Mi más dulce despropósito:
Robb/Sansa/Jon
(la verdad es que no quería subir las historias en este orden, parece que va ir todo de tríos y no es así...)
Recordad que si os gustan este tipo de pairings High Flying Bird tiene una "Rapsodia" fantástica.
Un sueño de verano
"El amor, para que sea auténtico, debe costarnos."
(Madre Teresa de Calcuta)
I
Hoy está tan bonita... El pelo le cae suelto en suaves bucles sobre la espalda, con el rostro despejado y las mejillas y la nariz enrojecidas por el frío. Los labios se le curvan en una sonrisa perfecta porque ha conseguido darte un bolazo de nieve. Me apetece tanto borrarle esa sonrisa con mis labios...
Por todos los Dioses, Robb, no puedes seguir pensando de esa manera. Está mal. Es tu hermana. Tu sangre.
Pero es tan guapa. Y tan dulce. Ella sólo cree en príncipes y doncellas de canciones... Podría ser su príncipe. Podría amarla por toda la eternidad y defender nuestro amor de todo el que se interpusiera entre nosotros.
¿Cómo piensas hacerlo Robb? ¿Con tu espada de madera?
Te has quedado tan embobado mirándola que ni siquiera puedes evitar que Jon le tire una bola de nieve, que le golpea en el hombro. Primero puedes ver que se sorprende, pues ella también te miraba fijamente, pero después vuelve a sonreír. Pero no sonríe para ti. Sino para Jon.
Y eso, por motivos que no alcanzas a comprender del todo, te pone enfermizamente celoso.
Así que le tiras un bolazo a la cara.
II
Nunca habías hecho algo tan divertido. Tus pasos rápidos resuenan sobre la roca de los pasillos, puentes y pasadizos del castillo. Huir de la pobre septa Mordane no ha estado bien, sin embargo seguro que nadie sospecha de tu travesura. ¿Cómo iban a imaginar que en verdad no te sientes indispuesta? Es la ventaja de hacer siempre lo correcto, no como Arya, los demás se creen tus mentiras.
Continuas en tu expedición con tu destino claro en la mente. El punte superior al patio de entrenamiento. Allí de seguro podrás verles bien a ambos.
Ciertamente, tus hermanos se entrenan con la espada como es habitual a esa hora. Escondida asomada a la ventana te sientes una sombra más de Invernalia.
Ambos se pelean con sus espadas de madera, se lanzan embites tan fuerte y tan deprisa que no captas todos sus movimientos. Por un momentos temes que se hagan daño. Pero hay algo más que un simple entrenamiento, estás lo suficientemente cerca como para poder apreciar que se miran a los ojos de una forma extraña. Como si ya no fueran amigos. Como si peleasen por algo más que por entrenamiento.
En tu cabeza se forma la fantasía de que ambos luchan por tu amor.
¡Sansa! No puedes seguir pensando así. Son tus hermanos. Son tu sangre. Robb más que Jon pero eso no importa. Son tus hermanos y no pueden pelearse por ti porque no pueden amarte. Niña estúpida.
Sin embargo sería tan romántico que fuese cierto. Más emocionante incluso que escapar de tu septa. El vencedor te rogaría una prenda tuya. Pero tu quieres darles una prenda a ambos. Porque les quieres a ambos.
Luchando se ven tan apuestos. Tan guapos que quita el aliento. Sientes que todo el color te sube a las mejillas y empieza a dolerte la cara por la sonrisa permanente que luces.
Los bardos compondrían la canción más hermosa jamás cantada.
"Los hermanos de Invernalia"
III
El Muro no es como esperabas, eso está claro.
Esperabas no tener tanto tiempo para pensar. Esperabas poder estar permanentemente ocupado. Agotar tanto a tu mente que al caer en la cama todo fueran sueños tranquilos.
Pero las largas y frías guardias en lo alto del Muro dejan demasiado tiempo libre a la imaginación.
Recuerdas con la melancolía grabada en el rostro aquel beso de despedida. En el bosque de los Dioses. La noche antes de partir hacia este destino amargo, antes de que el camino de los tres se separase para siempre.
Te preguntas si Sansa será feliz besando los labios de su prometido. Ese engreído estúpido de bucles dorados. Te preguntas si le gustarán más sus besos que el que Robb y tú le distéis bajo el arciano.
Primero fue él, porque es el mayor, así lo acordasteis primero vosotros dos solos. Para no discutir delante de ella. Eso la hubiera puesto triste. Y ya estábamos todos lo suficientemente tristes. Maldito Rey Robert, que vino para llevarse todo lo que amábais.
Por eso no podíais separaros sin un beso de despedida. Sin un último recuerdo juntos.
Recuerdas que las mejillas de todos parecían las hojas del árbol sobre vuestras cabezas. O al menos crees que así estaban las tuyas por el calor que sentías en ellas. Recuerdas que Sansa derramó dos lágrimas solitarias (una por cada amor que perdía quieres pensar) pero que no permitió que el llanto estropeara nada.
Recuerdas que el contacto de sus labios con los suyos te aceleró el corazón. Recuerdas que rozar su cintura con tu mano enguantada lo hizo mucho más.
Pero no recuerdas si sus labios estaban cálidos. Si sabían a cerezas como siempre habías imaginado. Los días van borrando la frescura del recuerdo y te aterra despertar un día sin poder dibujar su sonrisa en tu mente.
Dulces niños de verano...
