Capitulo: Un perro de tres cabezas.
Déjà vu.
Ese fue el primer pensamiento de Artemis al observar la lista de prefectos, era un sentimiento tan extraño e imposible de explicar. Era raro que la mayoría de los magos tuvieran una sensación como esa, excepto si te han borrado la memoria y tu cerebro hace conexiones de una cosa que has vivido pero has olvidado. Pero el presentimiento de Artemis era diferente, casi como si ya hubiera estado ahí, no solo eso, estaba segura de lo que ocurriría a continuación o tenía un vago presentimiento. Nunca había podido explicarse aquel sentimiento que a veces se apoderaba de ella, era tan extraño que jamás le había comentado a nadie.
Estaban en la sala de trofeos esperando por Smith y su segundo para el duelo en el que se batiría contra Harry. Los chicos estaban observando junto a ella la lista y trofeos en la sala, pero Harry se mantenía alerta con su varita en mano por si Smith llegaba por sorpresa.
Artemis suspiro pasando la vista por los premios por servicios escolares, ¿cómo es que habían terminado en aquella situación? Tendría que empezar desde el inicio para aclarar sus propias dudas del por que Harry había aceptado tan estúpida idea.
Hace solo dos semanas atrás que llegaron a hogwarts, desde el inicio todo parecía indicar que podría ser un buen año. Error. La primera semana había sido un fiasco, en la opinión de Artemis, sus primos se olvidaron de su existencia desde que fue sorteada en Slytherin y aunque Artemis intento hablar con ellos, las cosas no salieron nada bien. No esperaba una buena reacción por parte de ellos, pero nunca se imagino que le dejarían de hablar e hicieran como si no existiera. Ni siquiera la dulce de Megan le hablaba, pero Artemis estaba segura que Clarisse tenia algo que ver con eso. Pansy estaba en la misma situación que ella y no le tomaba importancia, sin embargo Artemis estaba segura de que ella estaba un poco dolida por la actitud que habían tomado sus primos.
Otra cosa que no espero fue que supieran sobre su vida, algo molesto e irritante, por que nada de lo que decían era verdad. No esperaba que hubieran chismes en hogwarts sobre ella, pero al parecer ni siquiera ahí se salvaría de las habladurías. Desde que se enteraron que era la ahijada de Snape (y estaba segura de que Draco tuvo algo que ver), todo el mundo empezó a hablar sobre la bastarda hija de Snape y la zo…
No, Artemis no colocaría esas palabras en la misma oración en que estuviera su madre. Su encantadora y amable madre, a la que había defendido desde que empezaron a hablar sobre ella; Artemis soportaría que hablaran lo que quisieran sobre ella, pero no dejaría que se metieran con su madre. Si ellos no sabían respetar a las mujeres, ella les enseñaría.
Había tenido demasiado para empezar en hogwarts, pero no todo fue malo. Durante el miércoles, alumnos de años mayores reclamaron a cada uno de los alumnos de primero como su hermano; era una clase de tradición en la casa de Slytherin. Aún recordaba la reacción de Harry cuando unos brazos femeninos lo rodearon aquella mañana.
—¡Potter! —una chica pelirroja y pecosa lo envolvió en un abrazo—. Yo seré tu hermana mayor.
—¿Mi hermana mayor? —dijo Harry confundido.
—Por supuesto, siempre quise tener un hermanito—dijo la joven pelirroja colocándole una corbata verde—. Por cierto, soy Joan Farley.
—Es una clase de tradición—dijo un muchacho junto a ella, al igual que Harry usaba lentes—. Los alumnos de años mayores si lo desean toman bajo su protección, digámoslo así, a un alumno de primer año.
—Y se llaman así mismos hermanos mayores—termino Joan sonriendo—. Y yo seré tu hermana mayor.
Artemis había reprimido las risas al ver la cara de Harry, su expresión había sido mejor que cuando el profesor Flitwick en la primera clase, paso lista y se detuvo en su nombre para soltar un chillido y ocultarse detrás de su escritorio.
Era claro que Harry estaba incomodo con aquello y sus mejillas estaban totalmente sonrojadas.
—Que afortunado eres, Potter, tienes una atolondrada y loca hermana mayor—dijo el muchacho entre dientes girándose hacia ella—. Tu debes ser Artemisa, mi nombre es Chad Farley y estaré encantado de ser tu hermano mayor.
Artemis solo atino a asentir con la cabeza.
—Un gorro, Chad, ¿enserio? —dijo Joan soltándolo—. Si fuera un chico estaría bien, pero es una chica. Si querías una hermana menor debisteis comprar algo diferente.
—¿A ti te molesta? —pregunto Chad a Artemis.
—Esta bien—dijo Artemis sonriendo—. No era necesario que gastaras en algo.
—Es parte de la tradición darle algo a tu hermano menor, y si a ella no le importa—dijo Chad mirando a Joan—. No veo por que a ti si. Ya tienes a Harry Potter, a pesar de que no eras la única que lo peleaba.
—Peleo bien mis batallas cuando quiero…
—Confórmate, Joan—continuo Chad—. Ella solo debe soportarme a mi.
—Por mi no hay problema alguno—dijo Artemis—. El gorro es lindo.
—Eres tan dulce pero no mereces un simple gorro—dijo Joan mirándola a los ojos—. ¡Gemma! ¿Dónde estas?
—Estoy aquí, detrás de ti—la prefecta estaba a dos estudiantes de Harry, frente a Pansy—. ¿Qué ocurre, Joan?
—¿Usasteis la mascada verde o la plateada con verde?
—La plateada con verde—dijo Gemma señalando la cabeza de Pansy adornado con la mascada—. ¿Por qué lo preguntas?
—¿Le regalas a nuestro primo la mascada que te sobro, para que se lo regale a su hermana menor? —le dijo Joan—. Di que si mi dulce, tierna y hermosa hermana… Gracias.
Le coloco a Artemis la mascada alrededor del cuello para hacerle un moño, al terminar Joan converso un rato con ellos junto a Chad, hasta que ambos se despidieron. Joan le regalo un beso a cada uno, incluso a Draco que se único a su conversación hacia el final, luego de que un tipo de sexto terminara de hablar con el.
—Tu hermana es linda, Harry—dijo Draco alzando las cejas.
Artemis sonrió ante la expresión de Harry que se sonrojo y estaba segura de lo que él pensaba, aquella no seria la ultima vez que escucharía aquello.
—¡Oh, cállate!
Otro punto bueno de la semana, eran las clases. Algunas habían sido un poco tediosas pero otras eran sensacionales, como en la primera clase de transfiguraciones que luego de escribir muchas notas pasaron a la practica, donde la profesora McGonagall les dejo convertir una cerilla a una aguja; Artemis había gritado de jubilo cuando su cerilla se convirtió en aguja antes de mostrárselas a sus amigos. Theodore Nott igualmente lo logro, pero fue menos escandaloso que ella. Las clases de encantamientos impartidas por el profesor Flitwick eran asombrosas, aprendían diferentes tipos de hechizos y el profesor era uno de los mas agradables. Incluso la clase de pociones le encanto, a pesar de que termino con pústulas en las manos.
Recordaba que se acerco la mesa de Neville y su compañero cuando los vio en problemas, y les indico su error antes de que lo cometieran. Seamus Finnigan obviamente no la escucharía por ser Slytherin e hizo lo que le dio en gana provocando un desastre que hizo que la poción se volcara. Artemis que había caído al suelo de la impresión, obtuvo pústulas en las manos al estar estas en contacto con la poción esparcida en el suelo, su túnica igualmente se arruino pero lo importante es que no había tenido mas heridas. Neville se llevo la peor parte, había tenido pústulas en los brazos y las piernas e incluso en la nariz. Y Finnigan ni siquiera salio con una sola herida, se había subido a su silla para ponerse a salvo.
La vida no era justa.
Neville tenia tan mala autoestima de si mismo que se echo la culpa de lo ocurrido, por que él le había hecho caso a Finnigan y no a ella. Artemis realmente no lo culpaba por pasarle unas púas de erizo a Finnigan que inserto en el caldero aún en el fuego. Era tonto culparlo por algo así. Había pasado el día con vendas en las manos aunque Neville se quedo durmiendo en la enfermería y al final de la clase de pociones, los chicos fueron visitarla pero termino uniéndose a ellos para ir a visitar a Hagrid, que fue muy amable con los tres a pesar de las miradas de desconfianza que le lanzo a Draco. Así había acabo su primera semana.
La siguiente no empezó mejor, Clarisse y ella se habían encontrado en la entrada del comedor y terminaron discutiendo. Artemis estaba dolida y furiosa, no solo por el chisme que ahora corría por hogwarts (acerca de que había sido la culpable del desastre de la clases de pociones el pasado viernes) sino por que sus primos creían que en verdad era su culpa y era tan mala como todos los Slytherin. En aquel momento decidió no dirigirles ni siquiera una mirada.
Lo que la animo un poco fue enterarse de las lecciones de vuelo; todo el mundo había estado tan emocionado por aquella clase a pesar de que la compartirían con Gryffindor. No odiaban a Gryffindor por la estúpida rivalidad de casas, era solo que Hermione era un poco mandona y sabelotodo, siempre queriendo tener la razón y corrigiendo a los demás; Pansy ya no pasaba tanto tiempo con ellos por que no la soportaba, aunque le encantaba ver como Draco la dejaba sin palabras cuando demostraba estar a su nivel intelectual. Crabbe y Goyle se mantenían alejado siempre que Hermione andaba cerca, Artemis supuso que para ellos la presencia de una hija de muggles era insoportable, con trabajo la aceptaron a ella y eso gracias a Draco.
Hermione y Neville había estado muy nerviosos por que jamás habían volado. Hermione había pasado la tarde anterior aburriéndolos con notas de un libro de quidditch y solo Neville presto atención.
Fue al final de la clase cuando Harry, Draco, Artemis y los otros Slytherin subieron los escalones de piedra de regreso al castillo, donde iniciaron los problemas. Todo el mundo hablaba de lo fabuloso que había sido la clase a pesar del accidente de Neville y el casi choque de Hermione y Millicent. A todos les encanto la señora Hooch, que fue su instructora de vuelo, era estricta pero había logrado que todo el mundo estuviera seguro en el aire sobre su escoba.
En ese momento Smith apareció con otros dos chicos altos y un poco gruesos de segundo año.
—¿Te caísteis de la escoba Potter? —dijo Smith mirando su túnica sucia.
Era cierto que se había caído, pero no era algo que le decías a tu enemigo. Harry y Draco habían estado haciendo payasadas y jugando cuando la profesora Hooch no veía, lanzándose él uno al otro la recordadora de Neville; que se le había caído durante el pequeño accidente que tuvo al inicio de la clase, dejándolo atrás cuando fue llevado a la enfermería por la profesora.
Realmente no necesitaba un motivo para pelear, Smith los tenia hartos y la mecha simplemente se encendió con aquel encuentro.
—Tal vez esto no fue tan buena idea después de todo—dijo Draco.
—Curioso—dijo Artemis despegando la vista de los trofeos—. Te recuerdo que esta fue tu idea.
Imito la postura de Draco y con una pobre imitación de su voz dijo:
—Esto solo puede arreglarse de una forma. Un duelo de magos. Solo varitas, nada de contacto. ¿O estas asustado de que Harry te gane, Smith?
—Así no hablo yo, ni muevo mis brazos así—dijo Draco moviendo sus brazos—. Ni hago esos gestos.
—¿No seria mejor irnos? —dijo Neville un tanto asustado.
Habían utilizado un pasaje secreto para llegar a la sala de trofeos sin tener que ir por el camino largo y arriesgarse a ser encontramos por Filch. Terminaron en un pasillo donde encontraron a Neville acurrucado y solo; había olvidado su contraseña y no podía acceder a su sala común. Los había acompañado dado que no quería quedarse solo en el pasillo y estaba asustado por que el Barón volviera a pasar por ahí.
—¿Qué dices, Harry? —pregunto Draco bostezando—. Tiene una hora y media de retraso.
Artemis no estaba segura de que Smith se iba a aparecer, a lo mejor desistió, pensó Artemis y decidió dar un vistazo al pasillo y al acercase, se detuvo con el corazón latiendo.
—Olfatea por ahí, mi tesoro. Pueden estar escondidos en un rincón.
Aterrorizado, Harry gesticuló salvajemente para que los demás lo siguieran lo más rápido posible. Se escurrieron silenciosamente hacia la puerta más alejada de la voz de Filch. Neville acababa de pasar, cuando oyeron que Filch entraba en el salón de los trofeos. Por su forma de hablar, era obvio que los estaba buscando a ellos. En su escape a través de la galería llena de estatuas, el pánico se apodero de Neville que empezó a correr, tropezó y se aferro a la muñeca de Draco y ambos golpearon contra una armadura.
—¡CORRED! —exclamó Harry, y no necesitaron mas motivación para acatar tal orden.
Harry no tenia ni idea por donde iban, simplemente pasaron corriendo de un pasillo a otro, hasta se metieron por un tapiz y encontraron un pasadizo oculto que los llevo al aula de Encantamientos.
—Al menos sabemos que estamos lo suficientemente lejos del salón de trofeos—dijo Draco apoyando las manos en sus rodillas.
—Creo que lo hemos despistado—dijo Harry apoyándose en la pared fría y secándose la frente. Artemis estaba sentada con la espalda en la pared y Neville a su lado estaba doblado en dos, respirando con dificultad.
—Ese mentiroso patán—gruño Artemis con dificultad—. Filch sabia acerca de nosotros. Ese cobarde.
Harry estaba totalmente de acuerdo, pero no era tiempo para ponerse a blasfemar contra Smith. Necesitaban regresar a su sala común sin ser atrapados y luego estaba Neville, quien no recordaba su contraseña y no parecía una buena idea que se quedara a dormir en un rincón de un solitario y frio pasillo.
—Vamos.
No sería tan sencillo al parecer. No habían dado más de una docena de pasos, cuando se movió un pestillo y alguien salió de un aula que estaba frente a ellos. Era Peeves. Los vio y dejó escapar un grito de alegría.
—Cállate, Peeves, por favor… Nos vas a delatar.
Peeves cacareo.
—¿Vagabundeando a medianoche, novatos? No, no, no. Malitos, malitos, os agarrarán del cuellecito.
—Peeves, por favor. Guarda silencio— pidió Harry.
—Debo decírselo a Filch, debo hacerlo —dijo Peeves, con voz de santurrón, pero sus ojos brillaban malévolamente—. Es por vuestro bien, ya lo sabéis.
—No Peeves, no nos delates…—le dijo Artemis, y Harry se dio cuenta que tenia una idea.
—Si solo vas a molestar mejor vete —ordenó Draco y le dio un golpe a Peeves.
Aquello fue un gran error. Peeves empezó decir a gritos que había alumnos fuera de la cama. Corrieron en línea recta pero se podían escuchar lo gritos de Peeves, en el final del pasillo, chocaron con una puerta cerrada. La mayoría estaba resignado a que los atraparan.
—Nos descubrirán—dijo Draco mirando sobre su hombro, las pisadas de Filch se escuchaban cada vez mas cerca—. Nos expulsaran.
—A un lado—dijo Artemis alzando su mano, empuñando su varita y dijo: —¡Alohomora!
La puerta se abrió de inmediato. Sin demorarse entraron y cerraron la puerta, todos pegaron su oídos la puerta para escuchar lo que sucedía afuera.
—¿Adónde han ido, Peeves? —decía Filch—. Rápido, dímelo.
—Di «por favor».
—No me fastidies, Peeves. Dime adónde fueron.
—No diré nada si me lo pides por favor —dijo Peeves, con su molesta vocecita.
—Muy bien… por favor.
—¡NADA! Ja, ja. Te dije que no te diría nada si me lo pedías por favor. ¡Ja, ja! —Y oyeron a Peeves alejándose y a Filch maldiciendo enfurecido.
—Él cree que esta puerta está cerrada —susurro Harry—. Creo que nos vamos a escapar. ¡Suéltame, Neville! —Porque Neville le tiraba de la manga desde hacia un minuto—. ¿Qué pasa?
Harry se giro y lo que vio lo dejo congelado durante una fracción de minuto.
—Esto ha sido una mala idea—murmuro Draco.
—¿De quien ha sido? Tuya—replico Artemis.
—Estuvieron de acuerdo.
—No había otra opción.
Harry quería gritarles que se callaran, pero no podía dejar de mirar al gigantesco perro. Tenía tres cabezas, seis ojos enloquecidos, tres narices que olfateaban hacia ellos y dejando ver sus dientes amarillentos.
Estaba casi inmóvil, con los seis ojos fijos en ellos, de inmediato supo que la única razón por la que no los había matado, era porque la súbita aparición lo había cogido por sorpresa. Pero se recuperaba rápidamente: sus profundos gruñidos eran inconfundibles.
—¿Qué es ese rui…?—las palabras de Draco se desvanecieron al girarse.
Artemis ahogo un grito mirando con terror a la bestia frente a ellos. Harry abrió la puerta, entre Filch y la muerte, el prefería por mucho al cascarrabias de Filch. Y al perecer todos estaban de acuerdo con él, por que lo siguieron fuera de la habitación a empujones.
Cerraron la puerta tras de si, cuando todos estuvieron afuera. Sin pensarlo dos veces corrieron, casi volaron, directo a su sala común sin importarles nada. No dejaron de correr, menos cuando escucharon a la profesora McGonagall regañar a un alumno por algún pasillo cercano por el que pasaron corriendo.
—«Llave azul, llave azul»—jadearon ante el muro húmedo, que se deslizo dejándolos entrar por el pasadizo. Estaban a salvo.
Cuando Draco se despertó aquella mañana, se sintió aliviado de seguir con vida y esperaba que todo lo que había pasado la noche anterior fuera un sueño. Es que acaso el viejo los quería matar, como se le ocurría a Dumbledore colocar semejante amenaza en hogwarts. Su padre escucharía sobre eso…en realidad no, ahora que Draco lo pensaba, lo mejor seria que no se enterara de ello o haría preguntas que no deseaba contestar. Algunos de sus compañeros ya se habían levantado, otros como Crabbe y Goyle seguían desparramados en sus camas durmiendo como troncos.
Una vez que despertó a Harry y a Neville, quien se había quedado a dormir en el sillón de su habitación; Draco se concentro en alistarse para otro nuevo día de clases. Era viernes, lo que significaba que la tarde la tendría libre y no esperaba mas que pasarla tranquilamente sin perros de tres cabezas hambrientos de carne humana.
Era una suerte que cuando salieron a la sala común nadie pregunto o pareció notar la presencia de Neville Longbottom. En la entrada del gran comedor encontraron a Artemis peleando con Hermione, algo que para Draco era nuevo. Nunca las había visto pelear, excepto cuando Artemisa demostraba que no era una retrasada y entendía perfectamente un hechizo, trabajo o cualquier cosa academica. Hermione Granger al principio pareció ser alguien agradable además de inteligente, pero era demasiado fastidiosa cuando quería demostrar que era la mas inteligente, la alumna perfecta y la mejor en todo.
—¡Buenos días!—saludo Draco.
—Yo no le daría los buenos días—dijo Artemis con voz agria.
En aquel momento Zacharias Smith seguido de su estúpido dúo de retrasados pasaron junto a ellos, lanzándoles miradas envenenadas. Draco no pudo evitar sonreír por que su plan había fallado y no estaban castigados como el había deseado.
—¿Así que están felices por que Smith y los otros fueron castigados por quebrantar las reglas?—dijo Hermione con voz irritada. Los miraba con aire de desaprobación.—Les recuerdo que ustedes también lo hicieron.
—¿Han sido castigados?
—Los atrapo la profesora McGonagall anoche—dijo Artemis dándoles una mirada significativa. Ahora Draco podía entender a quien regañaba la profesora la noche anterior. Eso lo hizo sonreír aún mas.
—No se ni por que se regocijan de lo que le paso a Smith. Seguro ustedes están castigados ¿no?, se los dije. Ir contra las reglas trae…
—Para nada, no saltamos las reglas y no nos paso nada—le dijo Harry sonriendo por que la señorita perfecta no tenia razón aquella vez.
—Pero ¿como? …Es que el prefecto Richard no los detuvo.
—¿De que hablas?
—¿Qué?
—Recuerdan por que llegamos un poco tarde, ayer en la noche, a la sala de trofeos—dijo Artemis girándose hacia ellos.
Draco asintió. El prefecto Richard había estado merodeando por las habitación una hora antes de la media noche, cosa que Draco estaba seguro que nunca hacía; lo mas raro es que cuando Draco se asomo a la puerta, no vio al prefecto entrar en ninguna otra habitación y regreso a checarlos una media hora después. Artemis había logrado librarlos del prefecto al enviar a su querida mascota, que lo mordió y lo distrajo el tiempo suficiente para que Harry y él se escabulleran rápidamente. Y casi fueron descubiertos cuando regresaban a la sala común, lo único bueno es que se percataron del prefecto a tiempo y no hicieron ruido para que continuara durmiendo en el sofá.
—Ella—Artemis señalo a Hermione—. Le aviso a Richard.
Draco observo a Hermione sin creerse lo que escuchaba. Era cierto que Hermione los había enfrentado el día anterior para que desistieran de esa idea, y habían esperado que no se metiera en sus asuntos cuando le aclararon que no era de su incumbencia. Un gran error, por que aún así se inmiscuyo en un asunto que no le inmiscuía.
—Retiro mis buenos días, Granger—dijo.
—¿Por qué lo hicisteis? No era tu problema—Harry estaba tan enojado como Draco lo estaba.
—Por que no estaba bien lo que iban a hacer.
—No era tu asunto—le dijo Harry.
—A decir verdad, comprendo por que no les caes bien a tus compañeros—dijo Artemis—. Eres demasiado fastidiosa.
—Yo solo trataba de ayudarlos.
—Si así es como ayudas, mejor no lo hagas—le dijo Draco—. Además, no te pedimos que lo hicieras. Te dejamos en claro que era un asunto privado, entre nosotros tres y no debías preocuparte ni entrometerte.
—Pero fue por una buena causa, de ser descubiertos tendría graves consecuencias. En las reglas dice…
—Ya, Hermione. Se que te sabes las reglas de memoria, y seguro todo el libro de reglas—dijo Artemis con voz cansada. Draco estaba seguro de que Hermione había empujado a Artemis al limite—. Pero a veces es divertido saltárselas, al menos que quieras ser una aburrida y sabelotodo de por vida.
Hermione adquirió un poco de color en sus mejillas. Ni siquiera la cara ofendida de Hermione evito que Draco se enojara con ella.
—Yo realmente no quiero volver a verte—dijo enojado—. Ni a saber de ti, esto ha sido demasiado. Soporte que actuaras como la perfecta alumna, pero esto es el colmo. Es mucho mejor para todos si nos dejas en paz.
—Como quieran.
Hermione se alejó con la nariz hacia arriba. Estaban tan enojados con Hermione que no midieron sus palabras hasta que Neville les hizo ver que tal vez pudieron herirla. Draco frunció el ceño observando a la castaña alejarse y negó con la cabeza, estaba actuando tan presuntuosamente como siempre; realmente unas palabras de ellos no la lastimarían por que en su mundo ella siempre tenia la razón.
—No lo creo, Neville—dijo Draco—. Esta demasiado concentrada en su propia voz como para tomarnos en cuenta.
Las lechuzas llegaron como siempre al Gran Comedor la mañana en la que se enteraron que tendría una reunión privada con el jefe de su casa el próximo sábado, la prefecta lo había anunciado en el tablón de anuncios. Por lo que les platicaron los demás, en esa reunión el profesor Snape les diría sus progresos en todas sus clases, y que les aconsejaría para que mejoraran. Algunos estaban nerviosos por dicha reunión, entre ellos Harry. Draco podía notar su nerviosismo aunque intentara ocultarlo, era obvio que tenia miedo de ser el peor de la clase; por su parte Draco estaba seguro que tendría buenos resultados y mas teniendo en cuenta que se había preparado extra para enfrentarse a Hermione en discusiones diplomáticas de inteligencia. Era curioso, pero extrañaba pelear con Granger, sobre quien tenia la razón, era algo divertido y le había servido de mucho en clases. Ahora, no tenia a nadie con quien debatir argumentos desde que la dejaron de hablar. Y aún así, seguía enojado por que casi los metió en problemas. Es lo mejor, se dio Draco, padre no aprobaría esa amistad ni siquiera muerto. Nunca lo haría, ni siquiera le había contado a sus padres que a parte de sus compañeros de Slytherin se llevaba muy bien con dos Gryffindor, ahora solo uno.
—¿Qué dibujas, Artemis? —pregunto Harry.
—Creo que es una joya—contesto su prima—. Anoche tuve el sueño mas extraño de todos. Había una joya, una brillante y hermosa piedra roja, no recuerdo todo con claridad pero puedo decir que era codiciada con gran apremio.
—¿Por quien?
—No se—dijo Artemis encogiéndose en hombros—. No le vi el rostro, traía puesta una capucha y había algo en su voz…
Artemis sacudió la cabeza.
—Fue solo un sueño—dijo—. Me llamo la atención la joya por eso la dibujo.
Todo el mundo levanto la cabeza cuando Millicent salió del aula de pociones, no le había ido muy bien por que tenia un perfil abatido. Tracey Davis entro al aula al escuchar su nombre y esperaron a que Millicent les contara como le había ido.
—Empezara diciendo cada punto malo en cada clases—dijo Millicent—. En Pociones soy buena con la teoría pero mala en la practica, tengo que mejorar para el final del trimestre o me veré forzada a pasar mis vacaciones de navidad estudiando clases privadas con algún tutor.
—Eso no suena genial—dijo Pansy enrollando su revista—. Te ayudare, no soy la mejor en pociones pero puedo ayudarte a estar en el promedio.
Millicent sonrió agradecía tomando asiento en el piso junto a ella. El pasillo volvió a estar en silencio, todo el mundo estaba algo nervioso por saber lo que les dirían que nadie tenia animo de hablar ni siquiera del primer partido de la temporada de quidditch. Tracey Davis salió aliviada pero Daphne Greengrass parecía afligida por algo, Artemis en cambio salió con una sonrisa y murmuro: ¡Suerte, dragón!
—¡Draco Malfoy! —el profesor Snape lo llamo desde el interior del aula. Sonrió con confianza a Harry antes de entrar. Como Draco esperaba, sus notas eran perfectas a excepción de algunas clases. En Transfiguraciones le era muy difícil los hechizos que practicaban, había estado esforzándose mucho por no quedar atrás de Granger y lo había logrado casi del todo. Luego toco el turno a Herbología, donde Draco no era un fan de la suciedad ni del trabajo manual. Bufo pero no dijo nada cuando el profesor Snape le sugirió mejorar o tendría que intercambiar unas palabras con la profesora para que lo pusiera trabajar con mas animo. Draco entendió que debía de trabajar mas duro en aquella clase o Snape se encargaría que lo hiciera.
—Entiendo, padrino.
—Requiero tu opinión personal en otro asunto.
Draco arqueo las cejas.
—¿Qué opinas de Potter?
Parpadeo. ¿Les estaba preguntando por Harry? ¿qué podía decirle sobre él que le interesara a su padrino? Bueno, simplemente la verdad.
—No es muy optimista, diría que es pesimista sobre si mismo—dijo—. Es demasiado amable o tiene un corazón muy noble, aunque no con quien no lo merece—Draco se recostó en la silla—. Al principio me decepcione de él, no parecía la clase de héroe mágico que se esperaría. No sabia nada de nuestro mundo ni las cosas mas mínimas, y aún le falta mucho por aprender. Pero se esfuerza—dijo recordando como Harry preguntaba cuando no comprendía algo—. Aunque tenga que quedar como un tarado en el camino.
Recordó su primera semana en hogwarts y añadió:
—Para ser alguien famoso odia la fama, los primeros días de clase le irritaba mucho que todo el mundo hablara sobre él o lo miraban con tanto entusiasmo. Lo ponían nervioso, de hecho.
Snape lo contemplaba con un aire misteriosos y calculador.
—¿Algo mas?
—Demasiado curioso—dijo Draco pero no añadió mas. No le podía decir al profesor Snape que Harry había sacado locas conclusiones el día siguiente a su triunfal escape de Filch; sobre el perro de tres cabezas, un extraño paquete que recogió Hagrid y el asalto de Gringotts. Según Harry, todo estaba conectado y estaba seguro que fuera lo que sea que estaba en ese paquete, estaba en hogwarts y era: muy peligroso e importante.
—Puedes retirarte, Draco.
Theodore Nott paso junto a él al escuchar su nombre y le dio una sonrisa arrogante. Draco sonrió. Después de todo no necesitaría a Granger para tener esos divertidos argumentos que él tanto extrañaba. Aunque con Nott seria mas difícil, era demasiado astuto y sagaz con las palabras. Demasiado inteligente pero serviría.
—¿Y que dicen sobre las plantas y los artículos de jardinería este mes?—dijo Nott entrando al salón—. ¿Te unirás al grupo de apoyo motivacional de jardineros?
Draco le frunció el seño antes de que cerrara la puerta. Era mucho mas sencillo con Granger, era mas fácil adivinar lo que diría o pensaba que con Nott.
—¿Tan mal te fue con Herbología? —pregunto Artemis sentada junto a Harry.
—De no mejorar terminare uniéndome al grupo de apoyo de jardineros de la señora Pomfrey—murmuro Draco sentándose junto a ellos—. Pero de eso, ni una palabra a Nott.
—No creo que sea necesario—dijo Artemis que contenía las risas—. El lo adivino por si solo.
—¿Y? —pregunto Draco observando los garabatos que Artemis y él habían estado escribiendo en la libreta de ella.
—Necesito mejorar en unas cuantas materias y mi letra, que no es muy legible—dijo Harry.
—Perfecto—dijo Artemis—. Pasamos la prueba, vayamos a hacer algo divertido para festejar.
—¿En vez de estudiar dado que debemos mejorar en algunas materias? —dijo Draco llevándose la mano al pecho—. Eres una mala influencia para nosotros.
—No seas payaso.
—Vamos, larguémonos a comer algunos bocadillos—dijo Draco.
La ausencia de Granger se hizo demasiado evidente cuando estaban en al biblioteca y no la tenían alrededor para ayudarles en sus tareas o buscar referencias bibliográficas para sus trabajos. Cada vez era mas raro para Draco no tenerla a su lado hablando como loro, ni peleando con ella y Nott era una muy mala idea, nunca había oportunidad de ganarle a ese pequeño diablillo astuto con cara inocente.
—¿Y como esta Granger? —pregunto Artemis de la nada.
—Yo diría que esta bien.
—¿Bien de fabuloso no me importa lo que piensen de mi—dijo Artemis bajando su libro— o bien de no tengo problemas y estoy feliz o bien de no te dejare que veas lo mal que estoy?
Tanto Draco como Harry y Neville se la quedaron observando con total confusión.
—¿Qué?
—¿Cuántos significados puede haber para bien? digo, yo solo conozco uno y es el único que esta en el diccionario—dijo Draco.
—Puede tener varias interpretaciones para una mujer.
—Nos hemos dado cuenta.
—¿Entonces, Nev?
—¿Me repites la opciones?
—Dijo bien por que esta bien—declaro Draco—. Para las mujeres puede tener muchas interpretaciones peor para nosotros solo tiene una.
—Son imposibles.
—De todas formas, ¿para que quieres saberlo?
—Es que no ha venido a disculparse con nosotros —dijo Artemis jugando con sus manos—. Ni siquiera me ha dirigido la mirada cuando nos encontramos en los pasillos.
—¿Y?
—Y creí que a estas alturas se disculparía por lo que hizo. Eso es todo—Artemis regreso a su libro de historia.
Draco intercambio una mirada con Harry y Neville, rodando los ojos. Mujeres. Regreso a su libro de herbología. A decir verdad, Draco también había esperado que se disculpara o que al menos que lo hiciera con Artemis, que era su amiga. Granger era mas orgullosa de lo que Draco imagino.
Para él todo estaba bien si Granger no les hablaba nunca mas, no tendría que explicarle a su padre por que era amigo de una hija de muggles y evitaría una catástrofe con ello. Si definitivamente era lo mejor…
