Capítulo III
5 meses antes…
¿¥ 87,000! ¿Cómo iba a pagar tanto y sólo por un pasaje sencillo? ¡Ugh! Era en momentos así en donde la idea de ser esposa de un empresario millonario y vivir atendiendo reuniones sociales y siendo un trofeo a presumir no me parecía tan mal comparada con la de adquirir ese título universitario y ser una científica exitosa por mi cuenta.
¥ 87,000.
Los Ángeles cada vez parecía una fantasía inalcanzable pese a que ya había estado ahí una vez. Lo que daría por volver a pasearme por Hollywood Boulevard, comer las hamburguesas más deliciosas del universo entero: In&Out, y gastar dinero en cosas innecesarias por el placer de vivir la experiencia consumista americana.
Había realizado una estancia en la Universidad Estatal de California en Los Ángeles a inicios de año y el Doctor, un prestigioso investigador reconocido por su aportación tecnológica en el diseño de celdas de combustible microfluídicas que operaban a base de enzimas y proteínas, había encantado con mi trabajo y me había invitado a pasar el verano realizando más experimentación en su laboratorio. Y yo encantada de volver.
Si bien había pasado toda mi vida en Japón, visitando innumerables veces Tokio, el ambiente que se respira en LA es diferente. Las personas son muy amables pero desinteresadas. A nadie le interesa si me bañé, cómo voy vestida, si ando por la calle hablando sola o bailando. En mi experiencia puedo decir que es como un pedacito de cielo en la tierra, no hay crítica, no hay prejuicios, todos son felices a su manera y respetando la de otros; por las tardes hay obras de teatro, los artistas salen a mostrar su talento por Hollywood, hay otros más intrépidos que van por ahí vestidos de personajes cinematográficos. Mi estadía en Los Ángeles apenas y duró un mes completo pero bastó para que ganara al menos unos 7 kilos de peso y rompiera muchos tabúes acerca de la cultura americana.
Y ahora, a un mes aproximadamente de tener que partir, aún no contaba con mi boleto de avión y por lo que veía los precios no bajarían mucho.
Fui a la cocina para prepararme otra taza de café. Estaba dispuesta a no dormir esa noche hasta no haber comprado un boleto a Los Ángeles y por lo demás me preocuparía después. Y es que la sensación de saber que tenía una fecha en la que abordaría un avión, el simple hecho de pensar en lo que debía comprar y empacar me ponía la piel de gallina. No había algo que adorara más en la vida que viajar, pasar horas esperando a mi próximo vuelo sentada en algún rincón de las salas de espera de un aeropuerto, de hecho, llevaba tatuado en la muñeca de mi brazo izquierdo un avión como promesa que me había hecho de pasar el resto de mi vida viajando y explorando cada pedacito de cielo escondido por todo el mundo.
Y al volver miré un mensaje en la bandeja de entrada de mi correo electrónico:
BECAS DE INVERSIÓN EN EL CONOCIMIENTO 2015
BECAS PARA PARTICIPAR EN LA ESCUELA DE INVESTIGACIÓN "RESEARCH SCHOOL" DE LA UNIVERSIDAD DE MANCHESTER REINO UNIDO
Especialmente para temas de Grafeno, Energía, Bioineniería, Biomecánica, Materiales y Matemáticas aplicadas.
Bla, bla, bla… mmm cómo odiaba que pusieran tantos términos políticos-legales. ¿Por qué no sólo iban directo al grano con la información?
CONVOCAN
A las Instituciones de Educación Superior, Centros e Institutos de Investigación (IES/CII), a que postulen solicitudes de beca para la "Escuela de Investigación" para estudiantes inscritos en sus programas de maestría de modalidad escolarizada, presencial convencional para jóvenes investigadores que cuenten con una beca nacional.
Las postulaciones y las solicitudes deberán tener como objeto que el becario realice una estancia en la Universidad de Manchester (UoM) del Reino Unido para complementar y enriquecer la formación, experiencia y capacidades de investigación de los becarios nacionales en la institución de alta calidad académica.
¿Manchester? Las únicas referencias que tenía de Reino Unido eran por la película de Harry Potter. ¿Pasar el verano en Manchester? ¿Con la lluvia constante y el cielo gris todo el tiempo? No, gracias. Yo paso de eso. Los Ángeles había sido una experiencia que me había marcado. Es decir, tenía por un lado la urbe con los grandes edificios, tenía Universal Studios, Disneyland, podía pasar cualquier día sentada en la playa de Santa Mónica. Pero, como de costumbre, le reenvié el correo a mi asesor de tesis. Dos minutos luego estaba leyendo su respuesta: Aplica de inmediato.
Miré los requisitos, tenía el nivel de inglés que pedían pero no el certificado actualizado, quizás eso sería un inconveniente ya que la convocatoria cerraba dentro de tres días y el papel que yo ocupaba tardarían al menos una semana en tenerlo listo, eso suponiendo que todo el personal administrativo que se encargaba de ello en la facultad estuviera de buen humor.
¿Manchester? No mentiría, la idea me emocionaba un poco pero mi corazón estaba puesto en LA.
— ¡Claro que tienes tiempo! —respondió Vanya, la adorable encargada de la coordinación de intercambios académicos y posiblemente mi persona favorita dentro del personal administrativo—. La convocatoria seguirá abierta toda la otra semana así que aún tienes tiempo de entregarme tu papelería —asentí simplemente y me mordí el labio para reprimir una sonrisa. Me iría a Manchester después de todo.
Salí de su oficina y le envié un mensaje a Liz, era una de mis mejores amigas, había venido a Odaiba por un año de intercambio. Ella era una pelirroja muy agradable y divertida nacida en Salamanca, España.
Me: Guess what? Me voy a Manchester.
Liz: OMG! En serio? :O Kari, qué genial!
Me: Yup… gotta get my shit together.
Liz: Jajaja… ya le dijiste a Pedro?
¿Pedro? ¡Oh, Dios! Con todo esto se me había olvidado por completo que estaba saliendo con Pedro.
Él y yo nos conocimos hace unos meses luego que regresé de mi estancia en Los Ángeles. Era italiano pero ya llevaba cinco años viviendo en Odaiba y trabajaba para una empresa que manufacturaba los componentes electrónicos de las computadoras. Pedro era mayor que yo por cinco años, tenía 30. Había comprado su casa y su auto, y diariamente me decía que lo único que le hacía falta era una esposa… que yo fuera su esposa.
Había declinado en varias ocasiones que terminaban en peleas y días sin hablarnos pero finalmente ahí seguíamos los dos. Y es que la idea de casarme, el matrimonio en general me parecía absurdo e innecesario.
Un timbre, dos timbres…
— Bueno —respondió él.
— Hey, ¿cómo estás?
— Hola, mi vida. Bien, ¿cómo va todo?
— Bien, también —me aclaré la garganta y con una sonrisa saludé al profesor Khunn que pasaba en frente de mí—. ¿Estarás ocupado en la noche?
— Para ti, sabes que no. ¿Qué tienes en mente?
— ¿Puedo pasar a tu casa? Tengo una noticia que darte —se hizo un momento de silencio en donde escuché a Pedro responderle algo a alguien más.
— Claro. Te veo después del trabajo, cariño.
— Bien, nos vemos más tarde.
Manchester. La idea seguía dándome vueltas en la cabeza, aún no podía creer que fuera a pasar allá el verano. Ahora tendría que pensar qué le diría al Doctor de LA y ver dónde conseguir las libras, adaptadores, y posiblemente una capa mágica de invisibilidad.
Y así empezó todo...
