DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a natalayx.Yo solo me adjudico la traducción.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)
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Canción del capítulo: 'The Power of Love' de Gabrielle Aplin (es una canción muy, muy, muy hermosa, si pueden, escúchenla).
Summer Rose.
Capítulo 13
POV Edward.
Tuve que asistir a sesiones de fisioterapia para mi muñeca izquierda debido a los daños que las heridas de bala causaron en los nervios de mi brazo. Carlisle dijo que no seré capaz de sostener correctamente un arma de nuevo, por lo que he sido dado de baja por razones médicas del ejército. Las noticias me resultan difíciles de asimilar mientras me pregunto acerca de mi futuro.
—Así que, ¿ya no podré ser cirujano pediátrico? —murmuro mirando a Carlisle.
Sus labios se curvan en una triste sonrisa y sus ojos brillan con compasión.
—Me temo que no. Pero aún puedes ser pediatra.
Asiento con solemnidad, cerrando los ojos y tensando la mandíbula, decepcionado.
—Sé que no es lo mismo, Edward. Pero aún puedes ser doctor —explica Carlisle cuando abro los ojos—. Aún puedes ayudar a los niños como querías —añade sin dejar de mirarme.
—Así no es cómo imaginé que sería mi vida después del Ejército.
—Tu mano no siempre estará tan lastimada, Ed; gracias a la fisioterapia mejorará y no será tan malo.
—Pero ¿no seré capaz de operar?
—No, no podrás hacerlo —afirma y acomoda su peso contra un lado de mi cama—. Pero podrás diagnosticar, tratar y cuidar a los niños como siempre quisiste hacerlo.
—Supongo que eso es verdad —añado, exhalando con profundidad.
—Sé que sigues aplazando esto, pero realmente necesitas comenzar con las sesiones de terapia psicológica. —Abre mi expediente y comienza a revisar los papeles.
Ruedo los ojos, sacudiendo la cabeza en desaprobación.
—No necesito terapias.
—Edward —sonríe con indulgencia, pinchando el puente de su nariz con sus dedos—. Necesitas dejar de aplazarlas. Solamente alargarás tu recuperación.
—¿Por qué las terapias son parte de mi recuperación? —murmuro, cruzando los brazos contra mi pecho.
Carlisle arquea las cejas, sorprendido.
—Porque has pasado por una serie de eventos traumáticos; Emmett me ha dicho sobre tus pesadillas.
Tenso la mandíbula, entrecerrando los ojos hacia él.
—¿Por qué él lo sabría?
—Porque Bella es su hermana y ella habla con él. —Se sienta a mi lado en la cama—. Si más aplazas tus sesiones de terapia, más tiempo pasarás aquí.
Alzo una ceja, tratando de parecer indeciso.
—¿Es eso un ultimátum?
—No, Edward —suspira con pesadez, cerrando los ojos mientras sacude la cabeza en desaprobación—. Es la verdad.
—Bien —murmuro entre dientes.
Carlisle me mira, sus ojos brillan con victoria.
—Bien —dice, abriendo mi expediente y escribiendo en él—. Tu primera sesión es mañana al mediodía. —Se levanta de mi cama y se dirige hacia la puerta—. No llegues tarde —ordena, sonriendo ligeramente mientras ríe antes de cerrar la puerta tras de él.
Idiota.
Después de mi conversación con Carlisle, he ido a cuatro sesiones de terapia —una cada día, al mediodía— él regresa al cuarto día para informarme que podré irme a casa el 28 de este mes, después de que mis sesiones de fisioterapia y terapia terminen.
—Por aquí —dice con firmeza, alzando la ceja mientras yo sonrío—. Tendrás que continuar con las terapias cuando regreses a casa. —Eso me borra la sonrisa del rostro. Ruedo los ojos mientras él ríe y sonríe con burla.
Cuando Bella y yo hablamos de nuevo, le digo las buenas noticias. Ella llora de alegría, disculpándose por llorar constantemente por estos días.
Hablamos por teléfono todos los días hasta que sea mi tiempo de volver a casa. Emmett y Rosalie están pegados el uno al otro, hablando por teléfono todos los días; incluso hay días en los que tenemos citas dobles por Skype.
Cuando Emmett vio a Summer por primera vez, se derritió por completo. No lo culpo, mi hermosa bebé es absolutamente maravillosa.
Si no estamos en el teléfono debido a la diferencia horaria, estamos mandándonos emails constantemente. Bella me envía fotos de Summer Rose vestida con sus adorables mamelucos, recostada en su cuna, en su pequeño columpio o en los brazos de ella.
Ella me envía fotos y videos de todas las cosas que hace con ella. Desde ir al parque con la tía Leah y el tío Seth, de compras con la tía Alice y el tío Jasper, la tía Rose visitándolas con Katie y Ben o ir a la casa del abuelo Charlie y la abuela Sue para cenar o almorzar con la abuela Lizzie.
Mi corazón se infla de amor cuando Bella me envía una foto de mi madre acunando a una dormida Summer Rose en sus brazos.
He estado yendo con Emmett al resto de sus sesiones de fisioterapia como un apoyo moral. La primera vez que fui, él pensó que estaba siendo discreto cuando se secó bruscamente las lágrimas de enojo antes de levantarse para comenzar sus ejercicios, pero lo vi. Y aún lo veo durante sus otras sesiones.
Estuve ahí cuando intentó caminar por sí mismo sin sostenerse de la barra de apoyo ni de su bastón. Se cayó y rápidamente corrí a ayudarlo, pero él me empujó y me gritó que me fuera. No me rendí. En su lugar, me senté en el suelo con él y enredé mis brazos a su alrededor, apretando mi agarre cuando él trataba de zafarse de mí. Eventualmente, dejó de luchar y rompió en llanto, lloré con él, sin vergüenza por el dolor que sentía por mi hermano.
Después de eso, me pidió que no fuera más a sus sesiones.
—Siempre me has admirado, Ed. No necesitas verme así.
—¿Así cómo? —pregunto, arqueando mi ceja.
—Débil —responde con enojo.
Sacudiendo la cabeza, suspiro con pesadez.
—Tener una pierna no te hace débil, Emmett.
—¿Ah no? —se ríe sin humor—. Estoy seguro de que no tener equilibrio y ser incapaz de correr tan rápido como solía hacerlo me vuelve débil.
—Estás siendo ridículo.
—No, Edward, ¡soy realista! —grita antes de darme la espalda y salir de la habitación con sus muletas.
—Bueno, aún puedes hacer una salida dramática —murmuro mientras las puertas se cierran.
Traté de hacerlo hablar de nuevo; consolándolo y diciéndole que una pierna falsa no cambia su personalidad y que solamente es una extensión de sí mismo. Pero él siempre me ignora, diciéndome que deje de ayudarlo porque está bien. Pero yo sé que no lo está.
Ha estado haciéndose el valiente, tratando de aparentar que lo que le pasó no le afecta. Pero lo conozco lo suficiente para saber que se está torturando por dentro. Él siempre ha sido una persona atlética, el saber que no podrá correr con frecuencia, jugar fútbol soccer y americano tan bien como lo hacía antes, le duele. Pero sé que lo que más le duele es saber que nunca podrá jugar con Katie y Ben de la manera correcta. Y sé que eso lo hace sentir menos hombre.
He intentado todo lo que está a mi alcance. Solamente espero que Rose pueda hacerlo entrar en razón y sacarlo de su estado de odio a sí mismo.
El día en el que Emmett y yo nos vamos a ir a casa es glorioso. Ninguno de los dos puede dejar de sonreír, estamos tan emocionados por reunirnos con nuestros seres queridos.
Nos vestimos con nuestro uniforme y empacamos el resto de nuestras cosas. Junto todas las fotos y cartas de mi familia; unas lágrimas de alegría se me escapan cuando releo algunas de las cartas de Bella y correos que he impreso. Cuando me topo con la imagen que Rose me envió del día de la graduación de Bella, la imagen que Emmett aventó en mi pecho tantos meses atrás para mantenerme aferrado a la vida, las emociones me sobrepasan. Cerrando los ojos, llevo la fotografía a mis labios, besándola suavemente mientras la aprieto contra mi pecho.
Nos vamos en un vehículo del ejército a las seis y media de la mañana, deteniéndonos en Kandahar a las nueve y cuarto para desayunar algo. Será demasiado temprano en Estados Unidos como para mandarle un mensaje a Bella más tarde, así que lo hago ahora, diciéndole dónde estoy e informándole del plan para el resto del día.
Partimos para la ciudad de Chopan a las dos de la tarde. Almorzamos y tomamos un café antes de viajar a Ghazni y deteniéndoos ahí para cenar y tomar más café. Llegamos al aeropuerto de Kabul a las seis y media de la tarde.
Tenemos que esperar tres horas hasta que salga nuestro vuelo, así que vamos a Burger King por algo de comer y para matar el tiempo, compramos una baraja de cartas en una de las tiendas del aeropuerto, así que jugamos algo de póker y solitario. Emmett se duerme en la última hora de espera y yo hago lo mismo al poco rato.
Siento como si apenas hubiera cerrado los ojos cuando Emmett me despierta.
—Vamos, hermano. Tenemos que abordar.
Bostezo mientras me levanto, estirándome un poco antes de tomar mi equipaje y seguir a Emmett por la puerta, el pasillo de abordaje y el avión. Dejo una de mis maletas en el compartimiento de arriba del asiento y la otra debajo del asiento de enfrente antes de sentarme en mi lugar.
Las dieciséis horas de vuelo de Kabul a L.A. se sienten como una eternidad. Duermo la mayor parte del tiempo, pero me despierto en las dos últimas horas de viaje y no puedo retomar el sueño. Emmett, por su parte, duerme como un muerto y ronca como una sierra.
O al menos eso pensaba.
Me robo el frío pedazo de pay que Emmett dejó en su bandeja y le doy un mordisco antes de tomar su lata medio vacía de Coca Cola. Por mi visión periférica, puedo ver como se gira para mirarme; lo veo por el rabillo del ojo y entrecierra los suyos hacia mí justo cuando estoy a punto de darle un sorbo a la bebida.
—Yo estaba comiendo y bebiendo eso —gruñe y se estira para quitarme la comida de las manos, el líquido del refresco se derrama sobre mí.
—Gracias, idiota —murmuro, limpiándome el uniforme con una servilleta—. Juro por Dios que tú tienes un sexto sentido cuando algo tiene que ver con la comida.
—Solo cuando le gente trata de robármela —responde, golpeándome en el brazo.
—Cálmate, psicópata —río, dándole un codazo.
—¿Cuánto falta? —pregunta emocionado.
Reviso mi reloj.
—Una hora.
—Ugh —gruñe, sacando su teléfono y abriendo el juego de Angry Birds.
Cerrando los ojos, suspiro pesadamente.
—Lo sé.
Debo haberme quedado dormido, porque cuando despierto, el avión está aterrizando y Emmett me está sacudiendo, hablando con rapidez.
—Hombre, ya llegamos. Estamos en la pista de aterrizaje —dice, saltando en su asiento—. Edward, estamos en suelo americano. Estaremos respirando el mismo aire que nuestras chicas de nuevo. —Me mira y su sonrisa es tan grande que podría partir su rostro a la mitad—. Hermano, ¡las veremos de nuevo en menos de veinte minutos!
Sonrío de vuelta, apretando su hombro antes de mirar por la ventana para ver a una mujer en una chaqueta amarillo fluorescente, dirigiendo el avión hacia el espacio de aterrizaje correcto. Tenemos que esperar cinco minutos hasta que la luz que te permite desabrochar el cinturón se enciende. Emmett salta de su asiento en menos de treinta segundos. Abre el compartimiento de arriba, sacando mi equipaje y el suyo antes de ayudarle a una anciana detrás de él con su equipaje.
Emmett recoge su bastón mientras todos comienzan a caminar por el pasillo del avión. Tiene que usar el bastón para balancear el peso de su cuerpo por los primeros seis meses, hasta que su pierna protética se acostumbre a su extremidad. Él comienza a tamborilear en el asiento de enfrente con sus dedos, impaciente.
—Hombre, cálmate —río.
Sus ojos se giran hacia mí y arquea una ceja.
—No actúes como si no estuvieras emocionado por ver a Bella y a esa hermosa bebé tuya.
—Lo estoy —sonrío, incapaz de contenerme—. Pero el hecho de que pronto las tendré en mis brazos me ayuda a mantenerme calmado.
Rodando los ojos, sacude la cabeza con diversión y se une a la multitud. Camino detrás de él por el pasillo. El piloto sale de la cabina, saludándonos a Emmett y a mí, agradeciéndonos por servir a la nación.
Cuando salimos del avión, el sol brilla con fuerza y el aire se arremolina a nuestro alrededor, haciéndonos tambalear un poco. Cerrando los ojos, paso mi brazo por los hombros de Emmett. Lo escucho tomar una respiración profunda mientras yo suspiro. Cuando abro los ojos, Em está mirándome; sus ojos brillan por las lágrimas sin derramar. Sonriendo, inclino la cabeza, diciéndole en silencio que vaya adelante. Me mantengo detrás de él mientras bajamos las escaleras hacia la terminal.
Mientras atravesamos las puertas de la terminal, miramos alrededor de la sala —parándonos de puntas y estirando los cuellos— buscando a nuestras chicas. Cuando veo a Bella, con Summer Rose en los brazos, mi visión se enfoca y todo lo demás a mi alrededor se evapora, ella es lo único que veo. Cuando me ve, sus ojos se llenan de lágrimas y sonríe con alegría. Sonrío de vuelta, saltando en el aire y palmeando la espalda de Emmett antes de echarme a correr entre toda la gente.
Ella extiende su mano izquierda mientras cierro la distancia entre nosotros. Entrelazo nuestros dedos —asegurándome de no aplastar a Summer en el proceso— y acuno su mejilla con mi otra mano, enredando mi mano en su cabello antes de besarla con ferocidad.
Se ríe con suavidad mientras dejo besos por todo su rostro, luego exhala temblorosamente cuando descanso mi frente contra la suya.
Los gritos de alegría de Emmett me sacan de mi burbuja con Bella. Volteo justo a tiempo para verlo cojear con alegría hacia nosotros. Katie y Ben salen corriendo hacia él, causando que se tambalee un poco. Él se sostiene de los hombros de los niños para recuperar su equilibrio antes de arrodillarse con su rodilla buena y abrazar con fuerza a sus hijos. Mi boca se curva en una sonrisa mientras sus ojos se llenan de lágrimas y solloza abiertamente, acunando la mejilla de Katie en su mano, pasando la mano por su cabello antes de despeinar a Ben y tomando su cabeza para besarlo en la frente. Se pone de pie cuando Rosalie los alcanza, enredando los brazos a su alrededor, levantándola del suelo y balanceándola de un lado a otro mientras la besa.
—Bienvenido a casa, papi —susurra Bella mientras enredo mi brazo alrededor de su hombro, acercándola a mí y mirando a mi hermosa niña.
Está usando un conjunto de ropa que es un poco grande para ella. Tiene flores amarillas y rosas y una pequeña diadema a juego. Paso mis dedos por la mejilla de Summer antes de inclinarme para presionar mis labios contra la suave piel de su frente.
—Cárgala, saluda a tu hija de la manera correcta —dice Bella con suavidad, pasándome a nuestra niña.
—Hola, mi dulce bebé —susurro mientras la tomo de los brazos de Bella. La sostengo por la espalda con mi mano derecha, sosteniendo su cuello y cabeza con mi mano izquierda—. Dios, eres idéntica a tu mami —sollozo con las lágrimas corriendo por mi rostro—. Tan hermosa.
Un amor tan fuerte que nunca se irá de mí, y por el que desafiaría a la muerte, me llena; estoy encantando por su belleza.
Bella enreda los brazos alrededor de mi cintura, poniendo su mano en mi brazo y descansando su mejilla en su mano. Acunando a nuestra hija con mi brazo izquierdo, paso mi brazo derecho por los hombros de Bella, sosteniéndola contra mí con fuerza. Nunca se había sentido tan bien estar en casa.
Sonriendo para mí, volteo mi cabeza para besar la sien de Bella antes de mirar de nuevo a nuestra Summer Rose.
*saca el pañuelo y se seca las lágrimas*
Hemos llegado al final de Summer Rose *llora más*, Edward volvió a casa para reunirse con Bella y Summer, al igual que Emmett con su familia. Ambos sobrevivieron y fueron felices por siempre...
¡Eso lo veremos en el epílogo!
Así que todavía les espera un poquito más de Summer Rose :´)
Dejen sus reviews con sus opiniones sobre el capítulo y la historia en general, ahora que está llegando a su fin.
¡Hasta la próxima!
xx
