Es un poquitín cortito pero esta hecho con amorcillo :3
Saludiños *w*
Ya eran las altas horas de la noche y la cabeza de la Organización Hellsing tenía la cabeza pegada al espaldar de su cama con unos cuantos papeles al lado, no los había terminado de leer; suspiró sonoramente y se quitó los lentes para luego frotarse las sienes y el tabique de la nariz. Se quedó viendo la ventana, esa noche no se veía luna; se deslizó dentro de las sabanas hasta que se vio cubierta hasta el cuello por los edredones.
Se puso a recordar los mediados de diciembre mucho antes de abrir las endemoniadas cajas que le habían traído más frustraciones de las que ya llevaba desde los doce a cuestas. El sueño la intentaba vencer pero ella seguía empeñada en recordar. Algo había aprendido de todo ese tiempo sola y era una forma de recordar quien era y no de lo que todos veían. Era: Recordar las cosas buenas que le habían sucedido porque las cosas malas pasan pero los recuerdos perdurarían. A no ser que le diera alzhéimer mucho antes de lo debido, claro.
Era de mediodia y todos, absolutamente todos se encontraban en el amplio patio de la mansión como lo había pedido Seras. Pero los vampiros aun no aparecían, había poco sol; estaba nublado así que simplemente Integra no veía la razón por la cual no se encontraban con ellos. Pasó mucho muchísimo tiempo más hasta que el sol se empezó a esconder. Ya la Hellsing, Pip, Walter, Lil y Alexa los esperaban. Los mercenarios habían empezado a beber y a comer. La peliplateada miró a su alrededor con impaciencia.
—Por Dios ¿Por qué no han podado nada por aquí? Siento como si toda esta vegetación fuera a cobrar vida y nos comería a todos.
— ¿La jefa intento hacer un chiste? —Gritó Pip. Llamando la atención de sus hombre. Todos elevaron sus vasos. Integra enarcó las cejas con una sonrisa luego levanto sus dedos aún en su brazo, apenada un poco.
Todo quedó callado y un una macha negra se pintó en el suelo haciendo que algunos hombres retrocedieran y poco a poco se fueron formando dos figuras. Una de ellas era mucho más pequeña y levanto sus brazos.
– ¡Seras! –Gritó Lil.
Las figuras se aclararon y todos soltaron una carcajada; eran el vampiro y su aprendiz disfrazados de Sr y Sra Claus. Ambos tenían bolsas llenas de regalos, le repartieron a todos. Desde los puros favoritos Integra y Pip hasta un monóculo nuevo para Dornez.
Alucard parecía un poco molesto al entregar lo que le tocaba y sorprendía a los mercenarios. Integra se acerco a Seras.
— ¿Cómo lograste que se vistiera de esa forma? —Preguntó mirando a su subordinado por encima del hombro de Victoria. Alucard terminaba de entregar los regalos. Seras se encogio de hombros colocando su dedo índice sobre su barbilla pensando.
—Ehh… Sólo se lo pedí desde el año pasado y luego muchas veces hoy, de repente nos quedamos callados y respondió que si lo haría… —Se quitó el gorro y lo puso sobre la cabeza de Integra. —A usted le queda mejor.
Y se fue dando saltos hacia donde se encontraban Pip, Lil y Alexa. Alucard llegó tiempo después y se sentó en una silla que estaba junto a ella. La Hellsing se sentó con él, pasaron minutos y no hablaban. Los otros cuatro los vieron no hablar y les saludaron.
—No le hagas daño a Seras, por favor. —Integra se acomodo en su asiento, Alucard solo veía todo lo que Seras hacia.
— ¿Qué te hace creer que le haré daño a Seras? —La miró con el rabillo del ojo con una media sonrisa. A lo que instintivamente cerró más los ojos y bufó.
—Sabes muy bien de lo que te estoy hablando, vampiro. —Ambos cruzaron las piernas y posaron sus barbillas sobre la palma de sus manos, ambos veían a Seras. Y Victoria no quería voltear porue sentía las miradas como puñales en su espalda. —Solamente te lo advierto.
—Quizá la quiera. Creo. —Le dijo. Para tranquilizarla claramente.
—Eso espero. —Dieron tragos a sus bebidas.
Ya era de mañana y el hombre de setenta y tres años había despertado de la Hellsing. Como lo hacía cuando era niña pero al abrir en su totalidad los ojos y de ponerse los anteojos. Veía que Walter traía consigo muchas cartas, en sus labios se dibujó una sonrisa de frustración. Se apoyo en sus codos para luego tomar impulso y sentarse. Le dio unas palmadas al colchón dándole a entender al mayordomo que se sentara en donde deseara. Por suerte las cartas no eran más que facturas de algunos suministros que se habían estado gastando, nada fuera de lo común.
—Esta mañana ha llamado el jardinero que me pidió en diciembre. Ha dicho que con gusto le gustaría prestar su mano de obra en el patio de la mansión. Que puede comenzar mañana mismo. —Integra solo veía las cartas leyéndolas con determinación pero aún así no dejaba de estar atenta a lo que el ángel de la muerte le estaba hablando. Asintió, abrió un cajón sacando una pluma y la chequera. Firmó cuatro cheques, colocándole los montos y luego se los entregó al hombre.
—Manda esto. Dile al jardinero que quiero que empiece a trabajar lo antes posible. Mandaré un auto a buscar sus pertenencias. Y que le ayuden en todo lo necesario. Hoy es temprano, podrá comenzar hoy a trabajar. —Dijo levantándose. Caminó directamente a su armario buscando sus vestimentas del día para después entrar al baño.
Walter salió de la habitación de dispuesto a hacer todas sus tareas del día. Estos días serían tranquilos o eso empezaría a rogarle a Dios.
