Capitulo: Insultos imperdonables.
La vida en la mansión Malfoy no era solo muy cómoda, sino muy agradable; Harry la estaba pasado genial. La señora Malfoy siempre se preocupaba por él y hasta lo trataba como si fuera otro hijo. Siempre con una sonrisa serena y amable en su bello rostro, con unos modales exquisitos y siempre arreglada con elegancia, incluso si estaba en su casa. Al principio Harry imagino que la arrogancia de Draco provenía de su padre, pero luego de pasar un tiempo con su familia, se dio cuenta de que la arrogancia de Draco provenía de su madre.
Tenia el mismo porte arrogante, ademanes y gestos similares; Draco podría ser una copia de su padre en cuanto al aspecto físico, pero sus maneras y forma de actuar eran similares a las de su madre. Incluso al escucharlos al hablar se notaba el parecido, Harry no se refería a la voz sino a la forma en que hablaban, como si de dirigieran hacia alguien de suma importancia. Eran tan elegantes y educados, y el señor Malfoy no se quedaba atrás, era igual de elegante que su esposa e hijo pero de una forma distinta; tal vez un poco mas altivo e intimidante. Además se portaba agradable con Harry, a pesar de la primera impresión.
El primer dio lo sentó junto a él y lo insto a platicarle sobre su vida muggle, al principio Harry había estado un poco nervioso, por que aquello había parecido un interrogatorio o al menos a si lo siento él; mientras le respondíaEse tarado merece un buen escarmiento para a que la verdad, de la magia
ogatorio o al menos a si lo sientio al señor Malfoy bajo su atenta y calculadora mirada, pero al final el señor Malfoy pareció complacido y fue mucho mas agradable desde entonces, por que desde ese día siempre lo insto a sentarse junto a él para platicar.
Algunas veces el señor Malfoy les contaba sobre la historia de la magia, quien diría que los magos tenían su propia religión o algo parecido. Harry aprendió que la magia era una habilidad con la cual los mortales nacían, pero no todos tenían la fortuna de nacer con ella, y es de ahí donde provenían los muggles; los magos aprendieron con el paso de los años a canalizar esa magia en su interior, al principio no tenían varita y tenían que usar su propio cuerpo corporal, lo cual se requería de una gran habilidad magia y años de experiencia. Algunos magos creían que la habilidad magia había sido un regalo para un grupo selecto de seguidores de la diosa Hécate, una diosa griega, dado su relación con la magia e incluso la misma palabra provenía del griego; y que todos los descendientes de estos, nacían con el don de la magia. Otros que era algo intangible pero que estaba a nuestro alrededor, que existían en el mundo desde el inicio de este, pero que los magos solo se enteraron de su existencia al dar señales de magia, al aprender sobre esta. No se sabia realmente lo que ocasionaba la existencia de la magia pero existía y durante años se había aprendido a usar de diferentes formas hasta llegar al invento de la varita, que revoluciono el mundo de la magia. Su llegada aumento el numero de magos y brujas en todo el mundo.
Harry había aprendido un montón de cosas sobre la magia, sobre los magos y el mundo mágico de la actualidad. Existían diferentes escuelas a lo largo del mundo, no solo existía hogwarts, fue algo tonto para Harry darse cuenta que hogwarts probablemente no seria la única escuela de magia.
No solo estudiaba en la mansión Malfoy, sino que también se divertía jugando quidditch, ajedrez, croquet, gobstones, snap explosivo; además aprendió a cabalgar y a nadar gracias a la amabilidad del señor Malfoy. Algunas veces se unieron Crabbe, Goyle, Theodore o Blaise a jugar con ellos, cuando alguno llegaba de visita. Harry estaba pasando el mejor verano de su vida, nunca se había sentido tan querido como la señora Malfoy lo hacia sentir. Siempre con una sonrisa cálida y serena en su rostro mientras se ocupada de que estuviera cómodo y disfrutara de su estancia. Era tan diferente a Privet Drive.
Casi se olvido del imprevisto con Dobby. Casi. Sus amigos parecían preocupados por la visita del elfo, del cual Harry no pudo pronunciar su nombre por mas que lo intentara, Dobby se lo había advertido; no podría decirle a nadie sobre él. Draco dijo que era inusual que un elfo de alguna familia se presentara en una casa sin ordenes, y estaba seguro que no seria buen mentiroso por la forma en que Harry le describió lo sucedido, y que probablemente dijera la verdad. Que era peor, por que Dobby no deparaba nada bueno para aquel año. Artemis en cambio dijo que podría ser una simple broma de alguien, no estaba convencida de que el elfo se apareciera por su propia voluntad en la habitación de Harry. No había nada claro por lo que Harry decidió olvidar el asunto.
Cuando cumplió una semana en la mansión Malfoy, Harry escucho hablar sobre las cartas de hogwarts durante una mañana. Y antes de que le sirvieran el desayuno, la señora Malfoy les entrego las cartas de hogwarts; la carta decía lo mismo que la del año anterior, debían estar el 1 de septiembre en la estación. La lista de útiles era lo que había cambiado.
Los estudiantes de segundo curso necesitarán:
—El libro reglamentario de hechizos (clase 2), Miranda Goshawk.
—Recreo con la «banshee», Gilderoy Lockhart.
—Una vuelta con los espíritus malignos, Gilderoy Lockhart.
—Vacaciones con las brujas, Gilderoy Lockhart.
—Recorridos con los trols, Gilderoy Lockhart.
—Viajes con los vampiros, Gilderoy Lockhart.
—Paseos con los hombres lobo, Gilderoy Lockhart.
—Un año con el Yeti, Gilderoy Lockhart.
—Son muchos libros este año para Defensas Contra las Artes Oscuras—comento Artemis.—Me pregunto quien será nuestro nuevo profesor.
—Una chica de seguro—musito Draco—. ¿Quién mas estaría tan obsesionado con ese hombre sino es una mujer?
—¡Que tonterías!—Artemis frunció el seño—. Yo no estoy obsesionada con el, pero tienes que admitir que es un gran mago, ¿has escuchado todo lo que ha hecho…?
—Genial, te gusta Gilderoy Lockhart.
Draco hizo una mueca de disgusto que no se molesto en disimular.
—Hogwarts cada vez esta peor, mira que recurrí a un mequetrefe como Lockhart—dijo el señor Malfoy tomando un sorbo de su jugo.
—Era Ravenclaw si mal no recuerdo—dijo señora Malfoy—. Un muchacho muy encantador.
Harry reprimió las ganas de reír ante el gesto malhumorado del señor Malfoy y la queja poco audible de Draco. Pronto recibieron noticias de Hermione, quien había estado ocupada con su deberes pero iría el próximo miércoles a hacer sus compras y los invitaba a unirse. Respondieron inmediatamente, aceptando su propuesta.
El miércoles la señora Malfoy los levanto temprano para comprar sin el tumulto de personas que seguramente empezarían a llegar al callejón Diagon entre mas tarde se hiciera. Luego de desayunar se prepararon para ir por red flu, el señor Malfoy le dio las indicaciones convenientes a Harry para evitar que se perdiera en alguna chimenea. Indicaciones que nos sirvieron, por que Harry termino perdiéndose en la chimenea para preocupación de sus amigos y de los señores Malfoy. Al final Harry termino en una tienda con todo tipo de artefactos que no le agradaban para nada, para su suerte se encontró con Hagrid que lo llevo hasta el callejón Diagon, donde se encontraron con Hermione que estaba contenta de verlos. Los Malfoy junto a Artemis no tardaron en aparecer, caminando en su dirección en cuanto lo vieron, haciendo que Hagrid perdiera la sonrisa.
—Harry, muchacho—dijo el señor Malfoy cuando llego—. ¿Te encuentras bien? Esperábamos que sólo te hubieras pasado una chimenea.
—¿Dónde salisteis?
—Por el callejón Knockturn.
—Ah, ya se cual.
—A mi nunca me dejan ir a ese callejón—se quejo Artemis.
—Y han hecho bien —gruñó Hagrid.
La señora Malfoy ya estaba limpiando el hollín en la ropa de Harry con un cepillo grande, mientras el señor Malfoy arreglaba sus gafas rotas.
—Me alegra que te encuentres bien—dijo la señora Malfoy quien se veía claramente preocupada pero aliviada de ver a Harry—. Y que te encontrasteis con alguien ahí fue un milagro…—le dijo una mirada a Hagrid—. No es bueno andar por esos lugares, en especial para un niño.
—Bueno, tengo que irme —dijo Hagrid, que deseaba alejarse de los Malfoy en cuanto antes, como si ellos tuvieran una enfermedad contagiosa—. ¡Os veré en Hogwarts! —dijo, y se alejó a zancadas, con su cabeza y sus hombros sobresaliendo en la concurrida calle.
—Buenos días, señores Malfoy—saludo Hermione ante el codazo de Draco.
—Señorita Granger—saludo cortésmente el señor Malfoy.
—Hermione, espero que no hayas venido sola—dijo la señora Malfoy que estaba peleando con el desordenado cabello de Harry, tratando de arreglarlo.
—Claro que no. Están adentro de Gringotts, señora Malfoy.
Los padres de Hermione, que estaban ante el mostrador que se extendía a lo largo de todo el gran salón de mármol, esperando nerviosos a que su hija los presentara. Fue un saludo breve y cortes dado que un elfo llevo para dirigirlos a su bóveda, en aquel momento Artemis se detuvo.
—¿Qué ocurre, Temis?
—No tengo mi llave—dijo Artemis con las mejillas sonrojadas—. Cuando me fui de mi casa no pensé… Bueno, la llave es de mi madre.
A Harry le pareció que Artemis le ocultaba algo, por que todos parecieron entender algo mas en las palabras de Artemis.
—No te preocupes por eso, tu madre me envió el dinero necesario para tus útiles—dijo la señora Malfoy coloco su mano en su hombro—. No tienes de que preocuparte. Vamos.
—Esperare con Hermione, no tiene caso que entre—dijo Artemis.
—Como quieras.
Una vez que Harry junto con los Malfoy tenían el dinero suficiente, se separaron para terminar antes las compras; los padres de Hermione se fueron acompañados de los padres de Draco, para sorpresa de este.
—Espero que volvamos a verlos con vida.
—No seas melodramático, Draco —dijo Hermione—. Tu dijisteis que tus padres no tenían una buena opinión de los muggles, pero te aseguro que mis padres les hará cambiar de opinión.
—Si ninguno muere, definitivamente.
—Mejor vayamos por unos helados.
—Estoy con ella.
Recorrieron el callejón Diagon, comprando las pocas cosas que necesitaban o que no necesitaban, como plumas o tintas, o alguna pluma de broma; se encontraron con los gemelos Weasley y a Percy también, quien no pareció muy contento de verlos dado que estaba ocupado con un libro sobre como los prefectos obtenían brillantes carreras después de hogwarts.
Luego decidieron ir a Flourish y Blotts a reunirse con los señores Malfoy y los Granger, para comprar los libros. En la librería había una gran multitud tratando de entrar. El motivo de tal aglomeración lo proclamaba una gran pancarta colgada de las ventanas del primer piso:
GILDEROY LOCKHART
firmará hoy ejemplares de su autobiografía
EL ENCANTADOR
de 12.30 a 16.30 horas
—¡Podremos conocerle en persona! —chilló Hermione—. ¡Es el que ha escrito casi todos los libros de la lista!
Artemis la siguió casi al instante, Draco hizo una mueca antes de entra junto a Harry. Para sorpresa de Harry la señora Malfoy estaba haciendo fila con los señores Granger, hablando sobre un mal servicio cuando se unieron.
—Ahí están.
—No quiero mis libros autografiados por ese fanfarrón.
—Solo tendrás un libro autografiado, así que puedes escoger uno—dijo la señora Malfoy señalando el montón de libros que tenia junto a ella—. No es una opción, solo me atenderán después de que pase a firmar con Lockhart, esta es la fila para comprar también.
Cada vez se estaban acercando mas, lo podían ver; estaba sentado en una mesa, rodeado de grandes fotografías con su rostro, fotografías en las que guiñaba un ojo y exhibía su deslumbrante dentadura.
Un hombre pequeño e irritable merodeaba por allí sacando fotos con una gran cámara negra que echaba humaredas de color púrpura a cada destello cegador del flash.
—Fuera de aquí —gruñó a Draco, retrocediendo para lograr una toma mejor—. Es para el diario El Profeta.
Draco se tallaba el pie que le había pisado mientras murmura sobre la insolencia y mala educación de algunos. La señora Malfoy le reclamaba al pequeño hombre. Entonces Gilderoy que escucho todo, vio a que se debía aquel alboroto y fijo sus ojos en Harry. Sin dejar de mirarlo se levanto de su asiento y grito:
—¿Ese es Harry Potter?
Toda la gente se aparto para que Gilderoy pasara, llego con una gran sonrisa hasta a Harry a quien se lo llevo cogiéndolo del brazo hasta la mesa donde firmaba los autógrafos.
Harry estaba rojo de pena, mientras estrechaba su mano con la de Lockhart, mientras el fotógrafo les tomaba fotos. Harry quiso regresar con sus amigos pero Lockhart no lo dejo.
—Señoras y caballeros —dijo en voz alta, pidiendo silencio con un gesto de la mano—. ¡Éste es un gran momento! ¡El momento ideal para que les anuncie algo que he mantenido hasta ahora en secreto! Cuando el joven Harry entró hoy en Flourish y Blotts, sólo pensaba comprar mi autobiografía, que estaré muy contento de regalarle. —La multitud aplaudió de nuevo—. Él no sabía —continuó Lockhart, zarandeando a Harry de tal forma que las gafas le resbalaron hasta la punta de la nariz— que en breve iba a recibir de mí mucho más que mi libro El encantador. Harry y sus compañeros de colegio contarán con mi presencia. ¡Sí, señoras y caballeros, tengo el gran placer y el orgullo de anunciarles que este mes de septiembre seré el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras en el Colegio Hogwarts de Magia!
La multitud aplaudió y vitoreó al mago, y Harry fue obsequiado con las obras completas de Gilderoy Lockhart. Tambaleándose un poco bajo el peso de los libros, logró abrirse camino desde la mesa de Gilderoy, en que se centraba la atención del público, hasta la parte trasera donde solo estaba una niña pelirroja con su nuevo caldero.
En cuanto las fotografías de Gilderoy con Harry habían parado, toco el turno de Hermione. Harry se alejo de toda aquella multitud, y luego le regalo sus libros a una niña pelirroja que encontró.
—Tenlos tú —le farfulló Harry, metiendo los libros en el caldero—. Yo compraré los míos…
Y se fue a un lugar apartado de toda la multitud, esperando el momento para irse. Momentos después vio a Artemis caminar pensativa con su paquete de libros, fruncía el ceño y parecía desilusionada.
—¿Que ocurre?
Artemis se sobresalto.
—Ah, eres tu—dijo mientras se acercaba—. Lockhart no parece tan fabuloso de cerca. Tenia tantas preguntas que hacerle pero no habría tiempo respondiera todas, así que le pregunte solo una pero él solo me mando a leer el libro en busca de respuestas. Y ni siquiera estoy segura que mi respuesta este en el libro, era algo personal…
—Mmm..
—Por cierto, la señora Malfoy casi regresa los libros que iba a comprarte de no ser por que Draco le aviso que los regalasteis—dijo Artemis—. Por cierto, ¿ a quien se los distes?
—No lo se—dijo Harry encogiéndose en hombros. —No era alguien que conociera.
—Miren nada mas quienes están aquí—dijo una voz que Harry no tuvo ninguna dificultad en reconocer. Se puso derecho y se encontró cara a cara con Zacharias Smith, que exhibía su habitual aire de grandeza—. El famoso Harry Potter. Ni siquiera en una librería puedes dejar de ser el protagonista.
—El no lo ha pedido—replico Artemis—. Fue Lockhart quien armo todo el revuelo.
—Ahora te defiende una niña, Potter—musito Smith—. O es que ahora tienes novia. Hacen una perfecta pareja de perdedores.
Las mejillas de Artemis se encendieron mientras lo fulminaba con la mirada. Draco y Hermione se acercaban con sus sendas de libros de Lockhart.
—¡Ah, solo eres tú! —dijo Draco, mirando a Smith como si fuera un pedazo de papel que alguien olvidaría en el fondo de un baúl—. Es hora de irnos.
—Pero aquí esta el otro par de perdedores.
Draco fingió no escucharlo.
—Escuchan algo, por que solo logro oír el zumbido de un pequeño insecto molestoso—dijo.
—Ya te estas quedando sordo, Malfoy—dijo Smith con una sonrisa malvada—. Acaso ya eres tan pobre como Weasley para no poder pagarte un buen tratamiento para la sordera… es una lastima, he visto a la mujer que los acompañaba, ella requiere un cambio de rostro.
—No te permito ofender a mi madre—dijo Draco con desprecio, estaba claro que no permitirá aquella falta de respeto contra su madre y Harry lo apoyaba.
—¿Que? ¿La cara de mono era tu madre?
Draco giro sobre sus talones y lanzo la mirada mas asesina que tenia a Smith, quien no se inmuto; sonreía con indiferencia.
—Cuida tus palabras, Smith—advirtió Draco—. Cuida tus palabras…te hare pagar por cada una de ellas…
—Tus amenazas no me hacen daño…
—Espera y veras—dijo Draco con el ceño fruncido—. Te arrepentirás Smith, espera y veras…
Hermione hizo un gesto de advertencia, y Draco camino directo a Smith quien se preparo para pelear, pero Draco paso junto a él golpeándolo con el, simplemente golpeándolo por los hombros.
—Vámonos, mi madre nos espera.
Harry quien habría apoyado a Draco si deseaba darle un buen golpe a Smith por ofender a la señora Malfoy, no le quedo otra que seguir su camino sin hacer caso a la sonrisa burlona de Smith y a sus comentarios estúpidos mientras salían de la tienda. Nadie menciono a Smith, a pesar de que Hermione intento tranquilizar las cosas sobre lo ocurrido, basto una mirada de Draco para que entendiera que no quería escuchar hablar sobre el. Una vez comprado todo lo de la lista, se despidieron de los Granger que desaparecieron por la puerta al Londres muggle mientras los Malfoy se dirigían a la chimenea con Artemis, esta vez Harry no se perdió en la chimenea a la hora de volver.
Al llegar Artemis pareció sorprendida de recibir carta de su madre, y disculpándose desapareció a su habitación aferrándose a la carta. Harry tuvo el presentimiento de que algo ocurría entre Artemis y su madre, o tal vez era algo relacionado con su nuevo hermanito, del que ya estaba enterado; de todas formas, Draco le indico que lo mas prudente por el momento era no preguntarle nada sobre la carta y darle su espacio. Y aún así, Harry no pudo evitar preguntarse que le ocurría, pero parecía que tendría que quedarse con sus dudas por un tiempo indeterminado.
Cuando el tren se puso en movimiento, Harry se despidió de la señora Malfoy desde la ventana que los seguía con la mirada a medida que el tren se alejaba. Draco tomo asiento cuando dejo de ver a su madre y soltando un suspiro saco un comic de un mago que resolvía crímenes con un grupo fiel de amigos. Artemis parecía concentrada en su bloc de dibujo por lo que Harry decidió leer el comic de Draco. En algún momento del trayecto, Artemis salió del compartimiento y no la volvieron a ver hasta que fueron en búsqueda de Hermione y Neville, a quienes todavía no habían visto.
Artemis se dirigía de nuevo a su compartimiento junto a Warlock, su hurón mascota, a quien había sacado a dar un paseo mientras pensaba en la ultima carta de su madre. No le había respondido y no tenia caso, por que ya estaba en camino a Hogwarts; pero tendría que hacerlo cuando las clases terminaran y Artemis no pudiera ocultarse en casa de los Malfoy, ni la de su tía. Tal vez no fue correcto lo que Artemis hizo, pero tampoco era lo que su madre estaba haciendo; se había disculpado por su comportamiento con su madre e incluso con Brigitte, se había portado lo mejor posible cuando estaba en su presencia (que era ocasionalmente) y obedecía en todo a su madre. ¿Por que entonces su madre se había portado de aquella forma con ella? No era la hija perfecta, pero trataba de serlo, entonces por que su madre le mentía tan descaradamente. Ella tenia todo el derecho de saber sobre su padre, le había perdonado todos aquellos años que nunca hablara casi nada de su padre, por que le entristecía, pero mentirle. Eso había sido demasiado para Artemis. Había confiado en ella cuando le dijo que no tenia recuerdos de su padre, ni siquiera una foto o una carta; que sorpresa se llevo Artemis al encontrar una foto escondida en el libro viejo de su madre, seguramente tendría mas por que mantenía con llave su ropero luego de que entro a revisar. Bueno, tal vez tampoco debió husmear en su alcoba, pensaba Artemis, pero gracias a ello encontró una caja con recuerdos de sus años de estudiantes y una bufanda que definitivamente no era de su madre por que Artemis podría jurar que era la misma bufanda que vio en la fotografía que encontró. Y aparte de la fotografía, la bufanda era lo único que tenia como recuerdo de su padre. Se suponía que debería odiarlo por abandonarlas, pero Artemis no podía, su madre nunca hablaba de él como si no las quisiera.
Debió de haberse quedado con nosotras, pensó Artemis, tal vez así pudo evitar ese trágico accidente que le costo la vida.
Salió de sus pensamientos cuando no vio a su mascota por ningún lado, luego escucho unos gritos y supo lo que ocurría. Entro al compartimiento e intento atrapar a Warlock impidiendo que Ronald Weasley lo golpeara mientras intentaba proteger a su rata. Lo peor fue cuando Warlock se metió bajo los pantalones de Weasley que dejo caer a su rata sobre el asiento, la rata no escapo gracias a una niña que lo atrapo a tiempo. pero cuando Warlock salió salto directamente a atacar a la rata, mientras Artemis y Ronald trataban de impedirlo, ambos cayeron al suelo al chocar; pero al menos Artemis había recuperado a su hurón.
—Aleja a ese monstruo de mi—dijo Weasley.
—Warlock no es un monstruo—replico Artemis.
—Díselo a mis piernas heridas…—dijo Ron mientras se revisaba los bolsillos y sacaba su varia—. No puede ser…mi varita se ha roto.
—Lo lamento mucho…
—Tendrías, ha sido tu bola de pelos quien ha roto mi varita.
—Es imposible que mi hurón te rompiera la varita, seguramente fue cuando te caísteis. El bolsillo trasero del pantalón no es el mejor lugar para una varita.
—A quien le importa eso, tu monstruo rompió mi varia y casi se come a Scabbers.
—Y lamento que intentara comerse a tu rata, aunque no estoy segura si lo quería como un bocado.
—¿Como no lo va a querer para un bocado!—gruño Ronald—. Salto prácticamente hacia Scabbers con toda intención de comérselo.
—Me parece un rata muy vieja—dijo Artemis—. Warlock ni siquiera se molesta en comérselos cuando son muy viejos.
—¡Eso me tranquiliza, entonces supongo que solo venia a jugar!
—De hecho, eso es lo que suele hacer con las ratas viejas—dudo en decir Artemis—. Jugar con ellas hasta que las mata.
Sonrío un poco ante lo ultimo, no le importaba fastidiar a Weasley, después de todo a él no le importaba insultar a su padrino frente a ella.
—¡Que tranquilizador!
—¿Qué ocurre aquí?¿por que tanto escandalo?
Hermione estaba en la entrada con las en las caderas.
—No es tu problema—dijo Ronald—. Y tu aleja a esa alimaña de mi pobre Scabbers.
Oculto a la rata en uno de sus bolsillos de su chamarra que dejo junto a la niña pelirroja, esperando que con aquello el hurón se calmara pero incluso así, Warlock siguió mirando fijamente hacia el bolsillo donde estaba escondida la rata.
—Tu rata es la única alimaña, Weasley.
—No deberían hablarse así…
—Pero miren a quien tenemos aquí—Artemis no reprimió una mueca de disgusto—. Molestando a Weasley, ¿eh, Jones?
—Smith.
—Incluso Weasley merece de tu respecto, él esta en una clase social mucho mas elevada que la tuya.
—¡Vete a meter tus narices en un lugar donde quepa!
—¿Y donde estas tus torpes amigos? solo veo a la come libros de Granger.
—Al menos ella tuvo las mejores calificaciones—dijo Artemis—. ¿Cuánto fue tu calificación? Si mal no recuerdo, ni siquiera me alcanzabas a mi.
—Mi calificación era merecida, y no me la gane por ser la ahijada de un profesor.
—Artemis se merecía su calificación—defendió Hermione—. Y no fue por ahí presumiendo de ella.
—Quien te metió a ti, sabionda.
—Mejor vete de aquí antes de que te metas en otro problema con tu padre, cuando se entere que el primer día ya estabas peleando en la escuela.
—Al menos yo tengo un padre—dijo Smith con los ojos brillando de malicia—. Me recuerdas el nombre del tuyo, espera, tu no tienes. Eres una repudiada, una «sangre podrida».
Se le hizo un nudo en la garganta, ante aquellas palabras y Artemis no pudo responderle como se merecía. Aquellas palabras le afectaban en cierto modo, el tema de su padre siempre fue delicado para Artemis pero nunca nadie se había atrevido a decirle a aquel insulto impensable. No al menos en su cara.
—¡Como has podido!—dijo la voz de una niña que estaba sentada en el vagón.
—¡Déjala en paz! —dijo Hermione.
—Por supuesto tendrías que salir en su defensa, eres de su misma calaña—dijo Smith con repulsión—. No eres mas que una…
—¡Cállate! —Artemis recupero la voz. Si algo que no desearía es que Hermione escuchara aquellas palabras que Smith deseaba pronunciar solo para fastidiar. Palabras que lastimarían aunque no lo pareciera.—El problema es conmigo, deja a Hermione fuera de esto.
—¿Por que? no quieres que le diga lo que se merece. No quieres que le diga…
—No lo hagas, Smith.
—..«sangre sucia».
Fue un momento de silencio sepulcral, en el que Smith sonrió con regocijo ante la reacción de ambas muchachas. Entonces Weasley se adelanto con su varita en mano y grito:
—¡Traga babosas!
Un estallido y Ronald Weasley quedo tirado en el suelo del vagón junto a la niña que se arrodillo a verlo.
—¿Ron?¿Ron?¿Estas bien?
Ron abrió la boca para decir algo, pero no salió ninguna palabra. Por el contrario, emitió un tremendo eructo y le salieron de la boca varias babosas que le cayeron en el regazo. Smith se partía de risa bajo la mirada fulminante de la niña pelirroja, que debía ser la hermana de Ron. Tenía la misma nariz que los gemelos y las mismas cejas que Ron.
Smith daba unas grandes carcajadas que resonaban por todo el pasillo, que Artemis no soporto mas y sacando su varita grito una maldición, dejando a Smith con la cara llena de granos llenos de pus. Hermione cerro la puerta del compartimiento antes de que alguien saliera a husmear sobre lo ocurrido o que Smith intentara vengarse.
—Deberíamos llevarlo al baño—dijo Artemis quien ayudo a Ron a levantarse—. O hacerle el contra hechizo.
—Me parece que no hay un contra hechizo—dijo la niña pelirroja—, creo que tendrá que esperar hasta que el efecto pase.
Decidieron sentar a Ron en el asiento mientras se limpiaba la boca con un pañuelo que Artemis le había ofrecido, que Ron observo luego de eructarle un par babosas.
—Puedes quedártelo o tirarlo, no importa—aseguro Artemis y al siguiente instante le tendió su varita rota—. Te compensare la varita …
—No es necesario—susurro Ron eructando otra babosa.
—Oye, gracias por… intentar defendernos de Smith—Artemis jugaba con sus manos—. No era necesario lo que hicisteis, has terminado eructando babosas…quiero decir…
—¡No lo hice por ti!—corto Ron de repente con las orejas tan rojas como su cabello. Mirando con recelo a la muchacha—Yo lo hice por Hermione, por que…es de mi casa. Tu solo estabas ahí de sobra, molestando con tu estúpido hurón.
—¡Ron! —riño la pequeña niña pelirroja.
—Pardonne-moi, no le molestare mas—dijo Artemis ofendida, tomando a su hurón de los brazos de Hermione—. Disfruta de tu viaje, Weasley.
Y cerro con gran ruido la puerta del compartimiento, sin mirar atrás ni esperar a Hermione, que cinco minutos después corrió para alcanzarla argumentando que Weasley no era malo pero si prejuicioso. En su camino encontraron a Harry y a Draco junto a Neville, que al parecer ya habían escuchado sobre su encuentro con Smith.
—Smith es el ser mas repugnante del mundo—dijo Draco con sequedad pero uno podía ver el odio en sus palabras—. Nunca debió atreverse a decirles aquello.
—Olvídalo, Draco—dijo Artemis haciendo que regresaran al compartimiento—. Le he dado su merecido, veremos si se presenta a la ceremonia de bienvenida con la cara como la tiene.
—¿A que se refería Smith? —pregunto Harry—. Estoy seguro que es algo muy grosero…
Hermione volteo hacia Harry.
—Ron me explico que sangre sucia, es el termino que magos que creen en la pureza de sangre se refieren a las magos nacidos de muggles. Por creerse mejores por tener sangre limpia.
—Yo no escucharía a Smith —dijo Draco evitando mirar a Hermione—. Eres la bruja mas inteligente de todo el siglo, no hay un hechizo que no realices ni un pasaje de la historia de la magia que no conozcas.
Aquel comentario hizo que Hermione se pusiera colorada.
—Y Artemis—continuo Draco—. Eres absolutamente la mejor en lo que se refiere a realizar hechizo o pociones, nunca podre entender como lo haces pero eres asombrosa con la varita y el caldero. Smith solo les tiene envidia a ambas como a mi, que soy perfecto.
Artemis sonrió agradecida ante aquellas palabras.
—Supongo que sangre podrida es tan malo como sangre sucia—dijo Harry pensativo.
—Tu sabes, Harry, que a Smith le encanta recordarle a Artemis su estatus social—dijo Draco observando a Artemis de reojo—. Dado que se desconoce su padre es considerada una bastarda, pero entre los magos es algo muy malo, es como si la familia de un lado de tus padres te repudiara y consideran que de ser así, debe ser por que la familia o su madre/padre tiene un conducta tachable.
—Pero eso es estúpido, Artemis no tiene nada malo y su familia es amable. En especial su madre.
—Díselo a Smith—dijo Artemis—. A chicos de familia como él, el estatus es importante en cuando a sangre y apariencias ó decoro… de todas formas, ¿cómo te enterasteis, Neville?
—Paso por mi compartimiento quejándose en voz alta por que lo hechizasteis por decirles nada mas que la verdad.
—No me importaría darle una lección a esa alimaña —dijo Draco con asco—. Me vengare de esto y por lo de mi madre en la primera oportunidad que se me presente.
—¡No te iras a meter en problemas!
—Solo lo hare si llegan a atraparme, y no soy tan tonto para dejar que eso pase.
—Draco, sabes en los problemas que podrías meter…
Nadie presto atención a la pequeña discusión entre Hermione y Draco, que dio por finalizada cuando Draco hizo prometerle a Hermione que no haría nada imprudente.
Al ver a todo el mundo bajar del tren, los muchachos se preocuparon, Harry había ido al baño y aún no había regresado.
—¿Creen que ya bajo?—dijo Hermione—. No creo que hubiera sido fácil regresar cuando todo el mundo te esta empujando..
Por los pasillos todo el mundo se empujaba, armando un gran alboroto para lograr salir del tren. Decidieron bajar e intentar buscarlo fuera de todo el tumulto. Al salir del tren, se detuvieron un momento para mirar alrededor y escucharon a Hagrid que les saludo por encima de la multitud y preguntando por Harry, pero nadie pudo responder por que fueron empujados por el tumulto de gente que salía del tren. Draco que llevaba a Hedwig, se apresuro a seguir a los demás alumnos, intentado encontrar a Harry sin éxito.
Siguieron al resto de los alumnos por un camino embarrado y desigual, donde aguardaban al resto de los alumnos al menos cien diligencias, todas tiradas por extraños caballos alados. O al menos eso pensó Artemis, que tuvo que darle otra mirada; tenia el aspecto de caballos con alas, pero no tenían nada de carne, su pelo negro se agarraba a sus esqueletos, haciendo que cada hueso fuera visible. Sus cabezas eran de dragón, y sus ojos sin pupila, blancos y fijos. Tenían alas grandes y con textura de cuero que parecían diseñadas para murciélagos gigantes. Estaban de pie y tranquilos, y parecían misteriosos y siniestros. Artemis por un momento recordó a Norberto y sonrió, se acerco hasta el carruaje que Draco logro conseguir para ellos solos.
—Vamos, Artemis—apremio Hermione que se encaminaba hasta Draco que galantemente la ayudo a subir.
—¿Qué crees que sea lo que tira del carruaje? —pregunto a Hermione, con la esperanza de que conociera la respuesta. Incluso Neville pareció interesado. —¿Qué clase de caballo crees que sea?
Hermione dio un vistazo por la ventana y dijo:
—Ningún caballo tira del carruaje, Artemis, al menos que sea invisible pero eso es improbable.
—Entonces nada tira del carruaje.
—Nada.
— ¿Nada? —repitió Artemis observando a los extraños caballos—. Entonces como explicas que se muevan los carruajes.
—Seguramente los carruajes esta encantados.. ¡Mira!—dijo Hermione señalando uno de los carruajes que se puso en marcha.
Artemis observaba pero veía perfectamente al caballo reptil tirando del carruaje.
—No veo a Harry—dijo Draco todavía afuera del carruaje manteniendo la puerta abierta.
—No…No se habrá subido en otro carruaje—comento Neville.
—Ninguno que haya visto, tampoco lo vi en el camino—dijo Draco—. ¡Eh, Pansy! ¿has visto a Harry?
—No—escucharon su respuesta a lo lejos. Unos segundos después estaba frente a Draco acompañada de Millicent—. Me imagine que vendría con ustedes…
—Estaba con nosotros pero fue el al baño, y cuando el tren se detuvo aún no había regresado.
—Realmente no lo he visto.
Entonces un alumno de quinto año les grito que se subieran al carruaje y se marcharan de una buena vez, y dejaran de estorbar en el camino. Draco le lanzo una mirada indignante pero le hizo caso, siguió haciendo alarde de su caballerosidad y ayudo tanto a Pansy como a Millicent subir al carruaje como había hecho con Hermione y Artemis. Y cuanto Draco cerro la portezuela, el carruaje se puso en marcha, dando botes.
La diligencia olía un poco a moho y a paja. A pesar de eso, no le molestaba en lo absoluto, Artemis seguía observando a los extraños caballos por la ventanilla, que al parecer nadie más veía y con la duda de saber, ¿por qué solo ella veía aquellos caballos? ¿Acaso se había vuelto loca o algo por el estilo?
Mientras el coche avanzaba lentamente hacia unas suntuosas verjas de hierro flanqueadas por columnas de piedra coronadas por estatuillas de cerdos alados, Artemis siguió divagando en los extraños caballos aún después de pasar por la verga.
El carruaje cogió velocidad por el largo y empinado camino que llevaba al castillo; Hermione se asomaba por la ventanilla para ver acercarse las pequeñas torres. Finalmente, el carruaje se detuvo y todos bajaron.
Recibieron un par de saludos por parte de algunos compañeros, y avanzaron de prisa para unirse a la multitud apiñada en la parte superior; a través de las gigantescas puertas de roble, y en el interior del vestíbulo, que estaba iluminado con antorchas y acogía una magnífica escalera de mármol que conducía a los pisos superiores.
A la derecha, abierta, estaba la puerta que daba al Gran Comedor. Artemis siguió a la multitud, pero apenas vislumbró el techo encantado, que aquella noche estaba negro y nublado, cuando busco con la mirada a Harry entre las personas en la mesa de Slytherin. Pero ni siquiera ahí estaba él. Draco y Artemis observaron la mesa llenarse hasta que se dieron cuenta que Harry no llegaría, y subieron hasta la mesa de profesoras para hablar con el profesor Snape antes de que la ceremonia diera comienzo.
—Profesor Snape, señor, es sobre Harry—hablo Draco.
El profesor Snape hizo un ademan y se levantó de su sitio, para alejarse a hablar con ellos.
— ¿Qué ocurre con el señor Potter? ¿dónde está?
—Eso es lo que nos preocupa, señor—continuo Draco—. No lo hemos visto desde que el tren se detuvo.
—Y nadie más lo ha visto, profesor—dijo Artemis—. Fue al baño y nunca regreso, el tren se detuvo y al bajar no lo encontramos en ninguna parte. Tememos que algo le haya ocurrido.
—Tomen asiento—ordeno el profesor Snape—. Yo me encargare de encontrar al señor Potter.
Artemis y Draco dieron media vuelta, aliviados. La ceremonia dio inicio unos minutos después, y observaron a los de primero entrar, todos nerviosos y mirando hacia todos los lados. Artemis sonrió cuando fue el turno de su primo Ethan, esperaba que fuera Gryffindor o cualquier casa menos Slytherin; no deseaba que recibiera el mismo trato que ella recibió por parte de sus primos.
— ¡Slytherin!—grito el sombrero al cabo de unos minutos.
Artemis sonrió ante aquello pero no pudo evitar dar un vistazo a sus primos que parecían resignados. Ethan se acercó a la mesa no sin antes guiñarle el ojo a una niña rubia que aún seguía en la fila; fue recibido con felicitaciones mientras tomaba asiento y desde lo lejos, Ethan le saludó efusivamente agitando la mano desde su asiento. Artemis le regreso el saludo junto a Pansy que parecía encantada con la expresión de sus primos.
La chica a la que había saludado fue seleccionada dos personas después y fue sorteada en Ravenclaw. Aplaudió un par de veces mas cuando alguien fue seleccionado para Slytherin pero Artemis estaba muy distraída viendo las puertas del gran comedor, esperando a que por ellas apareciera Harry o el profesor Snape. Al final de la selección cuando la hermana menor de los gemelos Weasley había sido seleccionada para Gryffindor, y mientras sus hermanos festejaban y aplaudían, la puerta del Gran Comedor se abrió sin que casi nadie lo notara; excepto Artemis y Draco que seguían esperando noticias de Harry. El profesor Snape paso por la en su camino a la mesa de profesores, algunos voltearon pero fueron pocos los que se percataron de su presencia, tal vez por que la mirada del profesor Snape daba a quien volteara. Harry no venia con el, aunque Artemis estaba segura que el profesor no estaría tan relajado sino hubiera encontrado a uno de sus alumnos.
—¿Dónde estabas? —pregunto Draco una vez que llegaron a la sala común donde encontraron a Harry—. Acaso te quedasteis atorado en el baño.
—Mas o menos—dijo Harry mientras los alejaba a un rincón.
Tanto Artemis como Draco le observaron intrigantes. Harry se inclino y en voz baja para que nadie mas escuchada, les relato que cuando planeaba regresar, la puerta del baño no abrió por mas que lo intento e incluso el hechizo Alohomora no funciono. Luego mientras estaba distraído gritando por ayuda, alguien le golpeo en la cabeza y Harry estaba seguro que había sido el elfo que lo visito aquel verano.
—¿Pero para que encerrarte en el baño?
Harry se encogió de hombros.
—Recuerden que el elfo no quería que Harry viniera a hogwarts—dijo Draco—. Seguramente pensó que si lo noqueaba y lo encerraba en el baño, se quedaría ahí hasta que el tren volviera a partir a Londres.
—Eso es absurdo—susurro Artemis—-. ¿Es posible que el tren regrese? Digo, solo transporta a los alumnos a hogwarts, sin alumnos no creo que regrese a la estación de Londres.
—Pues eso es una suerte—dijo Harry—. Por que así el profesor Snape me encontró.
—Eso es gracias a que nosotros le dijimos que estabas perdido—dijo Draco.— ¿Y por que el profesor no te llevo al banquete?
—Me mando a la enfermería—dijo Harry con pesadez—. Para que la señora Pomfrey se asegurara de que estaba bien, el golpe que me dio el elfo me dejo una herida. Aunque realmente no fue nada, pero el profesor Snape no me escucho.
En aquel momento uno de los prefectos se paro en una mesa para obtener la atención y los envió a todos a sus habitaciones para que los de primero pudieran tener una bienvenida tranquila. Despidiéndose Artemis fue hacia el dormitorios de chicas, preguntándose que era lo que elfo quería advertirles si de verdad era cierto lo que decía; y no solo trataba de lastimar a Harry.
