Capítulo IV
— Y entonces, Kari, ¿cuéntame de ti? ¿Tu libro favorito?
— La emperatriz de los etéreos, de Laura Gallego García. Es española.
— Ah claro, súper reconocida —me mordí el labio y fingí una sonrisa. ¿Reconocida? Sólo habíamos tres personas en el mundo que conocíamos a Laura. Ella era una autora underground que odiaba dar entrevistas y había rechazado en varias ocasiones la oportunidad de que llevaran a la pantalla grande sus historias porque prefería que su trabajo no fuese distorsionado a ganar fama. ¿Y ahora él me decía que era reconocida? Oh, Dios… ¿en qué me metí?
— ¿Cuál es tu libro favorito? —pregunté por no dejar. Finalmente James parecía buen chico.
— Mmm —le dio un trago a su cerveza—. No recuerdo el título porque yo sólo agarro el libro, empiezo a leer y si me gusta le sigo, pero trata sobre una conspiración en la guerra de… —y entonces asentí, sonreí y bebí de mi cerveza fingiendo estar interesada. Era obvio que el muchacho estaba desesperado por atención y cariño, era obvio que creía que yo era la mujer más maravillosa del planeta y si le pedía ahora mismo matrimonio seguramente aceptaría sin chistar dándome todo lo que yo quisiera en la vida. Pero lo que yo quería no podía ser comprado ni con todo el oro y diamantes del mundo.
No quería parecer grosera diciéndole que me llevara a mi casa porque además no tenía ganas de volver. Aproveché cuando James fue al baño para llamarle a Yolei y que me rescatara de aquella aburrida noche. Mi amiga estaba a unas cuadras de ahí en un antro así que no me sería difícil escaparme. Pagamos la cuenta y le propuse al chico que desde hacía meses había suplicado por una cita conmigo que fuéramos a aquél antro. En el camino saqué de mi bolsa un paquetito de marihuana y él abrió los ojos sorprendido y más cuando vio que me llevé un puño de hierba a la boca.
— ¿No la fumas? —negué con la cabeza.
— Prefiero ingerirla, ¿la has probado así?
— No.
— ¿Quieres? —le ofrecí la bolsita y él comió también.
— Está buena —asentí simplemente y sonreí.
— La verdad es que cuando fumo no me pega tanto por eso prefiero ingerirla. Ya sentirás el efecto.
Llegamos al antro y enseguida vi a Yolei con algunos amigos de ella. Distribuidores de mercancía, más que nada. James me propuso ir por una cubeta de cervezas y en el camino a la barra me encontré con Davis, un viejo amigo del colegio.
Resulta que Davis había salido del clóset hacía unos años y estaba saliendo con Cody, otro amigo. Me daba mucho gusto por él, la verdad. Le conté un poco de mí fingiendo estar… interesada en la vida. No es que no lo estuviera, es que… había muchas cosas de por medio. Apenas y veía a Davis una vez al año pero era un chico al que apreciaba bastante.
Al notar que James empezaba a incomodarse le pedí que fuéramos por la cubeta de cervezas y nos quedamos adentro del lugar. Estaba semi oscuro y la mezcla de música electrónica y trippy empezó generar reacciones combinadas con la droga que había ingerido y sentí mis brazos hormiguear.
— ¿En qué piensas? —preguntó él cuando me quedé mirando la pista de baile y a las personas e imaginando lo que pasaba por sus mentes.
— Nada —le di un trago a mi cerveza y sonreí.
— Estás muy callada.
— Estoy bien —era en estos momentos cuando más lo extrañaba. James se quedó mirándome sin convencerse de lo que le decía. Si algo odiaba tanto como que mintieran queriendo impresionarme era que me pidieran explicaciones—. Si quieres saber, estoy pensando en el cambio del flujo de electrones cuando se incrementa el volumen de las canciones, si es causado por un esfuerzo mecánico o algo más.
— Pues, es porque cambia el ritmo, sube el volumen —respondió como si aquello fuera un argumento fundamentado. Me reí y le di un trago a mi cerveza—. Sí, ¿no?
— Claro, eso fue lo que dije —solté un profundo suspiro y seguí mirando a las personas. Pese a que pasaron segundos, un minuto quizás, a mí me pareció como si hubiese estado así por horas.
Luego de un rato en donde platicamos, o mejor dicho, le manifesté a James mi idea de abandonar la vida pasados los treinta años —con la esperanza de que se asustara y se fuera— fui con Yolei. Nos fuimos a bailar un buen rato, yo simplemente cerré los ojos y me olvidé del mundo alrededor, me dejé llevar por cada beat musical hasta recordar que había dejado esperando a James y a estas alturas probablemente ya se había ido, pero no, ahí seguía.
— Lo siento —dije al llegar a la mesa.
— No, está bien. Me gusta verte bailar —sonreí simplemente y le di un trago a la cerveza—. Kari, me gustas mucho. Me parece que eres… eres… la mujer más… interesante.
— Emm… gracias —él se puso de pie e intentó agarrarme las manos pero me aparté.
— Quiero que seamos algo más —oh no… el momento que en repetidas ocasiones me había hecho perder amistades. ¿Por qué James? ¿Por qué no sólo puedes ser feliz siendo mi amigo? Ni siquiera soy un buen partido, mírame, consumo drogas, vengo a club nocturnos cada noche a embriagarme con la esperanza de olvidarme de…
— Lo siento, James. No puedo. Yo, te aprecio mucho. Sólo eso —él asintió y le dio un trago a su cerveza. Su expresión facial cambió de un segundo a otro y supe que se había molestado.
— Bueno, Kari. Me voy. Fue un gusto salir contigo hoy.
— Igualmente —me dio un abrazo y sin decir más se fue. Volví con Yolei a la mesa y vi que estaban recogiendo las cosas—. ¿A dónde van?
— A un streap club. Los muchachos quieren acción ésta noche, ¿vienes?
20 de junio de 2015
Tras hacer el check out en el hotel salí aquella fría y lluviosa mañana cruzando los dedos para que Google maps me llevara a la dirección correcta. Al ir arrastrando mi maleta, viendo a todos con sus abrigos, sombrillas y botas de plástico me sentí metida en una comedia romántica británica. La arquitectura de los edificios me recordaba las películas de Harry Potter. No podía todavía creer que estuviera ahí, en Reino Unido, iniciando una aventura nueva. En mis 25 años de vida no me había imaginado visitando aquella ciudad, creo que la única referencia que tenía de Manchester era por el fútbol.
Tomé un camión sin estar segura si me llevaría a los dormitorios de la universidad, aunque, según el mapa, así debía ser. Poco a poco el cielo se fue despejando aunque no se veía un rastro de sol. Pasamos por varios parques muy verdes en los que me vi yendo a caminar cada tarde, con un café en la mano, disfrutando tan agradable clima. Poco a poco fui sintiendo mariposas en el estómago y no podía dejar de sonreír al ver las casas que había conocido únicamente por películas pero ahora aquí estaban, eran reales. Cada escenario era mágico.
Pese a que había dormido mucho aún seguía sintiéndome muy cansada. Jet lag. No estaba segura si nos pondrían a hacer alguna actividad y esperaba que no para poder quedarme en la cama un rato.
Llegué finalmente al lugar en el que nos iban a hospedar. Afuera había dos chicas y un chico y me acerqué a preguntarles dónde estaba la entrada, esperando que mi pronunciación de inglés no fuese tan mala que tuviera que repetir.
— Disculpen, ¿saben dónde está Sheavyn house?
— Sí. ¿Vienes por el programa de verano de Odaiba? —respondió el muchacho de cabello muy rubio y ojos azul cielo. Asentí simplemente y los tres me sonrieron—. Ven, yo te llevo.
— Gracias.
Caminamos por una especie de vereda y alrededor había muchos árboles. Demasiada vegetación, debo decir. Al final alcanzaban a verse los edificios de ladrillo que conformaban los dormitorios. Cruzamos un enorme estacionamiento hasta llegar a la recepción. A como pude hice entrar mi maleta a aquél lugar conformado por una barra, detrás de ésta estaba un señor canoso, del otro lado una sala con una mesa rectangular al centro y sobre ésta revistas de moda y otras cosas. En una esquina de la barra estaba un joven usando el teléfono pero no pude verlo porque me daba la espalda.
— Aquí te registras y él te dirá dónde dormirás —me dijo el muchacho de ojos azul cielo—. Bienvenida.
— Gracias —sonreí al despedirme y me acerqué con el señor quien sacó una lista enorme.
— ¿Cuál es tu nombre, cariño?
— Hikari Yagami —respondí pensando en que la gente aquí era muy amable.
— Ah sí, aquí estás —dijo apuntando en la lista—. Firma aquí y enseguida te entrego tu llave —hice como me pidió y esperé mientras él iba a otro cuarto. Voltee a ver al joven del teléfono quien ahora estaba viendo su celular y sentí una revoltura, mezcla de nervios y excitación, en el estómago. Era muy alto, de complexión esbelta, piel muy blanca y cabello rubio. Llevaba unos lentes de pasta gruesa, una sudadera azul y jeans desgastados. Me pareció muy atractivo y además, olía muy rico—. Toma —dijo el señor entregándome una bolsa de papel y adentro de ésta la llave de mi cuarto—. Deberás salir por aquí, da vuelta a la izquierda y la casa del fondo es donde te quedarás. Allá están los coordinadores registrándolos.
— Gracias.
— Bienvenida a Sheavyn House —dijo él de lo más amable. Tomé mi maleta e instintivamente miré al joven rubio quien levantó el rostro y nos sonreímos. Tenía unos ojos azules muy bonitos y en verdad, en verdad me parecía muy atractivo. Quizás él vivía aquí en otra de las casas y volvería a topármelo. Quizás no. Sólo sabía que aquella estancia ya me estaba cambiando la vida.
Espero que les guste!
