Capitulo: Atando cabos sueltos.
Cuando los tres tocaron la puerta de la cabaña de Hagrid, les sorprendió ver todas las cortinas cerradas. Hagrid preguntó «¿quién es?» antes de dejarlos entrar, y luego cerró rápidamente la puerta tras ellos. Adentro el calor era bochornoso. A pesar que el día era cálido, la chimenea encendía un muy buen fuego. Hagrid les ofreció té y bocadillos de comadreja, pero ellos lo rechazaron. Querían averiguar lo que pasaba ahí.
—Entonces ¿qué querían preguntarme?
—Nos preguntábamos si podías decirnos si hay algo a parte de Fluffy, sobre ¿que mas cuida la Piedra Filosofal?—dijo Harry sin rodeos.
—Claro que no puedo decirles nada —dijo—. En primera no se nada sobre lo que protege la piedra. Segundo, ustedes saben mas de lo que deberían, de hecho no tiene por que saber nada relacionado con la piedra, así que si yo supiera algo no se los diría. Esa Piedra está aquí, en hogwarts, por un motivo muy bueno. Estuvieron a punto de robarla de Gringotts…. Pero me imagino que eso ya lo deben de saber.
—Hace siglos…—susurro Draco para luego sonreír—. Hagrid, hay que decir que eres alguien admirable. —Guiño un ojo a sus amigos.—Dado que no nos quieras contar, por que tu eres de gran confianza y estoy seguro que tu debes saber lo que ocurre, tú siempre sabes todo lo que sucede aquí.
—Toda la razón, Draco. Hagrid es la persona a la que mas confianza Dumbledore debe tener —dijo Artemis con voz afectuosa lisonjera—. ¿Quien mas podría ser? Pero, nos preguntábamos si habría alguien mas digno de tal confianza.
Ambos, Artemis y Draco compartieron una sonrisa de complicidad ante la reacción de Hagrid, quien sonreía mientras su pecho se inflaba de orgullo.
—Creo, que no tiene nada de malo decirles esto… bueno, veamos… Yo le presté a Fluffy al profesor Dumbledore… se que algunos de los profesores hicieron encantamientos de su elección para proteger la piedra… el profesor Sprout, el profesor Flitwick, la profesora McGonagall — contó con los dedos—, el profesor Quirrell y el mismo Dumbledore, por supuesto. Esperad, me he olvidado de alguien. Oh, claro, el profesor Snape.
Estaba claro que la piedra estaba protegida por mas personas. A Artemis le sorprendía que Dumbledore confiara en Quirrell, dado que el no parecía un mago con talentos mágicos sino uno con problemas personales. A lo mejor juzgaba por las apariencias, se dijo Artemis, aunque en clase no era su favorito.
Algo cálido floreció en su interior al oír el nombre de Snape, luego del episodio del bosque había quedado en claro las intenciones de él pero como era posible que Dumbledore no se diera cuenta de que era traicionado por alguien tan cercano y a quien tenia tanta confianza. Aún podía a ver esperanza y ser todo un mal entendido. Artemis tenia que llegar descubrir la verdad para creerla, de otra forma no podría vivir en paz sin saber si al hombre que tanto quería era malvado o no.
—Hagrid…Eres el único que sabe como pasar a Fluffy, ¿verdad? —preguntó Harry con inquietud—. Y estoy seguro de que no se lo dirás a alguien mas ¿cierto? ¿Ni siquiera a un profesor?
—Claro que no, Dumbledore, y yo somos los únicos que sabemos como pasarlo—dijo Hagrid con orgullo.
—Es algo —dijo por lo bajo Harry—¿Te importaría abrir una ventana, Hagrid? Me estoy cociendo…
—Lo lamento, pero no puedo—le respondió Hagrid.
La mirada de Hagrid se desviaba de vez en cuando al fuego. Artemis se adelanto hasta que sus ojos captaron la otra razón que la había llevado hasta ahí. En el centro de la chimenea, debajo de la cazuela, había un enorme huevo negro.
—¿Dónde conseguiste un huevo de dragón? —pregunto Artemis con preocupación. Sus ojos analizaban el huevo de dragón con horror y cierta fascinación. Nunca había visto un huevo de dragón en toda su vida, simplemente había escuchado a su tío hablar sobre ellos. El enorme huevo negro era exactamente como se había imaginado que seria...
Escucho farfullar a Hagrid una respuesta pero estaba demasiado abstraída en sus pensamientos como para prestarle atención.
—¿Qué piensas hacer cuando salga del cascarón? — preguntó Artemis apartando la vista del fuego.
—Verán leí un poco…—dijo Hagrid, sacando un gran libro que estaba debajo de su almohada—. Lo conseguí en la biblioteca: Crianza de dragones para placer y provecho. Es un poco anticuado, pero sale todo lo que necesito. Tengo que mantener el huevo en el fuego…porque las madres respiran fuego sobre ellos y, cuando salen del cascarón, debo alimentarlos con brandy mezclado con sangre de pollo, cada media hora. Y también dice cómo puedo reconocer los diferentes tipos de huevos. Yo tengo un ridgeback noruego.
—¿Un ridgeback noruego?—repitió Artemis sorprendida—. No puede creerlo, Hagrid, conseguiste un ridgeback noruego.
—Así es, son muy raros.
—Perdone que destruya su entusiasmo—dijo Draco con el ceño fruncido—. Pero, por algo esta prohibido tener un dragón de mascota. No se puede domesticar a un dragón. Son muy peligrosos.
Ahora no estaban preocupados solo por la piedra filosofal sino por lo que le podría suceder a Hagrid si alguien descubría que el tenia oculto un dragón ilegal. Al menos Harry estaba aliviado que nadie mas supiera pasar a Fluffy.
—A veces me pregunto cómo será tener una vida normal, sin problemas, y solo preocuparse por los exámenes— suspiró Draco, mientras caminaban al castillo.
—Creo que nunca lo sabremos.
Durante un desayuno, Harry recibió una nota de Hagrid en la que solo decía «Está a punto de salir.» Pero era toda la información que el necesitaba, estaban ansiosos por tener la oportunidad de ver el nacimiento de un dragón. Y mientras salían del gran comedor, discutían sobre asistir a clases de historia de la magia o saltárselas par ver el nacimiento de un dragón.
—¡Cállense! —susurro Harry.
Smith estaba cerca de ellos y se había quedado inmóvil para escucharlos. Cuánto había oído? A Harry no le gustó la expresión de su cara.
Faltaron a clase y se dirigieron rápidamente a la cabaña de Hagrid, el dragón aún no había nacido pero según Hagrid no tardaría mucho. Escucharon a Artemis hablarles sobre lo que había encontrado de los un ridgebacks noruegos durante mas de media hora, a Harry le divertía el entusiasmo de Hagrid al escuchar sobre dragones y al mismo tiempo la mueca de disgusto que Draco sobre el tema aún cuando parecía interesado.
—Miren esta a punto de nacer.
Todos tomaron asiento en la mesa y esperaron. Entonces un ruido se escucho y vieron como el huevo se abría. De esta salió la cría de dragón que revoloteo en la mesa.
Era muy feo. Harry pensó que parecía un paraguas negro arrugado. Sus alas puntiagudas eran enormes, comparadas con su cuerpo flacucho. Tenía un hocico largo con anchas fosas nasales, las puntas de los cuernos ya le salían y tenía los ojos anaranjados y saltones.
Estornudó. Volaron unas chispas.
—¿No es precioso? —murmuró Hagrid. Alargó una mano para acariciar la cabeza del dragón. Este le dio un mordisco en los dedos, enseñando unos colmillos puntiagudos.
—¡Bendito sea! Mirad, conoce a su mamá —dijo Hagrid.
—Perdió la cabeza—le susurro Draco señalando a Hagrid.
—Hagrid—dijo Artemis con voz firme—. ¿Dónde vas a criar al dragón?¿Quien te ayudara? ¿O lo enviaras a Rumania?
Hagrid estaba a punto de responderle pero empalideció, poniéndose de pie lo mas rápido que pudo, se acerco a la ventana.
—¿Todo esta bien, Hagrid?
—Es que…Alguien estaba espiando por la abertura de la cortina…Era un muchacho… Y esta corriendo hacia el colegio.
Se asomaron por la puerta, miraron a la persona que se alejaba, era inconfundible para ellos: Zacharias Smith.
Algo en la mirada de suficiencia de Smith durante las semanas siguientes ponía nerviosos a Harry, Draco y Artemis. Habían intentado alejarse de él para evitar problemas y que dijera lo que había visto. Según, Artemis, ella dudaba que Smith revelara la verdad dado que seria imposible de creer.
—Nadie le creerá. Tener un dragón es ilegal y que alguien en hogwarts tenga uno seria muy difícil de creer y mas si uno no cuenta con pruebas—les animaba Artemis—. Además, Smith no sabe que Hagrid cuenta con la confianza de Dumbledore. Si se llegara a enterar, seguramente evitaría que el Ministerio se enterara e enviaría el dragón a Rumania, antes de que Smith intente probar que Hagrid tenia un dragón ilegal.
—Ahí esta la solución—dijo Draco—. Hay que informarle a Dumbledore para que arregle esto y cuanto antes.
—¿Crees que entenderá?
—¿No se meterá en problemas Hagrid?
—Artemis lo acaba de decir—dijo Draco rodando los ojos—. Dumbledore confía en Hagrid y tratara de evitarle un problema.
—¿Cómo piensas avisarle?
—Vamos a escribirle una carta anónima—dijo Draco—. Y esperemos que Hagrid escuche al director.
Habían intentado convencer a Hagrid de que tenia que dejar al dragón en libertad, le habían dado muchazas razones del por que era lo mejor; pero Hagrid seguían poniendo excusas e incluso había nombrado al dragón.
La respuesta de Dumbledore se vio reflejada días después cuando Hagrid les informo que el director se había enterado, y luego de una larga platica habían llegado al acuerdo de que el dragón partiría de hogwarts.
—El director le mando esta nota a Hagrid en la mañana—dijo Artemis regresando de la cabaña de Hagrid una tarde.
Querido Hagrid,
He hablado con el director de la reservación de dragones en Rumania, estará encantado de ayudarnos. Enviaran a unos profesionales en busca del dragón, pero al no poder ser vistos llevando un dragón ilegal, han decidió buscarlo el próximo sábado a la medianoche.
Te esperaran en la torre mas alta del castillo. No deben verte por nada del mundo, ya que esto, se esta tratando con el mas discreto silencio.
Saludos,
Dumbledore.
—Fabuloso—dijo Draco—. Eso resuelve todo.
—Aunque me siento mal por Hagrid, cuando me fui estaba llorando—dijo Artemis con simpatía—. Pero le anime diciendo que Norberto estará mejor, convivirá con otros dragones y estará al aire libre.
Durante los días que quedaban no dejaron de preocuparse, no hasta que Norberto estuviera lejos de hogwarts. Artemis usualmente iba a ayudar a Hagrid a alimentar a Norberto que seguía creciendo cada vez mas y que ahora comía ratas muertas.
Harry y Draco habían estado de acuerdo que Hagrid no podía pasearse por el castillo a medianoche y con un dragón sin parecer sospechoso, por lo cual, Harry llego a la conclusión de que seria mas fácil si Hagrid colocara la capa de invisibilidad sobre la jaula en donde trasportaría a Norberto. Pero habían tenido tanto miedo de que Hagrid se negara a dejar partir a Norberto al ultimo momento. que Harry se había ofrecido a llevarlo por él.
—Es arriesgado lo que planeas hacer—le dijo Draco que a pesar de todo, estuvo de acuerdo en ayudarlo.
La noche del jueves, cuando Artemis surgió de la nada dejando caer la capa invisible detrás de ella, estuvieron seguros de que algo andaba mal cuando vieron su rostro.
—¿Qué ocurrió?
—Me ha mordido—dijo Artemis mostrando su mano envuelta en un pañuelo ensangrentado—. Y Hagrid se ha portado muy mal, pueden creer que lo trato como a un osito de peluche luego de morderme y prácticamente me echo por que yo asuste a su pequeño tesoro.
—¿Cómo ha podido? —gruño Draco que sutilmente estaba preocupado.
—Y eso no es todo, cuando me fui le cantaba una canción de cuna a Norberto—dijo Artemis—. Esta fuera de si mismo. No es capaz de medir el peligro. Por muy genial que sea Norberto sigue siendo peligroso.
—Tienes que ir a la enfermería—le dijo Harry.
—Y que le voy a decir a Madame Pomfrey cuando me pregunte que me mordió. Además, no se ve tan mal…
Empero al día siguiente, la mano mordida de Artemis se había inflamado y tenía dos veces su tamaño normal. No tenia elección, tenia que ir a la enfermería. Al final de las clases, Draco y Harry fueron a visitarla para descubrir que estaba en un terrible estado.
—Olvida la mano—susurro Artemis con desesperación—. Es Smith, estuvo aquí con el pretexto de que quería pedirme prestado un libro, cuando vino solo a burlarse. Sin olvidar que también me amenazo con decirle a la señora Pomfrey que me mordió realmente (yo le dije que era un perro, aunque no me creyó),
Intentaron calmarla.
—Todo habrá acabado maña por la noche—dijo Draco—. De que te preocupas.
—De que Smith leyó la nota del director—susurro para el horror de ellos—. Estaba en mi libro, el que quería llevarse prestado, cuando intente quitárselo la nota cayo al suelo y antes de que pudiera arrebatárselo se entero del contenido.
Ni Harry ni Draco tuvieron tiempo para contestarle o calmarla. Apareció la señora Pomfrey y los hizo salir, diciendo que Artemis necesitaba dormir.
Era tarde para cambiar de planes. Tenían ventaja sobre Smith dado que poseían una capa de invisibilidad y estarían con la guardia en alto por si se les aparecía.
La señora Pomfrey dejo ir a Artemis la mañana del domingo, estaba preocupada por que Smith pudiera arruinar sus planes. Sin embargo los chicos la tranquilizaron cuando apareció en la sala común, Norberto estaba camino a Rumania y aún así, Artemis no se explicaba el por que las caras tan abatidas que tenían.
—Si todo salió bien por que tienen esas caras—dijo Artemis.
Harry y Draco le contaron como lograron dejar sin problemas al dragón en manos de los dragonistas, y al irse casi se olvidaron de la capa, cuando Harry se reunió de nuevo con Draco este no estaba solo; Filch los había descubierto. Habían logrado salvar la capa, puesto que Filch no le presto mucha atención. Ambos fueron llevados ante al despacho de la subdirectora donde esperaron, para descubrir que Neville y Smith estaban en problemas. El primero había ido a buscarlos para advertirles de lo que tramaba Smith y este había ido a acusarlos con la profesora McGonagall.
—Supongo que están castigados—dijo Artemis.
—Mas que eso—susurro Draco—. Nos quito cincuenta puntos.
—¿Cincuenta?
—Cincuenta por cada uno—dijo Harry con una mueca.
—¡Cien puntos!—susurro Artemis con el horror reflejado en su rostro—. Eso nos pone en tercer lugar, debajo de Ravenclaw.
Todos los esfuerzos de meses, fulminados en una sola noche.
—Adiós a la copa de las casas—dijo Artemis desplomándose en el sillón.
Era mas que la copa de las casas. Sus compañeros Slytherin no tardaron en enterarse de cómo habían perdido tantos puntos de la noche a la mañana. Todos les habían dirigido miradas de odio y frustración, incluso los que querían mostrarse optimistas no dejaban de ver a Draco ni a Harry con el seño fruncido. Joan Farley habían tenido una larga conversación con Harry, estaba defraudada y horrorizada de que vagara fuera del toque de queda. A Harry le quedo claro que Joan no lo detestaba pero si que la había defraudado, su conversación en vez de hacerlo sentir mejor como supuso que Joan esperaba, lo hizo sentir peor.
Lo peor era la cara de suficiencia de los alumnos de las demás casas. Harry estaba al tanto de que no todos apreciaban a Slytherin, y eran pocos las personas de otras casas a las que les agradaban, pero no esperaba que su desliz causara tanto revuelo para los demás. Ravenclaw, con quienes no se llevaban tan mal, sonreían ante la desgracia de Slytherin y no dudaban en molestar si se les daba la ocasión. Los de Gryffindor y Hufflepuff eran realmente insoportables, le aplaudían y le vitoreaban, diciendo: «¡Gracias, Potter; te debemos una!». Por que todos deseaban que Slytherin perdiera la copa y, Harry les había facilitado aquello.
Draco también sufría las mismas burlas que Harry, pero él contestaba de una forma cortante e ingeniosa; Neville, a diferencia de ellos, no pasaba tan malos ratos pero nadie le hablaba.
—No es por que perdiera puntos—explico Artemis—. Es por que se junta con nosotros. A Hermione tampoco le hablan desde hace meses ¿no te habías dado cuenta?
Harry tenia que admitir que no se había percatado de aquello. Había sido amigo de Hermione y Neville sin darse cuenta que ambos eran excluidos por sus propios compañeros de casa por dicha amistad.
Hermione al enterarse del asunto se molesto, sin poder creerse que hicieran semejante locura para gratarle una broma a Smith. Artemis había tenido razón, nadie creyó la historia del dragón, ni siquiera la profesora McGonagall que llego a la conclusión de que todo fue una mentira de Harry y Draco para gastarle una broma a Smith. Draco tuvo que explicarle la verdad sobre Norberto para que dejara su actitud molesta que tenia con ellos; se sorprendió de que Hagrid hubiera tenido un dragón ilegal y pareció contenta de que ellos hubieran decidido ayudarlo para que no se metiera en problemas pero desilusionada de que no hubieran confiado en ella. Hermione le conto la verdad a Neville, que se disculpo por pensar mal de ellos, pero Harry y Draco le aseguraron que no estaban molesto y le agradecieron por intentar ayudarles.
Luego de arreglar ese pequeño problema, Harry estaba decidido a no meterse en mas problemas. Incluso se unió a sus compañeros que estaban decididos a ganar la copa para fastidiar a las demás casas. Empezó a participar en clases o realizar un buen trabajo para impresionar a los profesores. Ante esto, Pansy dejo de fruncirles el ceño cada vez que se veían o hablaban; Blaise y Theodore que hasta el momento lo habían evitado, le perdonaron advirtiéndole la próxima vez que quisiera hacer una broma a Smith se asegurara de no ser descubiertos. Había que decir que el profesor Snape era su principal ayuda, Artemis que lo había evitado incluso en clases, decidió volver a participar en sus clases por el bien de Slytherin. Era increíble como ella sola, lograba ganar tantos puntos en una semana.
—He estado pensando—dijo Artemis una tarde mientras se dirigían a sus tutorías con Farley—. Que tal si no es Snape quien esta detrás de la piedra.
Harry compartió una mirada con Draco.
—¿Por qué lo dices?
—Me fue a visitar un par de veces a la enfermería—dijo Artemis.
—¿Y que ocurrió?
—Digamos que sutilmente le pregunte que haría si tuviera la oportunidad de ser millonario o incluso si encontrara la forma de hacerse inmortal.
—¿Qué te respondió?—dijo Harry esperando la respuesta tanto como Draco.
—Ese es el problema—dijo Artemis—. Dijo que no le llamaba la atención ser millonario, tenia un buen capital con el que podía vivir a gusto y que el dinero no era necesariamente la felicidad.
—¿Y que dijo ante lo de ser inmortal?
—No le interesaba en lo absoluto—dijo Artemis—. Y era sincero cuando lo dijo. No quería vivir eternamente.
—Pero y la conversación en el bosque..
—Otro detalle—dijo Artemis deteniéndose a pocos metros de la biblioteca—. El nunca menciono que quería la piedra, solo que deseaba saber como burlar los demás hechizos.
—¿Y que da a entender eso, según tu?
—Al principio, llegamos a la conclusión de que quería evitar que el ladrón se saliera con la suya—dijo Artemis caminando alrededor de ellos—. Que tal si, eso es lo que esta intentando hacer. Ir un paso adelante que su enemigo.
—Se que quieres creer que Snape no es tan malo, nosotros también—dijo Draco—. Pero ten en cuenta que era raro esa conversación.
—Solo piensen en ello—dijo Artemis—. Denle a Snape el beneficio de la duda, hasta que descubramos la verdad al cien por ciento.
Fue imposible decirle que no, aunque Harry le habría encantado decir que no seguiría investigando para dejar de meterse en problemas. Y entonces, una semana antes de que empezaran los exámenes, las nuevas resoluciones de Harry de no interferir en nada que no le concerniera sufrieron una prueba inesperada.
Una tarde que salía solo de la biblioteca oyó que alguien gemía en un aula que estaba delante de él. Mientras se acercaba, oyó la voz de Quirrell.
—No…no… otra vez no, por favor…
Parecía que alguien lo estaba amenazando. Harry se acerco.
—Muy bien… muy bien. —Oyó que Quirrell sollozaba.
Al segundo siguiente, Quirrell salió apresuradamente del aula, enderezándose el turbante. Estaba pálido y parecía a punto de llorar. Desapareció de su vista y Harry pensó que ni siquiera lo había visto. Esperó hasta que dejaron de oírse los pasos de Quirrell y entonces inspeccionó el aula. Parecía vacía, pero la puerta del otro extremo estaba entreabierta. Harry estaba a mitad de camino, cuando recordó que se había prometido no meterse en lo que no le correspondía.
Al mismo tiempo, habría apostado doce Piedras Filosofales a que Snape acababa de salir del aula y, por lo que Harry había escuchado, Snape debería estar de mejor humor… Quirrell parecía haberse rendido finalmente.
Regresó a la biblioteca, en donde Draco repasaba Historia de la magia con Artemis. Harry les contó lo que había oído.
—¿Lo vistes? —pregunto Artemis en un hilo de voz—. ¿Vistes a Snape amenazándolo?
—No—admitió Harry—. No lo vi, pero no hemos visto a nadie mas que amenazara a Quirrell.
Draco coloco una mano sobre el hombro de Artemis.
—Si es él, lo descubriremos—dijo—. Llegaremos al final por la verdad. De todas formas, no puede pasar a Fluffy. Tendría que sacarle la verdad a Hagrid y este no hablara…
Draco se quedo en silencio.
—Al menos que lo logren sonsacar sin que se de cuenta—dijo con frustración—. Nosotros logramos sacarle información que no debía decirnos, entonces el ladrón con mucha mas razón.
—¿Qué haremos Harry?
La luz de la aventura brillaba otra vez en los ojos de Artemis, pero Draco respondió antes de que Harry lo hiciera.
—Ir a ver a Dumbledore… No me agrada la idea, pero creo que dejar que esto lo arregle el director. Después de todo el trajo la piedra, es su problema.
—No nos creerán—dijo Harry percatándose que no tenían pruebas que respaldaran su historia—. Quirrell esta lo suficiente atemorizado como para hablar, Filch nunca no nos respaldaría aunque su vida dependiera de eso. Además, si realmente es Snape. ¿A quién pensáis que van a creer, a él o a nosotros? Y se supone que no sabemos nada acerca de Fluffy o la piedra. Seria muchas explicaciones.
—Y si investigamos solo un poco….
—No —dijo Harry en tono terminante—: ya hemos investigado demasiado.
Acercó un mapa de Júpiter a su mesa y comenzó a aprender los nombres de sus lunas.
A la mañana siguiente, llegaron notas para Harry y Draco, en la mesa del desayuno. Ambas eran iguales.
Vuestro castigo tendrá lugar a las once de la noche.
El señor Filch os espera en el vestíbulo de entrada.
Prof. S. Snape
—Lo había olvidado por completo—dijo Harry.
—¿Qué será lo que tengamos que hacer?
—No creo que sea agradable, si tiene que ver con Filch—le dijo Artemis.
Draco no hizo mas que quejarse sobre el castigo durante el resto del día, Artemis intentaba animarlo sin resultados; Harry no comento mucho al respecto después de todo sentía que se lo merecía.
Diez minutos antes de las once de aquella noche, se despidieron de Artemis y salieron de la sala común para encaminarse a su castigo. Harry nunca se imaginaria lo que le esperaría aquella noche.
—¿Qué paso? —pregunto Artemis cuando Harry y Draco llegaron—. Tienen muy mala cara.
Draco se apresuro a tomar asiento pero Harry no podía estarse quieto. Se paseaba de un lado a otro y se apresuro a contar lo sucedido. Su castigo había tenido lugar en el bosque prohibido en compañía de Hagrid, para su alivio, pero tenían que buscara a un unicornio herido. Fueron separados en dos grupos, para su suerte ni Harry ni Draco tuvieron que ir con Smith, en cambio los acompaño Fang. Buscaron al unicornio en la seguridad del sendero que les indico Hagrid, hasta que se toparon con el unicornio muerto y un extraño que se alimentaba de él. Draco conto que grito a Harry para que escapara pero Harry se había quedado atrás.
—¿Por qué no te fuiste?—pregunto Artemis preocupada pero aliviada—¿Cómo es que estas vivo?
—Me paralice del miedo y mi cicatriz empezó a doler—respondió Harry—. Y luego llego un centauro llamado Firenze, él me salvo la vida. Aunque se supone que no debía ser así.
—¿De que hablas?
Harry les conto su encuentro con Bane y Ronan, otros centauros, que empezaron a discutir con Firenze luego de que lo rescato. Sobre algo que vieron en el cielo y que no podían oponerse a los designios de este. Pero lo importante fue lo que Firenze le dio luego de que dejaron a Bane y a Ronan.
—La sangre de unicornio, mantiene al que la ingiere con vida, incluso si estás al borde de la muerte, pero a un precio terrible—conto Harry—. Si uno mata algo puro e indefenso para salvarse a sí mismo, conseguirá media vida, una vida maldita, desde el momento en que la sangre toque sus labios.
—El hombre que estaba en el bosque…—dijo Draco con el miedo reflejado en su voz—. Fue él quien mato al unicornio.
—¿Quién estaría tan desesperado para cometer algo tan monstruoso? —dijo Artemis totalmente horrorizada.
—Eso es lo que le dije a Firenze—dijo Harry que había llegado a la peor parte—. Firenze sabia de la piedra filosofal, me lo dio a entender cuando me explico que esa persona tan desesperada viviría el tiempo suficiente para beber algo mas, algo que te de la vida eterna.
—¿Pero quien…?
—Voldemort—respondió Harry aún temblando por todo lo ocurrido—. Voldemort quiere la piedra y …Snape lo esta ayudando. Una vez que lo consiga se lo llevara a Voldemort que se oculta en el bosque…
—¡No, no, no! —dijo Artemis inmediatamente—. Él no haría algo así, él no apoyaría a ese ser despreciable…
—Recuerdan que dije que Firenze no debió salvarme—continuo Harry—. Bane estaba furioso... Hablaba de interferir en lo que los planetas dicen que sucederá... Deben decir que Voldemort ha vuelto... Bane piensa que Firenze debió dejar que Voldemort me matara. Supongo que eso también está escrito en las estrellas.
—Deja de decir su nombre—dijo Draco—. No puedes ir diciendo el nombre del Señor Tenebroso como si nada.
—Así que lo único que tengo que hacer es esperar que Snape robe la Piedra —continuó febrilmente Harry—. Entonces Voldemort podrá venir y terminar conmigo... Bueno, supongo que Bane estará contento.
—¿Que estupideces estas diciendo?—Artemis que lo tomo del brazo, estaba tan asustada que apenas podía controlar su voz—. ¿Acaso deseas morir? No estas pensado claramente… ¿Y Snape queriendo la piedra para el Señor Tenebroso? Eso es ridículo.
Harry no contesto. Artemis continuo, dando las palabras de consuelo.
—Harry, tu crees que el Señor Tenebroso vendrá aquí. Sin embargo, todos dicen que Dumbledore es al único al que el Señor Tenebroso siempre ha temido. Con Dumbledore por aquí, el Señor Tenebroso no te tocará. De todos modos, ¿quién puede decir que los centauros tienen razón? A mi madre jamás le gusto esa rama de la magia, siempre decía que era inexacta y solamente servía para confundir a uno.
El cielo ya estaba claro cuando terminaron de hablar. Se fueron a la cama agotados, con las gargantas secas. Aún así, Artemis no logro dormir. Había estado preocupada por el castigo de los chicos desde que se fueron, había tenido un mal presentimiento y casi había estado segura de que podría ocurrir; ¿no sabia explicarse aquella sensación? ¿seria una especie de déjà vu? No estaba segura de que fuera eso.
Había intentado averiguar un poco durante su búsqueda de Flamel y su única conclusión fue que tenia talento para la adivinación; cosa que Hermione creía ridícula, ya que no tenia una buena opinión de esa rama de la magia. Le había dicho que seguramente había estaba preocupada y veía cosas que no eran o que solo había pensado que podían ocurrir, que solo seria un déjà vu. Ovbiamente Hermione creeria eso, fue criada entre muggles, para ellos la definicion déjà vu tenia un significado diferente al de los magos; de hecho existia la creencia magica de que si tenias un déjà vu tenias talento para la adivinacion. Artemis nunca habia creido aquello hasta hace semanas.
Podía ver cosas, imágenes y hasta saber el desenlace, no en su totalidad pero si en su mayoría. Artemis podía hacer eso desde hace mucho tiempo, hasta ahora no le había gustado lo que había visto. De su bata saco el dibujo que había garabateado en un pedazo de papel aquella noche, una persona con un capucha de la cual no podía ver su rostro y con un liquido plateado a sus pies. Casi podía recodar lo que vio cuando empezó a dibujar a aquel encapuchado y, era exactamente como Harry lo había presenciado. Temblando Artemis rompió aquel dibujo, que simplemente traía recuerdos que había deseado borrar de su memoria; peor aún, no tenia un buen presentimiento de Harry, no sobre él… sino de su futuro.
Cualquier pensaría que poder ver o predecir cosas del futuro seria asombroso o un gran talento. Artemis tenia otra opinión, no deseaba aquel talento. No después de lo que presencio aquella noche, fue terrible y casi creyó que estaba durmiendo y era solo una pesadilla, pero había estado despierta. Tal vez había soñado despierta y entonces Harry conto lo que sucedió, probando que no era ni una pesadilla sino una visión lo que había visto.
Le había dicho a Harry que la adivinación era algo inexacta para tranquilizarlo, pero ella tenia sus dudas después de lo sucedido aquella noche sin contar sus otros presentimientos. Draco sosteniendo el cromo que resulto ser de Flamel, el reloj de Slytherin con los puntos perdidos y el huevo de dragón. Abrió el cajón donde tenia su bloc de dibujo y busco entre sus paginas hasta dar con el dibujo mas viejo. Se trataba de una roca de color rojo, había pensado que se trataba de una extraña joya que alguien deseaba con fervor, ahora esta estaba segura de que era la piedra filosofal. Si Harry se empeñaba en proteger la piedra tendría que enfrentarse a Voldemort que también la buscaba.
Habría alguna forma de evitar dicho encuentro.
Artemis nunca se había sentido tan aliviada hasta después de pasar sus exámenes. Los exámenes eran algo que la ponían nerviosa, incluso cuando sabia la respuesta tenia miedo de fallar.
El tiempo era caluroso, y mas en el aula donde hacían los exámenes escritos, les dieron plumas nuevas encantadas para que nadie hiciera trampa. También estaban los exámenes prácticos, Artemis había logrado al primer intento que su piña bailara claque. El profesor Flitwick la felicito e incluso le aplaudió. Con la profesora McGonagall tuvo que convertir un ratón en una caja de rapé, mientras esta la observaba. Y al final logro convertir la rata en una caja (sin bigotes, como a otros cajas de sus compañeros le salían), obteniendo puntos para su casa al ser la caja muy bonita y sin bigotes. El examen de pociones, el cual consistía en hacer una poción para olvidar, fue un alivio para Artemis, ya que sabía realizar dicha poción pero no dudo en repasar cada paso antes de realizarlo por si se equivocaba. Hermione había estado aún mas nerviosa que ella y al salir de cada examen siempre decía en voz alta todas las cosas que no debió estudiar, dado que nada de ello venia en el examen. Draco rebosaba de una arrogancia y seguridad, que dejaba claro que no esperaba mas que buenas notas. Harry no se quedaba atrás, la sonrisa sincera en su rostro aliviado dejaba ver que se había esforzado dando lo mejor de sí. Incluso Crabbe y Goyle parecían aliviados al salir de los exámenes.
—Esto ha sido mucho más fácil de lo que pensé —dijo Hermione, cuando se reunieron con los demás en el parque soleado—. No necesitaba haber estudiado el Código de Conducta de los Hombres Lobo de 1637 o el levantamiento de Elfrico el Vehemente.
El último examen había sido Historia de la Magia. Una hora respondiendo preguntas sobre viejos magos chiflados que habían inventado calderos que revolvían su contenido, y estarían libres, libres durante toda una maravillosa semana, hasta que recibieran los resultados de los exámenes. Cuando el fantasma del profesor Binns les dijo que dejaran sus plumas y enrollaran sus pergaminos, nadie había podido dejar de alegrarse.
—Vamos, Hermione. Tu siempre repasas de mas—dijo Draco—. No se por que te sorprendes, eres una cerebrito.
—No me llames cerebrito.
—Vamos, muchachos—dijo Artemis sonriendo—. Los exámenes han terminado, hay que disfrutar estos días libres que tenemos. ¿No lo crees, Nev?
Neville asintió.
—Solo me preocupa los resultados.
—Saldrás bien, Neville—dijo Hermione—. Nos preparamos bien para los exámenes.
—Estoy de acuerdo, Artemis—sonrió Draco—. Es hora de descansar. Sera bueno para ese cerebro que tienes, Hermione, un descanso no le vendría mal.
Hermione intento parecer molesta pero incluso a ella, le agradaba que los exámenes terminaran. Fueron hacia el lago, donde descansaron bajo la sombra de un árbol. Los gemelos Weasley y Lee Jordan se dedicaban a pinchar los tentáculos de un calamar gigante que tomaba el sol en la orilla. Joan acaba de ser aventada al agua por su primo, quien como karma también cayo al agua junto con ella. Ahora ambos, estaban en una pelea de agua.
—¿Qué ocurre, Harry? —dijo Draco recostándose en la hierba—. Deberías sonreír. Los examines terminaron.
Harry se frotaba la frente.
—¡Me gustaría saber qué significa esto! —estalló enfadado—. Mi cicatriz sigue doliéndome. Me ha sucedido antes, pero nunca tanto tiempo seguido como ahora.
—¿Te sientes mal, Harry?
—Ve a ver a la señora Pomfrey —sugirió Hermione.
—No estoy enfermo —dijo Harry—. Creo que es un aviso... significa que se acerca el peligro...
—Creo que ya te afecto el calor, Harry—dijo Artemis intentando reír sin conseguirlo. Ella también presentía que algo pasaría, muy pronto y no era algo muy bueno.
—¿Qué tipo de peligro podría a ver en hogwarts? —dijo Hermione a lo que Neville apoyo.
Ni ella ni Neville sabían de la piedra, ni de que Voldemort la quería conseguir. Y Harry que no había olvidado ese detalle, intento explicarse sin revelar nada que los pusiera en peligro o comprometiera a ambos. Explico que sentía una furtiva sensación de que se había olvidado de hacer algo, algo importante.
—Eso son los exámenes. Yo me desperté anoche y estuve a punto de mirar mis apuntes de Transformación, cuando me acordé de que ya habíamos hecho ese examen.
Draco elevo una ceja mientras observaba a Hermione. Realmente ella se tomaba muy enserio los estudios, aunque tal vez excesivamente. Aquello era una oportunidad abierta para que Draco la molestara, e iniciara su riñas de siempre hasta que se detuvieron y todos giraron para observar a Harry que se levanto.
—¿Adónde vas? —pregunto Draco confuso.
—Acabo de pensar en algo —dijo Harry. Se había puesto pálido—. Tenemos que ir a ver a Hagrid ahora.
—¿Por qué? —suspiró Hermione, levantándose.
—¿Harry, que ocurre? —pregunto Artemis.
—¿No os parece un poco raro —dijo Harry, subiendo por la colina cubierta de hierba— que lo que más deseara Hagrid fuera un dragón, y que de pronto aparezca un desconocido que casualmente tiene un huevo en el bolsillo? ¿Cuánta gente anda por ahí con huevos de dragón, que están prohibidos por las leyes de los magos? Qué suerte tuvo al encontrar a Hagrid, ¿verdad? ¿Por qué no se me ocurrió antes?
Artemis y Draco intercambiaron una mirada. Estaban empezando a comprender las palabras de Harry, durante los últimos días habían inspeccionado que Fluffy estuviera seguro en el tercer piso y anteriormente Draco había mencionado que no resultaría difícil engañar a Hagrid si un trio de niños de once años lo lograba. Si le añadíamos las palabras de Harry, había algo sospechoso y terrible en todo eso; solo habían una conclusión, una que los tres temían.
—¿A que te refieres? —pregunto Neville.
—¿Crees que Hagrid fue engañado o algo por el estilo?
Pero Hermione no tuvo respuestas, Harry se echo a correr y no tuvieron mas opción que seguirlo por los terreros que iban hacia el bosque.
Hagrid estaba sentado en un sillón, fuera de la casa, con los pantalones y las mangas de la camisa arremangados, y desgranaba guisantes en un gran recipiente.
—Hola —dijo sonriente—. ¿Habéis terminado los exámenes? ¿Tenéis tiempo para beber algo?
—Sí, por favor —dijo Neville, pero Harry lo interrumpió.
—No, tenemos prisa, Hagrid, pero tengo que preguntarte algo ¿Te acuerdas de la noche en que ganaste a Norberto? ¿Cómo era el desconocido con el que jugaste a las cartas?
—No lo sé —dijo Hagrid sin darle importancia—. No se quitó la capa.
Hagrid debió percatarse la forma en que Artemis, Harry y Draco lo miraron por que contesto:
—No es tan inusual, hay mucha gente rara en el Cabeza de Puerco, el bar de la aldea. Podría ser un traficante de dragones, ¿no? No llegué a verle la cara porque no se quitó la capucha.
Harry cayo cerca de los recipientes de los guisantes.
—¿De que hablaron, Hagrid? ¿mencionasteis a hogwarts?
—Puede ser —dijo Hagrid, con rostro ceñudo, tratando de recordar—. Sí…Me preguntó qué hacía y le dije que era guardabosques aquí… Me preguntó de qué tipo de animales me ocupaba... se lo expliqué... y le conté que siempre había querido tener un dragón… y luego… no puedo recordarlo bien, porque me invitó a muchas copas. Déjame ver… ah sí, me dijo que tenía el huevo de dragón y que podía jugarlo a las cartas si yo quería… pero que tenía que estar seguro de que iba a poder con él, no quería dejarlo en cualquier lado… Así que le dije que, después de Fluffy, un dragón era algo fácil.
Artemis sofoco un grito. Harry pareció mantenerla calma por que prosiguió con el interrogatorio hasta obtener la respuesta que menos deseaba.
—¡No debí decir eso! —estalló—. ¡Olvidad que lo dije! Eh... ¿adónde vais?
Harry, Draco y Artemis no hablaron hasta llegar al vestíbulo de entrada, que parecía frío y sombrío, después de haber estado en el parque. Hermione y Neville parecían confundidos y esperaban respuestas a su extraño comportamiento.
—Tenemos que ver a Dumbledore—dijo Harry—. Hagrid le dijo al desconocido todo lo que necesitaba. No fue difícil, después de emborrachar a Hagrid. Sólo espero que Dumbledore nos crea. Firenze nos respaldará, si Bane no lo detiene. ¿Dónde está el despacho de Dumbledore?
Artemis se sintió ofendida cuando Draco y Harry voltearon a verla.
—Esta bien—dijo—. Me metí en algunos problemas este año pero no fue para tanto. No llegue al punto de que me llevaran a la oficina del director.
—¿Alguno seria tan amable de explícanos que ocurre?
—Lo siento, Hermione, Neville—dijo Draco—. Si hubiera mas tiempo se los explicaríamos.
—Tendremos que…—empezó a decir Harry pero súbitamente una voz cruzó el vestíbulo.
—¿Qué estáis haciendo los cinco aquí dentro?
Era la profesora McGonagall, que llevaba muchos libros.
—Profesora, deseamos ver al profesor Dumbledore—dijo Draco, firme pero sin dejar de sonar amable.
—¿Ver al profesor Dumbledore? —repitió la profesora, como si pensara que era algo inverosímil—. ¿Por qué?
Se voltearon a ver, entre los tres. La profesora no había creído la historia del dragón así que nada aseguraba que creería su historia.
—Es algo secreto —dijo Harry, pero no fue la respuesta correcta, porque la profesora McGonagall se enfadó.
—El profesor Dumbledore se fue hace diez minutos — dijo con frialdad—. Recibió una lechuza urgente del ministro de Magia y salió volando para Londres de inmediato.
—¿Se fue? —preguntó Harry con aire desesperado—. ¿Ahora?
—El profesor Dumbledore es un gran mago, Potter, y tiene muchos compromisos...
—Pero esto es importante.
—¿Algo que tú tienes que decir es más importante que el ministro de Magia, Potter?
—Mire —dijo Harry dejando de lado toda precaución—, profesora, se trata de la Piedra Filosofal…
Fue evidente que la profesora McGonagall no esperaba aquello. Los libros que llevaba se deslizaron al suelo y no se molestó en recogerlos.
—¿Cómo es que sabes...? —farfulló.
—Profesora, creo... sé... que... que alguien va a tratar de robar la Piedra. Tengo que hablar con el profesor Dumbledore.
La profesora lo miró entre impresionada y suspicaz.
—El profesor Dumbledore regresará mañana —dijo finalmente—. No sé cómo habéis descubierto lo de la Piedra, pero quedaos tranquilos. Nadie puede robarla, está demasiado bien protegida.
—Pero profesora...
—Harry sé de lo que estoy hablando —dijo en tono cortante. Se inclinó y recogió sus libros—. Os sugiero que salgáis y disfrutéis del sol.
Pero no lo hicieron. Como Hermione y Neville parecían decididos a enterarse de la verdad, Harry empezó a contar brevemente lo que ocurría hasta que Artemis le dijo un codazo para que se callara.
Snape estaba allí.
—Buenas tardes —dijo amablemente.
Artemis y Draco fueron los únicos que le regresaron el saludo.
—No deberíais estar dentro en un día así —dijo con una rara sonrisa torcida.
—Aún seguimos preocupados por los exámenes—dijo Artemis intentado sonar convincente—. No estoy segura si ir a hablar con el profesor Flitwick por que creo que me salte una pregunta.
—El esta en la sala de profesores si deseas verlo—dijo Snape.
—Mejor no—dijo Artemis—. Sera mejor salir a afuera.
El asintió en respuesta y se dirigió a la sala de profesores, los cinco dieron media vuelta y se fueron a afuera. Cuando estuvieron en las escalera de piedra, Harry los miro y les dijo:
—Bueno, esto es lo que tenemos que hacer —susurró con prisa—. Uno de nosotros tiene que vigilar a Snape, esperar fuera de la sala de profesores y seguirlo si sale—miro a Artemis— eres la mejor para este trabajo.
—No me gusta mi parte del plan.
—Piénsalo, Art—le dijo Draco pasándole el brazo por le hombro—. Quien mejor que tu, eres su ahijada («Y tu eres su ahijado, Draco») y no sospechara que tramas algo, solo dile que cambiasteis de opinión y que estas esperando al profesor Flitwick.
—Esta bien—acepto Artemis—¿Qué harán ustedes dos?
—¿Y nosotros? —dijo Hermione—. Si alguien esta intentando robar en hogwarts, queremos ayudar.
Draco función el ceño.
—Es por eso que no les dijimos—dijo—. Para no involucrarlos. Ustedes no necesitan meterse en problemas por nuestra culpa.
—No lo haremos si decidimos hacerlo por nuestra cuenta—dijo Neville con valentía.
—Escoges los peores momentos para ser valiente Neville—dijo Draco que seguramente recordaba el episodio de Neville bajo el maleficio de las piernas unidas por culpa de Smith, a quien ni siquiera acuso por ello.
—Pueden ayudarle a Artemis a vigilar—dijo Harry—. Entre mas personas lo tenga vigilado será mejor. Draco y yo iremos a vigilar el tercer piso.
