Capitulo: Augurios.
—Estas segura, puedo acompañarte si quieres—dijo su madre cuando bajo la escaleras, dejando a discusión a susurros que tenia con su hermana para acompañarla hasta la puerta.
—Estaré bien, madre—tranquilizo Artemis—. Solo iré a reunirme con los chicos para comprar los útiles,
—No me agrada que vayas sola, si tan solo Pansy siguiera aquí...
—Te preocupas demasiado—dijo Artemis abrazando a su madre—.Comprende madre, que Black debe estar muy lejos, todo el mundo lo estaba buscando y seria tonto que se quedara en Londres donde todos lo persiguen o que se exponga a la luz del día… Estaré bien, seria la ultima persona a la que Sirius Black quisiera atacar.
—Uno nunca sabe—dijo tía Rebekah un tanto misteriosa, apareciendo en el pasillo sin quitar la mirada de su madre—. Decidió escapar ahora, por algo será.
—¿Tu sabes algo tía?
—Creemos que buscara a alguien ahora que esta libre—dijo su tía Rebekah—. Tal vez aliados del pasado o puede que familiares…
—No tiene—corto su madre—. Toda su familia esta muerta y los parientes que tiene no le abrirán las puertas. Para Narcissa no existe.
—Puede haber otros familiares—dijo tía Rebekah—. Unos mucho mas cercanos y ocultos…
—Yo no seguiré hablando de ese tema—dijo su madre, antes de besarle la frente—. Promete que tendrás cuidado sin importar que.
—Lo tendré, he ido muchas veces sola al callejón Diagon durante este mes—dijo Artemis—. Estaré bien.
De camino a la parada del autobús, Artemis se pregunto la razón por la que su madre y su tía habían estaban peleando; desde que su tía Rebekah llego aquella mañana había habido una tensión muy fuerte y seria entre ambas. Saludo a la vieja señora Maggie que encontró en su camino y subió al autobús cuando llego; estaba releyendo algunas de sus notas de adivinación, había encontrado muchas cosas interesantes durante los últimos meses en hogwarts. No era nada positivo, pero habían algunos libros que parecían hablarte bien sobre el poder de ver el futuro pero eran muy pocos, el resto te ponía los nervios de punta por que tenias que abarcare a un misterioso mundo al que no todos tenían acceso y si no tenias la fortaleza era mejor cerrar los libros. Artemis había seguido ese consejo en los libros que encontró, por que no deseaba conocer mas sobre el futuro, quería dejar de ver lo que sucedería. No deseaba ese don y nunca lo deseo.
El futuro era algo intangible y podía cambiar, pero no siempre, había veces que era imposible cambiar el destino y siempre encontraría una forma de del que el desenlace ocurriera sin importar si las condiciones cambiaran. No era agradable escuchar aquello, te quitaba las esperanzas de utilizar el don para salvar a alguien de un terrible accidente, por que al final terminaría ocurriendo.
—Hola…¿Qué tal preciosa?
Una familiar voz estaba parada junto a ella y por un momento Artemis espero que no fuera quien pensaba. Desafortunadamente, no tenia suerte. Al alzar la vista se encontró con el rostro gordo de Dudley. Su cabello rubio le caía en la frente y tenia una extraña mueca en la cara en su vago intento de seducirla, con las mejillas teñidas de rojo.
—¿Quieres compañía?
Lo miro durante un minuto y dijo:
—Vaya, ¿ha eso llamas coquetear, Dudley?
—¿Artemis?
En ese momento se dio cuenta la razón por la cual se le acerco. No la había reconocido. No lo culpaba, su apariencia física había sufrido unas modificaciones y no solo por la pubertad sino por que ahora mostraba su apariencia real y no la modificada por ella. La que utilizo durante muchos años para parecerse mas a la familia de su madre y a esta, que a la de su desconocido padre.
—Artemis Jones, esa soy yo.
—Luces diferente—dijo mirándola.
—Tu no mucho—dijo Artemis. Dudley estaba mas gordo y tal vez tenia un poco de acné en el rostro, pero no había algún cambio mas relevante en el. Tal vez era un poco mas alto.
Dudley pareció incomodo por darse cuenta que había tratado de coquetear con una bruja, y eso era algo inaceptable viniendo de el y de su familia. Aunque Harry había comentado que se estaba llevándose muy bien con su tía, pero Dudley era otro caso.
Escucho un par de risas y comentarios unos asientos mas atrás, y reconoció a los chicos que estudiaron con ella en la escuela muggle donde conoció a Harry, eran sin duda los inseparables amigos de Dudley. Como deseaba lanzarles un hechizo y hacerlos callar, realmente era molesto escuchar su palabrería y bobadas sobre como Dudley había logrado hablar con la chica bonita.
—Que tu padre no se entere, Dudley, que has tratado de coquear con una bruja—susurro Artemis voz tenebrosa—. O te castigara.
—No me da miedo mi padre.
—Pero la magia si—dijo Artemis alzando las manos y moviendo los dedos como si fuera a lanzarle un hechizo. El muchacho se sobresalto pero no se fue, se removió incomodo en su lugar y observo hacia sus amigos que hacían señas de animo. Artemis negó con la cabeza esperando que aquello terminara, algunas cabezas en el autobús los miraban con curiosidad, lo que empezaba a poner la situación algo vergonzosa.
—¿Y que esperas?
—¿Disculpa?
Dudley giro su cabeza hacia ella, uno de sus amigos acaba de hacer un gesto de que la besara. El solo pensamiento le revolvió el estogamo.
—Digo, ya sabes quien soy y que soy—respondió Artemis en susurros—. Así que no tiene caso que sigas ahí parado para coquetear.
»No me interesas y yo no te intereso. Debería darte vergüenza si tu padre se entera que andas hablando con una anormal como Harry.
—No te habría hablado si hubiera sabido que eras tu.
—Entonces para que seguir molestándome—dijo Artemis retomando su lectura.
—¿Sobre que es eso que estas leyendo?
Dudley seguía parado junto a ella.
—¿Seguro que quieres saberlo? Es algo horrible y con mucha magia, incluso los magos tememos sobre ello—dijo Artemis sonriendo ante la cara de Dudley—. Son solo notas Dudley, no es como si te fueran a atacar…
Aunque habían habido casos…, recordó Artemis, pero su libreta por fortuna no estaba encantada.
—¿De que tratan?
No importaba que Dudley se enterara que estaba leyendo, de todas formas, no era como si el fuera a comprender la relevancia y significado de ello.
—Adivinación.
—¿Pueden ver el futuro? —dijo sorprendido tomando asiento en el otro lado opuesto del pasillo pero inclinado hacia ella—. ¿Realmente puedes ver el futuro…?
Para alguien como Dudley, que decía odiar la magia y se refiera hacia su gente como anormales, el parecía demasiado interesado en aquella habilidad mágica. En una forma le divertía, por que a pesar de todo, podía ser que Dudley no odiaba lo relacionado con la magia sino todo lo contrario y, podía notar cuanta era la influencia de su padre.
—No todos—dijo Artemis—. Hay pocos magos y brujas que son capaces de ver el futuro, no todos tienen esa habilidad y es muy raro.
—Debe ser fabuloso.
—¿No me escuchasteis? Los magos incluso le tememos a aquellos que son capaces de ver el futuro—hablo en un susurro—. Todos temen de lo que pueden ser capaces de hacer con ese don y por que es un arte desconocido para la mayoría de los magos.
—¿Pero que podría tener de malo ver el futuro?
—Me imagino que por la forma en que uno puede utilizar esa habilidad—dijo Artemis seriamente—. No es un don, es una maldición.
—Hablas como si supieras sobre ello.
—No, pero es un arte que todos temen por lo misterioso y desconocido que es—respondió Artemis que no planeaba ni revelarle a él, un muggle, que poseía aquella habilidad—. Aquellos que intentan adentrarse al mundo de la adivinación han terminado locos.
—Oh.
Se quedaron callados y Artemis se sorprendió de que hubiera podido llevar una conversación con Dudley. Era algo muy raro. Aprovechando aquella oportunidad, decidió hacer algo bueno por el bien de Harry y Dudley, ella sabia perfectamente lo que era estar peleado con los primos; tal vez no en la forma en que Harry y Dudley se llevaban, pero algo parecido.
—¿Sabes Dudley? Tu podrías saber mas sobre el mundo mágico e incluso llevar a ver algo de magia de cerca—le comento—. Si tan solo te llevaras mejor con Harry.
—Es un anormal.
—A tu mamá no parece importarle y menos a ti—dijo Artemis—. Estas sentado ahí para hablar conmigo, sabiendo que soy una anormal, sin contar que me has preguntado sobre cosas relacionadas con anormales.
Dudley se sonrojo de vergüenza.
—Acéptalo, te gusta la magia como a cualquiera—dijo Artemis—. No tiene nada de malo, seguro si tu fueras mago no tendrías problemas con ello.
—Pero no lo soy y no importa—dijo Dudley orgulloso—. Me encanta ser normal.
—No, no lo eres. Tienes por primo a un mago, a eso no se le puede llamar ser normal.
Anunciaron la siguiente parada, y Artemis se preparo para bajar.
—Deberías intentar llevarte mejor con Harry—dijo en voz baja antes de que se fuera—. Te darías cuenta que no lo odias, incluso podrías tener conversaciones agradables sobre magia. A mi padrastro le encanta oír sobre mis clases de magia y mis anécdotas.
»Realmente no entiendo por que odias a Harry, pero es estúpido. No pareces tenerle envidia por ser mago, así que no se a que se debe tu odio. Pero si algo se es que la familia sigue siendo tu familia, sin importar como sean. Suerte siendo normal, Dudley.
Y se retiro hasta la parte trasera, dispuesta a bajar en la parada junto a un par de personas mas. Cuando Artemis salió a la calle, se dirigió hasta la entrada escondida para llegar al callejón Diagon; busco en el establecimiento hasta encontrar a Harry sentado en una mesa con Draco.
—Hola muchachos, siento la demora—dijo Artemis—. ¿Y Neville?
—Se nos adelanto, dijo que su abuela y el fueron a comprar todo unas semana atrás—dijo Draco.
Artemis comprendió todo. Neville se había mostrado animado con la propuesta de ir todos juntos por los útiles, hasta que menciono que debía comentarle de ello a su abuela. La señora Longbottom era demasiado estricta y recta, muy diferente a su nieto, y no parecía confiar en Neville ni para que saliera solo de su casa. Seguramente no confiaba en que Neville comprara todo lo que necesitaría sin que se le olvidara algo.
—Una lastima—dijo Artemis pero ser percato de que algo andaba mal, ambos muchachos tenían una mirada seria y misteriosa en sus rostros—. ¿Qué ocurre?
—Siéntate, tenemos que contarte algo—dijo Draco.
—Es acerca de Sirius Black—susurro Harry mientras Artemis se acomodo en su asiento—. Seguro ya sabes que se escapo, pero lo que no sabes es el propósito que tiene ahora que anda libre. El viene por mi.
—Espera, ¿qué?
—Él quiere matarme, me entere esta mañana—dijo Harry—. El señor Malfoy me conto todo, estuvo aquí hace unos momentos, el dijo que merecía saber la verdad aunque el ministro se opusiera.
Artemis no parecía saber que decir hasta que recordó algo.
—Mi tía comento algo esta mañana…dijo que Sirius Black podía buscar a alguien, ella creía que para buscar ayuda pero puede que no quisiera decir la verdad conmigo enfrente, ¿estaría hablado sobre ti?
—Lo mas probable—reflexiono Harry—. Él me quiere muerto por lo sucedido con Voldemort.
—En serio, Harry—dijo Draco con voz firme—, no es bueno que digas su nombre en lugares públicos. Nosotros ya nos hemos acostumbrado pero al resto les dará un infarto…
—Olviden eso—dijo Artemis—. Quieres decir, que Black te busca para tomar venganza.
Harry asintió.
—Bueno, si lo meditamos, él no puede ser peor que el Señor Tenebroso—dijo Artemis un tanto nerviosa.
—Lo mismo le dije al señor Malfoy cuando le explique que no me estaba haciendo el valiente al no tenerle miedo—dijo Harry—. Ahora muchas cosas tienen sentido, sobre por que el ministro tuvo indulgencia conmigo por lo ocurrido a tía Marge. Estaba contento de encontrarme con vida.
—Por eso no pudimos hospedarte en casa, Harry—reflexiono Draco—. Padre dijo que era por que no teníamos el permiso de sus familiares y, que el ministro no lo creía conveniente…
—El ministro quería que me quedara aquí—recordó Harry—. Me acuerdo de esa noche, me dijo que no me preocupara que me quedaría aquí y estaría a salvo, además, me pidió que no saliera del callejón Diagon. ¿Pero cual seria la diferencia?
—Que no confía en mi familia por la relación que tenemos con Black—escupió Draco—. No me sorprende la razón por la que mi padre y el ministro estén enojados desde esa mañana.
—No—dijo Artemis—. Creo que saber por que quieren a Harry aquí, mi tía esta vigilando el Callejón Diagon en un busca de Black y no es la única, pero ¿por que vigilar un lugar donde circula tanta gente y donde seria tan fácil que reconocieran a Black?
—Están vigilándome—comprendió Harry.
—Si Sirius Black te esta buscando—dijo Artemis—. Seguramente intentara llegar hasta a ti y es ahí, cuando tendrán una oportunidad de atraparlo al mismo tiempo que estarás bajo la protección del ministerio.
—¿Entonces hay alguien vigilándonos ahora?—pregunto Draco mirando disimuladamente alrededor.
—Lo mas probable—gruño Harry—. Seguramente me vigilan desde que llegue y no me he percatado.
—Te están protegiendo—dijo Artemis—. No deberías molestarte por ello, tal vez debieron decírtelo pero me imagino que no te ven mas que como un niño como a nosotros. Por eso el silencio sobre el asunto y sobre que te están protegiendo, creo que por eso mi tía esta a cargo de esta zona.
—¿Qué quieres decir?
—Mi tía Rebekah te conoce, Harry, sabe que no encontraras raro que este cerca de ti si la ocasión se da. —Señalo hacia su alrededor con un ademan de manos—. Me imagino que por eso convenció a mi madre de hospedarnos aquí un día antes de irme a hogwarts—continuo Artemis—. Sugirió que seria una buena idea dado que estaría mas cerca de la estación, además de que no estaría sola dado que tu estas aquí, Harry, y que ella podría acompañarnos hasta el tren.
—¿Hogwarts? — preguntó de golpe el dependiente cuando entraron en a Flourish y Blotts. Los animos estaban mejores cuando decidieron que no dejarían que Sirius Black les arruinara el día ni aquel año—. ¿Vienen por los nuevos libros?
—Así es, necesitamos dos libros monstruosos…
El dependiente casi parece desmayarse al escuchar aquello.
—Bien, habrán paso—dijo el dependiente abatido, haciendo a los tres a un lado. Se puso un par de guantes muy gruesos, cogió un bastón grande, con nudos, y se dirigió a la jaula de los libros monstruosos. Lo vieron batallar para lograr atrapar ambos libro, después de que recibiera algunas mordidas.
—Aquí tienen.
Artemis tomo el libro y lo observo un momento, y supo que simplemente sujetarlo no seria suficiente, al girarse observo a Draco sujetar el suyo con su cinturón pero Artemis no contaba con uno. Afortunadamente Harry llego en su ayuda, ofreciéndole su cinturón para sujetar su libro que empezaba a agitarse en sus brazos.
—Estos libros son una pesadilla—dijo Harry—. Hagrid dijo que lo necesitaría…
—Seguramente se entero que este era el libro para Cuidado de Criaturas Mágicas y que nosotros habíamos tomado esa clase—dijo Artemis sujetando el libro—. Aunque no entiendo por qué el profesor Kettleburn cambio el libro de texto, el que utilizo mi primo el año pasado era mas normal.
—Es lo mismo que yo quiero saber… —dijo el dependiente abatido.
—Espero que usted este bien—dijo Artemis.
Desgarró el aire un estruendoso rasguido. Dos libros monstruosos acababan de atrapar a un tercero y lo estaban desgarrando.
—¡Basta ya! ¡Basta ya!—gritó el dependiente, metiendo el bastón entre los barrotes para separarlos— . ¡No pienso volver a pedirlos, nunca más! ¡Ha sido una locura! Pensé que no podía haber nada peor que cuando trajeron los doscientos ejemplares del Libro invisible de la invisibilidad. Costaron una fortuna y nunca los encontramos… No se preocupe por mi, señorita. Bueno, ¿en qué mas puedo servirte?
—Necesitamos Disipar las nieblas del futuro, de Cassandra Vablatsky —dijo Artemis, consultando la lista de libros.
—Ah, vas a comenzar Adivinación, ¿verdad? —dijo el dependiente quitándose los guantes y los condujo a la parte trasera de la tienda, donde había una sección dedicada a la predicción del futuro. Había una pequeña mesa rebosante de volúmenes con títulos como Predecir lo impredecible, Protégete de los fallos y accidentes, Cuando el destino es adverso.
—Aquí tienes— le dijo el dependiente, que había subido unos peldaños para bajar tres gruesos libros de pasta negra— : Disipar las nieblas del futuro, una guía excelente de métodos básicos de adivinación: quiromancia, bolas de cristal, entrañas de animales…
Artemis escucho sobre cada punto, durante finales del curso anterior estaba decidida a que terminaría el año sin que las visiones del futuro le molestaran pero ahora todo había tomado un nuevo giro. Tomo el libro que le paso el dependiente, se giro hacia Harry para pasarle el suyo pero se dio cuenta que el no estaba prestando atención. Estaba viendo algo mas allá, y al seguir su mirada se encontró un libro que estaba entre los que había expuestos en una pequeña mesa: Augurios de muerte: qué hacer cuando sabes que se acerca lo peor.
—Yo en su lugar no leería eso— dijo suavemente el dependiente, al percatarse de lo que observaban—. Comenzarán a ver augurios de muerte por todos lados. Ese libro consigue asustar al lector hasta matarlo de miedo.
¡Oh no! Pensó Artemis. No por lo que el dependiente dijo sino al examinar atentamente la portada del libro. Mostraba un perro negro, grande como un oso, con ojos brillantes; uno que le recordó a otro perro que ya había visto y de hecho dibujado.
—Vamos, Harry—dijo Artemis.
Puso su mano en el hombro de su amigo, para llamar su atención. Harry desvió entonces su vista.
—¿Algo más?—preguntó el dependiente.
—También necesitaremos los libros Transformación, nivel intermedio y Libro reglamentario de hechizos, curso 3º…—pidió amablemente Artemis—Y solo yo necesitare los libros de Runas Antiguas Más Fáciles, Diccionario del Hechicero, Jeroglíficos y logogramas mágicos, Silabario de Spellman y Traductor de runas avanzado.
—Haz tomado Runas Antiguas. Es una clase muy interesante, en mi opinión.
Diez minutos después, salieron de Flourish y Blotts con sus nuevos libros bajo el brazo.
—¿Amigo te encuentras bien?
—Si, estoy bien.
Fueron por unas nuevas túnicas y por nuevos materiales para pociones (Snape lo había recomendado), pergaminos y tinta, antes de regresar al caldero chorreante para comer. Se despidieron de Harry y cada uno desapareció por el lado opuesto, Draco se dirigió hacia la chimenea y Artemis hacia la puerta que daba al mundo muggle.
—¿Qué tal te fue?
Artemis forzó una sonrisa a su madre.
—Muy bien, compramos todo y pasamos una tarde agradable hablando en el caldero chorreante—dijo. Sin contar sobre lo que se había enterado, su madre ya deberías estar al tanto y se callaba para no asustarla pero ya lo estaba.—Nos divertimos…será mejor que suba a guardar todo esto.
—Ve, cariño.
Al entrar a su habitación, aseguro la puerta y aventó la mochila con todo lo que compro a la cama. Se sentó en el tocador donde guardaba bajo llave la libreta de dibujo, al abrirla localizo el dibujo que realizo antes del escape de Black. Sus dedos se deslizaron por la hoja, había un perro grande y negro en el centro, con ojos demasiados expresivos. Algo le decía que esta relacionado con Sirius Black, pero no sabia de que modo. No aún. Y lo peor es que se parecía a la portada de aquel libro, como si fuera un mal augurio…
Sus ojos se deslizaron hacia su cama, hacia la mochila que contenía el libro de adivinación; nunca había tenia la tentación de indagar sobre la adivinación por que tenia miedo de que todo empeorara, y ya no quería seguir teniendo visiones; pero quería ayudar a su tía a atrapar a Sirius Black, no por la recompensa sino por Ethan, su padre había muerto a manos de ese asesino. Aún recordaba la historia, el padre de Ethan estaba en Londres, se dirigía al callejón Diagon para comprar una nueva varita por que la que tenia había terminado rota en un accidente; lamentablemente se encontró con Sirius Black quien lo asesino a él y a otras doce personas. Todos creyeron que era un muggle, por que no llevaba una varita consigo y no lograron identificarlo; fue gracias a tía Rebekah que en aquel tiempo estaba en entrenamiento, y su instructor se encargo del caso, fue que mas tarde descubrió que se trataba de su propio hermano. Ethan por eso apreciaba en cierto punto las reglas y odiaba la injusticia, la razón por la cual era el mas razonable de todos los primos y el único que no se metía en problemas de ningún tipo. Él, que debía estar mas indignado que nadie en aquel momento por que el asesino de su padre no estaba en azkaban; el realmente merecía justicia por que le habían arrebatado a su padre de su vida y Artemis entendía que era crecer sin uno. A pesar de que quería a Severus como a uno, no era lo mismo. Ellos nunca sabrían que era ser amados por sus verdaderos padres, y lo único que tenían era historias y viejas fotografías.
Artemis no podía tener justicia. No tenia ni idea sobre quien era realmente su padre ni que le ocurrió, si lo asesinaron, desapareció o murió en un accidente; por muchos años creyó que era un muggle hasta encontrar las fotografías y la bufanda que probaban que era un mago que asistió con su madre a hogwarts; y su madre no hablaría del tema. No aún.
Pero Ethan sabia quien era su padre y que le ocurrió, el merecía justicia. Quería ayudarlo a que volviera a tener paz en su vida, pero para ello, debía adentrarse a un mundo del que ella deseaba alejarse. Estaba dividida entre lo que deseaba y lo que quería. Había necesitado reflexionar durante un par de días atrás antes de tomar una decisión: descubrir donde estaba Sirius Black. Y ahora lo haría sin dudar en su decisión, ahora no solo se trataba sobre Ethan sino de Harry, quien se encontraba en grabe peligro.
—¿Hermione no te comento a que hora llegaría aquí?—le pregunto Artemis mientras recorrían el callejón Diagon en busca de Hermione.
—No lo menciono en su carta—dijo Draco.
—La encontraremos—dijo Harry—. Debes estar por algún lugar de aquí…
Se detuvieron en la heladería Florean, en la terraza estaba Hermione, muy morena haciéndole señas con las manos y junto a ella estaba Ron Weasley, con su cara llena de pecas. Se unieron a ellos.
—Hola, Hermione—saludo Draco mirando de reojo a Ron, quien no sabía si sonreírles o no—. Te estuvimos esperando en el Caldero Chorreante.
—Estuve ahí, pero me dijeron que ya habían salido—informo Hermione—. Así que salí a buscarlos y me encontré con Ron, que me hizo compañía y hemos ido a Flourish y Blotts, y al establecimiento de la señora Malkin, y…
—Ya compramos todo hace días—dijo Draco—. Salimos temprano a dar una vuelta para luego regresar a buscarte en el caldero chorreante, pero no te encontramos ahí…
—Fue mi culpa por no acordar una hora para encontrarnos—dijo Hermione— pero siéntense con nosotros.
Draco intercambio miradas con Artemis y Harry, que estaban tan sorprendidos como él de que Weasley estuviera ahí; así que tomaron asiento junto a ellos mientras ordenaron los helados.
Entonces Hermione se giro hacia Harry muy seria y le dijo:
—¿Es verdad que inflaste a tu tía, Harry?
—Fue sin querer—respondió Harry, mientras Ron, Draco y Artemis se partían de risa al recordar aquello—. Perdí el control.
—No tiene ninguna gracia—dijo Hermione con severidad—. Verdaderamente, me sorprende que no te hayan expulsado.
—A mí también —admitió Harry. Compartió una mirada cómplice con Draco y Artemis, dado que los tres conocían la verdadera razón pero no podían contarle a Hermione estando Ron ahí.— No sólo expulsado: lo que más temía era ser arrestado.
—Recuerdo que comentasteis, Artemis, que tu tía trabajaba en el ministerio—dijo Hermione—¿No sabrá tu tía por qué le han perdonado el ministro el castigo?
—La verdad no se—dijo Artemis desviando la mirada—. Ella no hablo sobre eso ni comento nada, solo nos llego a contar que unos colegas dijeron que la tía de Harry era como una pelota cuando llegaron a desinflarla y que cuando terminaron el trabajo, no había diferencia alguna…
Ahora Harry se unió a las risas.
—No es gracioso, muchachos—regaño Hermione—. Ron tu padre trabaja en el ministerio también ¿no es así? ¿El no sabe algo?
—Probablemente, porque es Harry Potter. ¿No puede ser ése el motivo? —Encogió los hombros, sin dejar de reírse—. El famoso Harry Potter. No me gustaría enterarme de lo que me haría a mí el Ministerio si se me ocurriera inflar a mi tía. Pero primero me tendrían que desenterrar; porque mi madre me habría matado. De cualquier manera, le pueden preguntar a mi padre esta tarde. Esta noche nos alojamos en el Caldero Chorreante…
Eso silencio un poco la atmosfera. Era muy extraño estar sentados en la misma mesa con Ron Weasley y que este los tratara con tanta confianza. Draco observo como Hermione sonreía tratando de mantener una postura amigable cuando el resto estaba algo sorprendido, estaban en buenos términos con él pero eso no quería decir que eran amigos íntimos. Y además, a Draco no le gustaba la forma en como Ron trataba a Hermione.
—¿Habéis comprado ya todos los libros y el material para el próximo curso? —pregunto Harry para seguir la conversación.
—Oh, eso me recuerda—dijo Ron girándose hacia Artemis—. Esto, gracias Artemis.
—¿De que?
Ron respondió a su pregunta sacando de una mochila una caja delgada y alargada, y abriéndola.
—Mi varita.
—Oh, eso—dijo Artemis sonrojándose—. No es nada, yo siento lo que ocurrió con tu varita anterior.
—Es muy bonita—comento Hermione—. ¿Qué tal es?
—No es como la anterior pero me acostumbrare. Treinta y cinco centímetros, madera de sauce, con un pelo de cola de unicornio. Y ya tenemos todos los libros. — Señaló una mochila grande que había debajo de su silla—. ¿Y qué les parecen los libros monstruosos? El librero casi se echó a llorar cuando le dijimos que queríamos dos.
—Me da tanta lastima el dependiente—dijo Artemis—, esos libros son realmente monstruos, el nombre le queda a la perfección y no podido abrir el mío aún.
—No estoy seguro que haya una forma segura de hacerlo sin ser atacados—dijo Ron.
—Y si la hay, la desconozco—dijo Artemis—. El libro anterior era mucho menos monstruoso…
Y mientras Ron contaba locas teorías que había escuchado sobre el profesor Kettleburn, Draco decidió girarse hacia Hermione para escuchar cosas mas interesantes.
—¿Qué tal tus vacaciones, Hermione? —pregunto interesado por saber que tanto prefirió estudiar sobre Francia a disfrutar del lugar.
—Ya sabes que fui a Francia con mis padres, es un lugar magnifico lleno de historia pero no tanto como algunos otro lugares. Hay tanta historia mágica en tantos lugares del mundo—les dijo Hermione—. Sabes que la familia de Ron fueron a Egipto, su padre gano el premio anual Galleon Draw que entrega el diario El Profeta. Y decidieron ir a visitar a uno de sus hermanos, que trabaja deshaciendo hechizos en el banco de Gringotts en Egipto. Ese país tiene una larga historia magia, es una lastima que no se me ocurrió incluir información sobre Egipto en el trabajo de Binns, estaba pensado volver a reescribirlo.
—No creo que saques una mala nota por no poder agregar mas información a la información de mas que ya tiene tu trabajo —dijo Draco sonriéndole.
—Nosotros solo abarcamos información relevante a Gran Bretaña—dijo Harry comiendo su helado.
—Igual que yo—dijo Artemis sonriendo—. Pero te felicito Hermione por abarcar mas terreno que nosotros.
—¿Y qué es todo eso, Hermione? — preguntó Harry, señalando tres mochilas repletas que había a su lado, en una silla.
—Bueno, me he matriculado en más asignaturas que tú ¿no te acuerdas? — dijo Hermione—. Son mis libros de Aritmancia, Cuidado de Criaturas Mágicas, Adivinación, Estudio de las Runas Antiguas, Estudios Muggles…
—Espera un minuto—detuvo Draco enderezándose en su asiento ante la mención de aquella asignatura— ¿Estudios Muggles?—repitió sin creerlo—. ¿Te has matriculado para esa clase?
Sabia que Hermione había tomado mas clases de las que podría llevar, habían bromeado sobre ello pero nunca se imagino que incluso ella decidiera tomar aquella clase.
—Pero tu….—no pudo terminar la frase de lo sorprendido que estaba. No podía comprender lo que le llevo a esa chica tomar esa materia.
—No entiendo, para que llevar esa materia—dijo Ron poniendo los ojos en blanco—¡Tú eres de sangre muggle! ¡Tus padres son muggles! ¡Ya lo sabes todo sobre los muggles!
—Lo has dicho Weasley—dijo Draco—. No tiene caso que lleves esa materia, Hermione.
—Pero será fascinante estudiarlos desde el punto de vista de los magos — repuso Hermione con seriedad.
—¿Tienes pensado comer o dormir este curso en algún momento, Hermione?—preguntó Harry mientras Draco, Ron y Artemis se reían.
Hermione no les hizo caso:
—Todavía me quedan diez galeones—dijo comprobando su monedero— . En septiembre es mi cumpleaños, y mis padres me han dado dinero para comprarme el regalo de cumpleaños por adelantado.
—Adivinare. Te compraras un libro—dijo Draco mientras le daba un codazo amistoso a Harry.
—No, creo que no—respondió Hermione sin enfadarse—. Lo que más me apetece es una lechuza. Harry tiene a Hedwig, Artemis tiene a Asha y tu tienes a Wendell.
—Asha no es mía, es de mi mamá—aclaro Artemis.
—¿No les importa si les acompaño?—dijo Ron—. Quiero que le hagan un chequeo—añadió, poniendo a Scabbers en la mesa, ante ellos—. Me parece que Egipto no le ha sentado bien.
Draco evito hacer una mueca, no era fan de los roedores.
—No hay problema en que vengas con nosotros—dijo Hermione.
—Ahí hay una tienda de animales mágicos—dijo Harry, que por entonces conocía ya bastante bien el callejón Diagon—. Puedes mirar a ver si tienen algo para Scabbers. Y Hermione se puede comprar una lechuza.
Así que pagaron los helados, cruzaron la calle para ir a la tienda de animales. Artemis había estado ahí antes y seguía exactamente igual. No había mucho espacio dentro. Hasta el último centímetro de la pared estaba cubierto por jaulas. Olía fuerte y había mucho ruido, porque los ocupantes de las jaulas chillaban, graznaban, silbaban o parloteaban. La bruja que había detrás del mostrador estaba aconsejando a un cliente sobre sus el cuidado de los tritones de doble cola, así que Harry, Draco, Ron, Artemis y Hermione esperaron, observando las jaulas y comentando sobre los animales que habían ahí.
Ron se acerco al mostrador una vez, que el otro cliente terminara. Le conto sobre el problema de su rata, que no era magia y que fue heredada por Percy, el hermano de Ron; a la única conclusión que llego la bruja, es que la rata era vieja y que le estaba llegando a su tiempo de partir de esta vida. Después de todo una rata común no podía vivir mas de tres años. A pesar de que la bruja le ofreció a Ron una nueva, este no acepto.
—Bueno, si no quieres reemplazarla, puedes probar a darle este tónico para ratas—dijo la bruja, sacando una pequeña botella roja de debajo del mostrador.
—Vale— dijo Ron—. ¿Cuánto…? ¡Ay!
Ron se agachó cuando algo grande de color canela saltó desde la jaula más alta, se le posó en la cabeza y se lanzó contra Scabbers, bufando sin parar.
—¡No, Crookshanks, no!— gritó la bruja, pero Scabbers salió disparada de sus manos como una pastilla de jabón, aterrizó despatarrada en el suelo y huyó hacia la puerta.
—¡Scabbers!—gritó Ron, saliendo de la tienda a toda velocidad, detrás de la rata; Draco y Harry se miraron por un momento antes de seguirlo para ayudarlo.
Tardaron casi diez minutos en encontrar a Scabbers, que se había refugiado bajo una papelera, en la puerta de la tienda de Artículos de Calidad para el Juego del Quidditch. Ron volvió a guardarse la rata, que estaba temblando. Se estiró y se rascó la cabeza.
—¿Qué ha sido?
—O un gato muy grande o un tigre muy pequeño —respondió Harry.
—¿Dónde está Hermione?
—Supongo que comprando la lechuza.
Volvieron por la calle abarrotada de gente hasta la tienda de animales mágicos. Llegaron cuando salían Artemis y Hermione, esta no llevaba ninguna lechuza: llevaba firmemente sujeto el enorme gato de color canela.
—¿Has comprado ese monstruo? —preguntó Ron pasmado.
—Es precioso, ¿verdad? —preguntó Hermione, rebosante de alegría.
Draco compartió una mirada con Harry, estuvo seguro que ambos pensaban igual acerca de aquel gato.
—Sobre gustos no hay nada escrito—le susurro Harry.
Draco estaba indudablemente de acuerdo. El pelaje canela del gato era espeso, suave y esponjoso, pero el animal tenía las piernas combadas y una cara de mal genio extrañamente aplastada, como si hubiera chocado de cara contra un tabique. Sin embargo, en aquel momento en que Scabbers no estaba a la vista, el gato ronroneaba suavemente, feliz en los brazos de Hermione.
—¿Qué paso con la lechuza?
—¿A quien le importa eso? ¿qué pasa con Scabbers? — preguntó Ron, señalando el bolsillo que tenía a la altura del pecho—. ¡Necesita descanso y tranquilidad! ¿Cómo va a tenerlos con ese ser cerca?
—Eso me recuerda que te olvidaste el tónico para ratas —dijo Hermione, entregándole a Ron la botellita roja—. Y deja de preocuparte. Crookshanks dormirá en mi dormitorio y Scabbers en el tuyo, ¿qué problema hay? El pobre Crookshanks... La bruja me dijo que llevaba una eternidad en la tienda. Nadie lo quería.
—Me pregunto por qué —dijo Ron sarcásticamente.
—¿La dejasteis comprar ese animal? —susurro Draco a Artemis.
—¿Que podía hacer?—contesto esta—. Ella se enamoro del gato… Por cierto, Hermione también se hospedara hoy en el caldero chorreante, me lo estaba comentando hace unos momentos.
—Eso es genial—dijo Harry—. También Artemis se hospedara hoy.
—Eso me dijo—sonrió Hermione—¿Y que hay sobre ti, Draco?
—Yo me hospedare en mi casa—dijo Draco volviendo a arrebatarle las mochilas a Hermione a pesar de sus protestas—. Olvídalo, no te puedo dejar llevar estas condenadas mochilas cuando se que pesan una tonelada.
—No exageres—dijo Hermione—. No pesan tanto.
—Claro que si—contesto Harry quien ayudo Draco a llevar las mochilas hasta el Caldero Chorreante. Encontraron al señor Weasley junto a la señorita Rebekah sentados en el bar leyendo El Profeta.
—Artemis—dijo la señorita Rebekah cuando los vio—. Tus maletas ya están arriba y seguramente te alegrara saber con quien compartirás habitación.
—¿Disculpa?
La señorita Rebekah señalo hacia atrás de ellos, bajando por las escaleras vieron a Pansy Parkinson con sus lentes oscuros y ropa a la moda. Alzo la mano moviendo los dedos en forma de saludo.
—¡Pansy! —dijo Artemis retirándose a su encuentro.
—Harry, Draco, Hermione y Ron, sino me equivoco—la señorita Jones concentro su atención en ellos—. Este es uno de tus hijos, ¿no Arthur?
El señor Weasley asintió doblando el periódico donde podía verse la fotografía de Sirius Black.
—Es un gusto conocerlos—dijo el señor Weasley ofreciéndole la mano primero a Harry, después a Hermione y por ultimo a Draco.
—¿Siguen sin atraparlo? —pregunto Harry, por lo cual Draco le dio un codazo. Estaba seguro que su amigo deseaba decirle a la señorita Jones que sabia la verdad sobre que lo vigilaban.
—No—respondió el señor Weasley, con un semblante preocupado—. En el Ministerio han puesto a todos a trabajar en su busca.
—Lo que le vino bien a mi departamento—dijo la señorita Jones—. Ya casi no podíamos dormir, pero hasta ahora no se ha conseguido nada. No se preocupen, lo encontraremos.
En ese momento entró en el bar la esposa del señor Weasley cargada con compras y seguida por los gemelos Fred y George, que iban a empezar quinto curso en Hogwarts, Percy, el pomposo, y Ginny, la menor de los Weasley. Los gemelos señalaron en su dirección y todos fueron directo hacia ellos para saludar. Ginny se había puesto colorada y dijo un tímido «hola», se notaba como la pequeña Weasley estaba enamorada de Harry, aunque este no lo notaba. Percy, sin embargo, tendió la mano de manera solemne, como si él y Harry no se hubieran visto nunca, y le dijo:
—Es un placer verte, Harry.
—Hola, Percy—contestó Harry, tratando de contener la risa.
—Espero que estés bien—dijo Percy ceremoniosamente, estrechándole la mano. Era como ser presentado al alcalde.
—Muy bien, gracias…
—¡Harry! —dijo Fred, quitando a Percy de en medio de un codazo, y haciendo ante él una profunda reverencia—. Es estupendo verte, chico...
—Maravilloso—dijo George, haciendo a un lado a Fred y cogiéndole la mano a Harry—. Sencillamente increíble.
Percy frunció el entrecejo.
—Ya vale—dijo la señora Weasley.
—¡Mamá!—dijo Fred, como si acabara de verla, y también le estrechó la mano—. Esto es fabuloso…
—No han cambiado nada—dijo Draco a Harry.
—Draco, es un gusto—Fred le estrecho la mano ante la mirada sorprendida de los señores Weasley. Draco no se sorprendió, el señor Weasley no le tenia confianza y se dio cuenta cuando lo saludo de la mano, la mirada en sus ojos lo dijo todo; desconfiaba de él por los problemas personales que tenia con su padre. Pero Draco a pesar de eso, mantenía una buena relación con los gemelos Weasley, eran graciosos y amistosos, a quien no podía agradarles—. Estupendo…
—Simplemente fabuloso—dijo George tomando el lugar de su hermano, saludándolo como si no la conociera—. Fabuloso…
—¿Qué ocurre aquí? —pregunto Artemis acercándose con Pansy.
—¡Artemis! —Fred se volvió sorprendido hacia ella y le estrecho la mano—. Es un placer verte de nuevo.
—El placer es mío—dijo Artemis riendo.
—He dicho que ya vale—dijo la señora Weasley, depositando sus compras sobre una silla vacía en la mesa de al lado.
—Madre, este es Harry Potter—presento Percy—, este es Draco Malfoy, Hermione Granger, Artemis Jones y Pansy Parkinson.
Draco vio como la señora Weasley miro a cada uno con cierta desconfianza menos a Harry, seguramente por que era el niño que vivió.
—Hola, Harry, cariño. Es un gusto conocerte—dijo sonriendo la señora Weasley. Hermione, Artemis e incluso Pansy tuvieron unas amables sonrisas por parte de la señora cuando les toco su turno, pero al pasar su vista hacia él, Draco, lo miro con cuidado; como si estuviera esperando que él se lanzara a atacar.— Encantada de conocerte a ti también… Seguro ya les habrán contado los muchachos todas nuestras emocionantes noticias.—Señaló la insignia de plata recién estrenada que brillaba en el pecho de Percy—. El segundo Premio Anual de la familia—dijo rebosante de orgullo.
—Y último—dijo Fred en un susurro.
—De eso no me cabe ninguna duda—dijo la señora Weasley, frunciendo de repente el entrecejo—. Ya me he dado cuenta de que no os han hecho prefectos.
—¿Para qué queremos ser prefectos? —dijo George, a quien la sola idea parecía repugnarle—. Le quitaría a la vida su lado divertido.
La pequeña Weasley se rio.
—¿Quieres hacer el favor de darle a tu hermana mejor ejemplo?—dijo cortante la señora Weasley.
—Ginny tiene otros hermanos para que le den buen ejemplo — respondió Percy con altivez—. Voy a cambiarme para la cena…
Se fue y George dio un suspiro.
—Intentamos encerrarlo en una pirámide—le dijo a Harry y Draco—, pero mi madre nos descubrió.
La señora Weasley saludo cálidamente a la señorita Jones y todos terminaron acordando cenar en la misma mesa. Draco que no quería parecer descortés, acepto y se retiraron todos para verse hasta la cena. Artemis y Pansy indudablemente terminaron en la habitación de Hermione, para tener un tiempo de chicas, como lo había llamado Pansy. Draco se quedo con Harry en su alcoba, discutieron sobre los partidos de quidditch que habían escuchado en la radio y terminaron hablado del mismo tema que les fascinaba, la Saeta de Fuego, había salido hace un par de semanas y desde entonces habían ido a admirar la escoba en la vitrina. Draco ya hasta se sabia de memoria las características de la escoba: tenia un palo de fresno ultra fino y aerodinámico, tratado con una cera durísima, y está numerado a mano con su propia matrícula. Cada una de las ramitas de abedul de la cola ha sido especialmente seleccionada y afilada hasta conseguir la perfección aerodinámica. Todo ello le otorgaba a la Saeta de Fuego un equilibrio insuperable y una precisión milimétrica. Además tiene una aceleración de 0 a 240 km/hora en diez segundos, e incorpora un sistema indestructible de frenado por encantamiento. Era una escoba de ensueño, pero estaba muy lejos de ambos; no se animaron a entrar a preguntar por el precio por distintas razones: a Draco no se la comprarían por que ya tenía una escoba; y Harry por que no tendría el dinero suficiente para comprársela, además como Draco, tenia una buena escoba que nunca le dejaba en mal.
Aquella noche la cena resulto muy agradable a pesar de las miradas que Draco recibió por parte de los padres de los gemelos. Tom, el tabernero, junto tres mesas del comedor; y los siete Weasley, Harry, Draco, Hermione, Artemis y la señorita Jones tomaron los cinco deliciosos platos de la cena.
—¿Cómo iremos a King's Cross mañana, papá? —preguntó Fred en el momento en que probaban un suculento pudín de chocolate.
—El Ministerio pone a nuestra disposición un par de coches —respondió el señor Weasley.
Todos lo miraron.
—¿Por qué? —preguntó Percy con curiosidad.
—Por ti, Percy —dijo George muy serio—. Y pondrán banderitas en el capó, con las iniciales «P. A.» en ellas...
—Por «Presumido del Año» —dijo Fred.
Todos, salvo Percy y la señora Weasley, soltaron una carcajada.
—¿Por qué nos proporciona coches el Ministerio, padre? —preguntó Percy con voz de circunstancias.
—Bueno, nuestro coche esta en casa ya que llegamos directamente aquí de Egipto—dijo el señor Weasley—. Y Rebekah no tiene coche, el ministerio nos hace ese favor; dado que somos funcionarios.
Lo dijo sin darle importancia, pero Draco notó que las orejas se le habían puesto coloradas.
—Menos mal —dijo la señora Weasley con voz firme—. ¿Os dais cuenta de la cantidad de equipaje que lleváis entre unos y otros? Qué buena estampa haríais en el metro muggle... Lo tenéis ya todo listo, ¿verdad?
—Ron no ha metido aún las cosas nuevas en el baúl —dijo Percy con tono de resignación—. Las ha dejado todas encima de mi cama.
—Lo mejor es que vayas a preparar el equipaje, Ron, porque mañana por la mañana no tendremos mucho tiempo —le reprendió la señora Weasley. Ron miró a Percy con cara de pocos amigos. Harry que fue bien recibido por todo los Weasley, pronto estuvo inmerso en una conversación con el señor Weasley, que deseaba saber como le iba y también aprovecho para que le respondiera alguna de sus dudas con cosas de muggles. Artemis y Pansy se entretuvieron platicando con los gemelos acerca de su viaje con Ron comentando de vez en cuando, mientras tanto Draco se entretuvo conversando con Hermione sobre los lugares turísticos que visito en Francia. Después de la cena todos se sentían algo pesados y adormilados. Y llego el momento de Draco de retirarse, se despidió cortésmente de todos; tal vez los señores Weasley desconfiaban de él, pero no perdería los modales que su madre le enseño. De forma mas afectuosa se despidió de sus amigos: Harry, Artemis, Hermione y Pansy; incluyendo de los gemelos Weasley.
