Capitulo: Visitas inesperadas.
El sol brillaba en lo alto del cielo, en las calles se oían el ruido de los carros y autobuses al pasar, las conversaciones de las personas que iban y venia. Artemis observaba todo eso desde la ventana, desde la mañana había estado malhumorada pero lo había ocultado por que esa no era la forma correcta de comportase frente a visitas. Sin embargo, si la señorita Brigitte Bradley fuera mas amable no le importaría que se quedara unos días, pero al parecer ella no podía ser como Artemis desearía. La hermana de John nunca la había aprobado, la creía rebelde y mimada, seguramente se entero de los pequeños problemas que tuvo en la escuela muggle. Para ser una mujer con una gran belleza, no tanto como su madre, era una mujer estricta, fría, organizada y controladora.
Y luego de una semana, uno creería que el corazón se le ablandaría con la continua convivencia y mas, si Artemis hacia todo lo posible por agradarle; pero era obvio que esa mujer la detestaba.
—¡Ni se te ocurra abrir esa ventana, hoy hay un viento terrible y puede ser malo para la salud de tu hermanito!
—Por supuesto que no, señorita Brigitte—Artemis arrastro las palabras.
—¿Todo bien por aquí? —su madre apareció por la entrada de la cocina
—Deberías estar en cama descansando.
—Me siento mejor esta mañana, creo que la gripe ya se me esta quitando, y no me importaría preparar la comida, ¿te importaría ayudarme, Brigitte? No te preocupes por Max, Artemisa cuidara de él.
Artemis intento sonreír para ocultar lo desdichada que se sentía mientras asentía hacia ambas mujeres. Brigitte no se fue antes sin darle una mirada de advertencia. Si, era desdichada, todo en aquella casa había cambiado; ya ni siquiera podía tener un rato de holgazanería. Tenia que estar pendiente las 24 horas del día de Max o Brigitte le acusada de no preocuparse de su hermano ni pasar tiempo con su familia. Peor aún, todo tenia que girar alrededor de su pequeño niño. Por ejemplo, no podía abrir las ventanas de la casa por que podría resfriarse su hermano, no podía encender la televisión por que podría levantarlo. Le recordaban constantemente que todo lo que hacia tenia que girar alrededor de su hermano. ¡Ya estaba harta!
No lo odiaba, amaba a su hermanito pero estaba cansada de no poder hacer aunque sea algo sin que le recordaran a su hermano o la mandaran a cuidarlo a cada momento. Cuando recibió la noticia había estado feliz y entusiasmada, su madre le había contado que estaba embrazada, mientras ella estudiaba en hogwarts y la ultima carta que recibió fue a fínales del curso cuando le contaba que había nacido. Ahora, no estaba tan dichosa de ser hermana mayor.
—Seguro a ti no te importaría si abriera la ventana—dijo Artemis observando al pequeño en la cuna—. Seguro hasta me lo agradecerías, pero tu querida tía Brigitte no piensa igual que nosotros.
Cuando el pequeño parecía querer llorar, Artemis lo tomo en sus brazos mientras hacia muecas para entretenerlo y este le regalo unas sonrisas al mismo tiempo. Parecía una escena de lo mas tierna, hasta que…
—¿Qué crees que haces?—Brigitte le arrebato al niño de los brazos—. Así no se sostiene una criatura, lo terminaras lastimando.
—Lo estaba sosteniendo perfectamente bien—entorno los ojos.
—Pues no era exactamente como te enseñe, pequeña malcriada.
—No soy malcriada, de hecho debería verse en un espejo antes de hablar.
—Eres un grosera.
—Y usted una solterona amargada que seguirá así hasta que libere al mundo de su horrible presencia.
—¡Artemisa Rayza Jones!
Estaba en problemas, Artemis lo sabia, su madre jamás la llamaba por su nombre completo por que había hecho algo bueno. Intentado ignorar la sonrisa de victoria de la desagradable Brigitte se encamino hacia donde estaba su madre, que la miraba severamente. Cuando la puerta de la cocina se cerro, Artemis intento hablar en vano.
—Escúchame, por favor, no fue mi culpa es que…
—Es que nada, solo te he pedido una cosa—dijo su madre—. Es tan difícil pedir una cosa.
—Mamá…
—Brigitte no es una mujer difícil, lo se, pero se ha comportado—dijo su madre—. Esta aquí de visita y se ofreció a ayudarme en la casa en lo que me repongo, y lo único que te pedí fue que te portaras amable con ella.
—Ella no me soporta.
—¿Te disculpasteis acaso por llenarla de pintura cuando llego o cuando tu pequeña mascota destruyo sus papeles?
—Lo de la pintura fue un accidente y lo de Warlock, es su instinto natural, como culpar algo así.
—Pero no te disculpasteis.
—Me cree una malcriada y rebelde simplemente por que se entero de mis problemas en la escuela muggle y por que no aprueba que salga a dar un paseo al parque.
—No lo aprueba, por que te vas sin permiso.
—Nunca te has quejado de eso, y siempre te aviso antes de irme.
Artemis había cerrado las manos.
—Pero no me pides permiso, solo avisas y te vas a hacer tu santa voluntad. Y en eso tiene razón, Brigitte, no puedes hacer todo lo que quieras.
¿Hacer lo que quería? Eso si enfado a Artemis, quien había soportado las criticas de Brigitte e incluso las llamadas de atención de su madre a lo largo de la semana sin rechistar. Pero aquello, fue la gota que derramo el vaso.
—¡No he podido abrir una estúpida ventana sin que me recuerde que la boba cosa puede enfermarse! —Artemis tenia las mejillas encendidas de rabia—. No he podido hacer nada por que la dama de hierro me critica todo el tiempo, y por que solo tengo que estar al pendiente del bulto fofo que solo babea y ocupa espacio, y al que no le importaría si me tiro de un acantilado.
Solo después se dio cuenta de su error. Había pasado la línea e incluso se sintió mal consigo misma, no quería decir aquello de Max, ella realmente no pensaba aquello de verdad; tenia que haberse tragado su odio y amargura antes de decir algo de lo que se arrepentiría. La mirada que su madre le dio era dolida y dura, una mirada que Artemis rara vez veía en su rostro.
—Yo…yo no quise..
La mejilla le ardió al segundo siguiente, sus ojos le picaban cruelmente por derramar alguna lagrima pero se contuvo.
—Es triste que pienses eso de tu hermano—la voz de su madre aunque parecía calmada era fría y distante—. Vete a tu cuarto, Artemisa y quédate ahí.
No reclamo, ni rechisto. Obedeció rápidamente, buscando el consuelo y la privacidad de su propia habitación, donde pasaría la mayor parte del tiempo a partir de aquel momento; esperando el momento de partir a hogwarts y reunirse con sus amigos, donde no tendría que soportar visitas no deseadas ni donde no habría familia a quien no le importaras. Tal vez lo ultimo no era del todo cierto, estaban sus primos que la detestaban pero que a los que no tenia que dirigirle la palabra.
Como si fuera una cadena de mala suerte, a Draco Malfoy el verano tampoco estaba resultado agradable desde que sus padres se enteraron mejor de las amistades que le habían estado rodeando. Su padre había tenido una larga platica con él, y aún así no presto atención a Draco cuando este se explico; y lo peor, era que se lo recordaba todo el tiempo. No aprobaba a Hermione Granger, por su familia muggle, ni a Neville Longbottom por el pasado con su tía Bellatrix y en especial por que era Gryffindor. Y seguía sin aprobar a Harry por alguna extraña razón, que fuera Slytherin no era suficiente para él. Su madre lo veía seriamente pero no lo ignoraba ni le recordaba que era una vergüenza para la familia.
Toc. Toc. Toc.
Draco se levanto del suelo y espero que no fuera su padre con otro sermón.
—Adelante.
Era su madre.
—Draco, querido,¿ te importaría que habláramos?—pidió su madre desde la puerta.
—Para nada, madre, siempre estoy a tu disposición.
Narcissa Malfoy entro con la arrogancia que caracterizaba a su familia, y al caminar parecía flotar con su elegante y laborioso vestido caro. Tomo asiento en la cama e hizo una seña para que su hijo ocupara asiento junto a ella.
—Draco, sabes que tu padre y yo no aprobamos las amistades que has hecho en hogwarts, a parte de Artemis y Harry, por supuesto.
—El no parece a probar a ninguno de los dos, y eso que a Artemis la conocemos desde hace tiempo y…
—Te entiendo, cariño, pero tu padre no entiende la importancia que Artemis tiene para ambos—dijo su madre—. Ni siquiera sabe nuestra verdadera razón para preciar a esa niña, y en cuanto a Harry. No cree que sea conveniente ser amigos de él por lo ocurrido con el señor tenebroso, aún pensamos que sigue vivo y escondido en algún lugar…
Draco quiso decirle lo que ocurrió aquel año y que seguramente el señor tenebroso se había ido a esconder de nuevo hasta otra oportunidad; no estaba seguro si murió con Quirrell o si encontró la forma de escapar. ¿Pero un cara puede escapar sin cuerpo alguno? bueno, el señor tenebroso logro estar en la parte trasera de Quirrell durante todo un año sin que nadie se diera cuenta. De todas formas no se lo contaría a su madre, no deseaba preocuparla ni asustarla.
—.. y tiene miedo que tu amistad con Harry solo le acarree problemas si este decide regresar.
—Es lo que no entiendo—dijo Draco meditando bien sus palabras—. Me refiero, se que el señor tenebroso estaba en contra de los hijos de muggles por que ellos solo deseaban robarnos la magia y no eran dignos de ella.
—¿Y a que quieres llegar con eso, Draco?
Su padre atravesó la puerta con un rostro inexpresivo, no volvió a hablar, simplemente espero a que continuara, y Draco que no estaba seguro de ser tan valiente como para tener esa conversación en otro momento, deicidio decir de una vez todo lo que pensaba.
—Que tal si los hijos de muggles se mostraran digno de la magia—dijo Draco—. Que fueran mas que "come libros" que intentan absorber toda la información que puedan para creerse dignos a nuestra altura cuando no serían mas que arribistas en busca de poder.
»Hermione siempre se ha mostrado interesada en la cultura de nuestro mundo cuando le hablo de ella a Harry, quien también se muestra interesado en aprender a ser un buen mago. Ninguno espera solo aprender magia sino sobre el propio mundo al que pertenecen, cuales son nuestras tradiciones, etiquetas…
»Pienso que si un mago o bruja de familia muggle, no busca poder ni robarnos derechos, sino que aspira a ser realmente parte de nuestra sociedad mágica como cualquier mago o bruja digno, creo que hay que darles una oportunidad. Después de todo, si algún mago o bruja se muestra digo de la magia sin importar su origen muggle, creo que es nuestro deber enseñarles el camino para que no se extravíen.
Draco había dicho todo aquello con la mayor seriedad e importancia, que le fue posible sin hacer caso omiso a las miradas de sus padres.
—Y eso me lleva al punto de Harry y el señor tenebroso—continuo Draco—. el señor tenebroso representaba nuestra causa común, y pienso que Harry podría significar exactamente lo mismo pero de una forma diferente. Como un cambio.
—¿Un cambio?
Draco trago saliva mientras esperaba decir un discurso lo suficiente convincente para que aprobaran a Harry y a Hermione, e incluso a Neville.
—Si, un cambio—dijo firmemente—. Dado que la relación de Harry con muggles, podría servir de guía a otros a seguir su ejemplo. En seguir sus pasos en el camino de convertirse en un digno mago y no en un mago a medias con títulos con los que esperaría apantallar o aparentar ser signo de la magia.
»Y creo tener razones suficiente para creer en esto, Hermione es la prueba sobre como una hija de muggles enderezo su camino a tiempo; en vez de convertirse en una arribista de poder, ahora busca ser una perfecta bruja en todo sentidos. Y Neville que a pesar de ser un mago de una familia respecta y conocida, es tímido y sin valentía, llegándose a considerar indigno de la magia. Pero con nuestra ayuda podrá darse cuenta de lo especial que es como mago y como todo mago es.
—¿Y Harry Potter hará eso? —pregunto su padre fríamente y con una sonrisa burlona, como si creyera que se trataba de una broma.
—Por supuesto—dijo Draco—. Harry ha demostrado grandes aptitudes para la magia al igual que yo, y se puede decir que tiene lo necesario para recibir la admiración de la gente cuando derroto al señor tenebroso hace años.
—Siempre creyendo historias tontas, Draco, ¿realmente crees que un niño logro vencer al señor tenebroso?
—Harry a demostrado que es posible—dijo su madre sonriendo orgullosamente—. Su sola existencia es prueba de ello, me parece que Draco tiene un buen punto y estoy segura de hacia donde va. Hacia un futuro prometedor para toda la sociedad magia, y aunque ahora tu no lo puedas ver Lucius, por que esta empezando desde cero; para mi es muy claro.
»Nuestro hijo esta viendo las cosas desde otro punto de vista, esta ampliado sus fronteras. No me sorprendería si llegara a ser ministro de magia, trayendo consigo un gran cambio que revolucionario para la sociedad mágica.
Draco no había querido decir eso. Quería que su padre aprobara a sus amigos, y al mismo tiempo quería dar a entender que tal vez estar del lado del señor tenebroso no era la mejor elección y estar del lado de Harry, que de alguna forma representaba a aquellos que habían peleando contra Voldemort; era la opción que el prefería y que le gustaría que ellos compartieran. Y aún así, se sintió halado y orgulloso de que su madre tuviera altas expectativas sobre él.
—¿Crees a Harry Potter por encima de ti—su padre escupió las palabras con amargura—, hasta el punto de que crees que estará a la altura para vencer al señor tenebrosos si regresara?
Draco no creía a Harry por encima de él, lo consideraba su igual; ni tampoco creía que estuviera a la altura del señor tenebroso. Lo aseguraba. Su muy temerario amigo había ido contra toda advertencia a enfrentarse a Voldemort durante su primer año en hogwarts, y a pesar de no haberlo matado, había impedido que se apoderada de la piedra filosofal dejándolo con media vida maldita sin poder hacer nada; derrotado una segunda vez por el mismo niño que quiso matar cuando era solo un bebé. No lo respetaba por eso, sino por enfrentarse a tantos peligros por algo que ni siquiera le pertenecía y en un asunto que no era el suyo.
—No deberías subestimarlo, padre—dijo Draco sinceramente—. Yo lo hice, y Harry me ha demostrado que no hay que dejar que las apariencias te engañen.
Draco obtuvo lo que se propuso, dejo pensando a su padre sobre el asunto para mas tarde rebelarle en privado, el movido año que había tenido en hogwarts. Obteniendo por fin la aprobación de sus amistades, aunque su padre no dijo nada, para Draco fue mas que claro. Días después estaría enviando invitaciones para Artemis y Harry, esperando que aceptaran pasar el resto de las vacaciones en la mansión Malfoy.
—Estoy orgullosa de ti, Draco—dijo Narcissa Malfoy mientras el águila de la familia desaparecía en el cielo—. Mi pequeño Draco, tu serás mil veces mejor que nosotros. Le darás un nuevo significado a nuestro nombre, a tu nombre.
Las cosas en el numero 4 de Privet Drive no iban bien para Harry. Aquel día estallo una discusión durante el desayuno, que no era ninguna sorpresa para Harry. A primera hora de la mañana, había despertado al señor Vernon Dursley un sonoro ulular procedente del dormitorio de su sobrino Harry.
—¡Es la tercera vez esta semana! —se quejó, sentado a la mesa—. ¡Si no puedes dominar a esa lechuza, tendrá que irse a otra parte!
Harry intentó explicarse una vez más.
—Es que se aburre. Está acostumbrada a dar una vuelta por ahí. Si pudiera dejarla salir aunque sólo fuera de noche…
—¿Acaso tengo cara de idiota? —gruñó tío Vernon, con restos de huevo frito en el poblado bigote—. Ya sé lo que ocurriría si saliera la lechuza.
Cambió una mirada sombría con su esposa, Petunia. Harry quería seguir discutiendo, pero un eructo estruendoso y prolongado de Dudley, el hijo de los Dursley, ahogó sus palabras.
—¡Quiero más beicon!
—Queda más en la sartén, ricura —dijo tía Petunia, volviendo los ojos a su robusto hijo—. Tenemos que alimentarte bien mientras podamos… No me gusta la pinta que tiene la comida del colegio…
—No digas tonterías, Petunia, yo nunca pasé hambre en Smeltings —dijo con énfasis tío Vernon—. Dudley come lo suficiente, ¿verdad que sí, hijo?
Dudley, que estaba tan gordo que el trasero le colgaba por los lados de la silla, hizo una mueca y se volvió hacia Harry.
—Pásame la sartén.
—Se te han olvidado las palabras mágicas —repuso Harry de mal talante. El efecto que esta simple frase produjo en la familia fue increíble: Dudley ahogó un grito y se cayó de la silla con un batacazo que sacudió la cocina entera; la señora Dursley profirió un débil alarido y se tapó la boca con las manos, y el señor Dursley se puso de pie de un salto, con las venas de las sienes palpitándole.
—¡Me refería a «por favor»! —dijo Harry inmediatamente—. No me refería a...
—¿QUÉ TE TENGO DICHO —bramó el tío, rociando saliva por toda la mesa— ACERCA DE PRONUNCIAR LA PALABRA CON «M» EN ESTA CASA?
—Pero yo...
—¡CÓMO TE ATREVES A ASUSTAR A DUDLEY! —dijo furioso tío Vernon, golpeando la mesa con el puño.
—Yo sólo...
—¡TE LO ADVERTÍ! ¡BAJO ESTE TECHO NO TOLERARÉ NINGUNA MENCIÓN A TU ANORMALIDAD!
Harry miró el rostro encarnado de su tío y la cara pálida de su tía, que trataba de levantar a Dudley del suelo.
—De acuerdo —dijo Harry—, de acuerdo...
Tío Vernon volvió a sentarse, resoplando como un rinoceronte al que le faltara el aire y vigilando estrechamente a Harry por el rabillo de sus ojos pequeños y penetrantes.
Desde que Harry había vuelto a casa para pasar las vacaciones de verano, tío Vernon lo había tratado como si fuera una bomba que pudiera estallar en cualquier momento; dado que Harry era un mago, el tío Vernon no esperaba nada bueno de él.
Aunque hubiera dejado en el pasado aquellos días en el cobertizo, Harry aún sufría en casa de sus tíos; habían vuelto a dirigirle la palabra aunque se mantenían cautelosos. Y para asegurarse de que Harry no pudiera hacer nada contra ellos, su varita y su baúl con todos sus libros de magia estaban encerrados en el cobertizo bajo llave.
Añoraba hogwarts, con sus impresionantes banquetes, sus pasadizos secretos y sus fantasmas; e incluso las clases (tal vez no la de Snape, el profesor de pociones). A Harry no le gustaba pasar las vacaciones con sus tíos tanto como a ellos pasarla con él. Lo único que lo había evitado que explotara, eran las cartas de sus amigos; en especial una de Draco, que había recibido hace poco y en la cual lo invitaba a pasar el resto de las vacaciones en su casa. de no ser por el Aquila, el águila de los Malfoy, no habría podido enviarles una respuesta. Ahora solo esperaba el momento oportuno de comentarles a sus tíos de la invitación que había aceptado, antes de que Draco llegara en dos días a buscarlo.
En aquel instante, tío Vernon se aclaró la garganta con afectación y dijo:
—Bueno, como todos sabemos, hoy es un día muy importante.
Harry levantó la mirada, incrédulo. Aquel día cumplía doce años, no esperaba regalos, ni si quiera una torta… Y casi se había resignado a que ni siquiera dieran una señal de que se acordaban, muy a su pesar…
—Puede que hoy sea el día en que cierre el trato más importante de toda mi vida profesional —dijo tío Vernon.
Harry volvió a concentrar su atención en la tostada. Por supuesto, pensó con amargura, tío Vernon se refería a su estúpida cena. No había hablado de otra cosa en los últimos quince días. Un rico constructor y su esposa irían a cenar, y tío Vernon esperaba obtener un pedido descomunal. La empresa de tío Vernon fabricaba taladros. Harry no se concentro en la conversación, habían repasado sus puestos para aquella cena mas de una mas y solo se limito a contestar cuando se dirigieron a él, no era que el fuera a hacer mucho. Se limitaría a estar encerrado en su habitación, pretendiendo que no existía.
Al terminar el desayuno se dirigió al patio, uno de los pocos lugares donde tendría paz. Aún no había recibido felicitaciones de Draco o Artemis, ni siquiera la respuesta de Draco ante la nota que le envió. Entonces su mente divago hacia otras cosas, como hogwarts. El único lugar que sentía como un verdadero hogar, donde era feliz, hacia magia, donde estaban sus amigos y donde no estaban los Dursley. A pesar de que no todo el curso resulto divertido, aún recordaba su encuentro con Voldemort. Se había enfrentado con él al final del curso, a pesar de todo el seguía decidido a recuperar el poder perdido. Era la segunda vez que escapaba de sus garras, pero Harry seguía despertándose a media noche por su pesadilla, en donde lo único que recordaba era el rostro de Voldemort y sus ojos, muy abiertos y furiosos…
De pronto, Harry se irguió en el banco del jardín. Se había quedado ensimismado mirando el seto... y el seto le devolvía la mirada. Entre las hojas habían aparecido dos grandes ojos verdes.
Entonces escucho una voz burlona detrás de él, inmediatamente Harry se puso de pie de un salto.
—Se que día es hoy—canturreo su primo, acercándose con andares de pato.
Los ojos grandes se cerraron y desaparecieron.
—¿Qué? —pregunto Harry aún con la vista fija en el lugar donde hace un momento había visto aquel par de ojos.
—Se que día es hoy—repitió a su lado.
—Enhorabuena—felicito Harry—. ¡Por fin te has aprendido los días de la semana!
—Se que hoy es tu cumpleaños—dijo con voz sorna—. Dime ¿como es que no has recibido ningún regalo de tus anormales amigos? ¿es que acaso en ese monstruoso lugar no tienes amigos?
—Procura que tu mamá no te oiga hablar sobre mi colegio —contestó Harry con frialdad.
—Seguro a Jones ya le aburristeis, por que ella tampoco te ha enviado nada.
—O tal vez lo hizo y tu no lo sabes. Y de todas maneras a ti no te importa.
Dudley se subió los pantalones, que no se le sostenían en la ancha cintura.
—¿Por qué miras el seto? —preguntó con recelo.
—Estoy pensando cuál sería el mejor conjuro para prenderle fuego —dijo Harry.
Al oírlo, Dudley trastabilló hacia atrás y el pánico se reflejó en su cara gordita.
—No…, no puedes… Papá dijo que no harías ma-magia… Ha dicho que te echará de casa…, y no tienes otro sitio donde ir..., no tienes amigos con los que quedarte...
—¡Abracadabra! —dijo Harry con voz enérgica—. ¡Pata de cabra! ¡Patatum,
patatam!
—¡Mamaaaaaaá! —vociferó Dudley, dando traspiés al salir a toda pastilla hacia la casa—, ¡mamaaaaaaá! ¡Harry está haciendo lo que tú sabes!
Tía Petunia supo que Harry no había hecho magia en realidad al ver al seto y a Dudley intactos, pero no lo dejo pasar; lo mando a arreglar el jardín y solo dejo que descansara para que comiera. Dudley observo a Harry durante todo el día mientras comía helado; Harry podo el césped, codo y rego los rosales y termino solo dos horas después de comer.
—Límpiate los pies en el periódico y date un baño—le dijo tía Petunia antes de que entrara a la cocina—. Dudley por que no vas con tu padre a buscar los trajes.
—Si, mamá.
—Harry—lo detuvo antes de que se fuera—, te quiero ver aquí una hora antes de la siete para que cenes.
—Si, tía.
Cuando Harry volvió a bajar tomo asiento en la mesa. Tía Petunia dio un vistazo a la sala, y regreso a servirle a Harry la cena. Le sirvió un plato de emparedados que saco del refrigerador junto con leche y cuando termino tía Petunia saco algo del refrigerador que oculto.
Cual fue su sorpresa de Harry cuando puso delante de el tres pequeños pastelillos, solo uno tenia una vela.
—Ten—le dijo tía Petunia—. Feliz cumpleaños..
Se dio la vuelta casi de inmediato y se puso a ver el pudin y a meter al horno la pieza de cerdo y cuando no tuvo mas que hacer, salió de la cocina. Aquel gesto tomo desprevenido a Harry eso, y se pregunto por que si su tía simplemente lo trataba mal frente al tío Vernon para aparentar o por que no tenia opción. Comió los pastelillos y para cuando tía Petunia regreso llevaba puesto un vestido color salmón.
—Gracias—le dijo Harry.
Tía Petunia lo observo.
—…Vete a tu cuarto, los Masen ya no tardaran—evito su mirada.
Al cruzar la puerta de la sala de estar, Harry vio a su tío Vernon y a Dudley con esmoquin y pajarita. Acababa de llegar al rellano superior cuando sonó el timbre de la puerta y al pie de la escalera apareció la cara furiosa de tío Vernon.
—Recuerda, muchacho: un solo ruido y…
Harry entró de puntillas en su dormitorio, cerró la puerta y se echó en la cama. El problema era que ya había alguien sentado en ella.
Harry no gritó, pero estuvo a punto. La pequeña criatura que yacía en la cama tenía unas grandes orejas, parecidas a las de un murciélago, y unos ojos verdes y saltones del tamaño de pelotas de tenis. En aquel mismo instante, Harry tuvo la certeza de que aquella cosa era lo que le había estado vigilando por la mañana desde el seto del jardín.
La criatura y él se quedaron mirando uno al otro, y Harry oyó la voz de Dudley proveniente del recibidor.
—¿Me permiten sus abrigos, señor y señora Mason?
Aquel pequeño ser se levantó de la cama e hizo una reverencia tan profunda que tocó la alfombra con la punta de su larga y afilada nariz. Harry se dio cuenta de que iba vestido con lo que parecía un almohadón viejo con agujeros para sacar los brazos y las piernas.
—Esto..., hola —saludó Harry, azorado.
—Harry Potter —dijo la criatura con una voz tan aguda que Harry estaba seguro de que se había oído en el piso de abajo—, hace mucho tiempo que Dobby quería conocerle, señor... Es un gran honor...
—Gra-gracias —respondió Harry, que avanzando pegado a la pared alcanzó la silla del escritorio y se sentó. A su lado estaba Hedwig, dormida en su gran jaula. Quiso preguntarle «¿Qué es usted?», pero pensó que sonaría demasiado grosero, así que dijo:
—¿Quién es usted?
—Dobby, señor. Dobby a secas. Dobby, el elfo doméstico —contestó la criatura.
—¿De verdad? —dijo Harry—. Bueno, no quisiera ser descortés, pero no me
conviene precisamente ahora recibir en mi dormitorio a un elfo doméstico.
De la sala de estar llegaban las risitas falsas de tía Petunia. El elfo bajó la cabeza.
—Estoy encantado de conocerlo —se apresuró a añadir Harry—. Pero, en fin, ¿ha venido por algún motivo en especial?
El motivo que había llevado a aquel elfo, había sido el de advertirle que cosas malas estaban a punto de ocurrir en hogwarts aquel año. Aunque para que Dobby llegara a esa parte, tuvo que conversando durante un rato con Harry; empezando por donde Dobby le conto que se había enterado de su ultimo encuentro con Voldemort una semanas atrás y terminando en confesarle que deseaba que no regresara a hogwarts.
—¿Qué-qué? —tartamudeó Harry—. Pero si tengo que regresar; el curso empieza el 1 de septiembre. Eso es lo único que me ilusiona. Usted no sabe lo que es vivir aquí. Yo no pertenezco a esta casa, pertenezco al mundo de Hogwarts.
—No, no, no —chilló Dobby, sacudiendo la cabeza con tanta fuerza que se daba golpes con las orejas—. Harry Potter debe estar donde no peligre su seguridad. Es demasiado importante, demasiado bueno, para que lo perdamos. Si Harry Potter vuelve a Hogwarts, estará en peligro mortal.
—¿Por qué? —preguntó Harry sorprendido.
—Hay una conspiración, Harry Potter. Una conspiración para hacer que este año sucedan las cosas más terribles en el Colegio Hogwarts de Magia —susurró el elfo, sintiendo un temblor repentino por todo el cuerpo—. Hace días que Dobby lo sabe, señor. Harry Potter no debe exponerse al peligro: ¡es demasiado importante, señor!
—¿Qué cosas terribles? —preguntó inmediatamente Harry—. ¿Quién las está tramando?
Sin embargo Dobby no dijo ni un solo nombre y procedió a golpearse antes de que Harry pudiera detenerlo, luego intento averiguar quien estaba detrás de las horribles cosas que en hogwarts pasarían. Voldemort quedo descarta cuando se lo menciono a Dobby, que negó con la cabeza, aunque mantenía los ojos abiertos tratando de darle una pista. Voldemort tampoco tenia un hermano que desconocía, por que el elfo negó rápidamente. Pero al parecer era algo muy malo lo que pasaría por que elfo parecía estar seguro que ni siquiera Dumbledore bastaría para protegerlo aquel año.
Lo peor no fue cuando Harry se entero por el mismo elfo, que este había robado su correspondencia de los últimos días, esperando que se decepcionara tanto de sus amigos cuando no le escribieran mas que no deseara regresar a hogwarts. Lo peor fue cuando Harry le indico a Dobby que no había forma alguna de que cambiara de opinión, sobre asistir a hogwarts, que el elfo tomo medidas extremas que lo metieron en problemas.
Había bajado hacia el primer piso sin que Harry pudiera evitarlo, Dobby había dejado caer el pudin magistral de tía Petunia sobre la señora Mason antes de desaparecer; y para completar, Harry había recibido una notificación del ministerio de magia, donde le informaban que de repetir un hechizo fuera de hogwarts podría acarrearle la expulsión de hogwarts. Y había tenido que leer la carta en voz alta, por lo que tío Vernon se aprovecho de aquello para darle el castigo de su vida a pesar de las objeciones que intento poner tía Petunia, que fue igual de sorprendente para el tío Vernon como para Harry.
Tío Vernon fue tan duro con Harry como había prometido. A la mañana siguiente, mandó poner una reja en la ventana de su dormitorio e hizo una gatera en la puerta para pasarle tres veces al día una mísera cantidad de comida. Sólo lo dejaban salir por la mañana y por la noche para ir al baño. Aparte de eso, permanecía encerrado en su habitación las veinticuatro horas del día. O al menos eso era lo que tío Vernon creía, en secreto tía Petunia le dejaba salir cuando Dudley ni tío Vernon andaban por la casa, y le servía una buena porción de comida a escondidas, siempre y cuando Harry mantuviera la boca cerrada; lo cual no seria problema alguno para él.
El quinto día de su castigo, tía Petunia lo dejo salir de su encierro durante la mañana, después del desayuno y Harry se alegro de poder respirar el aire fresco del patio; antes de volver a regresar a su encierro cuando tuviera que hacerlo. Harry no comprendía del todo la actitud de tía Petunia pero lo agradecía, de no ser por ella, su situación seria mucho peor y desagradable. Estaba pensando una forma de hacer menos aburrida su estancia en su dormitorio cuando tuviera que estar encerrado, y lo único que se le ocurrió fue realizar las tareas que le habían dejado; pero para ello, tendría que acudir a tía Petunia y Harry no estaba seguro si debía abusar de su suerte o atreverse y perder. Al final decidió preguntarle, de todas formas no perdía nada con intentarlo.
Tía Petunia ni siquiera lo observo cuando entro en la cocina e intento hablar con ella, se mantuvo callada hasta que Harry termino de hablar.
—Supongo que también te refieres… a ese pedazo de madera.
Harry sabia a que se refería y aunque le gustaría tener en su posesión su apreciada varita, sabia que tía Petunia se negaría a todo solo por la varita.
—No, solo los libros y pergaminos, un par de plumas y tinta—dijo Harry—. No necesito la varita para la tarea, así que no daré problemas. Además sin la varita no puedo hacer magia, no habrá de que preocuparse.
Tía Petunia le dio una mirada critica antes de lavarse las manos y encaminarse cobertizo y abrirlo bajo la mirada sorpréndete de Harry.
—¡Vamos, apresúrate!
Tía Petunia lo observo con atenta mirada mientras su sobrino buscaba lo que necesitaba; no odiaba del todo a su sobrino, y después de la visita de Snape el verano pasado se dio cuenta de que siempre había sentido un cariño por el, a pesar de que lo había estado culpando de la muerte de su hermana. Había sentido envidia por Lily, pero nunca la había odiado de verdad por mucho que quisiera, y aquella trágica noche su hermana podría haber seguido con vida de no ser por ese niño que había tenido con Potter. Culpaba principalmente a James Potter por poner a su hermana en peligro, si el nunca se hubiera cruzado en la vida de su hermana, hoy estaría viva. Había traspasado su odio, amargura a aquel niño no solo por aquello. Harry se parecía mucho a su hermana, por momentos podía recordar su infancia junto a su hermana antes de llegar a los recuerdos de su separación, y el motivo de esta. No podía dejar sentir un poco de desprecio por Harry debido a su madre. Petunia no deseaba que su hijo sufriera la misma infancia que ella, que Harry acapara toda la atención dejando a Dudley de un lado y que solo se acordaran de él por meras formalidades. Y por eso, siempre le hizo caso a su esposo en cuanto a todo en lo que se refería a Harry. Aunque en lo mas profundo de corazón existía un cariño por su sobrino que no había querido reconocer, tal vez por miedo a que si las cosas cambiaran para Harry, su hijo viviría infelizmente al igual que ella lo hizo.
Las personas son así, tiene miedos, preocupaciones, rencores, marcas que les dejaron experiencias de la vida que son muy difíciles de olvidar o superar y que traen consecuencias en el futuro para otros. Y Petunia Dursley, estaba tratando de enmendar su error con su sobrino, sabia que no tenia caso por que seguramente Harry la odiaría pero cuando Snape le recordó lo mucho que Lily la quería a pesar de todo, se decidió a cambiar las cosas por el amor que le tenia a su hermana. No seria un camino fácil pero tenia que intentarlo.
—Y ni se te ocurra dejarlos por ahí—dijo tía Petunia colocando nuevamente el candado al cobertizo—. Si tu tío Vernon lo llegara a ver, será tu problema, muchacho.
—Si, tía Petunia.
El ruido de la puerta al golpearlo, detuvo a Harry, que estaba a mitad de la sala, pero se tranquilizo al recordar que ni Dudley ni tío Vernon tocarían la puerta. Aunque eso era aún mas peligroso, dado que lo podrían descubrir fuera de su habitación cuando se suponía que estaba castigo y encerrado ahí. Luego escucho una voz muy familiar, que casi hizo que dejara caer los libros.
—¿Draco?
Dejo los libros junto a lo demás en el sillón mas cercano sin importarle como los dejo caer, y al abrir la puerta ahí estaban la familia Malfoy. Elegantes de pies a cabeza como Harry los recordaba, junto a ellos había alguien menos elegante pero no por ello sin importancia.
La imagen de los Malfoy con sus elegantes ropas, joyas y zapatos caros contrastaba mucho con Artemis, que vestía simple ropa muggle, y a pesar de eso, era la que mas resaltaba del grupo.
—Hola—fue lo único que se le ocurrió decir.
Un chillido agudo y atragantado se escucho detrás de Harry, y en aquel momento recordó que no estaba solo. Después de que Harry hiciera las presentaciones apropiadas, los Malfoy entraron y explicaron el motivo de su visita que casi hizo saltar a Harry de alegría. Tía Petunia no puso objeción, el problema fue cuando tío Vernon se apareció de la nada por la puerta y observo al grupo de personas reunidas en la sala junto a Harry, quien se suponía debía estar encerrado en su habitación.
Si todo termino bien o bastante bien, lo que se podría considerar en una situación como esa; fue gracias a la intervención de tía Petunia y los modales de los Malfoy que mas de una vez resistieron el impulso de decirle lo que se merecía al tío Vernon. Media hora después cuando Harry había terminado de empacar sus cosas con ayuda de Draco, bajaron con la mochila llena de ropa sin tener que preocuparse del baúl, del cual el señor Malfoy ya se había echo cargo.
Cuando salieron del numero 4 de Privet Drive observaron a Artemis junto a un nervioso Dudley, la primera tenia una sonrisa casi malvada en sus ojos mientras murmuraba algo a Dudley. Al acercarse Harry contuvo una carcajada cuando alcanzo a oírlos.
—…No hay que olvidar la maldición del sapo, si alguna vez un sapo salta dos veces frente a ti, estarás maldito con el apetito del sapo—decía Artemis—. Moscas, insectos te parecerán de pronto deliciosos…
—No es cierto, son mentiras.
—Tu sabrás si creerme o no.
Artemis se unió a ellos con una sonrisa, dándole la espalda a Dudley.
—¿Puedo preguntar a que se debía eso?
—Insulto la magia, dijo que no era mas que hacer algo tonto con una vara de madera—explico Artemis—. Así que le dije un par de mentiras para asustarlo y callarlo.
Los tres subieron al lujoso auto aparcado en la calle, y Harry por fin se sintió libre y seguro, mientras se alejaba de Privet Drive.
