Harry vio a su alrededor, estaba al extremo de una sala muy grande, apenas iluminada. Altísimas columnas de piedra talladas con serpientes enlazadas se elevaban para sostener un techo que se perdía en la oscuridad, proyectando largas sombras negras sobre la extraña penumbra verdosa que reinaba en la estancia.

Con el corazón latiéndole muy rápido, Harry escuchó aquel silencio de ultratumba. ¿Estaría el basilisco acechando en algún rincón oscuro, detrás de una columna? ¿Y dónde estaría Artemis? ¿Y Ginny?

Sacó su varita y avanzó por entre las columnas decoradas con serpientes. Sus pasos resonaban en los muros sombríos. Iba con los ojos entornados, dispuesto a cerrarlos completamente al menor indicio de movimiento. Le parecía que las serpientes de piedra lo vigilaban desde las cuencas vacías de sus ojos. Más de una vez, el corazón le dio un vuelco al creer que alguna se movía.

Casi lanzo un hechizo cuando escucho a alguien sollozar débilmente, al acercarse descubrió una cabellera pelirroja, iluminada por la leve luz de una varita. Era Ginny Weasley.

—¿Ginny estas bien? ¿Esta Artemis contigo? —pregunto Harry esperanzado acercándose hacia su escondite.

Ginny negó con la cabeza sollozando y ese gesto hizo que a Harry, el corazón se le encogiera.

—¿Dónde esta Artemis?

Ginny se asomo por la columna donde estaba escondida, y señalo a la inmensa oscuridad hacia delante.

—¿Ella esta…viva?

Harry había tenido que preguntarlo, tenia que saber la respuesta. Ginny asintió con la cabeza.

—Me dijo que corriera…y eso hice, ella se quedo atrás…Intente salir y pedir ayuda, pero no lo logre salir…

—Esta bien Ginny, espera aquí, yo regresare con Artemis.

—Ten cuidado, Harry—dijo Ginny aún sollozando.

Al llegar al último par de columnas, vio una estatua, tan alta como la misma cámara, que surgía imponente, adosada al muro del fondo.

Harry tuvo que echar atrás la cabeza para poder ver el rostro gigantesco que la coronaba: era un rostro antiguo y simiesco, con una barba larga y fina que le llegaba casi hasta el final de la amplia túnica de mago, donde unos enormes pies de color gris se asentaban sobre el liso suelo. Al verlo, lo reconoció. Era Salazar Slytherin.

Y entre los pies, boca abajo, vio una pequeña figura con túnica negra y cabello todo revuelto.

—¡Artemis! —susurró Harry, corriendo hacia ella e hincándose de rodillas—. ¡Artemis! ¡No estés muerta! ¡Por favor, no estés muerta! —Dejó la varita a un lado, cogió a Artemis por los hombros y le dio la vuelta. Tenía la cara tan blanca y fría como el mármol. Se veía peor de lo había estado las ultimas semanas, había una línea oscura y hundía por debajo de los ojos que estaban cerrados. Hasta sus labios perdieron color, y al ver su cabello, este era una maraña de color gris opaca. Lo que llamo su atención, fue el leve movimiento de su pecho al respirar.

Era todo lo que Harry necesitaba. Estaba vida, aunque tal vez no en las condiciones en las que Ginny la había visto por ultima vez. Pero entonces tenía que estar…

—Artemis, por favor, despierta —susurró Harry con esperanza, agitándola. La cabeza de Artemis se movió inanimada, de un lado a otro—. Por favor, Artemis, despierta. Por favor.

—No despertará —dijo una voz suave. Harry se enderezó de un salto. Un muchacho alto, de pelo negro, estaba apoyado contra la columna más cercana, mirándole. Tenía los contornos borrosos, como Harry si lo estuviera mirando a través de un cristal empañado. Pero no había dudas sobre quién era.

—Tom… ¿Tom Riddle?

Riddle asintió con la cabeza, sin apartar los ojos del rostro de Harry.

—¿Qué quieres decir? ¿Por qué no despertará? —dijo Harry desesperado—. Ella aún respira…Ella esta…

—Todavía está viva —contestó Riddle asintiendo—, pero por muy poco tiempo.

Harry lo miró detenidamente. Tom Riddle había estudiado en Hogwarts hacía cincuenta años, y sin embargo allí, bajo aquella luz rara, neblinosa y brillante, aparentaba tener dieciséis años, ni un día más.

—¿Eres un fantasma? —preguntó Harry dubitativo.

—Soy un recuerdo —respondió Riddle tranquilamente— guardado en un diario durante cincuenta años.

Riddle señaló hacia los gigantescos dedos de los pies de la estatua. Allí se encontraba, abierto, el pequeño diario negro que Harry había hallado en los aseos de Myrtle la Llorona. Durante un segundo, Harry se preguntó cómo habría llegado hasta allí. Pero tenía asuntos más importantes en los que pensar.

—Tienes que ayudarme, Tom —dijo Harry, volviéndose hacia su atención a Artemis e intentando levantarla—. Tenemos que sacarla de aquí. Hay un basilisco… No sé dónde está, pero podría llegar en cualquier momento. Por favor, ayúdame…

Riddle no se movió. Harry, sudando, logró levantar a medias a Artemis del suelo, y se inclinó a recoger su varita.

Pero la varita ya no estaba.

—¿Has visto…?

Levantó los ojos. Riddle seguía mirándolo… y jugueteaba con la varita de Harry entre los dedos.

—Gracias —dijo Harry, tendiendo la mano para que el muchacho se la devolviera. Una sonrisa curvó las comisuras de la boca de Riddle. Siguió mirando a Harry, jugando indolente con la varita. —Escucha —dijo Harry con impaciencia. Las rodillas se le doblaban bajo el peso muerto de Artemis—. ¡Tenemos que huir! Si aparece el basilisco…

—No vendrá si no es llamado —dijo Ryddle con toda tranquilidad. Harry volvió a posar a Artemis en el suelo, incapaz de sostenerla.

—¿Qué quieres decir? —preguntó—. Mira, dame la varita, podría necesitarla.

La sonrisa de Riddle se hizo más evidente.

—No la necesitarás —repuso.

Harry lo miró.

—¿A qué te refieres, yo no...?

—He esperado este momento durante mucho tiempo, Harry Potter —dijo Riddle—. Quería verte. Y hablarte.

—Mira —dijo Harry, perdiendo la paciencia—, me parece que no lo has entendido: estamos en la Cámara de los Secretos. Ya tendremos tiempo de hablar luego.

—Vamos a hablar ahora —dijo Riddle, sin dejar de sonreír, y se guardó en el bolsillo la varita de Harry.

Harry lo miró. Allí sucedía algo muy raro.

—¿Cómo ha llegado Artemis a este estado? —preguntó, hablando despacio.

—Bueno, ésa es una cuestión interesante —dijo Riddle, con agrado—. Es una larga historia. Supongo que el verdadero motivo por el que Artemisa está así, es que le abrió el corazón y le reveló todos sus secretos a un extraño invisible.

—¿De qué hablas? —dijo Harry.

—Del diario —respondió Riddle—. De mi diario. La pequeña e ingenua Artemis ha estado escribiendo en él durante muchos meses, contándome todas sus penas y congojas: que se siente desplaza por su hermano, que su madre le miente, que se escapo de casa… que tiene que soportar las burlas de Smith y Hoffman…—A Riddle le brillaron los ojos—… que tenia miedo de volverse loca… que odiaba ver el futuro. Es curioso, pero aún con su don, no fue capaz de evitar su destino. Lo que hace todo mas divertido.

Solo unas risas.

—Godric Gryffindor debe de estar retorciéndose en su tumba.

Mientras hablaba, Riddle mantenía los ojos fijos en Harry. Había en ellos una mirada casi ávida.

—Pero es una lata tener que oír las tonterías de una niña de doce años —siguió—. A pesar de todo, me armé de paciencia. Le contesté por escrito. Fui comprensivo, fui bondadoso. Artemis, simplemente, me adoraba: Tu si me entiendes, Tom... Estoy tan contenta de poder confiar en ti... El mejor amigo que se pueda tener…

Riddle se rió con una risa potente y fría que parecía ajena. A Harry se le erizaron los pelos de la nuca.

—Si es necesario que yo lo diga, Harry, la verdad es que siempre he fascinado a la gente que me ha convenido. Así que Artemis me abrió su alma, y era precisamente su alma lo que yo quería. Me hice cada vez más fuerte alimentándome de sus temores y de sus profundos secretos. Me hice más poderoso, mucho más que la pequeña Artemis. Lo bastante poderoso para empezar a alimentar a Artemisa con algunos de mis propios secretos, para empezar a darle un poco de mi alma…

—¿Qué quieres decir? —preguntó Harry, con la boca completamente seca.

—¿Todavía no lo adivinas, Harry Potter? —dijo sin inmutarse Riddle—. Artemisa Jones abrió la Cámara de los Secretos. Ella retorció el pescuezo a los gallos del colegio y pintarrajeó pavorosos mensajes en las paredes. Ella echó la serpiente de Slytherin contra los cuatro sangre sucia, los dos sangre puras y el gato del squib.

—No —susurró Harry.

—Sí —dijo Riddle con calma—. Por supuesto, al principio ella no sabía lo que hacia. Fue muy divertido. Me gustaría que hubieras podido ver las anotaciones que escribía en el diario... Se volvieron mucho más interesantes, en especial cuando por fin se entero… Querido Tom —recitó, contemplando la horrorizada cara de Harry—, me ha sucedido la cosa mas extraña, no recuerdo que paso ayer y peor aún, tengo visiones sobre mi en un gallinero. No se que significa eso… Tom, tengo un mal presentimiento, he encontrado plumas de gallo en mi túnica y no sé por qué están ahí... Oh Tom, Draco me llevado a rastras junto con mis primos y Harry a la enfermería para que bebiera una poción por que según esto enferma. Dicen que veo enferma, aunque solo estoy un poco pálida y agotada... Querido Tom. Otra vez no recuerdo donde estuve anoche, ya van tres veces desde el banquete de Halloween, creo que me estoy volviendo loca. Creo que soy yo la que esta petrificando en hogwarts.

Harry tenía los puños apretados y se clavaba las uñas en las palmas.

—Le llevó mucho tiempo a esa tonta de Artemis dejar de confiar en mi —explicó Riddle—. Pero al final lo descubrió, eso me sorprendió, luego intentó deshacerse de él. Fue cuando llegue a manos de otra niña tonta, Ginny, no desea empezar desde cero pero dado que mi querida amiga, Artemis, me abandono, me parecía una opción aceptable. Y entonces apareciste tú, Harry. Esa chiquilla habrá tirado el diario, por alguna razón, y tú lo encontraste, y nada podría haberme hecho tan feliz. De todos los que podrían haberlo cogido, fuiste tú, la persona a la que yo tenía más ganas de conocer..,

—¿Y por qué querías conocerme? —preguntó Harry. La ira lo embargaba y tenía que hacer un gran esfuerzo para mantener firme la voz.

—Bueno, verás, Artemis me lo contó todo sobre ti, Harry —dijo Riddle—. Toda tu fascinante historia. —Sus ojos vagaron por la cicatriz en forma de rayo que Harry tenía en la frente, y su expresión se volvió más ávida—. Quería averiguar más sobre ti, hablar contigo, conocerte si era posible, así que decidí mostrarte mi famosa captura de ese zopenco, Hagrid, para ganarme tu confianza.

—Hagrid es mi amigo —dijo Harry, con voz temblorosa—. Y tú lo acusaste, ¿no? Creí que habías cometido un error, pero…

Riddle volvió a reírse con su risa sonora.

— Era mi palabra contra la de Hagrid. Bueno, ya te puedes imaginar lo que pensaría el viejo Armando Dippet. Por un lado, Tom Riddle, pobre pero muy inteligente, sin padres pero muy valeroso, prefecto del colegio, estudiante modelo; por el otro lado, el grandón e idiota de Hagrid, que tenía problemas cada dos por tres, que intentaba criar cachorros de hombre lobo debajo de la cama, que se escapaba al bosque prohibido para luchar con los trols. Pero admito que incluso yo me sorprendí de lo bien que funcionó mi plan. Creía que alguien al fin comprendería que Hagrid no podía ser el heredero de Slytherin. Me había llevado cinco años averiguarlo todo sobre la Cámara de los Secretos y descubrir la entrada oculta... ¡como si Hagrid tuviera la inteligencia o el poder necesarios!

»Sólo el profesor de Transformaciones, Dumbledore, creía en la inocencia de Hagrid. Convenció a Dippet para que retuviera a Hagrid y le enseñara el oficio de guarda. Sí, creo que Dumbledore podría haberlo adivinado. A Dumbledore nunca le gusté tanto como a los otros profesores...

—Me apuesto algo a que Dumbledore descubrió tus intenciones —dijo Harry, rechinando los dientes.

—Bueno, es verdad que él me vigiló mucho más después de la expulsión de Hagrid, me fastidió bastante —dijo Riddle sin darle importancia—. Me di cuenta de que no sería prudente volver a abrir la cámara mientras siguiera estudiando en el colegio. Pero no iba a desperdiciar todos los años que había pasado buscándola. Decidí dejar un diario, conservándome en sus páginas con mis dieciséis años de entonces, para que algún día, con un poco de suerte, sirviese de guía para que otro siguiera mis pasos y completara la noble tarea de Salazar Slytherin.

—Bueno, pues no la has completado —dijo Harry en tono triunfante—. Nadie ha muerto esta vez, ni siquiera el gato. Dentro de pocas semanas la pócima de mandrágora estará lista y todos los petrificados volverán a la normalidad.

—¿No te he dicho todavía —dijo Riddle con suavidad—que ya no me preocupa matar a los sangre sucia? Desde hace meses mi nuevo objetivo has sido… tú. —Harry lo miró—. Imagina mi disgusto cuando alguien volvió a abrir mi diario, y ya no eras tú quien me escribía, sino Artemis. Ella te descubrió con el diario. ¿Y que, si utilizaba a Harry Potter para mis planes de petrificar personas? ¿si te hacia lo mismo que a ella?. Así que esa mocosa esperó a que tu dormitorio quedara vacío y te lo robó. Todo para que no siguiera haciendo daño a nadie mas. Luego me exigió explicaciones sobre él por que mi extrema atención hacia ti, dudo mucho que averiguara mis intenciones pero sospechaba algo. Y fue cuando decidí actuar.

»Hice que escribiera en la pared su propia despedida y la de Weasley, aunque al parecer, la patética niña logro huir antes, pero no importa. Estaba Artemis quien era la que importaba. Luchó con todas sus fuerzas y grito, puso mucha resistencia a pesar de que fue en vano. No tenia sentido que lo hiciera, ya casi no le quedaba vida: había puesto demasiado en el diario, en mí. Lo suficiente para que yo pudiera salir al fin de las páginas. He estado esperándote desde que llegamos. Sabía que vendrías. Tengo muchas preguntas que hacerte, Harry Potter.

—¿Como cuál? —soltó Harry, con los puños aún apretados.

—Bueno —dijo Riddle, sonriendo—, ¿cómo es que un bebé sin un talento mágico extraordinario derrota al mago más grande de todos los tiempos? ¿Cómo escapaste sin más daño que una cicatriz, mientras que lord Voldemort perdió sus poderes?

En aquel momento apareció un extraño brillo rojo en su mirada.

—¿Por qué te preocupa cómo me libré? —dijo Harry despacio—. Voldemort fue posterior a ti.

—Voldemort —dijo Riddle imperturbable— es mi pasado, mi presente y mi futuro, Harry Potter…

Sacó del bolsillo la varita de Harry y escribió en el aire con ella tres resplandecientes palabras:

TOM MARVOLO RIDDLE

Luego volvió a agitar la varita, y las letras cambiaron de lugar:

I AM LORD VOLDEMORT*

—¿Ves? —susurró—. Es un nombre que yo ya usaba en Hogwarts, aunque sólo entre mis amigos más íntimos, claro. ¿Crees que iba a usar siempre mi sucio nombre muggle? ¿Yo, que soy descendiente del mismísimo Salazar Slytherin, por parte de madre? ¿Conservar yo el nombre de un vulgar muggle que me abandonó antes de que yo naciera, sólo porque se enteró de que su mujer era bruja? No, Harry. Me di un nuevo nombre, un nombre que sabía que un día temerían pronunciar todos los magos, ¡cuando yo llegara a ser el hechicero más grande del mundo!

A Harry pareció bloqueársele el cerebro. Miraba como atontado a Riddle, al huérfano que se convirtió en el asesino de sus padres, y de otra mucha gente…

Al final hizo un esfuerzo por hablar.

—No lo eres —dijo. Su voz aparentemente calmada estaba llena de odio.

—¿No soy qué? —preguntó Riddle bruscamente.

—No eres el hechicero más grande del mundo —dijo Harry, con la respiración agitada—. Lamento decepcionarte pero el mejor mago del mundo es Albus Dumbledore. Todos lo dicen. Ni siquiera cuando eras fuerte te atreviste a apoderarte de Hogwarts. Dumbledore te descubrió cuando estabas en el colegio y todavía le tienes miedo, te escondas donde te escondas.

De la cara de Riddle había desaparecido la sonrisa, y había ocupado su lugar una mirada de desprecio absoluto.

—¡A Dumbledore lo han echado del castillo gracias a mi simple recuerdo! —dijo Riddle, irritado.

—No está tan lejos como crees —replicó Harry. Hablaba casi sin pensar, con la intención de asustar a Riddle y deseando, más que creyendo, que lo que afirmaba fuese verdad.

Riddle abrió la boca, pero no dijo nada.

Llegaba música de algún lugar. Riddle se volvió para comprobar que en la cámara no había nadie más. La música que sonaba cada vez más y más fuerte, era inquietante, estremecedora y sobrenatural. A Harry le puso los pelos de punta y le pareció que el corazón iba a salírsele del pecho. Luego, cuando la música alcanzó tal fuerza que Harry la sentía vibrar en su interior, surgieron llamas de la columna más cercana a él. Apareció de repente un pájaro carmesí del tamaño de un cisne, que entonaba hacia el techo abovedado su rara música. Tenía una cola dorada y brillante, tan larga como la de un pavo real, y brillantes garras doradas, con las que sujetaba un fardo de harapos.

El pájaro se encaminó derecho a Harry, dejó caer el fardo a sus pies y se le posó en el hombro. Cuando plegó las grandes alas, Harry levantó la mirada y vio que tenía un pico dorado afilado y los ojos redondos y brillantes.

El pájaro dejó de cantar y acercó su cuerpo cálido a la mejilla de Harry, sin dejar de mirar fijamente a Riddle.

—Es un fénix —dijo Riddle, devolviéndole una mirada perspicaz.

¿Fawkes? —musitó Harry, sintiendo la suave presión de las garras doradas. —Y eso —dijo Riddle, mirando el fardo que Fawkes había dejado caer—, eso no es más que el viejo Sombrero Seleccionador del colegio.

Así era. Remendado, deshilachado y sucio, el sombrero yacía inmóvil a los pies de Harry. Riddle volvió a reír. Rió tan fuerte que su risa se multiplicó en la oscura cámara, como si estuvieran riendo diez Riddle al mismo tiempo.

—¡Eso es lo que Dumbledore envía a su defensor: un pájaro cantor y un sombrero viejo! ¿Te sientes más seguro, Harry Potter? ¿Te sientes a salvo? Harry no respondió. No veía la utilidad de Fawkes ni del viejo sombrero, pero ya no se sentía solo, y aguardó con creciente valor a que Riddle dejara de reír.

— A lo que íbamos, Harry —dijo Riddle sonriendo todavía, con mas ganas—. En dos ocasiones, en tu pasado, en mi futuro, nos hemos encontrado. Han sido dos ocasiones en que no he logrado matarte. ¿Cómo sobreviviste? Cuéntamelo todo. Cuanto más hables —añadió con voz suave—, más tardarás en morir.

Harry pensó deprisa, sopesando sus posibilidades. Riddle tenía la varita; él tenía a Fawkes y el Sombrero Seleccionador, que no resultarían de gran utilidad en un duelo. No prometían mucho, la verdad. Pero cuanto más tiempo permaneciera Riddle allí, menos vida le quedaría a Artemis… Harry percibió algo de pronto: en el tiempo que llevaban en la cámara, los contornos de la imagen de Ryddle se habían vuelto más claros, más corpóreos. Si Riddle y él tenían que luchar, mejor que fuera pronto.

—Nadie sabe por qué perdiste tus poderes al atacarme —dijo bruscamente Harry—. Yo tampoco. Pero sé por qué no pudiste matarme: porque mi madre murió para salvarme. Mi vulgar madre de origen muggle —añadió, temblando de rabia—; ella evitó que me mataras. Y yo te he visto de verdad, te vi el año pasado. Eres una ruina. Apenas estás vivo. A esto te ha llevado todo tu poder. Te ocultas. ¡Eres horrible, inmundo!

Riddle tenía el rostro contorsionado. Forzó una horrible sonrisa.

—O sea que tu madre murió para salvarte. Sí, ése es un potente contrahechizo. Tenía curiosidad, ¿sabes? Porque existe una extraña afinidad entre nosotros, Harry Potter. Incluso tú lo habrás notado. Los dos somos de sangre mezclada, los dos huérfanos, los dos criados por muggles. Tal vez somos los dos únicos hablantes de pársel que ha habido en Hogwarts después de Slytherin. Incluso nos parecemos físicamente... Pero, después de todo, sólo fue suerte lo que te salvó de mí. Eso es lo que quería saber.

Harry permaneció quieto, tenso, aguardando que Riddle levantara su varita. Pero Riddle se limitaba a exagerar más su sonrisa contrahecha.

—Ahora, Harry, voy a darte una pequeña lección. Enfrentemos los poderes de lord Voldemort, heredero de Salazar Slytherin, contra el famoso Harry Potter, que tiene de su parte las mejores armas de Dumbledore.

Ryddle dirigió una mirada socarrona a Fawkes y al Sombrero Seleccionador, y luego anduvo unos pasos en dirección opuesta. Harry, notando que el miedo se le extendía por las entumecidas piernas, vio que Ryddle se detenía entre las altas columnas y dirigía la mirada al rostro de Slytherin, que se elevaba sobre él en la oscuridad. Ryddle abrió la boca y silbó... pero Harry comprendió lo que decía.

Háblame, Slytherin, el más grande de los Cuatro de Hogwarts.

Harry se volvió hacia la estatua. Fawkes se balanceaba sobre su hombro. El gigantesco rostro de piedra de la estatua de Slytherin se movió y Harry vio,

horrorizado, que abría la boca, más y más, hasta convertirla en un gran agujero. Algo se movía dentro de la boca de la estatua. Algo que salía de su interior. Harry retrocedió hasta dar de espaldas contra la pared de la cámara y cerró fuertemente los ojos. Sintió que el ala de Fawkes le rozaba el rostro al emprender el vuelo. Harry quiso gritar: «¡No me dejes!» Pero ¿de qué le podía valer un fénix contra el rey de las serpientes?

Una gran mole golpeó contra el suelo de piedra de la cámara, y Harry notó que toda la estancia temblaba. Sabía lo que estaba ocurriendo, podía sentirlo, podía ver sin abrir los ojos la gran serpiente desenroscándose de la boca de Slytherin. Entonces oyó una voz silbante.

Mátalo.

El basilisco se movía hacia Harry, éste podía oír su pesado cuerpo deslizándose lentamente por el polvoriento suelo. Con los ojos cerrados, Harry comenzó a moverse a ciegas hacia un lado, palpando con las manos el camino. Riddle reía...

Tan absorto estaba en Potter y el basilisco, que no se percato de una pequeña figura que había llegado. Y que ahora, estaba detrás de él, ¿como habría logrado entrar? Tal vez se había arrastrado por las tuberías, pero Warlock había encontrado su camino hacia ese lugar.

El hurón mostro los dientes y se lanzo al ataque. Riddle lanzo un hechizo, uno tras otros, que el hurón lograba evitar. Intento darle una patada al hurón, que esquivo y desapareció.

Riddle sorprendido por un momento no se movió. Aulló de dolor cuando sintió los dientes del animal en su pierna derecha. Mas mordidas, sin poder saber donde estaba ese escurridizo hurón.

De repente oyó un ruido fuerte, como un estallido. Al voltear vio Fawkes planeaba alrededor de su cabeza, y el basilisco le lanzaba furiosos mordiscos con sus colmillos largos y afilados como sables.

—¡Aaaahhh! —grito enojado.

El hurón lo había vuelto a morder.

Entonces Fawkes descendió. Su largo pico de oro se hundió en la carne del monstruo y un chorro de sangre negruzca salpicó el suelo. La cola de la serpiente golpeaba muy cerca de Harry, y antes de que este pudiera cerrar los párpados, el basilisco se volvió hacia él. Riddle miro con furia al estúpido ave de Dumbledore. El fénix había picado al basilisco en los ojos, aquellos grandes y prominentes ojos amarillos. La sangre resbalaba hasta el suelo y la serpiente escupía agonizando.

¡No! —grito Riddle—. ¡Deja al pájaro! ¡Deja al pájaro! ¡El chico está detrás de ti! ¡Puedes olerlo! ¡Mátalo!

La serpiente ciega se balanceaba desorientada, herida de muerte. Fawkes describía círculos alrededor de su cabeza, silbando su inquietante canción, picando aquí y allá en el morro lleno de escamas del basilisco, mientras brotaba la sangre de sus ojos heridos. Riddle no pudo disfrutar, como Harry pedía ayuda enloquecido. La pequeña bola de pelos era insoportable.

¡Mata al chico! ¡Deja al pájaro! ¡El chico está detrás de ti! Olfatea... chillo Riddle apenas viendo lo que pasaba—¡Huélelo!...

Le hurón apareció frente por un momento antes de desaparecer. Supo donde estaba, y intento sostenerlo con la ventaja de que ahora, podía sentirlo. El hurón se había metido bajo su túnica. Mordiendo, una y otra vez.

Cuando por fin lo atrapo, estuvo a punto de estrangularlo, pero volteo a ver el desenlace de la pelea. Sorpresa, furia y odio. El basilisco había caído muerto a manos de un mocoso de solo doce años, lo único que evito que estrangulara al pequeño animal fue ver a Potter herido por uno de los colmillos del basilisco. Harry se quito a duras penas el colmillo del brazo, pero era tarde. El veneno ya estaba en su sangre.

El hurón choco contra la columna mas cercana cuando Riddle lo aventó por los aires.

Fawkes —alzando a escuchar Riddle decir a Potter con dificultad—. Eres estupendo, Fawkes...

El pájaro posaba su hermosa cabeza en el brazo, donde la serpiente lo había herido. Riddle chasqueo la lengua y camino hacia Potter, todo terminaría pronto para deleite de él.

—Estás muerto, Harry Potter —dijo observando hacia abajo al mocoso—. Muerto. Hasta el pájaro de Dumbledore lo sabe. ¿Ves lo que hace, Potter? Está llorando.

Harry parpadeó. Sólo un instante vio con claridad la cabeza de Fawkes. Por las brillantes plumas le corrían unas lágrimas gruesas como perlas.

—Me voy a sentar aquí a esperar que mueras, Harry Potter. Tómate todo el tiempo que quieras. No tengo prisa.

Disfruto la visión que tenia sobre Potter.

—Éste es el fin del famoso Harry Potter —volvió a hablar Riddle—. Solo en la Cámara de los Secretos, abandonado por sus amigos, derrotado al fin por el Señor Tenebroso al que él tan imprudentemente se enfrentó. Volverás con tu querida madre sangre sucia, Harry… Ella compró con su vida doce años de tiempo para ti… pero al final te ha vencido lord Voldemort. Sabías que sucedería. Y como la tonta de tu amiga, tu huesos reposaran en este lugar.

El hurón se levanto a duras penas, se había lastimado la pata y observaba a Harry con sus pequeños ojos negros. Harry lo vio, y sus ojos se enfocaron en Artemis, a quien se acerco lentamente. Aún pálida y sin vida, seguía en la misma posición que Harry la dejo. Cuando fijo sus ojos de nuevo en el hurón, casi creyó, que él estaba esperando a que venciera a Riddle.

¿Pero como podría Harry ayudar si estaba muriendo? Aunque si aquello era morirse, pensó Harry, no era tan desagradable. Incluso el dolor se iba...

Fijo la vista hacia Fawkes, apoyándose todavía en su brazo. Un charquito de lágrimas brillaba en torno a la herida... Sólo que ya no había herida.

—Márchate, pájaro —dijo de pronto la voz de Riddle—. Sepárate de él. ¡He dicho que te vayas!

Harry levantó la cabeza. Riddle apuntaba a Fawkes con la varita de Harry. Sonó como un disparo y Fawkes emprendió el vuelo en un remolino de rojo y oro.

—Lágrimas de fénix… —dijo Riddle en voz baja, contemplando el brazo de Harry—. Naturalmente… Poderes curativos…, me había olvidado… —miró a Harry a la cara—. Pero igual da. De hecho, lo prefiero así. Solos tú y yo, Harry Potter…, tú y yo…

Levantó la varita.

Entonces, con un batir de alas, Fawkes pasó de nuevo por encima de sus cabezas y dejó caer algo en el regazo de Harry: el diario.

Lo miraron los dos durante una fracción de segundo, Riddle con la varita levantada. Luego, sin pensar, sin meditar, como si todo aquel tiempo hubiera esperado para hacerlo, Harry cogió el colmillo de basilisco que se había quitado del brazo. Y lo clavó en el cuaderno.

Se oyó un grito largo, horrible, desgarrado. La tinta salió a chorros del diario, vertiéndose sobre las manos de Harry e inundando el suelo. Riddle se retorcía, gritando, y entonces…

Desapareció. Se oyó caer al suelo la varita de Harry y luego se hizo el silencio, sólo roto por el goteo de la tinta que aún manaba del diario. El veneno del basilisco había abierto un agujero incandescente en el cuaderno.

Harry se levantó temblando. La cabeza le daba vueltas, como si hubiera recorrido kilómetros con los polvos flu. Recogió la varita y el sombrero y, de un fuerte tirón, extrajo la brillante espada del paladar del basilisco. La espada que había parecido como un milagro, a trasvés del sombrero seleccionador.

Se acerco corriendo cuando escucho a su amiga, aún estaba tirada en el suelo pero se movía. De repente se despertó y se sentó. Harry se inclino en su dirección cuando llego hasta ella y, sorprendido observo a Artemis fijamente entre la oscuridad.

—¿Harry?

No parecía la misma persona, al menos que la oscuridad de aquel lugar jugara con sus ojos. Era la voz de ella y a pesar de todo, en un rostro todavía había rastro de las facciones de una Artemis que Harry había conocido.

El largo cabello que era de un feo color gris opaco, ahora era de un cálido rubio dorado. Su rostro ya no tenia una forma redonda sino un poco mas ovalada, las mejillas y la nariz tenia pecas con algunos lunares en el rostro. Sus facciones era mas finas y perfiladas que antes y, su piel ya no era como el mármol, volvía a tener color: caucásica. Lo único que no había cambiado en lo absoluto, eran los ojos. De aquel intenso azul oscuro.

—¿Qué-e haces aquí? —Pregunto con sorpresa y angustia. Sus ojos se movieron por la habitación, pasaron por el inmenso cuerpo del basilisco a Harry, con la túnica empapada de sangre, y luego al cuaderno que éste llevaba en la mano—. ¿Pero…que paso?

La voz se le quebró y se echo a llorar.

—Ha terminado todo bien —intento consolarla Harry, cogiendo el diario para enseñarle el agujero hecho por el colmillo—. Riddle ya no existe. ¡Mira! Ni él ni el basilisco. Vamos, Artemis, salgamos de aquí…

—¡Lo siento tanto!—dijo Artemis—. Todo esto ha sido mi culpa…

—No fue tu culpa.

—He sido una tonta—dijo Artemis sollozando—. He causado todo esto, todo ha sido mi culpa…las petrificaciones, el que te señalaran por creerte el heredero y el que Hagrid terminara en azkaban por mis errores. Soy la peor persona del mundo.

—Riddle es el culpable. Te uso, él me lo conto. Eres tan inocente como Hagrid.

—No me creerán—dijo Artemis limpiándose las lagrimas—. Nadie lo hará. Hace cincuenta años culparon a Hagrid siendo inocente y ahora lo encerraron por lo mismo…—en sus ojos había culpabilidad—. Mi condena no será mejor que la de él, no volveré a hacer magia, romperán mi varita…

—No, le explicaremos al profesor Dumbledore…—Harry se dio cuenta de su error—, le explicaremos a McGonagall la verdad, lo de Riddle y el diario. Se lo explicaremos.

Fawkes los estaba esperando, revoloteando en la entrada de la cámara junto con Ginny que pareció aliviada de verlos regresar.

—¿Estas bien?

Aunque Harry no supo a quien se lo decía. Pero Artemis parecía aliviada de ver a Ginny. Dejaron atrás el cuerpo retorcido e inanimado del basilisco, y a través de la penumbra resonante regresaron al túnel. Harry oyó cerrarse las puertas tras ellos con un suave silbido.

—¡Están vivos! —escucharon un grito de jubilo frente a ellos.

—¡Draco!—dijo Harry.

Draco estaba sentado cerca de la entrada con aire de esperarlos, algo que Harry estaba seguro que había hecho. Por un momento su euforia se congelo mientras observaba detenidamente a sus acompañantes, antes de reconocer a Artemis. Se abalanzo a abrazarla, quien con cuidado protegió a Warlock del abrazo, para que no se lastimara mas de lo que estaba mientras descansa entre sus brazos.

—¿Cuánto tiempo…?

—No lo se, ha parecido una eternidad—dijo Draco sonriendo—. Lo lograsteis, no puedo creerlo. Estoy tan feliz de verlos, incluso a ti—dijo hacia a Ginny.

—Imagino que abristeis una brecha por el muro de piedras—dijo Harry.

—Así es—respondió Draco—¿Por cierto, sabes de donde ha salido ese pájaro?

Fawkes volaba sobre ellos.

—Es de Dumbledore —dijo Harry.

—¿Y cómo has conseguido esa espada? —dijo Draco, mirando con interés el arma que brillaba en la mano de Harry—. Me recuerda a la de Godric Gryffindor.

—Te lo explicaré cuando salgamos —dijo Harry, mirando a Artemis de reojo.

—Pero…

—Más tarde —insistió Harry. No creía que fuera buena idea decirle en aquel momento quién había abierto la cámara, y menos delante de Artemis, quien le agradeció con una sonrisa—. ¿Dónde está Lockhart?

—Esperando donde lo deje—dijo Draco con una sonrisa malvada—. Ni lo reconoceras. Vamos.

Tras unos minutos de andar por el oscuro túnel, llegaron hasta la pared de piedras, donde Draco los guio hasta un pasaje que abrió en el muro. Atravesó el agujero primero para ayudar a Artemis y a Ginny a cruzar por él.

—Acerca de Lockhart—pronuncio Draco aquel nombre con pereza, sonriendo y señalando con la cabeza hacia el principio del túnel—. El tipo no esta nada bien. Lo entenderás cuando lo veas.

Guiados por Fawkes, cuyas alas rojas emitían en la oscuridad reflejos dorados, desanduvieron el camino hasta la tubería. Gilderoy Lockhart estaba allí sentado, tarareando plácidamente.

—¿Profesor Lockhart? —dijo Artemis.

—Ha perdido la memoria—explico Draco—. El embrujo desmemorizante le salió por la culata. Le reboto a él. No tiene ni idea de quién es, ni de dónde está, ni de quiénes somos. Le dije que se quedara aquí y nos esperara. Es un peligro para sí mismo.

Lockhart los miró a todos afablemente.

—Hola —dijo—. Qué sitio tan curioso, ¿verdad? ¿Vivís aquí?

—No —respondió Draco, mirando a Harry y rodando los ojos.

Harry se inclinó y miró la larga y oscura tubería.

—¿Has pensado cómo vamos a subir? —preguntó a Draco.

—Lo he pensado y meditado, pero no tengo una solución al problema... Lo siento, amigo. No se ningún hechizo que nos pueda ayudar.

Pero Fawkes ya había pasado delante de Harry y se hallaba revoloteando delante de él. Los ojos redondos del ave brillaban en la oscuridad mientras agitaba sus alas doradas. Harry lo miró, dubitativo.

—Parece como si quisiera que te cogieras a él... —dijo Ginny.

—Viéndolo bien—dijo Draco—. Ahora me doy cuenta que es un fénix. Y si no mal recuerdo, ellos pueden llevar un gran peso... ahora no recuerdo que tanto peso pueden cargar…seria mejor que nos llevara uno por uno.

—No lo creo—dijo Harry—. Fawkes es especial.—Se volvió inmediatamente a los otros—. Vamos a darnos la mano. Artemis, coge la de Ginny. Profesor Lockhart…

—Se refiere a usted —aclaró Draco a Lockhart.

—Coja la otra mano de Artemis, Draco sujeta a Lockhart.

Harry se metió la espada y el Sombrero Seleccionador en el cinto. Draco se agarró a los bajos de la túnica de Harry, y Harry, a las plumas de la cola de Fawkes, que resultaban curiosamente cálidas al tacto. Artemis coloco a Warlock en uno de los bolsillos de su túnica y cuando estuvo seguro, se sujeto de Ginny y Lockhart.

Una extraordinaria luminosidad pareció extenderse por todo el cuerpo del ave, y en un segundo se encontraron subiendo por la tubería a toda velocidad. Harry podía oír a Lockhart que decía:

—¡Asombroso, asombroso! ¡Parece cosa de magia!

El aire helado azotaba el pelo de Harry, y cuando empezaba a disfrutar del paseo, el viaje por la tubería terminó. Los cuatro fueron saltando al suelo mojado junto a Myrtle la Llorona, y mientras Lockhart se arreglaba el sombrero, el lavabo que ocultaba la tubería volvió a su lugar cerrando la abertura.

Myrtle los miraba con ojos desorbitados.

—Estás vivo —dijo a Harry sin comprender.

—Pareces muy decepcionada —respondió serio, limpiándose las motas de sangre y de barro que tenía en las gafas.

—No, es que... había estado pensando. Si hubieras muerto, aquí serías bienvenido. Te dejaría compartir mi retrete —le dijo Myrtle, ruborizándose de color plata.

—¡Vaya, Harry! —dijo Draco, cuando salieron de los aseos al corredor oscuro y desierto—. ¡Eres todo un casanova, Potter! ¡Le gustas a Myrtle! ¡No te envidio en lo absoluto!

Harry ignoro su comentario.

—¿Adónde vamos? —preguntó Draco, mirando a Artemis con preocupación.

Harry señaló hacia delante. Fawkes iluminaba el camino por el corredor, con su destello de oro. Lo siguieron a grandes zancadas, y en un instante se hallaron ante el despacho de la profesora McGonagall.

Harry llamó y abrió la puerta.


*Yo soy Voldemort en español