Capitulo: Descubriendo al ladrón.
La parte del plan de Artemis, Hermione y Neville no empezó muy bien. Hermione podía ser muy inteligente pero no comprendió el significado de lo que tenían que hacer. Para Artemis había sido obvio que debían esconderse y mantenerlo vigilado, Hermione sin embargo se coloco frente a la puerta mientras ella se oculto en la entrada del viaducto que te llevaba al primer piso y también a las mazmorras. Neville había seguido a Hermione, y para cuando ambos se dieron cuenta de lo que ella tramaba, la puerta del salón de profesores se abrió.
Artemis espió por un pequeño espacio de la puerta. Snape estaba frente a Hermione y a Neville, que se mantenía rezagado mientras Hermione contestaba algo al profesor Snape que regreso al aula.
—¿Qué les dijo? —dijo Artemis saliendo del escondite.
—Va por el profesor Flitwick—dijo Hermione nerviosa—. Dije que quería hablar con él. Sera mejor que nos vayamos.
Sin ninguna palabra mas, entraron al escondite con ella. La puerta se había vuelto a abrir. Vio al profesor Flitwick salir, seguido de Snape y ambos miraron a todos lados en busca de la alumnos que habían desaparecido. El profesor Flitwick regreso a la sala de profesores pero Snape se dirigió a las mazmorras. No podían perderlo. Artemis hizo que la siguieran a través del camino que llevaba alas mazmorras, una vez ahí, buscaron y siguieron a Snape desde lejos.
—¿Qué pasa?—pregunto Neville cuando se detuvieron.
—Entro al aula de pociones—informo Artemis.
—¿Significa que nos quedaremos esperando aquí, hasta que salga de nuevo?
—No hay otra opción.
—Tal vez…—Artemis recorrió el camino hasta la entrada de la mazmorra sin hacer caso omiso a la protestas de Neville y Hermione. No sabia si había visto o no la muerte de Harry, pero de cualquier forma tendría que evitarla; y además, necesitaba averiguar de una vez por todas si era Snape quien estaba detrás de todo, aunque algo le decía que no era la persona de quien debían preocuparse. Entro en el aula y recorrió todo el camino hasta el despacho, no se preocupo por tocar, simplemente entro.—Necesito hablar contigo.
—Artemis—Snape estaba sentado frente a su escritorio—. ¿Qué ocurre?
—Lo se todo—dijo Artemis—. Todo.
—Lo lamento, pero no se a que te refieres.
—Se que Flamel le encargo a Dumbledore proteger la piedra filosofal—explico Artemis se enderezaba—. Se que esta escondida en el tercer piso, custodiada por Fluffy. Y quien la quiere robar. Así que no es necesario que finjas mas, solo quiero saber el por que.
Snape parecía sorprendido y enfadado.
—No se como te enterasteis—dijo levantándose de su silla, para rodear la mesa y quedar frente a frente—. Aunque no estoy muy sorprendido que descubrieras a ese perro infernal cuando Dumbledore prácticamente lo grito a los cuatro vientos en la ceremonia de bienvenida.
»Pero no me parece que te pusieras a investigar cosas que no tienen que preocuparte. Deberías estar mas enfocada en tus estudios o cualquier cosa menos peligrosa. Así que me harás el favor de olvidar esto para no meterte en problemas.
—Yo quiero saber el por que—Artemis se cruzo de brazos y lo reto con la mirada.
— ¿El por que? —Snape bufo ante su actitud—. No tenia caso decírtelo. Para que iba a decirte que en la escuela estaba oculta una reliquia que Dumbledore trajo a custodiar, si eso no interferiría en tu vida.
—No. No quiero saber por que no me contasteis eso—dijo Artemis—. Sino lo de la piedra…me refiero…
Snape alzo una ceja pero Artemis quedo muda. Las palabras no lograron salir de su boca. ¿Cómo decirle que creía que quería robar la piedra filosofal? No era algo tan fácil de decir a alguien al que estimabas y amabas mucho.
—Si te refieres a por que Dumbledore trajo la piedra al castillo—dijo Snape interpretando mal su silencio—. Se debe a que alguien quiere robar la piedra y el director creyó que estaría mas segura aquí que en Gringotts. Convenció a su buen amigo Nicholas Flamel, a quien me imagino ya investigasteis, y le convenció de dejarle a su cargo la reliquia.
Artemis negó e hizo un esfuerzo por decirle lo que creía. Seria difícil, dado que temía por la respuesta.
—Yo se quien es el ladrón—le miro significativamente, esperando a que comprendiera—. No trates de negarlo, por que descubrí la verdad y te vi con mis propios ojos…
Snape la tomo del brazo antes de revisar que nadie estuviera espiando. La expresión e su rostro no había sido la que espera, parecía preocupado mas que lucir apenado o sorprendido por ser descubierto.
—¿Quién mas lo sabe? —exigió con apremio—. ¿Artemis, quien mas lo sabe?
—Nadie. Solo yo.
No podía poner en peligro a Harry ni a Draco.
—Si no estuviera tan preocupado por tu vida, estaría muy enojado por lo que has hecho…
—Solo he descubierto la verdad.
—Ahora que el director no esta—Snape prosiguió sin hacerle caso—. No es seguro que andes por ahí. No sabes lo que has hecho, Artemis, no lo sabes… Lo que me faltaba, a parte de vigilar a ese mequetrefe tengo que preocuparme por ti.
—¿De que estas hablando?
—No lo entiendes, Artemis— Snape la tomo de los hombros—. Si has descubierto lo mismo que yo, entonces no es seguro que andes por el castillo como si nada. No te das cuentas que si él se entera, podría considerarte una amenaza para sus planes. A buena hora el director se desaparece.
—¿Pero que..?
—Te iras a la sala común y ahí te quedaras, mas te vale no salir de ahí—Snape abrió la puerta y casi al arrastro a las escaleras—. Si te llego a ver rondando por el castillo, yo mismo te encerrare en una mazmorra.
La mente de Artemis era un revoltijo, pero aún así logro farfullar una queja:
—¡No puedo estar encerrada en la sala común!
—Puedes y lo harás, hasta que yo diga que es seguro, ahí te quedaras. Y estoy seguro que tus amigos harán lo mismo.
—¡Espera!—Artemis se libro de su agarre—. No entiendo…se suponía que tu…tu no eres…tu herida, el bosque…
Unos pasos se empezaron acercar sin dejarle tiempo de decir algo mas. Flint apareció seguido un par de amigos que jugaban en el equipo de quidditch. Snape los detuvo, para darles una simple tarea antes de retirarse. Artemis se vio obligada a ir a la sala común, siendo escoltada por uno de los grupos mas detestable de Slytherin. Marcus Flint no era alguien amigable, era sabido por todos de su mal carácter y su gran arrogancia, además de que discriminaba mucho a las mujeres cuando estas parecían algo mas interesadas en cosas de chicos, como el quidditch. Artemis no sabia por que tenia tan alto autoestima, no era el mejor jugador de quidditch ni el mas guapo. Flint tenía dientes grandes, ojos grises, y pelo grueso y negro. La mayoria hacia burla de su aspecto a su espaldas, comparandolo con un trol. Sus amigos no eran tan diferentes de él, solo que Flint por ser mas feo y mas grande de todos, era el líder.
—Mira, niña—Flint la detuvo en la entrada de la sala común—. No se que hayas hecho ni me interesa. El profesor Snape me ordeno que no salieras de la sala común pero yo no tengo tiempo de ser niñera.
Sus amigos rieron ante eso, como si fuera algo tan gracioso.
—Así que mas te vale no meterme en problemas o te las veraz conmigo. Se que harás lo que mas te convenga.
—Mira, Flint. Deberías preocuparte en la forma en que te diriges a mi, estoy segura que hasta un trol puede llegar a ser cordial si se lo propone—dijo Artemis alzando la cabeza de forma altiva—. Así que mas te vale no meterte conmigo o te las veraz con Snape. Se que harás lo que mas te convenga.
Dicho eso, se dio la vuelta y accedió al pasaje de la entrada.
—¿Qué haces aquí? —pregunto Harry cuando la vio acercarse hasta ellos.
—¿Qué hacen ustedes aquí?—replico Artemis—. No debían estar en el tercer piso.
—McGonagall llego casi después de nosotros y nos amenazo con quitarnos mas puntos si llegaba a vernos de nuevo—dijo Draco—. Si, nos quito cincuenta puntos.
—No de nuevo—dijo Artemis sentándose en el suelo.
—Lo se—dijo Draco con amargura—. Ni siquiera el segundo lugar lograremos alcanzar. Al menos no vamos en el ultimo lugar como Hufflepuff.
—¿Y a ti, que te paso? —pregunto Harry sentándose junto a ella—. ¿Qué ocurrió con Neville y Hermione?
Artemis conto rápidamente lo sucedido con su parte del plan, tratando de explicarse lo mejor posible sin omitir detalle alguno. Especialmente cuando llego a la parte en donde ella entraba al despacho de Snape para encararlo, diciéndole que había descubierto todo pero no había sido como ella esperaba.
—Y entonces me envió aquí por que estaba muy preocupado por que algo me pasara—susurro Artemis—. Incluso me amenazo con encerrarme en una mazmorra si me veía fuera de la sala común. La amenaza también los incluye a ustedes dos, por que no creyó que yo fuera la única que sabia aquello.
»Estaba muy preocupado y creo que enojado, pero fue muy claro. Ahora que sabíamos la verdad, teníamos que estar alerta por que podríamos resultar una amenaza para él. No me refiero a Snape, sino, quiero decir que Snape hablaba de alguien mas. Por su forma de hablar, era obvio que no era el ladrón, pero que lo había descubierto.
—¿Te dijo quien era?
—No. No logre llegar a preguntarle eso, todo paso tan rápido y luego Flint llego, y Snape le ordeno que me escoltara hasta aquí sin dejarme salir… Me imagino que Hermione y Neville vieron lo ocurrido y se fueron a su sala común, ya no había nada mas que hacer.
Draco compartió una sonrisa con Artemis, como si aquellas palabras fueran las que habían estado esperando por mucho tiempo.
—Siempre supe que Snape no podía ser el ladrón—dijo Draco sonriendo altivamente.
Artemis negó con la cabeza antes de mirar a Harry.
—No podemos hacer nada, Harry—dijo— McGonagall ni siquiera medito lo que le dijimos, confía en que la piedra este segura y Snape no quiere que nos involucremos en esto. Y no tenemos idea de quien quiere robar la piedra.
—Bueno, no queda otro remedio, ¿verdad?
Tanto Draco como Artemis se giraron hacia él con el asombro en su cara. Estaba pálido y los ojos le brillaban.
—Iré esta noche y trataré de llegar antes y conseguir la Piedra.
—¡Estas demente!
—Snape nos prohibió salir de aquí—susurro Artemis—. Te arriesgas a que te expulsen.
—¿Y qué? —casi gritó Harry—. ¿No comprendéis? ¡Si el ladrón consigue la Piedra, es la vuelta de Voldemort! ¿No habéis oído cómo eran las cosas cuando él trataba de apoderarse de todo? ¡Ya no habrá ningún colegio para que nos expulsen! ¡Lo destruirá o lo convertirá en un colegio para las Artes Oscuras! ¿No os dais cuenta de que perder puntos ya no importa? ¿Creéis que él dejará que vosotros y vuestras familias estéis tranquilos, si Slytherin gana la copa de la casa? Si me atrapan antes de que consiga la Piedra, bueno, tendré que volver con los Dursley y esperar a que Voldemort me encuentre allí. Será sólo morir un poquito más tarde de lo que debería haber muerto, porque nunca me pasaré al lado tenebroso. Voy a entrar por esa trampilla, esta noche, y nada de lo que digáis me detendrá. Voldemort mató a mis padres, ¿lo recordáis?
Los miró con furia.
—Tienes razón—dijo Artemis, casi sin voz—. No hay que permitir que el Señor Tenebroso regrese.
—Voy a llevarme la capa—dijo Harry—. Es una suerte que Filch no me la quitara.
Draco hizo un gesto a Artemis para que se mantuviera callada.
—Deberías arreglar todo de una vez, Harry—dijo—. Ahora que no debe a ver nadie en la habitación.
Harry asintió, se retiro sin decir una palabras. Antes de ingresar a las escaleras hacia los dormitorios, se giro y vio a Draco y Artemis conversando, habían preocupación en los rostros de ambos. Harry se pregunto si discutirían sobre su posible muerte o lo que le esperaría del otro lado de la trampilla. Tal vez seria mejor no pensar mucho en eso hasta llegado el momento.
Harry nunca había sentido que el tiempo pasara tan lento como aquel día. Esperando a que la noche cayera y que todo el mundo se fuera a dormir; había estado todo el día encerrado en la sala común. El profesor Snape no había bromeado cuando le dijo a Artemis que no tenia permitido salir de la sala común tanto ella como Draco y el mismo Harry. Los elfos domésticos les habían servido la cena en los escritorios que habían en la sala, Harry había disfrutado mucho la que podría ser su ultima cena; Draco y Artemis estuvieron con él hasta que el ultimo alumno se fue.
—Es la hora—dijo Harry interrumpiendo a sus amigos que estaban a mitad de un partido de ajedrez.
—Estaba a punto de ganarle—se quejo Draco.
—No, ya no—dijo Artemis tirando todas las piezas del tablero.
Harry se retiro a su habitación, saco la capa y la flauta del cajón, no tenía animos de ponerse a cantar para adormecer a Fluffy. Regreso a la sala común, dispuesto a despedirse de sus amigos cuando Draco dijo:
—¿Nos cubrirá a los tres?
—¿De que hablas? —le pregunto Harry.
—No creerías que te dejaríamos ir solo, ¿verdad?—dijo Artemis alzando una ceja.
—Una estupidez que pienses así, Potter—dijo Draco frunciendo el ceño, cómo si hubiera decidido algo importante—. Así solo lograras pasar a Fluffy antes de quedarte atascado en alguna trampa de McGonagall o Snape.
—Creo que ambos han olvidado algo—dijo Harry—. Si nos atrapan, también os expulsaran a vosotros.
—¿Qué lo intenten? —dijo Artemis con una mirada retadora—. Snape no permitirá que me expulsen, encontrara una forma de librarme de una expulsión.
—Mi padre es alguien influyente—dijo Draco sonriendo arrogante—. Se molestara conmigo pero no permitirá que me expulsen. Unas cuantas palabras al ministro de Magia y me quedo en hogwarts. También podría lograr para que ustedes se queden sin problemas.
Harry no deseaba arrastrarlo consiguió, pero no pudo evitar alegrarse de que desearan acompañarlo.
—No lograre que cambien de opinión ¿verdad?
—No creerás que estudiamos esos encantamientos y maldiciones durante la tarde solo para que tu estuvieras preparado—dijo Artemis.
—Eso es un no—dijo Draco.
Se colocaron la capa, asegurándose que no quedara nada a la vista y salieron por el pasaje de la entrada. No tuvieron problemas para salir ni en el camino hasta que estaban llegando a las escaleras del tercer piso. Peeves esta aflojando la alfombra, una de sus travesuras favoritas, aunque los alerto fue que Peeves se diera cuenta de su presencia a pesar de ser invisibles. E incluso los amenazo con llamar a Filch sino se revelaban. Una loca idea vino a la mente de Harry.
—Peeves —dijo en un ronco susurró—, el Barón Sanguinario tiene sus propias razones para ser invisible.
Peeves casi se cayó del aire de la impresión. Se sostuvo a tiempo y quedó a unos centímetros de la escalera. Tanto Draco como Artemis no pudieron evitar abrir la boca de sorpresa.
—Lo siento mucho, sanguinaria señoría—dijo en tono meloso—. Fue por mi culpa, ha sido una equivocación… no lo vi… por supuesto que no, usted es invisible, perdone al viejo Peeves por su broma, señor.
—Tengo asuntos aquí, Peeves —gruñó Harry—. Mantente lejos de este lugar esta noche.
—Lo haré, señoría, desde luego que lo haré —dijo Peeves, elevándose otra vez en el aire—. Espero que los asuntos del señor Barón salgan a pedir de boca, yo no lo molestaré.
Y desapareció.
—Eso sin duda ha sido la mejor idea que has tenido, Harry.
—Totalmente fantástico—le susurro Artemis
Cuando llegaron a sus destino, encontraron la puerta entreabierta.
—Al parecer el ladrón o Voldemort se nos ha adelantado—dijo Harry.
Ver la puerta abierta les hizo tomar plena conciencia de aquello a lo que tenían que enfrentarse. Por debajo de la capa, Harry se volvió hacia los otros dos.
—¿Seguros que quieren continuar? No os reprochare nada si quieren regresar—les dijo Harry.
Por las caras de sus amigos supo la respuesta, ellos no darían marcha atrás. Cuando abrieron la puerta que crujió, oyeron unos gruñidos. Los tres hocicos del perro olfateaban en dirección a ellos, aunque no podía verlos.
—Creo que hay algo entre sus pies…
—Si, lo hay. Creo que es un arpa —dijo Draco—. Deben de haberla dejado ahí.
—Debe despertarse en el momento en que se deja de tocar—dijo Harry—. Bueno, empecemos…
Se llevó a los labios la flauta de Hagrid y sopló. No era exactamente una melodía, pero desde la primera nota los ojos de la bestia comenzaron a cerrarse. Harry casi ni respiraba. Poco a poco, los gruñidos se fueron apagando, se balanceó, cayó de rodillas y luego se derrumbó en el suelo, profundamente dormido.
—¿Eh, Art?¿que tanto miras?
—Na-nada—dijo Artemis—. ¿Y la trampilla?
—Por ahí —dijo Draco, espiando por encima del lomo del perro. Titubeando se acerco a la trampilla, con cuidado de no tocar las patas de Fluffy. Una vez que llego, abrió la trampilla y observo el interior.
—No se ve nada.
Harry se acerco aún tocando la flauta, Artemis se agacho junto a Draco y él miro sobre sus hombros. Era cierto, no se lograba ver nada dentro de la trampilla. Todo era oscuridad. Artemis saco su varita y pronuncio un hechizo que hizo que de la punta de su varita iluminara una potente luz blanca.
—Parece que hay terreno firme—dijo Artemis.
Harry trato de llamar su atención y cuando lo logro, le indico que quería que ocupara su lugar y le paso rápidamente la flauta. Había una gran diferencia entre lo que el toco y lo que ella tocaba, no eran notas al azar, era una melodía muy alegre.
—¿Quieres que vaya primero? —dijo a Draco.
—No te apresures, Harry. No sabes que hay abajo.
—No podemos perder tiempo.
—Y tampoco es necesario arriesgar la vida.
—Pero no podemos permitir que roben la piedra.
En aquel momento algo lo golpeo en la espalda, era Artemis que parecía tener una idea, dejo un momento de tocar la flauta y murmuro:
—Cuerda.
Fluffy se movió por uno segundos antes de volver a caer dormido ante la melodía que Artemis siguió tocando. Harry y Draco le sonrieron ante su idea, antes de que Draco pusiera en practica el hechizo tuvo que concentrarse para lograr aparecer una cuerda lo suficiente larga para bajar por ella. Sujetaron un extremo a la puerta por temor a que la trampilla se cerrara por el peso, Harry fue el primero en bajar por la cuerda y cuando llego al final de la cuerda tuvo que soltarse y saltar lo que faltaba.
—Es seguro—grito Harry—. Tienen que saltar el ultimo tramo, pero no se preocupes hay algo que amortigua la caída.
Draco no tardo en unírsele cayendo a un costado de él. Unos minutos después la melodía que tocaba Artemis se detuvo para luego oír los gruñidos de Fluffy que había despertado. Luego se escucharon un grito seguidos de un ruido suave y extraño.
—¿Estas bien? —pregunto Harry.
—¿Qué paso?
—Me parece que Fluffy rompió la cuerda—dijo Artemis—. Pero estoy bien, mi caída fue amortiguada por esta planta.
—Debemos de estar a kilómetros debajo del colegio—dijo Harry con sus ojos acostumbrados a la penumbra. Le hubiera encantado poder conjurar el hechizo que Artemis habían hecho, pero Harry recordaba perfectamente que su varita parecía un aparato defectuoso echando chispas cuando conjuraba el hechizo. Necesitaba practicar y aquel no era el momento.
—¿Qué tipo de planta es esta? —pregunto Draco dando unos sordos golpes.
—Con un poco de luz podremos…
—¿Qué ocurre?
Un momentos después Artemis y Draco estaban luchando contra la planta que empezó a extenderse como una serpiente para sujetarle las piernas, mientras tanto Harry ya tenia las piernas totalmente cubiertas, sin que se hubiera dado cuenta. Sin importar cuanto lucharan por librarse, la planta los envolvía cada vez mas rápido.
—¡Lazo del diablo! —grito Artemis animada dejando de luchar.
—De que me sirve el nombre—gruño Draco—, si estamos siendo atacados por una estúpida planta.
—¡Solo dejen de moverse y será mas fácil ayudarlos!
—Por que no estas en mi lugar dices eso—gruño Draco, tratando de evitar que la planta trepara por su cuello—. ¡Vamos a morir! ¡Vamos a morir! … ¡Voy a morir!
—Yo de verdad agradecería que te apresuraras, Artemis, casi no puedo respirar—jadeó Harry, mientras la planta le oprimía el pecho.
Unos pequeños destellos de luz llegaron a los ojos de Harry, observo como Artemis atrapada por la planta hasta los hombros se libraba con facilidad de los agarres mientras una luz brillaba a través de la planta. Un minuto después la planta se aparto de ella que alzo la varita en dirección a ellos gritando.
—¡Lumos máxima!
Harry tuvo que cerrar los ojos ante la intensidad de la luz, cuando esta se extinguió se dio cuenta que estaba libres de las ataduras que oprimían su pecho. Harry se giro a Artemis, y a pesar de la penumbra que los cubría podía ver una sonrisa ladina en su rostro.
—Me alegro de que hayas aprendido bien Herbología, Artemis —dijo Harry, mientras se acercaba a la pared, secándose el sudor de la cara.
—¡Estoy vivo! Ya sabia que no había nada que temer.
—Oh, cállate—dijo Artemis—. Es una suerte que Harry no pierda la cabeza igual que tu, Draco.
—Hey, vengan—dijo Harry, señalando un pasadizo de piedra que era el único camino.
Sin perder mas tiempo se pusieron en movimiento, podían oír sus pasos, pero cuando llegaron al final del camino se encontraron con un extraño ruido, como un tintineo. Había una habitación, estaba iluminada pero llena de pajaritos brillantes que volaban por toda la habitación. Del otro lado se encontraba una puerta.
—¿Creen que si intentamos atravesar la habitación para llegar a la puerta, esas cosas no atacaran?
—Creo que es probable—le dijo Harry—. Aunque no parecen muy temibles…pero si se abalanzaran todos juntos, me imagino…No hay otra opción, voy a correr.
Respiró profundamente, se cubrió la cara con los brazos y cruzó corriendo la habitación. Esperaba sentir picos agudos y garras desgarrando su cuerpo, pero no sucedió nada. Alcanzó la puerta sin que lo tocaran. Movió la manija, pero estaba cerrada con llave.
Los otros dos lo imitaron. Tiraron y empujaron, pero la puerta no se movía, ni siquiera cuando Artemis probó con su hechizo de Alohomora.
—¿Y ahora que?
—Si la planta no estaba simplemente para amortiguar nuestra caída, estas pájaros tampoco están de adornos—señalo Draco.
Observaron los pájaros, que volaban sobre sus cabezas, brillando... ¿Brillando?
—¡No son pájaros! —dijo de pronto Harry—. ¡Son llaves! Llaves aladas, mirad bien. Entonces eso debe significar... —Miró alrededor de la habitación, mientras los otros observaban la bandada de llaves—. Sí... mirad ahí. ¡Escobas! ¡Tenemos que conseguir la llave de la puerta!
—¡Pero hay cientos de llaves!
Draco examino las llaves aladas.
—Quien sea que paso por aquí debió atrapar la llave—dijo—. De ser así no debe volar bien, es imposible atrapar una de estas llaves sin lastimarles aunque sea un ala.
Cada uno cogió una escoba y de una patada estuvieron
en el aire, remontándose entre la nube de llaves. Buscando entre las llaves hechizadas alguna que estuviera lastimada, pero era un poco difícil dado que todas se apartaban volando muy rápido.
Harry se sorprendió de el gran don que tenia para detectar cosas que la otra gente no veía. Después de unos minutos moviéndose entre el remolino de plumas de todos los colores, detectó una gran llave de plata, con un ala torcida, como si ya la hubieran atrapado y la hubieran introducido con brusquedad en la cerradura.
—¡Es ésa! —gritó a los otros—. Esa grande… allí… exactamente allí...
—La veo, tiene alas azul brillante y las plumas aplastadas por un lado.
—¡Tenemos que encerrarla! —gritó Harry, sin quitar los ojos de la llave con el ala estropeada—. Draco, ven desde arriba, Artemis, quédate abajo y no la dejes descender. Yo trataré de atraparla. Bien: ¡AHORA!
Draco se lanzó en picado, Artemis subió en vertical, la llave apenas logro esquivar a ambos, y Harry se lanzó tras ella. Iban a toda velocidad hacia la pared, Harry se inclinó hacia delante y, con un ruido desagradable, la aplastó contra la piedra con una sola mano. Los vivas de Draco y Artemis retumbaron por la habitación.
Aterrizaron rápidamente y Harry corrió a la puerta, con la llave retorciéndose en su mano. La metió en la cerradura y le dio la vuelta... Funcionaba. En el momento en que se abrió la cerradura, la llave salió volando otra vez, con aspecto de derrotada, pues ya la habían atrapado dos veces.
—¿Listos? —preguntó Harry a sus amigos, con la mano en la manija de la puerta. Asintieron. Abrió la puerta.
El lugar que los esperaba era oscuro, pero en cuanto ellos entraron la habitación se ilumino de repente. Un gran tablero de ajedrez ocupaba toda la habitación y ellos estaban en el bode; las piezas blancas estaban al otro lado de ellos pero sin rostro y las negras de sus lado. Draco enseguida supo lo que debían hacer, tenían que jugar para seguir su camino.
—¿Es como el ajedrez mágico?
—Puede ser—contestó Draco— pero me parece que tendremos que ser piezas.
Se acercó a un caballero negro y levantó la mano para tocar el caballo. De inmediato, la piedra cobró vida. El caballo dio una patada en el suelo y el caballero se levantó la visera del casco, para mirar al rubio.
—¿Tenemos que… unirnos a ustedes para poder cruzar?
El caballero asintió.
—Tenemos que terminar con esto rápidamente—susurro Draco tan bajo para que solo ellos escucharan—. No podemos perder tiempo jugando, tratare de abrir un camino y cuando de la señal todo saldremos corriendo.
Harry y Artemis apoyaron la idea.
—Bien, Harry. Tu serás un alfil, Art serás una torre.
—¿Tu que serás?
—El otro alfil.
Las piezas que Draco había dicho que ocuparían, cobraron vida y dejaron el lugar libre para ellos. Todos tomaron posiciones, mientras las piezas blancas empezaban a jugar. Draco lo estaba haciendo muy bien, sacrificaba de vez en cuando a algunos de los suyos para dejar el camino libre a algunos de sus amigos. Las piezas blanca no mostraban nada de compasión. Y se dieron cuenta cuando uno de los caballos fue capturado y la reina blanca lo golpeó contra el tablero y lo arrastró hacia fuera, donde se quedó inmóvil, bocabajo. Aún así era fantástico ver a Draco manipular al enemigo de forma que este abría un camino en zig zag para ellos, de vez en cuando Artemis le sugería algunos movimientos pero Harry se había mantenido callado observando el juego avanzar. Cuando Draco se movió en cuatro pasos en diagonal hacia ellos, Harry supo que era la hora de correr al ver a Draco sacando la varita a escondidas.
—¡Ahora, corred!
Siguieron a Draco corriendo por el camino que el enemigo había abierto, que tardo en reaccionar al no esperarse una treta como aquella. A pesar de los hechizos que les lanzaron a las piezas, estas no se detenían por nada con tal de capturarlos o asesinarlos de un solo golpe aunque Artemis estaba haciendo un buen trabajo para alentarlos. Harry tuvo que tirarse al piso mas de una vez antes de seguir corriendo, para atravesar el tablero sin ser golpeado por ninguna pieza, y cuando estaba llegando al final una de las piezas casi lo golpea de no ser por Artemis quien lo aparto a tiempo de un empujón. Harry había logrado salir del tablero y llegar a la puerta, pero Artemis no había tenido la misma suerte.
Cuando Harry volteo, encontró a Artemis tirada en el piso, con un poco de sangre que recorría su cabeza. Cuando lo había apartado del camino fue ella quien recibido el golpe de la pieza por él, y Harry no se había dado cuenta que Artemis había caído. Draco estaba a punto de regresar cuando Artemis grito con todas sus fuerzas:
—¡Corran, tontos!
Su voz se desvaneció, mientras sus parpados caían y una de las piezas las arrastraba por el tablero para llevarla junto a las otras piezas que habían destruido.
—¡Vámonos! —dijo a Draco tirándole de la camisa hasta hacerlo cruzar la puerta que cerraron al cruzar. Observaron la puerta durante un largo rato e intentaron escuchar pero del otro lado solo había silencio.
—¿Tu crees que ella…?
—Estará bien—dijo Harry, intentando convencerse—. ¿Qué crees que nos queda?
—Lo mas seguro es que lo primero que pasamos fue de Sprout, tiene que ver con Herbología; probablemente las llaves sean del profesor Flitwick, que debió encantarlas y el juego de ajedrez de McGonagall. Lo que sigue es de Snape o Quirrell.
—¿Todo bien?
—Algo así, sigamos adelante.
Subieron por el siguiente pasadizo hasta llegar a otra puerta. Al atravesarla un terrible olor invadió sus fosas nasales, haciendo que se taparan las narices con la túnica. Con ojos que lagrimeaban debido al olor, vieron, aplastado en el suelo frente a ellos, un trol más grande que el que habían derribado, inconsciente y con un bulto sangrante en la cabeza.
—Me alegro de que no tengamos que pelear con éste —susurró Harry, mientras pasaban con cuidado sobre una de las enormes piernas—. Vamos, no puedo respirar.
Abrió la próxima puerta, los dos casi sin atreverse a ver lo que seguía... Pero no había nada terrorífico allí, Sólo una mesa con siete botellas de diferente tamaño puestas en fila.
—Snape —dijo Harry—. ¿Qué tenemos que hacer?
Pasaron el umbral y de inmediato un fuego se encendió detrás de ellos. No era un fuego común, era púrpura. Al mismo tiempo, llamas negras se encendieron delante. Estaban atrapados.
Draco encontró un papel en la mesa, que leyó en voz alta:
El peligro yace ante ti, mientras la seguridad está detrás,
dos queremos ayudarte, cualquiera que encuentres, una entre nosotras siete te dejará adelantarte, otra llevará al que lo beba para atrás, dos contienen sólo vino de ortiga,tres son mortales, esperando escondidos en la fila.
Elige, a menos que quieras quedarte para siempre, para ayudarte en tu elección, te damos cuatroclaves:
Primera, por más astucia que tenga el veneno para ocultarse siempre encontrarás alguno al lado izquierdo del vino de ortiga;
Segunda, son diferentes las que están en los extremos, pero si quieres moverte hacia delante, ninguna es tu amiga;
Tercera, como claramente ves, todas tenemos tamaños diferentes: Ni el enano ni el gigante guardan la muerte en su interior;
Cuarta, la segunda a la izquierda y la segunda a la derecha son gemelas una vez que las pruebes, aunque a primera vista sean diferentes.
Draco dejó escapar una maldición y Harry no se sorprendido, seguramente se había dado cuenta de que se quedarían atascados ahí.
—Si esta es su forma de proteger la piedra filosofal, no hacen un buen trabajo—dijo Draco sin mucho animo—. Una llave voladora, un juego de ajedrez y ahora esto… lo único decente fue el Trol, al que por suerte no tuvimos que enfrentar.
—¿A que te refieres?
—¡Por las barbas de Merlín, Harry! —exclamo Draco—. Esto es solo un acertijo, uno tan pobre que hasta nosotros podríamos resolverlo. Y yo que creía que el profesor Snape, nos pondría en un difícil aprieto…
Harry se sintió avergonzado por que a decir verdad, el no veía las cosas como Draco; el acertijo para él había sido muy confuso.
—¿Puedes resolverlo?
—Por supuesto que si, aunque esto sea un insulto a mis habilidades—dijo Draco. Releyó el acertijo una y otra vez al mismo tiempo que señalaba las botellas, hasta que se detuvo sonriendo con altivez.— Esta es nuestra solución.
Tomo la botella mas pequeña.
—Pero solo hay un trago para uno de nosotros.
Se miraron.
—¿Cuál es la que nos hará volver?
—Esa de ahí.
Señalo la botella redonda del extremo derecho de la fila.
—Tu bebe de esa… No, tu volverás y buscaras a Artemis, cojan las escobas, con ellas podrán salir sin ser vistos por Fluffy. Una vez que salgan, vayan a la lechucería a avisar al profesor Dumbledore sobre esto. No se si pueda detenerlo.
—¿Y si esta el Señor Tenebroso?
—Pues, tuve suerte una vez ¿no? —dijo Harry señalando su cicatriz—. Puede que la tenga otra vez.
—Una cicatriz basta, no hay necesidad de ser mas famoso—dijo Draco agitando las manos—. Hazme un favor y no mueras. Suerte amigo.
Le tendió la mano, que Harry no dudo en aceptar.
—Pase lo que pase, ha sido un placer conocerte, Harry. A pesar de todos los problemas que acarrea esta amistad…lo digo en un buen sentido.
—Lo mismo digo, Draco.
—Bebe primero —dijo Harry—. Estás seguro de cuál es cuál, ¿no?
—Me ofendes, estoy absolutamente seguro—dijo Draco—. Y si me equivoco…
Se tomo de un trago el contenido de la botellita redonda y se estremeció.
—No es veneno ¿verdad?
—No, pero parece hielo.
—Rápido…vete, antes de que el efecto termine.
—Suerte, Harry y ten cuidado.
Draco se giro y atravesó las llamas purpuras. Harry respiró profundamente y cogió la más pequeña de las botellas. Se enfrentó a las llamas negras.
—Allá voy —dijo, y se bebió el contenido de un trago.
Era realmente como si tragara hielo. Dejó la botella y fue hacia delante. Se dio ánimo al ver que las llamas negras lamían su cuerpo pero no lo quemaban. Durante un momento no pudo ver más que fuego oscuro. Luego se encontró al otro lado, en la última habitación.
Ya había alguien allí. Pero era la persona que menos esperaba.
Era Quirrell.
—¡Vamos, Art! Reacciona, por favor.
La joven se removió hasta que por fin abrió los ojos dejando escapar una exclamación.
—Mi cabeza…¿qué paso?
—Te lo contare después—Draco la ayudo a levantarse y salieron de aquella habitación sin ser molestados por las piezas de ajedrez.
—¿Y Harry?
—No pude continuar con él, debemos ir a avisar a Dumbledore y a todos los demás maestros. Harry no podrá solo.
Lo mas rápido que pudieron regresaron por el camino que había llegado, con las escobas en la mano para poder salir de aquel lugar.
—Primero veré que el camino este despejado y luego atravesaremos juntos la trampilla. No nos detendremos—dijo Draco.
Artemis asintió. Draco se elevo primero y una vez que le dio la señal con su varita que lanzo rayos verdes; Artemis se dispuso a seguirlo, se inclino sobre su escoba y luego tomo impulso y se lanzo hacia arriba como rayo. Atravesaron la trampilla juntos y la habitación donde estaba Fluffy, Draco quien iba a la cabeza simplemente empujo la puerta sin detenerse. El problema fue al bajar de las escobas, tuvieron que detenerse precipitadamente para no estrellarse contra la pared.
—Auch—jadeo Artemis, llevándose la mano al tobillo.
—¿Estas bien?
—Es el tobillo… No, no te detengas por mi. Corre a dar el aviso, Harry necesita ayuda.
—Volveré por ti.
Draco se alejo corriendo escaleras abajo, en busca del profesor Snape pero en su lugar tropezó con la personas menos inesperada en el vestíbulo. Era Dumbledore.
—Harry se fue a buscarlo, ¿no?
Sin dirigirle otra mirada al muchacho, el director subió los escalerones al rescate de Harry. El profesor Snape y la profesora McGonagall no tardaron en encontrar Draco, debió a los gritos que había dado pidiendo ayuda. Draco fue enviado a la enfermería donde mas tarde Artemis se unaria en compañía de la profesora McGonagall, quien les dirigió a ambos una mirada reprobatoria mientras la señora Pomfrey revisaba que estuvieran bien. Draco solo tenia un par de raspadas pero Artemis tenia un herida en la frente y un tobillo roto.
Dumbledore llego con Snape y un inconsciente Harry mas tarde, le dejaron en una de las camas donde permaneció inmóvil y dormido.
—Ahora, me pueden explicar que hacían ustedes dos despiertos—dijo Snape mirándolos con el ceño fruncido.
—Es lo mismo que deseo saber yo—dijo McGonagall—. Recuerdo haberles dicho que se alejaran del tercer piso.
—De hecho, solo se lo dijo a Harry y a Draco—comento Artemis antes de desviar la mirada al suelo para evitar la mirada severa de la profesora.
—¿Y bien?
Los dos se miraron.
—Es una larga historia, profesora—dijo Draco—. Y a decir verdad, es culpa de ustedes.
Draco apresuro a explicarse.
—Si nos hubiera creído, profesora, cuando le dijimos que había alguien quien intentaría robar en hogwarts, nunca nos hubiéramos visto en la necesidad de ir a hacer su trabajo—su voz era firme y educada—. El profesor Snape aunque nos creyó, nos amenazo con no hacer nada por que seguramente como usted, profesora, estaba seguro que la piedra filosofal estaría segura.
—Error—dijo Artemis—. Con el profesor Dumbledore fuera, era la oportunidad perfecta para atacar y robar la piedra. Harry estaba seguro de eso, y decidió ir a detener al ladrón o al Señor Tenebroso. Y deben de saber que es él quien deseaba la piedra en primer lugar y tenia a un aliado en hogwarts.
—Entonces si Potter se avienta de un pozo, tu también lo haces—dijo Snape.
—No podía hacerlo solo—replico Artemis—. En eso estábamos de acuerdo Draco y yo, no podíamos dejarlo ir a una posible muerte solo y menos cuando nadie nos escucho. ¿Qué podíamos hacer?
Ambos explicaron todo lo que ocurrió luego de atravesar la trampilla, la forma en que Artemis los salvo del lazo del diablo y la treta que Draco utilizo para pasar las piezas de ajedrez, y la poción que ambos, Harry y Draco, tuvieron que beber para que uno continuara el camino y el otro regresara por ayuda.
Luego tuvieron que explicarles como averiguaron lo de la piedra filosofal, desde su tropiezo con el perro de tres cabezas, historia que modificaron un poco para que nos e enteraran que habían estado vagando por la noche; hasta la confesión de Hagrid aquella mañana sobre que le había dicho a un desconocido(posiblemente Voldemort o su aliado) como atravesar a Fluffy.
A diferencia de las caras enojadas y reprobatorias del profesor Snape y McGonagall, Dumbledore felicito a ambos por su valentía y decidió que todo hogwarts debía saber lo que aquella noche había ocurrido. Ni Snape ni McGonagall parecían contentos con la reacción de Dumbledore pero ambos se retiraron para ir a dar el aviso a los otros jefes de casa y para llevar a los alumnos al Gran comedor. Draco y Artemis estaba rendidos luego de todo lo que había pasado, se quedaron durmiendo esperando que al día siguiente Harry estuviera despierto.
Harry no despertó a la mañana siguiente. De hecho, permaneció tres días inconsciente, en los que recibió visitas y muchos regalos. A todo hogwarts le pareció impresionante lo que tres alumnos de primero habían hecho, sin importar que eran de Slytherin, varios habían felicitado a Draco y a Artemis. Toda Slytherin parecía encantada con la historia, que le traía honor a la casa y podían pavonearse por los pasillos de por que ellos eran los mejores; a pesar de que estaban desilusionados por perder la copa de las casas, ante sus rivales de Gryffindor.
—¿Te enredasteis del retrete que los gemelos Weasley enviaron a Harry?
—Fue algo antihigiénico.
—La señora Pomfrey opino lo mismo, lo confisco—dijo Artemis—. Pero admite que seria gracioso ver la cara de Harry cuando viera un retrete junto a su cama con una bonita felicitación.
—Si, seria gracioso…¿Crees que este despierto?
—Tengo un buen presentimiento, Draco—dijo Artemis sonriendo antes de tropezar con Dumbledore. Sonreía mientras les daba unas breves palabras antes de continuar. Ambos se miraron y retomaron su camino con mas prisa hasta llegar a la enfermería; y sus ilusiones se vieron destrozadas cuando la señora Pomfrey no les quiso permitir la entrada pero tal vez la suerte estaba de su lado, por que momentos después regreso dejándolos pasar solo por cinco minutos.
—¡Harry!
Artemis y Draco estaban contentos de que por fin Harry hubiera despertado, se encontraba aún muy débil pero estaba vivo.
—Estábamos preocupados, en especial Dumbledore.
—Todo el colegio habla de lo que sucedió—dijo Draco—. En Slytherin creen que somos lo máximo… ¿Qué es lo que realmente pasó?
—Dumbledore no dijo todo—dijo Artemis recordando lo que Hermione y Neville les contaron—. Fue muy breve, no dio muchos detalles.
Fue una de esas raras ocasiones en que la verdadera historia era aún más extraña y apasionante que los más extraños rumores. Harry les empezó a relatar todo lo que ocurrió. Su sorpresa y desconcierto al descubrir a Quirrell, la forma en como obtuvo la piedra, la pequeña charla que tuvo con el rostro Señor Tenebroso, que estaba detrás de la cabeza de Quirrell, y como lucho contra Quirrell hasta quedar inconsciente. Agregaron lo que Dumbledore le conto.
—El profesor Dumbledor estaba muy preocupado por ti, cuando nosotros contamos lo sucedido a Snape y McGonagall. El profesor Dumbledore estaba junto a tu cama mientras la señora Pomfrey te revisaba.
—Aún recuerdo como me ignoro cuando le pregunte que te había pasado—dijo Draco—. Pero ¿qué pasara con la Piedra?
—Fue destruida, el mismo Dumbledore me lo dijo.
—¿La piedra no existe? ¿Flamel morirá?
—Eso es lo que yo dije, pero Dumbledore piensa que… ¿cómo era? Ah, sí: «Para las mentes bien organizadas, la muerte es la siguiente gran aventura».
—Siempre dije que era un chiflado—dijo Draco.
—No es un chiflado, Draco. Solo es alguien sabio.
—Te enterasteis del inodoro que los gemelos Weasley te mandaron, eso si fue una locura—continuo Draco.—También antihigiénico.
—Yo diría gracioso—dijo Artemis.
—¿Y que paso mientras estaba con Quirrell? —pregunto Harry.
Artemis y Draco contaron lo que sucedió, que a decir verdad no fue gran cosa. Solo salir de ahí sin ser visto por Fluffy para que luego Draco saliera corriendo a avisar a Dumbledore, con quien se encontró en su camino.
—¿Crees que él quería que lo hicieras? —dijo Artemis—. ¿Enviándote la capa de tu padre y todo eso?
—Si lo hizo, eso es terrible—dijo Draco—. No es el gran director que dicen que es, si arriesga la vida de sus alumnos.
—No, no fue así —dijo Harry con aire pensativo—. Dumbledore es un hombre muy especial. Yo creo que quería darme una oportunidad. Creo que él sabe, más o menos, todo lo que sucede aquí. Acepto que debía de saber lo que íbamos a intentar y, en lugar de detenernos, nos enseñó lo suficiente para ayudarnos. No creo que fuera por accidente que me dejó encontrar el espejo y ver cómo funcionaba. Es casi como si él pensara que yo tenía derecho a enfrentarme a Voldemort, si podía…
—Pasando a otro tema…—hablo Artemis después de un rato—. No te puedes perder la fiesta de fin de curso. Ya están todos los puntos y Gryffindor gano…
—Hermione y Neville estaban contentos pero evitaban mostrarlo delante de nosotros—dijo Draco dándole un vistazo a la mesa con un monto de tarjetas y regalos—. Ellos también han estado preocupados.
—Pero ganamos la copa de quidditch—dijo Artemis—. Es nuestro único consuelo, fue una gran celebración.
—¡Hey, mira! —dijo Draco tomando una caja—. Te enviaron pastelillos de polvo de ángel, son muy ricos.
—Creo que eso de ahí son dulces de hielo de coco, esos son mis favoritos—señalo Artemis.
Harry sonrió mientras les invitaba a tomar lo que desearan, no lograron disfrutar de las golosinas los tres juntos antes de que la señora Pomfrey regreso.
—Ya habéis estado quince minutos, ahora FUERA— dijo con severidad.
Al día siguiente Harry se encontraba en la enfermería, podría ir a la fiesta de fin de cursos; el mismo Dumbledore lo aprobaba mientas la señora Pomfrey tenía otra opinión. Hagrid aquella mañana había ido a visitarlo, se sentía algo culpable aunque Harry le aseguro que no debía; le entrego un obsequio que Harry agradecería eternamente. Era un álbum con fotografías sus padres, James y Lily Potter, fotos que los amigos de sus padres le habían enviado a Hagrid por petición de este. Harry no había podido hablar, pero Hagrid entendió.
Aquella noche, apareció en el comedor donde ya estaban todos. El gran comedor estaba decorado con los colores de Gryffindor, un gran estandarte en la pared detrás de la Mesa Alta, mostraba el león de Gryffindor.
En cuanto Harry había entrado, los murmuraros y miradas empezaron, todos al mismo tiempo. Agradeció que su mesa quedara cerca, y tomo rápidamente asiento entre Draco y Artemis, como la mayoría en la mesa, ambos estaban arreglados como si asistieran a una cena con la reina; aunque con el cabello húmedo.
—Luego de dejarte esta tarde—conto Draco con una mueca—. Nos encontramos con Joan y Chad Farley, que nos buscaban. Nos llevaron al lago y…
—Nos arrojaron al agua—continuo Artemis—. Es un tradición arrojar al lago, a los alumnos que hicieron perder mas puntos a Slytherin, una forma de disuadirlos de no repetirlo el siguiente año.
—Tu te salvasteis por que estabas en la enfermería—dijo Draco—, pero muchos alumnos en el transcurso del día fueron lanzados al agua.
—Apenas nos dio tiempo de darnos un baño y cambiarnos—dijo Artemis que sonreía a pesar de todo—. Nos pusimos a jugar en el agua y perdimos la noción del tiempo, cuando nos dimos cuenta salimos corriendo al castillo.
—Parece que se divirtieron.
—No te preocupes, Harry—dijo Draco sonriendo—. Joan no se ha olvidado de ti. Tu guapa hermana, te quiere mucho y hasta nos dijo que te comería a besos si pudiera.
Harry espero que no estuviera tan rojo como creía, y agradeció que Dumbledore llegara para reclamar la atención. Harry vio como Pansy hacia señales a Millicent y Artemis que respondían de igual forma; si alguien le preguntara que significaba todo su parloteo por medio de señas, no habría sabido responder; para cuando regreso su vista al director estaba dando los primeros lugares en cuanto a puntos obtenidos.
—...Ravenclaw en segundo lugar con cuatrocientos puntos; y en primer lugar, Gryffindor tiene cuatrocientos treinta y dos puntos.
Una tormenta de vivas y aplausos estalló en la mesa de Ravenclaw, donde se encontraba Hermione. Smith desde su mesa aplaudía con entusiasmo mientras veía a Harry con burla.
—Si, si, bien hecho Gryffindor…
—Siempre esta el próximo año—dijo Artemis mirándolos a ambos muchachos—. Solo prométanme que el próximo año no perderán cien puntos por cada rato.
Draco bufo pero Harry sonrió de lado, esperando no tener que hacer perder a su casa el primer lugar nuevamente. Entonces el banquete dio inicio.
A pesar de que Gryffindor había ganado la copa de las casas y que el profesor Snape tuvo que estrecharle la mano a la profesora McGonagall fingiendo alegría o por lo menos cortesía; la celebración no giro alrededor de Gryffindor o al menos, así lo era en la mesa de Slytherin, donde todos bridaban por aquel fantástico año en que Harry Potter y el resto de los nuevos integrantes se habían unido a ellos.
Aquella era sin duda la noche que jamás nadie olvidaría, mejor que derrotar a un trol, mejor que navidad o un partido de quidditch. La alegría no disminuyo cuando recibieron los resultados de los exámenes. Las notas de Harry eran muy buenas, no excelentes como las de Artemis y Draco o perfectas como las de Hermione o Theodore, este ultimo quien fue el mejor del primer año de Slytherin. Hasta Neville pasó sin problemas, Artemis había logrado que Neville tuviera una buena nota en pociones aunque ayudo en gran parte sus buenas notas en Herbología, que compensaron los pocos desastres en pociones. No todo fue perfecto. Una mañana recibieron notas idénticas del profesor Snape en el cual les informaba de su castigo, limpiando las escaleras principales al modo muggle, como recompensa por salvar la piedra filosofal. No fue la recompensa que esperaban. Snape les había dicho que lo tomaran como una advertencia a no meter sus narices en asuntos que no era de su incumbencia, a no ser que quisieran pasar una semana bajo el mando de Filch; Draco estaba de acuerdo con ello, dado que la tarea le parecía de lo mas degradante e humillante y no deseaba repetirla, mucho menos estar bajo las ordenes de cascarrabias de Argus Filch. Por otro lado, Artemis tenia el presentimiento que aquel no seria su único castigo por hacer un buen acto desinteresado. Y el, Harry, la verdad no sabia que le depararía el futuro pero se conformaba con el presente, que era tan maravilloso y mágico a pesar de estar castigado.
Lo siguientes días pasaron tan rápido que pronto sus armarios se vaciaron, sus equipajes estuvieron listos. Todos los alumnos recibieron notas en las que los prevenían para que no utilizaran la magia durante las vacaciones («Siempre espero que se olviden de darnos esas notas», le dijo con tristeza Fred Weasley). Regresaron en bote hasta la estación para emprender el viaje en el expreso de hogwarts.
El viaje en tren fue tan divertido como la primera vez. Riendo y recordaron algunos momentos del curso, comiendo golosinas, retándose a comer grageas mientras llegaban a su destino. Se cambiaron su ropa de magos por ropa muggle, Artemis cambio el color de su cabello rosado a uno rubio para parecer mas normal entre los muggles.
—… Tienes que visitar mi casa este verano, Harry. Te enseñare mas cosas de magos y hasta podremos volar en escobas. Ustedes también están invitados.
—Gracias —dijo Harry—. Voy a necesitar alguna perspectiva agradable.
—Ustedes pueden hablarme por teléfono, este es mi numero.
—¿Teletono que es eso? —pregunto Draco.
Hermione le explico lo que era el teléfono y como funcionaba. La gente los empujaba mientras se movían hacia la estación, volviendo al mundo muggle.
—¡Adiós, Harry!
—¡Nos vemos, Potter!
—El famoso Harry Potter—dijo Artemis con una sonrisa burlona—. Ni siquiera en la estación puede dejar de ser reconocido.
—No ha donde voy, eso te lo puedo asegurar.
Juntos atravesaron la puerta al mundo muggle, donde tanto Harry como Draco y Artemis fueron recibidos con los brazos abiertos por las señoras Malfoy y Bradley, mientras sus esposos esperaban su turno para intercambiar saludos y palabras con ellos. Para que luego Neville y Hermione fueran presentados y recibidos cortésmente por aquellas personas.
—¿Ya estás listo?
Desde atrás apareció el tío Vernon, todavía con el rostro púrpura, con su ridículo bigote y con un aire furioso ante la audacia de Harry, llevando una lechuza en una jaula, en una estación llena de gente común. Detrás, estaban tía Petunia y Dudley, con aire aterrorizado ante la sola presencia de Harry.
—Familiar de Harry, si no me equivoco—le dijo el señor Malfoy cortes pero distante.
—Por decirlo así —dijo tío Vernon en un tono similar al que uso el señor Malfoy—. Date prisa, muchacho, no tenemos todo el día.
Dio la vuelta para ir hacia la puerta.
—¡Pero que modales!—chillo la señora Malfoy.
Harry espero para despedirse de aquellas personas que se habían vuelto sus amigos.
—Espero verte este verano, mi amigo, no confió que tengas tanta diversión con esos muggles.
—Disfruta el verano y no dejes que el cabeza hueca de tu primo te torture.
—Hasta el próximo verano, Harry.
—Espero que... que tengas unas buenas vacaciones—dijo Hermione, mirando insegura a tío Vernon, impresionada de que alguien pudiera ser tan desagradable.
—Oh, lo serán —dijo Harry, y sus amigos vieron, con sorpresa, la sonrisa burlona que se extendía por su cara—. Ellos no saben que no nos permiten utilizar magia en casa. Voy a divertirme mucho este verano con Dudley..
FIN DEL PRIMER LIBRO.
