Capitulo: La selección.
El resto del viaje resulto agradable, para cuando la señora del carrito llego ya todos habían saboreado el almuerzo que Draco había traído consigo, y aún así eso no evito que compraran algunos dulces. Harry había decidido pagar por lo de todos por que realmente no le importaba gastar el dinero que tenia, nunca había tenido la oportunidad de compartir con alguien mas como Draco había hecho con su propio almuerzo. Artemis, Draco y Neville se dedicaron a explicarles los diferentes dulces que compraron y los que aún desconocían
—Ahora que me acuerdo—dijo Draco comiendo un poco de pastel de calabaza.— Te enterasteis de lo de Gringotts, Artemis. Salió en El Profeta, trataron de robar en una cámara de alta seguridad.
—Escuche sobre ello—dijo Artemis—. Mi tía llego a mi casa el día que paso, nos conto sobre ello.
—Creí que Gringotts era el lugar mas seguro—hablo Harry—. Por que tenían hechizos y una gran seguridad.
Hermione también pareció interesada.
—Me dijeron que Gringotts era el lugar mas seguro y era imposible robar ahí sin ser descubierto por los duendes.
—Mi padre dice que tiene que haber sido un poderoso mago tenebroso para entrar en Gringotts, de lo contrario era imposible que entrara—conto Draco—. Aunque no se sabe si logro escapar, padre piensa que si. Por que los gnomos lo han buscado y aún no lo encuentra. Y eso no es lo mas raro…
—¿No?
—Parece que no se robaron nada—dijo Artemis.
—Pero eso no tiene sentido—dijo Hermione.
Y Harry tenia que estar de acuerdo con eso, realmente no tenia sentido.
—Lo se—concordó Draco—. Mi padre dice que sea lo que sea que había en la cámara donde entraron a robar, debía a ver algo muy importante. ¿Sino quien se arriesgaría a robar en Gringotts?
Por el altavoz llego el aviso de que pronto llegarían a hogwarts, Neville y Harry se retiraron para ir por sus túnicas.
—No tarden—dijo Artemis antes de que ambos salieran—. Si no regresan antes de que lleguemos, los esperaremos aquí para irnos todos juntos.
Cuando por fin llegaron a la estación, Artemis se aseguro de que Warlock estuviera seguro en el bolsillo de su túnica; Harry y Neville se unieron poco después de que el tren se detuvo y juntos salieron del tren.
Hagrid, el amable semigigante que conocieron en el callejón Diagon estaba ahí, llamaba a los de primero en voz alta para que acudieran a él. Por detrás de ellos escucharon el grito de jubiló de Neville y al voltear, Gemma estaba ahí sosteniendo un sapo entre sus manos.
—¡Trevor!
—Te dije que lo encontraría—dijo Gemma—, vamos vayan con Hagrid.
Al parecer Hagrid los llevaría hasta hogwarts, Artemis miro a su alrededor y se fijo en que el resto de los alumnos mayores se iban por otro camino.
Caminaron por un estrecho sendero, teniendo cuidado para no resbalarse. Nadie hablaba, demasiados nerviosos como para hacerlo.
—En un segundo, tendréis la primera visión de Hogwarts —exclamó Hagrid por encima del hombro—, justo al doblar esta curva.
Se produjo un fuerte ¡ooooooh!
Era una vista maravillosa, el sendero estrecho se abría súbitamente al borde de un gran lago negro. En la punta de una alta montaña, al otro lado, con sus ventanas brillando bajo el cielo estrellado, estaba ahí un impresionante castillo con muchas torres y torrecillas, que sin duda era hogwarts.
—¡No más de cuatro por bote! —gritó Hagrid, señalando a una flota de botecitos alineados en el agua, al lado de la orilla.
—Mira esto, Warlock—dijo Artemis al hurón que subió hasta su hombro.
—¡Artemis! —Megan se acerco hasta a ella—. Me alegra encontrarte.
Artemis decidió compartir bote con Megan, Hermione y Neville; Harry y Draco compartieron bote con otros dos niños que no conocían.
Entraron por un túnel oscuro que parecía conducirlos justo por debajo del castillo, hasta que llegaron a una especie de muelle subterráneo, donde treparon por entre las rocas y los guijarros. Caminaron por las escaleras de piedra hasta detenerse en un gran puerta de roble.
—¿Estáis todos aquí?
Hagrid levantó un gigantesco puño y llamó tres veces a la puerta del castillo.
Una mujer de rostro estricto apareció en la entrada de la puerta. Era alta, de cabello negro y aquella noche, traía una túnica verde esmeralda. Su mirada se fijo en el hurón sobre su hombro, por lo que Artemis tomo a Warlock y lo volvió a meter en el bolsillo de la túnica.
—Los de primer año, profesora McGonagall —dijo Hagrid.
—Muchas gracias, Hagrid. Yo los llevaré desde aquí.
Entraron al vestíbulo, las paredes de piedra estaban iluminadas con resplandecientes antorchas, el techo era tan alto que no se veía y una magnífica escalera de mármol, frente a ellos, conducía a los pisos superiores.
Artemis no pudo evitar suspirar, estaba ahí, en hogwarts. Podía escuchar cientos de voces por el portal situado a la derecha, donde se encontraba sin duda el Gran Comedor. Pero ellos fueron llevados a una pequeña habitación vacía, fuera del vestíbulo. Se reunieron allí, más cerca unos de otros de lo que estaban acostumbrados, mirando con nerviosismo a su alrededor.
—Bienvenidos a Hogwarts —dijo la profesora McGonagall—. El banquete de comienzo de año se celebrará dentro de poco, pero antes de que ocupéis vuestro lugares en el Gran Comedor deberéis ser seleccionados para vuestras casas. La Selección es una ceremonia muy importante porque, mientras estéis aquí, vuestras casas serán como vuestra familia en Hogwarts. Tendréis clases con el resto de la casa que os toque…
Empezó la profesora con su discurso, les platico sobre las casas de hogwarts y como podría ganar o perder puntos para la casa en la que estuvieran. Les hablo sobre la copa de la casa, que al final de año se entregaba a la casa con mas puntos y también les felicito esperando que fueran un orgullo para la casa en la que les tocara. Termino dándoles el consejo de arreglarse antes de salir y estar enfrente de todo el colegio.
—Volveré cuando lo tengamos todo listo para la ceremonia —dijo la profesora McGonagall—. Por favor, esperad tranquilos.
En cuanto salió de la habitación Neville empezó a arreglarse la túnica, ya que la profesora había fijado sus ojos en él en la ultima parte del discurso.
—Que nervios—dijo Artemis—. No sabia que estaríamos frente a tantas personas.
—Bueno, todo irá bien.
Artemis no podría creer como Draco se mantenía tan calmado. A unos metros de ellos escucharon a alguien decir:
—Creo que es una especie de prueba. Fred dice que duele mucho, pero creo que era una broma.
¿Una prueba? Artemis jugueteo con sus manos nerviosa. No podría ser dolorosa, por que entonces su madre la habría preparado para ello. No, debía ser una broma. Pero, ¿y si tenían que hacer un hechizo?, ahora era cuando se lamentaba no haber practicado en casa. Si tan solo su madre le hubiera dicho que se podía hacer magia; y aún así, no esperaba aquello, justo cuando llegaban y debían pasar por una prueba en frente de todo el colegio. Y si algo salía mal, quedaría en ridículo frente a todos.
Miles de rostros se mostraron aterrorizados y nerviosos, Draco a pesar de ocultarlo también lo estaba. Tampoco él se esperaba algo así y eso podría afectar a su deseo de ir a Slytherin.
Artemis intento no escuchar a Hermione Granger, que susurraba muy deprisa todos los hechizos que había aprendido y se preguntaba cuál necesitaría. Estaba preocupada por la dichosa prueba, ya que mediante eso la seleccionarían para una casa. ¿A dónde iría? Todos habían pensado que ella acabaría en Gryffindor o Ravenclaw y Megan le había contado que habían apostado sobre ello; e incluso Derek y Clarisse habían apostado.
Exclamaciones se escucharon y al levantar la vista se quedo sin habla. Varios fantasma acaban de entrar por la pared, tomando a todos desprevenidos incluso a Artemis, que sabia sobre ellos y no pudo evitar sorprenderse.
—Mi querido Fraile, ¿no le hemos dado a Peeves todas las oportunidades que merece? Nos ha dado mala fama a todos y, usted lo sabe, ni siquiera es un fantasma de verdad… ¿Y qué estáis haciendo todos vosotros aquí?
Nadie hablo.
—¡Alumnos nuevos!—dijo el Fraile Gordo, sonriendo a todos—. Que agradable sorpresa. ¿Están esperando a la profesora McGonagall?
Recibió algunos tímidos afirmaciones de cabeza.
—Espero verlos en Hufflepuff—continuó el Fraile—. Mi antigua casa, ya sabéis.
—En marcha —dijo una voz aguda—. La Ceremonia de Selección va a comenzar.
La profesora McGonagall había vuelto. Uno a uno, los fantasmas flotaron a través de la pared opuesta. De alguna forma ellos había hecho que se olvidara de la prueba, pero ahora debía enfrentarla. Formaron una hilera como les indico la profesora McGonagall, antes de seguirla. Se quedo maravillada cuando entro al comedor, fue algo alucinante para ella. Todo era mil veces mejor a como se lo había imaginado, el techo de terciopelo negro, salpicado de estrellas. Llego a escuchar a Hermione decirle a los demás: «Es un hechizo para que parezca como el cielo de fuera, lo leí en la historia de Hogwarts».
En su tour privado, Severus Snape no la había dejado entrar al Gran Comedor por que debía esperar hasta aquel día para sorprenderse como todos. Ahí estaban, las cuatro mesas, a la espera de recibir nuevos discípulos —Asombroso—dijo Draco cuando se detuvieron frente a la mesa de profesores.
La profesora puso en silencio un sombrero puntiagudo de mago, remendado, raído y muy sucio sobre un taburete. Tal vez tenían que intentar sacar un conejo del sombrero, pensó Harry algo irreflexiblemente, eso era lo típico de…Al darse cuenta de que todos los del comedor contemplaban el sombrero, lo hizo también.
Durante unos pocos segundos, se hizo un silencio completo, fue entonces que el sombrero se movió. Una rasgadura cerca del borde se abrió, ancha como una boca y entonces…
Oh, podrás pensar que no soy bonito,
pero no juzgues por lo que ves.
Me comeré a mí mismo si puedes encontrar
un sombrero más inteligente que yo.
Puedes tener bombines negros,
sombreros altos y elegantes.
Pero yo soy el Sombrero Seleccionador de
Hogwarts
y puedo superar a todos.
No hay nada escondido en tu cabeza
que el Sombrero Seleccionador no pueda ver.
Así que pruébame y te diré
dónde debes estar.
Puedes pertenecer a Gryffindor,
donde habitan los valientes.
Su osadía, temple y caballerosidad
ponen aparte a los de Gryffindor.
Puedes pertenecer a Hufflepuff
donde son justos y leales.
Esos perseverantes Hufflepuff
de verdad no temen el trabajo pesado.
O tal vez a la antigua sabiduría de Ravenclaw,
Si tienes una mente dispuesta,
porque los de inteligencia y erudición
siempre encontrarán allí a sus semejantes.
O tal vez en Slytherin
harás tus verdaderos amigos.
Esa gente astuta utiliza cualquier medio
para lograr sus fines.
¡Así que pruébame! ¡No tengas miedo!
¡Y no recibirás una bofetada!
Estás en buenas manos (aunque yo no las tenga).
Porque soy el Sombrero Pensante.
Que alivio, pensó Draco mientras el comedor aplaudía. Era solo probarse el sombrero. Había esperado algo diferente, como una prueba que tuviera que ver con usar la varita o algo por el estilo, pero aquello no estaba mal.
—Cuando yo os llame, deberéis poneros el sombrero y sentaros en el taburete para que os seleccionen—dijo la profesora.
La profesora empezó con la selección llamando a cada uno para que se sentaran en el taburete y que el sombrero seleccionara su casa. La primera era la rubia con trenzas, era Hannah Abbott y fue Hufflepuff. La segunda Susan Bones también resulto ser Hufflepuff, Terry Bott (el tercero) fue Ravenclaw.
Brocklehurst, Mandy también fue a Ravenclaw, pero Brown, Lavender resultó la primera Gryffindor, en la mesa mas alejada de ellos estallo en aplausos. Bulstrode, Millicent fue a Slytherin.
—Estoy tan nerviosa—dijo Artemis—, no puedo esperar a que todo esto termine.
—Todo ira bien—dijo Draco, pero incluso el estaba nervioso.
Y precisamente en ese momento tenia que pensar lo peor. Draco nunca había meritado seriamente el problema de quedar en una casa diferente a la de Artemis, había pensado en ello pero había desecho la idea casi de inmediato y ahora tan cerca no pudo evitar pensar en ese detalle. El miedo se adueño de él al fijarse en Artemis, ¿qué pasaría si ambos quedaban en diferentes casas? La pregunta giro en su cabeza; no, no podían separarse. Se había prometido a si mismo cuidar de ella, y mas importante aún, se lo prometió a su madre.
El recuerdo estaba fresco, había sido el día en que ambos (Artemis y Draco) se conocieron. Su madre lo estaba arreglando mientras le contaba sobre los visitantes que llegarían aquel día.
—…Severus llegara en cualquier momento con ellas—decía su madre abotonando la túnica—. Debes recordar comportarte, como te he enseñado. La niña es de tu edad, seguro te llevaras bien con ella.
Draco no parecía interesado en conocerla. Lo único que quería es que las visitas llegaran y se fueran; Blaise Zabini, era hijo de una familia amigos de sus padres, le había enviado a Draco una carta contándole sobre su nueva escoba invitándolo a su mansión, y él había estado ansioso por ir a retarlo a unas carreras. Por lo que no pensaba mucho en las visitas que llegarían en cualquier momento.
—Su nombre es Artemisa Jones—su madre termino de arreglarle la túnica. Jones, aquel apellido llamo la atención de Draco y recordó que Crabbe, un retrasado que era amigo suyo, le había contado sobre una bastarda con la que se topo pero dejo en su lugar. No estaba seguro si se trataba de la misma persona ¿cómo había dicho que se llamaba? ¡Por supuesto! ¡Artemis Jones! Observo a su madre con el ceño fruncido antes de que ella le preguntara:
—¿Ocurre algo, cielo?
—Su nombre es Artemis o Artemisa
—Es Artemisa—contesto su madre—. Prefieren que la llamen Artemis, ¿por qué la pregunta?
—Crabbe se encontró con una niña con el mismo nombre—conto Draco—. Dijo que era la bastarda de una perdida.
Narcissa hizo una mueca de disgusto y Draco entendió que aquello estaba mal.
—Pero no puede ser verdad, seguramente se equivoco—dijo Draco—. Padre nunca aceptaría en esta casa a alguien de su clase.
Su madre seguía arrodilla junto a él, dio una mirada a sus espaldas y entonces se dirigió a su hijo:
—Draco, hijo mío, no quiero que repitas eso nunca mas—dijo—. Escucharas muchos rumores alrededor de esa niña pero tu nunca debes hacerles caso.
—Entonces…¿Crabbe estaba en lo correcto?
Draco no entendía, siempre le habían dicho que solo tenia que relacionarse con aquellos que eran de su misma clase y su altura. ¿Por qué hacer una excepción ahora con la hija de una perdida?
—Estoy segura de que se trata de la misma niña—dijo su madre acariciándole el cabello—. Y a pesar de eso, Draco, no debes hacerle caso a los rumores. Cuando llegue no quiero que la trates como alguien diferente por lo que te haya contado ese niño, Crabbe, ni por que sea de una clase diferente. No importa si tu padre te ha dicho ella, ni lo que te enseñamos en el pasado..
»Olvídate de eso. Debes protegerla, defenderla y quererla como una hermana. Prométemelo, Draco. Dale una oportunidad a la niña, no quiero que estés contra ella.
—¿Por qué?
—¿Recuerdas a la abuela Walburga?
Draco asintió con tristeza, había muerto hace un par de días y lo ultimo que le dijo fue que: Escucha a tu madre, es una mujer sabia mi querido niño. Le había besado la frente. Serás un gran hombre, Draco, mejor que tu padre y no importa lo que él te diga. Tu eres el orgullo de la familia Black. Había sido una despedida muy triste, Draco no había podido conocer a sus abuelos tanto paternos como maternos, habían muerto cuando era pequeño; bueno, estaba el abuelo Abraxas, pero nunca le había gustado del todo. Si él llegase a enterarse de lo que su madre le estaba pidiendo, seguro la insultaría por sugerir semejante atrocidad y si él, Draco, le hacia caso a su madre, no esperaba mejor trato.
—Para tu abuela Buga esa niña es importante y le prometí que velaría por ella y la acercaría a nuestra familia..
—¿Por qué es tan importante?
—Te lo diré luego de que la conozcas. Prométeme que no la trataras diferente, piensa en ella como una hermana. Prométemelo, Draco.
Había sido un gran dilema para Draco, si el abuelo se enteraba seguramente lo torturaría sin que su madre se enterara, pero aún así, accedió a la petición de su madre; a ella nunca podría negarle nada, la quería demasiado como para negarse.
Recordó que bajo los escalones y en la sala estaban esperando las visitas junto a su padre y su padrino Snape, sus ojos se enfocaron en la niña que observaba uno de los jarrones chinos que su madre había comprado. La niña tenia su misma edad como había dicho su madre, seis años y por lo que noto, era metamorfomaga. Ningún cabello natural tendría un tono rosa cicle entre rubio.
—Abigail, ya estas aquí.
En aquel momento su madre lo había sujetado del hombro.
—Draco, hijo, te quiero presentar a la señora Jones—. Draco hizo lo que se esperaría, una leve reverencia con un saludo formal—. Y esta linda niña es su hija, Artemisa Jones. Él es mi hijo, Draco.
La niña frente a él le dedico una amplia sonrisa mientras lo saludo:
—Hola.
Ahora que recordaba, Artemis no le había parecido nerviosa ni nada por el estilo, pero en aquel momento se percato de lo nerviosa que había estado casi tanto como lo había estado él mismo.
—Un placer conocerte, Artemisa.
Extendió su mano, ante eso, la niña no dudo en hacer lo mismo.
—Igualmente, llámame Artemis.
Lo poco que la trato aquella mañana, fue suficiente para que Draco decidiera que le caía bien; era mejor compañía que Crabbe o Goyle. Le interesaba el quidditch y conocía el mundo mágico tan bien como Draco, ambos deseosos de poder tener su propia varita para hacer magia; lo único diferente entre ellos, es que a ella no parecía importarle el estatus de sangre y Draco pensó en el rumor que rondaba por ahí, aunque no le comento nada. A pesar de que al principio hubiera deseado que la visita acabara lo mas rápido, después de tratarla deseo que se quedara un poco mas, había pasado la mejor mañana de su vida. Habían tirado una que otra tonta armadura vieja mientras jugaban por la mansión, soltado a los perros por accidente y mojándose cuando anduvieron en el invernadero de su madre.
—¿No es un encanto, Draco?
Su padre había resoplado.
—No entiendo para que quieres que nuestro hijo se relacione…con semejante clase aún si tu tía de lo pidió.
—Ya hablamos de eso, Lucius—espeto su madre—. No me harás cambiar de opinión, además, ten encuentra que es la ahijada de Severus. No puede tener nada malo—su padre intento protestar pero su madre ya se había girado para irse—. Vamos, Draco, te prometí que te contaría la importancia de esa niña.
Aún cuando le dijo la razón, Draco ya había decidió que le caía bien y que la ayudaría a abrirse paso entre la sociedad, pero con la revelación de su madre solo sirvió para que se tomara seriamente su promesa; la abuela Buga había dicho que seria un gran hombre y que era el orgullo de la familia, no podía defraudarla.
—¡Draco!
Artemis le golpeo levemente con el codo, para llamar su atención. Y al mirar en la misma dirección que la muchacha se dio cuenta de quien estaba siendo seleccionado.
—¡Slytherin!
—Es Goyle—susurro Artemis—. Estaba junto a Crabbe en el tren, pasamos junto a su compartimento cuando nos encontramos a la sangrona.
—Y ambos terminaron en Slytherin—dijo Draco asintiendo—. Sera bueno tener conocidos ahí.
En aquel momento fue el turno de Hermione, que casi corrió hasta el taburete y se puso el sombrero, muy nerviosa.
—¡GRYFFINDOR! —gritó el sombrero.
—Al menos ella ya fue seleccionada—dijo Artemis—, nosotros seguimos esperando.
Draco sonrió para infundirle animos, y de nuevo se pregunto que pasaría si ambos quedaban en casas diferentes. Esperaba que no estuviera en Gryffindor, no le gustaba mucho esa casa tal vez por que el planeaba ir a Slytherin, y estaba la rivalidad de ambas casas; aunque tal y como estaban las cosas no tendría importancia, había compartido su comida y vagón con una hija de muggles que fue a Gryffindor…
—¡Jones, Artemisa!
Draco salió de sus pensamientos y miro a Artemis que estaba claramente nerviosa pero intentaba mantener una postura clamada y animada.
—¡Suerte, prima! —le dijo Megan antes de que se alejara hacia el taburete.
Es mi turno, se dijo Artemis caminando con paso decidido hasta el taburete, se pregunto cual seria le decisión el sombrero mientras se lo colocaba sobre la cabeza
—Mmm. Interesante—escucho Artemis en su oreja. El momento había llegado, estaba ansiosa y nerviosa pero sin olvidar su objetivo—. Veo mucho potencial y talento sin duda. Tienes un forma peculiar de ver las cosas y una mente brillante... algo orgullosa, y una gran confianza bajo la que escondes tus temores…
—Eso no es cierto—susurro Artemis contrariada—. Eso es mentira.
—No puedes ocultar nada de mi.
—Yo no oculto mis temores bajo una gran confianza—siguió Artemis—. Estas equivocado, muy equivocado.
—No hay nada que puedas ocultar de mi, yo puedo ver todo lo que hay en tu cabeza y así que deja de negarlo…—Artemis se cruzo en brazos sin dejar de pensar que el sombrero estaba equivocado y solo deseaba que acabara pronto—. Eres un poco testaruda e impaciente…Tómatelo con calma, tengo que meditar sobre a donde enviarte… Eres una chica muy valiente y con coraje para defender lo que crees. Quieres demostrar de lo que eres capaz pero solo quieres cumplir tus propias expectativas y no la de los demás… Esto será un poco difícil, ¿dónde te pondré?
Artemis suspiro y se animo a decir:
—Que tal si descartas Ravenclaw y Gryffindor.
—Ni Ravenclaw ni Gryffindor—dijo el sombrero—. Ya veo, expectativas que no quieres cumplir. Aunque piénsalo bien, en Gryffindor podrías encontrar tu lugar, con tu osadía y tu talento no dudaras en hacer amigos y pulir tus habilidades.
—No Gryffindor no Ravenclaw— murmuro Artemis con desesperación—. No Gryffindor no Ravenclaw.
—Si insistes tanto, no será ni Gryffindor ni Ravenclaw—acepto el sombrero—. Pero un talento como el tuyo debe aprovecharse… tanto potencial no se puede desperdiciar así como así, en Gryffindor podrías lograr tantas cosas y dado que no quieres ir ahí…
—Por favor, no me envíes ahí—susurro Artemis—. Te lo pido.
—Una verdadera lastima—repitió el sombrero—. Sera la segunda opción entonces… no te ira mal ya que no son muy diferentes a los Gryffindors. E incluso pienso que te ira bien, aunque Gryffindor hubiera sido mejor.
El corazón se le acelero a Artemis, a donde planeaba enviarla el sombrero; se lamento no poder ver con aquel sombrero que le tapaba la vista, así no podía mirar hacia la mesa de Hufflepuff y donde se encontraba Derek; y antes de que pudiera preguntarle al sombrero este grito…
—¡SLYTHERIN!
Artemis escuchando los aplausos de la mesa a la que ahora pertenecía. Gracias, señor sombrero. Fue como si un enorme peso desapareciera de sus hombros.
—Sigo pensado que Gryffindor hubiera sido mejor—susurro el sombrero antes de que se lo quitara y colocara sobre el taburete.
La mesa de Slytherin la recibió con aplausos, muchas felicitaciones y bienvenidas mientras le estrechaban la mano.
—¡Bienvenida a Slytherin! —le dijo un muchacho alto y de cabello rubio al que reconoció, recordaba que se llamaba Richard y era un prefecto—. Toma asiento.
—Gracias—Artemis se sentó junto a el prefecto, un poco aliviada y aturdida por lo ocurrido. Se había imaginado que terminaría en Hufflepuff con Derek pero esa no había sido la decisión del sombrero, en vez de eso termino en Slytherin. ¡Oh, por los calzoncillos de Merlín!, pensó Artemis con temor buscando la mirada de Clarisse o la de Derek, ambos odiaban a Slytherin con toda su alma, solo había que escucharlos hablar de aquella casa para saberlo. No podía ver el rostro de ninguno por mas que los buscara. ¿Cómo se tomarían aquello?
Desde la fila de alumnos que aún faltaban por seleccionar, Draco y Harry la miraban contestos por ella, por fin había sido seleccionada. Harry solo podía pensar que lo que decían sobre Slytherin estaba mal, ya que alguien como Artemis nunca hubiera terminado ahí de ser todo lo contrario.
—¡Perfecto! —susurro Draco—. Esto es un gran alivio, solo faltamos nosotros. Por supuesto seré Slytherin, no hay duda, aunque seria grandioso que tu también quedaras con nosotros, Harry.
Harry sonrió ante la confianza de Draco, que ya daba por echo el veredicto del sombrero. No pudo evitar fijarse en lo callada que estaba Megan que no había dicho nada sobre la selección de Artemis, a lo mejor por que ahora era su turno.
Harry tenia sus propias preocupaciones, y en aquel momento lo ataco un horrible pensamiento, uno de aquellos horribles pensamientos que aparecen cuando uno está muy intranquilo. ¿Y si a él no lo elegían para ninguna casa? ¿Y si se quedaba sentado con el sombrero sobre los ojos, durante horas, hasta que la profesora McGonagall se lo quitara de la cabeza para decirle que era evidente que se habían equivocado y que era mejor que volviera en el tren? ¿Seria eso posible? El sombrero había tardado demasiado con Artemis pero al final la había seleccionado. Neville Longbottom, el chico que había perdido su sapo, fue llamado, se tropezó con el taburete. El sombrero tardó un largo rato en decidirse. Cuando finalmente gritó: ¡GRYFFINDOR!, Neville salió corriendo, todavía con el sombrero puesto y tuvo que devolverlo, entre las risas de todos, a MacDougal, Morag.
Draco Malfoy se adelantó al oír su nombre dándole un giño a Harry. Este sabia perfectamente donde quedaría su amigo, el lo había dicho y además la familia de el rubio había pertenecido solo a una casa. El sombrero solo tardo un par minuto antes de concederle su deseo y gritar: ¡SLYTHERIN!
Draco se fue a reunir con aire de satisfacción junto a Artemis, que sonreía aplaudiendo con el resto que recibía a Draco con los brazos abiertos.
La profesora continuo con la selección. Ya no quedaba mucha gente…Moon, Lily…Nott, Theodore…Parkinson, Pansy…Después unas gemelas, Patil, Padma y Patil, Parvati…Más tarde Perks, Sally-Anne…y, finalmente:
—¡Potter, Harry!
—¿Ha dicho Potter?
—¿Ese Harry Potter?
Harry se acerco hasta el taburete con la mirada de todo hogwarts sobre el, lo ultimo que vio antes de colocarse el sombrero y le tapara la vista, eran un montón personas queriéndolo ver.
—Mm —dijo una vocecita en su oreja—. Difícil. Muy difícil. Lleno de valor, lo veo. Tampoco la mente es mala. Hay talento, oh vaya, sí, y una buena disposición para probarse a sí mismo, esto es muy interesante… Difícil, difícil decisión… Entonces, ¿dónde te pondré a ti?
Si eso era algo que le interesaba saber a Harry.
—¿Qué tal en Slytherin?—dijo la vocecita—. No es mala opción. Podrías ser muy grande, lo tienes todo en tu cabeza y Slytherin te ayudaría en el camino a la grandeza….
Harry no estaba en desacuerdo con ello, Draco y Artemis estaban en Slytherin y seria genial estar con ellos. Entonces recordó la conversación con el profesor Snape, le había contado que sus padres habían sido Gryffindor y en aquel momento Harry se pregunto si a ellos le molestaría que no fuera Gryffindor. Nunca podría saber la respuesta, pero si el tuviera que escoger no le importaría acabar en Slytherin; no era tan mala como decían y ahí estaban los primeros amigos que había hecho.
—… Veo que tu mismo has llegado a la misma conclusión que yo, no te preocupes mas y confía en mi, nunca me equivoco… Así que te enviare a ¡SLYTHERIN!
Por un momento el comedor se quedo en un completo silencio, que incluso le dio miedo, hasta que la casa de Slytherin rompió en aplausos. Se quito el sombrero con una sonrisa mientras caminaba a la mesa donde sus dos amigos los esperaban. Todos los recibieron con grandes sonrisas, y todos quisieron darle la mano; algunos gritaban: ¡Tenemos a Potter! ó ¡Potter esta con nosotros!
—Y al final los tres volvemos a estar juntos, aquí en la mejor casa: Slytherin—dijo Draco sonriendo con orgullo uno vez que tomo asiento.
—Bienvenido, Harry—le dijo Artemis—. Esto es sensacional, ¡estamos juntos en la misma casa!
Entre el gran jubilo Harry vio a Hagrid desde su asiento en la mesa de profesores, balbuceando algo y negando con la cabeza observándolo detenidamente, cada vez hablaba mas fuerte pero no lograba oír lo que decía, por que sus nuevos compañeros aún no terminaban de festejar; pronto todo volvió a silenciarse poco a poco, mientras la selección seguía su curso.
Pero ya eran pocos los que quedaban Sophie Roper fue a Gryffindor, pero Zacharias y Sally Smith terminaron en Hufflepuff mientras Dean Thomas en Gryffindor y Lisa Turpin en Ravenclaw.
—Weasley, Ronald.
Harry observo como tenía una palidez verdosa. Un segundo más tarde, el sombrero gritó: ¡GRYFFINDOR!
El ultimo era Blaise Zabini que fue a Slytherin, al igual que Harry y todos los demás que fueron a esa casa, fue bien recibido.
—El ultimo para la mejor casa—le dijo el prefecto Richard a Blaise estrechando su mano—Bienvenido.
La profesora McGonagall enrolló el pergamino y se llevó el Sombrero Seleccionador.
Harry miró su plato de oro vacío. Acababa de darse cuenta de lo hambriento que estaba. Los pasteles y dulces le parecían algo del pasado.
—¡Harry, mira! —dijo Artemis le golpeo a un costado—Ese es el director: Albus Dumbledore.
El director se había puesto de pie. Llevaba gafas de media luna, tenía una nariz larga y encorvada, cabello plateado suelto, barba y bigotes. Miraba con expresión radiante a los alumnos, con los brazos muy abiertos, como si nada pudiera gustarle más que verlos allí.
—¡Bienvenidos! —dijo—. ¡Bienvenidos a un año nuevo en Hogwarts! Antes de comenzar nuestro banquete, quiero deciros unas pocas palabras. Y aquí están, ¡Papanatas! ¡Llorones! ¡Baratijas! ¡Pellizco!... ¡Muchas gracias!
Se volvió a sentar. Todos aplaudieron y vitorearon, Harry no supo si reírse o no como lo estaba haciendo Artemis.
—Está…un poquito loco, ¿no? —preguntó con aire inseguro a Richard el prefecto que estaba sentado a un asiento de él.
—¿Loco? No lo se, puede que lo este—dijo Richard sin darle importancia—. Pero loco o no, es un buen director. ¿Patatas, Harry?
Harry se quedó con la boca abierta. Los platos que había frente a él de pronto estuvieron llenos de comida. Nunca había visto tantas cosas que le gustara comer sobre una mesa: carne asada, pollo asado, chuletas de cerdo y de ternera, salchichas, tocino y filetes, patatas cocidas, asadas y fritas, pudín, guisantes, zanahorias, salsa de carne, salsa de tomate y, por alguna extraña razón, bombones de menta.
Los Dursley nunca habían matado de hambre a Harry, pero tampoco le habían permitido comer todo lo que quería. Dudley siempre se servía lo que Harry deseaba, aunque no le gustara. Harry llenó su plato con un poco de todo, salvo los bombones de menta, y comenzó a comer. Todo estaba delicioso.
—¡Que delicia! —dijo Artemis, quien se había llenado el plato con una porción de todo, incluso de los bombones de mentas.
—¿No crees que estas exagerando? —pregunto Draco.
—Mira quien habla—Artemis alzo la ceja dándole una mirada al plato de Draco—. Además, mi mamá siempre dice que coma hasta estar satisfecha sin importar si acabo o no el plato. No tienes de que preocuparte.
El fantasma de Slytherin había tomado asiento junto a Draco, mientras veía a los nuevos alumnos, casi como si los inspeccionara y Harry podía jurar que mantenía la vista especialmente en él. Algunos lo miraban de reojo pero se mantenían callados sin decir ni una sola palabra. Harry se pregunto el por que estaba lleno de sangre, pero decidió no preguntar ya que tenia el mismo gesto que el tío Vernon adoptaba cuando no quería que lo molestaran.
Harry se dio cuenta de que Artemis se había quedado mirando al barón sanguinario, que no tardo en girarse hacia su dirección. Se pregunto si se sentiría ofendido o algo por el estilo solo por quedárselo contemplando.
—Buenas noches, barón—saludo amablemente Richard—. Vino a conocer a los nuevos integrantes de Slytherin, me parece que este año tenemos legados de padres Slytherin.
El barón asintió hacia el prefecto.
—Pero donde están los modales—dijo Richard mirando a todos los de primero—. Permítanme presentarles al Barón Sanguinario, el fantasma de Slytherin.
—Esto… es un gusto—Artemis fue la primera en hablar.
—Eso, un gusto—musito Harry cuando el barón poso sus ojos en él.
Para sorpresa de ambos el barón inclino la cabeza hacia ellos y entonces tras un codazo de Artemis, ambos imitaron su gesto. Draco que había observado el intercambio, los imito un segundo después cuando el barón paso la mirada por el resto de los estudiantes; uno a uno todos se presentaron ante el barón.
—Eso fue raro—dijo Artemis cuando el fantasma se levanto y atravesó la pared—. No dijo ni una sola palabra.
—¿Sera mudo?
—Nunca he oído de un fantasma mudo.
—No es mudo—aclaro Richard—. Usualmente el suele platicar con nosotros, excepto en las fiestas como estas donde prefiere mantenerse alejado.
—¿Enserio? ¿Sabes por que esta lleno de sangre y lleva esas cadenas consigo? —pregunto Artemis.
—Nadie lo sabe—contesto Richard—, y es mejor que no se les ocurra preguntarle, no le gusta. La ultima vez que alguien se atrevió a preguntarle, digamos que estuvo en la enfermería toda una semana y nunca dijo que le ocurrió…
Mientras el banquete continuaba, Harry conoció a los amigos que Draco tenia y que eran prácticamente todos; Theodore Nott no era del tipo platicador, su conversación fue corta pero cortes y tenia una mirada suspicaz, que le decía a Harry que era mejor no subestimarlo. Blaise Zabini era mas animado y parecía conocer tanto sobre el mundo mágico como Draco y era un gran fan de los Puddlemere United (un equipo de quidditch). Crabbe y Goyle no dijeron nada simplemente lo saludaron con la cabeza mientras seguían comiendo, no parecían interesados en contar sus experiencias con magia accidental o sobre que actividad era su favorita; o incluso si estaba o no relacionados lejanamente.
En ese momento que Blaise despejaba las dudas sobre que pudiera estar emparentado con la familia de Draco, una chica se acerco, a Harry le recordó levemente a un perro; tenia ojos pequeños de color verde y una nariz alargada y un poco chata. El cabello lo tenia corto a la altura de la barbilla con un simple flequillo recto.
—¿Quién diría que acabarías aquí mi querida Rayza?
Artemis casi se atraganta con los bombones de menta.
—Es Artemis—corrigió.
—Lo que digas, Rayza—la joven sonrió—. Mi madre creía que acabarías en Ravenclaw, aunque para ella y mi padre solo existe Ravenclaw.
—Si, bueno, acabe aquí al igual que tu—dijo Artemis levantándose de su asiento—. Ha pasado tanto tiempo, ¿cuanto? Un año y medio.
—Dos años—ambas niñas se abrazaron—. Como sea, me alegra que estemos juntas.
—Pienso lo mismo. Deja que te presente a mis amigos—dijo Artemis—. Les presento a Pansy Parkinson, Pansy ellos son Draco Malfoy, este es…
—Harry Potter, quien no sabe su nombre—dijo Pansy haciendo un gesto con la mano de restarle importancia—. Encantada de conocerlos.
—Me figuro que es esa prima lejana de la que me hablasteis, Arte—dijo Draco—. Tus padres no son acaso los historiadores mágicos mas importantes luego de Bathilda bashing, y que están al servicio del ministerio.
—Que desgracia la mía—dijo Pansy con aire dramático—. Mis padres son ellos.
La expresión aburrida en su rostro y su tono sarcástico la hacían ver como una chica solitaria o frívola. Era tan difícil creer que ambas, Artemis y Pansy era parientes.
—Como sea, solo me acerque a saludarte—dijo Pansy dirigiéndose a Artemis—. Te veo luego querida Rayza.
—Artemis—gruño Artemis—. No te unes a las presentaciones.
Un momento de vacilación por parte de la muchacha antes de que aceptara.
—Claro, por que no—dijo Pansy encogiéndose de hombros.
Ambas tomaron asiento.
—Bueno, es el turno de Artemis—dijo Blaise—. Puedes empezar por explicarnos lo de Rayza.
Artemis en suspiro dijo:
—Mi verdadero nombre es Artemisa Rayza Jones—Ante la mueca de Artemis, Pansy sonrió—. Lo único que puedo decir acerca de mi nombre, es que no tengo idea de que pensaba mi madre cuando me nombro así, no puedo hacer nada mas que vivir con ello, y si alguien se atreve a llamarme Rayza lo lamentara el resto de su vida—paso la vista por todos los presentes aunque nadie hizo un gesto de llevarle la contraria—. Mi madre fue Ravenclaw y mi padre era un muggle, que en paz descanse. Creo que podría decir que soy la primera en la familia en quedar en Slytherin todos esperaban que fuera Gryffindor o incluso Ravenclaw.
Movió con el tenedor los bombones de menta que aún tenia en su plato.
—Yo prefiero a las Arpías de Holyhead—continuo Artemis—. Lo siento Blaise somos enemigos declarados.
—Nada es perfecto.
—Me encanta dibujar, adoro todo tipo de golosinas en especial si son de chocolates, exceptuando el maní al que soy alérgica—dijo Artemis arrugando la nariz—. Conozco a Draco desde que tengo seis y nos llevamos bien desde entonces, somos como hermanos. Todos mis primos están aquí en hogwarts, excepto uno que entrara el año siguiente. A diferencia de ustedes yo fui a la escuela muggle antes de venir aquí. Esa es básicamente la historia de mi vida.
—Olvidasteis mencionar tu pequeña deformidad.
—No es una deformidad, Pansy.
Todos se miraban confusos, Harry miro a Draco pero este no parecía entender a que se referían.
—Soy metamorfomaga—explico Artemis.
Aquello basto para que todos comprendieran lo que tenia Artemis, exceptuando a Harry, que supuso que era algo sobre el mundo mágico que aún desconocía; tal vez era alguna enfermedad mágica, solo esperaba que no fuera nada malo.
—Olvide que tu no sabes—Artemis fijo su vista en él, a Harry no le gustaba que lo mirara como si fuera un tonto—. Metamorfomaga es una condición que pocos magos poseen y es hereditario.
—Se podría decir que es como una enfermedad—dijo Pansy mirándose las uñas—. O algo así, realmente no hay las palabras exactas para describir su capacidad. Pero personalmente yo utilizo los términos: enfermedad, deformidad, anormalidad…
—Entendió, Pansy—dijo Artemis frunciendo el ceño—. Como sea, mi capacidad como metamorfomaga me permite cambiar mi apariencia a voluntad.
Harry no creía lo que escuchaba, y quedo con la boca abierta cuando Artemis dio una demostración; su cabello había cambiado del rubio al pelinegro.
—Eso es fabuloso, aunque es una lastima que estés con el enemigo—dijo Blaise mirando a Artemis—, cuando todos saben que Puddlemere United son los mejores.
—Olvídalo, tu equipo apesta—dijo Artemis—. Arpías de Holyhead son la onda.
—Lamento decirle esto, pero los Chudley Cannons son los mejores—intervino Draco.
Harry sonrió viendo que no le habían prestado la mayor importancia a la condición de Artemis, como si fuera lo mas normal del mundo que alguien cambiara el tono de su cabello de la nada; en vez de eso estaban argumentando sobre que equipo de quidditch era mejor. Varias veces había escuchado a sus compañeros de clase argumentar por que equipo de futbol era el mejor y como discutían durante horas.
Como todo inicio tiene su fin, el banquete llego al suyo. El profesor Dumbledore se levanto de su asiento para dar un anuncio importante:
—El señor Filch, el celador, me ha pedido que os recuerde que no debéis hacer magia en los recreos ni en los pasillos.
»Las pruebas de quidditch tendrán lugar en la segunda semana del curso. Los que estén interesados en jugar para los equipos de sus casas, deben ponerse en contacto con la señora Hooch.
Harry escucho a Draco bufar molesto.
»Y por último, quiero deciros que este año el pasillo del tercer piso, del lado derecho, está fuera de los límites permitidos para todos los que no deseen una muerte muy dolorosa.
—¿Lo dijo enserio?—susurro Harry al prefecto.
—Nunca antes nos habían prohibido ir a alguna parte del castillo—dijo Richard con los ojos entrecerrados—. Debe tener una razón importante para prohibirlo y espero que una "muerte muy dolorosa" no sea parte de ello, tal vez Peeves lo ha tomado como su nuevo fuerte y no seria la primera vez que ocurre algo así.
—¡Y ahora, antes de que vayamos a acostarnos, cantemos la canción del colegio! —exclamó Dumbledore.
Las sonrisas de los otros profesores se habían vuelto algo forzadas. Dumbledore agitó su varita, como si tratara de atrapar una mosca, y una larga tira dorada apareció, se elevó sobre las mesas, se agitó como una serpiente y se transformó en palabras.
—¡Que cada uno elija su melodía favorita! —dijo Dumbledore—. ¡Y allá vamos!
Y todo el colegio vociferó:
Hogwarts, Hogwarts, Hogwarts,
enséñanos algo, por favor.
Aun que seamos viejos y calvos
o jóvenes con rodillas sucias,
nuestras mentes pueden ser llenadas
con algunas materias interesantes.
Porque ahora están vacías y llenas de aire,
pulgas muertas y un poco de pelusa.
Así que enséñanos cosas que valga la pena saber,
haz que recordemos lo que olvidamos,
hazlo lo mejor que puedas, nosotros haremos el
resto,
y aprenderemos hasta que nuestros cerebros se
consuman.
Cada uno terminó la canción en tiempos diferentes. Al final, sólo unos gemelos en la mesa de Gryffindor seguían cantando, con la melodía de una lenta marcha fúnebre.
—Los gemelos Weasley tenían que ser—dijo Richard, pero incluso él estaba sonriendo.
Dumbledore los dirigió hasta las últimas palabras, con su varita y, cuando terminaron, fue uno de los que aplaudió con más entusiasmo.
—¡Ah, la música! —dijo, enjugándose los ojos—. ¡Una magia más allá de todo lo que hacemos aquí! Y ahora, es hora de ir a la cama. ¡Salid al trote!
—Primer año, conmigo—llamo un muchacho de piel morena y cabello rizado—. ¡Primer año!
Todos se levantaron de la mesa, soñolientos y llenos de comida; rodearon a al joven moreno que estaba con Farley, que espero a que todos se unieran.
—Me presento, soy uno de los prefectos de Slytherin. Frederick Noonan—dijo el muchacho moreno antes de darle unos golpecitos en el hombro a su compañera.
—¡Enhorabuena! Soy la Prefecta Gemma Farley, y me complace darles la bienvenida a la CASA SLYTHERIN—hablo Gemma Farley enguachando mas su sonrisa cuando se fijo en Draco y en él (Harry).—Nuestro emblema es la serpiente, la más inteligente de todas las criaturas—les giño un ojo mientras los guiaba fuera del comedor—. Los colores de nuestra casa son el verde esmeralda y el plateado. Espero que como yo, sepan poner en alto a la gran casa de Slytherin. Si necesitan algo puede dirigirse a mi, a Rick o a cualquier otro prefecto e incluso al jefe de nuestra casa, el profesor Severus Snape, al que ya conocerán en el transcurso de la semana. Ahora, los llevare a nuestra sala común…que seguramente les gustara. Todos juntos por favor, síganme. Que nadie se quede atrás.
Entraron a las mazmorras y al llegar al final del pasillo, este daba al inicio de las escaleras donde los alumnos de Hufflepuff tomaron otras rutas mientras bajaban las escaleras junto a ellos.
—Un dato importante, las escaleras tienden a cambian de lugar—comento Gemma.
Bajaron mas y mas pisos para después caminar por varios pasillos laberinticos, en los que uno podía perderse, pero la prefecta parecía segura de adonde iba. De hecho utilizo algunos pasajes escondidos en las paredes y también en algunas habitaciones. Entonces se detuvo frente a un trecho de muro descubierto y lleno de humedad. Todos se miraron si saber que hacer y la prefecta se adelanto un paso y dijo:
—Nos haces los honores, Rick.
—Una contraseña es necesaria para poder entrar—. El muchacho moreno dijo sacando su varita, se coloco de tal forma que todos pudieran ver como tocaba con la punta de la varita la pared—. Pársel.
Una parte del muro se deslizo hacia abajo y dejando a la vista un pasaje que los conducía hasta la sala común de Slytherin; era una sala larga, semisubterránea, con los muros y el techo de piedra basta. Estaba iluminado por varias lámparas de color verdoso que colgaban del techo mediante cadenas, iluminando toda su verde belleza por el lugar. Habían sillones de cuero de color verde con botones plateados, mesas de madera talladas y cubiertas con elaborados manteles, además de copas de madera oscura. Todo repartido de forma ordenada por la larga sala, que a su alrededor habían ventanas de color verde. Dos puerta de madera con una serpiente enroscada estaba tallada en ellas y hacia el final de la sala, debajo de la repisa labrada estaba la chimenea.
Todos estaban maravillados con el lugar y no hubo nadie que no exclamara maravillado.
—Como verán nuestra sala común está detrás de una entrada escondida en las mazmorras. Como pueden ver las ventanas dan a las profundidades del lago de Hogwarts. A menudo vemos al calamar gigante nadando rápidamente y, a veces, criaturas aún más interesantes—Harry exclamo maravillada, como los demás—. Nos gusta pensar que nuestro lugar de reunión tiene el aura de un misterioso barco hundido. Ahora, hay unas cuantas cosas que deberían saber sobre Slytherin, y algunas otras que deberías olvidar. Primeramente, empecemos por disipar algunos mitos. Puede que hayas oído rumores sobre la casa de Slytherin, que todos estamos interesados en las Artes Oscuras y que solo hablaremos contigo si tu tatarabuelo era un mago famoso, y tonterías como esa. Bueno, no tienes que creerte todo lo que oyes de las otras casas. No niego que hemos producido una buena cantidad de magos oscuros, pero también lo han hecho las otras tres casas, solo que no les gusta admitirlo—. Sonrío divertida—. Y sí, tradicionalmente hemos tendido a recibir estudiantes que vienen de largas líneas de brujas y magos, pero hoy en día hay mucha gente en la casa Slytherin que tiene al menos un padre muggle. Lo que para nada es malo. Aquí tienes un poco de información de la que las otras tres casas no suelen hablar mucho: Merlín fue un Slytherin.
Mas exclamaciones por parte de todos. La prefecta parecía sonreír mas cada vez que los nuevos alumnos parecían más asombrados y fascinados.
»Sí, el mismo Merlín, el mago más famoso de la historia. Aprendió todo lo que sabía en esta misma casa. ¿Te gustaría seguir los pasos de Merlín? ¿o preferirías sentarte en el antiguo escritorio de Eglantine Puffett, que estudió en Hufflepuff e inventó el Paño de Cocina con Auto-Enjabonamiento? No creo. Pero esto ya es suficiente información sobre lo que no somos, empecemos a hablar de lo que somos. Somos la casa más guay y fantástica de este colegio. Jugamos para ganar, porque nos preocupamos por el honor y las tradiciones de Slytherin. También contamos con el respeto de nuestros compañeros. —Hizo una pausa, antes de reconocer:— Sí, parte de ese respeto puede estar un poco mezclado con miedo, por nuestra reputación de lado oscuro, pero ¿sabes qué? También puede ser divertido tener la reputación de ir un poco por el lado un tanto salvaje. Solo tienes que dejar caer unas cuantas indirectas sobre tu acceso a una amplia colección de maldiciones, y a ver si hay alguien que se atreva a birlarte el estuche.
Todos rieron ante aquello.
»Pero no somos mala gente. Somos como nuestro emblema, la serpiente: elegantes, poderosos y frecuentemente incomprendidos. Por ejemplo, nosotros los Slytherin cuidamos de los nuestros, que es más de lo que se puede decir de los Ravenclaw. Además de ser el mayor grupo de empollones que hayas conocido jamás, los Ravenclaws son famosos por actuar como trepas para obtener buenas notas, mientras que los Slytherins somos como hermanos…
Harry supuso que debía hablarles solo bien de su propia casa por algún tipo de código o algo por el estilo, ya que recordaba a Gemma decir que los Ravenclaws eran agradables.
»Los corredores de Hogwarts pueden esconder muchas sorpresas para los que no estén preparados, y te alegrará tener a las Serpientes a tu lado mientras recorres los pasillos del colegio. En lo que nos concierne, una vez que te hayas convertido en serpiente, eres uno de nosotros, uno de la élite. Porque, ¿sabes lo que Salazar Slytherin buscaba en su estudiantes elegidos? La simiente de grandeza. Has sido elegido para esta casa porque tienes el potencial de ser grande en el verdadero sentido de la palabra.
»Bien, puede que veas un par de personas en la sala común que no creas que estén destinados para nada especial—dijo Gemma algo divertida, y Harry casi vio como miro por unos instantes a Crabbe y a Goyle—. En fin, no se lo cuentes a nadie. Si el Sombrero Seleccionador los puso aquí, hay algo grande en ellos, así que no lo olvides. Y hablando de personas que no están destinadas para cosas grandes, no he mencionado a los Gryffindors. Ahora, mucha gente dice que los Slytherins y los Gryffindors representan dos caras de la misma moneda.
»Personalmente, creo que los Gryffindors no son más que gente a la que le gustaría ser Slytherins. Aunque, por otra parte, hay gente que dice que Salazar Slytherin y Godric Gryffindor apreciaban el mismo tipo de estudiante, así que quizás somos más similares de lo que nos gustaría pensar. Pero no quiere decir que seamos muy amigos de los Gryffindors. Solamente ellos disfrutan ganándonos un poco menos de lo que nos gusta ganarles a nosotros—puntualizo Gemma—. Unas cuantas cosas más que deberán saber: el fantasma de nuestra casa es el Barón Sanguinario. Si le caes bien, a veces te hará el favor de asustar a la gente por ti. Pero no le preguntes como se manchó de sangre, no le gusta. La contraseña para la sala común cambia cada dos semanas. Échale un ojo al tablón de anuncios de vez en cuando.
Frederick le hizo una seña que Gemma entendió.
—Se me olvida mencionar. Nunca traigas a nadie de otra casa a nuestra sala común ni les digas nuestra contraseña—dijo Gemma mas seria—. Ningún extraño ha entrado en la casa durante más de setecientos años… ¡Es broma!—dijo ante las caras de los pequeños—. Algunas veces vienen personas a devolver libros o cosas por el estilo, pero no es muy frecuente por que la mayoría no se puede aprender el camino. Digamos que es un poco difícil, pero descuiden. Ustedes se lo lograran aprender.
»Bueno, creo que eso es todo. Estoy segura de que te gustarán nuestros dormitorios. Dormimos en antiguas camas con dosel y cortinas de seda verde, y las colchas están bordadas con hilo de plata. Tapices medievales mostrando las aventuras de famosos Slytherins cubren las paredes y lámparas de plata cuelgan de los techos. Dormirás bien, escuchar las aguas del lago golpeando las ventanas por la noche es muy relajante.
Frederick se coloco junto a Gemma y ella abrió los brazos como si quiera abrazarlos a todos.
—No me queda mas que daros nuevamente la bienvenida a Slytherin—dijo Gemma—. Ahora esa puerta da a las habitaciones de los varones, y Rick estará gustoso de mostrarles, y si las pequeñas damas me acompañan, les mostrare nuestras habitaciones.
Siguieron a ambos a través de la sala común hasta llegar a unas escaleras de piedra con una columna a cada lado, desde la entrada Harry no se había percatad de aquellas escaleras sino de las columnas, y había pensado que estaban ahí para sostener el techo o como adorno, nunca creyó que al acercarse se encontraría con la entrada a los dormitorios. Fue al final de aquellas escaleras donde se dividieron, los mujeres entraron por la puerta opuesta por la que los varones entraron. Las puertas los conducian un pasillo en curva, grande y largo; al final de este llegaban a una habitacion con siete puertas, y en el medio en el techo colgaba una pequeña lámpara de telaraña. Rick les indico la primera puerta con el letrero que decía: Primer año.
La habitación era grande y espaciosa, habían cuatro camas en una sola línea, grandes ventanas de cristal verde con un marco de madera tallado cuidadosamente. La habitación era tal cual como describió la prefecta Gemma, las paredes estaban forradas de un tapiz que mostraban a diferentes magos y brujas, de los que Harry no había oído hablar. Se acerco a la cama donde estaban sus cosas, en cuanto se dejo caer en la cama se percato de lo cansado que estaba y se quedo rápidamente dormido.
