Con dos semanas de instituto. Alexandra y Lilith Hellsing, habían prácticamente destruido una parte del establecimiento poniendo en peligro a Marie la nieta de la reina. A l final de la segunda semana llegó la factura de los daños que habían causado.

Quemaron la mitad del salón de química.

Encendieron fuego en la piscina del instituto.

Colgaron de los pies a los matones en la campana haciendo que cayeran las cadenas en la estatua del fundador.

Crearon la rebelión de obreras y aparte de eso Alexa pintó los cuadros de la profesora de arte.

Integra miro a una y luego a la otra. Alexa tenía cara de indiferencia aunque se reía por dentro y Lilith estaba un poco pálida, y su respiración era escasa.

—Eh… Lilith cálmate. Todos hacen travesuras cuando vamos…

— ¡CALLATE!... Tú no lo entiendes, Alexa. Nunca lo entiendes. —La pelinegra la siguió mirando con indiferencia, en realidad no le importaba que ella le gritará; siempre se terminaba disculpando, a veces. —No puedes pensar en cuanto dinero ha de gastar ma… Sir Integra…

—Alexa. Ve a practicar tus habilidades con e capitán. —Se escuchó un estruendoso golpe de muchas cosas, y las pesadas botas de Pip abrieron la puerta de una patada. Alexa le dedicó una sonrisa al francés y luego empezó a reír. Mientras Lilith temblaba de impotencia.

—Vamos a practicar, Bernadotte. —Ambos salieron corriendo. Alexa le dejaba una gran ventaja, él intentaba correr lo más rápido que podía pero sentía como la pálida ojiazul se le acercaba cada vez más.

— ¡No sabes cuánto te odio! —Gritó.

Integra calmó a Lilith.

Miércoles en la mañana y la clase de historia era la más entretenida hasta los momentos. Pero con cada apunte había un dibujito en la libreta de Alexa, mientras Lilith con su memoria no tenía necesidad de esas cosas. Alexa tenía un puesto libre a su izquierda pero nadie se atrevía a sentarse junto a ella, le tenían miedo y aparte según todos exceptuando a su prima y a Marie, pensaban que era rara. Pero ese día cambiaría un poco entraría una persona que se ganaría la cuarta parte del desprecio que tenía hacia el capitán de los Wild Geesse.

Lil compartía su texto con Marie, mientras que Alexa leía el de ella al otro lado del pasillo. Reinaba el silencio, hasta que una mujer bajita de cabello blanco entró y llamó al profesor. Nadie le tomó mucha importancia, pues a lo mejor eran asuntos familiares, ellos eran hermanos después de todo. Todos siguieron con sus asuntos. En ese momento hombre volvió con un muchacho de cabello platino con unos mechones castaño muy claro. Las Hellsing miraron al chico que llevaba una sonrisa…

—"Lil…"—Pensó la pelinegra.

—"Si… Yo también lo sé." —Respondió. El chico las veía a ambas como si supiera que estaban hablando, ambas sudaron frío. —"Esto es muy raro… Tiene un parecido a…"

Alexa se levantó de su asiento, y todos elevaron la vista asombrados.

—Permiso para salir. —En otro momento se hubiera ido sin decir nada más pero, Sir integra le había pedido que debía comportarse. El profesor le hizo un ademan de que saliera.

Pasó por el lado del chico y el estomago le dio un vuelco. El nuevo la miro sonriendo enseñando unos caninos muy afilados; la miró hasta que el último mechón de su cabello ya no fue visible. La pelinegra se dirigió hasta la capilla en donde se detuvo, y miró extrañada.

—"Alexa… El nuevo se llama Lenin…" —La voz retumbo en la cabeza de la pelinegra de una forma estruendosa.

—"A caso ¿te resulta conocido?"

—"Sólo puedo pensar en Rusia cuando lo escuche"

Alexa aspiró profundamente y cuando volvía al salón de historia. Una mujer se cruzó en su camino. Su cara cabeza era un ovalo más o menos alargado, sus ojos eran grises metal, acompañados con parpados con largas y claras pestañas, su cabello era corto hasta la barbilla y un poco más amarillo que el de Lenin; sus labios eran morados claro, y su piel igualaba la palidez que el de la pelinegra. La mujer le sonrió a Alexandra y sus caninos eran puntiagudos… Se miraron por unos segundos más hasta que un hombre que estaba unos metros más atrás de ella le llamó. Se volteó y se fue, pero no antes de despedirse con la mano de la confundida niña.

—"Hasta luego, Alexandra…"

Y esta vez no era la voz de Lilith, eran dos voces.