Capitulo: Remus Lupin


La señora Pomfrey podría decirles que Draco Malfoy estaba en perfecta condiciones, pero este, no paraba de quejarse acerca de su brazo. Lo único que Artemis y Harry habían logrado aquella mañana, fue que el decidiera irse de la enfermería dejando atrás a Smith que no paraba de quejarse.

Al llegar al comedor, Draco entró con aire arrogante, con el brazo derecho en cabestrillo y cubierto de vendajes, comportándose, según le pareció a Harry, como si fuera el heroico superviviente de una horrible batalla.

—¿Qué tal, Draco?—pregunto alguien de segundo, sonriendo como una tonta—. ¿Te duele mucho?

—Sí—dijo Malfoy, con gesto de hombre valiente. Le guiño un ojo a Harry, cuando la chica se giro.

Tomaron asiento en el lugar que habitualmente ocupaban. Harry tuvo que ayudarle a que se sirviera el desayuno, por que él no podía usar su brazo derecho.

—¿Cuánto tiempo durara? —pregunto Artemis sirviéndole jugo de calabaza—. Digo, quiero saber cuanto tiempo te aprovecharas de nosotros.

—Yo no me aprovecho de ustedes.

—Un brazo lastimado que no puedes usar, eso te deja en la necesidad de pedirnos ayuda… Eso me suena a aprovecharse de tus amigos.

—Un brazo lastimado y una costilla—corrijo Draco—. Y deberías alegrarte de que me fue permitido salir de la enfermería…

—Por que la señora Pomfrey casi te rogo que te quedaras—dijo Harry a Artemis.

—…Smith se quedo en la enfermería—continuo Draco como si no hubiera escuchado lo que Harry dijo—. Cuando nos fuimos, seguía ahí quejándose como una vaca a punto de parir.

Aquel comentario los hizo estallar carcajadas, bajo la mirada atenta de los demás que no entendían el motivo, los tres intentaron parar de reír pero cedieron cuando se voltearon a ver entre ellos. Hermione y Neville se les unieron solo unos segundos mas tarde.

—¿De que se ríen?

Cuando les contaron, ni siquiera Hermione que era tan recta pudo evitar soltar una carcajada ante aquello.

—¿Por qué aún llevas vendas, Draco? —pregunto Hermione cuando pararon de reír—. Creí que la señora Pomfrey había arreglado tu brazo.

—No del todo—dijo Draco con una mueca—. Mis heridas fueron muy serias y, aún me duele la parte del pecho donde me rompí la costilla. Debí quedarme en la enfermería, pero no quería seguir en la misma habitación que Smith.

—Al menos no fue mas grave—dijo Neville—. Oí que Smith perdió el conocimiento.

—¡Draco!—Pansy llego junto a Millicent, ambas tomaron asiento junto a Draco—. Pero mírate, pobrecito, ¿qué haces fuera de la enfermería?

Su tono de voz era dulce y empalagoso, algo que no era raro en ella.

—He arriesgado mi salud—dijo Draco mirando a Harry y a Artemis con reproche—. Me convencieron para abandonar la enfermería, pero no importa, no podía soportar a Smith.

—Bueno, te sientes mal en algún momento lo mejor será que regreses a la enfermería, Draco.

—¿Debería?—Draco negó—. Prefiero tomar el camino arriesgado a pesar de todo. La señora Pomfrey dice que soy afortunado, pude perder el brazo o casi morir por mi costilla rota.

Artemis volteo hacia él, sorprendía de la situación y Harry compartió una sonrisa con ella. Draco realmente estaba disfrutando de tanta atención. Pansy quien había logrado captar toda la atención de Draco, lo miraba casi con adoración y preocupación. Como si fuera un perrito lastimado, pensó Harry.

—Ten este pequeño obsequio—Pansy saco una caja de chocolates—. Pensaba llevártelas a la enfermería pero…

—Eres tan amable, Pansy—dijo Draco tomando la caja con su brazo bueno.

—No te ves tan mal como dices—dijo Hermione que inspeccionaba su brazo con la mirada.

—¿De que hablas? ¿Qué le diré a mi madre cuando vea la horrible cicatriz en mi brazo? ¿O la horrible marca en mi pecho? Cuando vea que he sido desfigurado—dijo Draco de tal modo que Harry por un momento casi se lo creyó.

Casi.

—No ha sido tan malo ¿o si? —dijo Neville preocupado e incluso Hermione pareció creerle.

—¿Desfigurado? —repitió Artemis tratando de no reír.

—Pobrecito de ti, Draco, debes estar sufriendo—dijo Pansy con autentica preocupación mientras acariciaba su espalda.—¿No entiendo como estas aquí?

—Es que soy muy valiente—continuo Draco—. Aunque la señora Pomfrey ha dicho que no debía arriesgarme.

—Seguro eso dijo.

Harry se giro a Artemis, conteniendo la risa. Ella parecía mas tranquila incluso divertida con la situación, noto Harry, luego del susto que recibieron ayer.

Escucharon hablar a Neville sobre remedios caseros para curar heridas y desaparecer cicatrices; Hermione molesto a Draco sobre como lograría mantenerse al ritmo en las clases con un brazo lastimado a lo que Pansy salió en su defensa alegando que los maestros comprenderían la situación de Draco. En cambio Artemis y Harry compartían miradas, sonrisas e incluso bromas sobre la situación de Draco, que hacia pasado de preocupante a divertida, y contemplaban como Draco disfrutaba la atención que recibía.

Durante la ultima hora de la mañana de aquel jueves, cuando los Slytherin y Gryffindors estaban a la mitad de clases de pociones, que duraba dos horas. Neville se sonrojo cuando el profesor Snape al pasar por su lado le dio un comentario positivo sobre su poción y desempeño, logrando que mas de uno observara sorprendido al profesor Snape. Las clases privadas con Snape durante agosto habían tenido sus frutos, Neville por fin se había quitado el miedo que tenia hacia el profesor de pociones, lo que ayudo mucho para que mejorara en sus pociones ahora que ya no se ponía tan nervioso estando en su presencia. Artemis lo miro con orgullo y alegría, antes de continuar con su propia poción y ayudar a Draco con la suya al igual que Harry.

—Muchachos …y señorita—llamo Blaise desde atrás, giñando un ojo en dirección a Artemis que sonrió—. ¿Se han enterado de las nuevas? El Profeta de esta mañana asegura que han visto a Sirius Black.

—¿Dónde? —preguntaron con rapidez Harry y Draco.

—No muy lejos de aquí —dijo Blaise mirando en dirección a Snape para asegurarse de que no los veía—. Ha sido una muggle quien lo ha visto. Por supuesto, ella no entendía realmente. Los muggles piensan que es sólo un criminal común y corriente… El caso es que telefoneó a la línea directa. Pero cuando llegaron los del Ministerio de Magia, ya se había ido.

—No muy lejos de aquí…—repitió Draco, mirando a Harry de forma elocuente.

En aquel momento, Snape dijo en voz alta:

—Deberíais haber terminado de añadir los ingredientes. Esta poción tiene que cocerse antes de que pueda ser ingerida. No os acerquéis mientras está hirviendo. Y luego una poción afortunada de ustedes será probada.

Aquello puso en acción a aquellos que tenían iban a paso lento o estaban desesperados. Incluso Draco con su brazo herido se puso en acción para terminar su poción, sin embargo Artemis termino su poción antes que ellos y con un resultado perfecto.

—Nada mal, Harry—le sonrió mirando su poción—. Incluso Draco tiene una poción decente.

—Pero eso es gracias a nosotros—dijo Harry.

El profesor Snape selecciono la poción de Neville, que estaba sorprendido y algo asustado; como Draco había dicho, le hacia falta mas confianza en si mismo.

Snape se puso el sapo Trevor en la palma de la mano izquierda e introdujo una cucharilla en la poción de Neville, que tenia un color verde. Echó unas gotas en la garganta de Trevor.

Se hizo un silencio total, mientras Trevor tragaba. Luego se oyó un ligero «¡plop!» y el renacuajo Trevor serpenteó en la palma de la mano de Snape. Los de Gryffindor prorrumpieron en aplausos, los de Slytherin los siguieron solo un momento después. Snape sacó una pequeña botella del bolsillo de su toga, echó unas gotas sobre Trevor y éste recobró su tamaño normal.

—Esperemos que otros sean capaces de seguir los pasos del señor Longbottom y progresar, para no quedarse en la mediocridad como algunos en esta aula—dijo el profesor Snape mirando a varios alumnos de Gryffindor—. Un punto para Gryffindor. Podéis retiraos.

—Bien hecho, Neville—felicito Artemis, mientras subían las escaleras al vestíbulo.

—Lo has hecho bien—dijo Draco—. Te dije que el profesor Snape no era solo amable fuera de hogwarts.

—A mi no me parece amable—dijo Ron apareciendo junto a Neville—. Sigue pareciendo igual de malvado que antes, aunque me sorprende su actitud con Neville pero eso debe ser por ustedes.

—Nosotros no hicimos nada—dijo Draco frunciendo el ceño—. Si es amable con Neville es por que se lo gano.

—El profesor Severus seria mas amable con ustedes(Gryffindor) sino fueran tan vagos—dijo Artemis haciendo un gesto con la nariz—. Los he visto realizar pociones y no se toman enserio la clase. Neville se gano a pulso ese trato, por que le demostró que el podía ser mejor de lo que era, que para él la clase si era importante.

Ron rodo los ojos.

—Yo me si me tomo la clase enserio.

—Y por eso lanzabas los ingredientes sin ningún cuidado a tu caldero mientras hablabas con Dean—dijo Harry.

Las orejas de Ron se pusieron coloradas.

—Deberían pedir asesorías a Hermione, seguro no le molestaría ayudarlos a progresar en clase —dijo Draco—. Y hablando de ella, ¿alguno vio cuando llego?

Todos negaron.

—Creo que estaba detrás de nosotros.. —dijo Ron.

—¿Crees poder ayudarnos? —dijo Gregory que había llegado corriendo hacia ellos seguido de Vincent—. El profesor Snape nos advirtió sobre mejorar en su clase…

Vincent confirmo lo dicho por su amigo.

—Seguro—dijo Artemis—. Podemos unirnos a un grupo de estudio o crear el nuestro.

Estaban cerca de la entrada al Hall del Castillo cuando escucharon ruido delante de ellos. Era Hermione y había tenido un problema con su mochila que se había abierto por una costura. A Harry no le sorprendía; contenía al menos una docena de libros grandes y pesados.

—Déjame que te ayudemos, Hermione—le dijo Draco.

—¿Cómo lo hiciste? —le preguntó Ron.

—¿El qué? —preguntó a su vez Hermione, reuniéndose con ellos.

—Hace un minuto venías detrás de nosotros y un instante después estabas al pie de las escaleras.

—¿Qué? —Hermione parecía un poco confusa—. ¡Ah, tuve que regresar para coger una cosa! ¡Oh, no...!

—¿Por qué llevas encima todos esos libros? —le preguntó Ron.

—Ya sabes cuántas asignaturas estudio—dijo Hermione casi sin aliento.

—¡Rayos, Hermione! —dijo Draco sujetando un par de libros con su brazo bueno—. ¿Has estado llevando todo esto para todos lados? No creo que pudieras asistir a todas las materias, por que no simplemente traes contigo los libros de las clases a las que pienses asistir.

Harry y Neville asistieron de acuerdo, ambos cargaban una parte de los libros de Hermione.

—Ya —dijo Hermione, pero volvió a meter todos los libros en la mochila, como si no la hubieran comprendido—. Espero que haya algo bueno para comer. Me muero de hambre —añadió, y continuó hacia el Gran Comedor.

—¿No tienen la sensación de que Hermione oculta algo? —preguntó Ron al resto.


El profesor Lupin no estaba en el aula cuando llegaron a su primera clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Al ser de los pocos que llegaron antes que el resto, tuvieron la oportunidad de tomar los mejores asientos en la clase. Aunque Artemis presentirá que no importaría donde tomaran asiento aquel día ni que preparan su escritorio: sacaran libros, plumas y pergaminos. Dejo su mochila en el suelo junto a ella, totalmente intacta y saco su varita que coloco en el porta varitas que le regalo Severus en su cumpleaños pasado; lo llevaba atado a la pierna. Mas de uno la cuestino por no haber sacado nada para trabajar, no era normal aquello para ningun Slytherin.

Sonrio y contesto:

—Esperare a que llegue el profesor Lupin.

Draco y Harry desde su asiento de atrás, la miraron raro pero no comentaron nada mas mientras preparan su escritorio; Neville tomo asiento rápidamente junta a ella cuando llego a la clase. Hermione aún no daba indicios de aparecerse. Estaban hablando cuando por fin llegó el profesor. Lupin sonrió vagamente y puso su desvencijado maletín en la mesa. Estaba tan desaliñado como siempre, pero parecía más sano que en el tren, como si hubiera tomado unas cuantas comidas abundantes.

—Buenas tardes—dijo—. ¿Podríais, por favor; meter los libros en la mochila? La lección de hoy será práctica. Sólo necesitaréis las varitas mágicas.

La clase cambió miradas de curiosidad mientras limpiaban su escritorio; plumas, pergaminos y libros regresaron a las mochilas rápidamente. Nunca habían tenido una clase práctica de Defensa Contra las Artes Oscuras, a menos que se contara la memorable clase del año anterior, en que el antiguo profesor había llevado una jaula con duendecillos y los había soltado en la clase con Gryffindor.

—Bien —dijo el profesor Lupin cuando todo el mundo estuvo listo—. Si tenéis la amabilidad de seguirme…

Desconcertados pero con interés, los alumnos se pusieron en pie y salieron del aula con el profesor Lupin. Este los condujo a lo largo del desierto corredor. Doblaron una esquina. Al primero que vieron fue a Peeves el poltergeist, que flotaba boca abajo en medio del aire y tapaba con chicle el ojo de una cerradura. Peeves no levantó la mirada hasta que el profesor Lupin estuvo a medio metro. Entonces sacudió los pies de dedos retorcidos y se puso a cantar una monótona canción:

—Locatis lunático Lupin, locatis lunático Lupin, locatis lunático Lupin…

Aunque casi siempre era desobediente y maleducado, Peeves solía tener algún respeto por los profesores. Todos miraron de inmediato al profesor Lupin para ver cómo se lo tomaría. Ante su sorpresa, el mencionado seguía sonriendo.

—Yo en tu lugar quitaría ese chicle de la cerradura, Peeves —dijo amablemente—. El señor Filch no podrá entrar a por sus escobas.

Filch, el conserje de Hogwarts, un brujo fracasado y de mal genio que estaba en guerra permanente con los alumnos y por supuesto con Peeves. Pero Peeves no prestó atención al profesor Lupin, salvo para soltarle una sonora pedorreta.

El profesor Lupin suspiró y sacó la varita mágica.

—Es un hechizo útil y sencillo —dijo a la clase, volviendo la cabeza—. Por favor; estad atentos.

Alzó la varita a la altura del hombro, dijo ¡Waddiwasi! y apuntó a Peeves.

Con la fuerza de una bala, el chicle salió disparado del agujero de la cerradura y fue a taponar la fosa nasal izquierda de Peeves; éste ascendió dando vueltas como en un remolino y se alejó como un bólido, zumbando y echando maldiciones.

—¡Chachi, profesor! —dijo Dean Thomas, asombrado.

—Gracias, Dean—respondió el profesor Lupin, guardando la varita—. ¿Continuamos?

Se pusieron otra vez en marcha, mirando al desaliñado profesor Lupin con creciente respeto, finalmente aprenderían algo útil aquel año. Los condujo por otro corredor y se detuvo en la puerta de la sala de profesores.

—Entrad, por favor —dijo el profesor Lupin abriendo la puerta y cediendo el paso.

En la sala de profesores, una estancia larga, con paneles de madera en las paredes y llena de sillas viejas y dispares, no había nadie salvo un profesor. Snape estaba sentado en un sillón bajo y observó a la clase mientras ésta penetraba en la sala. Los ojos le examinaban con una expresión de interés. Cuando el profesor Lupin entró y cerró la puerta tras él, dijo Snape:

—Déjela abierta, Lupin. Prefiero no ser testigo de esto. —Se puso de pie y pasó entre los alumnos que se apartaron para darle paso. Su toga negra ondeaba a su espalda. Ya en la puerta, giró sobre sus talones y dijo—: Posiblemente nadie le haya dicho, pero entre los alumnos de Slytherin, hay varios talentos que usted muy pronto descubrirá.

Aquello era claramente elogio a los alumnos de aquella casa, pero también una indirecta para que no dejaran en mal a la casa que representaban y demostraran sus talentos ante el nuevo profesor.

El profesor Lupin había alzado las cejas.

—Es bueno saber eso. Tenia pensado que uno de sus estudiantes me ayudara en la primera fase de la operación y seguro a quien escoja, lo hará muy bien.

Snape paso su vista por los alumnos de Slytherin antes de salir por la puerta, dando un portazo.

—Ahora —dijo el profesor Lupin llamando la atención del fondo de la clase, donde no había más que un viejo armario en el que los profesores guardaban las togas y túnicas de repuesto. Cuando el profesor Lupin se acercó, el armario tembló de repente, golpeando la pared.

»No hay por qué preocuparse —dijo con tranquilidad el profesor Lupin cuando algunos de los alumnos se echaron hacia atrás, alarmados—. Hay un boggart ahí dentro.

Casi todos pensaban que un boggart era algo preocupante. Millicent dirigió al profesor Lupin una mirada de terror y Gregory Goyle vio con aprensión moverse el pomo de la puerta.

—A los boggarts les gustan los lugares oscuros y cerrados —prosiguió el profesor Lupin—: los roperos, los huecos debajo de las camas, el armario de debajo del fregadero… En una ocasión vi a uno que se había metido en un reloj de pared. Se vino aquí ayer por la tarde, y le pregunté al director si se le podía dejar donde estaba, para utilizarlo hoy en una clase de prácticas. La primera pregunta que debemos contestar es: ¿qué es un boggart?

Hermione levantó la mano, sorprendiendo a Artemis, quien no la vio llegar.

—Es un ser que cambia de forma —dijo—. Puede tomar la forma de aquello que más miedo nos da.

Theodore ni Blaise alcanzaron a levantar la mano, suspiraron sonoramente irritados, Hermione nunca daba oportunidad a nadie mas de contestar. Aún así, alivio e interés recorrió la sala ante la respuesta. Pero miles de preguntas surgieron en la cabeza de Artemis, ¿acaso se enfrentarían a su mayor miedo?¿terminaría todo bien? ¿no seria otro desastre Lockhart?

—Yo no lo podría haber explicado mejor —admitió el profesor Lupin, y Hermione se puso radiante de felicidad—. El boggart que está ahí dentro, sumido en la oscuridad, aún no ha adoptado una forma. Todavía no sabe qué es lo que más miedo le da a la persona del otro lado. Nadie sabe qué forma tiene un boggart cuando está solo, pero cuando lo dejemos salir; se convertirá de inmediato en lo que más temamos. Esto significa —prosiguió el profesor Lupin, que sin enojarse observo a Pansy murmurarle algo a Millicent— que ya antes de empezar tenemos una enorme ventaja sobre el boggart. ¿Sabes por qué, Harry?

Sorprendidos que por una vez algún profesor le diera la palabra a alguien mas que no fuera Hermione. Todos en Slytherin se giraron a Harry, esperando una respuestas, con caras sonrientes y de animos; como siempre se mostraban su apoyo unos a otros. Aunque debía ser difícil intentar contestar con Hermione a un lado, parada de puntillas con la mano levantada.

—¿Ni siquiera por que es su amigo puede contenerse?—le susurro Pansy a la oreja—. Siempre debe ser la primera en todo.

Artemis movió la cabeza suspirando, siempre era lo mismo con Pansy, que no paraba de quejarse de algunos hábitos de Hermione.

—Me parece que porque somos muchos y no sabe por qué forma decidirse—dijo Harry dudando un poco.

—Exacto —dijo el profesor Lupin. Y Hermione bajo la mano algo decepcionada—. Siempre es mejor estar acompañado cuando uno se enfrenta a un boggart, porque se despista. ¿En qué se debería convertir; en un cadáver decapitado o en una babosa carnívora? En cierta ocasión vi que un boggart cometía el error de querer asustar a dos personas a la vez y el muy imbécil se convirtió en media babosa. No daba ni gota de miedo. El hechizo para vencer a un boggart es sencillo, pero requiere fuerza mental. Lo que sirve para vencer a un boggart es la risa. Lo que tenéis que hacer es obligarle a que adopte una forma que vosotros encontréis cómica. Practicaremos el hechizo primero sin la varita. Repetid conmigo: ¡Riddíkulo!

¡Riddíkulo! —dijeron todos a la vez.

—Bien —dijo el profesor Lupin—. Muy bien. Pero me temo que esto es lo más fácil. Como veis, la palabra sola no basta. Y aquí es donde la señorita Pansy me ayudara.

La menciona que hasta ese momento no parecía prestar atención, levanto la vista con aire de no tener idea de lo que pasaba y dio un guiño a Hermione con aquella actitud tan confiada y arrogante que tenía. Avanzo entre sus compañeros con paso calmado y lento, hasta donde estaba el profesor, como si estuviera modelando su impecable túnica de hogwarts.

—Bien, Pansy—prosiguió el profesor Lupin—. Empecemos por el principio: ¿qué es lo que más te asusta en el mundo?

—Hombres lobo.

El profesor torció el gesto mientras parecía pensativo.

—Hombres lobo…mm… Pansy, tienes alguna mascota, ¿un perro?

—No—respondió Pansy—. Pero una vecina tiene uno, muy molesto y con atuendos muy feos. Se llama Bombón.

—Bueno. Quiero que pienses en Bombón

—Sinceramente, profesor—interrumpió Pansy—. Tampoco quisiera que el boggart se convirtiera en esa bola molesta de pelos.

—No, no. No me has comprendido —dijo el profesor Lupin, sonriendo—. Lo que quiero saber es si podrías explicarnos cómo viste tu vecina al perro.

—Bueno, lleva siempre vestidos y de muy mal gusto, con demasiado encaje y adornos; sin olvidar la tiara que usa en la cabeza. O usa sombreritos con flores muy grandes, y también usa zapatitos con moños muy feos…

Daphne Greengrass dejo escapar un gemido de terror.

—Bueno, entonces —dijo el profesor Lupin—, ¿puedes recordar claramente ese atuendo, Pansy? ¿Eres capaz de verlo mentalmente?

—Sí —dijo Pansy con inseguridad, sin saber que pasaría a continuación.

—Cuando el boggart salga de repente de este armario y te vea, Pansy, adoptará la forma de un hombre lobo—dijo Lupin—. Entonces alzarás la varita, así, y dirás en voz alta: ¡Riddíkulo!, concentrándote en el atuendo del perro de tu vecina. Si todo va bien, el boggart- hombre lobo tendrá que ponerse una tiara, el tutu y zapatitos de moños.

Hubo una carcajada general. El armario tembló más violentamente.

—Si a Pansy le sale bien —añadió el profesor Lupin—, es probable que el boggart vuelva su atención hacia cada uno de nosotros, por turno. Quiero que ahora todos dediquéis un momento a pensar en lo que más miedo os da y en cómo podríais convertirlo en algo cómico…

La sala quedo en silencio. ¿Qué era lo que mas terror tenia? Pensó en Voldemort aquella vez que lo vio en el bosque, esa imagen si que daba miedo. Pero luego pensó en Tom, quien con su linda sonrisa y apariencia amable la engaño para atacar inocentes en la escuela y para tratar de matar a Harry. ¿La había logrado perturbar hasta el punto de tenerle miedo?

Abrió los ojos, observo que todo el mundo estaba concentrado con los ojos cerrados, excepto Harry quien parecía tener un dilema al igual que ella.

—¿Todos preparados? —preguntó el profesor Lupin.

Artemis entro en pánico. Aún no estaba lista, pero se quedo callada al ver al resto asentir con la cabeza y se arremangaban la túnica. Ya tendría que arreglárselas al momento de pasar.

—Nos vamos a echar todos hacia atrás, Pansy —dijo el profesor Lupin—, para dejarte el campo despejado. ¿De acuerdo? Después de ti llamaré al siguiente, para que pase hacia delante... Ahora todos hacia atrás, así Pansy podrá tener sitio para enfrentarse a él.

Todos se retiraron, arrimándose a las paredes, y dejaron a Pansy sola, frente al armario. Estaba pálida y nerviosa, pero sonrió con arrogancia en un intento de parecer valiente, se había arremangado la túnica y tenía la varita preparada.

—A la de tres, Pansy—dijo el profesor Lupin, que apuntaba con la varita al pomo de la puerta del armario—. A la una…a las dos… a las tres… ¡ya!

Un haz de chispas salió de la varita del profesor Lupin y dio en el pomo de la puerta. El armario se abrió de golpe y un hombre lobo salió de él, gigantesco y con una mirada que de daba terror. Fijo su vista en Pansy.

Pansy se quedo en su lugar, sin moverse un centímetro y con la varita en alto. El hombro lobo se le acercaba, ya estaba a punto de cogerla por la túnica…

¡Riddíkulo! —dijo Pansy tan alto como pudo.

Se oyó un chasquido como de látigo. El hombre lobo tropezó: llevaba un par de zapatitos de ballet que eran a su medida, un bonito tutu rosa, con un listo atado en un gran moño a cuello y con una tirara totalmente ridícula.

Hubo una carcajada general. El boggart se detuvo, confuso, y el profesor Lupin gritó:

—¡Millicent! ¡Adelante!

Millicent avanzó algo asustada. El hombre lobo se volvió hacia ella. Se oyó otro chasquido y en el lugar en que había estado el feroz hombre loco apareció un enorme perro de tres cabezas: un cancerbero.

¡Ri..Riddíkulo! —dijo Millicent.

Se convirtió en un adorable perrito con un listón rosa atado al cuello, daba vueltas intentando morder su cola.

—¡Parvati! ¡Adelante!

Parvati avanzó, con el rostro tenso. El hombre lobo se volvió hacia ella. Se oyó otro chasquido y en el lugar en que había estado el feroz hombre loco apareció una momia cubierta de vendas y con manchas de sangre; había vuelto hacia Parvati su rostro sin ojos y comenzó a caminar hacia ella, muy despacio, arrastrando los pies y alzando sus brazos rígidos...

¡Riddíkulo! —gritó Parvati.

Se soltó una de las vendas y la momia se enredó en ella, cayó de bruces y la cabeza salió rodando.

—¡Neville! —gritó el profesor Lupin.

Neville pasó junto a Parvati un poco asustado. ¡Crac! Donde había estado el la momia ahora se encontraba la abuela de Neville con su sombrero alto con un buitre disecado encima y su bufanda de piel de zorro.

¡Ri... Riddíkulo! —dijo Neville.

Su abuela termino vestida como payaso, con una peluca rosada, zapatos grandes, el típico atuendo de una pieza con lunares y la nariz roja.

—¡Blaise! —gritó el profesor Lupin.

Blaise pasó junto a Millicent rápidamente. ¡Crac! Donde había estado el perro apareció una mujer, con un rostro huesudo de color verde: una banshee; había vuelto hacia Blaise su cara esquelética.

Abrió la boca completamente y un sonido sobrenatural llenó la sala: un prolongado aullido que le puso a Artemis los pelos de punta.

¡Riddíkulo! —gritó Blaise.

¡Crac! La banshee termino siendo lo mas ridículo posible. Tenia rulos dorados en el cabello, algún tipo de crema verde en la cara y con una pijama de un brillante rosa; muchos rieron a carcajadas a mas no poder... ¡crac!, se convirtió en una mano amputada que se arrastraba por el suelo como un cangrejo, y luego… ¡crac!, era un bicornio totalmente loco que relincho…¡crac! Era un extraño hombre con una mirada ceñuda, por alguna razón Artemis creía a verlo visto antes.

Theodore frunció el ceño enojado ante la visión del hombre y por un momento a Artemis le dio la sensación de que estaba temblando.

¡Riddíkulo! —gritó Theodore. Se oyó un chasquido y el hombre quedo reducido a un pequeña pelota que empezó a rodar por la habitación que se había quedado muy extrañada ante aquello. Fue a detenerse a los pies de Ron, que se preparo para realizar el hechizo.

¡Crac!

Algunos gritaron. Una araña gigante, de dos metros de altura y cubierta de pelo, se dirigía hacia Ron chascando las pinzas amenazadoramente. Por un momento, Artemis pensó que Ron se había quedado petrificado. Pero entonces...

¡Riddíkulo! —gritó Ron.

Las patas de la araña desaparecieron y el cuerpo empezó a rodar. Lavender Brown dio un grito y se apartó de su camino a toda prisa. El cuerpo de la araña fue a detenerse a los pies de Harry. Alzó la varita, pero...

—¡Aquí! —gritó el profesor Lupin de pronto, avanzando rápido hacia la pelota.

¡Crac!

Durante un segundo todos miraron a su alrededor con los ojos bien abiertos, buscándola. Entonces vieron una esfera de un blanco plateado que flotaba en el aire, delante de Lupin, que dijo ¡Riddíkulo! casi con desgana.

¡Crac!

—¡Adelante, Pansy, y termina con él! —dijo Lupin cuando el boggart cayó al suelo en forma de cucaracha.

¡Crac!

Allí estaba de nuevo el hombre loco. Esta vez, Pansy avanzó con mas determinación.

¡Riddíkulo! —gritó, y durante una fracción de segundo vislumbraron a el hombre lobo en un atuendo aún mas ridículo, antes de que Pansy emitiera una sonora carcajada y el boggart estallara en mil volutas de humo y desapareciera.

—¡Muy bien! —gritó el profesor Lupin mientras la clase prorrumpía en aplausos— . Muy bien, Pansy. Todos lo habéis hecho muy bien. Veamos... cinco puntos por cada uno de los que se han enfrentado al boggart… Diez para Pansy, porque lo hizo dos veces. Y cinco por Hermione y otros cinco por Harry.

—Pero yo no he intervenido —dijo Harry.

—Tú y Hermione contestasteis correctamente a mis preguntas al comienzo de la clase —dijo Lupin sin darle importancia—. Muy bien todo el mundo. Ha sido una clase estupenda. Como deberes, vais a tener que leer la lección sobre los boggart y hacerme un resumen. Me lo entregaréis el lunes. Eso es todo.

Los alumnos de Slytherin abandonaron la sala de profesores algo incomodos, Draco les había susurrado el por que aquella reacción de parte de ellos. Aquel hombre era el padre de Theodore, y no era un padre muy afectivo por como hablaba Draco de él. Gryffindor por otra parte, que desconocía ese echo, hablaba animadamente a grandes voces sobre la clase; por lo que lo dejaron atrás para crear una barrera entre ellos y Theodore, que caminaba delante de toda la clase a toda prisa sin pronunciar una sola palabra. Perdieron de vista a Harry que se quedo algo rezagado, tal vez por la intervención del profesor Lupin.

—Me pregunto por qué al profesor Lupin le dan miedo las bolas de cristal—dijo Daphne intentando dejar el incomodo tema del señor Nott—. Seguro él no tomo Adivinación.

—Me imagino que con solo ver a la profesora Trelawney le fue suficiente—dijo Pansy.

—¿Habéis visto cómo he podido con la banshee? —comento Blaise un poco mas animado.

—Lo hicisteis muy bien, Blaise.

—Ha sido la mejor clase de Defensa Contra las Artes Oscuras que hemos tenido desde que llegamos en Hogwarts—hablo por fin Theodore—. Por cierto, me encanto tu forma de vencer la banshee, Blaise.

Sus compañeros lo voltearon a ver sorprendidos, de lo calmado que parecía a pesar de lo que habían presenciado.

—Gracias—dijo Blaise—. ¿Qué da mas risa que el atuendo ridículo de Lockhart?


Smith se apareció durante la cena junto a su prima Sally, al igual que Draco tenia vendas en el cuerpo y se apoyaba en Sally, fingiendo como Draco que aún se estaba recuperando. Ambos se detuvieron en la mesa de Slytherin para molestarlos como siempre; pero aquella vez Zacharias tenia un aire de misterio.

—¿Escuchasteis las nuevas, Potter? —dijo Zacharias Smith.

A diferencia de él, Sally no parecía interesada en ellos.

—Por supuesto que si—continuo de forma tajante—. Todo el mundo ya debe saber lo de Black.

—¿Qué quieres Smith? —dijo Harry con cansancio.

—Me parece interesante esa conducta tan relajante ante ese asesino—dijo Smith—. Yo no estaría igual si estuviera en tu lugar.

—¡Zach! —Sally intento callarlo. Eso es lo que mas extraño a Artemis, ¿por que ella no deseaba que Smith continuara hablando?—. ¡No!

—Cállate, Sally.

Sally frunció el ceño ofendida. Parecía que Smith trataba a todos igual, ni su prima era la excepción.

—¿Qué hay con Black?—dijo Harry.

—Creí que estarías tras él—Smith no aparto la mirada de Harry—. ¿Tu sabes? Yo en tu lugar…

—No lo hagas, Zach, recuerda lo que…

—¡Oh dios, Sally!—Zacharias Smith la volteo a ver—. Deja en paz.

—Sabes que no debemos…

—No me importa. Vete de aquí, eres solo un estorbo.

Sally se aparto de él, con la mejillas roja y ofendida se giro a ver Harry por un instante y se fue rumbo a su mesa. Zacharias Smith concentro de nuevo su atención en Harry, antes de dar una mirada a sus costados asegurándose que nadie mas escucharía.

—Como decía, si estuviera en tu lugar, buscaría venganza. Luego de lo que paso…después de todo, fue culpa de Black.

—¿De que hablas, Smith?

—¿No lo sabes?

—¿Qué he de saber?

—¿No sabes lo que Black hizo? —Smith sonrió con malicia—. ¿Realmente no tienes idea de lo que Black hizo?

—¿Quieres explicarte, Smith?

Smith soltó una risa despectiva, apenas audible.

—O tal vez no quiera arriesgar tu pellejo. Después de todo eres de Slytherin, un cobarde y quieras dejarle todo a los dementores ¿no es así? Pero en tu caso, pienso, que yo cazaría a Black.

—¿De qué hablas? —le preguntó Harry de mal humor.

—Creo que sino sabes, entonces te dejare con la duda.

—¿Hay algún problema aquí?—pregunto uno de los prefectos que se había acercado.

—Ningún problema—dijo Smith sonriendo y se alejo con una mirada de malicia.

—¿Qué habrá querido decir Smith? —susurró Harry cuando el prefecto se retiro a su lugar—. ¿Por qué tendría que vengarme de Black? Todavía no me ha hecho nada.

—Sabemos como es Smith—dijo Draco—. Solo desea fastidiarte, mejor olvídalo.

Artemis no comento nada, sentía un mal presentimiento acerca de lo que Smith dijo. Y en su búsqueda de Black no había avanzado mucho y apenas habían empezado las clases de adivinación sin nada que pudiera usar, intento leer lo que el libro decía pero algo le decía que para comprender lo escrito en él, necesitaría la ayuda de la profesora Trelawney. Estaba enojada con ella por lo ultimo que le dijo en la clase, pero Artemis dejo que su orgullo ganara cuando le dijo que su pregunta era estúpida por que la repuesta que buscaba no existía y que solo caería a un precipicio en su búsqueda; tal vez no lo había dicho de ese modo pero igualmente fue ofendida. Pero no podía aceptar que no hubiera una forma de dejar de ver visiones del futuro.