Capitulo: Descubrimientos interesantes.
—Montague no entendía el por que fue hacia ti—decía Draco comiendo un par de golosinas que su madre le había enviado.
—Ni el por que te lanzo—continuo Artemis—. No se lo explica, dice que tuvo un sentimiento extraño como si fuera algo que tuviera que hacer y estuviera bien, hasta que reacciono y te salvo.
—Yo diría que fue hechizado—dijo Hermione.
—¿Es eso posible? —pregunto Harry que la sola idea no le agradaba.
—Por supuesto que es posible hechizar a otro mago para que haga lo que uno desee—dijo Hermione—. Pero esta prohibido.
—Es uno de las maldiciones imperdonables—dijo Draco haciendo que Neville se estremeciera—. Cualquier que haga alguna de ellas esta condenado a azkaban, por lo horribles que son.
—O puede ser un hechizo parecido pero con diferente efectos—dijo Artemis—. Los gemelos Weasley han hecho ciertas travesuras por lo que he escuchado, han hecho que alumnos crean que son sapos hasta que el efecto pasa.
—Aunque solo tiene un objetivo y no es peligroso—dijo Draco—. La maldición Imperius controla a una persona en cuerpo y mente, logrando que haga a su antojo lo que uno quiera y por el tiempo que uno mantenga el hechizo.
—Puede hacer que un hombre asesine o se suicide por su propia mano—continuo Hermione sacudiendo la cabeza—. Por eso es imperdonable.
—Se que Montague decía que debía ser alguna broma de Gryffindor—dijo Artemis—. Pero no creo que ni ellos se les ocurriera algo tan perverso.
—Y reafirmo que no creo que alguien en Gryffindor quiera hacer un daño de tal altura a Harry—dijo Hermione.
—¿Pero entonces quien fue? —pregunto Neville.
—Tal vez fue Smith—dijo Harry—. Me odia.
—Pero ni siquiera Smith puede hacer un hechizo tan poderoso o inventarse uno—dijo Draco—. Necesitas años de experiencia y entrenamiento para lograrlo.
—Por mas que me sorprenda, Smith esta descartado—dijo Artemis—. Sea quien fuera, hay alguien que te odia en hogwarts.
Harry intercambio una mirada con Draco y supo que él pensaba lo mismo que él. El ladrón debía de estar al tanto de que Harry había descubierto lo que ocurrida en hogwarts y tal vez tuviera miedo de que Harry lo descubriera sino es que inconscientemente lo hizo. Harry dudaba lo ultimo, al menos que el ladrón fuera el profesor Snape y ya habían quedado en que estaba descartado.
Cuando se despidieron de Hermione y Neville, a Draco se le ocurría la idea de ver a Hagrid y averiguar que estaba pasando aquel año en hogwarts.
—Si intentaron matarte es por que te odian o eres una amenaza—dijo Draco—. Si dices que Hagrid actúo raro, debe saber algo y debemos hacer que no los diga.
—Realmente no me importaría si no nos ponemos a indagar mas, Harry—dijo Artemis—. Pero dado que estas metido en esto lo suficiente como para llegar al final, será mejor que nos tengas a nosotros para ayudarte.
—Los Slytherin siempre apoyan a los suyos—dijo Draco—. Y entre amigos es lo mismo.
Idearon un plan sobre como sacar el tema de conversación en el camino, Harry tenia que admitir que Draco era bueno para ello y al llegar a la cabaña de Hagrid, ya sabían lo que harían y dirían. Hagrid lo recibió con una gran sonrisa y les ofreció un poco de té, iniciaron la conversación alrededor del partido y al llegar al punto donde Harry tuvo el incidente, intercambiaron miradas y asintieron.
—Creemos que fue un profesor quien ataco a Harry—comento Artemis—. Y que utilizo a un alumno para hacerlo durante el partido.
—Tonterías —dijo Hagrid—. ¿Por qué iba a hacer algo así un profesor?
—No veo que un alumno intente robar en Gringotts ni en hogwarts—dijo Draco dándole un sorbo a su té—. Pero un profesor definitivamente tiene mas posibilidades, y si es un mago bien preparado.
Draco le dio un mirada significativa a lo que Harry se enderezo.
—Descubrimos que alguien intento pasar a ese perro de tres cabeza—dijo a Hagrid—. El trol que estaba en el castillo en la noche de Halloween fue la distracción, y al parecer vimos al profesor Snape herido por el perro que lo mordió…
Hagrid dejó caer la tetera.
—¿Qué sabéis de Fluffy? —dijo.
—¿Fluffy?
—Esa bola de pelos que intento comernos tiene nombre.
—Ajá…Es mío...Se lo compré a un griego que conocí en el bar el año pasado… y se lo presté a Dumbledore para guardar…
—¿Sí? —dijo Harry con nerviosismo.
—Bueno, no me preguntéis más —dijo con rudeza Hagrid—. Es un secreto.
—Pero alguien trató de robarlo.
—Tonterías —repitió Hagrid—. No estarán insinuando que el profesor Snape haría algo asi, por que nunca lo haría, es un profesor de hogwarts.
—No insinuamos eso—dijo Artemis levantándose de golpe—. Aunque hay que admitir que es sospechoso, creemos que alguien en hogwarts quiere robar al director y Snape lo presiente e intenta desenmascarar al ladrón.
—El mismo que intento matar a Harry en el partido.
—Os digo que estáis equivocados —dijo ofuscado Hagrid—. No sé por qué ese muchacho de Slytherin hizo lo que hizo. .. ¡Pero ningún profesor de hogwarts iba a tratar de matar a un alumno! Ahora, escuchadme los tres, os estáis metiendo en cosas que no os conciernen y eso es peligroso. Olvidaos de ese perro y olvidad lo que está vigilando. En eso sólo tienen un papel el profesor Dumbledore y Nicolás Flamel…
—¡Ah! —dijo Harry—. Entonces hay alguien llamado Nicolás Flamel que está involucrado en esto, ¿no?
Hagrid pareció enfurecerse consigo mismo.
—Esto no debería ser tan difícil—se quejo Artemis alzando las manos al cielo mientras Crabbe colocaba otro montón de libros en la mesa. Harry debía de estar de acuerdo, habían estado buscando en diferentes libros y por mas que buscaban, no encontraban nada relacionado con Nicholas Flamel.
—Ni Granger ha sido de gran ayuda—dijo Draco colocando otro par de libros en la mesa junto con Goyle.
No le habían dicho la verdadera razón de su búsqueda a Hermione ni a sus otros amigos, habían decidido que si iban a meterse en algo tan peligroso lo mejor seria no arrastrar a mas personas. Por lo que Hermione creía que buscaban información sobre el mago favorito del profesor Snape, por que Draco y ella (Artemis) querían utilizar algunas referencias de sus trabajos en alguna tarea futura para impresionarlo. No sonaba del todo lógico ni creíble, pero si provenía de la boca de Draco era imposible no creerle.
—Descuida—dijo Hermione apareciendo atrás de él—. De alguna forma encontrare la información que buscas, aunque seria mas sencillo si me dejaras que pidiera ayuda a la señora Pince.
—Haz de recordar que es un secreto—dijo Draco girándose hacia Hermione—. La señora Pince podría comentar que unos alumnos buscan información sobre un mago que no es muy conocido entre los estudiantes de primero y si llega a sus oídos, el profesor Snape adivinaría lo que ocurre y adiós sorpresa.
—Esta bien, espero que estos libros les ayuden—dijo Hermione señalando el montón de libros que había en la mesa.
—Ojala—dijo Artemis—. ¿Has encontrado algo, Nev?
—Nada—dijo Neville dejando otro libro a un lado—. ¿Seguro que existe este Nicholas Flamel?
—Para nuestra mala suerte, sí—Draco desde su asiento hizo girar un libro sobre ellos con su varita—. He estado demasiado tiempo encerrado en esta biblioteca que no he podido ni disfrutar de la idea de que pronto serán vacaciones.
Crabbe y Goyle lo apoyaron. La navidad se estaba acercando, se hizo mas claro cuando a mediados de diciembre todo hogwarts había amanecido cubierto por dos metros de nieve y entre sonrisas observaron como los gemelos hechizaron varias bolas de nieve que perseguían al profesor Quirrell y lo golpeaban en la parte trasera del turbante. Ambos terminaron castigados.
Todos estaban impacientes de que empezaran las vacaciones. En la sala común de Slytherin y en el Gran comedor las chimeneas habían permanecido encendidas, los pasillos, llenos de corrientes de aire, se habían vuelto helados, y un viento cruel golpeaba las ventanas de las aulas. Lo peor de todo era al salir de la sala común, en las mazmorras era donde mas frio hacia, la respiración subía como niebla y los hacía mantenerse lo más cerca posible de sus calderos calientes durante la clase de pociones. Lo único positivo es que las antorches dispuestas por las mazmorras estaban encendidas para que los alumnos de Slytherin no murieran de frio.
Smith se había vuelto mas fastidioso de lo normal desde que termino castigado la noche del duelo, había molestado a Harry por no tener una familia apropiada.
—Toda esa gente que tendrá que quedarse en hogwarts para navidad —dijo Zacharias Smith, en una de las clases de encantamientos— me inspira una verdadera lastima, por no ser queridos en su casa… Mucho mas, si son de familia muggle…
Durante su parloteo había mirado en dirección a Harry. Solo Sally Smith lanzo unas risitas acompañada de una que otra sonrisa de sus compañeros Hufflepuff. Artemis y Draco le había susurrado algunos cuantos hechizos que podrían hacerle a Smith, logrando que Harry se animara un poco.
A decir verdad, Harry no iría a Privet Drive para las fiestas y no parecía importarle mucho. Probablemente seria la mejor navidad que tendría, por lo que cuando el profesor Snape había pasado la semana antes, haciendo una lista de los alumnos que iban a quedarse allí para Navidad; Harry puso su nombre de inmediato. Artemis tampoco pasaría las navidades con su familia, pero Harry estaba seguro de que era por los problemas que tenía con sus primos; le había contado que toda su familia se reunía en la casa de su abuela en navidad. Harry podía entenderla por que su caso era similar, su familia no lo quería por que era Slytherin sino por que era mago, así que se sentía identificado con ella pero Harry pensaba que debía solucionar las cosas; después de todo su familia era fabulosa. A diferencia de ellos, Draco, Hermione, Pansy y Neville e incluso Crabbe y Goyle pasarían las vacaciones de navidad con sus respectivas familias.
—¿Qué haremos esta tarde? —dijo Draco al finalizar la clase de pociones de aquel viernes—. Advierto que no pienso regresar a la biblioteca por Nicolás Flamel.
—Ni yo—dijo Artemis estuvo de acuerdo—. Ya me aburrí de estar buscando libros, no …
Se detuvieron al tropezar con un gran abeto que ocupaba el extremo del pasillo. Dos enormes pies aparecían por debajo del árbol y un gran resoplido les indicó que Hagrid estaba detrás de él.
—Hola, Hagrid. ¿Qué tal todo? —preguntó Harry—. ¿Necesitas ayuda?
—No, va todo bien. Gracias, Harry.
—¿Te diriges al Gran Comedor, no es así? —pregunto Artemis.
—Así es—dijo Hagrid—. ¿Ya lo han visto? Está precioso. Venid conmigo.
Así que los tres siguieron a Hagrid y su abeto hasta el Gran Comedor, donde la profesora McGonagall y el profesor Flitwick estaban ocupados en la decoración.
El salón estaba espectacular. Guirnaldas de muérdago y acebo colgaban de las paredes, y no menos de doce árboles de Navidad estaban distribuidos por el lugar, algunos brillando con pequeños carámbanos, otros con cientos de velas.
—¿Cuántos días os quedan para las vacaciones? —preguntó Hagrid.
—Sólo uno—respondió Hermione que acaba de llegar con Neville—. Y eso me recuerda… Harry, Draco, Artemis nos queda media hora para el almuerzo, deberíamos ir a la biblioteca.
—¿La biblioteca? —preguntó Hagrid, acompañándolos hasta la puerta—. ¿Justo antes de las fiestas? Un poco triste, ¿no creéis?
—Eso, Granger—dijo Draco—. Es muy triste.
—Lo dejaremos por hoy—dijo Artemis.
Cuando comenzaron las vacaciones, Artemis y Harry tuvieron mucho tiempo para pensar en Flamel. Ambos tenia sus respectivos dormitorios para ellos solos. La sala común estaba mucho más vacía que de costumbre por lo que podían elegir los mejores sillones frente al fuego. Harry empezó a aprender jugar ajedrez con ayuda de Artemis, Blaise le había prestado sus piezas de ajedrez; era igual que el de los muggles, salvo que las piezas estaban vivas, lo que lo hacía muy parecido a dirigir un ejército en una batalla. Era un poco difícil ya que la piezas no dejaban de darle consejos lo cual lo confundía un poco a la hora de tener que tomar una decisión.
En la víspera de Navidad, Harry se fue a dormir sin esperar ningún regalo al día siguiente. Lo sorprende fue que al despertar la mañana de navidad gracias a Artemis, encontró un montón de regalos al pie de su cama; Hagrid le había regalado una flauta de madera que se notaba que era hecha a mano y que al tocarla emitía un sonido parecido al canto de una lechuza. El siguiente regalo era una bufanda verde con una moneda muggle de parte de sus tíos, la moneda termino regalándosela a Artemis ante su interés por el dinero muggle. Draco, Hermione, Neville y Artemis le habían obsequiado dulces y para su sorpresa Joan le había enviado una tarjeta con chocolates. Incluso las señora Jones le habían enviado regalos; la madre de Artemis le obsequio una tarta de melaza mientas que la abuela Jones le había hecho un bonito jersey verde con una pequeña lechuza plateado en el centro. El ultimo regalo que Harry abrió fue el más sorprendente. Traía una sencilla nota que decía:
Tu padre dejó esto en mi poder antes de morir.
Ya es tiempo de que te sea devuelto. Utilízalo bien.
Una muy Feliz Navidad para ti.
No tenia firma. Del paquete algo fluido y de color gris plateado se deslizó hacia el suelo y se quedó brillando. Era una capa de invisibilidad, era lo que Artemis le había comentado y cuando se la probo para confirmar aquello, no hubo mas dudas. Sin embargo, Harry seguía sin saber quien le había enviado aquella capa y ¿realmente había pertenecido a su padre?
No había muchas pistas para averiguar aquello, por lo que Harry decidió subir con Artemis a desayunar antes de encontrarse con sus amigos para la guerra de bolas de nieve; no eran los únicos en hogwarts, algunos había decidido pasar la navidad ahí como la familia Weasley. Se habían portado muy amablemente con ellos cuando se dieron cuenta de que se habían quedado solos, eran pocas personas que estaban en Slytherin y no hablaban con ellos. Percy siempre les hacia compañía a Harry y Artemis cuando se daba la ocasión, le encantaba hablar sobre las materias, magia o sobre la historia de la magia de una forma mas interesante que Binns y no le importaba si lo interrumpías para preguntar alguna duda. Fred y George preferían pasar el rato jugando o haciendo alguna que otra broma, igualmente eran muy amables y simpáticos con ellos a pesar de la rivalidad entre casas. Con el único con el que no habían relacionado era con el menor de los Weasley, Ron; Harry no se había atrevido a hablarle desde la platica que habían tenido el primer día que Fred y George los invitaron a sentarse con ellos en su mesa y soltó una indirecta sobre las clases del profesor Snape cuando Artemis pregunto cortésmente que tal había sido su primer año. Ron Weasley debió recordar que Artemis era su ahijada para escoger mejor sus palabras por que Artemis termino empapándolo de jugo de calabaza, cosa que Fred y George encontraron graciosa a pesar de tratarse de su hermano.
Harry esperaba que el episodio no se repitiera. La comida de Navidad era inimaginable, había pavos asados, montañas de patatas cocidas y asadas, soperas llenas de guisantes con mantequilla, recipientes de plata con una grasa riquísima y salsa de moras, y muchos huevos sorpresa esparcidos por todas las mesas. Estos fantásticos huevos no tenían nada que ver con los flojos artículos de los muggles, que Dudley habitualmente compraba, ni con juguetitos de plástico ni gorritos de papel. Harry tiró uno al suelo y no sólo hizo ¡pum!, sino que estalló como un cañonazo y los envolvió en una nube azul, mientras del interior salían una gorra de contraalmirante y varios ratones blancos, vivos. En la Mesa Alta, Dumbledore había reemplazado su sombrero cónico de mago por un bonete floreado, y se reía de un chiste del profesor Flitwick. A los pavos les siguieron los pudines de Navidad, flameantes. Artemis casi se rompió un diente al morder un sickle de plata que estaba en el trozo que le tocó.
Al terminar, se unieron a los Weasley para una divertida batalla de bolas de nieve, cosa que Artemis aprovecho para vengar a Snape lanzando todas sus bolas de nieve a Ron que estaba en el equipo opuesto. Harry hizo una nota mental de nunca hacerla enojar ni de meterse con Snape. Luego de eso regresaron a su sala común donde Artemis y Harry pasaron el resto de la tarde sentados cerca del fuego, tomando el té con bocadillos de pavo, buñuelos, bizcocho borracho y pastel de Navidad, para cuando la noche llego, estaban tan hartos y soñolientos que no podían hacer otra cosa que irse a la cama. No obstante permanecieron sentados observando a una chica de quinto perseguir por la sala común a alguien dos años menor que ella, a su paso iba transfigurando los objetos; el alboroto se detuvo cuando la premio anual llego y la muchacha tuvo que arreglar el desastre que había dejado tras ella. Para Harry aquello había sido alucinante, había visto como la muchacha había convertido una silla en un sapo, una mesa en un bota vieja e incluso un sillón en gelatina.
Aquella fue sin duda la mejor navidad de Harry.
Durante el desayuno del día siguiente, Artemis escucho la mas loca, interesante y peligrosa historia por los labios de Harry. Había utilizado la capa de invisibilidad para salir a hurtadillas e ir a la sección prohibida, obviamente se delato cuando uno de los libros grito y casi lo atrapan el viejo conserje y Snape pero cuando se escondió de ellos encontró algo mejor, un espejo que le mostro a toda su familia. La muchacha tuvo que escuchar la ultima parte de la historia dos veces para comprender que Harry no estaba bromeando ni delirando.
—¿Cómo un espejo mágico? —pregunto Artemis—. Y dices que te mostro a toda tu familias.
—Así es—dijo Harry sonriendo como nunca—. Puedes venir esta noche. Yo voy a volver; quiero enseñarte el espejo.
—Me gustaría ver a tu madre y a tu padre —dijo Artemis con interés. Se preguntaba si el parecido entre su padre e hijo era tan grande como había dicho su abuela.
—Y yo quiero ver a toda tu familia, todos los Jones. Podrás enseñarme a tus otros primos o otros.
—Ya conocisteis a la mayoría de los Jones—dijo Artemis sonriendo—. Pero encantado te presentaría al resto de mi familia aunque un espejo mágico no seria necesario, pasa unas vacaciones conmigo en casa de mi abuela y conocerás a todos.— Artemis esperaba que sus primos entraran en razón o las cosas se podrían muy tensas cuando tengan que estar reunidos sin opción alguna—. De todos modos, es una lástima que no encontraste a Flamel. ¿No quieres tocino o alguna otra cosa? ¿Por qué no comes nada?
En aquel momento se percato de que Harry no había tocado su desayuno, y a pesar de sus esfuerzos apenas probo algo aquel día. Artemis empezó a preocuparse por ese espejo durante la tarde y a cuestionarse si era buena idea ir con el o si era mejor hacerlo desistir, pero incluso ella sentía curiosidad y decidió acompañarlo. Se colocaron la capa de invisibilidad y recorrieron los pasillos en busca de la habitación donde se hallaba el espejo, vagaron durante casi una hora tratando de encontrar la habitación.
—Deberíamos regresar—susurro Artemis castañeando los dientes un poco—. Estoy congelandome.
—¡No! —susurró Harry—. Sé que está por aquí.
Pasaron al lado del fantasma de una bruja alta, que se deslizaba en dirección opuesta, pero no vieron a nadie más.
Justo cuando Artemis lo tomo del brazo para hacerlo regresar, Harry encontró el lugar. Detrás de una pareja de armaduras se encontraba una puerta que daba acceso a una habitación donde sillas y pupitres estaban amontonados contra las paredes, una papelera invertida y apoyada contra la pared de enfrente... Estaba un espejo magnifico, alto hasta el techo, con un marco dorado muy trabajado, apoyado en unos soportes que eran como garras. Tenía una inscripción grabada en la parte superior: Oesed lenoz aro cut edon isara cut se onotse.
—¿Los ves? Esa es mi familia—murmuró Harry llamando su atención.
Artemis se acerco pero no pudo ver nada mas que el reflejo de Harry.
—Yo no veo nada—respondió.
—¿Qué? No, aquí están ¡Mírenlos! Son mi familia…todos ellos…
—Solo puedo verte a ti Harry—dijo Artemis preocupada. ¿Seria posible que Harry estuviera alucinando? Tal vez ese era lo que ocasionaba el espejo junto con la falta de apetito.
—Mira bien, ponte aquí, donde estoy yo.
Harry se hizo a un lado, y Artemis tomo su lugar frente al espejo. Su primera impresión fue desconcierto, interés y sorpresa.
—¿Puedes ver a mi familia? —pregunto Harry emocionado.
—No—respondió Artemis aún con la mirada fija en el espejo.
Delante de ella había un hombre que nunca antes había visto pero algo en su rostro se le hacia familiar pero seguía sin entender el por que. Artemis lo observo detenidamente, era obvio que se trataba de algún mago por las ropas que usaba. Era alto con tez pálida, de cabello largo y negro, sus ojos azules estaban fijos en ella y podía jurar que intentaba no llorar mientras le dedicaba una sonrisa. Un momento después se dio cuenta que no estaba solo, alguien mas apareció junto a el había y a Artemis casi se le cae la mandíbula. Ella podía reconocer a la segunda persona en el espejo sin problemas. Aquel cabello largo y rubio con tonos rojizos, esa sonrisa dulce y aquel brillo que emanaba era difícil que no la reconociera.
—¿Mamá?
Ambos estaban tomados del brazo y le sonreían.
—¿Ves a tu madre? —pregunto Harry.
—Yo…—Artemis apenas podía hablar mientras mantenía la mirada en el hombre en el espejo—. Él…pero…
—¿Qué ocurre?
—Estoy viendo a mis padres—dijo Artemis un poco agitada—. Mis padres.
—¿No ves a los míos? —pregunto Harry—. No lo entiendo. Déjame mirar de nuevo…
—¿Qué? No—dijo Artemis—. Solo un poco mas, tu has aprovechado la noche anterior.
—Pero si solo estas viendo a tus padres, puedes verlos cuando regreses a casa o cuando te encuentres al profesor Snape en clase—dijo Harry—. Yo no puedo. Quiero ver a mis padres.
—No me empujes, Potter.
Un súbito ruido en el pasillo puso fin a la discusión. No se habían dado cuenta de que hablaban en voz alta.
—¡Rápido!
Artemis tiro la capa sobre ellos en el momento justo en que la Señora Norris apareció en al puerta con su luminosos ojos malvados en espera de atrapar a alguien. Ambos permanecieron inmóviles bajo la capa, con un único pensamiento: ¿la capa funcionaba con los gatos? Después de lo que pareció una eternidad, la gata dio la vuelta y se marchó.
Artemis saco a Harry de ahí, era mejor irse que tentar a la suerte una vez mas.
Durante la mañana siguiente Artemis jugueteo con su desayuno, no tenia hambre y aunque fuera así, no podía comer. No podía dejar de pensar en lo que vio la noche anterior, había dado vueltas en sus sabanas sin poder dormir y de hecho, estaba segura de que solo había dormido una hora a lo máximo. Estaba decidida, tenia que ir en busca del espejo una vez mas y si nadie la veía no se metería en problemas. Vago por los pasillos que durante la noche anterior había estado hasta dar con las armaduras que ocultaban la puerta. Una pequeña mirada a su alrededor para asegurarse que estaba sola y entonces, no perdió el tiempo para entrar en la habitación.
Artemis se coloco frente al espejo soltando el aire que hasta ese momento se percato que contenía. Frente a ella, aquel hombre de aspecto elegante estaba junto a su madre y su reflejo; parecían una familia tan feliz que parecía casi imposible. Sus labios se movían pero Artemis no podía entender que le trataban de decir, casi estuvo tentada a pensar que decían su nombre y entonces cuando aquel hombre coloco su mano en su hombro…
Artemis por instinto se llevo su mano ahí pero no había nada. Aquello fue un golpe duro de realidad.
Ellos no estaban junto a ella, solo eran una bonita ilusión. Una ilusión. Aquella palabra hizo eco en su cabeza mientras observaba el espejo y la imagen de sus padres pero ahora sin ninguna pizca de emoción; se dio cuenta nuevamente de los detalles que la noche anterior dejo pasar, si aquel hombre era su padre no lucia exactamente como lo haría un muggle. ¿Entonces que podría explicar su apariencia de mago? se sentía confundida y muy triste. Se dejo caer en el suelo aún observando la imagen en aquel espejo que cada vez le gustaba menos aún cuando había intentando imaginar aquel rostro tanta veces.
En el momento que decidió que no quería ver mas esa ilusión que la torturaba y salió rápidamente de la habitación, fue que se pregunto ¿cuánto tiempo había estado ahí?
El cielo se estaba tiñendo de un tono anaranjado, era tarde y la noche no tardaría en caer. Aquello solo agrando su desagrado por ese espejo, la torturo con la visión de un padre que no podía estar con ella, confundiéndola con su extraña apariencia y haciéndola perder noción del tiempo. En la cena recupero su apetito a pesar de que aún la seguía aquella ilusión en el espejo al mismo tiempo que intentaba descifrar el idioma de las palabras grabadas en la parte superior de aquel espejo. Durante su regreso a la realidad había observado el gravado el tiempo suficiente para aprenderse las palabras de memorias y pasarlas a limpio en un pedazo de pergamino.
Tal vez sea francés. Deseaba saber el significado, con ello podía descubrir el significado de aquella imagen o del espejo mismo. Cansada dejo a un lado el pergamino y decidió olvidarse de todo lo relacionado con el espejo por unos minutos.
—Hey, Harry—dijo Artemis—. Lamento haberme desaparecido hoy así como si nada…
—No hay problema.
En aquel momento Artemis se percato que si ella había estado tan afectada por la ilusión que le espejo lo mostro, Harry también podría estarlo. Él parecía demasiado distraído en sus pensamientos.
—Harry he estado pensado—dijo Artemis—. Seria mejor no volver a ver a ese espejo.
—¿Por que no?
—Digamos que no me gusta ese espejo—dijo Artemis—. No me gusta el efecto que tiene en nosotros. Creo que es una mala idea regresar, por que solo te hará daño.
—¿Daño?—dijo Harry—. Esto es lo mejor que me ha pasado, he tenido la oportunidad de ver a mis padres y dices que es una mala idea. Tu eres la que no comprendes.
—Es lo que pienso—dijo Artemis un poco irritada con la actitud que Harry estaba tomando.— Para que torturar con la simple ilusión de algo que no puede ser verdad, ese espejo solo te muestra un imposible ¿no te das cuenta? y yo solo me preocupo por que se cuanto puede afectar. —Artemis se levanto—. Dices que no comprendo, pero lo hago. Yo nunca conocí a mi verdadero padre y sin embargo, ahí estaba en el reflejo de ese estúpido espejo. Solo quiero que no sigas sufriendo por algo que no puede ser.
Al día siguiente Artemis se encontró a Harry durante el desayuno, orgullosa de descifrar las palabras escritas en el espejo y todo gracias al espejo que Pansy había dejado en su cómoda. Había regresado la noche anterior frustrada, enojada y triste; lanzando el papel en la cómoda al lado de la cama en la que se dejo caer, solo en la mañana cuando se despertó se dio cuenta que era la cama de Pansy y al decidir descifrar lo escrito en el papel, vio con sorpresa el reflejo de las letras en el espejo. Casi parecían al revés de no ser por que las palabras no tendrían sentido y luego algo en su cabeza hizo clic.
Separo unas cuantos palabras y junto otras, y el resultado había estado ahí. Estaba esperando para contarle a Harry para hacerlo desistir de seguir frecuentando ese espejo. Ella misma había experimentado el efecto que tenia en las personas. Para su suerte, Harry llego con buena noticias, durante la noche anterior se encontró con el profesor Dumbledore en la habitación donde se encontraba el espejo y tuvieron una platica que convenció a Harry de que no era bueno dejarse arrastrar por los sueños y olvidarse de vivir. Lo malo empezó cuando Harry conto el extraño sueño que tuvo aquella noche, una y otra vez, soñaba que sus padres desaparecían en un rayo de luz verde, mientras una voz aguda se reía.
—Eso suena perturbador—dijo Artemis—. Yo soñé algo parecido, mi padre encerrado en el espejo diciéndome adiós y luego desapareciendo. Me alegra que ese espejo se lo lleven antes de que estemos tentados a regresar y volvernos locos definitivamente.
—¿Y que era eso que deseabas contarme?
—Olvidalo. No era nada.
Draco regreso al día siguiente, pareció preocupado que estuvieran vagando por la noche pero encantado al mismo tiempo cuando se entero de la capa de invisibilidad y de que no descubrieran sobre Flamel.
—¿Y por que te fascina que no hayamos encontrado sobre Flamel? —pregunto Artemis.
—Por que yo mi queridos amigos—dijo Draco sacando una tarjeta de su chaqueta—. he descubierto quien es Nicholas Flamel.
—¿Qué?
—¿Pero como?
—Con esto—alzo el cromo—. Sabia que había escuchado ese nombre en algún lado, busque en mi colección de cromos de ranas de chocolate y presto. Este es Nicholas Flamel.
—¿Qué dice sobre el? —pregunto Artemis.
— Dice: Nicholas Flamel es el mas famoso alquimista, creador de la piedra filosofal y otros trabajos alquímicos en los que trabajo con su compañero Albus Dumbledore.
—¿La que? —pregunto Harry.
—La piedra filosofal—repitió Draco.
—Tiene sentido y explica el por que la piedra esta aquí—dijo Artemis—. Flamel y Dumbledore son amigos. Seguramente le pidió que protegiera la piedra por que había alguien tras de ella; y luego de Gringotts, hogwarts es el lugar mas seguro.
—¿Pero que tiene esa piedra de importante?
—Busque en algunos libros la biblioteca de mi padre, fue difícil pero encontré algo interesante—dijo Draco sacando un papel de su bolsillo y leyó en voz alta—. Nicolás Flamel es el único descubridor conocido de la Piedra Filosofal. Que es una sustancia mítica, la piedra filosofal puede hacerte inmortal, para la persona que lo bebe, ya que produce el elixir de la vida. También puede convertir cualquier tipo de metal en oro puro. Al parecer se ha hablado de esta piedra durante los años, pero de la única piedra que se sabe qu existe en la actualidad pertenece a Nicolás Flamel—les susurro Draco—…a ver, a también dice que el año pasado cumplió seiscientos sesenta y cinco años, y lleva una vida moderada junto a su esposa Perenela de seiscientos cincuenta y ocho años en Devon.
—Todo toma sentido, no es extraño que alguien quiera esa piedra, cualquiera la querría—dijo Harry.
—Imagínense ser rico e inmortal—dijo Draco.
—Tu ya eres rico, Draco.
—Pero no inmortal.
—¿Para que quieres serlo? —le dijo Artemis.
—No lo se, por que seria genial vivir para siempre.
—Al menos sabemos que es lo que esta oculto en el tercer piso—dijo Artemis—. Pero aún falta averiguar quien es el ladrón.
—Debe ser un profesor…—dijo Harry.
Un momento de silencio en el que meditaron sobre algún profesor que pudiera traicionar a Dumbledore, pero no se les ocurría ninguno. Los tres seguirán averiguando, aunque las búsquedas se pararon momentáneamente cuando el siguiente partido se acerco. Slytherin contra Ravenclaw.
—Creen que podría pasar lo del primer partido—dijo Harry.
—Dos veces seria raro, sospecharían—dijo Artemis—. Pero no entiendo, si quieren la piedra por que atacar a Harry. No le veo el sentido.
—Tal vez…ya se entero que estamos investigando y teme que lo descubramos—dijo Harry, que no había pensado en eso.
Artemis ahogo un grito antes de que recordara un detalle.
— Si no estoy mal, empezaste con tus averiguaciones luego del partido—dijo—. No tendría sentido.
—Al menos que el ladrón crea que Harry vio algo comprometedor en la noche de Halloween—señalo Draco.
—Ese es un buen punto—dijo Artemis—. Pero en el partido anterior, Ravenclaw contra Hufflepuff no paso nada.
—Pero eso fue por que Harry ni yo asistimos—recordó Draco—. No recuerdas que ambos nos quedamos dormidos, por que la noche anterior estuvimos buscando sobre Flamel—termino un poco malhumorado.
—Debieron dormirse en el sillón como lo hice yo.
—En ese momento era de suma importancia averiguar sobre Flamel, aunque no nos percatáramos del tiempo—dijo Draco—. Además, hubiera asistido si era Slytherin el que jugaba, pero como no era…preferí seguir durmiendo.
—Como sea, el ladrón tiene algo contra ti, Harry—dijo Artemis—. O alguien mas tiene algo contra ti, algún enemigo entre los maestros que no conozcas. Aunque ni siquiera estoy segura de quien, por que les caes bien a todos los maestros…
—Entonces uno de ellos esta fingiendo—dijo Draco.
Harry salió gritando del estadio con sus compañeros, por muy poco estuvieron a punto de perder contra Ravenclaw, pero al final ganaron sin ningún problema ni ataques a Harry. Tampoco hubo nada extraño durante el siguiente partido de Gryffindor contra Hufflepuff, en el que sus eternos rivales ganaron.
—Los puntos están a nuestro favor a pesar de esta victoria de Gryffindor, sinceramente creo que la Copa de Quidditch ya esta en nuestras manos—dijo Blaise.
—Hufflepuff ya no tiene oportunidad—dijo Theodore—. Perdieron este partido por pocos puntos pero será difícil que logren levantarse. Sin contar el partido de noviembre, cuando fueron contra Ravenclaw, y terminaron hechos pedazos sin ninguna misericordia.
Artemis asintió. Era cierto que el equipo de Hufflepuff había perdido horriblemente contra Ravenclaw, pero había que admitir que no eran tan malos, solo que las águilas fueron mejores. Aunque de no se por Cedric Diggory que acabo el partido, su derrota hubiera sido peor.
—¿Quién podría ser? —dijo Draco aún sentado en las gradas—. Debe ser alguien listo.
—Si te refieres al ladrón—dijo Artemis observando el panorama—, yo creo que debe ser alguien inteligente, de gran confianza y muy buen actor o doble cara.
—La profesora McGonagall es alguien inteligente pero la verdad no me parece el tipo de persona que desearía la piedra—dijo Draco.
—La profesora Sprout también hay que descartarla—dijo Artemis—. Admitámoslo, es demasiado buena y es imposible creer que alguien que adora su trabajo desee algo como la piedra filosofal.
—¿El profesor Flitwick? Alguien me dijo que era el mejor duelista en su tiempo.
—Descártalo—dijo Artemis—. No creo que el profesor Flitwick traicione a Dumbledore. No lo digo por ser mi profesor favorito, pero no me parece el tipo de persona que ambicione la piedra.
Harry estaba caminando por las gradas cuando sus ojos captaron algo de lo mas raro, todo había desaparecido rumbo al castillo hace horas, solo ellos se habían quedado a observar el paisaje y divagar en sus descubrimientos; pero había alguien de forma misteriosa que decidió salir a escondidas por los escalones delanteros del castillo.
Con pocas palabras, Harry le informo a sus amigos para que siguieran al misterioso encapuchado. Cuando bajaron las gradas jadeando, retomaron rápidamente el rumbo hacia el bosque prohibido donde el encapuchado había entrado. Unas vez entre las altas copas de los arboles y la espesa maleza perdieron al encapuchado, dieron vueltas buscándolo hasta que captaron voces a lo lejos y se encaminaron hacia ese rumbo. Escondiéndose detrás de los arboles, Harry diviso a Snape quien no estaba solo. Quirrell también estaba ahí. Harry no podía verle la cara, pero tartamudeaba como nunca. Se esforzó mucho por oír lo que decían.
—... n-no sé p-por qué querías ver-verme j-justo a-aquí,
de entre t-todos los l-lugares, Severus…
—Oh, pensé que íbamos a mantener esto en privado —dijo Snape con voz gélida—. Después de todo, los alumnos no deben saber nada sobre la Piedra Filosofal.
Harry se inclinó hacia delante. Quirrell tartamudeaba algo y Snape lo interrumpió.
—¿Ya has averiguado cómo burlar a esa bestia de Hagrid?
—P-p-pero Severus, y-yo...
—Tú no querrás que yo sea tu enemigo, Quirrell —dijo Snape, dando un paso hacia él.
—Y-yo no s-sé qué...
—Tú sabes perfectamente bien lo que quiero decir.
Una lechuza dejó escapar un grito y Harry casi se cae de espaldas. Se enderezó a tiempo para oír a Snape decir:
—... tu pequeña parte del abracadabra. Estoy esperando.
—P-pero y-yo no...
—Muy bien —lo interrumpió Snape—. Vamos a tener otra pequeña charla muy pronto, cuando hayas tenido tiempo de pensar y decidir dónde están tus lealtades.
Se echó la capa sobre la cabeza y se alejó del claro. Ya estaba casi oscuro, pero Harry pudo ver a Quirrell inmóvil, como si estuviera petrificado.
Apenas hablaron sobre todo lo que habían averiguado hasta ese momento, por que Artemis siempre desviaba la conversación a otro tema y Harry no la culpaba. Cuando estuvieron solos, luego de lo sucedido en el bosque entre Snape y Quirrell, había buscando con desesperación una explicación hasta que se desplomo llorando; Draco y Harry se habían mirados impotentes por no poder consolarla ante la verdad. Snape quería la piedra filosofal e intentaba obligar a Quirrell a que lo ayudara a conseguirla.
—Entonces—dijo Draco luego de que Artemis se fuera a su habitación—. La piedra solo estará segura mientras Quirrell se oponga.
Harry y él intercambiaron una mirada.
—Tu lo sabes ¿verdad?—dijo Draco—. Quirrell no durara mucho.
Sin embargo, Quirrell mostro una valentía que no imaginaron. Durante las siguiente semanas su semblante se veía cada vez mas pálido y delgado, pero no parecía que su voluntad hubiera cedido. Draco y Harry estuvieron atentos a los movimientos de ambos profesores. Snape tenia su habitual mal carácter, lo que le indicaba a Harry que la piedra estaba a salvo; aunque Draco le aclaro que el solía ser así la mayor parte del tiempo. Artemis por lo que noto Harry, se le veía triste cada día mas e incluso Pansy llego a culparlos de ello. Tuvieron que aclararle a Pansy que ellos no tenia nada que ver con eso, no podía decirle la verdad y aún así, Pansy les advirtió que se disculparan. Hermione también se preocupo pero para suerte de Harry, no lo culpo ni a él ni a Draco; aunque fue persistente por saber que le ocurría sin mucho éxito. Sin embargo, fue le profesor Snape que trajo la solución para despejar la mente de Artemis de todos su problemas. Algo irónico, pensó Harry. En el tablón de anuncios se había anunciado que todos los alumnos de primer año tomarían asesorías con el señor Farley durante los miércoles, y lunes y viernes con la señorita Hall en la biblioteca después de clases. Las clases con Chad Farley resultaban relajadas e interesantes, muchas veces Joan se sentaba junto a Harry y le ayudaba en sus deberes. Las clases no eran tan geniales con Violeta Hall, era estricta aunque sabia captar su atención. El primer día de asesorías ambos se presentaron en vez de uno.
—Buenas tardes, mi nombre es Violeta Hall y el es mi compañero Chad Farley. Como ya les habrá dicho el profesor Snape seremos sus tutores—empezó con voz mandona—. Quiero decirles que si tienen dudas en el momento, pregunte, no retrocederé por nadie cuando hayamos avanzado. Aplicaremos un examen que el profesor Snape aprobara. Quien lo repruebe se las vera con el.
Luego le cedió la palabra a su compañero.
—No deben sentirse avergonzados por recibir asesorías, de hecho, es una suerte que tengan esta pequeña ayuda—dijo Chad sonriendo amablemente—. Aquellos que tengan problemas en historia de la magia o astronomía nos veremos los miércoles. Mientras que mi compañera les ayudara en Herbología o pociones.
Después de eso, solo se quedaron quienes tenían problemas en historia y astronomía, que eran básicamente todos. Incluso Theodore Nott, quien no tenia problemas con ninguna asignatura, se quedo a escuchar la clase de Chad.
Las asesorías no era lo único que consumía su tiempo libre. Hermione había comenzado a hacer horarios para repasar y a subrayar con diferentes colores sus apuntes. A Harry y Draco eso no les habría importado, pero los fastidiaba todo el tiempo para que hicieran lo mismo. Neville había seguido su ejemplo muy alegre por que no sentía preparado para pasar los exámenes; en cambio Artemis dejo que Hermione le diseñara su propio horario de repasos aunque no lo seguía al pie de la letra cuando se aburría de estudiar.
—Hermione, faltan siglos para los exámenes.
—Diez semanas —replicó Hermione—. Eso no son siglos, Draco.
—De todos modos, ¿para qué repasas si ya te lo sabes todo?
—¿Estas loco? ¿Te has dado cuenta de que tenemos que pasar estos exámenes para entrar en segundo año? Son muy importantes, tendría que haber empezado a estudiar hace un mes, no sé lo que me pasó…
—No creo que haya que exagerar, Hermione. Descuida, pasaras los exámenes, te lo aseguro.—le aseguro Artemis sin despegar la vista del libro de Astronomía que escondía mas de lo que aparentaba. Sobre el hombro Harry veía una historieta titulada Las aventuras de Martin Miggs, el muggle loco, que estaba oculta dentro del libro de Artemis.
—Gracias, Artemis—sonrió Hermione—. Pero tu no te quedas atrás, puedo decirte que eres la mejor en pociones y en encantamientos. Y me alegra de que tu estés estudiando al igual que Neville.
Artemis les sonrió pero aún podía atisbarse un rastro de tristeza en sus ojos.
—Si, tienes razón, Hermione—dijo Draco—. Artemis estudia sin descanso.
Draco guiño un ojo. El también estaba al tanto de la historieta. Harry asintió aguantando las ganas de reír.
Pero lamentablemente los maestros parecían pensar como Hermione. Les dieron tantos deberes que las vacaciones de Pascua no resultaron tan divertidas como las de Navidad. Era difícil relajarse con Hermione al lado, recitando los doce usos de la sangre de dragón o practicando movimientos con la varita. Quejándose y bostezando, pasaban la mayor parte de su tiempo libre en la biblioteca con ella, tratando de hacer todo el trabajo suplementario y los trabajos extras que les dejaban en las asesorías.
—Estoy harto—dijo Draco dejando los pergaminos y los libros a un lado—. ¿Por que no tomamos un descanso?
—¿Estas loco? Debemos terminar estos trabajos y luego repasar para los exámenes—le dijo Hermione sin despegar la vista del libro.
El día era preciosos, ni siquiera Hermione podría negarlo aunque quisiera y aún así estaban encerrados en la biblioteca estudiando. Harry y Neville estaban terminando la tarea de pociones mientras Artemis se desapareció un instante en busca de un libro. Harry, que estaba buscando «díctamo» en Mil hierbas mágicas y hongos no levantó la cabeza hasta que oyó que Draco le susurraba:
—Acaso ese no es Hagrid.
Hagrid estaba a unos metros de ellos escondiendo algo tras su espalda, Artemis estaba frente a el platicado. La conversación parecía sospechosa por la forma en que ambos actuaban Artemis; al percatarse de que los observaran intercambiaron unas rápidas palabras antes de que Hagrid les saludo brevemente antes de irse. Cuando su amiga regreso parecía pensativa y preocupada.
—¿Ocurre algo, Artemis?
—Nada—dijo Artemis sonriendo—. No encontré el libro que buscaba, seguramente alguien mas lo tomo.
—¿Qué escondía Hagrid detrás de la espalda? —dijo Hermione con aire pensativo.
—¿Esconder? —dijo Artemis con mismo aire distraído—. Era solo un libro sobre plantas, le daba vergüenza a Hagrid que lo vieras consultar un libro para cuidar de sus calabazas.
—No le tiene por que dar vergüenza—dijo Hermione—. Todo el mundo necesita alguna vez de la sabiduría que los libros pueden ofrecer.
Harry no estaba convencido de aquello, y esto se reafirmo cuando Artemis se giro hacia él y Draco dándoles una mirada significativa. Durante la tarde se despidieron de Hermione y Neville con la torpe excusa de que tenían reunión con sus hermanos mayores.
—¿Puedes explicarnos que fue eso? —pregunto Draco.
Artemis les explico en el camino que Hagrid tenia un libro sobre crianza de dragones y le preocupaba mucho que estuviera metido en algo ilegal; además les conto que Hagrid le había prometido hablarle sobre lo que sabia de la piedra dado que ya habían descubierto casi todo.
—Hagrid siempre quiso tener un dragón, me lo dijo el día que lo conocí —dijo Harry.
—Pero va contra nuestras leyes —dijo Artemis mientras bajaban los escalones de piedra—. Criar dragones fue prohibido por la Convención de Magos de 1709, todos el mundo lo sabe.
»Era difícil que los muggles no nos detectaran si teníamos dragones en nuestros jardines—continuo Artemis—. De todos modos, no se puede domesticar un dragón. Es peligroso. Tendrían que ver las quemaduras que tiene mi tío Evan, el es un dragonista y maestro, trabaja en Rumania con todo tipo de dragones.
—Pero no hay dragones salvajes en Inglaterra, ¿verdad? —preguntó Harry.
—Por supuesto que hay —respondió Draco—. Verdes en Gales y negros en Escocia. Al ministro de Magia le ha costado trabajo silenciar ese asunto, te lo aseguro. Los nuestros tienen que hacerles encantamientos a los muggles que los han visto para que los olviden.
—Tal vez no signifique nada—dijo Artemis—. Puede ser su curiosidad pero nunca hemos visto a Hagrid pasearse por la biblioteca ni por casualidad y nosotros hemos pasado ahí gran tiempo. ¿Creen que de tener la posibilidad, Hagrid criaría un dragón ilegalmente en la escuela?
Harry estaba seguro que a ella le encantada y preocupada al mismo tiempo, la idea de que Hagrid tuviera un dragón.
—Tiene a Fluffy—dijo Draco.
