Jair937:Gracias de verdad por leer mi historia. Disfrútala.

XxLoneWolfYTxX: Me alegro que causara tantos efectos, y de igual manera espero que disfrutes ésta entrega

Hesvan: Una disculpa por la demora, espero que valga la pena el tiempo que tardé

Clover819: Que termine la desesperación, gracias por el comentario.

ThePhantomPain02: ¿Yooo? ¿Diabólica? (léase con sarcasmo) NOOOO cómoooo? A mi me gusta mucho también, espero que lo disfrutes, es oficialmente el último capítulo. De nuevo gracias por leerme y nos leemos pronto, espero.

Flame n' Shadows: Espero que por el capítulo valga la pena la espera, gracias por leerme y por todo el apoyo.

Hugo Med Lob: Qué bella capacidad, será que tienes muchas emociones. Gracias por leerme y por comentar

Y ahora sí, el último capítulo.


No paraba de hablar ¿Por qué se detuvo? No te detengas, Zanahorias, no pares.

Escuchar su voz era como tener una brújula en la oscuridad, ya había oído que los pacientes comatosos podían escuchar a sus seres queridos cuando les hablaban con regularidad, pero nunca lo había creído, creía que simplemente no había nada. Y hay tantas cosas…

Pero de todo lo que hay es su voz lo que más anhelo escuchar.

Primero creía que me quedaría vagando en la oscuridad para siempre, no había nada más que sólo oscuridad y había momentos en los que sentía que caía, y otros en los que sabía que seguía atado a mi cuerpo, sin posibilidades de escapar. Y no sé cuánto tiempo estuve en el borde entre la oscuridad y mi cuerpo, pero un día una luz violeta brilló dentro de mí.

Era el llanto de Judy, y pude verla. Llorando a los pies de mi cama como si no hubiera un mañana, suplicando una y otra vez que despertara, que no la abandonara.

¡Abandonarla!

¡Jamás te abandonaría, Zanahorias! Pero el grito se quedó atorado en mi garganta, no puedo moverme, no puedo hablar, no puedo hacer nada… Y en cuanto su voz se apaga algo que no sentía hace mucho se apodera de mí, el peso de mi cuerpo, no como si siguiera atrapado sino como si encontrara el camino de regreso.

¡Zanahorias! Judy, sigue hablando, por favor, sigue hablando. ¡No guardes silencio! Si tú nunca te callas, no guardes silencio ahora ¡Háblame! ¡Guíame de regreso a ti! No puede ser que me haya ido sin decírtelo.

¡Te amo!

Con un demonio, no puedo ni gruñir.

¡Te amo, Zanahorias!

Y todo es en vano.

Deja de llorar y yo me hundo de nuevo en la penumbra, me hundo profundo hasta la oscuridad que se había apoderado de mí, pero ésta vez es distinto, se siente diferente. Judy toma mi mano y no para de parlotear, y habla de un montón de cosas, de Garraza y un montón de chismes, habla de Bogo, no está muy contento con el hecho de que dejemos de trabajar casi dos meses. Y el señor Manchas ha estado viniendo todos los días a vernos, qué curioso. Y hay tanta gente preocupada por mí que me cuesta creer que sea verdad.

Ahora sólo estoy consciente a intervalos, me pierdo en la oscuridad como si estuviera durmiendo profundo y sin sueños. Aunque cuando encuentro el camino de regreso es gracias a la voz de Judy, que no para de hablar de hechos extraños que ocurrieron en un teatro hace años, y está tan apasionada en la lectura que creo que podré encontrar el camino de regreso. Pero de pronto frena y me encuentro perdido de nuevo en la oscuridad, y promete que volverá mañana, no la dejan quedarse. Coneja valiente y obstinada.

Debería atender las indicaciones del médico.

A todo esto ¿Qué hace en mi habitación?

Y su perfume. Invade todo, mis sentidos están aturdidos, adoro que use perfumes. Me recuerda que sigo vivo y que puedo seguir luchando. Se queda callada pero su perfume no abandona la habitación, no me deja.

—Me quedaré ésta noche, Nick. —Anuncia. ¡Sí! ¡Quédate conmigo, Zanahorias! —Si despiertas avísame. —Me pide en tono triste, escucho cómo acomoda uno de los almohadones del sofá y sonrío en mi fuero interno. Y por largo rato se remueve incómoda y no sabe las ganas que tengo de decirle que se esté quieta.

Zanahorias. —Comenzaría. —Eres muy ruidosa y no dejas dormir. Ya sé que he dormido al menos una semana, pero de todos modos haces mucho ruido.

Cómo extraño poder ver sus ojos cuando le digo Zanahorias, si tan sólo tuviera la oportunidad de pronunciar ésa sola palabra. Zanahorias… Zanahorias…

Zanahorias… Za-Zanahorias…

.

— ¡Nick! —Soltó bajando del sofá de un salto, se aproximó a la cama y se aferró al borde de la sábana, temiendo que aquello fuera una mala pasada por parte de su subconsciente.

—Zanahorias. —Murmuró él con voz ronca mientras buscaba el rostro de Judy en la oscuridad, ansioso por beber un vaso de agua y ansioso por hacerle saber a Judy que ahora estaba consciente, aunque ¿Cómo? Si él mismo no estaba del todo seguro de que aquello fuera verdad.

— ¡Llamaré a una enfermera! —Murmuró ella con intensidad, tratando de alejarse, pero la voz ronca de Nick la hizo regresar sobre sus pasos, como si un imán la obligara a permanecer en su lugar.

—Espera… Déjame verte primero, déjame… Sólo quédate conmigo… O volverá la oscuridad.

Y a sabiendas de que era mejor llamar a algún experto, algo la hizo quedarse.

—Nick de verdad tengo que llamar a alguien, te tienen que revisar, despertaste… Despertaste…

Y sin poderlo evitar mucho más, Judy subió a la cama de un salto, acurrucándose al lado del zorro y llorando de alegría al tiempo en que él la apretaba levemente contra su costado. La duda se apoderó de ella, se sentó de golpe temiendo que aquello no fuera verdad y se pellizcó con fuerzas. No le constaba que aquello funcionara de verdad pero quería intentarlo. Tenía que.

—Te extrañé, Zanahorias… ¿Agua? Para éste pobre zorro… —Bromeó sin fuerzas.

—La traeré en seguida. —Dijo saltando de la cama con lágrimas en los ojos, ansiosa porque el mundo lo supiera.

.

Le hicieron unas revisiones y lo dejaron descansar, pero después de haber pasado inconsciente tanto tiempo, Nick no pudo conciliar el sueño, contrario a Judy, que se quedó dormida en cuanto su cabeza tocó el almohadón del sillón.

Nick le había pedido (corrección. Le había exigido) que se fuera a descansar, que durmiera en una cama de verdad, que se ocupara en reponerse del daño y las heridas, pero Judy, en medio de su terquedad, le había hechos saber que ahora que había despertado no había nada que la alejara de su lado.

Nick suspiró mirando a Judy dormir tranquilamente, tan tranquila que prefirió dejar todo para el día siguiente.

.

Pasaría la noche de nuevo en el hospital. Por fin había accedido a las súplicas de Nick de ir a bañarse, cambiar de ropa, comer comida de verdad y des estresarse del ritmo del hospital. Pero al caer la tarde había estado de nuevo sentada en el sillón, acompañándolo y leyendo en voz alta.

¿Qué tanto balbuceabas antes de que despertara? Algo de un fantasma.

Leía para ti.

¿Podrías continuar con la lectura? Me intrigó la historia, o al menos lo poco que pude entender mientras dormía.

Caída la noche ella se había recostado en el sillón y miraba la lluvia caer por media ciudad, lluvia de verdad golpeando las ventanas con parsimonia. Suspiró por enésima vez, radiante. Nick suspiró un instante después y se sentó mirando a la coneja.

— ¿Qué?

— ¿Cómo se duerme en el sillón?

—Mejor que en la cama, lo apuesto.

—No puedes.

—Claro que puedo. —Soltó dándole la espalda. Nick soltó una risa por lo bajo al ver el rabito de algodón todo apachurrado por las horas de estar pegado al sofá. Negó con la cabeza sorprendiéndose en ese pensamiento y uno nuevo ocupó su lugar.

—Ven a la cama.

— ¿Qué? —Soltó Judy interesada, levantándose sobre sus codos y mirando al zorro, que ya le había hecho espacio. Soltaron ambos risitas nerviosas pero Judy se levantó y avanzó hasta su amigo. — ¿A qué te refieres con eso?

—Acuéstate conmigo un rato. Extraño el calor animal. —Judy soltó una risita subiéndose a la cama y abrazando el costado de Nick con tanto cuidado como sus ganas de estar cerca le permitieron. —Y definitivamente te extraño a ti. —Murmuró con el hocico entre las orejas de la coneja, apretándola entre sus brazos y aspirando el aroma de Judy, que cada día volvía a ser el suyo con más fuerzas que antes. — ¿Sabes? Cuando estaba en coma…

—No hables de ello en el hospital. Dicen que es de mala suerte.

—Bah, mala suerte mis bigotes. —Y tras hacer una pausa y besarle la frente, añadió. —Había algo que quería decirte.

— ¿Qué cosa?

Nick levantó el rostro para buscar los ojos violetas de Judy, sonrió acobardado y recostándose de nuevo, murmuró. —Que extrañaba decirte Oficial pelusa por cómo arrugas la nariz.

—Ja, ja. —Soltó sarcástica, pero luego se levantó en un codo y sonrió con aires nostálgicos. —Pues yo también tenía algo qué decir. —Le tomó el rostro con ambas manos y sonrió envalentonada. —Te amo, Nicholas Wilde, y no sé desde cuándo, pero así es. —Y antes de que la valentía la abandonara y sin percatarse de la expresión de sorpresa que había compuesto Nick, ella se lanzó sobre sus labios arrancándole un beso apasionado que se prolongó lo suficiente para dejarlos a ambos sin aliento. En un movimiento ágil, Nick jaló a Judy hasta sentarla a horcajadas sobre él y atrajo de nuevo su rostro en la oscuridad, besándola de regreso con un sinnúmero de emociones brotándole en el pecho.

La coneja se bajó de la cama con tiempo apenas suficiente para evitar ser descubierta por un doctor que había entrado corriendo seguido de una enfermera. Nick se sentó de golpe para mirarlos, confundido.

— ¿Todo en orden? —Quiso saber la enfermera, preocupada, mientras encendía la luz. —Tu monitor se disparó, casi como una taquicardia… Pensamos…

Nick respiró profundo un par de veces y luego, componiendo una sonrisa falsa como el video de Garraza con Gazelle, murmuró. —Estaba teniendo una pesadilla.

—Señorita, le vamos a pedir que se retire por ésta noche. —Añadió el médico revisando los sueros de Nick y moviendo un poco el gotero, habló con aires distraídos. —Vaya a su casa a descansar y por la mañana…

—Pero quiero quedarme a cuidarlo.

—Señorita. Lo mejor para ambos es que se vaya. Que descanse, y por la mañana podrán hablar. Sé que tienen algo de incapacidad en la comisaría, así que…

—Preciosa… —Llamó Nick con voz aterciopelada. ¡Maldito zorro! Judy había olvidado el poder que su voz tenía sobre ella. —Creo que el Doc. Tiene razón. Será mejor que ambos descansemos, ya habrá tiempo para ponernos al corriente.

—Pero Nick, hay mucho…

—Lo sé… Mañana, temprano. Descansa.

Judy asintió no muy convencida y se acercó a la cama, plantó un beso en la sien de Nick y aprovechando el descuido de los médicos, murmuró de nuevo. —Te amo, Nick. —Pero en voz alta añadió. —Te veo mañana entonces. Garraza tiene un millar de chismes qué pasarnos.

Y aunque Nick se quedó con una palabra atorada en la garganta, sonrió despidiéndola con una mano sin imaginarse que ella iba directo a su departamento, a pasar la noche aferrada a su almohada y a dormir con una de sus camisetas viejas, renuente a permitir que el aroma de Nick la abandonara.

Mañana sería otro día.

—También te amo, Zanahorias… —Murmuró cuando por fin lo dejaron solo. —Y esto no se queda así, oficial Hopps.


Oficialmente éste es el final de la historia, muchísimas gracias a todos los que me leyeron y espero que haya sido de su agrado. Aún no pienso en una idea para el epílogo, pero si algo se les ocurre, avísenme por favor, aún estoy abierta a la posibilidad de publicar algo más.

Besos. Abrazos y mil y un gracias por el apoyo.

Por cierto, un breve chiste local pero para que mi lector más importante lo sepa. Yo siempre un puntito más que tú 3