Y aquí que me planto orgullosa con una de mis parejas favoritas :) Jon/Robb
Seguramente escriba una continuación un poco más larga y lemmon, pero de momento esto es lo que ha salido.
Os recuerdo que High Flying Bird tiene una historia perfecta para las amantes de los pairings originales "Rapsodia" se llama.
Muchas gracias por leer.
La Tormenta
"Lo lícito no me es grato; lo prohibido excita mi deseo"
(Otto Wagner)
La tormenta azotaba los muros de Invernalia sin descanso. Jon llevaba horas escuchando como la lluvia y el granizo azotaban la ventana cerrada de su cuarto.
Intentó no gritar, intentó dormir y dejar que los sueños se llevasen sus horribles pensamientos. Rezó para que esas ideas que lo asaltaban desde hacía meses se diluyeran al igual que la suciedad de la piel arrastrada por el agua.
Y entonces se le ocurrió. Obviamente ya poco iba a poder dormir, así que decidió intentarlo.
Se levantó como empujado por un resorte y apartó todas las pieles que le cubrían con brazos y piernas, furioso porque se entrometiesen en su camino. Corrió por los pasillos del castillo sin más abrigo que sus pantalones y un jubón de lana viejo. Decidió que la puerta de las cuadras sería la que menos problemas le daría para salir. Los caballos y los animales parecían tan nerviosos como él. En aquel momento se preguntó que demonios estaba haciendo, pero decidió continuar.
Cuando por fin sus pies alcanzaron el patio sin techo, pudo sentir el agua sobre su cabeza, empapándole casi al instante. El frío se caló a través de su piel hasta sus huesos. Sabía que si se quedaba a la intemperie mucho tiempo más nadie podría salvarle de pillar una buena pulmonía.
Pero le daba igual. Necesitaba sentirse libre, y con el agua conseguía algo parecido.
Necesitaba sentirse limpio, vaciar su cabeza e inmovilizar su cuerpo. Abandonarse a la nada durante un momento. Para detenerlo, detener sus impulsos.
Pero al poco, comenzó a preguntarse cómo sería estar aquí, así, con él. Se preguntó que pensaría de su rocambolesca aventura nocturna. Después cometió el fatal error de notar el agua tibia sobre sus labios, y preguntarse si los de su hermano también se sentirían así, suaves, refrescantes e imparables.
¡Otra vez no! Se maldijo el bastardo. No podía seguir pensando así, no podía pararse a imaginar ese tipo de cosas. Estaba mal.
Pero Jon seguía preguntándose si los labios de su hermano sabrían a lluvia, siguió cavilando sometido al frío del Norte cómo reaccionaría Robb si le robase un beso.
¡Jon! ¿¡Te has vuelto completamente loco!?
Sí, probablemente diría algo parecido; aunque se extrañó de lo bien que emulaba su mente la voz de Robb.
¡Jon!
¡JON!
Cuando su hermano se puso frente a él, sacudiéndole por los hombros, con el asombro y el estupor marcados en sus bonitos rasgos se dio cuenta de que de verdad estaba allí. Probablemente sonrió, contribuyendo a la incomprensión absoluta que el pelirrojo ya tenía encima.
Aunque seguramente entendería mucho menos cuando Jon agarró sus caderas por el jubón mojado y le acercó hacia él.
Pero era algo que tenía que hacer. Por el bien de su salud mental, necesitaba saber si sus labios eran mejores que la lluvia. Necesitaba saber si Robb le respondería igual que lo estaba haciendo él.
Y por una vez en su vida, los Dioses fueron bondadosos con el bastardo.
