Capitulo: Dementores, Posos de té y Garras de hipogrifo
—Tengo que hablaros a solas—dijo Harry entre dientes a Hermione y a Artemis en cuanto el tren cogió velocidad y se alejaban de la estación.
—Supongo que los veré después —dijo Pansy que parecía ofendida.
—Pansy..
—No, esta bien—dijo Pansy ajustándose las gafas de sol—. No confía en mi, no importa, estoy bien. Sabe el secreto que tenemos y no confía en mi.
—No es eso, Pansy—dijo Artemis tratando de arreglar las cosas.
Harry tenia que admitir que Pansy tenia un punto, su familia había confiado lo suficiente en el para desvelarle el mejor secreto guardado por años, además que Pansy a pesar de su carácter era una buena amiga y por una razón, Artemis y ella era casi como hermanas. Sino confiaba en una era como no confiar en ambas.
—Esta bien, Pansy—dijo Harry—. De todas maneras trataras de sacarle la información a Artemis.
Pansy sonrió dándole un sonoro beso en la mejilla. Se despidieron de Ron y su hermana, quienes junto a su familia los acompañaron desde el caldero chorreante, y fueron por el pasillo en busca de un compartimento vacío, pero todos estaban llenos salvo uno que se encontraba justo al final.
En éste sólo había un ocupante: un hombre que estaba sentado al lado de la ventana y profundamente dormido. Harry y las chicas se detuvieron ante la puerta. El expreso de Hogwarts estaba reservado para estudiantes y nunca habían visto a un adulto en él, salvo la bruja que llevaba el carrito de la comida.
El extraño llevaba una túnica de mago muy raída y remendada. Parecía enfermo y exhausto. Aunque joven, su pelo castaño claro estaba veteado de gris.
—¿Y este quien este? —susurro Pansy entrando al compartimiento. Tomaron asiento lo mas alejados de la ventana—. Nunca he visto a alguien que no sea alumno tomar el expreso.
—Es el profesor R. J. Lupin—susurró Hermione de inmediato.
—¿Cómo lo sabes?
—Lo pone en su maleta—respondió Hermione señalando el portaequipajes que había encima del hombre dormido, donde había una maleta pequeña y vieja atada con una gran cantidad de nudos. El nombre, «Profesor R. J. Lupin», aparecía en una de las esquinas, en letras medio desprendidas.
—¿Acaso el nuevo profesor de Defensas Contra las Artes Oscuras? —dijo Pansy observándolo—. No tiene pinta de profesor, ni siquiera parece capaz de sobrevivir a un maleficio como Merlín manda. Presentación cero: túnicas viejas y remendadas; aunque se puede decir que a comparación de las túnicas de Lockhart o el turbante de Quirrell, tiene la ventaja.
—No deberías criticarlo por su vestimenta, puede que sea un profesor decente—le dijo Artemis.
—Que culpa tengo yo que los candidatos para el puesto escaseen cada vez hasta el punto…—dijo Pansy observando al profesor Lupin—. Me pregunto si el profesor Lupin esta en un programa de ayuda a profesores sin empleo.
Artemis negó con la cabeza pero estaba sonriendo.
—Yo solo espero que sea mejor que lo anteriores—dijo y se giro a Harry—. Muy bien Harry, que era eso de lo que querías hablar.
Harry trato de explicar todo del desde principio por que Hermione ni Pansy sabían de la conversación que tuvo con el padre de Draco, para después continuar con la que escucho anoche y finalizar con las advertencias de la señorita Jones y el señor Weasley antes de partir.
—¿Sirius Black escapó para ir detrás de ti? ¡Ah, Harry, tendrás que tener muchísimo cuidado! No vayas en busca de problemas…
—Yo no busco problemas —respondió Harry, molesto—. Los problemas normalmente me encuentran a mí.
—Y mas con la gran suerte que tienes…—susurro Artemis un tanto preocupada.
—¡Y tenia que suceder durante tu treceavo cumpleaños!—exclamó Pansy antes de temblar—. ¡Durante su treceavo año!
Hermione observo a Pansy sin entender a que se refería.
—No entiendo—interrumpió Artemis a los balbuceos de Pansy—. ¿Por qué pensaron que Harry iría tras Black?
—Ni idea—dijo Pansy rápidamente evitando la mirada de Harry—. Mejor no intentar averiguarlo, no vaya a ser que Harry termine tras Black. Y eso es seria la peor opción que podría tomar. ¡Es un asesino! Y este no es un buen año para ponerse en peligro… ¡Trece es de mala suerte!
Se tomaban la noticia peor de lo que Harry había esperado. Tanto Pansy como Hermione parecían tenerle a Black más miedo que él; y Pansy ya estaba divagando sobre las terribles cosas que ocurrirían hasta que sus treceavo cumpleaños acabara. En cuanto a Artemis, parecía pensativa aunque nerviosa, el día que le comento sobre ello en el Caldero Chorreante parecía alterada pero ahora, le daba la sensación de que ocultaba algo, había reconocido la señales por que ya lo había hecho antes.
—¿Tienes algo que decir, Artemis?
—Escuchasteis a mi tía y a los señores Weasley hablando sobre los dementores que custodiarían Hogwarts—dijo con cuidado—. Pero, Sirius Black escapo de sus garras con éxito. Nadie sabe como escapo de Azkaban pero lo logro, ¿quien asegura que no burlara a los dementores otra vez?
—Que pesimista, Rayza—dijo Pansy con voz afligida—. Harry probablemente esta muriéndose de miedo, por que tiene a uno de los peores asesinos de la historia tras de él, durante su treceavo cumpleaños y tu no le estas ayudando.
—Pero lo atraparán, ¿a que sí? —dijo Hermione convencida—. Bueno, están buscándolo también todos los muggles...
Harry negó con la cabeza recostándose en el asiento, intento que el terror de sus compañeras no le afectara. En algún punto de la conversación las muchachas dejaron el tema de Black atrás y comentaban ahora sobre Hogsmeade, otro tema del que Harry no quería oír después de no poder conseguir la autorización.
—¿Sabes más cosas de Hogsmeade? —dijo Hermione con entusiasmo—. He leído que es la única población enteramente no muggle de Gran Bretaña...
—¿De que año es ese libro? —se burlo Pansy con una sonrisa de comercial en su rostro—. De todas formas a quien le interesa eso, estoy mas interesada en las tiendas y comercios que hay. Me comentaron sobre tiendas de ropa, tal vez no tan buena ni a la moda como las del callejón Diagon…
—Pero Hogsmeade es un lugar muy interesante —presionó Hermione con impaciencia—. En Lugares históricos de la brujería se dice que la taberna fue el centro en que se gestó la revuelta de los duendes de 1612. Y la Casa de los Gritos se considera el edificio más embrujado de Gran Bretaña...
—Y nadie en hogwarts mas que tu esta interesada en eso hechos, todo el mundo va a divertirse no a estudiar—dijo Pansy—. Como decía, además de las tiendas de ropa, tienen la mejor y mas abastecida tienda de golosinas. ¡Honeydukes! Con todo tipo de dulce que te puedas imaginar—continuo Pansy, que no oía lo que decía Hermione.
Hermione se volvió hacia Harry.
—¿No será estupendo salir del colegio para explorar Hogsmeade?
—Supongo que sí—respondió Harry apesadumbrado—. Ya me lo contaréis cuando lo hayáis descubierto.
—¿Pero que dices?—dijo Artemis—¿tu no iras?
—Yo no puedo ir. Los Dursley no firmaron la autorización…y Fudge tampoco quiso cuando se lo pedí.
—Eso es muy triste—dijo Pansy que parecía realmente sentirlo—. Por que no convences al profesor Snape de darte la autorización o conseguirla, ¿no consiguió que fueras con los Malfoys en las vacaciones anteriores? Si se lo pides como se debe, te ayudara.
—¿Cómo se debe? —replico Harry. Quien no tenia esperanzas en obtener la autorización, tal vez el profesor Snape fuera de hogwarts era mas amigable y relajado, pero en hogwarts era casi tan estricto como McGonagall.
—Puedes decirle una buena mentira pero…—dijo Pansy—. Haz que tenga simpatía por ti, que sienta tu tristeza. Ese es el secreto: da lastima.
—¿Acaso lo has hecho tu antes? —dijo Hermione con el ceño fruncido, que no parecía de acuerdo con engañar a un profesor aún cuando ella lo había hecho antes.
—Muchas veces—dijo Pansy sonriendo—. Pero no te interesa.
—¿Y funciona?
—Por supuesto—respondió Pansy dándole un giño y le susurro para que Hermione no escuchara—. Conseguí salvarme de castigos, tareas y irme con Millicent en vacaciones de Navidad.
—Sino los gemelos tendrán una solución un poco menos legal—dijo Artemis—. Seguro conocen algún pasaje secreto.
—¡Artemisa!—le interrumpió Hermione—. Creo que Harry no debería andar saliendo del colegio a escondidas estando suelto Black…
—Ya, supongo que eso es lo que dirá Snape cuando le pida el permiso— observó Harry.
—No tiene sentido que Black aparezca entre una multitud de magos para atacar a Harry—dijo Pansy—. Y si estamos con el…
—No digas tonterías, Pansy— interrumpió Hermione—. Black ha matado a un montón de gente en mitad de una calle concurrida. ¿Crees realmente que va a dejar de atacar a Harry porque estemos con él? —Mientras hablaba, Hermione enredaba las manos en la correa de la cesta en que iba Crookshanks.
—Ni siquiera tiene varita—dijo Artemis.
Crookshanks saltó con ligereza de la cesta, se desperezó, bostezó y se subió de un brinco a las rodillas de Pansy, quien lo dejo en el suelo.
—¿Y tu como sabes eso..?
Artemis estaba a punto de responder cuando el profesor Lupin se movió. Lo miraron con aprensión, pero él se limitó a volver la cabeza hacia el otro lado, con la boca todavía ligeramente abierta, y siguió durmiendo.
—He estado pensado sobre si se hace el dormido—murmuro Pansy—o tiene el sueño realmente pesado.
Mientras Artemis sacaba a su propia mascota, Pansy le susurro:
—No le hagas caso a Granger, intenta con el profesor Snape—Pansy asintiendo para ella misma—. El siempre encuentra una forma de ayudar a sus alumnos.
Y compartió una mirada cómplice con Artemis. A pesar de que no tenia muchas esperanzas, Harry se sintió un poco mas animado con esas palabras.
El expreso de Hogwarts seguía hacia el norte, sin detenerse. Y el paisaje que se veía por las ventanas se fue volviendo más agreste y oscuro mientras aumentaban las nubes. A través de la puerta del compartimento se veía pasar gente hacia uno y otro lado. Crookshanks se había instalado en un asiento vacío, con su cara aplastada vuelta hacia Hermione, quien le acariciaba el pelaje en aquel momento.
A la una en punto llegó la bruja regordeta que llevaba el carrito de la comida.
—¿Crees que deberíamos despertarlo? —preguntó Pansy señalando al profesor Lupin con la cabeza—. Me parece que algo de comer, no le caería mal.
Hermione se aproximó cautelosamente al profesor Lupin.
—Eeh... ¿profesor? —dijo—. Disculpe... ¿profesor?
El dormido no se inmutó.
—No te preocupes, querida —dijo la bruja, entregándole a Harry unos pasteles con forma de caldero—. Si se despierta con hambre, estaré en la parte delantera, con el maquinista.
—Está dormido, ¿verdad? —dijo Artemis en voz baja, cuando la bruja cerró la puerta del compartimento—. Quiero decir que... no está muerto, claro.
—No, no: respira —susurró Hermione, cogiendo el pastel en forma de caldero que le alargaba Harry.
Tal vez no fuera un ameno compañero de viaje, pero la presencia del profesor Lupin en el compartimento tenía su lado bueno. A media tarde, cuando empezó a llover y la lluvia emborronaba las colinas, volvieron a oír a alguien por el pasillo, y las tres personas a las que tenían menos aprecio aparecieron en la puerta: Zacharias Smith y sus dos amigotes, Peter Crabbe y Rafael Johnson.
—Miren quienes mas están aquí—dijo Smith enfocando su mirada en Harry—. El chalado, la babosa, la come libros pero, ¿dónde esta el hurón?
Crabbe y Johnson rieron como tarados. Pansy se levanto de su asiento y dio su mejor sonrisa a Smith.
—Te olvidasteis de mi—dijo—. La soplona.
—¿Y soplona por que?
—Por que te acusare con el querido profesor Lupin que esta ahí—Pansy sonrió con malicia, en aquel momento el profesor Lupin roncó—. Mejor vete y ahórrate otra vergüenza, o es que no tienes dignidad…
»Rechazado por Margaret Ferraz de una forma épica, si mal no recuerdo te llamo acosador y te sacaron de la fiesta con los pantalones en el suelo, dejando ver tu miseria. Luego esta, el accidente en el callejón Diagon cuando orinasteis tus pantalones.
—Yo no me orine—Smith tenia la cara roja de furia y vergüenza—. Tu derramasteis la bebida sobre mi.
—Yo no haría tal cosa—dijo Pansy fingiendo estar ofendida—. Soy una santa, y por eso grite en ayuda cuando sucedió tu accidente esa vez y cuando robasteis esas pantis.
»No creo que le agrade a tu querido papi saber que dejasteis en mal el nombre de tu familia otra vez. Así que, por que no te vas con todo y tus lameculos a otro lado.
Harry no pudo reprimir unas risitas.
—Eres malvada, Pansy—dijo Artemis cuando Smith y su amigotes se fueron sin poder hacer nada, no eran tan tontos como para iniciar una pelea delante de un profesor.
—Lo se—dijo la aludida con una sonrisa angelical—. Yo hago llorar hasta las mandrágoras.
—Bueno, no puedo aprobar lo que hicisteis…
—Ni lo esperaba, querida.
—Pero creo que se lo merecía—termino Hermione ignorando su comentario anterior.
La lluvia arreciaba a medida que el tren avanzaba hacia el norte; las ventanillas eran ahora de un gris brillante que se oscurecía poco a poco, hasta que encendieron las luces que había a lo largo del pasillo y en el techo de los compartimentos. El tren traqueteaba, la lluvia golpeaba contra las ventanas, el viento rugía, pero el profesor Lupin seguía durmiendo.
—Debemos de estar cerca—dijo Pansy, inclinándose hacia delante para mirar a través de la ventanilla, ahora completamente negra.
Acababa de decirlo cuando el tren empezó a reducir la velocidad.
—Eso fue suerte o puedo ver el futuro..
Le guiño un ojo a Artemis, pero esta no lo vio, se levanto de su asiendo diciendo:
—Imposible.
Y se asomo a la ventana.
—No podemos haber llegado aún—dijo Hermione mirando el reloj.
— Entonces, ¿por qué nos detenemos?
—¿Algún problema con el tren? —comento Pansy.
El tren iba cada vez más despacio. A medida que el ruido de los pistones se amortiguaba, el viento y la lluvia sonaban con más fuerza contra los cristales. Harry, que era el que estaba más cerca de la puerta, se levantó para mirar por el pasillo. Por todo el vagón se asomaban cabezas curiosas. El tren se paró con una sacudida, y distintos golpes testimoniaron que algunos baúles se habían caído de los portaequipajes. A continuación, sin previo aviso, se apagaron todas las luces y quedaron sumidos en una oscuridad total.
—¿Qué ocurre? —dijo detrás de Harry la voz de Artemis.
—¡Ay!—gritó Hermione—. ¡Me has pisado, Artemis!
—Disculpadme, Hermione.
Harry volvió a tientas a su asiento.
—Me pregunto que habrá pasado.
—¿Habremos tenido una avería?
—No sé…
Se oyó el sonido que produce la mano frotando un cristal mojado, y vio la silueta negra y borrosa de Pansy, que limpiaba el cristal y miraba fuera.
—Algo pasa ahí fuera—dijo—. Creo que está subiendo gente…
La puerta del compartimento se abrió de repente y alguien cayó sobre las piernas de Harry, haciéndole daño.
—¡Perdona! ¿Tienes alguna idea de lo que pasa? ¡Ay! Lo siento…
—Hola, Neville—dijo Harry, tanteando en la oscuridad, y tirando hacia arriba de la capa de Neville.
—Así que estaban aquí—la voz de Draco se escucho detrás de Neville—. ¿Saben que ha sucedido? Cuidado Neville, casi me tiras….
—¡No tengo ni idea! Siéntense…
Después se oyó un bufido y un chillido de dolor. Neville había ido a sentarse sobre Crookshanks.
—Voy a preguntarle al maquinista qué sucede.
—No creo que sea buena idea—dijo Artemis había algo raro en su voz.
—Tiene razón, mejor esperemos a ver que sucede—dijo Draco—. Seguramente ya están solucionando esto.
—Pero…
—Olvídalo.
—Quiero saber..
—Déjalo, Hermione.
—¡Silencio!—dijo de repente una voz ronca.
Por fin se había despertado el profesor Lupin. Harry oyó que algo se movía en el rincón que él ocupaba. Nadie dijo nada.
Se oyó un chisporroteo y una luz parpadeante iluminó el compartimento. El profesor Lupin parecía tener en la mano un puñado de llamas que le iluminaban la cansada cara gris. Pero sus ojos se mostraban cautelosos.
—No os mováis —dijo con la misma voz ronca, y se puso de pie, despacio, con el puñado de llamas enfrente de él. La puerta se abrió lentamente antes de que Lupin pudiera alcanzarla.
De pie, en el umbral, iluminado por las llamas que tenía Lupin en la mano, había una figura cubierta con capa y que llegaba hasta el techo. Tenía la cara completamente oculta por una capucha. Miró hacia abajo y lo que vio le hizo contraer el estómago. De la capa surgía una mano gris, viscosa y con pústulas. Como algo que estuviera muerto y se hubiera corrompido bajo el agua…
Era una visión horrorosa. Estaba oculto bajo una capa, se giro hacia ellos y la mano se metió entre los pliegues de la tela negra. Y entonces aspiró larga, lenta, ruidosamente, como si quisiera succionarlos.
Un frío intenso se extendió por encima de todos. Harry fue consciente del aire que retenía en el pecho. El frío penetró más allá de su piel, le penetró en el pecho, en el corazón...
Los ojos de Harry se quedaron en blanco. No podía ver nada. Se ahogaba de frío. Oyó correr agua. Algo lo arrastraba hacia abajo y el rugido del agua se hacía más fuerte...
Y la voz de una mujer se escucho a lo lejos, gritando suplicas. Quiera ayudarla pero no se podía mover, no podía hablar, entonces…
—¡Harry! ¡Harry! ¿Estás bien?
—¿Qué?
—¿Te encuentras bien? —pregunto Hermione con preocupación.
Harry abrió los ojos. Sobre él había algunas luces y el suelo temblaba. Dándose cuenta que la luz había vuelto y el expreso se había puesto en marcha de nuevo. Por lo visto había resbalado del asiento y caído al suelo. Hermione, Draco y Neville estaban arrodillados a su lado, y por encima de ellos vio al profesor Lupin, mirándolo. Harry sentía ganas de vomitar. Cuando levanto la mano para acomodarse las gafas, descubrió su rostro cubierto por un sudor frío.
Con ayuda de Draco y Neville logro ponerse de pie, Harry intento obtener respuestas sobre el ser que apareció en la puerta y sobre la voz que gritaba pero nadie parecía haberla escuchado mas que el; el profesor Lupin les dio un pedazo de chocolate mientras explicaba que aquel ser era un dementor antes de retirar a hablar con el maquinista. Mas preguntas sobre su estado provinieron de las bocas de Hermione y Neville, mientras Draco le explico todo lo que sucedió y como de repente se cayo al suelo y empezó a agitarse, como el profesor Lupin se coloco frente a todos, con varita en la mano para hacerle frente al dementor diciendo: «Ninguno de nosotros esconde a Sirius Black bajo la capa. Vete.» Pero cuando el dementor no se movió, murmuro algo que hizo que de su varita saliera una cosa plateada que hizo retroceder al dementor.
—Ha sido horrible—dijo Neville, en voz más alta de lo normal—. ¿Notasteis el frío cuando entró?
En aquel momento Harry se dio cuenta que Artemis estaba sumamente callada, al girar vio a Pansy junto a ella reconfortándola, murmurándole cosas al oído. Su rostro estaba pálido y sudoroso, los ojos abiertos en par en par llenos de miedo y sufrimiento; observo a Draco encorvarse frente a ella.
—¿Estas bien? —pregunto preocupado—. Por que no comes el chocolate.
—Vamos, cómelo—insistió Pansy—. Tu adoras el chocolate.
Artemis asintió y mordió la tableta de chocolate, algo en sus ojos le dijo a Harry que estaba un poco mejor. Como si el chocolate le hubiera brindado la calidez que había perdido, tal vez el chocolate la había animado después de todo. Ella amaba el chocolate.
—Pero ¿no os habéis caído del asiento?—preguntó Harry, extrañado. Regresando al mismo punto que lo molestaba desde que ocurrió todo.
—No—respondió Draco como si eso fuera anormal.
Artemis fijo sus ojos en Harry. Estaba débil y tembloroso, como si se estuviera recuperando de una mala gripe. Y algo lo estaba molestando. No parecía tan seguro de si mismo o valiente, parecía alguien mas normal. El niño que vivió ya no parecía un héroe sino un muchacho con problemas normales. Era algo nuevo. Artemis siempre había visto a Harry de una forma diferente, temerario y valiente, un poco torpe pero un héroe. Ahora, por una cosa sin importancia, era alguien diferente.
Fue como verse a si misma. Aquel sentimiento lo había experimentado anteriormente, uno se sentía tan vulnerable y algo desorientado; dándole vueltas una y otra vez a lo mismo, tratando de buscar la respuesta pero sin tener éxito. Manteniendo siempre en tu mente, aquello que te preocupaba sin poder sacártelo de la cabeza y sin entender el ¿por que solo te ocurrían esas cosas a ti? Se dio cuenta de que ella no era tan vulnerable como había pensado todo este tiempo, de alguna forma al ver a Harry vulnerable se daba cuenta de que todos tenían malos momentos. No por que fuera débiles y fáciles de controlar, sino, por que eran solo personas y todos tenían un punto débil o un momento de debilidad. No debía seguir sufriendo tanto por lo de Ryddle, él solo había aprovechado de ella cuando estuvo viviendo grandes cambios y se encontraba frágil.
El profesor Lupin regresó. Se detuvo al entrar; miró alrededor aunque su mirada se detuvo en ella un poco mas, y dijo con una breve sonrisa:
—No he envenenado el chocolate, ¿sabéis? Llegaremos a Hogwarts en diez minutos—dijo el profesor Lupin—. ¿Te encuentras bien, Harry?
—Sí—dijo, un poco confuso.
No hablaron durante el resto del viaje; aunque se hicieron señas para ir al baño a colocarse los uniformes y túnicas. El profesor Snape era muy estricto en cuanto a la vestimenta, especialmente durante el primer día de clases. Durante el ultimo tramo de viaje, Artemis se percato de la forma en que el profesor la miraba, la había observado casi tanto como a Harry, de formas similares y distintas a la vez. Finalmente se detuvo el tren en la estación de Hogsmeade, y se formó mucho barullo para salir del tren: las lechuzas ululaban, los gatos maullaban y el sapo de Neville croaba debajo de su sombrero. En el pequeño andén hacía un frío que pelaba; la lluvia era una ducha de hielo. Saludaron con la mano a Hagrid cuando este les vio, no pudieron detenerse a hablar por la multitud que empujaba a lo largó del andén. Subieron a las diligencias que eran tiradas por los Thestrals, a quienes solo aquellos que habían visto la muerte podían verlos y la razón por la que Hermione ni nadie mas podía verlos; aunque estaba segura que Neville podía verlos pero no comentaba nada después de la negación de Hermione el curso anterior. Fijo su vista en la ventana, observando el paisaje e intentando distraerse de lo ocurrido en el tren. Podía sentir la mirada de Pansy a su lado, sabia que estaba preocupada por ella por lo sucedido en el tren.
Cuando descendieron de la diligencia, continuaron en el mismo silencio desde que salieron del vagón, subieron hasta el castillo para unirse a las multitud apiñada en la parte superior; a través de las gigantescas puertas de roble, y en el interior del vestíbulo, que estaba iluminado con antorchas y acogía una magnífica escalera de mármol que conducía a los pisos superiores. Fue ahí donde Harry y Hermione fueron llamados por sus respectivos jefes de casa, el profesor Snape y la McGonagall; no los volvieron a ver hasta el final de la selección del sombrero, quien había sido dirigida por el profesor Flitwick. Harry inmediatamente tomo asiento junto a ellos, evitando las miradas del resto de los alumnos.
—¿De qué iba la cosa?—Draco le preguntó a Harry.
Empezó a explicar que el profesor Snape se entero de su desmayo en el tren pero apenas logro responder por que el director se levanto de su asiento haciendo que todos guardaran silencio.
Les dio la bienvenida a hogwarts como todos los años, antes de pasarse a cosas mas serias, les explico que los Dementores estarían custodiando las entradas de los terrenos del colegio y advirtiéndoles que ningún truco o disfraz podría engañarlos, ni siquiera las capas invisibles por lo que nadie tenia permitido salir del colegio sin permiso. Esperando que nadie le diera motivos a aquellos seres para que os hagan daño y confiando en que los prefectos y los premios anuales se asegurarse de que ningún alumno intentara burlarse de los dementores. Hubo una pausa donde el director les dirigió una mirada seria antes de continuar con noticias mas alegras. Presento primero al nuevo profesor Lupin para el puesto de Defensas Contra las Artes Oscuras, que fue recibió con una carencia de entusiasmo, excepto por aquellos que estuvieron en el tren con él. El profesor Lupin resaltaba entre el resto de los profesores, que llevaban sus mejores túnicas.
Luego continuo con el nombramiento del siguiente profesor, que nadie había logrado identificar, aparte del profesor Lupin no había ningún nuevo rostro en la mesa de profesores. El director explico que el profesor Kettleburn se retiraba para poder disfrutar de los miembros que aún tenia, y por lo tanto la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas seria impartida por Hagrid.
Ante aquello, Artemis se único al caluroso aplauso que encabezaba Harry, aunque era la mesa de Gryffindor quien aplaudía mas. Hagrid, que estaba rojo como un tomate y se miraba las enormes manos, con la amplia sonrisa oculta por la barba negra.
—¡Pero que obvió!—dijo Draco, golpeando la mesa con su copa—. Nadie mas podía mandarnos a comprar un libro que muerde.
Cuando el banquete termino, no pudieron ir a felicitar a Hagrid por mucho que quisieran, tuvieron que seguir al resto de sus compañeros en formación hacia la sala común; tenían que llegar antes que los alumnos nuevos para evitar el alboroto que se ocasionaba en esta y además para que los nuevos pudieran procesar la información, que los prefectos le brindarían, con tranquilidad. Pero desde lejos le sonrieron y mostraron su apoyo a Hagrid por su nuevo puesto.
Aquella mañana en la mesa de Slytherin, Draco había estado escuchando y contando chistes con el restos de sus compañeros de cuarto teniendo un poco de diversión antes de que las clases continuaran; los que estaban alrededor se reían mientras tomaban el desayuno. Incluso el callado y aislado Theodore estaba participando en aquello, dejando a un lado el libro que estaba leyendo. Todos se la estaban pasando bien hasta que Zacharias Smith apareció en el comedor hablando con voz alta sobre lo ocurrido con Harry en el tren.
—No le hagas caso—le dijo Draco, que estaba sentada frente a él.— Smith solo quiere fastidiarte por que es un envidioso, por que no es ni la mitad de genial que nosotros.
—Además el es uno de los ridículos miembros del club de jardineros, ¡oh espera!—dijo Theodore fingiendo sorpresa—. Tu también lo eres, Draco.
—¡No soy parte de ese club!
—Me refería a lo ridículo.
Aquello trajo las risas de sus compañeros.
—Que gracioso, Nott.
—¡Eh, Potter!—gritó John Carter, una chico de Hufflepuff con unos grandes ojos que le daban el aspecto de un sapo—¡Tu has probado que lo que dicen de los Slytherins es cierto! Son unos cobardes que hasta se desmayan del miedo.
—No dejes que te amarguen el día—le dijo Blaise—. Son unos tarados.
—¡Hey, miedosos! —grito Millicent—. ¿No eran ustedes los cobardes que entraron corriendo al compartimiento lloriqueando de miedo?
—Sin duda eran ustedes—hablo Daphne—. No podría olvidar su estúpida cara de terror cuando los dementores aparecieron.
Smith junto a sus amigos miraron mal en su dirección pero no dijeron nada, en cambio, se sentaron en su mesa rápidamente comentando algo a sus compañeros de Hufflepuff.
— Debieron verlos ayer cuando aparecieron los dementores cerca del compartimiento donde estábamos—comento Daphne Greengrass, conteniendo la risa—. Entraron casi tropezando con la puerta. ¡Estaban muertos de miedo!
—Esos soquetes—dijo Millicent recordando—. Casi nos estaban abrazando para usarnos de escudo.
Daphne hizo una mueca ante la idea de ser tocada por esos tarados.
—Escuche que casi se mojan encima—dijo Tracey sonriendo—. Hubiera sido cómico sino fuera por los dementores.
—Tienes razón. Esas cosas…son horribles— reconoció Draco.
—Se le hiela a uno la sangre, ¿verdad?—les dijo Vincent Crabbe.
—Pero no os desmayasteis, ¿a que no?—dijo Harry en voz baja.
—No le des más vueltas, Harry —dijo Theodore tratando que su voz sonara tranquilizadora—. No es para tanto, esas cosas tienen un efecto diferente en todos, pero con un solo objetivo: Quitarte la felicidad.
—Eso y darte un susto de muerte—dijo Blaise—. Sigo sin creer que esas cosas estarán vagando por la escuela…
Cuando el profesor Snape paso por la mesa entregando los horarios, todos inmediatamente revisaron y compararon los horarios; muchos sonrieron cuando vieron con quienes compartirían clases. Hagrid apareció entonces y los saludo, comentando que estarían en su primera clase y que se levanto temprano para prepararlo todo antes de retirarse con una gran sonrisa a la mesa de profesores con un turón muerto balanceándose entre su mano.
Al acabar el desayuno, Draco y Harry junto a Daphne, Blaise y Theodore se dirigieron a la primera clase de Aritmancia mientras el resto menos Tracey, Crabbe y Goyle se dirigieron Runas Antiguas. Aunque todos terminarían reuniéndose en la siguiente clase que era Adivinación, cuya aula se encontraba en el ultimo piso de la torre norte.
Las clases de Aritmancia se impartían en el aula 7A. Aquella clase fue igual de difícil para Draco y Harry, tantos números con tantas propiedades mágicas que estudiarían a lo largo del año. La profesora Séptima Vector, era muy estricta, incluso mas que McGonagall; al terminar la clase, Harry suspiro de alivio, a pesar de las tareas tan complicada que les dejo.
—Un poco difícil, pero con el tiempo se hará mas fácil…—dijo Draco que se quedo quieto al salir del aula—. ¿A dónde se fue Hermione?... Al parecer tenia prisa; ¿La vistes llegar?
—No—respondió Harry.
El aula de adivinación quedaba en lo alto de la torre norte, y si no fuera por Theodore nunca hubieran encontrado el aula solos; cansados llegaron a un rellano diminuto que estaba lleno de los alumnos de Ravenclaw; sin ambargo Tracey estaba ahi junto a Crabbe y Goyle, que acercaron a ellos rapidamente. El resto de sus compañeras de Slytherin no tardaron en unírseles, agotadas e intrigadas por el alboroto en el rellano, donde no había puerta alguna. Artemis se detuvo frente a ellos observando el techo, fue en ese entonces que Draco observo que había una trampilla circular con una placa de bronce y codeo a su amigo para señalarselo.
—Sybill Trelawney, profesora de Adivinación—leyó Harry— . ¿Cómo vamos a subir ahí?
Como en respuesta a su pregunta, la trampilla se abrió de repente y una escalera plateada descendió hasta los pies de Harry. Todos se quedaron en silencio.
—Adelante, compañero—dijo Draco haciendo un ademán para que fuera primero—. Voy detrás de ti.
Sin embargo, Harry observo a Artemis que los contemplaba a ambos con una sonrisa en los labios.
—Las damas primero.
Artemis les regalo una sonrisa antes de subir. Fueron a dar al aula de aspecto más extraño que habían visto en su vida. No se parecía en nada a un aula; era algo a medio camino entre un ático y un viejo salón de té. Al menos veinte mesas circulares, redondas y pequeñas, se apretujaban dentro del aula, todas rodeadas de sillones tapizados con tela de colores y de cojines pequeños y redondos. Todo estaba iluminado con una luz tenue y roja. Había cortinas en todas las ventanas y las numerosas lámparas estaban tapadas con pañoletas rojas. Hacía un calor agobiante, y el fuego que ardía en la chimenea, bajo una repisa abarrotada de cosas, calentaba una tetera grande de cobre y emanaba una especie de perfume denso. Las estanterías de las paredes circulares estaban llenas de plumas polvorientas, cabos de vela, muchas barajas viejas, infinitas bolas de cristal y una gran cantidad de tazas de té.
—¿Dónde está la profesora?—preguntó Blaise.
De repente salió de las sombras una voz suave:
—Bienvenidos —dijo—. Es un placer veros por fin en el mundo físico.
—Creo que alguien no conoce nada sobre moda—murmuro Pansy con su voz de critica y regalándole una sonrisa al pasar por su lado.
Draco no supo como reaccionar cuando la profesora Trelawney se acercó a la chimenea y vieron que era sumamente delgada. Sus grandes gafas aumentaban varias veces el tamaño de sus ojos y llevaba puesto un chal de gasa con lentejuelas. De su cuello largo y delgado colgaban innumerables collares de cuentas, y tenía las manos llenas de anillos y los brazos de pulseras.
—Sentaos, niños míos, sentaos—dijo, y todos se encaramaron torpemente a los sillones o se hundieron en los cojines—. Bienvenidos a la clase de Adivinación—dijo la profesora Trelawney, que se había sentado en un sillón de orejas, delante del fuego—. Soy la profesora Trelawney. Seguramente es la primera vez que me veis. Noto que descender muy a menudo al bullicio del colegio principal nubla mi ojo interior.
Todos intercambiaron una mirada ante aquella extraña declaración.
—¿Ojo interior? —susurro Padma en la mesa de al lado.
Con movimientos delicados, la profesora Trelawney se puso bien el chal y continuó hablando:
—Así que habéis decidido estudiar Adivinación, la más difícil de todas las artes mágicas. Debo advertiros desde el principio de que si no poseéis la Vista, no podré enseñaros prácticamente nada. Los libros tampoco os ayudarán mucho en este terreno…— Al oír esas palabras, Draco recordó a Hermione, y como reaccionaria cuando se enterara de aquello; tuvo que reprimir una risa—. Hay numerosos magos y brujas que, aún teniendo una gran habilidad en lo que se refiere a transformaciones, olores y desapariciones súbitas, son incapaces de penetrar en los velados misterios del futuro—continuó la profesora Trelawney, recorriendo las caras nerviosas con sus ojos enormes y brillantes—. Es un don reservado a unos pocos. Por cierto, muchacha—dijo de repente a Artemis, quien parpadeo irguiéndose en su asiento— el gran misterio lo descubrías.
—¿Disculpe?
—Y con ello otras verdades saldrán a la luz—dijo la profesora Trelawney. El fuego de la chimenea se reflejaba en sus largos pendientes de color esmeralda. El rostro de Artemis se pudo ver confusión total cuando se giro hacia ellos. La profesora Trelawney prosiguió plácidamente—. Durante este curso estudiaremos los métodos básicos de adivinación. Dedicaremos el primer trimestre a la lectura de las hojas de té. El segundo nos ocuparemos en quiromancia. Y durante San Valentín uno de vosotros terminara gravemente en la enfermería… ¿De nuevo aquí, querida mía?—le soltó de pronto a Padma que se sobresalto algo asustada por creer por un momento que la profesora le hablo, por ser ella la pobre alma que terminaría en la enfermería, sin embargo no fue esa la razón, pero todos comprendieron que había ocurrido; la profesora Trelawney no debía tener idea que Padma tenia una gemela en Gryffindor.
—Durante el último trimestre—continuó la profesora Trelawney—, pasaremos a la bola de cristal si la interpretación de las llamas nos deja tiempo. Por desgracia, un desagradable brote de gripe interrumpirá las clases en febrero. Yo misma perderé la voz. Y al igual que mi anterior clase, uno de vosotros nos abandonara para siempre pero antes de Navidad —Un silencio muy tenso siguió a este comentario, pero la profesora Trelawney no pareció notarlo.—Querido—Draco se sobresalto al notar que era a él a quien se dirigía—. ¿Me podrías pasar la tetera grande de plata?
Asintió alivio y se levantó, cogió una enorme tetera de la estantería y la puso sobre la mesa, ante la profesora Trelawney.
—A propósito, querido, no hay que hacer tanto escandalo por algo tan simple de curar…—Todos dirigieron la vista a Draco, quien estaba igual de confundido que sus compañeros. ¿A que rayos se refería esa loca?—. Ahora quiero que os pongáis por parejas. Coged una taza de la estantería, venid a mí y os la llenaré. Luego sentaos y bebed hasta que sólo queden los posos. Removed entonces los posos agitando la taza tres veces con la mano izquierda y poned luego la taza boca abajo en el plato. Esperad a que haya caído la última gota de té y pasad la taza a vuestro compañero, para que la lea. Interpretaréis los dibujos dejados por los posos utilizando las página de Disipar las nieblas del futuro. Yo pasaré a ayudaros y a daros instrucciones…
Todos se levantaron por una taza y cuando estas estuvieron llenas de té, todos volvieron a tomar asiento.
—¿Qué rayos me habrá querido decir? —dijo Draco a Harry mientras se intercambiaron las tazas.
—Si tu no tienes idea, menos yo—dijo Harry abriendo su libro—¿Qué ves en mi futuro?
—Veo una masa marrón empapada.
Ambos rieron, pero no duro mucho. El humo fuertemente perfumado de la habitación irrita la nariz. Observaron como la profesora se detuvo en la mesa de Artemis que estaba junto a un chico de Ravenclaw; las vieron discutir por algo sobre si se podía evitar ver el futuro antes de que la profesora la hiciera concentrara en la taza que tenia en la mano. Ambos intentaban descifrar los manchas en la taza del otro, no estaba haciendo un buen trabajo entre risas y susurros porque la profesora se detuvo junto a ellos.
—Déjame ver eso, querido—escucharon que la profesora le dijo a Draco, en tono recriminatorio, y le quitó la taza de Harry. Todos se quedaron en silencio, expectantes.
La profesora Trelawney miraba fijamente la taza de té, girándola en sentido contrario a las agujas del reloj.
—El halcón… querido, tienes un enemigo mortal.
—Eso lo sabe todo el mundo —dijo Artemis en un susurro alto. La profesora Trelawney la miró fijamente— . Todo el mundo sabe lo de Harry y Quien Usted Sabe.
Harry y Draco la miraron con una mezcla de asombro y admiración. Nunca la habían visto hablar así a un profesor, parecía enojada y ofendida desde que Trelawney se fue de su mesa.
—Exacto, eso es…historia vieja—dijo Pansy observándose las uñas—. Hasta usted debería saberlo…Lo siento, recordé que es usted no sale mucho de esta torre.
Era habitual en Pansy hablara así, a sus amigas, compañeros y a veces hasta a los profesores, aunque no con todos y lo hacia de una forma mas sutil. La profesora Trelawney prefirió no contestar a ninguna de las dos. Volvió a bajar sus grandes ojos hacia la taza de Harry y continuó girándola.
—La porra… un ataque. Vaya, vaya… no es una taza muy alegre…
—A mi me había parecido un sombrero—reconoció Draco sin pizca de vergüenza.
—La calavera…peligro en tu camino…
Toda la clase escuchaba con atención, sin moverse. La profesora Trelawney dio una última vuelta a la taza, se quedó boquiabierta y gritó.
Oyeron romperse otra taza; Millicent había hecho añicos la de Pansy. La profesora Trelawney se dejó caer en un sillón vacío, con la mano en el corazón y los ojos cerrados.
—Mi querido chico…mi pobre niño…no… es mejor no decir… no… no me preguntes…
—¿Qué es, profesora?—dijo inmediatamente Anthony Goldstein, un chico de Ravenclaw. Todos se habían puesto de pie y rodearon la mesa de Draco, acercándose mucho al sillón de la profesora Trelawney para poder ver la taza de Harry.
—Querido mío—abrió completamente sus grandes ojos—, tienes el Grim.
—¿El qué? —preguntó Harry.
Draco abrió los ojos horrorizado. El grim no era una buena señal, era un augurio de muerte. El peor que podía existir en el mundo mágico. Habían algunos que aún no entendían el significado, como Millicent que se estaba anonadada o el mismo Harry, que aún esperaba una respuesta.
—¡El Grim, querido, el Grim!—exclamó la profesora Trelawney, que parecía extrañada de que Harry no hubiera comprendido—. ¡El perro gigante y espectral que ronda por los cementerios! Mi querido chico, se trata de un augurio, el peor de los augurios… el augurio de la muerte.
Harry siempre había estado al borde de la muerte los años anteriores, pero aquel año, simplemente le habían dicho en su cara que ya no habría escapatoria de la muerte. No si había visto al grim. Aún así, Draco reflexiono, Harry todavía tenía una oportunidad de vivir; mientras él se mantuviera seguro de Black no pasaría nada. Por que Draco estaba seguro que su augurio de muerte tenia que ver con el asesino que iba tras el.
La miradas estaban centradas en Harry, sentado a su lado que estaba tan quito como una estatua; solo tres personas en la habitación no miraban a Harry: Artemis, Pansy y Theodore, que se habían levantado y se habían acercado al respaldo del sillón de la profesora Trelawney.
—Por un momento me había espantado, esto no es un grim.—dijo Pansy firmemente—. Parece un perro.
—Creo que tienes toda la razón, Parkinson—dijo Theodore del otro lado.
La profesora Trelawney examinó a ambos alumnos con creciente desagrado.
—Perdona que se los diga, queridos, pero percibo muy poca aura a su alrededor. Muy poca receptividad a las resonancias del futuro.
Artemis no decía nada pero miraba la taza con los ojos abiertos, como si mirara a la nada aún cuando miraba el interior de la taza, por un momento pareció que no estaba ahí y al siguiente parpadeo cuando Pansy hablo, como si la hubiera sacado de un trance.
—Parece un Grim si miras así —dijo sin prestarle atención a la profesora—, pero si lo cambias de posición—añadió inclinándose a la izquierda.
—…Parece una oveja—comento Nott.
—A mi me parece un burro—dijo Pansy sonriendo.
—¡Cuando hayáis terminado de decidir si voy a morir o no…! — dijo Harry,
sorprendiéndose incluso a sí mismo. Nadie quería mirarlo.
—Creo que hemos concluido por hoy — dijo la profesora Trelawney con su voz más leve—. Sí… por favor; recoged vuestras cosas…
Silenciosamente, los alumnos entregaron las tazas de té a la profesora Trelawney, recogieron los libros y cerraron las mochilas.
—Hasta que nos veamos de nuevo—dijo débilmente la profesora Trelawney— que la buena suerte os acompañe.
Al terminar de comer, se sentaron en unas de las bancas del patio donde Ron y Neville se acercaron a saludarlos y platicaron sobre su primera clase, que resulto ser adivinación. Una clase que los había terminado dejando totalmente abatidos a pesar de que Joan intento animarlos.
—No fue gran cosa—dijo Ron—. Fue aburrida y muy patética. Y nadie entendió a que se refería la profesora Trelawney con sus predicciones.
—Creo que le escribiré a mi abuela—dijo Neville—. La profesora me dio a entender que no estaría bien de salud…
—Pues no creo que sea tan grave como lo que sucedió en nuestra clase—dijo Draco—. Hizo una predicción de muerte.
—Y yo no creería en lo que dice—dijo Hermione detrás de ellos haciendo que se sobresaltaran—. Su primera clase fue absurda y como dice la profesora McGonagall la adivinación es una rama inexacta de la magia.
—Eso no evito que la profesora viera al Grim—dijo Ron—. Por cierto ¿de quien era la taza? ¿De un tal Nott o Parkinson?
—Era mía—dijo Harry—. Ellos estaban peleando con la profesora sobre que no era un Grim.
—Harry—dijo Ron en voz baja y grave—, tú no has visto en ningún sitio un perro negro y grande, ¿verdad?
—Sí, lo he visto—dijo Harry—. Lo vi la noche que abandoné la casa de los Dursley.
Ron casi se cae de la banca al igual que Neville que parecía aterrorizado, y tanto Artemis como Draco lo voltearon a ver impresionados.
—Probablemente, un perro callejero—dijo Hermione muy tranquila.
Ron miró a Hermione como si se hubiera vuelto loca.
—Hermione, si Harry ha visto un Grim, eso es… eso es terrible —aseguró—. Mi tío Bilius vio uno y.. ¡murió veinticuatro horas más tarde!
—Casualidad —arguyó Hermione sin darle importancia, sirviéndose zumo de calabaza.
—Claro, como existen perro tan grandes como el Grim.
—Harry ese es el peor augurio de muerte que existe—dijo Neville—. Muchos dicen uno puede llegar a ver como muere antes de que suceda.
—¡Tonterías! —protesto Hermione.
—¡No sabes lo que dices!—dijo Ron empezando a enfadarse—. Los Grims ponen los pelos de punta a la mayoría de los brujos.
—El futuro es una cosa impredecible—dijo Hermione en tono de superioridad—. Me imagino que la mayoría de los magos que supuestamente han muerto ha causa de ver al Grim, se mueren de miedo. El Grim no es un augurio, ¡es la causa de la muerte! Y Harry todavía está con nosotros porque no es lo bastante tonto para ver uno y pensar: «¡Me marcho al otro barrio!»
Hermione abrió la mochila, sacó su libro de Aritmancia y lo apoyó abierto en la jarra de zumo.
—Creo que la adivinación es algo muy impreciso—dijo buscando una página—; si quieres saber mi opinión, creo que hay que hacer muchas conjeturas.
—Seguro no había nada de impreciso en el Grim que se dibujó en la taza de Harry—dijo Ron acalorado.
—No estoy segura de que fuera un Grim—dijo Artemis pensativa—. Vi su taza, y no me dio esa impresión.
—¿Enserio? —dijo Neville.
—No creo que la profesora Trelawney vio la muerte de Harry—dijo Artemis—. De todas formas el Grim lo asocian a la muerte, eso no significa que predice la muerte de la persona, puede que quería decir que corre peligro de muerte.
—Muchas gracias, eso me hace sentir mejor—dijo Harry.
—¿Sabes a que me refiero? —dijo Artemis—. Sirius Black esta ahí afuera, esperando su oportunidad…
Y en cuando se dio cuenta de su indiscreción frente a Ron y a Neville, a quien aún no le contaban la verdad aún, se llevo la mano a la boca mirando a Harry con disculpa.
—¿De que hablan?
—¿Qué tiene que ver Sirius Black en esto? —pregunto Neville.
No tuvieron otra opción que contarles la verdad, de todas formas terminarían contándoselo a Neville pero nunca imaginaron que también se lo contarían a Ron; y no había forma de evadirlo de la verdad cuando Artemis hacia sido tan indiscreta.
—¡Black anda detrás de ti!, tienes que tener cuidado, es uno de los peores asesinos de la historia—Ron parecía igual de asustando como lo habían estado Pansy y Hermione cuando se enteraron de ello—. Peor aún, esto podría confirmar la predicción de la profesora Trelawney.
—¡No es lo que quise decir!—protesto Artemis.
—No lo escuchéis—dijo Hermione a Harry—. Son palabrerías sin sentido, y reafirmo que la Adivinación es muy inexacta, no es posible saber el futuro de una forma tan concreta.
—¡La profesora Trelawney dijo que no tenías un aura adecuada para la adivinación! Lo que pasa es que no te gusta no ser la primera de la clase.
Ronald Weasley acababa de poner el dedo en la llaga. Hermione se levanto de golpe tirando su mochila al suelo.
—Si ser buena en Adivinación significa que tengo que hacer como que veo augurios de muerte en los posos del té, no estoy segura de que vaya a seguir estudiando mucho tiempo esa asignatura. Esa clase fue una porquería comparada con la de Aritmancia.
Cogió la mochila y se fue sin despedirse. Ron la siguió con la vista, frunciendo el entrecejo.
La lluvia del día anterior había terminado; el cielo era de un gris pálido, y la hierba estaba mullida y húmeda bajo sus pies cuando se pusieron en camino hacia su primera clase de Cuidado de Criaturas Mágicas.
Estaban en completo silencio desde que dejaron a Ron en el castillo, por que ahora no solo Hermione estaba enojada con él sino también Draco; quien no le pareció el modo en como se dirigió a ella ni que aterrorizara mas a Harry con lo del Grim. El resto estaba en terreno neutral con Ron, pero a ninguno le agrado el trato de este con Hermione.
—Genial—dijo con desdén Draco.
—¿Qué ocurre?
—Smith.
Al alzar la vista al frente, adelante había un muchacho demasiado familiar como para confundirlo y se dieron cuenta de que debían de compartir aquella clase con los de Hufflepuff. La mayoría de ellos, eran agradables pero ambos Smith era insoportables. Zacharias Smith decía algo animadamente a Sally Smith, su prima, que se reía a carcajadas.
Hagrid aguardaba a sus alumnos en la puerta de la cabaña. Estaba impaciente por empezar; cubierto con su abrigo de ratina, y con Fang, el perro jabalinero, a sus pies.
—¡Vamos, daos prisa!—gritó a medida que se aproximaban sus alumnos—. ¡Hoy tengo algo especial para vosotros! ¡Una gran lección! ¿Ya está todo el mundo? ¡Bien, seguidme!
Por un momento pensaron en la posibilidad de que Hagrid los llevara al bosque, del que no tenían buenos recuerdos. Pero Hagrid simplemente los condujo por los limites y cinco minutos después se hallaron ante un prado donde no había nada.
—¡Acercaos todos a la cerca!—gritó Hagrid—. Aseguraos de que tenéis buena visión. Lo primero que tenéis que hacer es abrir los libros…
—¿De qué modo, Hagrid?—pregunto Draco abriendo su mochila.
—¿Qué?—dijo Hagrid.
— ¿De qué modo? —repitió Draco.
—¿Qué?—dijo Hagrid.
—¿De qué modo abrimos los libros?—aclaro Draco un tanto irritado. Sacó su ejemplar de El monstruoso libro de los monstruos, que había atado con una cuerda cuando regreso a su casa. Otros lo imitaron. Unos, como Harry, habían atado el libro con un cinturón; otros lo habían metido muy apretado en la mochila o lo habían sujetado con pinzas.
—¿Nadie ha sido capaz de abrir el libro?—preguntó Hagrid decepcionado. La clase entera negó con la cabeza.— Tenéis que acariciarlo—dijo Hagrid, como si fuera lo más obvio del mundo—. Mirad…
Cogió el ejemplar de Artemis y desprendió el cinturón que lo sujetaba. El
libro intentó morderle, pero Hagrid le pasó por el lomo su enorme dedo índice, y el libro se estremeció, se abrió y quedó tranquilo en su mano.
—¡Que tonto somos! Era tan fácil—dijo Smith en tono de burla—. ¡Como si fuera una pequeña mascota de papel!
—Yo… yo pensé que os haría gracia—le dijo Hagrid a Artemis, dubitativo.
—¡Pero si nos ha hecho gracia…! — dijo Smith—. ¡Nos pareció gracioso comprar libros que casi no arrancan las manos!
—Cierra la boca, Smith—le dijo Harry en voz baja. Hagrid se había quedado algo triste y no deseaban que su primera clase fracasara.
—Bien, pues—dijo Hagrid, que parecía haber perdido el hilo—. Así que… ya tenéis los libros y… y… ahora os hacen falta las criaturas mágicas. Sí, así que iré a por ellas. Esperad un momento…
Se alejó de ellos, penetró en el bosque y se perdió de vista.
—Por toda la magia, este lugar pronto perderá su prestigio—dijo Smith en voz alta—. Con clases estúpidas impartidas por maestros iguales.
—Cierra la boca, Smith— repitió Harry.
—Cuidado, Potter; hay un dementor detrás de ti.
—¡Uuuuuh!—gritó Susan Bones, señalando hacia la otra parte del prado.
Trotando en dirección a ellos se acercaba una docena de criaturas, las más extrañas que Artemis había visto en su vida. Tenían el cuerpo, las patas traseras y la cola de caballo, pero las patas delanteras, las alas y la cabeza de águila gigante. El pico era del color del acero y los ojos de un naranja brillante. Las garras de las patas delanteras eran de quince centímetros cada una y parecían armas mortales. Cada bestia llevaba un collar de cuero grueso alrededor del cuello, atado a una larga cadena. Hagrid sostenía en sus grandes manos el extremo de todas las cadenas. Se acercaba corriendo por el prado, detrás de las criaturas.
—¡Id para allá!—les gritaba, sacudiendo las cadenas y forzando a las bestias a ir hacia la cerca, donde estaban los alumnos. Todos se echaron un poco hacia atrás cuando Hagrid llegó donde estaban ellos y ató los animales a la cerca.
—¡Hipogrifos!—gritó Hagrid alegremente, haciendo a sus alumnos una señal con la mano—. ¿A que son hermosos?
—¡Son increíbles!—dijo Artemis.
Ella podía entender el por que Hagrid los llamara hermosos. En cuanto uno se recuperaba del susto que producía ver algo que era mitad pájaro y mitad caballo, podía empezar a apreciar el brillo externo del animal, que cambiaba paulatinamente de la pluma al pelo. Todos tenían colores diferentes: gris fuerte, bronce, ruano rosáceo, castaño brillante y negro tinta.
—Venga—dijo Hagrid frotándose las manos y sonriéndoles—, si queréis acercaros un poco…
Nadie parecía querer acercarse. Sin embargo, Harry les hizo señas para que se aproximaron con cautela a la cerca y mostrar de esa forma su apoyo a Hagrid.
—Lo primero que tenéis que saber de los hipogrifos es que son orgullosos—dijo Hagrid—. Se molestan con mucha facilidad. Nunca ofendáis a ninguno, porque podría ser lo último que hicierais.
—Por que me recordaran a ti, Draco—susurro Artemis haciendo reír a Harry.
—Tenéis que esperar siempre a que el hipogrifo haga el primer movimiento—continuó Hagrid—. Es educado, ¿os dais cuenta? Vais hacia él, os inclináis y esperáis. Si él responde con una inclinación, querrá decir que os permite tocarlo. Si no hace la inclinación, entonces es mejor que os alejéis de él enseguida, porque puede hacer mucho daño con sus garras. Bien, ¿quién quiere ser el primero?
Como respuesta, la mayoría de la clase se alejó aún más. Incluso Harry, Draco y Artemis recelaban. Los hipogrifos sacudían sus feroces cabezas y desplegaban sus poderosas alas; parecía que no les gustaba estar atados.
—¿Nadie?—preguntó Hagrid con voz suplicante.
—Yo—se ofreció Harry. Detrás de él se oyó un jadeo, y Daphne y Millicent susurraron:
—¡No, Harry, acuérdate de las hojas de té!
—¡Tu treceavo cumpleaños aún no termina, Harry!
Pero no hizo caso y saltó la cerca.
—¡Buen chico, Harry!—gritó Hagrid—. Veamos cómo te llevas con Buckbeak. Soltó la cadena, separó al hipogrifo gris de sus compañeros y le desprendió el collar de cuero. Todos los alumnos del lado opuesto de la cerca, contuvieron la respiración.
Vieron como Harry siguió las instrucciones que le dio Hagrid, pero el hipogrifo no se movió, mientras Harry estaba mirándolo fijamente sin parpadear.
—Eso es—dijo Hagrid—. Eso es, Harry. Ahora inclina la cabeza…
Así lo hizo pero Buckbeak no se movió ni un centímetro.
—Ah—dijo Hagrid, preocupado—. Bien, vete hacia atrás, tranquilo, despacio…
Pero entonces, ante la sorpresa de todos, el hipogrifo dobló las arrugadas rodillas delanteras y se inclinó profundamente.
—¡Bien hecho, Harry!—dijo Hagrid, eufórico—. ¡Bien, puedes tocarlo! Dale unas palmadas en el pico, vamos.
Esperaron mientras Harry se acercó al hipogrifo lentamente y alargó el brazo. Le dio unas palmadas en el pico al hipogrifo y parecía que le gustaba. Fue cuando la clase rompió en aplausos. Todos excepto los primos Smith que parecían muy decepcionados.
—Bien, Harry—dijo Hagrid—. ¡Creo que el hipogrifo dejaría que lo montaras!
—¿Espera que? —dijo Artemis, que se volteo hacia Draco con preocupación.
—No creo que le pase nada ¿o si? —le dijo lo mas seguro posible—. No vi hipogrifos en su taza.
—Súbete ahí, detrás del nacimiento del ala—decía Hagrid—. Y procura no arrancarle ninguna pluma, porque no le gustaría…
Vieron como Harry puso el pie sobre el ala de Buckbeak y se subió en el lomo. Buckbeak se levantó. Harry parecía dudar de donde tenia que sujetarse: delante de él todo estaba cubierto de plumas.
Algunos ahogaron un grito mientras vieron como Hagrid le dio una palmada en los cuartos traseros al hipogrifo que se levanto en vuelo con Harry sobre su lomo.
El hipogrifo sobrevoló el prado ante la vista de todos los alumnos y luego descendió con Harry en perfectas condiciones. Varios vitoreaban a Harry cuando este se incorporo; Zacharias estaba con los brazos cruzados como Sally, quienes se mantenían fuera del entusiasmo del grupo.
—¡Muy bien, Harry!—gritó Hagrid— . ¡Bueno!, ¿quién más quiere probar?
Ante el éxito de Harry, todos quisieron intentarlo pero aún todos conservaban la cautela. En cuanto Artemis llego a la cerca, Draco se ofreció a ayudarla a pasar sobre esta y Harry desde el otro lado, la ayudo a descender. Y no solo a ella sino también a las demás chicas de Slytherin; Blaise junto con Theodore siguieron el ejemplo de ellos y ayudaron al resto de las chicas aunque no fueran de Slytherin a cruzar la cerca.
Artemis decidió intentarlo con el de color bronce mientras Draco decidió hacerlo con Buckbeak. Cuando Artemis llego al hipogrifo, realizo cada una de las indicaciones de Hagrid esperando una respuesta positiva; afortunadamente el hipogrifo le regreso el saludo unos minutos después de que Artemis se inclinara y ante los animos de Pansy y Millicent se acerco a acariciarlo.
Fue en ese momento que escucharon gritos y Artemis se alejo del hipogrifo cuando este se sobresalto como ella; cuando estuvo segura lejos del animal, busco la fuente de los gritos y salió corriendo cuando vio a Draco en el suelo gritando. Hagrid se esforzaba por volver a ponerle el collar a Buckbeak, que quería alcanzar a Smith y a Draco que yacían encogidos en la hierba y con sangre en sus ropas.
—¿Qué ocurrió? —dijo Artemis cuando llego junto a Harry.
—¡Me muero! — gritó Draco, mientras cundía el pánico—. ¡Me muero, mirad! ¡Me ha matado!
—No digas tonterías—intento clamarlo Harry—. Tu taza no decía nada sobre muerte…
—¡Despierta, Zack! …¡Esa bestia ha matado a mi primo!—grito Sally Smith, con los ojos rojos y llenos de rabia—. ¡Tu y tu estúpido pollo las pagaran!
—No esta muerto—le dijo Hagrid, que se había puesto muy pálido— . Que alguien me ayude, tengo que sacarlos de aquí…
Harry se apresuró a abrir la puerta de la cerca mientras Hagrid levantaba con facilidad a ambos heridos. Artemis se acerco hasta Harry y lo tomo del brazo con ojos llorosos esperando una respuesta ante lo sucedido sin poder obtenerla, y se apresuraron a seguir a Hagrid.
Hagrid llego a la enfermería antes que lo lograran alcanzar. La señora Pomfrey estaba atendiendo a Smith quien parecía muerto, pero al parecer solo había perdido la conciencia por el golpe que recibió en la cabeza al caerse. Artemis y Harry se acercaron a la cama donde se encontraba Draco aún quejándose.
—Relájese, señor Malfoy—le dijo madame Pomfrey—. Lo atenderé en un momento.
Ambos no pudieron quedarse mucho tiempo, la señora Pomfrey los saco para que dejaran a Draco descansar y no lo exaltaran mas de lo que estaba.
—¿Crees que se pondrá bien?
—Por supuesto que sí. La señora Pomfrey puede curar heridas en menos de un segundo.
