Bernadotte miraba fijamente a Lilith y la pequeña castaña lo veía a é. Llevaban así más de un minuto, sus guerras de miradas eran diarias, pero se habían intensificados después de encontrar la caja; Alexa los miraba molesta y Seras estaba por quedarse dormida, pues el sol no se había escondido en su totalidad. Pip se fumaba un puro y las mejillas de Lil se ponían rosadas, una vena se hizo presente en la frente de la pelinegra.

— ¡Ya basta! Han estado así como mil horas ¿No tienen piedad por los espectadores? —Alexa les junto las caras haciendo que el capitán se sonrojara; bueno y la joven Lil estaba que echaba humo por su pequeña nariz y sus orejas perfectamente perforadas por Seras y ella misma.

Victoria dio un brinco y pegó la frente de la tapa de su féretro, sobándose vio la escena algo adormilada, los ignoró y se dio la vuelta. Hasta que la presencia que tanto conocía apareció en su habitación, los otros tres respiraron profundamente; ya había caído el sol en su totalidad y una nueva misión se aproximaba. Los invitados de Seras salieron de su habitación dejando a la draculina con su amo.

Los casquillos contra el piso, unos soldados heridos, sangre por todos lados. El suave deslizar de la munición por la culata con un martilleo contra la palma de la mano y los disparos salían con un compás. El cabello de Alexa destrozaba a los ghouls, reduciéndolos a trizas, Lilith tenía la cara llena de sangre, ella solo se limitaba a retorcerlos en el aire y dejarlos como un tapo recién exprimido; Seras tenía la tarea de encontrar el freak que controlaba a los ghouls, que le parecían familiares.

—Seras… ¿Aún no le encuentras? —La voz de Lil retumbó en la cabeza de la draculina que corría con su harkonnen.

—No, no siento su presencia… No hay nada. —Frunció el ceño, confundida. —Es como si se hubiera ido, sólo un leve no sé… Es raro

La ventana que estaba en frente de Seras se abrió y paró en seco. Una caja… ¡Otra caja!

— ¡Seras! —El grito de Lilith fue lo último que se escucho.

En la mente de la draculina aparecían imágenes entre flashes de colores. Cayó al piso con las manos en sus oídos. Todo se volvió negro y blanco. Un cuerpo a medio descomponer, con el vientre hinchado… Más bien, empezaba a abultarse como si fuera una embarazada. Y de repente la visión cayó en oscuridad absoluta.

Seras despertó tiempo después en su habitación, en su féretro, la tapa estaba abajo significaba que era de día, había sol… Tenía una necesidad de sentir los rayos del astro rey en su fría pie. Era uno de esos días en los cuales anhelaba ser humana. Pero pensar y anhelar, ya era una perdida de tiempo. Las imágenes de hace días reaparecieron en su memoria; intentaba comprender todas las escenas pero seguía sin darles sentido. Todo era muy extraño, se rindió, suspiró y abrió la tapa de su féretro. Y vio a Alucard con un ataúd a su lado, ella sonrió y acarició la perfecta cara de su maestro. Ahora si rebosaba de rareza ¿Desde cuando era tan importante para que velaran por su bienestar? Le hizo acordar cuando Sir Integra fue atacada por aquel vampiro que se infiltró a la mansión y después de ser herida; su amo se puso insufrible hasta que la Hellsing no se recupero al cien por cien.

La mano del vampiro mayor aprisionó la pequeña muñeca de la draculina y la jaló hacia el, dejándola encima de él. Alucard sonrió al ver el sonrojo de su aprendiz, le agradaba cada vez que lo hacía pero a ella le disgustaba ser tan débil delante de él.

—Chica policía. —Dijo sin agregar más nada. Y la pegó a su pecho. Seras ensanchó los ojos. —Descansa conmigo. —La apretó más hacía él.

Mientras en la oficina principal. Estaban Sir Integra, Walter y Bernadotte, esperando a que la peliplateada les dirigiera la palabra. Las dos cajas estaban sobre el escritorio, esas cajas volvían a la Hellsing loca. Habian intentado abrirlas con diferentes utensilios, hasta con los filamentos del mayordomo y nada.

—Si estuvieran Lilith y Alexa intentarían algo con sus habilidades. —Dijo Walter viendo las cajas.

—Tal vez si la Alexa hubiera hablado la caja ya estuviera abierta… Con lo fastidiosa que es. —Dijo el capitán de los gansos. Integra gruñó.

—Capitán se puede ir. Buscaré una forma de abrirlas.

Por otra parte Alexandra y Lilith estaban en el instituto con Marie. El timbre había sonado y les habían ordenado salir al descanso y como siempre se formo el revuelo; el trío tomo lugar debajo de un gran árbol que proporcionaba una satisfactoria sombra. Lil y Marie comían e intentaban calmar a Alexa.

— ¿Cómo ese idiota pudo superarme a mí? ¡Nadie me supera en historia! Porque me tienen miedo. Él es un nuevo, no puede violar el sistema.

—Alexa. Por favor. Cálmate. Recuerda que apenas llegó hace unas semanas. Pronto saldremos de vacaciones, no te alteres ¿sí? —Decía Marie, pegándole el último mordisco a su manzana. Alexa se molestó y su cabello se elevó, Lil le hizo señas. —Tu madre no quiere más problemas esta semana, no es cierto ¿Lil?

—Alexa… —La reprendió. —A ver… ¿Qué hiciste la semana pasada?

—Lanzó a la profesora de literatura por la ventana. —Respondió Marie.

—Bueno. Y no le paso nada. Sólo se fracturó el brazo, unas cuantas costillas. Prácticamente salió ilesa, no le paso nada… Una ramilla en el oído y otros cuantos raspones ¡No es nada! Nosotras salimos peor en las misiones.

— ¿Y qué hiciste hoy?—Dijeron las amigas de la pelinegra, Alexa se cruzó de brazos.

—En mi defensa, se cruzó en medio. Y las escaleras sólo fueron un agregado que no tenia en cuenta. ¿De acuerdo? Y si es por eso… ¡Lilith volvió a incendiar la piscina! Y en cocina se quemó un horno y parte del techo, y se mojó mi pastel. Y esta vez no fuimos nosotras, Marie ¡Fueron los gemelos Henderson! —Alexa hablaba demasiado rápido, apenas le podían seguir el hilo de las osas que decía. —Pero como nadie me creyó. Nos toco limpiar. —El timbre sonó, y se levantaron mientras Lenin se unía al grupo de las tres. Alexa siseó pero antes de que dijera algo Lilith la calló,

De vuelta a la mansión. Integra había sacado la artillería pesada contra las cajas. Sus platinos cabellos se pegaban a su cara y parte de su cuello sudados. Su gabardina verde estaba colgada en la espalda de su silla de cuero, sus mangas estaban remangadas más arriba de los codos.

—Es un caso perdido. —Murmuro. Saco su revolver y apunto a una y luego a la otra, les disparo a ambas. Pero de ninguna manera se abrían solo se habían magullado un poco.

El mayordomo entró en la oficina con una bandeja de té, que deposito en el escritorio. Integra acerco su mano a su taza favorita, que era de porcelana moteada con bordes turquesas y azul cielo, si a esa taza le pasaba algo, correría sangre. Así de simple.

—A qué hora regresan las chicas. —Dijo dando un sorbo a su té.

Walter levantó su mano derecha y do cuenta hacia atrás. Al retraer su dedo pulgar las nuevas Hellsing abrieron la puerta principal, haciendo que la Sir sonriera.

— ¡Alexa, deja de pelear! —El giro de Lilith tomó por sorpresa a Integra, haciendo que su taza se resbalara de sus manos.

Los gritos seguían.

— ¡NO! Es qué cómo demonios… ME VAN A PONER CON EL NUEVO. A ti siempre te toca con Marie, y siempre hacemos casi todo juntas. ¿Cómo pueden creer qué tú y yo juntas somos un peligro? ¡Es una patraña gigante!

–Cállense, antes de que digan otra cosa más. —La voz de Integra venía desde la puerta de su oficina. Las almas de las niñas salieron y volvieron a sus portadoras. —Sus escándalos ya me están por romper los tímpanos. Compórtense como Hellsing que son, ahora. Por cierto necesito su ayuda. Abriran las cajas en el patio de entrenamiento.

Unas horas más tarde Lil cargaba la caja que menos la ponía débil hacia el lugar que su madre le había ordenado "¿Qué será esta caja?" Se preguntaba, dejo la caja en el suelo y se sento a su lado. Sus ojos olivas se paseaban por la tapa, buscando algún punto débil para poder abrirla. Pasó sus dedos por la tapa parecía como si antes hubiese tenido una letra; un sentimiento de nostalgia se apodero de ella. Estaba segura de haber visto o estado cerca de la caja. Alexa apareció de la sombras junto con la otra caja.

— ¿Qué ocurre, Lil?

—Oh… Sólo me siento un poco cansada ¿Tú no?

—Venga que yo reboso de energía. —Los cabellos de Alexa se arremolinaron.

Se pusieron en marcha a abrir las benditas cajas luego de una hora y media, de casi explotar las cajas Lil y Alexa estaban agotadas y sentadas muy lejos de las cajas.

— ¡ESAS ASQUEROSAS CAJAS ESTAN HECHAS DE MADERA! —Gritó Alexa con las mejillas coloradas.

Lilith tenía un presentimiento, muy extraño.

—Alexa pínchame el dedo, —Pidió.

—No, no. No soy una rueca que te pueda pinchar. Aparte ya sabes que es lo que pasa si te lastimo.

—La caja me lo esta pidiendo…

—Oh… ¿Estas loca o yo qué sé. Es un objeto inanimado ¿Sabes?

—No me importa. Vuelve tu mecho en una aguja o daga y pínchame. —Alexa extrañada, hizo caso a Lilith. Sólo por la curiosidad, pincho la palma de la mano de su prima. Se teletransportó hasta las cajas y dejó con unas gotas cayeran en sus tapas. En la caja que Lilith había llevado se formo una cursiva letra L y un leve tic sonó en ambas cajas; Lilith sólo se desplomo.

Seras despertó en el pecho de Alucard. Su amo tenia lo ojos abiertos y la veía a través de sus lentes anaranjados. La draculina se removió incomoda.

—Algo malo pasó… Maestro suélteme, por favor. —Alucard la volvió a apretar más hacia él. Victoria no podía escapar aunque lo quisiera con toda su no vida.