunque él ya había colgado.


Mientras Rose, Leah, Alice y yo estamos en el sofá, Jasper, Seth y Jake están sentados en el piso de la sala de estar; enloquecidos, con piezas y partes de la mesa para cambiar pañales a su alrededor. Jasper suspira en frustración, sus cejas se juntan debido a la confusión mientras trata de descifrar las instrucciones. Jasper entrecierra los ojos hacia Jake cuando él le arrebata el papel de las manos. Cuando Jake se rinde, la expresión de Jasper pasa del enojo a la satisfacción, con una sonrisa burlona en su boca mientras ríe entre dientes.

—¿Por qué las instrucciones para armar una mesa de cambiar pañales son tan complicadas? —gruñe Jake.

Sonriendo con diversión, Leah se mueve del sofá y se coloca detrás de Jake, enredando sus brazos alrededor de sus hombros.

—Está bien, cariño. Simplemente no estás hecho para el trabajo manual —bromea, inclinando la cabeza y presionando sus labios contra su mejilla.

Jake enreda sus manos alrededor de los brazos de Leah, alzándolos sobre su cabeza y acercándola hacia su cuerpo, poniéndola en su regazo.

—Yo te daré trabajo manual —sonríe, picando su costado. Ella enreda sus brazos alrededor de su cuello y lo besa.

Su cariño hace que mi corazón duela y sienta añoranza. Rose entrelaza nuestras manos cuando suspiro profundamente. Descanso mi cabeza en su hombro, mis labios curvándose en una divertida sonrisa cuando Seth gime y lanza una pieza de la mesa hacia ellos.

—Ustedes son tan desagradables.

Leah estira su brazo, golpeando a Seth en el muslo.

—No estés celoso solamente porque Rachel no te deja meterte en sus pantalones.

—Ella me deja hacerlo, con bastante frecuencia —replica Seth, sonriendo.

Jake entrecierra los ojos mientras mira a Seth.

—Estás hablando de mi hermana.

—¿Te das cuenta que tú tienes a mi hermana en tu regazo? —lo reta Seth, alzando una ceja.

—Eso es diferente —dice Jake, encogiéndose de hombros.

—Tu argumento en inválido. —Seth ríe y pone los ojos en blanco.

—Ambos necesitan callarse y empezar a averiguar cómo armar esta cosa —señala Jasper.

Seth recoge las instrucciones, juntando las cejas con una expresión de derrota.

—Yo digo que busquemos tutoriales en YouTube.

Riéndome, me levanto del sofá.

—Iré por la computadora.

—Te acompaño —dice Alice, entrelazando nuestros brazos mientras caminamos hacia mi habitación. Se sienta en el borde de la cama y palmea el espacio junto a ella. Me acomodo en la cama, mirándola—. ¿Cómo estás? —pregunta con la mirada llena de preocupación.

—Estoy bien —murmuro, encogiéndome de hombros.

—Y yo no tengo un problema con las compras —dice con sarcasmo—. Ahora, dime cómo te sientes realmente.

Mis labios se curvan en una triste sonrisa.

—Pude haber perdido a mi hermano y a mi esposo. Estoy realmente abrumada.

—Ni siquiera puedo imaginar por lo que estás pasando —murmura, tomando mi mano y apretándola con suavidad.

Mis ojos se llenan de lágrimas que escurren por mis mejillas mientras intento, en vano, detenerlas.

—Desearía poder ir con ellos —sollozo temblorosamente.

—Oh, Bella —susurra Alice mientras envuelve sus brazos alrededor de mis hombros y acaricia mi cabello—. ¿Lizzie aún planea volar hacia allá?

Incapaz de hablar, asiento contra su hombro.

—¿Rose irá para ver a Emmett? —pregunta.

—Le dije que debería ir pero dice que no quiere dejarme.

Alice asiente con solemnidad.

—Quizás siente que debe compartir la carga contigo.

Mis cejas se arquean en confusión, mis ojos no se apartan de los suyos.

—¿Qué quieres decir?

—Tú no puedes ir a verlos —explica, acariciando mi estómago—. Quizás ella siente que tampoco debería hacerlo.

—Eso es tonto —murmuro, sacudiendo la cabeza.

—¿Todo está bien por aquí? —La suave voz de Rosalie pregunta mientras se recarga contra el marco de la puerta.

Levanto la cabeza, nuevamente sonriendo con tristeza.

—Solo discutíamos acerca de cómo deberías ir a ver a Em.

Suspirando, se mueve de la puerta y se pone en cuclillas frente a mí, con su mano en mi rodilla.

—Bella, ya hablamos sobre esto.

—No me debes nada, Rose. —Tomo su mano entre las mías—. Deberías ir a verlos.

—No se siente correcto ir sin ti —explica, apretando su agarre.

—Si los roles se invirtieran, a ti te gustaría que fuera a ver a Edward —le digo, alzando mis cejas de manera desafiante.

—¿Has hablado con Em últimamente? —pregunta Alice, mirando alternadamente entre ambas.

—Estuvimos en Skype el otro día —responde Rose, su boca se curva en una ligera sonrisa.

—Enloquecí por completo la primera vez que hablamos por Skype —reí ante el recuerdo—. Pero sí, él me llamó después de que habló con Rose.

—Pronto verán a sus chicos de nuevo —dice Alice con sinceridad.

—No sabes eso, Ali —susurro.

—Puedo sentirlo en mi interior. —Guiña el ojo, su boca se curva en una sonrisa—. Mi intuición nunca me traiciona —se ríe, parándose de la cama y extendiendo su mano hacia mí.

—Vamos —dice Rose, riendo entre dientes mientras se pone de pie—. Vayamos a darles a esos tontos la computadora para que finalmente puedan descubrir cómo armar esa maldita mesa.


Dado que los chicos están ayudando con la habitación de la bebé, Seth siempre encuentra una excusa para venir y Leah casualmente aparece con él cuando "recuerda" algo que olvidó hacer la última vez que estuvo aquí. Y si no es Rose la que viene a verme, es Charlie y Sue o Elizabeth. Sin mencionar que Alice tiene la excusa de llevarme de compras para encontrar más cosas para la habitación de la bebé y ropa para Summer.

Aprecio todo lo que han hecho, y continúan haciendo por mí, pero están comenzando a enloquecerme. Su preocupación por mí es abrumadora; como si tuviera unas manos en mi garganta, cortando la circulación de aire en mis pulmones.

Un día, escucho el sonido de unas llaves y mi puerta principal abriéndose. Mi corazón se acelera y corro hacia la habitación tan rápido como mi barriga me lo permite; tomo el bate de béisbol del closet y camino por el pasillo. Cuando escucho ruidos en la cocina, tomo un profundo respiro antes de seguir.

—¡Fuera de mi casa! —grito, sosteniendo el bate sobre mi cabeza.

Un cartón de huevos se estrella contra el piso.

—¡Cristo, Bella! —jadea Charlie, sus ojos se ensanchan por el shock.

Mis cejas se arquean debido a la confusión.

—¿Qué haces aquí?

—Te traje algunas compras —dice, sus labios se curvan en una sonrisa.

Poniendo los ojos en blanco, suspiro con pesadez.

—Espera. ¿Cómo entraste?

—Tengo un set de llaves —dice con tranquilidad, como si no fuera la gran cosa.

Porque sí, vamos a ignorar la privacidad de Bella y a casi darle un infarto al invadir su casa.

Mi mirada va de Charlie hacia las llaves en la barra de la cocina.

—¿Tú qué? —le digo.

—Pensé que podría venir y dejar estas cosas cuando no estuvieras en casa —dice, encogiéndose de hombros, comenzando a sacar sus compras.

—Pero estoy en casa —respondo.

—Bueno, no sabía eso —explica, poniendo las cosas en mi refrigerador y alacenas—. Tu auto no está aquí.

—Porque está en el servicio —digo con lentitud, la frustración comienza a invadirme—. Oh por Dios. ¡Detente! —exclamo, arrebatándole la bolsa de pasta que tiene en la mano.

—¿Q-Qué? —murmura, arqueando las cejas en sorpresa.

—¡Necesitas parar con esto!

—¿Parar con qué? —pregunta, sorprendido.

—No puedes seguir inventando excusas para venir aquí —murmuro, cerrando los ojos.

—No estoy inventando excusas.

—¿Oh, de verdad? —Alzo una ceja, retándolo con la mirada—. Viniendo a dejar compras, llegando con la cena o regalos para la bebé.

—Solo estoy tratando de…

—Sé que estás tratando de ayudar, papá, y lo has hecho —murmuro, moviéndome para estar frente a él—. Pero conseguiste las llaves de mi casa. Eso fue demasiado.

—Es solo que me preocupo por ti estando completamente sola, cariño —murmura, moviéndose incómodo.

—Lo sé, pero necesito mi espacio. —Tomo su mano entre las mías y la aprieto ligeramente—. Solamente estás empeorándolo todo al sofocarme.

—¿Sientes que te sofocamos? —gime, acunando mi mejilla en su mano.

Respiro profundamente mientras cierro los ojos.

—En ocasiones.

—Lo siento, Bells —susurra, atrayéndome a sus brazos.

Enredo mis brazos en su cintura y me aferro a él, acurrucando mi mejilla contra su pecho como siempre lo hacía cuando era niña. El fuerte sonido de su corazón late contra mis oídos.

Charlie debe haber comunicado nuestra conversación a todos porque finalmente tengo el espacio que necesitaba. Es difícil estar sola, pero prefiero sentir el dolor que estar ocupada con las distracciones de los demás hasta llegar al punto en el que no siento nada.


Lizzie me habla por FaceTime cuando llega a la unidad médica en la que está Edward. No me molesto en tratar de contener las lágrimas cuando gira la cámara hacia él. No había visto ninguna foto de cuerpo completo de él; solamente las fotos de su rostro que Emmett me manda, tratando de ocultar la condición en la que se encuentra.

Escucho los sollozos de Lizzie mientras se coloca al lado de su hijo y me doy cuenta de que ésta es la primera vez que la he visto llorar desde lo sucedido. Siempre se mantenía fuerte por mi bien, dejando que sus emociones se liberaran siempre que estuviera sola. Por la esquina de la cámara puedo ver la mano de Edward enredada entre la suya.

Los cinco años que he pasado con Edward recorren mi mente como una proyección, mis recuerdos con él, de nosotros, llenan mis pensamientos. Duele, pero el dolor es lo que mantiene mi corazón latiendo.

No quiero perder otro momento para decirle cuánto lo necesito y cómo me hace sentir. Todas las cosas que pude haberle dicho, todo lo que pude haber hecho, pero no lo hice, pasan por mi mente todos los días.

Me mata que no pueda estar ahí con él, pero en este momento, estoy feliz de que ella pueda hacerlo.


Ha pasado un mes desde que escuché algo directamente de Carlisle. He tenido algunas conversaciones con Emmett, pero cada vez me dice que no ha habido ningún cambio. Él trata de animarme diciéndome que habla con Edward cada día y le dice que tiene que apresurarse a despertar si quiere llegar a casa a tiempo para el nacimiento de Summer Rose. Él pone el teléfono junto a la oreja de Edward y me pone en altavoz para que pueda hablar con él. Cuando Em hizo eso por primera vez, todo lo que pude hacer fue sollozar en el teléfono y rogarle a Edward que despertara y volviera a casa.

Trato de mantenerme positiva y con esperanza, pero el miedo se esparce en mí como un veneno; pasando por mis venas hasta que llega a mi mente. Un veneno que me causa dolor y que infecta mi corazón y mi alma.

Me siento atrapada. Encerrada dentro de esta casa vacía, sola y rota.

Un día, llamo a Leah y le pido que venga; ella parece sorprendida al recordar mi conversación con Charlie, pero rápidamente se alegra ante la posibilidad de verme.

Cuando llega, pone la tetera en la estufa y nos prepara un poco de té. Le doy una media sonrisa cuando me entrega una taza y se sienta junto a mí en el sofá, doblando sus piernas en estilo indio debajo de ella.

—¿Cómo estás? —pregunta, soplando un poco en su taza antes de tomar un sorbo.

Me encojo de hombros, sonriendo un poco.

—Hoy, no muy bien.

Con sus ojos llenos de preocupación, cubre mi mano con la suya.

—¿Qué pasa?

Exhalo con lentitud y me reclino contra los cojines del sofá, imitando su posición.

—De repente toda la situación me cayó de golpe.

—¿A qué te refieres?

—No he escuchado nada de Carlisle por un mes —murmuro, suspirando con pesadez.

—Pero has hablado con Emmett, ¿no? —pregunta, dándome una sonrisa de aliento—. Y Lizzie ha venido a verte desde que volvió.

—Sí, lo ha hecho. Pero no he escuchado de Em en semanas —explico, frunciendo el ceño.

—Pero si no hay noticias, esas son buenas noticias, ¿cierto? —pregunta con suavidad, tratando de confortarme.

—Eso es lo que dicen —suspiro, sonriendo con tristeza—. Es solo que no puedo evitar tener estos pensamientos horribles.

—Solo trata de no estresarte —me dice, palmeando mi rodilla—, sabes lo que dijo tu ginecóloga.

—Lo sé, lo sé —murmuro contra mi taza.


Leah tiene ambas manos en mi estómago, hablándole a Summer Rose mientras ella patea contra la palma de sus manos cuando veo que tengo una llamada perdida. Olvidé que lo puse en silencio. Soy tan estúpida.

Me siento abruptamente, tirando a Leah en el proceso.

Ella se recarga en sus codos, sus ojos abiertos y sus cejas arqueadas, sorprendida.

—¿Qué demonios? —se ríe.

Jadeo, mi mano vuela a mi boca cuando veo que tengo múltiples llamadas perdidas de Carlisle y de un número desconocido. Desbloqueo la pantalla y le llamo de vuelta, pero no contesta. Llamo al número desconocido pero nadie contesta. Alterno entre ambos números y lo intento de nuevo. Y de nuevo. La sangre se va de mi rostro cuando todo lo que consigo es el buzón de voz de Carlisle y todo lo que el otro número hace es sonar en espera.

—Mierda, Bella —dice Leah, apresurándose hacia mí—. ¿Qué pasa?

—Tengo una llamada perdida de Carlisle. —Tiemblo, mis ojos se ensanchan con miedo y se llenan de lágrimas—. No puedo contactarlo de vuelta.

—Oye, está bien —me asegura, pasando su brazo por mis hombros.

El miedo me llena por completo y comienzo a entrar en pánico.

—¿Qué si algo pasó? —sollozo, inhalando temblorosamente mientras trato de respirar con normalidad.

—Bella, estoy segura de que está bien.

—¿Qué si está muerto? —exclamo, moviéndome de mi lugar mientras un mareo me llega y mis manos comienzan a temblar.

—Bella, necesitas calmarte —dice Leah, poniendo su brazo alrededor de mi cintura—. Tienes que sentarte antes de que…

Un líquido que recorre de mis piernas a mis pies la interrumpe.

—Llama a Rose —le digo antes de sentarme en la mesa de centro.

—¿Eso es lo que creo que es?

—¡Llama a Rose! —grito, cubriendo mi rostro con mis manos.

—Soy demasiado joven para esta mierda —murmura Leah antes de salir a buscar mi teléfono.

Vuelve diez minutos después con una mochila en su brazo y el teléfono en la oreja.

—Síp. De acuerdo. Lo tengo —responde a una Rose que habla demasiado fuerte y en pánico, antes de extender el teléfono hacia mí.

—¿Hola?

¿Bella?, oh por Dios. ¿Estás bien?, ¿has tenido alguna contracción?, ¿qué tan separadas están? —suelta, su tono de voz aumenta con cada pregunta.

—Sí, sí, y aproximadamente cada veinte minutos —respondo a sus preguntas.

Mierda, de acuerdo. Tu primer parto será probablemente rápido; ve al hospital y te veo ahí.

Rio entre dientes antes de ponerme de pie.

—Ya había supuesto eso, genio.

¡No te pongas altanera conmigo, Bella! —chilla antes de colgar.

—Supongo que es hora de irnos —murmuro, poniendo los ojos en blanco.

—De acuerdo. —Leah recoge mi bolsa y comienza a sacarme de la casa—. Bien, vayámonos.


Rose pone un paño húmedo en mi frente.

—Puedes hacer esto, Bella.

Sacudo la cabeza con lágrimas recorriendo mi rostro.

—No puedo, no puedo hacerlo.

—Su presión sanguínea está subiendo —dice una de las enfermeras.

—Bella, mírame. —Rose toma mi barbilla en sus manos—. Mírame —susurra, forzándome a mirarla—. ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué puedo hacer para facilitarte las cosas? —pregunta desesperada.

—Charlie —murmuro, cerrando los ojos—. Trae a Charlie.

—Ya la escuchaste —dice a la enfermera—. Ve por su padre.

Cinco minutos después, Charlie entra a la sala.

—¿Qué pasa? ¿Qué va mal? —pregunta asustado—. La enfermera me llamó y dijo: "es Bella", luego se giró y desapareció.

—Te dije que fueras por su padre, no que le dieras un infarto en el proceso —le gruñe Rose a la enfermera, causando que ella salte.

Dejo salir una risa que pronto se transforma en un grito de dolor cuando otra contracción llega.

—Papá —susurro, respirando profundamente.

—Estoy aquí, pequeña —me tranquiliza, apresurándose a mi lado—. Estoy aquí.

—Haz que se detenga —lloro, sujetando su mano con fuerza—. Por favor, haz que el dolor se detenga.

—Solo respira, cariño —susurra, besando mis nudillos con suavidad—. Lo estás haciendo muy bien.

—Lo necesito —sollozo, mi cuerpo sacudiéndose debido a ellos—. No puedo hacerlo sin él, papi.

—Oh, cariño —susurra, acunando mi mejilla en su mano antes de mirarme a los ojos—. Puedes hacer esto. Hazlo por él, Bells.

Cerrando los ojos, inhalo con lentitud mientras reprimo mis sollozos. Me siento y sujeto mis rodillas; grito mientras comienzo a pujar, las lágrimas caen libres por mi rostro.

Estoy en mi segunda hora de tortura cuando se escucha un estruendo afuera de la sala de partos. Primero son murmullos, luego gritos antes de que Seth entre a la habitación.

—¿Qué estás haciendo, hijo? —pregunta Charlie.

—¡No puedes estar aquí! —sisea la enfermera.

—Esto no puede esperar, ¡ella necesita saberlo! —grita Seth de vuelta, alejándose de la enfermera y acercándose a mí.

—¿Necesita saber qué? —pregunta Rose con frialdad.

Seth le lanza una mirada a Rose antes de mirarme de nuevo, sus ojos se suavizan.

—Es Edward.

—¿Qué? —jadeo, mis ojos se abren con sorpresa.

—Despertó unos días atrás. Aparentemente han tenido problemas con las líneas debido al satélite.

—¿Qué? No… —Sacudo la cabeza en incredulidad y confusión—. No entiendo.

—Sí, sí. Espera, hombre —dice Seth en el teléfono—. Es Edward. Está en el teléfono.

Escucho un: «¡Pon a mi esposa en el teléfono!» y Seth ríe, extendiéndolo hacia mí.

—¿Edward? —pregunto con cautela, mis dientes muerden mi labio inferior.

Bella —susurra con afecto, su voz está llena de alivio.

—¿E-Estás bien? —sollozo en el teléfono.

Estoy bien —me asegura con cariño.

Las lágrimas de alivio recorren mi rostro.

—Pensé que te perdería —sollozo histéricamente.

Nunca —responde con ferocidad—. ¿Cómo estás, cariño? Escuché que estabas en medio de algo.

Rompo en risas, recibiendo miradas extrañas de todos en el lugar.

—Lo estoy.

Reír mientras estás en labor de parto debe de ser culpa del mismo Satanás porque cada vez que he reído, una ola de contracciones me golpea tan fuerte que apenas y puedo respirar por el dolor.

La voz de Edward está llena de preocupación.

¿Estás bien?

Sigo con la contracción, respirando hondo como me explicaron en las clases prenatales; grito con fuerza mientras pujo.

—Puedo ver la cabeza —anuncia la enferma, mirándome—. Una vez más y terminamos, Bella.

—Duele —me quejo, casi soltando el teléfono. Rose lo toma por mí y lo sostiene en mi oreja.

Casi terminas, Bella. Puedes hacerlo —me anima Edward en el teléfono.

Respiro hondo y me inclino hacia delante de nuevo, sosteniendo mis piernas ahora que mis manos están libres. Edward me dice «te amo, te amo» una y otra vez mientras pujo por última vez.

Edward grita de alegría en mi oído mientras los llantos de Summer llenan la habitación.

El doctor le pasa a Summer Rose a la enfermera, que inmediatamente comienza a secarla con una toalla. La pesan, la revisan y le realizan su primer chequeo médico mientras yo expulso la placenta. Para cuando estoy limpia, Summer está envuelta en una cobija y la ponen en mi pecho. Gimo cuando ella trata de aferrarse a mi pecho varias veces hasta que finalmente lo logra y comienza a succionar. Sollozo de pura alegría mientras la acuno en mis brazos, pasando mis dedos por la suavidad de la piel en su mejilla y presiono mis labios contra su frente.

Escucho el clic de una cámara.

—Me alegro que estés bien, Ed. Revisa tu correo —dice Rose antes de colocar el teléfono en mi oreja de nueva cuenta.

Escucho jadear a Edward antes de que ahogue un sollozo.

Es hermosa; ambas son hermosas —susurra con la voz rota—. Te amo.

—Te amo tanto —sollozo, mi boca se curva en una sonrisa llena de alivio.

Summer está dormida contra mi pecho, su diminuta mano se aferra a mi dedo índice en un fuerte agarre.

Suspirando, cierro los ojos; sintiéndome en paz con mi pequeña bebé finalmente en mis brazos y el sonido de la suave respiración de Edward en mi oído.


*saca su pañuelo* ¡Nació Summer! ¡Edward está vivo! *llora*

Este es uno de mis capítulos favoritos de la historia por lo hermoso que es :´)

¿Qué les pareció? ¡Espero que les haya sacado una lágrima como a mí!

Vengo con noticias tristes... estamos en la recta final de Summer Rose :( así que nuevamente las invito a unirse a nuestro grupo en facebook para recibir adelantos de los siguientes capítulos ;)

¡No olviden dejar su review y nos leemos la siguiente semana!

xx