—Esto es Drive Privet.
La primera impresión de Artemis no fue muy buena. Todas las casas eran iguales, lo único que las diferenciaba era el numero de casa, no tenían ningún tipo de encanto algo que te hiciera exclamar «¡Oh, yo quiero vivir aquí!», y sin embargo, había gente viviendo en ese sitio tan común.
—Privet Drive—corrigió Severus.
—Sigue sonando horrible—dijo la pequeña niña mientras salía del autobús noctambulo.
—Vamos Artemis, este lugar no es tan…malo—dijo su madre bajando del autobús noctambulo.
Artemis Rayza, ambos eran nombres muy raros que a la niña no le gustaba. Prefería que la llamaran, Temis, Artza o Art (sobrenombres que le dio Draco) o simplemente Artemis. Aunque su madre prefería llamarla Rayza cuando estaba en problemas.
—Hasta luego, pequeña Art—dijo el conductor quitándole la gorra—. Esto es mío.
—Adiós—la niña agito su mano, hasta que el autobús se puso en marcha desapareciendo a gran velocidad.
—Odio ese autobús—dijo Abigail componiendo el despeinado cabello de su hija.
—Creo que es divertido, como ir en una montaña rusa.
—Sin seguridad—se quejo su madre.
Snape rodo los ojos mientras se encaminada en la calle con su prima y la pequeña niña.
—Así que…¿el reside aquí?
—En alguna de estas casa, si—respondió Snape—. ¿Por qué lo preguntas?
— No me gusta este lugar.
Snape torció una sonrisa.
—Prefieres la ciudad, supongo.
—La detesto igualmente—dijo la niña observando a su alrededor.
—¿Entonces donde preferirías vivir? —pregunto su madre.
—En casa de los abuelos, tiene una bonita vista.
—A campo abierto—dijo su madre—, si es una buena elección. Pero tu vivirás donde yo viva, después cuando seas grande quizá… Ahora, ¿dónde dices que vive?
— En el numero 4 —dijo Snape observando las casa.
—¿Cómo creen que sea? —pregunto Artemis.
—¿Quién?
—Harry Potter—dijo Artemis como si fuera obvio.
—Prefiero no opinar—dijo Snape.
—Esperemos que sea alguien muy agradable, Artemis —dijo su madre.
Frente a ellos estaba el numero cuatro de Privet drive, al tocar la puerta fueron recibidos por una mujer de rubia con manos delgadas y un tanto huesudas y su rostro no era muy agracido a decir verdad y no ayudaba el hecho de tener un largo cuello. Si tal vez sonriera un poco y dejara de hacer ese gesto de asco, penso Artemis, y si tomara un poco de sol, podria ser considerada bonita. Sus ojos se abrieron al fijar su vista en Snape.
—¡Tu! ¡No es posible! —la mujer empalideció.
—Hola, Petunia, es un gusto volver a verte—dijo Snape sonriendo un tanto malicioso—. Nos aparecimos por aquí, y agitamos nuestras varitas-discúlpame-manos a tu puerta.
Artemis espero en el patio delantero de aquella casa tan ordinaria, su madre había decidió entrar junto con Snape para hablar de ciertos asuntos, lo peor del caso es que aún no había conocido a Harry Potter. Draco había dicho que probablemente el luciría como los héroes mágicos que había a lo largo de la historia, Artemis e no estaba segura de eso, todos los hombres importantes en la historia de la magia eran viejos, gordos y con barba. Al menos que Harry Potter fueron una especie de anciano enano de solo once años…
Ambos siempre había divagando en ciertas ocasiones sobre quien y como seria el famoso niño que vivió; Draco había dicho la posibilidad de que él pudiera hacer magia avanzada a una edad temprana y eso explicaría el como derroto al Señor Tenebroso. Artemis estaba de acuerdo con esa teoría, pensaba que seguramente cuando Harry Potter entrara a hogwarts lo adelantarían de año por que seguramente tendría grandes conocimientos y habilidades mágicas mas avanzadas que todos. De cualquier forma, Draco y Artemis estaban de acuerdo en que probablemente Harry Potter seria el primero de la clase.
Su padrino se había quejado con anterioridad de que podía ser un ególatra y con mal carácter por ser famoso por algo que seguramente ni recordaba; Artemis esperaba que no, entonces tendría que darle un buen golpe de realidad. Estaba emocionada por conocer a Harry Potter ¿quién no? Derroto al innombrable siendo so lo un bebé, pero ni siquiera por eso podría perdonarle tener una actitud arrogante y ególatra, que disfrutaba haciendo sentir mas a los demás; odiaba a ese tipo de personas y solo Draco Malfoy era la excepción y solo por que él no disfrutaba haciendo mal a otros.
Draco descendía de la prestigiada y antigua casa Black junto con la reconocida y poderosa casa Malfoy, siempre le había encantado hacer paréntesis sobre la familia de su madre; pero seguramente tendría que ver el hecho que su madre hiciera lo mismo. Era un chaval arrogante pero no del tipo que le llegara a caer mal, Draco era en pocas palabras: divertido, interesante, vanidoso y con ella siempre fue amable e incluso la llego a defender cuando alguien cuestiono el honor de su familia. La familia Jones era antigua y era conocida por todos en el mundo mágico, poseía de una buena posición y relaciones con varias familias mágicas; el problema era que su madre había quedado se había casado en secreto y quedado embarazada solo después de salir de hogwarts, y el misterioso padre de Artemis simplemente había muerto después de abandonarlas; su madre nunca lo había dicho exactamente, al final de la historia parecía que se echaría a llorar y Artemis no preguntaba mas.
—Pero miren quien esta aquí—una voz muy familiar se acercaba—. Es nada menos que la rara Jones.
Artemis alzo la cabeza en dirección hacia la voz y lo reconoció, tal y como Harry lo había descrito una vez era un cerdito con peluca.
—¡Dudley!—exclamo Artemis con horror, de todas las personas que podría encontrarse tenia que se con él—¿qué haces aquí?
—Yo vivo aquí.
Claro, pensó Artemis, en un vecindario tan pomposo y ordinario solo podría vivir alguien igual.
Se levanto de la acera e hizo frente a Dudley que iba acompañado de tres chicos mas a los que había apodado: cara de rata, pies de pato y Frankenstein.
—¿Tu que haces aquí? —por un momento Dudley enrojeció frunciendo el ceño—. No habrás venido a ver a Harry.
—¿Y que si así fuera? A ti no te importa mis asuntos—dijo Artemis cruzándose de brazos.
—¡No esta! Te dije que se mudo Afganistán.
—¿Sabes donde queda Afganistán?
—¿Del otro lado del océano? ¿América?
—Dudley, me sorprendes—dijo Artemis —. ¿Como terminasteis la escuela?
Dudley se sonrojo.
—¡Tu tampoco lo sabes! —se defendió.
—¡Me ofendes! —exclamo Artemis sin animo de continuar esa conversación—. Para tu información, ¡queda en Asia, tarado!
Dudley no dijo nada en vez de eso sus entrecerró los ojos mientras intentaba averiguar donde quedaba Asia.
Artemis exclamo exasperada.
—¿Dónde esta Harry, Dudley? —pregunto—. ¿Solo quiero saber si él esta bien?
Dudley frunció el ceño de nuevo poniendo su cara de malo, pero incluso Artemis sabia que no estaba enojado con ella sino con Harry, por una poderosa razón que era desconocida para ella, Dudley odiaba a su primo y por un momento ella llego a pensar que también la odiaba, pero cuando Harry no se presento a clases, Dudley se porto de una forma extraña con ella; mas sorprendente, había hecho que Natalie Polkiss dejara de molestarla. Había estado rondado cerca de ella y volvía a tratarla de una forma mas cortes como cuando Artemis fingió ser su amiga. Aunque todo era en vano, Artemis no le perdonaría la forma en como la trato luego de aquel incidente con Harry. Parecía inevitable que se llevara mal con los cabecillas de las escuelas a las que asistía, Dudley trato de ponerla contra Harry sin resultados algunos; era mas que obvio que él mentía sobre lo que le contaba y era molesto, mas molesto era que creyera que ella estaría de acuerdo con sus ideas sobre como tenia que ser las cosas. Artemis le había dicho claramente lo que opinaba de que aquello, no debía ser un tipo muy listo por que tardo en entender su sarcasmo.
—No esta y no creo que vuelvas a verlo.
Artemis rodo los ojos y le dio la espalda. Si no le diría lo que desea saber, ella ya no tenia motivo alguno para seguir conversando con él.
—Iremos a jugar videojuegos a casa de Piers…¿no se si quieres venir?
Artemis reprimió el impulso de voltearlo a ver simplemente para fulminarlo con la mirada. La trato mal, no le daba la información que quería y la estaba invitando a jugar video juegos con la misma pandilla que los torturo a Harry y a ella, bueno; si había de ser sincera que solo torturo a Harry, se habían portado mejor que Ryan Payton, quien nunca dudo en dañarla físicamente. ¿Quién comprendía a los chicos?
—Adiós.
—Vámonos, Dudley.
—No le hagas caso a la rara.
—No es rara.
Artemis rodo los ojos, y al cabo de unos minutos miro por el rabillo del ojo. Estaban entrando en una casa a unas siete casas de donde estaba ella, Dudley la miro antes de entrar y ella desvió la mirada. ¡Tarado! Pero incluso ver a Dudley por ahí, era una buena señal, Harry debía estar por algún lado y lo único que debía hacer, era averiguar en que casa vivían los Dursley y entonces, ¡zas! encontraría a Harry.
La puerta del numero 4 se abrió nuevamente y su madre la invito a pasar, no había rastro de la señora Petunia, y cuando tomo asiento, la mujer apareció de la puerta de la cocina con algunas galletas que le ofreció.
—Gracias.
Artemis podía sentir que en aquella habitación hubo mucho drama, casi tanto como en las series americanos o una novela de Jane Austen. No lo sabia por un par de gritos que alcanzo a oír sino por que la señora Petunia tenia los ojos llorosos.
—¿Tardara el muchacho en llegar? —pregunto su madre.
—No, fue a dejar un mandado a una vecina—dijo la señora Petunia—, no tardara en llegar.
En cuestión de minutos la puerta se abrió y una voz raramente familiar dijo:
—Tía Petunia la señora Swan dijo que te diera las gracias…
Snape se removió en su asiento, el hijo de Potter pronto aparecería en la habitación. Y si eran tan parecido físicamente a James Potter, el verlo simplemente le recordaría amargos momentos. Aparecio el muchacho por la entrada. Era la viva imagen de James Potter, pero los ojos esmeraldas de Lily, era lo que lo diferencia de James Potter. No solo eso, el chico estaba demasiado delgado y pequeño para su edad. Usaba lentes que claramente estaba rotos, pegados por un pedazo de cinta y llevaba ropas del doble de su tamaño.
—¡Harry! —exclamo Artemis nada mas al verlo y lo abrazo.
Snape volteo a ver a la niña, él sabia que ella había estado ansiosa por conocer al legendario niño que vivió pero Snape no se había imagino esa reacción tan llena de emoción sincera.
—¿Artemis? —el muchacho parecía tan contento por verla—. Me alegra verte de nuevo.
Un momento, pensó Snape ¿se conocían?
—Pero ¿qué paso contigo? Tu tonto primo nunca quiso decirme nada—dijo Artemis —. Se pavoneaba alrededor de mi, regocijándose de que te habías ido para siempre y no te volvería a ver.
—Yo…¿qué haces aquí? ¿vinisteis a buscarme?
—No, vinimos a buscar a…—las palabras de Artemis murieron mientras los engranes de su cabeza giraban. La mirada seria y calculadora no le gusto mucho a Harry, parecía planear la mejor forma de torturarlo—. ¡No! Tu eres…¡Tu eres Harry Potter!
Harry parpadeo, nunca le había dicho su apellido ¿cómo era que lo sabía? Luego pensó en Dudley, probablemente él le dijo.
—Si, ese es mi nombre. Harry Potter.
—¡Santas calderas! ¡Eres Harry Potter! — Artemis le sonrió—. Todo este tiempo… esto es de locos.
Alguien en la habitación carraspeo y Harry por fin se fijo en que no estaban solos, había dos extraños en la sala junto a tía Petunia.
—¿Interrumpo? Hola, soy Abigail Bradley—la señora Bradley le sonrió pero no pudo evitar observar su ropa—. Es un gusto conocerte, Harry.
Harry se sintió avergonzado, no traía las mejores ropas a decir verdad; toda su ropa era tallas mas grandes y usadas, todas eran ropas viejas de Dudley.
—Ya conoces a mi hija, Artemis, y este—dijo Abigail luego señalo a un hombre junto a ella, que a Harry le habría parecido un profesor por su apariencia—. Es Severus Snape.
—Un gusto, señor Potter.
—Un gusto conocerlos señores—dijo Harry casi de inmediato.
—Igualmente, señor Potter—dijo Snape torciendo una sonrisa y mirándolo fijamente.
—Pero dime Harry,—dijo la señora Bradley—¿tenias planeado ir a jugar algún tipo de juego que consista en ensuciarte?
—No—Harry respondió desconcertado, ¿por que me preguntaba aquello?
—Interesante—la señora Bradley se giro hacia su tía Petunia—. Petunia, querida, hay que hacer algunos ajustes.
—¿Vinieron a ver a mi tía? —pregunto Harry desconcertado—. ¿A caso se conocen?
—Harry—tía Petunia le hablo—. Este, señor, viene a darte una noticia que te interesara.
—Así es—dijo el señor Snape, que saco de su bolsillo una carta que le entrego. Harry casi se cae para atrás, había recibido una carta hace días pero tío Vernon se la había quitado y deshecho de ella; era idéntica a la que recibió—. Esto es para usted, tiene una vacante para hogwarts —recibió un leve golpe en el costado por parte de Abigail—y por cierto ¡feliz cumpleaños!
—¡Feliz cumpleaños!—dijeron a coro Artemis y su madre.
—¿Sa-saben que es mi cumpleaños?
—Por supuesto, creo que todo el mundo mágico lo sabe—dijo Artemis—. Draco lo sabe, Pansy lo sabe e incluso creo que Stan Shunpike lo sabe.
—¿Quién?¿mundo mágico?
—Claro, duh—dijo Artemis como si fuera mas que obvio.
—No importa, te enteraras después—dijo Abigail sonriendo—. ¿Por que no abres tu carta?
Harry observo el sobre amarillento, dirigido, con tinta verde esmeralda al «Señor H. Potter, El Dormitorio Más Pequeño, Privet Drive, 4, Little Whinging , Surrey». Sacó la carta y leyó:
COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA
Director: Albus Dumbledore (Orden de Merlín, Primera Clase, Gran Hechicero, Jefe de Magos, Jefe Supremo, Confederación Internacional de Magos).
Querido señor Potter:
Tenemos el placer de informarle de que dispone de una plaza en el Colegio Hogwarts de Magia.
Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios.
Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de julio.
Muy cordialmente, Minerva McGonagall Directora adjunta
—¿Qué quiere decir esto?
El turno de Artemis de estar confundida.
—Usted, señor Potter, es un mago—dijo el señor Snape.
Se produjo un silencio en la habitación. Sólo podía oírse las respiraciones de cada uno de los presentes.
—¿Que soy qué? —dijo Harry con voz entrecortada.
—Un mago—repitió amablemente Snape—. Yo soy profesor de Hogwarts, la escuela a la que usted asistirá este primero septiembre para aprender magia, y no estoy bromeando.
Las preguntas estallaban en la cabeza de Harry como fuegos artificiales, y no sabía cuál era la primera. Después de unos minutos, tartamudeó:
—¿Qué quiere decir eso de que esperan mi lechuza?
—Se refiere a que esperan su respuesta, señor Potter—respondió el profesor Snape—, pero no se preocupe por eso. Yo me asegurare de enviar el mensaje de que a decidido asistir.
—¿Tu también eres un mago, Artemis? —preguntó Harry.
—El termino correcto es bruja—dijo Artemis—. Bruja es para las mujeres y magos para los hombres…
Lo escaneo con la mirada como si estuviera sacando algunas conjeturas sobre él, a lo mejor tal vez no lo veía como material para mago.
—Temo señor Potter que hay muchas cosas que usted querrá saber—dijo el profesor Snape.
Mientras tomaron el té en la sala, Harry pregunto sus dudas mientras el profesor Snape las respondía y Artemis junto a su madre aportaban en la conversación. Fue así como Harry se entero por medio de su tía Petunia que le confeso que sus padres eran magos y que no habían muerto en un accidente de carro, fue en esa parte que le profesor Snape intervino y le conto la trágica verdad.
—¿Quién? —pregunto Harry.
—Bueno—el profesor Snape parecía incomodo mirando a Artemis—. No se dice su nombre si se puede evitar… Voldemort, ese era el nombre del asesino de tus padres.
—¿Voldemort?
Artemis lo miro con los ojos abiertos estremeciéndose.
—No se pronuncia su nombre—reprendió el profesor Snape.
—Lo siento.
—Puedes referirte a el como Quien-Tu-Sabes o con cualquier sobrenombre que tenga, pero nunca por su nombre—dijo el profesor—. No es bueno que un niño de tu edad pronuncie tal nombre a los cuatro vientos como si nada.
—El ha sido el peor mago de toda la historia—comento Artemis en voz baja—. Se evita decir su nombre por que solo trae malos recuerdos y se considera de mala suerte.
El profesor Snape continuo la historia sobre como se decidió que viviera con su familia muggles.
—¿Muggle? —interrumpió Harry.
—Persona no mágica, querido—dijo suavemente Abigail.
Le había llevado a casa de sus tíos con la esperanza de que pudiera tener una infancia normal (el profesor Snape en esta parte bufo), y que pudiera crecer sin tener que preocuparse por ser tan famoso que todo el mundo lo conocería.
—¿Y que paso con Vol-Quien-Tu-Sabes? —pregunto Harry.
—No hay nada solido—dijo el profesor Snape—. Unos piensas que murió, otros que todavía está por ahí, esperando el momento para resurgir. Es algo que nunca ha quedado claro, solo sabemos, que la noche que asesinaron a tus padres…el desapareció y todo por causa tuya, ¿cómo paso? Otro enigma en la historia.
—Tu fuiste el único sobreviviente, sea lo que sea que paso, fuisteis muy afortunado—dijo la señora Bradley regalándole una cálida sonrisa—. Nadie nunca ha sobrevivido a una maldición asesina.
La señora miró a Harry con afecto y orgullo, pero Harry, en lugar de sentirse complacido o orgulloso, estaba casi seguro de que había una terrible equivocación. ¿Un mago? ¿Él? ¿Cómo era posible? Había estado toda la vida bajo los golpes de Dudley y el miedo que le inspiraban tía Petunia y tío Vernon. Si realmente era un mago, ¿por qué no los había convertido en sapos llenos de verrugas cada vez que lo encerraban en la alacena? Si alguna vez derrotó al más grande brujo del mundo, ¿cómo es que Dudley siempre podía pegarle patadas como si fuera una pelota?
—Profesor Snape —dijo con calma—, creo que está equivocado. No creo que yo pueda ser un mago.
—¡Pero eres uno!—replico Artemis.
—Yo creo que es una equivocación, yo no puedo ser un mago.
—Eres un mago, sino entonces tendría que ser…al menos… No, imposible.
¡Un squib! Esto si sería sorprendente, si Harry Potter resultara ser un squib. Nadie jamás se hubiera esperado esta revelación. Pensó, Artemis. Pero no podía serlo, había recibido una carta de hogwarts. ¿O si?
—Usted señor Potter es un mago.
—No creo…
—Por supuesto que lo eres—dijo su madre mirándola pasivamente—. ¿Verdad, Severus? Harry tiene que ser un mago, de otra forma no hubiera recibido carta de hogwarts,
—Exactamente—dijo Snape—. Piense, señor Potter, alguna vez tuvo que suceder algo inexplicable cuando estaba enojado o asustado.
Harry se quedo contemplando el piso durante unos minutos, durante ese tiempo su rostro cambio al comprender que realmente era un mago. Con una gran sonrisa volteo a verlos.
—¿Lo ve, señor Potter? Es un mago.
Artemis ya no tendría que preocuparse por el ataque que le daría a Draco y a un millón mas de magos si resultara lo contrario. ¡Esto será genial! pensó Artemis acordándose de cierto rubio ¡Draco va a morir cuando le cuente! ¡Seguro no creerá que Harry Potter estudiara el mismo año que nosotros! Y yo lo conocí primero que él ¡Toma esa, Draco!
Harry se giro hacia su tía un breve momento luego de haber visto la lista de útiles, casi habían olvidado que ella seguía ahí.
—¿Ya no tendré que ir a escuela secundaria Stonewall?
—No—dijo su tía Petunia mirándolo de una forma que a Harry le pareció extraña—. No iras, iras a…hogwarts como Lily.
—Yo…—empezó Harry—. ¿Estos útiles no son un poco caros?… no creo que los encuentre en Londres. No tengo con que…
—Eso esta arreglado—dijo Snape—, te contare mas sobre ello en el camino, ahora, será mejor que nos pongamos en marcha a hacer las compras. Primero tendrás que cambiarte, póngase su mejor ropa y lo veremos aquí en cinco minutos.
