Capitulo: El fugitivo.


Durante el verano anterior, los Dursley habían encerrado su varita y libros bajo llave, pero aquel verano había sido diferente; tío Vernon había querido encerrar todas sus cosas hasta que menciono que el profesor Snape se enojaría cuando se enterara que no cumplió con sus deberes. Ante aquello, el tío Vernon dudo con algo de miedo y le dejo conservar sus cosas con la amenaza de encerrarlo en su habitación todo el verano sin comer si algo anormal ocurriera en su casa. Acepto, de todas formas no podía hacer magia y tío Vernon sabia muy bien por que; los alumnos no tenían permitió hacer magia fuera de hogwarts al menos que estuvieran en circunstancias peligrosas.

Pasaba la mayoría del tiempo en su cuarto, realizando los deberes que eran lo único que le recordaba a hogwarts o vagando por Privet Drive. Converso en algunas ocasiones con sus amigos por teléfono, contestaba sus cartas y visito a Neville, donde tuvo oportunidad de conocer mejor a la señora Longbottom.

Nunca había sido mas feliz en su vida desde que se entero que era mago, todo lo bueno que había vivido hasta ese día, empezó desde ese momento. Nada podría salir mal aquel verano, sin embargo, una nunca debe abusar de su suerte, todo puede cambiar en un segundo.

Estaba durmiendo plácidamente en su cama cuando sintió picotazos en su oreja, se pregunto si Hedwig había regresado con otro ratón muerto, esperando sus elogios. Pero al levantarse se encontró en su cama, una escena fuera de lo normal, había paquetes y lechuzas posados sobre las mantas.

Una de ellas (una hembra grande y blanca como la nieve) era su propia Hedwig. Llevaba un paquete y parecía muy satisfecha de sí misma. Dio a Harry un picotazo cariñoso cuando le quitó la carga, y luego atravesó la habitación volando para descansar en su jaula. La segunda lechuza pertenecia a la madre de Artemis, y llegaba un paquete algo liviano en su pico; picoteo cariñosamente los dedos de Harry y se unio a Hegwid para beber un poco de agua. Harry no reconoció a la tercera lechuza, que era muy bonita y de color pardo rojizo, pero supo enseguida de dónde venia porque además del correspondiente paquete portaba un mensaje con el emblema de Hogwarts. Cuando Harry le cogió la carta a esta lechuza, ella erizó las plumas orgullosamente, estiró las alas y emprendió el vuelo atravesando la ventana e internándose en la noche.

La ultima lechuza era muy bonita, magestuosa y grande, miro orgullosamente a Harry mientras dejo dos paquetes, a Harry le parecio que estaba un poco cansada y la llevo donde estaba Hegwid, el búho ululo en agradecimiento y bebió grandes tragos de agua.

Harry entonces regreso a la cama y tomo el paquete de parte de Artemis. Desgarro el papel encontrandose con un papel y una pequeña caja. Sonrio mientras abría la primera tarjeta de cumpleaños de su vida.

Querido Harry:

¡Feliz cumpleaños!

Mi madre y John te envian saludos. Tenemos tanto de que hablar, empezando por comprar los libros nuevos de este año. Papá, digo Severus, ya me dio mi carta de hogwarts con los nuevos útiles y debemos ponernos de acuerdo para ir todos juntos, no creo poder esperar hasta que Hermione regrese; ya quiero tener en mis manos los nuevos libros cuanto antes.

Tampoco puedo esperar a que llegue el tres de agosto, para empezar con las clases particulares. Él me prometio que no solo nos enseñaria clases avanzadas de pociones sino que nos pondria al corriente con Defensa contra las Artes Oscuras ¿Puedes creerlo? Tenemos tanta suerte, por fin aprenderemos algo decente y útil, prometio que esto no acabaria cuando regresaramos a hogwarts. Por lo que si nos encontramos con otro Quirrel o Lockhart, no tendremos que preocuparnos por no aprender algo.

Espero que te guste mi regalo.

Abrazos,

Artemis

Harry sonrio abriendo la caja, encontro una reproductor de dicos con audifonos y debajo de este habia un par de discos de The werid sisters. Lo dejo aún lado, tendria suficiente tiempo para poder escuchar las canciones. Harry ragos el siguiente paquete y reconocio rapidamente la letra de la carta de su mejor amigo Draco Malfoy.

Querido Harry:

¡Te deseo un glorioso cumpleaños!

Espero que recibas esta carta a tiempo, seria una pena felicitarte pasada la fecha. ¿Has visto mi nueva lechuza? Ha sido un regalo de mi padre, estaba tan encantado cuando en la junta del colegio, el director conto sobre como se arreglaron los acontecimientos, la noticia de mi premio por servicios especiales al colegio lo hizo sentirse orgulloso de mi, que me llevo al callejón Diagon a escogerla. Es un bonito espécimen macho de búho real. Se llama Wendell, por cierto se amable y ofrécele un poco de agua, el viaje que ha tenido que hacer es mas largo de lo que tenia previsto, tuvo que hacer una parada en casa de Neville para poder llevar consigo su regalo. Tu sabes, Neville no tiene lechuza y le ofrecí la mía.

Harry detuvo la lectura de la carta y levanto la vista a la jaula de Hedwig donde se encontraban las lechuzas descansando.

Espero que la vida con los muggles no este siendo tan mala como se lo imagina mi madre, ella cree que tu tío es un grosero y sin modales, espera que puedas quedarte en casa el resto de las vacaciones en vez de venir a visitarme para las lecciones de Severus.

Como puedes ver, la invitación esta muy clara, así que mas te vale contestar antes del tres de agosto, mi madre requerirá de una repuesta y no es bueno hacerla esperar.

Nos veremos pronto,

Draco.

El regalo de Draco era una bonita y elegante maleta para la escuela llena de todo tipo de dulces. La carta de Neville era mas corta:

Querido Harry.

Te deseo un feliz, cumpleaños. Mi abuela quedo encantada contigo y, espera que nos visites de nuevo. Realmente me alegro que todos le cayeran bien, no es muy fácil agradarle a mi abuela y es una proeza que le agradaran todos.

También le agrado lo de la clases particulares. Espera que mejore en mis clases, ya sabes que no soy muy bueno en algunas asignaturas como Transfiguraciones o Pociones.

Espero te guste mi regalo, es algo modesto pero tiene gran significado, es la representación de la magia. Lo entenderás cuando lo veas.

Me despido,

Neville.

Era un collar de cuero con una medalla de una estrellas de cinco puntas, Harry recordó el ritual del día de la magia, el circulo con la estrella; y comprendió las palabras de Neville. Se coloco el collar. Pero en la caja había algo mas, y al sacarlo Harry descubrió una nota que decía:

Este es un Chivatoscopio de bolsillo, te alerta cuando estas en peligro. Me parece que tu eres la clase de persona que necesita mas que nadie.

Neville.

Harry puso el chivatoscopio de bolsillo sobre la mesita de noche, donde permaneció inmóvil, en equilibrio sobre la punta, reflejando las manecillas luminosas del reloj. Lo contempló durante unos segundos, satisfecho, y luego cogió el paquete que había llevado Hedwig.

También contenía un regalo envuelto en papel, una tarjeta y una carta, esta vez de Hermione:

Querido Harry:

Espero que estés bien. En estos momentos estoy en Francia de vacaciones y no sabia como enviarte esto (¿y si lo abrían en la aduana?), ¡pero entonces apareció Hedwig! Creo que quería asegurarse de que, para variar, recibías un regalo de cumpleaños. El regalo te lo he comprado por catalogo vía lechuza. Había un anuncio en El Profeta (me he suscrito, hay que estar al tanto de lo que ocurre en el mundo mágico).

Después de lo que descubrí en la fiesta de la magia, sobre los rituales por los que se dio la caza a las brujas y lo que Draco me ha contado en cartas, he tenido que reescribir completa la redacción sobre Historia de la Magia para poder incluir algunas cosas que he averiguado. Espero que no resulte excesivamente larga: comprende dos pergaminos más de los que había pedido el profesor Binns.

Regresare la ultima semana de vacaciones, Draco esta de acuerdo en que podemos encontramos para comprar los útiles. ¿Podrías ir tú también? ¿Te dejaran tus tipos? Espero que sí. Aunque si aceptas la invitación que me comento Draco, no habría problema. ¿Tus tíos te dejaran no? Si no, nos veremos en el expreso de Hogwarts el 1 de septiembre.

Besos de

Hermione

Harry volvió a sonreír mientras dejaba a un lado la carta de Hermione y cogía el regalo. Pesaba mucho. Conociendo a Hermione, estaba convencido de que sería un gran libro lleno de difíciles embrujos, pero no. El corazón le dio un vuelco cuando quitó el papel y vio un estuche de cuero negro con unas palabras estampadas en plata: EQUIPO DE MANTENIMIENTO DE ESCOBAS VOLADORAS.

—¡Ostras, Hermione! —murmuró Harry, abriendo el estuche para echar un vistazo.

Contenía un tarro grande de abrillantador de palo de escoba marca Fleetwood, unas tijeras especiales de plata para recortar las ramitas, una pequeña brújula de latón para los viajes largos en escoba y un Manual de mantenimiento de la escoba voladora.

Después de sus amigos, lo que Harry más apreciaba de Hogwarts era el quidditch, el deporte que contaba con más seguidores en el mundo mágico. Era muy peligroso, muy emocionante, y los jugadores iban montados en escoba. Harry era muy bueno jugando al quidditch. Era uno de los jugadores más jovenes de Hogwarts de los últimos cien años. Uno de sus trofeos más estimados era la escoba de carreras Nimbus 2.001.

Harry dejó a un lado el estuche y cogió el último paquete. Reconoció de inmediato los garabatos que había en el papel marrón: aquel paquete lo había enviado Hagrid, el guardabosques de Hogwarts. Desprendió la capa superior de papel y vislumbró una cosa verde y como de piel, pero antes de que pudiera desenvolverlo del todo, el paquete tembló y lo que estaba dentro emitió un ruido fuerte, como de fauces que se cierran.

Harry se estremeció. Sabía que Hagrid no le enviaría nunca nada peligroso a propósito, pero es que las ideas de Hagrid sobre lo que podía resultar peligroso no eran muy normales: Hagrid tenía amistad con arañas gigantes; había comprado en las tabernas feroces perros de tres cabezas; y había escondido en su cabaña huevos de dragón (lo cual estaba prohibido).

Harry tocó el paquete con el dedo, con temor. Volvió a hacer el mismo ruido de cerrar de fauces. Harry cogió la lámpara de la mesita de noche, la sujetó firmemente con una mano y la levantó por encima de su cabeza, preparado para atizar un golpe. Entonces cogió con la otra mano lo que quedaba del envoltorio y tiró de él.

Cayó un libro. Harry sólo tuvo tiempo de ver su elegante cubierta verde, con el título estampado en letras doradas, El monstruoso libro de los monstruos, antes de que el libro se levantara sobre el lomo y escapara por la cama como si fuera un extraño cangrejo.

—Oh... ah —susurró Harry.

Cayó de la cama produciendo un golpe seco y recorrió con rapidez la habitación, arrastrando las hojas. Harry lo persiguió procurando no hacer ruido. Se había escondido en el oscuro espacio que había debajo de su mesa. Rezando para que los Dursley estuvieran aún profundamente dormidos, Harry se puso a cuatro patas y se acercó a él.

—¡Ay!

El libro se cerró atrapándole la mano y huyó batiendo las hojas, apoyándose aún en las cubiertas. Harry gateó, se echó hacia delante y logró aplastarlo. Hedwig, Asha y Wendell lo observaban con interés mientras Harry sujetaba el libro fuertemente entre sus brazos, se iba a toda prisa hacia los cajones del armario y sacaba un cinturón para atarlo. El libro monstruoso tembló de ira, pero ya no podía abrirse ni cerrarse, así que Harry lo dejó sobre la cama y cogió la carta de Hagrid.

Querido Harry:

¡Feliz cumpleaños!

He pensado que esto te podría resultar útil para el próximo curso. De momento no te digo nada más. Te lo diré cuando nos veamos.

Espero que los muggles te estén tratando bien.

Con mis mejores deseos,

Hagrid.

A Harry le dio mala espina que Hagrid pensara que podía serle útil un libro que mordía, pero dejó la tarjeta de Hagrid junto a las de sus amigos, sonriendo con más ganas que nunca. Ya sólo le quedaba la carta de Hogwarts. Percatándose de que era más gruesa de lo normal, Harry rasgó el sobre, extrajo la primera página de pergamino y leyó:

Estimado señor Potter:

Le rogamos que no olvide que el próximo curso dará comienzo el 1 de

septiembre. El expreso de Hogwarts partirá a las once en punto de la mañana de la estación de King's Cross, anden nueve y tres cuartos.

A los alumnos de tercer curso se les permite visitar determinados fines de semana el pueblo de Hogsmeade. Le rogamos que entregue a sus padres o tutores el documento de autorización adjunto para que lo firmen.

También se adjunta la lista de libros del próximo curso.

Atentamente,

Profesora M. McGonagall

Subdirectora

Harry extrajo la autorización para visitar el pueblo de Hogsmeade, y la examinó, ya sin sonreír. Sería estupendo visitar Hogsmeade los fines de semana; sabía que era un pueblo enteramente dedicado a la magia y nunca había puesto en él los pies. Y para poder ir a visitar aquel lugar necesitaba la autorización de tío Vernon, y ¿cómo haría para convencerlo?¿se atrevería a mencionar al profesor Snape? La ultima vez que lo hizo fue por accidente y tío Vernon parecía dispuesto a matarlo.

Cuando Harry bajó a desayunar aquella mañana, se encontró a los tres Dursley ya sentados a la mesa de la cocina. Veían la televisión en un aparato nuevo, un regalo que le habían hecho a Dudley al volver a casa después de terminar el curso, porque se había quejado a gritos del largo camino que tenía que recorrer desde el frigorífico a la tele de la salita. Dudley se había pasado la mayor parte del verano en la cocina, con los ojos de cerdito fijos en la pantalla y sus cinco papadas temblando mientras engullía sin parar.

Harry se sentó entre Dudley y tío Vernon, un hombre corpulento, robusto, que tenía el cuello corto y un enorme bigote. Lejos de desearle a Harry un feliz cumpleaños, ninguno de los Dursley dio muestra alguna de haberse percatado de que Harry acababa de entrar en la cocina, pero él estaba demasiado acostumbrado para ofenderse. Se sirvió una tostada y miró al presentador de televisión, que informaba sobre un recluso fugado.

«Tenemos que advertir a los telespectadores de que Black va armado y es muy peligroso. Se ha puesto a disposición del público un teléfono con línea directa para que cualquiera que lo vea pueda denunciarlo.»

Escucho a tío Vernon blasfemar contra a aquel fugitivo, mientras no paraba de murmurar que no había dado suficiente información sobre el delincuente, por ejemplo ¿de donde se había escapado el fugitivo? Pero no tomo importancias a las palabras de tío Vernon hasta que un nombre llamo su atención. Su cabeza que hasta aquel momento, había estado en la habitación con el equipo de mantenimiento de escobas voladoras, volvió de golpe a la realidad.

—¿Tía Marge? —barbotó—. No... no vendrá aquí, ¿verdad?

Tía Marge era la hermana de tío Vernon. Aunque no era pariente consanguíneo de Harry (cuya madre era hermana de tía Petunia), desde siempre lo habían obligado a llamarla «tía». Tía Marge vivía en el campo, en una casa con un gran jardín donde criaba bulldogs. No iba con frecuencia a Privet Drive porque no soportaba estar lejos de sus queridos perros, pero sus visitas habían quedado vívidamente grabadas en la mente de Harry. Por que tía Marge odiaba con todo su ser a Harry y lo dejo muy en claro en todas sus visitas. En la fiesta que celebró Dudley al cumplir cinco años, tía Marge golpeó a Harry en las espinillas con el bastón para impedir que ganara a Dudley en el juego de las estatuas musicales. Unos años después, por Navidad, apareció con un robot automático para Dudley y una caja de galletas de perro para Harry. En su última visita, el año anterior a su ingreso en Hogwarts, Harry le había pisado una pata sin querer a su perro favorito. Ripper persiguió a Harry, obligándole a salir al jardín y a subirse a un árbol, y tía Marge no había querido llamar al perro hasta pasada la medianoche. El recuerdo de aquel incidente todavía hacía llorar a Dudley de la risa.

—Marge pasará aquí una semana —gruñó tío Vernon—. Y ya que hablamos de esto —y señaló a Harry con un dedo amenazador—, quiero dejar claras algunas cosas antes de ir a recogerla.

Dudley sonrió y apartó la vista de la tele. Su entretenimiento favorito era contemplar a Harry cuando tío Vernon lo reprendía.

—Primero —gruñó tío Vernon—, usarás un lenguaje educado cuando te dirijas a tía Marge.

—De acuerdo —contestó Harry con resentimiento—, si ella lo usa también conmigo.

—Segundo —prosiguió el tío Vernon, como si no hubiera oído la puntualización de Harry—: como Marge no sabe nada de tu anormalidad, no quiero ninguna exhibición extraña mientras esté aquí. Compórtate, ¿entendido?

—Me comportaré si ella se comporta —contestó Harry apretando los dientes.

—Y tercero —siguió tío Vernon, casi cerrando los ojos pequeños y mezquinos, en medio de su rostro colorado—: le hemos dicho a Marge que acudes al Centro de Seguridad San Bruto para Delincuentes Juveniles Incurables.

—¿Qué? —gritó Harry.

—Y eso es lo que dirás tú también, si no quieres tener problemas—soltó tío Vernon.

Harry permaneció sentado en su sitio, con la cara blanca de ira, mirando a tío Vernon, casi incapaz de creer lo que oía. Que tía Marge se presentase para pasar toda una semana era mucho peor que cualquier cosa. Ni siquiera el saber que él solo tendría que soportarla solo tres días lo calmaba.

—Bueno, Petunia—dijo tío Vernon, levantándose con dificultad—, me marcho a la estación. ¿Quieres venir; Dudders?

—No—respondió Dudley, que había vuelto a fijarse en la tele en cuanto tío Vernon acabó de reprender a Harry

—Duddy tiene que ponerse elegante para recibir a su tía—dijo tía Petunia alisando el espeso pelo rubio de Dudley— Mamá le ha comprado una preciosa pajarita nueva.

Tío Vernon dio a Dudley una palmadita en su hombro porcino.

—Vuelvo enseguida—dijo, y salió de la cocina. Harry, que había quedado en una especie de trance causado por el terror; tuvo de repente una idea. Dejó la tostada, se puso de pie rápidamente y siguió a tío Vernon hasta la puerta.

Tío Vernon se ponía la chaqueta que usaba para conducir:

—No te voy a llevar—gruñó, volviéndose hacia Harry; que lo estaba mirando.

—Como si yo quisiera ir—repuso Harry—. Quiero pedirte algo.—Tío Vernon lo miró con suspicacia— . A los de tercero, en Hog... en mi colegio, a veces los dejan ir al pueblo.

En aquel momento, se había presentado la ocasión perfecta para lograr tener la autorización para visitar Hogsmeade.

—¿Y qué?—le soltó tío Vernon, cogiendo las llaves de un gancho que había junto a la puerta.

—Necesitare que me firmes la autorización—dijo Harry apresuradamente.

—¿Y por qué habría de hacerlo?—preguntó tío Vernon con desdén.

—Bueno—repuso Harry, eligiendo cuidadosamente las palabras—, será difícil simular ante tía Marge que voy a ese Centro… ¿cómo se llamaba?

—¡Centro de Seguridad San Bruto para Delincuentes Juveniles Incurables! —bramó tío Vernon. Y a Harry le encantó percibir una nota de terror en la voz de tío Vernon.

—Ajá—dijo Harry mirando a tío Vernon a la cara, tranquilo—. Es demasiado largo para recordarlo. Tendré que decirlo de manera convincente, ¿no? ¿Qué pasaría si me equivocara?

—Te lo haría recordar a golpes—rugió tío Vernon, abalanzándose contra Harry con el puño en alto. Pero Harry no retrocedió.

—Esta bien, pero no serviría para que tía Marge olvidara lo que yo le haya dicho—dijo Harry en tono serio.

Tío Vernon se detuvo con el puño aún levantado y el rostro desagradablemente amoratado.

—Pero si firmas la autorización, te juro que recordaré el colegio al que se supone que voy, y que actuaré como un mug... como una persona normal, y todo eso, además uno de mis amigos me invito a pasar el resto de las vacaciones con su familia—recordó Harry la invitación de Draco—. Por lo que si me das permiso me iría en unos días y no perturbaría la visita de tía Marge, puedes decirle que es un curso especial de la escuela.

Harry vio que tío Vernon meditaba lo que le acababa de decir; aunque enseñaba los dientes, y le palpitaba la vena de la sien.

—De acuerdo—atajó de manera brusca—, te vigilaré muy atentamente durante la estancia de Marge. Si al final te has sabido comportar y no has desmentido la historia, firmaré esa cochina autorización y te iras el resto de las vacaciones de aquí.

Dio media vuelta, abrió la puerta de la casa y la cerró con un golpe tan fuerte que se cayó uno de los cristales de arriba.

Harry no volvió a la cocina, en cambio se dirigió escaleras arriba. Si tenía que obrar como un auténtico muggle, mejor empezar en aquel momento. Muy despacio, escondió debajo de la tabla suelta los deberes y todo lo que lo pudiera delatar. Se dirigió a la jaula de Hedwig, las otras lechuzas se habían marchado ya; Hedwig estaba dormida, con la cabeza bajo el ala. Suspiró. La despertó con un golpecito.

Hedwig—dijo un poco triste—, tendrás que desaparecer por unos días. Ve en busca de Draco, él cuidará de ti. Voy a escribirle una nota para darle una explicación. Y no me mires así.

Hedwig lo miraba con sus grandes ojos ambarinos, con reproche.

—No es culpa mía. No hay otra manera de que me permitan visitar Hogsmeade con mis amigos.

Diez minutos después, vio a su lechuza (con una nota para Draco, atada a la pata) salir volando por la ventana, hasta perderse de vista. Harry, muy triste, cogió la jaula y la escondió en el armario. Aunque no hubo mucho tiempo para estar triste, tía Petunia lo llamo para que bajara a recibir a la invitada, y cuando estuvo abajo le dijo:

—Compórtate—dijo tía Petunia—. No le respondas ni la escuches, cuando no este viendo, hay algunos dulces escondidos en la parte de abajo del refrigerador.

Harry alzo las cejas sonriendo, pero tía Petunia hizo como sino noto aquello.

—Ahora, péinate bien.

Tía Marge no había cambiado para nada, estaba igual que la ultima vez, era igual al señor Dursley: era grande, robusta y tenia la cara colorada. Incluso tenia bigote, aunque no tan poblado como el señor Dursley. Y como siempre lo ignoro y dejo sus maletas atrás, para que Harry las llevara hasta la habitación de huéspedes. Para nada lo lamentaba, era mejor que tener que soportarla y, cuando bajo las escaleras llamaron a la puerta.

—¡Abre la puerta muchacho!

Harry escucho la orden del tío Vernon desde la cocina. Obedeció sin lamentárselo, posponiendo su encuentro con tía Marge, por que a ella le encantaba criticarlo por todo. Estaba tan distraído que dio un pequeño salto cuando al abrir la puerta escucho un par de voces:

—¡Feliz cumpleaños a ti!

Pansy Parkinson se abalanzo a darle un abrazo y besarle en ambas mejillas, Harry agradeció cuando se separo de él, por que no soportaba el oloroso aroma de su perfume.

—Sorpresa—dijo Artemis dándole un abrazo, siendo menos emotiva que su acompañante y con menos perfume.

—¿Pero que hacen aquí?

—Enserio—dijo Pansy colocándose las gafas de sol en la cabeza—. Venimos a darte una sorpresa y lo único que dices es eso. Ningún gracias o me sorprendieron.

—Lo siento—se disculpo Harry—. Su visita me ha sorprendido pero ¿que hacen aquí?

—Venimos a llevarte a pasear con nosotras—dijo Pansy—. Se me ocurrió esta mañana cuando Rayza (¡Es Artemis!)me comento sobre tu cumpleaños y lo deprimente que seria pasarla con los muggles con los que vives.

—Y henos aquí—dijo Artemis—. Entonces, te nos unes. Sera divertido, vamos a ir a una festival sobre el que Pansy escucho, va a ser muy divertido.

—Entonces, Potter, vámonos—dijo Pansy mirando atrás—. Hay una camioneta esperando por nosotros.

—¿Quién esta con ustedes?—dijo Harry mirando la despampanante camionera negra.

—Charlie, el chofer—dijo Pansy como si nada—. Las cosas que consigue uno cuando los padres no quieren tener remordimientos.

—¿Quién esta en la puerta? —tío Vernon grito.

—Denme solo un momento—pidió Harry.

Tío Vernon apareció entonces desde la cocina y se detuvo al verlas a ambas chicas.

—¿Quiénes son ustedes?

—Amigas de Potter, de la escuela—dijo Pansy antes de que Harry pudiera contestar—. Mucho gusto en conocerlo, ¿señor Dursley? —miro dudando a Artemis.

—Señor Dursley—dijo esta—. Me recuerda, soy Artemis Jones, nos hemos visto ocasionalmente. Venimos a invitar a Harry a celebrar su cumpleaños con nosotras, si no hay problema en eso.

—¿O le tienen planeado algo ustedes? —Pansy mantuvo su sonrisa socarrona aún ante el codazo de Artemis—. Por que no habría problema en quedarnos, tenemos permiso. El profesor Snape esta al tanto de todo.

Harry evito sonreír ante la reacción de su tío. Estaba claro que la idea de que ambas se invitaran solas a su casa no le agrado, menos que creyeran que ellos tenían algo planeado para celebrar el cumpleaños de Harry, un indeseado en aquella cada; incluso lo enojo aquello pero al escuchar el nombre del profesor de pociones, su rostro empalideció antes de enrojecer de nuevo pero al hablar, Harry estaba seguro que tenia miedo.

—Ese hombre sa-sabe que…

—El profesor Snape lo sabe todo—corto Pansy sonriendo con malicia—. Todo. El profesos Snape esta en todo, no se le pasa nada y menos cuando de sus alumnos se trata. Incluso lo veremos después, con o sin Harry, si es que no lo dejan ir. Pero no habrá problema en ello, nos quedamos y nos retiramos cuando tengamos que reunirnos con él. Perfecto ¿no?

Artemis estaba ocultando con su mano la sonrisa que tenia en los labios mientras miraba a Pansy, quien sonreía con tanta malicia a tío Vernon, a quien parecía que le daría un ataque.

—No, no, el muchacho se ira con ustedes—dijo tío Vernon—. Vamos, vete antes que de Marge los vea.

—¿Quién esta ahí Vernon?

—Nadie importante, Marge—contesto tío Vernon apresurando a Harry a salir—. Vete, muchacho, vete.

Cuando Harry estaba a punto de salir, tío Vernon lo tomo del brazo para susurrarle que no quería que regresara con ningún anormal como él. Harry asintió siguiendo a las chicas hasta la camioneta.

—Eso fue muy divertido—dijo Pansy riendo escandalosamente—. Tenias razón, mi querida Rayza, ese hombre le tiene miedo al profesor Snape. Observasteis como tembló con la mención de su nombre.

—No te lo dije para que lo asustaras.

—No iba a dejar a ir a Potter tan fácilmente—se defendió—. Ahora, Charlie, recuerdas ese maravilloso festival del que tu madre comento. Llévanos allá, por favor.

Se giro hacia Harry con una radiante sonrisa mientras la camioneta se ponía en movimiento.

—¿Sorprendido, Potter?

—Mucho—dijo Harry sonriendo—. No esperaba su visita ni su invitación, pero fueron un milagro caído del cielo.

—No me digas que te estaban torturando con tantas muestras de amor—bromeo Artemis—. O es que su fiesta era tan bochornosa que no podías respirar.

Harry se rio.

—Peor. Mi tía Marge vino de visita.

—No sabia que tenias otra tía.

—No es exactamente mi tía, es hermana de mi tío Vernon—explico Harry—. Me obligan a llamarla tía, esa mujer me odia, su pasatiempo favorito es criticarme y compararme con Dudley.

—Entonces llegamos en buen momento—dijo Pansy—. Aquí nadie te criticara ni comparara con nadie mas y nosotras no solos horribles como tu adorada tía Marge, somos como un dulce además de guapas como una veela.

—Modestia aparte—dijo Artemis sonriendo.

Harry paso un gran cumpleaños en compañía de Artemis, Pansy y Draco, quien los esperaba cuando llegaron al lugar. El festival al que asistieron estaba llena de diversos juegos de destreza y azar; según Pansy, era para recaudar dinero para un proyecto de la comunidad. Jugaron a atrapar manzanas en una tina con la boca, lanzar dardos a un tablero, disparar a patos de juguetes y otros diversos juegos para ganar premios. Habían entrado a la casa del terror, que los hizo reír con algunos muñecos falsos que no daban terror y también cuando estaban muy distraídos habían terminado asustados con alguna de las sorpresas que habían ahí. Comieron muchos dulces y palomitas, en especial algodón de azúcar.

Pansy Parkinson no estaba mintiendo cuando comento que se iban a reunir con el profesor Snape, llegada la hora indicada salieron del festival que ocupaba mas de dos calles y doblaron en la esquina antes de llegar al lugar donde se estacionaron. Y entraron a un sencillo comercio de comida casera hindú donde encontraron al profesor Snape y a la señorita Rebekah comiendo algo llamado samosas.

—¡Felicidades, muchacho! —la señorita Rebekah se levanto de su asiento para abrazarlo. Harry había sido llamado de esa forma por su tío Vernon pero no es un modo agradable ni querido. —¿Y como les fue? —pregunto amablemente—. Se divirtieron, pero siéntense a comer con nosotros. Estas samosas están riquísimas, le pediré a la señora Naisha unas para ustedes que tampoco tenga mucho picante.

Tomaron asiento, para Harry ahora era extraño estar sentado en la misma mesa que el profesor de pociones, después de recibir las mas estrictas clases durante dos años; incluso se sorprendió cuando él lo felicito por su cumpleaños. No era muy común para Harry verlo fuera de hogwarts como lo era para Artemis o Draco, quienes no parecieron tener problemas para conversar con él. Y se mostro interesado en el relato de Pansy cuando lo habían ido a buscar, hablo del tema muy poco pero basto con lo que escucho para quedarse pensativo. Harry se pregunto si le preocupaba la forma en que su tío Vernon lo trataba. Antes de que sol se ocultara, Harry estaba de regreso en el número 4 de Privet Drive, sus amigos lo acompañaron hasta la puerta a pesar de que insisto que aquello no era necesario.

—Tengo que admitir que tengo curiosidad por ver la cara de tu tío cuando nos vea—dijo Draco sonriendo con malicia—. En especial cuando vea a Snape.

Al volear hacia atrás, el profesor estaba parado afuera de la camioneta y le hizo una señal de despedida con la cabeza.

—No creo que tengas que preocuparte, Harry—dijo Artemis con voz tranquilizadora—. Recuerda lo que dijo ..Severus hace rato, siempre se preocupa por sus alumnos y procura estar al tanto de ellos. Y no lo dijo de broma.

—Probablemente luego de esta visita este mas atento—dijo Pansy con una extraña mirada—. El profesor Snape es un gran apoyo cuando se necesita.

—Nos veremos luego, Harry—dijo Artemis abrazándolo.

—Hasta pronto, amigo—Draco intercambio con él un saludo muggle de manos, que el mismo Harry le había enseñado—. Si los muggles te molestan di el nombre mágico y todos tus problemas serán resueltos.

—Cuídate—Pansy le dio un sonoro beso en la mejilla—. Nos vemos en Hogwarts.

Y los tres se alejaron de regreso a la camioneta, cuando su tío abrió la puerta la ira inundo su rostro, pero así como apareció se fue cuando visualizo mas atrás de Harry al profesor Snape.

—Entra ahora, muchacho—ordeno cuando recupero la voz.

Harry no tenía ni idea que los días siguientes en Privet Drive serian peores que en otras ocasiones, pero así fueron e intento que no le afectaran los comentarios de tía Marge. Harry empezaba a echar de menos la vida en el número 4 de Privet Drive tal como era antes de su aparición; tío Vernon y tía Petunia solían preferir que Harry se perdiera de vista, (la segunda por que así, Harry evitaría meterse en problemas) cosa que ponía a Harry a la mar de contento. Tía Marge, por el contrario, quería tener a Harry continuamente vigilado, para poder lanzar sugerencias encaminadas a mejorar su comportamiento. A ella le encantaba comparar a Harry con Dudley, y le producía un placer especial entregarle a éste regalos caros mientras fulminaba a Harry con la mirada, como si quisiera que Harry se atreviera a preguntar por qué no le daba nada a él. No dejaba de lanzar indirectas sobre los defectos de Harry.

Durante el tercer día de su estancia en Privet Drive, Harry intento comportarse pero aquella noche no fue tan divertido, tía Marge parecía empeñada en hacer sufrir a Harry antes de que partiera a su curso especial en el colegio San Bruto (en realidad la mansión Malfoy) y no ayudo en nada las copas de bebida que le ofreció tío Vernon.

Harry nunca creyó que terminaría huyendo de casa y del ministerio, hasta luego de inflar a su tía Marge como una pelota. No tenia la culpa del todo, tía Marge lo enojo tanto con los comentarios sobre sus padres y termino haciendo magia accidental. Ni siquiera recordaba ya las palabras dichas por tía Marge, su mente ahora estaba preocupada en ser expulsado de Hogwarts.

A la mañana siguiente Harry despertó en el Caldero Chorreante, sin creerse lo ocurrido el día anterior. Había inflado a su tía Marge, al irse había visto algo extraño en los arbusto, viajado en el autobús noctámbulo donde mintió sobre quien era, para que el ministerio no pudiera encontrarlo fácilmente, y aún así lo habían encontrado. Solo unos minutos después de que Harry con ayuda de Stan hubieran bajado el baúl del autobús, alguien a sus espaldas lo llamo. Era el mismísimo ministro de Magia, Cornelius Fudge. Stan Shunpike quien era el conductor del autobús noctambulo, pronto se entero por el mismo ministro que no era Neville Longbottom (el primer nombre que se le vino a la mente cuando Stan pregunto su nombre) sino Harry Potter. Cuando entro al caldero chorreante guiado por el ministro de Magia, creyó que estaría en serios problemas, seguramente lo enviarían a azkaban por intentar huir al inflar a su tía Marge. Pero solamente le hablo de lo preocupado que estaba mientras todos lo buscaban después de huir de casa de su tíos; de cómo solucionaron la hinchazón de tía Marge y le habían modificado la memoria para que no recordara nada del incidente, dando el asunto concluido sin nada mas que preocuparse. Fudge le había sonreído a Harry por encima del borde de la taza. Parecía un tío contemplando a su sobrino favorito. Harry, que no había podía creer lo que oía, abrió la boca para hablar; pero no se le ocurrió nada que decir; así que la volvió a cerrar.

—¡Ah! ¿Te preocupas por la reacción de tus tíos?—había añadió Fudge—. Bueno, no te negaré que tu tío esta muy enfadado, Harry, pero están dispuestos a volver a recibirte el próximo verano. Con tal de que te quedes en Hogwarts durante las vacaciones de Navidad y de Semana Santa.

Harry carraspeó.

—Siempre me quedo en Hogwarts durante la Navidad y la Semana Santa— observó—. Y no quiero volver nunca a Privet Drive.

—Vamos, vamos. Estoy seguro de que no pensarás así cuando te hayas tranquilizado—dijo Fudge en tono de preocupación—. Después de todo, son tu familia, y estoy seguro de que sentís un aprecio mutuo…eh… muy en el fondo.

No se le había ocurrió a Harry desmentir a Fudge, después de todo, tía Petunia había cambiado con él; hasta le había dado dinero con tal de que escapara antes de que tío Vernon pudiera ponerle las manos encima por lo de tía Marge y se fuera antes con los Malfoy.

Aún así, lo que Harry había querido, era oír cuál sería su destino.

—Así que todo cuanto queda por hacer—había añadió Fudge untando mantequilla en otro bollo— es avisar a tu familia que estas a salvo, tu tía Petunia comento algo sobre los Malfoy, ella esperaba que estuvieras con ellos. Pero no te preocupes por eso, te quedaras aquí en el caldero chorreante, sano y a salvo..

—Un momento—Harry lo había interrumpió—. ¿Y mi castigo?

No se hablo mucho del asunto, aunque Fudge le dijo a Harry que las circunstancias cambiaban y no lo enviarían a azkaban ni lo expulsarían de hogwarts por lo que le había hecho a su tía Marge, pero nada cuadra con el trato que el Ministerio de Magia había dispensado a Harry anteriormente. Y el asunto concluyo cuando el ministro le pregunto si quería que lo expulsaran, ante su respuesta negativa, Fudge se preparo para retirarse, pero aprovechando su buena suerte, Harry le hizo una petición; su tío no había firmado la autorización de hogwarts y estaba seguro que alguien tan poderoso como el ministro podría resolver sus problemas si firmaba, lamentablemente Harry no tenia tanta suerte y el ministro de la forma mas amable le hizo saber que no podía complacer su petición.

Los Malfoy llegaron antes de las nueve de la mañana siguiente. Harry había salido a dar una vuelta por el callejón Diagon y cuando regreso, ahí lo estaban esperando. La señora Malfoy lo abrazo con tal preocupación que Harry se sintió culpable.

—Me alegra que este bien, Harry—dijo—. Cuando me entere de que habías escapado de casa, y que tal vez estuvieras en…cuan preocupada estuve sobre si pudo haberte pasado algo…

Harry había esperado irse con los Malfoy pero estos le dieron una disculpa muy penosa que sin autorización de sus tíos no podrían llevárselo, la señora Malfoy trato de tranquilizarlo después de eso, tal vez vio la decepción en su rostro. Y al final Draco comento que estaba seguro de que todo el asunto era por Sirius Black.

—El ministro llego en la mañana a hablar personalmente con papá. No alcance a escuchar todo—le comento Draco cuando sus padres se acercaron a saludar a unos amigos—. Pero tenia algo que ver con él, como ya deberás saber se ha escapado de azkaban y que hasta los muggles saben de él.

Harry asintió recordando el noticiero muggle donde lo anunciaron, además de que Stan Shunpike comento sobre el asunto la noche anterior mientras leía el periódico.

— De hecho tengo el articulo para mostrártelo, es de ayer.

BLACK SIGUE SUELTO

El Ministerio de Magia confirmó ayer que Sirius Black, tal vez el más malvado recluso que haya albergado la fortaleza de Azkaban, aún no ha sido capturado.

«Estamos haciendo todo lo que está en nuestra mano para volver a apresarlo, y rogamos a la comunidad mágica que mantenga la calma», ha declarado esta misma mañana el ministro de Magia Cornelius Fudge. Fudge ha sido criticado por miembros de la Federación Internacional de Brujos por haber informado del problema al Primer Ministro muggle. «No he tenido más remedio que hacerlo», ha replicado Fudge, visiblemente enojado. «Black está loco, y supone un serio peligro para cualquiera que se tropiece con él, ya sea mago o muggle. He obtenido del Primer Ministro la promesa de que no revelará a nadie la verdadera identidad de Black. Y seamos realistas, ¿quién lo creería si lo hiciera?»

Mientras que a los muggles se les ha dicho que Black va armado con un revólver (una especie de varita de metal que los muggles utilizan para matarse entre ellos), la comunidad mágica vive con miedo de que se repita la matanza que se produjo hace doce años, cuando Black mató a trece personas con un solo hechizo.

—Ya lo había leído—comento Harry—. Stan Shunpike estaba leyendo el periódico ayer, cuando me acerque para saber mas sobre el asunto. Stan me dijo que era seguidor de Voldemort, ¿tu padre lo llego a conocer?

Draco se sobresalto antes de voltear a su alrededor.

—¡Por Merlín! —exclamo—. ¿Estas loco?

—Lo siendo. Lo olvide…

—Enserio Potter, te meterás en problemas y a mi padre también, seria terrible lo que pueden pensar de nosotros por mencionar el nombre del Señor Tenebroso y mencionar el incidente que mi padre tuvo con él—bajo la voz Draco—. Creerán que mi padre vuelva a estar del lado de ya sabes quien, sin ser obligado por ninguna maldición esta vez, y que tu también lo apoyas.

—Lo lamento.

Draco negó con la cabeza.

—Es cierto, Sirius Black resulto ser seguidor del señor tenebroso, pero mi padre no lo conocía de allí, de hecho el dice que se sorprendió de la revelación al descubrir que era un mortífago—dijo—. Mi padre lo conocía por que, Sirius Black es primo de mi madre. Pero no eran amigos ni nada, mi familia no tienen contacto con él desde de que abandonaron hogwarts.

—Stan comento que era muy cercano al Señor tenebroso, que quería ser su lugarteniente…

—He escuchado eso también, algo sobre que era un espía del señor tenebroso, pero no estoy seguro—dijo Draco—. Nadie quiere hablar del tema. Y no fue por que asesino a trece personas, hizo algo peor, mucho peor para que nadie hable sobre ello o no se haya divulgado tal información.

»De todas formas nadie esta contento con la situación, el ministro esta cada vez en graves aprietos al no tener ni una pista de Black. La gente empezara a hablar muy pronto sino lo atrapan.

»Cuando los estaba espiando esta mañana, lo mas extraño que alcancé a escuchar fue que mencionaron tu nombre—continuo Draco—. Algo sobre peligro. Pero todos estamos en peligro por Sirius Black, puede atacar a cualquiera…

—¿Te enterasteis de algo más?

—No—dijo Draco frunciendo el ceño—. Mi madre me descubrió, pero vi al ministro furioso cuando se fue y papá también lo estaba. Me pregunto si es por Sirius Black.

Harry no tardaría en enterarse de la verdad por el mismo señor Malfoy, por ahora permanecería ignorante sobre ello.