Aquella mañana no empezó bien para Artemis, aún seguía teniendo aquel extraño presentimiento cada vez que estaba cerca de Harry, no sabría explicarlo pero tenia la sensación de que se encontraba en un peligro mortal; desde que salió de la enfermería el año pasado cuando rescato la piedra, había pensado que aquel presentimiento se apagaría pero se equivoco. Aún hasta el día de hoy, seguía teniendo un mal presentimiento sobre Harry cada vez que lo tocaba. Como si el peligro lo acechara a cada paso.

Acababa de empezar sus gachas de avena cuando un centenar de lechuzas penetraron con gran estrépito en la sala, volando sobre sus cabezas, dando vueltas por la estancia y dejando caer cartas y paquetes sobre la alborotada multitud. El águila de los Malfoy aterrizo frente a ellos con su usual paquete lleno de golosinas para Draco.

Como el año anterior, el profesor Snape paso entregando los horarios, que cogieron y revisaron enseguida.

A primero hora tenían Historia de la Magia con Ravenclaw, seguido de Herbología nuevamente con Ravenclaw y durante la tarde tendrían encantamientos con Hufflepuff y su primera clase de Defensas Contra las Artes Oscuras.

En su camino a la clase encontraron a Lockhart que salía de la enfermería, la señora Pomfrey siempre tenía una mirada seria y estricta, pero aquel día estaba de un muy mal humor, mucho peor que cuando los gemelos llevaron un inodoro a Harry.

—¡Hola, qué hay! —saludó Lockhart, sonriendo al grupo de estudiantes que pasaba por ahí—. Estaba recomendando a la señora Pomfrey varias pociones para curar heridas. ¡Pero no quiero que penséis que sé más que ella de pociones! Lo que pasa es que en mis viajes me he encontrado varias personas con diferentes heridas…

En aquel momento la señora Pomfrey cerro la puerta de la enfermería, sin despedirse del profesor.

—Vamos tarde a clase—dijo Blaise al profesor antes de que este se dispusiera a continuar. Y se apresuro a esquivarlo para seguir el camino al aula, a pesar de que la primera clase era aburrida, todos siguieron el ejemplo de Blaise. Incluso faltar con Binns era lo peor que uno podría hacer, uno no podría enterarse bien de lo visto aquel día ni tener apuntes por que casi nadie escribía en clase del aburrimiento.

Artemis observo cuando Lockhart detuvo a Harry sacando la mano rapidísimamente.

—¡Harry! Quería hablar contigo…No se preocupen por él, los alcanzaran en un momento.

El profesor Binns empezó la clase de la misma forma de siempre, escribiendo nombres en la pizarra y leyendo el libro de la forma mas aburrida posible. Harry solo lleno un par de minutos después de que el profesor iniciara la clase, por lo que no se perdió de mucho; pero no dijo mucho acerca de Lockhart. Se limito a decir que el profesor se entero de que lo encerraron en el baño y estuvo en la enfermería, y sobre ello deseaba hablar. Pero Artemis estaba segura de que había algo mas por la forma en que Harry quería esquivar el tema.

La siguiente clase fue mucho mejor que la de Binns. La profesora los llevo al invernadero 3; hasta entonces, sólo habían trabajado en el Invernadero 1. En el Invernadero 3 había plantas mucho más interesantes y peligrosas. La profesora Sprout cogió una llave grande que llevaba en el cinto y abrió con ella la puerta. A Artemis le llegó el olor de la tierra húmeda y el abono mezclados con el perfume intenso de unas flores gigantes, del tamaño de un paraguas, que colgaban del techo.

La profesora Sprout estaba en el centro del invernadero, detrás de una mesa montada sobre caballetes. Sobre la mesa había unas veinte orejeras.

—Hoy nos vamos a dedicar a replantar mandrágoras—dijo la profesora Sprout—. Veamos, ¿quién me puede decir qué propiedades tiene la mandrágora?

Todos se miraron entre si, y dos alumnos Ravenclaw alzaron la mano, la maestra le dio la palabra a Padma quien había alzado la mano primero.

—La mandrágora, se utiliza para volver a su estado original a la gente que ha sido transformada o encantada—contesto Padma.

—Excelente, diez puntos para Ravenclaw—dijo la profesora Sprout—. La mandrágora es un ingrediente esencial en muchos antídotos. Pero, sin embargo, también es peligrosa. ¿Quién me puede decir por qué?

Artemis alzo la mano antes que unos chicos de Ravenclaw.

—Digamos que el llanto de la mandrágora es fatal para quien lo oye.

—Exacto. Diez puntos para Slytherin —dijo la profesora Sprout—. Bueno, las mandrágoras que tenemos aquí son todavía muy jóvenes.

Mientras hablaba, señalaba una fila de bandejas hondas, y todos se echaron hacia delante para ver mejor. Un centenar de pequeñas plantas con sus hojas de color verde violáceo crecían en fila. A primera vista parecían completamente vulgares.

—Poneos unas orejeras cada uno —dijo la profesora Sprout.

Hubo un forcejeo porque todos querían coger las únicas que no eran ni de peluche ni de color rosa.

—Cuando os diga que os las pongáis, aseguraos de que vuestros oídos quedan completamente tapados —dijo la profesora Sprout—. Cuando os las podáis quitar, levantaré el pulgar. De acuerdo, poneos las orejeras.

Artemis se las puso rápidamente, asegurándose de que las tenia bien puestas. La profesora Sprout se puso unas de color rosa, se remangó, cogió firmemente una de las plantas y tiró de ella con fuerza.

Artemis hizo una mueca.

En lugar de raíces, surgió de la tierra un niño recién nacido, pequeño, lleno de barro y extremadamente feo. Las hojas le salían directamente de la cabeza. Tenía la piel de un color verde claro con manchas, y se veía que estaba llorando con toda la fuerza de sus pulmones.

La profesora Sprout cogió una maceta grande de debajo de la mesa, metió dentro la mandrágora y la cubrió con una tierra abonada, negra y húmeda, hasta que sólo quedaron visibles las hojas. La profesora Sprout se sacudió las manos, levantó el pulgar y se quitó ella también las orejeras.

—Como nuestras mandrágoras son sólo plantones pequeños, sus llantos todavía no son mortales —dijo ella con toda tranquilidad, como si lo que acababa de hacer no fuera más impresionante que plantar una rosa—. Sin embargo, os dejarían inconscientes durante varias horas, y como estoy segura de que ninguno de vosotros quiere perderse su primer día de clase, aseguraos de que os ponéis bien las orejeras para hacer el trabajo. Ya os avisaré cuando sea hora de recoger.

»Cuatro por bandeja. Hay suficientes macetas aquí. La tierra abonada está en aquellos sacos. Y tened mucho cuidado con las Tentacula Venenosa, porque les están saliendo los dientes.

Mientras hablaba, dio un fuerte manotazo a una planta roja con espinas, haciéndole que retirara los largos tentáculos que se habían acercado a su hombro muy disimulada y lentamente.

Harry, Draco y Artemis compartieron su bandeja junto con un muchacho de Ravenclaw que se acerco, lo conocían de vista pero nunca habían hablado con el.

—Stephen Cornfoot—dijo alegremente, dándole la mano a Harry—. Ni te molestes Harry Potter, no hay nadie en esta escuela que no sepa tu nombre. Y tú eres Artemisa Jones, increíble tu destreza con la varita—Artemis sonrió al estrecharle la mano—. Y Draco Malfoy, quien no ha oído de ti.

Draco sonrió arrogantemente.

—Han visto lo enojada que estaba la señora Pomfrey, le cerro la puerta en la cara a Lockhart—Stephen soltó un par de risas—. Y yo que pensaba que todas las mujeres admirarían a Lockhart, parece que me equivoque.

Draco también sonrió por un momento.

—Seguro hay una razón—dijo Artemis que pensaba que debía haber una razón para tal reacción—. La señora Pomfrey es muy especial con su enfermería, todo esta siempre limpio y ordenado. Y no le gusta ver personas rondando en la enfermería sin una buena razón.

—En eso estoy totalmente de acuerdo—dijo Stephen asintiendo—. ¿Has leído sus libros? Me parece interesante la forma en como resolvió cada situación, un hombre valiente pero inteligente, no me sorprende que fuera Ravenclaw. Algunas veces he pensado que es demasiado perfecto, nunca parece tener miedo al enfrentarse a situaciones tan peligrosas.

—Lo mismo pensé yo—dijo Artemis—. Quería preguntarle como lograr enfrentarse ante tantas situaciones de vida o muerte sin miedo.

Para ese momento Draco tenia el ceño fruncido, pero Artemis no le presto atención. Sabia de sobra que a él no le agradaba Lockhart. Escucho a Stephen hablar sobre su teoría sobre como se le ocurrió la gran idea para deshacerse de esa Banshee.

Después ya no tuvieron muchas posibilidades de charlar. Se habían vuelto a poner las orejeras y tenían que concentrarse en las mandrágoras. Para la profesora Sprout había resultado muy fácil, pero en realidad no lo era. A las mandrágoras no les gustaba salir de la tierra, pero tampoco parecía que quisieran volver a ella. Se retorcían, pataleaban, sacudían sus pequeños puños y rechinaban los dientes. Todos intentaban hacer lo mejor, Artemis batallo con su mandrágora que no dejaba de moverse. A Harry ni a Draco les fue mejor, el primero se pasó diez minutos largos intentando meter una algo más grande en la maceta y a Draco su mandrágora lo había mordido el dedo.

Al final de la clase todos estaba empapado en sudor, les dolían varias partes del cuerpo y estaban llenos de tierra. Volvieron al castillo para lavarse un poco, para ir a comer. Una vez que tuvieron los estómagos llenos se dirigieron al patio con Hermione y Neville. Artemis decidió practicar con Neville. El al igual que Hermione ya habia teniando encantameintos y el hechizo que vieron aquel día, trataba de lograr mover una pluma que lograra escribir por si sola; Neville no habia logrado mover su pluma por lo que Artemis se ofrecio a precticar con el, anciosa de aprender otro hechizo y usar la varita. Hermione por su parte, que no le habia ido nada mal decidió leer uno de los libros de Lockhart antes de su primera clase. Draco y Harry comentaban algo sobre las pruebas de quidditch,en las que el primero estaba ansioso. Entonces un muchacho de primer año apareció con una cámara, Artemis lo reconoció, había quedado en Gryffindor pero no recordaba su nombre. En aquel momento se preguntó dónde estaría Ethan, y como estaría llevando su primer día de clases..
— ¡Oh-no!—exclamo. Había perdido la concentració y su pluma que habia empezado a moverse, imitando los movimeintos al escribir, cayo sobre el pergamino con apenas una linea irregular—. ¿Qué tal vas tu, Neville?

—Creo que nunca lo lograre.

—Arriba esos animos—dijo Artemis sonriéndole—. Hay que mover de esta forma la varita… Exactamente así, concéntrate en lo que quieres que la pluma haga y mientras recitas el hechizo.
Una vez que Neville logro escribir un garabato, Artemis contenta con su avance retomo su practica al igual que Neville, para prefecccionar el hechizo, y Artemis casi había logrado que su pluma hiciera una letra cuando nuevamente perdió la concentración, esta vez debido a la estupida voz de Smith que se alzaba por todo el patio. Incluso Hermione que estaba absorta en su libro, dio un respingo y levantó la mirada para ver que ocurría.

—¿Firmar fotos? ¿Te dedicas a firmar fotos, Potter?

En todo el patio resonó la voz potente y arrogante de Zacharias Smith. Se había puesto detrás del pequeño Gryffindor, flanqueado, como siempre en Hogwarts, por dos chicos de tercer año, uno era un Hufflepuff y el otro debía ser un Gryffindor por el bordado que había hecho a su túnica.

—¡Todo el mundo a la cola! —gritó Smith a la multitud—. ¡Harry Potter firma fotos!

—No es verdad —dijo Harry de mal humor, apretando los puños—. ¡Cállate, Smith!

—Lo que pasa es que le tienes envidia —dijo el chico Gryffindor, cuyo cuerpo entero no era más grueso que el cuerpo de ambos chicos.

—¿Envidia? —dijo Smith, que ya no necesitaba seguir gritando, porque la mitad del patio lo escuchaba—. ¿De qué? ¿De tener una asquerosa cicatriz en la frente? No, gracias. ¿Desde cuándo uno es más importante por tener la cabeza rajada por una cicatriz?

Sus amigotes se estaban riendo con una risita idiota.

—Por que no te compras un bosque y te pierdes, Smith—dijo Draco sereno—. Nos harías un favor a todos, nadie extrañaría tu rostro de babuino.

El chico mas alto cerro los puños y le dirigió una mirada a su acompañante, y Artemis no perdió eso de vista mientras apretaba la varita en caso de que ocurriera un pelea.

—De lo contrario tendrás que pagarme las que me debes..

—Yo que tu, Malfoy, tendría cuidado —dijo Smith con un aire altivo mientras dirigía una rápida mirada a sus amigotes—. Tu no eres rival para mi.

—O para tus guardaespaldas, querrás decir—corrigió Draco—. Tu nunca pelearías tus batallas por que no eres mas que un inútil de Hufflepuff. Es por eso que te conseguís a dos tarados mayores que tu—echo un vistazo despectivo a sus amigos de tercer año—. Para defender tu lamentable existencia dado que tu papi no esta aquí para defenderte. «Papi, papi, destruye a esa puerta que me golpeo..»

Artemis no pudo reprimir las carcajadas al recordar la historia que Blaise les conto durante una visita; se había encontrado a Smith en el callejón Diagon y había visto como intento entrar a una tienda sin tener éxito, pues intentaba abrir la puerta del lado incorrecto y mientras batallaba con la puerta alguien salió y lo golpeo con la puerta. Blaise había contado aquello con lujo de detalles y imitando cada reacción, que les había parecido lo mas gracioso del mundo. Como le ocurrió en aquel momento a varios alumnos de quinto curso de la casa de Slytherin que había por allí cerca, que rieron a carcajadas.

—A Jones le gustaría que te tomaras una foto con ella, Potter —sonrió Smith con malicia, recuperando la compostura—. Seguramente podrá ser aceptaba por la sociedad si la ven contigo, sin que nadie recuerde que es una bastarda. Y no olvides firmar la foto… Ya me imagino la dedicatoria, «de Potter para mi quería sangre podrida».

Draco saco ágilmente su varita de la túnica y apunto a Smith, pero Hermione cerró Viajes con los vampiros de un golpe y susurró:

—¡Cuidado!

—¿Qué pasa aquí? ¿Qué es lo que pasa aquí? —Gilderoy Lockhart caminaba hacia ellos a grandes zancadas, y la túnica color turquesa se le arremolinaba por detrás—. ¿Quién firma fotos?

Harry se disponía hablar cuando Lockhart lo interrumpió pasándole un brazo por los hombros y diciéndole en voz alta y tono jovial:

—¡No sé por qué lo he preguntado! ¡Debí imaginarme que harías algo así, Harry!

Artemis y Draco compartieron una mirada extraña. ¿A que rayos se refería Lockhart con aquello? Entonces Neville les indico que Smith se mezclaba sonriente con la multitud, maldiciendo por lo bajo Draco no pudo hacer nada mas, la pequeña sabandija de Smith se había salvado; pero Artemis no le importaba ni Draco ni Harry se metieron en problemas por defenderla. Había visto a Harry preparado para apoyar a Draco en cuando diera el primer movimiento.

—Vamos, señor Creevey —dijo Lockhart, sonriendo a muchacho de Gryffindor—. Una foto de los dos será mucho mejor. Y te la firmaremos los dos.

Creevey, que al parecer así se llamaba el muchacho, buscó la cámara a tientas y sacó la foto al mismo tiempo que la campana señalaba el inicio de las clases de la tarde.

—¡Adentro todos, venga, por ahí! —gritó Lockhart a los alumnos, y se dirigió al castillo llevando de los hombros a Harry, que tenia el rostro completamente rojo.

Artemis se encamino con Draco, Hermione y Neville al interior del castillo, hasta separarse en el tercer piso, debido que tenían que entrar a aulas diferentes. Cuando Harry llego al aula, aún estaba rojo de vergüenza y no perdió tiempo para tomar asiento junto a ellos.

—¡Rayos, Potter! —dijo Draco—. Es que ahora quieres ser un tomate.

—Cállate.

—¿Qué fue lo que te dijo Lockhart? —pregunto Artemis.

—Nada importante.

—Pero si muy vergonzoso por tu cara—dijo Draco—. Esperemos que Creevey no cree el club de fans de Harry Potter.

—Cállate—dijo Harry no de una forma irritada sino desesperada. Como si temiera que aquello ocurriera o tal vez que alguien lo escuchara, por la forma en que observo alrededor.

El profesor Flitwick empezó con el hechizo que Neville le conto, era parecido al que hicieron para que la piña bailara el año pasado. Y como practico antes de clases, Artemis agito su varita pronunciando el encantamiento para hacer que la pluma escribiera en el pergamino. Luego de unos intentos lamentables, su pluma por fin logro escribir su nombre; no era una letra pulcra pero podía mejorarlo con practica. La clase termino con muchos plumas fuera de control, que solo garabateaban líneas en los pergaminos y solo Artemis había logrado que su pluma se mantuviera bajo su control y lograra escribir. El profesor sonrió al ver su logro esperando que el día de mañana lograra perfeccionar la escritura de la pluma y que incluso escribiera oraciones completas y otorgo diez puntos a Slytherin.

Al salir de clases al tocar la campana, escucharon el ruido en el corredor y al asomarse, vieron a los de Gryffindor corriendo por el pasillo como si su vida dependiera de ello. Decidieron olvidar la pausa que tenían entre clases y acercarse antes de que la campana sonara al aula. Al llegar encontraron el aula de Defensa Contra las Artes Oscuras en un gran desastre: algunas de las ventanas estaba rotas, había tinta por todas partes, trizas de libros y folios, los carteles de las paredes estaban rasgados, sillas tiradas y basura en el suelo.

Y por toda el aula había duendecillos de Cornualles que eran los culpables de aquel desastre en el salón, y nadie culpaba a los Gryffindor por salir corriendo de esa forma ante tal caos. La única alumna que aún seguía ahí era Hermione, quien congelaba a los duendecillos y los metía en una jaula.

—¡AHHHH!

El grito de Pansy hizo a todos asustarse, al voltear hacia ella descubrieron que uno de los duendecillos le jalaba en cabello y Blaise lo golpeo con un libro para deshacerse de él.

—¿Qué ocurrió aquí? —pregunto Daphne al mismo tiempo que todo el mundo retrocedió cuando algunos duendecillos descendieron a atacarlos. Hubo gritos y forcejeos mientras todo el mundo golpeaba y hechizaba a los duendecillos; Pansy como Daphne y Tracey estaban ocultas tras los muchachos que a decir verdad, no les importaba defenderlas de esas pequeñas bestias.

Una vez que los duendecillos estuvieron encerrados, Artemis se dio cuenta de lo agotada y desarreglada que estaba al igual que todo el mundo. Incluso Pansy y las otras que no habían hecho nada estaban desarregladas. Las túnicas estaban desarregladas, el cabello totalmente desordenado y lleno de basurilla; todos estaban sudados y manchados de tinta. Habían dejado las mochilas repartidas en el suelo que seguían aún intactas, nadie había dejado que los duendecillos tocaran sus pertenencias.

—Tengo que irme o llegare tarde a clase—dijo Hermione recogiendo sus cosas.

—Espera, ¿que paso aquí?

—El profesor Lockhart sólo quería que adquiramos experiencia práctica —dijo Hermione abriendo la puerta.

—¿Experiencia practica? —bufo Draco con el ceño fruncido—. Menuda forma de hacerlo. Dejar libre a un montón de duendecillos para que causaran un desastre.

—Seguro que no tenia idea de lo que hacia—dijo Harry.

—Mentira —dijo Hermione—. Ya has leído sus libros, fíjate en todas las cosas asombrosas que ha hecho...

—Que él dice que ha hecho —repuso Draco.

—Y hablando de nuestro patético profesor—dijo Blaise—. ¿Dónde esta?

Todo el mundo volteo para buscarlo pero no había rastro de él.

—Deberías tener un poco mas de respecto al profesor Lockhart, el esta en su despacho—dijo Hermione—. Si me disculpan…

Y salió del aula sin decir mas. Cuando la campana sonó dando el inicio de la clase, todos se sentaron esperando al profesor Lockhart que se asomo cinco minutos después por la puerta y al ver a los duendecillos en la jaula, salió con una amplia sonrisa un tanto titubeante.

Algunos no le prestaron atención, platicaban sobre lo ocurrido o intentaban arreglarse las túnicas o el cabello que los duendecillos estropearon. Sin embargo, Artemis le observo esperando que iniciara la clase, estaba ansiosa por saber que les enseñaría y preocupada por que dejara sueltos a los duendecillos una vez mas.

Lockhart se aclaró sonoramente la garganta y se hizo el silencio.

—Como sabrán, yo —dijo, señalándose y guiñando el ojo a todos— soy Gilderoy Lockhart, Caballero de la Orden de Merlín, de tercera clase, Miembro Honorario de la Liga para la Defensa Contra las Fuerzas Oscuras, y ganador en cinco ocasiones del Premio a la Sonrisa más Encantadora, otorgado por la revista Corazón de bruja, pero no quiero hablar de eso. ¡No fue con mi sonrisa con lo que me libré de la banshee que presagiaba la muerte!

Nadie rio, apenas algunos sonrieron.

—Como podrán ver, el aula no esta en condiciones para que reciban clases. Por lo que parece que deberemos suspender las clases por hoy, se que todos esperaban ansiosos mi clase—. Volvió a guiñarles un ojo pícaramente al mismo tiempo que mostraba todos su dientes al sonreír—. Pero no se preocupes que en nuestra siguiente podrán disfrutar de mi presencia y hasta puede que le cuentes alguna de mis hazañas. Mientras tanto les daré un cuestionario. No os preocupéis, sólo es para comprobar si los habéis leído bien, cuánto habéis asimilado…

Cuando terminó de repartir los folios con el cuestionario, volvió a la cabecera de la clase y dijo:

—Espero excelentes respuesta en la siguiente clase.

Artemis observo la hoja y leyó:

¿Cuál es el color favorito de Gilderoy Lockhart?

¿Cuál es la ambición secreta de Gilderoy Lockhart?

¿ Cuál es, en tu opinión, el mayor logro hasta la fecha de Gilderoy Lockhart?

Así seguía y seguía, a lo largo de tres páginas, hasta:

54. ¿Qué día es el cumpleaños de Gilderoy Lockhart, y cuál sería su regalo ideal?

—¿Qué tiene que ver esto con Defensas Contra las Artes Ocurras?—pregunto Draco con desdén al profesor, que no lo noto.

—Oh, mi buen muchacho. Esto tiene que ver mucho, estoy poniendo a prueba su buena memoria.

Artemis regreso la vista al profesor y levanto la mano diciendo:

—Profesor, creo que Draco lo ha dicho por el contenido del cuestionario, me parece que nos ha dado un cuestionario equivocado.

No era la única que parecía confundida ante aquel cuestionario.

—¿Cómo? Eso es imposible.

Lockhart se acerco hasta su asiento y observo el cuestionario.

—Por un momentos me había asustado—dijo sonriendo, Artemis no entendía como le hacia para mostrar todos sus dientes—. No tiene por que preocuparse, señorita…

—Jones—dijo Artemis observando el cuestionario.

—No tiene por que preocuparse, señorita Jones, les he dado el cuestionario correcto.

Con una sonrisa se despidió, deseándoles suerte mientras regresaba a su despacho.

—Esto es una maldita broma—soltó Theodore indignado. Pero Lockhart había cerrado la puerta de su despacho.

Todo el mundo que conocía a Theodore Nott, conocían que el prefería la soledad al bullicio, él siempre estaba callado y tranquilo con algún libro; sin embargo, en todo el trayecto a la sala común no dejo de farfullar lo bajo que hogwarts había caído para contratar a un payaso de profesor, ni tampoco dejo de blasfemar contra el profesor Lockhart. Y como muestra de indignación, informo que no se molestaría en contestar el estúpido cuestionario. Por que si en algo Artemis debía de estar de acuerdo, es que aquel cuestionario no tenia nada que ver con Defensas Contra las Artes oscuras.

Para la siguiente clase, el profesor Lockhart recogió todos los cuestionarios que ojeo frente a la clase, Artemis no esperaba una buena nota ya que había contestado lo primero que se le ocurrió durante el desayuno de aquel día.

—Vaya, vaya. Muy pocos recordáis que mi color favorito es el lila. Lo digo en Un año con el Yeti. Y algunos tenéis que volver a leer con mayor detenimiento Paseos con los hombres lobo. En el capítulo doce afirmo con claridad que mi regalo de cumpleaños ideal sería la armonía entre las comunidades mágica y no mágica. ¡Aunque tampoco le haría ascos a una botella mágnum de whisky envejecido de Ogden!

Volvió a guiñarles un ojo pícaramente. Theodore hizo un sonido de asco como Draco. Blaise estaba jugando con la varita, haciendo movimientos con esta en su mano, como un vaquero con una pistola siendo observado por Tracey y Daphne. Crabbe y Goyle estaban comiendo bocadillos que guardaron en su túnicas, Pansy se estaba arreglando el cabello en el espejo y, Artemis había decidido dibujar en un pedazo de pergamino.

—Estoy decepcionado señor Nott—dijo el profesor Lockhart—. No ha contestado nada.

—Mas decepcionado estoy yo…teniéndolo como profesor—susurro la ultima parte por lo que el profesor no le escucho, ya que dijo:

—Eso es bueno—Lockhart había recuperando la sonrisa—. La próxima vez mejorara.

El resto de la clase se la paso contándoles sobre uno de los pasajes de sus libros, con Artemis y Theodore preguntándole sobre sus hazañas de sus libros hasta que el profesor Lockhart se caso de repetir la misma línea «Esa respuesta la encentran en el libro» y los ignoraba. Artemis sabia que era culpa de Nott, por la forma en que deseaba hacerle quedar mal aunque no pudo dejar de notar lo nervioso que estaba el profesor cuando le respondía alguna pregunta o simplemente la enviaba a leer el libro para descubrir la respuesta. ¿Dónde estaba aquel valiente e inteligente mago del cual había escuchado y leído? Bueno, al parecer se había quedado en los libros, por que le profesor Lockhart no era nada fantástico. ¿Cómo podía haberlo admirado?

El jueves por la tarde, Artemis se arreglo para las pruebas de quidditch, Draco le había convencido de que se presentara con ellos aunque había dicho claramente que Flint no la dejaría entrar al equipo jamás en la vida. Al llegar al campo de quidditch solo había otros tres chicos que harían las pruebas, Hermione que estaba en las gradas les saludo desde lejos, había ido a darles animo.

Artemis no pudo dejar de sentir escalofríos por la forma en que Flint la miro cuando todos los candidatos formaron una fila. Ya estas aquí, Artemis, inténtalo y sufre una humillación publica para luego irte con lo que te quede de dignidad. Draco y Harry tenían mas posibilidades de salir de aquella situación sin burlas o incluso como jugadores del equipo a diferencia de ella.

—¿Por qué puesto han venido? —pregunto Flint con aburrimiento tarde.

Todos excepto Artemis y Harry venían por el puesto de buscador.

—Empezaremos por Potter y…Jones—dijo Flint quien le dedico una mirada sin mucho animo—. Muéstrenos lo que tienen…o que no tengan.

Artemis no pudo evitar ver como empezaron a murmurar sobre ella, conteniendo risas. Definitivamente esto seria horrible, pensó, pero no les haría tan fácil el que se burlaran de ella. Haría su mejor intento, aún cuando sabia que no entraría.

Harry y Artemis tuvieron que volar y esquivar al esto del equipo mientras se pasaban la quaffle, obviamente la ignoraron a ella a excepción de Harry que decidió perder mas de una oportunidad y le paso la quaffle para que anotara. Aunque Harry fue muy amable y el resto la ignoraba, Artemis se mantenía alerta por que los golpeadores se habían empeñado en hacerle difícil la prueba. Las bludgers no paraban de ser lanzadas en su dirección o muy cerca de ella, y casi al final de la prueba Artemis vio como Flint le arrebato el bate a uno de los golpeadores y le lanzo una bludger con todas sus fuerzas.

Cuando descendieron, Artemis miro con rabia a Flint, aquello lo había hecho apropósito con la intención de tirarla de la escoba. Estaba roja de furia mientras veía a sus compañeros de casa burlándose.

—Lo has hecho bien—dijo Harry a su lado—. Esquivasteis perfectamente esa bludger al final y anotasteis. He visto como se han quedado sorprendidos los otros.

Al menos sus amigos la apoyaban e intentaban darles animos a pesar de todo. ¿Cómo si de verdad pudiera entrar? Pensó Artemis, lo único que quiero es irme y evitar mas humillación. Lanzo una mirada a las gradas, en donde habían unas cuantas personas, seguramente el rumor de que una chica haría la prueba para quidditch se había esparcido y algunos decidieron acercarse a observar o burlarse.

Artemis no entendía como Draco le había convencido para que hiciera aquello, pero había sido muy astuto por que había logrado su objetico pese a su negación. La prueba de los buscadores fue mucho mas entretenida, sin bludgers que intentaban tirarte, Artemis disfruto viendo como Draco superaba a los otros chicos. Dos de ellos eran unos perfectos idiotas en las escobas, parecían perdidos desde que se subieron a las escobas, aunque habían sido muy arrogantes y seguros sobre ganar el puesto, la realidad era diferente. La única competencia de Draco era un chico de sexto año, pero al final fue Draco quien consiguió la snitch.

—Es muy bueno—dijo Hermione—. Lo seria aún mas sino se distrajera tanto.

Era cierto que Draco se había distraído un par de veces, para saludarlos o observar que ocurría a su alrededor con el resto de los competidores, y aún así lo había hecho bien. Estuvieron en las gradas esperando las respuestas platicando sobre las pruebas, Artemis recibió algunos elogios que ella había negado rápidamente; lo había hecho terrible y no le había ayudado que el equipo la hiciera sufrir en el campo de juego.

Cuando Flint se lo llamo informo que le puesto de buscador seria de Draco, los otros chicos se fueron enojados e indignados.

—En cuanto a ustedes—dijo Flint—. Me parece que tienes un gran potencial, Potter. Serás cazador y…—Flint parecía enojado consigo mismo—. Jones, tu serás su suplente…

—¿Qué?

—Eso es todo—dijo Flint dirigiéndose solo a Draco y a Harry—. Pueden retirarse o irse a probar las túnicas no me importa. Les avisare cuando sea el entrenamiento.

—Lo logramos, estamos dentro—dijo Draco—. No esperaba otra cosa.

—Espera…¿qué? —dijo Artemis intentando procesar la información. ¿Acaso el chico mas sexista del mundo, que había declarado que ninguna mujer entraría al equipo mientras el fuera capitán, la había admitido?

—Felicidades—dijo Hermione—. Los tres han hecho un buen trabajo.

—¿El dijo que?

—Y tu que decías que no lo lograrías—le dijo Draco—. Ya veraz como con el tiempo se dará cuenta que no perteneces a la banca sino al campo de juego.

Artemis lo dudaba. Dudaba que Flint alguna vez la dejara jugar, la mirada de enojo en su rostro dejaba en claro que no le gustaba tenerla en el equipo. Entonces ¿por qué aceptarla?

Fueron a los probadores a ver las túnicas que necesitarían algunos ajustes para Draco y Harry, quienes eran los que jugarían, eran las antiguas túnicas de los anteriores jugadores por lo que eran demasiado grandes para ellos. Al final llegaron a la conclusión de que conseguirían sus propias túnicas de quidditch nuevas. Los muchachos quisieron quedarse un rato mas para jugar en el campo de juego con las escobas que Draco había traído de su casa. Artemis decidió regresar a contarle a Tom lo que había sucedido. Tom era su nuevo amigo, y era tan perfecto que era increíble que existiera; pero así era, sus recuerdos habían quedado en un diario que Artemis encontró en un viejo libro hueco de las cajas de beneficencia, Draco dejo que se lo quedara a pesar de que él creía una cosa muy tonta tener un diario. Artemis por otra parte estaba feliz de haberlo encontrado, en las pocas semanas que lo había conocido se había convertido en su mejor amigo, él la entendía perfectamente y siempre sabia que decir para animarla. No le había contado a nadie sobre él, ni siquiera a Hermione o Pansy, tal vez por que no deseaba que Hermione le dijera que extraño debía ser aquel objeto para poder contener los recuerdos de alguien y con ello causaría que Draco se preocupara, como Derek lo haría por sus hermanas. Y por alguna razón, no estaba segura de compartir a Tom con sus amigos y no creía que este lo quisiera.

«Querido Tom» escribió en el diario una vez que estuvo sola en su habitación. «Nunca te imaginaras lo que ocurrió hoy».

Las palabras brillaron antes de desaparecer en la pagina y fueron reemplazadas por otras:

«Estoy ansioso por que me cuentes mi querida Artemis».

El sábado por la mañana Harry se levanto temprano, aquel día tendrían practica de quidditch, así que él y Draco se dirigieron al Gran Comedor donde ya estaban Marcus Flint y Adrian Pucey desayunando, poco a poco el resto fue llegando. Artemis también estaba ahí, por que a pesar de que no jugaría en los partidos tendría que practicar y por ello el profesor Snape les facilito un permiso para usar el campo aquel día. Harry estaba seguro que era por el profesor Snape que Flint había invitado a Artemis a unirse a la practica, por la forma en que cambio de parecer durante el día anterior al invitarla después de haberle dicho que su presencia no era necesaria por el momento. Harry no entendía cual era el problema de Marcus Flint con las chicas que deseaban jugar quidditch, no era solo un deporte para hombres y Artemis no era mala jugadora.

Estaba a punto de comer sus gachas de avena cuando varias lechuzas entraron al comedor cargando varios paquetes grandes y largos, Harry no pudo evitar sorprenderse cuando uno de esos paquetes aterrizo frente a él mientras el resto se amontono frente a Draco. Al leer la nota, se dio cuenta que era un regalo del señor Malfoy.

«Señor Potter.

Me he enterado que Draco, Artemisa y tu habéis entrado en el equipo, me alegra mucho por ti. Narcissa me pidió que te dijera que te esfuerzos mucho y que os desea suerte.

Este es un pequeño obsequio para ti, por ser parte del el equipo de quidditch de Slytherin y por que al fin y al cabo, eres un amigo de la familia.

Se despide,

L. Malfoy ».

—¡No puedo creer lo que mi padre ha hecho!—exclamo Draco sonriendo—. No hay forma de que perdamos este año.

Harry lo miro sin comprender pero Artemis dio la respuesta.

—¡Tu padre nos ha regalado escobas!—dijo.

Efectivamente al abrir el paquete frente a él, había una nueva escoba y no cualquiera. Era la nueva Nimbus 2001.

—Tu padre no debió molestarse—dijo Harry que estaba sorprendido.

—Yo ni siquiera voy a jugar—susurro Artemis quien también había recibido una escoba—. No le dijisteis que solo soy una estúpida reserva.

—No conté cada mínimo detalle, Temis—dijo Draco se le indico a Flint que se acercara—. Mi padre que es un hombre caritativo, me ha pedido que os entregue estas escobas, que son exclusivamente para los miembros del equipo de quidditch.

Dicho eso, entrego el resto de las escobas menos una, que seguramente era la de él.

—Espero que le des nuestros agradecimientos a tu padre, Draco—dijo el capitán por los demás. Un momento después repartió las escobas pero faltaba una para uno de los jugadores.—Creo que falta una.

Harry estaba seguro que la mirada de Flint se dirijo hacia la escoba frente a Artemis, que seguía envuelta en el papel.

—No, son todas—dijo Draco releyendo la carta.

—Peregrine no tiene escoba—Flint seguía observando el paquete de Artemis—. Tal vez sea ese.

—Mmm…¿cuál? —Draco levanto la vista de la carta—. No, ese es de Artemisa. Mi padre seguro pensó que ella formaba parte del equipo, y no como una reserva. Ha enviado exactamente el numero de escobas para siete jugadores.

Draco se encogió de hombros mirando a Peregrine.

—Me parece que él tendrá que usar su propia escoba.

Flint no parecía contento y menos Peregrine, quien se mostro malhumorado de camino al campo sin dejar de murmurar sobre Artemis. Ella ignoraba las miradas de envidia y odio que recibía, los comentarios que se alcanzaban a escuchar. Pero su paciencia tenía un limite, y si aquello continuaba así, Harry no tardaría en ver a Artemis lanzando hechizos a todo el mundo.

—Tenias que convencerme de entrar al equipo…—dijo Artemis a Draco.

—Solo te tiene envidia—dijo Draco—. Que mas da si Peragran o como se llama, se quedo sin escoba.

—Me harán la vida imposible.

—No, al menos que quiere meter en problemas con el profesor Snape.

Artemis rodo los ojos.

—Snape—bufo—. Por supuesto, con solo mencionar su nombre podrían arrodillarse ante mi suplicando perdón… Seguramente fue por él que estoy medita en el equipo lleno de estúpidos…

—¿Disculpa?

—Tu sabes a quienes me refiero—dijo Artemis frunciendo el ceño mientras miraba en dirección a Peregrine—. Aunque podría decirse que tu eres el menos estúpido. Convencerme de entrar al equipo con un montón de sexistas…es algo estúpido.

Draco no pudo reclamar por que se encontraron con un problema al llegar al campo. El equipo de Gryffindor estaba ahí y, no tardaron en bajar en sus escobas apara enfrentarlos. Por supuesto que no había nada que los Gryffindors pudieran hacer, tenían una nota que autorizaba que podían usar el campo de quidditch.

—¡Ah! —dijo Flint—, pero nosotros traemos una hoja firmada por el profesor Snape. «Yo, el profesor S. Snape, concedo permiso al equipo de Slytherin para entrenar hoy en el campo de quidditch debido a su necesidad de dar entrenamiento al nuevo buscador.»

—¿Tenéis un buscador nuevo? —preguntó Wood, y parecía preocupado—. ¿Quién es?

Los muchachos se apartaron dejando ver a Draco, que parecía una miniatura junto a los demás. Sin embargo, resaltaba en el grupo con su postura confianza y orgullosa.

—Bueno, esto si que es inesperado—dijo uno de los gemelos un tanto desconcertado.

—¿Y con solo doce años? —dijo el otro.

—El jugador mas joven en décadas…

Y ante aquello, Wood seguía pareciendo preocupado y fue cuando sus ojos se fijaron en las escobas.

—¿Esas son….?

—El padre de nuestro buscador es un hombre con un gran corazón—dijo Flint, mientras el conjunto de Slytherin sonreía aún más—. Déjame que te enseñe el generoso regalo que ha hecho al equipo de Slytherin.

Solo cinco presentaron sus escobas. Cinco mangos muy pulidos, completamente nuevos, y siete placas de oro que decían «Nimbus 2.001» brillaron ante las narices de los de Gryffindor al temprano sol de la mañana.

—Ultimísimo modelo. Salió el mes pasado —dijo Flint con un ademán de desprecio, quitando una mota de polvo del extremo de la suya—. Creo que deja muy atrás la vieja serie 2.000. En cuanto a las viejas Barredoras —sonrió mirando desdeñosamente a Fred y George, que sujetaban sendas Barredora 5—, mejor que las utilicéis para borrar la pizarra.

Harry frunció el ceño. no le había gustado la forma de insultar a sus amigos. a su lado, Artemis parecía querer ocultarse para que nadie la viera, como si se avergonzara de ser vista con aquel equipo. Harry le entendía perfectamente, por que incluso el estaba avergonzado y molesto de la forma de actuar de Flint.

Durante un momento, a ningún jugador de Gryffindor se le ocurrió qué decir. Draco volteo hacia ellos, estaba serio y calmado, pero parecía algo incomodo.

—Mirad —dijo Flint—. Invaden el campo

—¿Ustedes también? —Fred acaba de fijarse en ellos, que estaban un poco rezagados.

—¿Artemis? ¿Tu estas en el equipo? —dijo su gemelo tan sorprendido como parecía.

—De Harry no me hubiera sorprendido tanto pero tu, Artemis—dijo Fred—. Sin ofenderte.

Artemis no parecía ofendida sino incomoda con la situación. Harry alcanzo a ver como Wood los miraba a los tres, como si estuviera ante unos enemigos de cuidado; luego se retiraron refunfuñando al no poder hacer nada ante la nota de Snape.

El entrenamiento fue divertido, con las nuevas escobas, todos quisieron poner a prueba su capacidad y como Harry esperaba, el entrenamiento fue tan serio como en los partidos. Incluso Artemis podía esquivar las bludgers mas fácilmente, a pesar del trato de sus compañeros parecía divertirse mientras se pasaban la quaffle del uno al otro; anotaron un par de veces y rieron de algunas bromas que se hacían.

Un poco después se concentraron en Draco, por que era el jugador vital del equipo, por lo que Harry disfruto tranquilamente del entrenamiento aprendiendo a volar con la quaffle y a pasarla de un jugador a otro con ayuda de Artemis; mientras el resto del equipo volaba alrededor de Draco para obstaculizarle su camino en busca de la snitch.

A lo lejos vieron la cabaña de Hagrid, y por la cual salía él acompañado de un hombre al que Harry reconocía muy bien.

—¿Ese no era Lockhart?—dijo Artemis.

Harry no respondió por que empezó a descender, no deseaba que el profesor lo alcanzara a ver y decidiera ir a verle para darle mas estúpidos consejos. Luego de terminar el entrenamiento, se cambiaron y fueron encontrarse con Neville y Hermione para ir a visitar a Hagrid. Flint no había permitido que invitaran a nadie de otra casa a ver el entrenamiento y sus amigos lo habían entendido sin molestarse.

Al llegar a la cabaña, llamaron a la puerta. Hagrid apareció inmediatamente, con aspecto de estar de mal humor, pero se le iluminó la cara cuando vio de quién se trataba.

—Me estaba preguntando cuándo vendríais a verme... Entrad, entrad. Creía que sería el profesor Lockhart que volvía.

Hagrid estaba ocupado preparando un té. Fang, su perro jabalinero, llenaba a Harry de babas.

—¿Qué quería Lockhart, Hagrid? —preguntó Harry, rascándole las orejas a Fang.

—Enseñarme cómo me puedo librar de los duendes del pozo —gruñó Hagrid, quitando de la mesa limpia un gallo a medio pelar y poniendo en su lugar la tetera—. Como si no lo supiera. Y también hablaba sobre una banshee a la que venció. Si en todo eso hay una palabra de cierto, me como la tetera.

Era muy raro que Hagrid criticara a un profesor de Hogwarts, y Harry lo miró sorprendido. Artemis y Draco lanzaron un par de carcajadas y Hermione, sin embargo, dijo en voz algo más alta de lo normal:

—Creo que sois injustos. Obviamente, el profesor Dumbledore ha juzgado que era el mejor para el puesto y…

—Era el único para el puesto —repuso Hagrid, ofreciéndoles un plato de caramelos de café con leche—. Y quiero decir el único. Es muy difícil encontrar profesores que den Artes Oscuras, porque a nadie le hace mucha gracia. Da la impresión de que la asignatura está maldita. Ningún profesor ha durado mucho. Decidme —preguntó Hagrid—, ¿qué tal su semana?

Le contaron sobre las pruebas de quidditch en las que fueron aceptados en el equipo de Slytherin, Hermione solo hablo de las clases y Neville comento sobre las clases de Herbología, que eran sus favoritas.

—La profesora Sprout nos ha enseñado tantas plantas asombrosas toda la semana—contaba Neville—. El primer día nos mostro las mandrágoras.

Harry comió un par de caramelos de café con leche, que se le pegaron a los dientes y no podía separarlos.

—Harry —dijo Hagrid de repente, como acometido por un pensamiento repentino—, tengo que ajustar cuentas contigo. Me han dicho que has estado repartiendo fotos firmadas. ¿Por qué no me has dado una?

Harry sintió tanta rabia que al final logró separar los dientes.

—No he estado repartiendo fotos —dijo enfadado—. Si Lockhart aún va diciendo eso por ahí…

Pero entonces vio que Hagrid se reía.

—Sólo bromeaba —explicó, dándole a Harry unas palmadas amistosas en la espalda, que lo arrojaron contra la mesa—. Sé que no es verdad. Le dije a Lockhart que no te hacía falta, que sin proponértelo eras más famoso que él.

—Apuesto a que no le hizo ninguna gracia —dijo Harry, levantándose y frotándose la barbilla.

—Supongo que no —admitió Hagrid, parpadeando—. Luego le dije que no había leído nunca ninguno de sus libros, y se marchó… Vengan conmigo quiero mostrarles lo que estoy cultivando. Les encantara.

En la pequeña huerta situada detrás de la casa de Hagrid había una docena de las calabazas más grandes que Harry hubiera visto nunca. Más bien parecían grandes rocas. Tras una pregunta de Hermione, vio como Hagrid miraba alrededor y les conto que tuvo un poco de ayuda, Harry inevitablemente vio el paraguas rosa; y tuvo la sospecha de que era ahí donde se encontraba escondida la varita que le era prohibido usar, por algo que ocurrió y que Hagrid no les quería contar.

La hora de comer no tardaba en empezar, por lo que se despidieron de Hagrid y regresaron al castillo. Durante el resto de la tarde se dispusieron a realizar la tarea. Dado que no deseaban hacer nada al día siguiente; Artemis se retiro antes por que se le olvido algo en su habitación. Hermione revisaba la tarea Neville mientras corregía algunos errores, Draco había estado leyendo uno de los libros para el trabajo de Binns cuando Harry se percato en la hora. Bajaron a cenar para luego retirarse a sus salas común, es aunque Harry tuvo que regresar a la biblioteca por que olvido uno de sus libros. Desafortunadamente, se encontró a Lockhart de regreso que lo entretuvo en su oficina con consejos inútiles o historias aburridas.

Estaba pensado en una buena excusa para irse de su despacho y en aquel momento oyó algo, algo que no tenía nada que ver con el chisporroteo de las mortecinas velas ni con la cháchara de Lockhart sobre sus admiradoras. Era una voz, una voz capaz de helar la sangre en las venas, una voz ponzoñosa que dejaba sin aliento, fría como el hielo.

Ven…, ven a mí…. Deja que te desgarre… Deja que te despedace… Déjame matarte…

Harry dio un salto en su silla.

—¿Qué? —gritó.

—Pues eso —dijo Lockhart—: ¡seis meses enteros encabezando la lista de los más vendidos! ¡Batí todos los récords!

—¡No! —dijo Harry asustado—. ¡La voz!

—¿Cómo dices? —preguntó Lockhart, extrañado—. ¿Qué voz?

—La… la voz que ha dicho… ¿No la ha oído?

Lockhart miró a Harry desconcertado.

—¿De qué hablas, Harry? ¿No te estarías quedando dormido? ¡Por Dios, mira la hora que es! ¡Es muy tarde! Ni lo imaginaba... El tiempo vuela, ¿verdad?

Harry no respondió. Aguzaba el oído tratando de captar de nuevo la voz, pero no oyó otra cosa que a Lockhart diciéndole que debía ser su ejemplo si algún día quería ser la mitad de famoso que él. Harry salió, aturdido de ahí y sin dejar de pensar en aquella voz.