Extremadamente lejos de la base de los caballeros protestantes, a las afueras de Alemania en un cementerio abandonado de hace años; se encontraba una cripta lo suficientemente grande para tener un cuartel de operaciones, pues y así era, los enemigos de La Organización Hellsing, Millenium, estaba finiquitando los últimos preparativos para su gran ataque exclusivo a la mansión y un esporádico ataque a todo Londres si a caso.

Adentro de aquella cripta, los ánimos estaban un tanto caldeados, los ayudantes del Doc andaban por todas partes alertas de que algo ocurriese, Maxwell observaba todo con amarillentos ojos, sus lente rodaron unos milímetros por su nariz y los empujo con su dedo índice hasta donde correspondieran estar.

– ¿Ya es tiempo? –Preguntaba una silueta gatuna detrás de la silla de Max. El Major, elevo la mano antes de que el gato se diera vida hablando. Y se limitó a negar con el dedo, luego hizo un ademan dándole a entender al chico que se debían esperar un poco más, ser prudentes e ir envenenando poco a poco. – Ellos ya escaparon hace un año ¿Cómo pudieron desarrollarse para desactivar el chip de sus cabezas?

–Quizás, a veces sólo debemos limitarnos a las cosas que ya sabemos y las que salen bien. Ellos eran tipos modernos y tal vez nos dimos cuenta muy tarde de que linaje provenían sus características. Posiblemente, Doc los mezclo por diversión; un buen reto no nos haría mal. Pero ya veremos más adelante, mí querido, Oberstammführer1.

El Major Maxwell se levantó de la silla moviendo la cola de su gabardina por cada paso que daba, llevaba los brazos entrelazados por sus maños detrás de la espalda, y con la mirada perdida por momentos. Hasta que retomó el rumbo hacia el laboratorio del Doc. Posiblemente no había sido mala idea dejar escapar a los defectuosos, al cabo de los días en que habían escapado murieron de hambre. Como también no. La cripta era húmeda, pero acogedora para las ratas como ellos. El laboratorio estaba unos metros más escondido que los demás establecimientos en la cripta; a través de la puerta se escuchaban los martilleos y los burbujeos de las maquinas raras del hombre a cargo de todo aquello.

– ¡Estupendo! –Gritaba a través de las paredes. –Todo va a la perfección. Como lo esperaba. –Dijo limpiándose una lagrima que se había escapado de su lente. El Major apareció por el arco de la puerta.

–Lo mismo dijiste de mis defectuosos… Y ya sabes qué pasó. –Una gota de nervios rodó por la sien del Doc, y se estiro el cuello de la bata, como si con eso se salvaría.

–Ehh ¡Maxwell! Pero tranquilo… Esta vez, con ella todo ira de maravilla. Gracias a la innovación de los aparatos estos qué ehh no me acuerdo. ¡Gracias a ellos! Tendremos a nuestra a la reina de los-no-muertos. La… Uhmm. Pues, Alucard es el Perro de Hellsing, según este hombre de Iscariote...

Maxwell aburrido de las incoherencias que hablaba en hombre, se fue caminando por donde vino y carraspeó para que el Doc que estaba sumido en sus habladurías volteara y le viera.

–Muy bien. Pero te doy, dos noches para que empiece el proceso de recuperación de ella. No le daremos mas tiempo a Sir Integra Hellsing. –Dijo mientras sus pasos se disipaban y se veía su silueta a lo lejos.

Los ataques de los ghouls en la Villa Cheddar habían cesado, eso era muy extraño, pues era el lugar más propenso a sufrir ataques en todo el país. Pero en parte era bueno para Seras, estaba demasiado tranquila, relajada con su tiempo libre. Se había reencontrado con algunos amigos que quedaban vivos de la academia en donde se alisto para ser policía. Sopló un mechón de cabello que tenia rato fastidiándole la nariz y cerró los ojos... Como extrañaba comer comida normal, aunque ya cumpliría tres años desde que su amo hizo lo que hizo en la iglesia en Cheddar… Pero por los momentos, agradecía esa ¿Bendición? Que él le había otorgado… Tal vez lo habría podido conocer si no la hubiera mordido, pero tenia bien claro, que quizá su amo nunca se fijara en ella; siempre estuvo segura que el pelinegro y Sir Integra llevaban una relación algo extraña, hasta que un día tomó fuerzas y le contó lo que pensaba a Pip, y por casualidad Integra pasaba por el pasillo y les escuchó, aclaró la situación. Pero algo en su corazón seco le decía que había algo más, Alucard le atraía Integra y eso Victoria lo notó desde que había pisado la mansión… Bueno, no tan literal. Ella estaba inconsciente cuando llegó a la mansión… Se volteó a ver la mesa con la cubeta llena de hielo y la bolsa de sangre, cerró un ojo imaginando que la bolsa ya no se encontraba en la mesa. Pero era imposible, su nariz se lo recordaba a cada rato. Si su maestro se daba cuenta que estaba despierta a unas escasas horas del amanecer y su bolsa seguía intacta, aparecería en su habitación y la obligaría a hacer lo mismo e la otra vez. No había sido algo horrible, más bien, había sido muy incomodo.

El zumbido se hizo presente en su mente, era él, la castigaba. De nuevo. Se mordió la lengua, y abrió los ojos con expresión de dolor.

–Tsk… Ya estoy pensando que haces esto a propósito para que venga a verte horas antes del amanecer. –La levantó con una sola mano. Él se sentó en la única silla que había acomodó sus largas piernas de una forma para que su aprendiz quedara acunada y fuera mas fácil entapujarle y darle la sangre como si fuera un bebé. Seras lo veía con sus grandes ojos azules abiertos. –No te haré nada malo si no pones resistencia… A no ser, que tú desobedezcas. –Sonrió e hizo que Seras se estremeciera entre sus piernas y se pusiera roja; algo que le causaba mucha curiosidad al nosferatu. Para estar muerta tenia aún tenía mucha sangre en su sistema o su corazón latía por minutos en vez de por hora.

En la cripta se escuchaban los estruendosos pasos en el piso de metal recién instalado por orden del Major. Pero aquel hombre bajito y con sobre preso se daba su tiempo para llegar al laboratorio. Mientras que el Doc miraba a través de una cabina de blindado que no había podido usar hasta ese momento; el de cabello corto por los pómulos veía cada parte de ella, aún siendo un completo saco de huesos.

Ella en su ataúd, ni siquiera era capaz de pensar. De nada, sólo de yacer en una caja fría. En un abrir y cerrar de ojos, empezaron a brotar pedazos de músculos y tendones, se iban juntando poco a poco, como con miedo de que algo anduviera mal. En unas cuantas horas estaría lista. Maxwell tomo tanto su tiempo revidando a cada uno de sus soldados que cuando llego al lugar que ansiaba y dejó para el final; la cabeza de ella solo era un manojo de huesos y venas, sus globos oculares se inflaron de repente y giraron con brusquedad, su boca apenas tenia unas dos carnosidades que podrían llamarse mas adelante labios, su lengua solo era como una hoja seca y dentro de ella se movía los músculos rellenándola y moviéndose como unos pequeños gusanos. El Major hizo una cara de asco y miró con incredulidad al Doc, el cual miraba embobado el proceso de formación de ella. Maxwell presiono un botón para que su voz fuera la primera en cruzar por el recién formado sistema auditivo de la mujer.

–Querida, Mina ¿Cómo se encuentra? –La voz tuvo un eco unos segundos. La cara de la querida de Drácula giró en dirección a donde se encontraba Max. Por la media expresión que se veían en los casi labios de Wilhelmina Harker, era algo así como disgusto. Apostando a que si sus cejas y el resto de su cara estuviera lista, su expresión seria de completo disgusto hacia el Major. El hombre regordete lanzo una carcajada de gusto, la primera en todos los años de su vida. – Estoy orgulloso de usted, Doc. Y tu, Harker deberías alimentarte mejo ¿No crees? Ten estas poniendo flaca. No querrás reencontrarte con tu conde así de demacrada ¿O si? –Un gruñido gutural estremeció el lugar y luego acabo en un siseó. – Querida. Podrás gruñir y sisearle todo lo que tú quieras a los caballeros protestantes. Por cierto, pronto conocerás a una persona que supongo que deberás querer con tu nuevo corazón –Maxwell salió con una sonrisa gigante. "Me las pagaras… Maxwell"