Hubo un momento de silencio cuando Harry, Draco, Artemis, Ginny y Lockhart aparecieron en la puerta, llenos de barro, suciedad y, en el caso de Harry, sangre. Luego alguien dijo:

—¿Artemis?

Era la señora Bradley, que estaba llorando delante de la chimenea, abrazada de una copia igual a ella. De un salto se paro y corrió a abrazar a su hija, que la recibió con los brazos abiertos. Los padres de Ginny también estaban ahí, que corrieron al encuentro de su hija.

Luego de unos momentos Abigail Bradley se dirigió a abrazar a los dos salvadores de su hija: Harry y Draco.

—¡Ustedes dos me la han traído de vuelta! ¡La habéis salvado! ¿Cómo lo han hecho? —dijo al soltarlos, para luego ser envueltos en el abrazo de la señora Weasley que estaba igual de agradecida.

Artemis quien estaba atrapada en otro abrazo, que no dudo en regresar, miraba a por arriba del hombro de Snape. El profesor Dumbledore estaba ante la repisa de la chimenea, sonriendo, junto a la profesora McGonagall, que respiraba con dificultad y tenia una mano en el pecho. Fawkes estaba posado en el hombro de Dumbledore.

—Pequeños traviesos…—les dijo Rebekah con lagrimas en los ojos, abrazándolos—. ¿Qué paso?

Mirando la túnica con sangre de Harry.

—Creo que a todos nos encantaría enterarnos —dijo con un hilo de voz la profesora McGonagall.

—Entonces… quien nos iluminara—dijo Snape.

Artemis se aferro mas a su madre, que le besaba el cabello. Era el momento que mas temía, pero no había marcha atrás, era la hora de la verdad.

Harry empezó a contarlo todo. Habló durante casi un cuarto de hora, mientras los demás lo escuchaban absortos y en silencio. Contó lo de la voz que no salía de ningún sitio; que Hermione había comprendido que lo que él oía era un basilisco que se movía por las tuberías; que Draco y él siguieron a las arañas por el bosque; que Aragog les había dicho dónde había matado a su víctima el basilisco; que había adivinado que Myrtle la Llorona había sido la víctima, y que la entrada a la Cámara de los Secretos podía encontrarse en los aseos…

—Impresionante para alumnos de segundo año—alago Snape, cuando Harry hizo una pausa—, así que averiguasteis dónde estaba la entrada, y a su paso quebrantando un centenar de normas, añadiría yo. Pero ¿cómo es que han conseguido salir con vida, Potter?

Así que Harry, con la voz ronca de tanto hablar, les relató la oportuna llegada de Fawkes y del Sombrero Seleccionador, que le proporcionó la espada. Pero luego titubeó. Artemis y Harry compartieron una mirada. Harry había evitado mencionar su relación con el diario, pero era la hora de revelar toda la verdad.

Esta se desprendió del abrazo de su madre y dio un paso adelante con determinación.

—Lo único que no comprendo, es como se las arreglo Riddle para embrujar a la señorita Artemisa—dijo Dumbledore amablemente—, mis fuentes me indican que lord Voldemort actualmente se halla oculto en los bosques de Albania.

Alivio y paz. Artemis no podía creer lo que escuchaba. Tal vez, ella no sufriría por los actos de Riddle como Hagrid. Y ahora reconocerían que él también era inocente de toda culpa.

—Podría profesor Dumbledore, explicarse—pidió Snape—. ¿Artemis ha sido embrujada?

—Fue el diario —dijo inmediatamente Harry, cogiéndolo y enseñándoselo a Dumbledore—. Riddle lo escribió cuando tenía dieciséis años.

Dumbledore cogió el diario que sostenía Harry y examinó minuciosamente sus páginas quemadas y mojadas.

—Soberbio —dijo con suavidad—. Por supuesto, él ha sido probablemente el alumno más inteligente que ha tenido nunca Hogwarts. —Se volvió hacia los familiares de ambas niñas, que lo miraban perplejos—. Muy pocos saben que lord Voldemort se llamó antes Tom Riddle. Yo mismo le di clase, hace cincuenta años, en Hogwarts. Desapareció tras abandonar el colegio…Recorrió el mundo…, profundizó en las Artes Oscuras, tuvo trato con los peores de entre los nuestros, acometió peligros, transformaciones mágicas, hasta tal punto que cuando resurgió como lord Voldemort resultaba irreconocible. Prácticamente nadie relacionó a lord Voldemort con el muchacho inteligente y encantador que recibió aquí el Premio Anual.

—¿Qué tiene que ver mi Ginny con él? —dijo Arthur.

— ¿Quiere decir que ese cuadernillo embrujo a mi hija? —dijo la señora Bradley.

—He estado escribiendo en el diario desde las vacaciones—dijo Artemis sin mirar a su madre—. No tenia idea de quien era en realidad, me engaño y se porto muy amable solo para usarme... Ginny no tiene culpa de nada—continuo Artemis—. Ella solo se encontraba en el momento y el lugar incorrecto.

—¡Artemis! —exclamó su tía—. Pero es que caso no recordasteis lo que te he dicho siempre. No confíes en cosas que tengan la capacidad de pensar pero de las cuales no sepas dónde tienen el cerebro… Cosas así son peligrosas, no te acuerdas sobre todas las cosas que te conté. ¿Por qué no me enseñaste el diario a mí o a Snape? Un objeto tan sospechoso como ése, ¡tenía que ser cosa de magia negra!

—Yo no lo sabia—Artemis quería desaparecer en aquel momento de la vergüenza—. No tenia ni idea…Yo lo encontré en un viejo libro hueco y no me pareció extraño, aún después de que me contesto cuando escribí en el. Estaba sorprendida, pero nunca pensé que pudiera ser peligroso…

»Intente detenerlo cuando descubrí la verdad, pero nada de lo que hacia funcionaba. Todo hechizo que aprendí y busque fue inútil para destruir el diario, parecía indestructible… Intente de todo—dijo Artemis—. Nunca quise lastimar a nadie.

La señora Bradley se acerco para abrazar a su hija.

—Las señoritas Jones y Weasley deberían ir directamente a la enfermería —terció Dumbledore con voz firme—. Para ellas ha sido una experiencia terrible. No habrá castigo. Lord Voldemort ha engañado a magos más viejos y más sabios. —Fue a abrir la puerta—. Reposo en cama y tal vez un tazón de chocolate caliente. A mí siempre me anima —añadió, guiñándole un ojo bondadosamente. Artemis le sonrió, aunque no deseaba ir a la enfermería. Ahí estarían los cuerpo petrificados de sus amigos y conocidos—. La señora Pomfrey estará dispuesta a recibirlas.

Fue cierto que la señora Pomfrey estuvo dispuestas a recibir a ambas en la enfermería, luego de que paso el asombro de verlas con vida. También estuvo dispuesta a curar al valiente Warlock, que fue en su búsqueda; Draco apareció en la enfermería a los pocos minutos con el profesor Lockhart.

—Que lugar impresionante…—dijo Lockhart.

—Es solo la enfermería—le dijo Draco.

—¿Y usted quien es? —pregunto a Poppy.

—¿Qué le paso? —pregunto Pomfrey a Draco, sin prestarle atención a Lockhart.

—Perdió la memoria…un hechizo desmoralizante, que le salió mal y no sabría decirle por que, simplemente la varita le reboto el hechizo, y termino dándole a él.

—Venga conmigo profesor Lockhart.

—Usted también sabe que soy profesor. Válgame dios, usted debe ser profesora.

—Enfermera.

—Un gusto conocerla, enfermera. ¿Usted trabaja aquí?

Draco se acerco hacia ellas, luego de saludar como corresponde, dijo a Artemis:

—Debisteis verlo cuando se entero que era profesor. Dijo por primera vez algo cierto. Que era un inútil—Draco se rio ante el recuerdo, para luego rebuscar algo en su túnica—. Esto es tuyo, Harry y yo la encontramos.

—Oh, mi varita.

Artemis sostuvo entre sus dedos la varita que soltó unos minutos antes de quedar bajo el control Riddle, este no se había molestado en recuperarla por que no le serviría. Había visto en los recuerdos que le devolvió Riddle, que la varita no respondía adecuadamente cuando él tomaba posesión de ella; sin embargo, este encontró otra varita que fue mas manejable y utilizo la propia varita de Ginny para llevarla hacia la cámara de los secretos. Cincuenta años atrás, una varita había sido rota injustamente y eso le hizo recordar que cincuentas años después, otra varita había sido rota, aunque no en las mismas circunstancias. Suspiro de alivio. Tener de nuevo su varita en sus manos, le daba una seguridad y tranquilidad infinita; adoraba su varita como si fuera un parte de su cuerpo mas y de hecho, así lo era. Era una extensión de ella con la cual podía canalizar la magia en su interior y nadie debía ser privado de aquello. Una varita rota ya no servía nunca mas, aunque se intentara recomponer, era un caso perdido. Ron Weasley le había dicho que no quería que le pagara la varita y a pesar del mal trato que recibió de él, debía reparar aquello; Artemis nunca lo admitiría en voz alta, pero había sido su culpa que la varita de Ron terminara rota. Ella lo había empujado de tal forma que la varita se termino rompiendo en el proceso, había escuchado el crujir de la madera al partirse en dos; todo con el afán de evitar que lastimara a Warlock.

—Me alegra que este en perfecta condiciones—dijo Artemis. Y al alzar la vista hacia una familia de cabelleras pelirrojas dijo a su madre: —. Y Ron Weasley necesitara una de igual forma, por mi culpa se le ha roto la varita y no me he disculpado ni le he retribuido por ello.

—No te preocupes por eso—dijo su madre acariciándole el cabello—. Una varita tiene solución…

Pero una vida no, termino Artemis en sus pensamientos. Luego de tomar la taza caliente, se negó a quedarse en la enfermería como Ginny y luego de una despedida muy sentimental de su madre como de su tía, se dirigió al Gran Comedor junto a Draco, para la fiesta que se haría en celebración por el fin del terror de Riddle, también se entero que Dumbledore les había dado doscientos puntos para Slytherin por cada uno, además de que recibirían el Premio por Servicios Especiales al Colegio.

Artemis se sonrojo de la excitación antes de replicar:

—Pero…ha sido mi culpa todo lo ocurrido.

—El profesor Dumbledore cree, que has sido muy valiente al intentar destruir a Riddle y que ello, no puede quedar sin recompensa—dijo Draco sonriendo complacido—. No es tan chiflado como creía después de todo.

—Tal vez no.

—Además, creo que yo he sido el culpable de lo ocurrido—dijo Draco con culpa—. Ese diario, cuando dijisteis que lo encontrasteis en un viejo libro hueco, recordé por que se me había hecho familiar.

—Draco…

—Estaba en mi casa—dijo Draco seriamente—. Deje que te lo quedaras cuando no debí hacerlo.

—Tu no sabias que era peligroso.

—No—dijo Draco—. Pero eso no quita que estaba en mi casa.

—Dijisteis que los diarios eran solo para chicas ¿no?, tal vez el Señor Tenebroso decidiera darle su diario a tu padre—intento bromear Artemis—. Para que ocultar su terrible vergüenza.

Draco apenas sonrió.

—Papá estuvo buscando ese diario como loco las semanas que siguieron cuando lo tomasteis—dijo—. Nunca dijo que buscaba, pero ahora esta claro que era el diario, dijo que era muy importante y peligroso, por lo cual era urgente recuperarlo.

»Creo que planeaba destruirlo. Recuerdo que mi madre le dijo que no tenia importancia recuperarlo, si planeaba deshacerse de él de todas formas.

—Entonces no hay por que preocuparte, Draco—dijo Artemis—. Tu padre iba ha actuar correctamente al destruir el diario y yo no diré de donde lo saque.

»Nadie va a poner en duda la honorabilidad de tu padre, así que no te preocupes—continuo mientras descendían los escalones—. El fue un mortífago en el pasado, eso no quiere decir que lo sea en el futuro. Y créeme, yo se acerca de ello.


Dumbledore fue hacia una de las sillas que había junto al fuego.

—Siéntate, Harry —dijo, y Harry tomó asiento, incomprensiblemente azorado—. Antes que nada, Harry, quiero darte las gracias —dijo Dumbledore, parpadeando de nuevo—. Debes de haber demostrado verdadera lealtad hacia mí en la cámara. Sólo eso puede hacer que acuda Fawkes.

Acarició al fénix, que agitaba las alas posado sobre una de sus rodillas. Harry sonrió con embarazo cuando Dumbledore lo miró directamente a los ojos.

—Así que has conocido a Tom Riddle—dijo Dumbledore pensativo—. Imagino que tendría mucho interés en verte.

De pronto, Harry mencionó algo que le reconcomía:

—Profesor Dumbledore... Riddle dijo que yo soy como él. Una extraña afinidad, dijo…

—¿De verdad? —preguntó Dumbledore, mirando a un Harry pensativo, por debajo de sus espesas cejas plateadas—. ¿Y a ti qué te parece, Harry?

—¡Me parece que no soy como él! —contestó Harry, más alto de lo que pretendía—. Quiero decir que yo… tal vez yo soy de Slytherin como él, pero yo soy…yo soy

Pero calló. Resurgía una duda que le acechaba.

—Profesor —añadió después de un instante—, el Sombrero Seleccionador me envió a Slytherin, dijo que haría un buen papel ahí. Todos creyeron un tiempo que yo era el heredero de Slytherin, porque sé hablar pársel

—Tú sabes hablar pársel, Harry —dijo tranquilamente Dumbledore—, porque lord Voldemort, que es el último descendiente de Salazar Slytherin, habla pársel. Si no estoy muy equivocado, él te transfirió algunos de sus poderes la noche en que te hizo esa cicatriz. No era su intención, seguro…

—¿Voldemort puso algo de él en mí? —preguntó Harry, atónito.

—Eso parece.

—Así que yo me parezco a Voldemort como me dijo—dijo Harry, mirando con desesperación a Dumbledore—. El Sombrero Seleccionador distinguió en mí poderes de Slytherin y…

—Te puso en Slytherin—dijo Dumbledore reposadamente—. Escúchame, Harry. Resulta que tú tienes muchas de las cualidades que Slytherin apreciaba en sus alumnos, que eran cuidadosamente escogidos: su propio y rarísimo don, la lengua pársel…, inventiva…, determinación…, un cierto desdén por las normas —añadió, mientras le volvía a temblar el bigote—. Pero aun así, ¿cuál fue la verdadera razón de que terminaras en Slytherin? Piensa.

—Me colocó en Slytherin—dijo Harry con voz de derrota— por que yo se lo pedí, Draco y Artemis estaban ahí, así que…

—Exacto —dijo Dumbledore, volviendo a sonreír—. Eso es lo que te diferencia de Tom Riddle. Amistad. Te dirigisteis hasta la cámara de los secretos, sabiendo lo que te esperaría pero fuiste aún así, para salvar a tu amiga. Son nuestras elecciones, Harry, las que muestran lo que somos, mucho más que nuestras habilidades. —Harry estaba en su silla, atónito e inmóvil—. Lord Voldemort jamás ha tenido amigos, no considera a nadie como tal y nunca arriesgaría la vida por salvar a unos de sus seguidores. Otra prueba de que tu, eres diferente a él, es tu valor. Muchos suponen que solos estudiantes de Gryffindor pueden sacar un valioso objeto del sombrero, yo tengo una opinión diferente, sino simplemente échale un vistazo a esto.

Dumbledore se acercó al escritorio de la profesora McGonagall, cogió la espada ensangrentada y se la pasó a Harry. Sin mucho ánimo, Harry le dio la vuelta y vio brillar los rubíes a la luz del fuego. Y luego vio el nombre grabado debajo de la empuñadura: Godric Gryffindor:

—Sólo alguien que demuestre gran valentía y coraje podría haber sacado esto del sombrero, Harry —dijo simplemente Dumbledore—. Y creo que no es necesario que pertenescas a la casa de Gryffindor, siempre y cuando tengas el valor de uno.

Durante un minuto, ninguno de los dos dijo nada. Luego Dumbledore abrió uno de los cajones del escritorio de la profesora McGonagall y sacó de él una pluma y un tintero.

—Lo que necesitas, Harry, es comer algo y dormir. Te sugiero que bajes al banquete, mientras escribo a Azkaban: necesitamos que vuelva nuestro guarda. Y tengo que redactar un anuncio para El Profeta, además —añadió pensativo—. Necesitamos un nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Vaya, parece que no nos duran nada, ¿verdad?

Harry se levantó y se dispuso a salir. Pero apenas tocó el pomo de la puerta, ésta se abrió tan bruscamente que pego contra la pared y rebotó.

Shemuel Smith estaba allí, con el semblante furioso.

—Buenas noches, Shemuel—dijo Dumbledore amablemente.

El señor Smith casi derriba a Harry al entrar en el despacho.

—¡Vaya! —dijo Shemuel Smith, fijos en Dumbledore sus fríos ojos—. Ha vuelto. El consejo escolar lo ha suspendido de sus funciones, pero aun así, usted ha considerado conveniente volver.

—Una gran sorpresa ¿no es así, Smith? —el señor Malfoy apareció e por la puerta. Le dio un leve saludo a Harry, pero este miraba al elfo que lo acompañaba. Era Dobby. El elfo que había estado previniéndolo este año y que casi lo había matado en aquel juego de quidditch.

—¿Qué se supone que haces aquí?

—Quería informarte personalmente, y me dijeron que te encontraría aquí, no me pude resistir—dijo Lucius Malfoy sonriendo—. Y aquí estoy, para darte las nuevas noticias.

—Me encantaría oírlas—dijo Shemuel con su mirada llena de frialdad—. ¿Y quien tendrá el placer de decírmelas?

—Bueno, Shemuel, verá —dijo Dumbledore, sonriendo serenamente—, he recibido una petición de los otros once representantes. Aquello parecía un criadero de lechuzas, para serle sincero. Cuando recibieron la noticia de que la hija de Abigail Bradley y de Arthur Weasley habían sido asesinadas, me pidieron que volviera inmediatamente. Hasta hicieron una carta oficial, creo que eso fue idea de Lucius Malfoy. Pensaron que, a pesar de todo, yo era el hombre más adecuado para el cargo. Además, me contaron cosas muy curiosas. Algunos incluso decían que usted les había amenazado con echar una maldición sobre sus familias si no accedían a destituirme.

El señor Smith perdió el color de la cara, aunque seguía con los ojos cargados de furia.

—¿Así que… ha puesto fin a los ataques? —dijo con aire despectivo—. ¿Ha encontrado al culpable?

—Lo hemos encontrado —contestó Dumbledore, con una sonrisa.

—¿Y bien? —preguntó bruscamente Smith—. ¿Quién es?

—El mismo que la última vez, Shemuel—dijo Dumbledore—. Pero esta vez lord Voldemort actuaba a través de otra persona, por medio de este diario. Levantó el cuaderno negro agujereado en el centro, y miró a Malfoy atentamente.

Harry, por el contrario, no apartaba los ojos de Dobby. El elfo hacia cosas muy raras. Miraba fijamente a Harry, señalando el diario, y luego al señor Malfoy que parecía sorprendido de ver aquel objeto. A continuación se daba puñetazos en la cabeza.

—Ya veo…—dijo despacio Smith a Dumbledore—. Uso un artefacto de magia negra, ¿cómo es que termino en manos de esa chiquilla? No será que se lo dio alguien cercano, alguien que tiene bajo sus propias narices… no se, podría ser cualquiera, Snape por ejemplo.

—Snape no tiene nada que ver en esto. Este no ha sido ni siquiera un plan sino un terrible accidente—dijo Dumbledore con voz desapasionada, sin dejar de mirar a Malfoy directamente a los ojos—. Porque si Harry, aquí presente —el señor Malfoy dirigió a Harry una incisiva mirada de soslayo—, y su amigo Draco no hubieran descubierto este cuaderno…, Artemis Jones habría aparecido como culpable. Nadie habría podido demostrar que ella no había actuado libremente…

El señor Malfoy no dijo nada. Su cara se había vuelto de repente como de piedra. El señor Smith seguía con la furia encendida en sus ojos.

—Bueno, es realmente bueno ver que hogwarts, esta haciendo grandes magos para el futuro—dijo el señor Lucius recuperándose.

—No lo se. Me parece que hay algo malo todo en esto y que ciertos alumnos han quebrantado algunas reglas—los ojos de Smith se colocaron en Harry y luego en Lucios—. Deberían ser castigados, a pesar de su hazaña en la que solo tuvieron suerte.

—Tal vez, pero eso ya no es de tu incumbencia—le dijo el señor Malfoy, alzando un pergamino que traía en su mano—. Los once miembros del consejo estudiantil te expulsamos.

—¿Expulsado?

—Cuando hable con ellos, no parecían tan contentos de tu forma de actuar—hablo lentamente el señor Malfoy—. Y creyeron que mi idea de devolver a Dumbledore al cargo y expulsarte a ti del consejo, eran magnificas. Todo estuvieron de acuerdo.

—Muy astuto.

—No te preocupes encontraremos a alguien que pueda reemplazarte perfectamente.

Smith miro a Dumbledore y luego a Malfoy con la ira reflejada en su rostro.

—Parece que no tengo nada que hacer aquí.

Sin mas se fue.

—Creo que yo también he de retirarme—dijo el señor Malfoy.

—No hay otra cosa que quiera decirme, Lucius—el profesor Dumbledore aún sostenía el diario entre sus manos.

—No, me parece que no—dijo el señor Malfoy abriendo la puerta rápidamente—. Si me disculpa, deseo ver a mi hijo y por supuesto a la adorable de mi ..casi sobrina Artemis. Si me disculpan. Dobby.

Escucho a Dumbledore soltar un suspiro perezoso, y entonces Harry decidió hacer algo estúpido y que podía hacer que las puertas de la mansión Malfoy estuvieran cerradas para él para siempre.

—Profesor Dumbledore —dijo deprisa—, ¿me permite quedarme con el diario?

—Claro, Harry —dijo Dumbledore con calma—. Pero date prisa en lo tengas que hacer. Recuerda el banquete.

Harry cogió el diario y salió del despacho corriendo. Aún se oían alejándose es sonido de los zapatos del señor Malfoy, que ya había doblado la esquina del corredor. Rápidamente, preguntándose si sería posible que su plan tuviera éxito, Harry se quitó un zapato, se sacó el calcetín sucio y embarrado, y metió el diario dentro. Luego se puso a correr por el oscuro corredor.

Los alcanzó al pie de las escaleras.

—Señor Malfoy —dijo jadeando y patinando al detenerse—, tengo algo para usted. Y le puso a Lucius Malfoy en la mano el calcetín maloliente.

—¿Qué diablos…?

El señor Malfoy extrajo el diario del calcetín, tiró éste al suelo y luego pasó la vista, furioso, del diario a Harry.

—¿Harry Potter, puedes explicarme que es esto? —dijo controlando su voz. Y se volvió para irse—. Ven, Dobby. ¡He dicho que vengas!

Pero Dobby no se movió. Sostenía el calcetín sucio y embarrado de Harry, contemplándolo como si fuera un tesoro de valor incalculable.

—Mi amo le ha dado a Dobby un calcetín —dijo el elfo asombrado—. Mi amo se lo ha dado a Dobby.

—¿Qué? —escupió el señor Malfoy—. ¿Qué has dicho?

—Dobby tiene un calcetín —dijo Dobby aún sin poder creérselo—. Mi amo lo tiró, y Dobby lo cogió, y ahora Dobby… Dobby es libre.

Lucius Malfoy se quedó de piedra, mirando al elfo y luego observo a Harry. El muchacho se quedo esperando a que el padre de su mejor amigo, se enojara con el y lo odiara de por vida; tal vez, hasta le impediría ser amigo de Draco. En vez de eso, el señor Malfoy sonrió.

—Que astuto, Harry.

—¿Se esta riendo? …¿por que?

—Muchacho. Nunca dejaras de sorprenderme—dijo el señor Malfoy—. Para alguien que solo tiene doce años, eres muy astuto y valiente, Harry.

—¿No esta enojado conmigo por haberle hecho perder a su elfo?

—Lo estoy—aclaro el señor Malfoy—. Como sorprendido, Smith fue astuto al hacerme firma el dichoso papel donde expulsaban a Dumbledore sin que yo me diera cuenta para que era de verdad. Y él le costo mucho mas trabajo engañarme, pero tu, en menos de cinco minutos ideasteis un plan y funciono sin problemas. Slytherin tiene suerte de tenerte.

—No me gritara, ni me dirá que no puedo hacer amigo de Malfoy…ni nada de eso.

—¿Serviría de algo para recuperar al inútil de Dobby?—dijo Lucius Malfoy—. Lo has liberado. El mas astuto gano… Solo no te atrevas a intentar hacer lo mismo cuando vayas a mi casa estas vacaciones, a Narcissa no le gustara en lo absoluto.

—Si, señor—dijo Harry. No tenia la menor intención de hacer enojar a la señora Malfoy—. Señor, puedo preguntarle algo.

—Si me dices por que le tendré que informar a Narcissa que hemos perdido un elfo domestico.

Harry asintió, era lo justo.

—Dobby ha intento salvar mi vida este año sin éxito, ya que no le he hecho caso—dijo—. Tal vez sus métodos no fueron los mejores, pero sus intenciones si que lo eran, y me dolía verlo lastimarse por culpa de su Amo.

—Ya veo—bufo el señor Malfoy—. Estas contra el maltrato a los elfos domésticos, pero que risa.

—No estoy de acuerdo con la violencia física contra el débil.

—Bien—dijo el señor Malfoy—¿y que deseas saber muchacho?

—El diario, ¿usted se lo ha dado a Artemis?

Harry estuvo seguro que aquella pregunto le indigno por el semblante distante y frio que adquirieron sus ojos.

—Esa chiquilla podrá ser la bastarda de alguien, la burla de la sociedad mas estúpida y patética pero jamás intentaría lastimarla, si te refieres a eso Potter—dijo el señor Malfoy al cabo de un minuto—. El diario, como te habrás dado cuenta, estaba bajo mi poder. El cual lamentablemente perdí y envié a ese estúpido elfo a buscar, regresando sin éxito—señalo a Dobby que estaba junto a Harry—. Si Artemis tuvo el infortunio de encontrarlo no fue por obra mía. He estado buscando ese diario desde que desapareció de mis manos para destruirlo.

El señor Malfoy podría parecer malvado, pero solo era por su porte tan arrogante y serio, el mismo que poseía Draco. El mismo que le dijo: Los Malfoy protegemos de los nuestros. Eso incluye a los amigos.

—Artemis encontró el diario en un viejo libro hueco—dijo Harry.

—Me imagino que lo encontró el viejo libro que mi esposa iba a donar, mande a Dobby a buscar el libro en las tiendas a donde Narcissa suele hacer donaciones, aunque sin éxito.

—¿Cómo llego el diario a sus manos?

—Eres muy observador para tu edad, Potter—alago Lucius, tomo su tiempo y contesto—. Ya debes estar enterado que en mi pasado fui un seguidor del Señor Tenebroso, aunque fue bajo una maldición imperdonable.

»El mismo Señor Tenebroso me dio en mis manos aquel objeto, no tenia ni idea de que podía hacer. Era peligroso, lo intuí. Lo mantuve escondido sin atreverme a revelar la verdad aún después de ser absuelto por el ministerio de magia. Tenia enemigos y esos enemigos se aprovecharían para hundirme si yo revelaba la existencia de ese artefacto que el Señor Tenebroso me dio.

Artemis no había revelado nada por miedo, por que creía que nadie le creería; Harry podía entender por que el señor Malfoy no dijo nada tampoco.

—Entonces ¿por que intento destruirlo ahora?

—Me parece que la repuesta es muy simple—dijo simplemente el señor Malfoy mirándolo detenidamente.

—¿Yo?

— Si hay alguien que desee mas tu muerte que nadie, ese es el Señor Tenebroso—dijo el señor Malfoy—. Y luego de que Draco me contara lo sucedido el año anterior, tu pequeño encuentro con el Señor Tenebroso, y luego de meditarlo me di cuenta de que aquel diario podía significar tu destrucción, así que tome mis decisiones. No tuve la menor duda de que era tiempo de sacar el diario y destruirlo de una vez por todas.

—Dobby no sabia que el antiguo amo también quería proteger a Harry Potter, Dobby ya no odia a su antiguo amo.

—Pero yo a ti si, por ser un inútil para encontrar el diario.

—Pero Dobby si lo encontró.

Tanto el señor Lucius como Harry miraron a Dobby con sorpresa.

—¿Qué has dicho imbécil?

—No llame a Dobby imbécil, Dobby es ahora un elfo libre.

—¿Dobby tu sabias que Artemis tenia el diario?—pregunto Harry.

—Dobby busco el diario como el antiguo amo Malfoy le pidió, a Dobby le costo mucho trabajo pero Dobby dio con el diario. Solo que Dobby no pudo recuperarlo.

—Tu…nunca… me contasteis eso. —El señor Malfoy trataba de mantener la cordura.

—Dobby respondió a lo que el señor Malfoy solo le pregunto…si Dobby había encontrado el libro en las tiendas al que amo envió a Dobby. El amo no dejo que Dobby le contara que siguió el rastro…

—¿Por qué no se lo quitasteis a Artemis?

—Oh, Dobby lo intento pero Dobby no pudo—dijo el elfo avergonzado—. Había otro elfo, el elfo cuidaba de la niña. No dejo que Dobby se acercara a ninguna de sus posesiones. El elfo montaba guardia día y noche.

—¿Otro elfo? —dijo Harry.

—Pamplinas, todo lo que se pudo evitar sino fuera por tu incompetencia.

Intento golpear a Dobby, pero este lo ataco. Se oyó un fuerte golpe, y el señor Malfoy cayó de espaldas. Bajó las escaleras de tres en tres y aterrizó hecho una masa de arrugas. Se levantó, lívido, y sacó la varita, pero Dobby le levantó un dedo amenazador.

Un momento de silencio. El señor Malfoy gruño entre dientes, se cubrió por completo con la capa y después de una despedida a Harry se marcho a grandes zancadas.

—¡Harry Potter ha liberado a Dobby! —chilló el elfo, mirando a Harry. La luz de la luna se reflejaba, a través de una ventana cercana, en sus ojos esféricos—. ¡Harry Potter ha liberado a Dobby!

—Es lo menos que podía hacer, Dobby —dijo Harry, sonriendo—. Pero prométame que no volverá a intentar salvarme la vida.

Una sonrisa amplia, con todos los dientes a la vista, cruzó la fea cara cetrina del elfo.

—Sólo tengo una pregunta, Dobby —dijo Harry, mientras Dobby se ponía el

calcetín de Harry con manos temblorosas—. Usted me dijo que esto no tenía nada que ver con El-que-no-debe-ser-nombrado, ¿recuerda? Bueno...

—Era una pista, señor —dijo Dobby, con los ojos muy abiertos, como si resultara obvio—. Dobby le daba una pista. Antes de que cambiara de nombre, el Señor Tenebroso podía ser nombrado tranquilamente, ¿se da cuenta?

—Bien —dijo Harry con voz débil—. Será mejor que me vaya. Hay un banquete...

Dobby le echó los brazos a Harry en la cintura y lo abrazó con fuerza.

—¡Harry Potter es mucho más grande de lo que Dobby suponía! —sollozó—. ¡Adiós, Harry Potter!

Y dando un sonoro chasquido, Dobby desapareció.


Harry había estado presente en varios banquetes de Hogwarts, pero en ninguno como aquél. Todos iban en pijama, y la celebración duró toda la noche. Harry no sabía si lo mejor había sido cuando sus compañeros lo recibieron con abrazos y felicitaciones, o cuando Ron Weasley llego a disculparse por su trato anterior y agradecerles el haber salvado a su hermana; o cuando Hagrid llegó, a las tres y media, y dio a Harry y a Draco unas palmadas tan fuertes en los hombros que los tiró contra el postre; o cuando dieron a Slytherin los seiscientos puntos ganados por él, Artemis y Draco, con lo que se aseguraron la copa de las casas, que festejaron con gran alegría; algunos en Slytherin no desperdiciaron la ocacion y se jactaban de su victoria y de que eran los mejores, entre ellos Joan Farley, se habia puesto de pie para gritar a todo el mundo:« ¡Mueranse de envidia, es especial ustedes Gryffindor! ¡Slytherin salvo la escuela!», luego se había girado hacia él, Harry, y le habia dado la mas radiante sonrisa llena de orgullo. Por un momento parecio su hermana, un hermana molesta pero feliz de que su pequeño hermano hiciera algo tan valiente sin miedo alguno, aunque lo habia estado. Y la racha de buenas noticias siguio cuando la profesora McGonagall se levantó para anunciar que el colegio, como obsequio a los alumnos, había decidido prescindir de los exámenes; además Dumbledore anunció que, por desgracia, el profesor Lockhart no podría volver el curso siguiente, debido a que tenía que ingresar en un sanatorio para recuperar la memoria. Algunos de los profesores se unieron al grito de júbilo con el que los alumnos recibieron estas noticias.

—Una verdadera lastima—dijo Draco sonriendo, cogiendo su copa llena de jugo de calabaza—. Cuando empezaba a caerme bien, se tiene que ir…

—Se nos privara de sus fabulosas clases—dijo Theodore con una gran sonrisa en el rostro.

—Adiós a sus encantadoras sonrisas—se burlo Pansy.

—Como olvidarlas, ya no podremos escucharlo decir: «No se preocupen fue mi encantadora sonrisa, ganadora tres veces del premio a la mejor sonrisa, otorgada por corazón de bruja, la que ahuyento al monstruo».

Y el día en que la poción estuvo lista para despertar a los petrificados, Artemis , Draco y Harry estuvieron despiertos hasta altas horas de la noche antes de conciliar el sueño, ese día habían ido después de clases a preguntar a la señora Pomfrey unas cinco veces si ya habían despertado para obtener la misma repuesta negativa. Pero durante el día siguiente, cuando Hermione entro corriendo hacia ellos gritando: «¡Lo han conseguido! ¡Lo han conseguido!»; junto con Neville, no pudieron estar mas contentos. Y ambos fueron recibidos por un gran abrazo de Artemis; pero cuando Megan atravesó la puerta, no solo Artemis corrió a abrazarla sino que el resto de su familia se único al abrazo.

Muy pronto llegó el momento de volver a casa en el expreso de Hogwarts. Harry, Draco, Artemis, Hermione, Neville, Pansy, Ethan, Megan, Clarisse, Danny y Derek, tuvieron todo un compartimento para ellos. Estaban algo apretados, pero realmente no les importaba. Aprovecharon al máximo las últimas horas en que les estaba permitido hacer magia antes de que comenzaran las vacaciones. Jugaron al snap explosivo y perdieron galeones jugando contra los gemelos Weasley que se detuvieron a jugar con ellos durante un rato, jugaron a desarmarse unos a otros mediante la magia. Harry estaba adquiriendo en esto gran habilidad. Artemis les mostro algunos hechizos para hacer burbujas, o encantar hojas de papel para que adquirieran la forma de aves o mariposas y que estas mismas volaran.

Estaban llegando a Kings Cross cuando Harry recordó algo.

—Artemis… ¿tienes alguna relación con el fundador de Gryffindor?

Draco le dio un codazo, pero Artemis no le molesto la pregunta, sin embargo parecía confundida.

—No, pero ¿por qué crees que tengo relación alguna con el fundador de Gryffindor?

—Smith comento algo—dijo Harry—. Se burlo de la cicatriz de Megan que era un vago intento de imitación de un león y dijo que seria ridículo que ustedes fueran sus descendientes. Dijo que su familia conocía la existencia de los descendientes de Gryffindor y que se apellidan Thompson.

No comento acerca de lo que Tom Riddle dijo en la cámara de los secretos.

—Es una marca de nacimiento—replico Megan ocultando aún mas su mano izquierda—. No es nada interesante…

—De hecho—Derek tomo la palabra, dirigiéndole una mirada a su hermana que se mostro de acuerdo—. Debimos decirles esto hace algún tiempo, pero el abuelo no quería que afectara en la decisión del sombrero.

—¿A que te refieres? —pregunto Ethan.

—Es el secreto mejor guardado de todos los tiempos de la familia—continuo Clarisse—. Por lo tanto, confiaremos en que nadie de este compartimiento dirá nada.

—Después de todo, son casi como de la familia—dijo Derek—. Como Danny.

—Gracias, Derek—dijo Danny que aseguro la puerta.

—Básicamente nosotros no somos Jones—continuo Derek sonriendo—. Ese es solo el apellido que protege a la familia. Sonara sorpréndete, pero Godric Gryffindor es nuestro antepasado.

Una exclamación grupal de sorpresa recorrió el compartimiento.

—Espera, quieres decir que ustedes.. —balbuceo Neville sorprendido.

—Pero se sabe que la descendencia de Gryffindor desapareció para siempre—dijo Hermione—. Es un hecho comprobado.

—Eso se cree, la descendencia de Gryffindor aún sigue viva—dijo Derek—. Sino me crees, Hermione, lo puedes comprobar mirando la mano izquierda de alguno de nosotros. No es una simple marca lo que tenemos, es la marca que nos respalda como descendientes de Godric.

Harry observo la muñeca de Artemis que examino Hermione, aunque no había nada, pero un momento después apareció la marca. La había escondido con su metamorfosis, seguramente por que como a Megan, no le gustaban que le vieran la marca.

—Aunque hace algunas generaciones, se dice que los Gryffindor se perdieron para siempre—dijo Clarisse—, la verdad es que se mantuvo el secreto de nuestro legado, por cuestiones de seguridad.

—No todo el mundo amaba a los Gryffindor. La familia tenia enemigos, dentro y fuera del ministerio, para protegerse desaparecieron de Gran Bretaña y cuando regresaron, estaban bajo un seudónimo.

—El apellido Jones—reflexiono Pansy—. Pero entonces si ese apellido es falso, ¿cual es el verdadero? ¿Gryffindor?

—El apellido Gryffindor desapareció hace siglos—dijo Hermione.

—Eso es un hecho—dijo Derek—. Nuestro verdadero apellido es Llewellyn.

—Ahora no solo somos descendientes de Gryffindor sino también del fundador del pueblo donde viven los abuelos—dijo Artemis.

—La ultima Gryffindor conocida se caso con el único hijo del fundador del pueblo de Llewellyn—conto Derek—. Cuando las siguientes generaciones regresaron a Gran Bretaña, el apellido no se podía conservar por que seria muy obvio de quienes descendíamos.

—Y una familia amiga de los Llewellyn corrió dos rumores—dijo Danny, que parecía saberse la historia tan bien como los mellizos—. En uno, Arlette, la ultima descendiente conocida de Gryffindor había muerto en un duelo contra el asesino y enemigo de su hermano. Lo cual no es cierto, por que entonces ustedes no estarían aquí.

—El otro rumor era para aquellos que aún creían que la descendencia de Gryffindor vivía—dijo Derek—. Dijeron que los descendientes de Arlette regresaron bajo el de apellido Thompson.

—No hay que olvidar, que los únicos aparte de la familia que saben el secreto, son la familia Duncan.

—Quieres decir que la vieja señora Duncan no bromeaba cuando dijo que conocía a los descendientes de Gryffindor—dijo Ethan.

—Entonces, no son Jones, son Llewellyn, descendientes de Gryffindor—dijo Hermione—. ¿Como es que el ministerio no se da dado cuenta?

—Si vienes del extranjero, los papeles pueden ser modificados sin que nadie se entere—dijo Derek.

—Pero el ministerio de donde procedían debió enviar sus papeles o información de su familia cuando tramitaron la nacionalidad británica en el ministerio de magia de Londres.

—Si tienes los conocidos correctos o utilizas un par de hechizos en las personas correctas, pueden cambiar lo que necesites de tu expediente y darte una vida falsa sin problemas.

—Eso es ilegal.

—La familia tomo sus precauciones para mantenerse a salvo.

—¿Algo mas que debamos saber? —pregunto Megan un poco tensa.

—Ocultar la marca de nacimiento—dijo Clarisse—. Zacharias Smith no ha visto la marca detenidamente por eso no se ha dado cuenta de la verdad. Pero esa marca es nuestra perdición si alguien llegara a verla y conociera el significado de esta.

—¿Y cual es? —pregunto Harry interesado. Aquello se había vuelto realmente interesante después de pasar el momento de sorpresa; y al igual que Neville se mantuvo atento a la espera del relato.

—No creo que tenga nada de malo que cuente ese detalle si ya conocemos la verdad de su origen—dijo Draco y Neville lo apoyo.

—Creo que tu recuerdas la historia mejor que yo, Derek.

—Fue hace mucho tiempo—comenzó Derek con un suspiro—, antes incluso de que hogwarts existiera. Fue durante la juventud de Godric Gryffindor, se cuenta que peleo a duelo contra un mago, que lo envidiaba mas que odiar. Gryffindor perdió y su oponente le marco con la marca de su familia, por su subordinación al retarlo y para que nunca olvidara el fracaso sufrido por el. La marca era irreversible, lo que quería decir que Godric tendría que pasar el restos de sus días con aquella cicatriz. Años después se volvieron a encontrar, esta vez Gryffindor gano, ya no era un muchacho tonto, era un hombre hecho y derecho.

—¿Y por qué fue la pelea?

—Eso no se sabe, lo único que se sabe es que peleo contra Gladius Rómulo. Cuando Gryffindor gano la segunda vez, adopto la marca como suya. Por eso el escudo de Gryffindor es un león.

—La marca no solo fue exclusiva de Godric—comento Clarisse—. Cuando nació su primer hijo, descubrió que nació con la misma marca.

—No era una simple marca entonces—dijo Artemis—. Tenia un hechizo, uno muy poderoso, para dejar ese tipo de rastro.

Hermione concordó con ella.

—Eso es cierto—dijo Danny—. Ni Godric ni su descendencia se desharía de esa marca jamás. Pero le habían dado, ahora, otro significado; se convirtió en el escudo de la casa que fundo en hogwarts que apreciaba la osadía y el valor de una persona.

—La familia Smith conoce el significado de dicha marca, por que realmente son descendientes de Helga Hufflepuff—dijo Clarisse con una mueca pero sonrió al cabo de un segundo—. Pero no son tan listos como dicen ser, sino han sido capaces de descubrir nuestro secreto.

—¿Disculpa?

—Tu eres la única excepción—dijo Clarisse—. Eres mas lista que el resto de tu familia, eres la única que descubrió el secreto.

—Ya sabia yo que era especial.

—Entonces estamos en presencia de los descendientes de dos fundadores de hogwarts—dijo Draco antes de voltear hacia Harry—. No estoy seguro si algo podrá sorprenderme después de esto.

—Ni yo—concordó Harry.

Cuando se dieron cuenta el tren ya había parado y alumnos de todas las edades bajaban del expreso a reencontrarse con sus familiares. Harry se giro hacia sus amigos.

— Llamadme a casa de los Dursley, ¿vale? —dijo Harry—. No podría aguantar otros dos meses sin hablar con nadie más que con Dudley…

—Pero tus tíos estarán muy orgullosos de ti, ¿no? —dijo Hermione cuando salían del tren y se metían entre la multitud que iba en tropel hacia la barrera encantada—. ¿Y cuando se enteren de lo que has hecho este curso?

—¿Orgullosos? —dijo Harry—. ¿Estás loca? ¿Con todas las oportunidades que tuve de morir, y no lo logré? Mi tío estará furioso...

Y juntos atravesaron la verja hacia el mundo muggle.


FIN DEL SEGUNDO LIBRO.