Capitulo: La desaparición del ángel de Slytherin
En muy poco tiempo, la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras se convirtió en la favorita de la mayoría. Al principio el profesor Lupin había sido criticado por Pansy por la apariencia de este, pero incluso ella admitió a verse equivocado e incluso comento que el profesor tenia un estilo único; un estilo por el cual algunas alumnas suspiraban por el profesor como lo habían hecho anteriormente con Lockhart. Aunque a nadie le molestaba como había pasado con Lockhart, sino que le encontraban un lado mas divertido y comprensivo, por que el profesor Lupin tenia que lidiar con las risueñas admiradoras que se había ganado.
Las siguientes clases fueron tan interesantes como la primera. Después de los boggarts estudiaron a los gorros rojos, unas criaturas pequeñas y desagradables, parecidas a los duendes, que se escondían en cualquier sitio en el que hubiera habido derramamiento de sangre, en las mazmorras de los castillos, en los agujeros de las bombas de los campos de batalla, para dar una paliza a los que se extraviaban. De los gorros rojos pasaron a los kappas, unos repugnantes moradores del agua que parecían monos con escamas y con dedos palmeados, y que disfrutaban estrangulando a los que ignorantes que cruzaban sus estanques.
El profesor Snape al principio pareció recio a escuchar como alaban al profesor Lupin pero se volvió mas tolerable al darse cuenta que estaban aprendiendo realmente y eso era algo que agradecía; las clases privadas que Harry junto a Draco, Artemis y Neville tenían durante los jueves en las tardes no dejaban de ser tan estrictas como fueron en el verano. Si hablaban sobre Pociones o Defensa Contra las Artes Oscuras, siempre retomaban lo visto en clase y añadía datos interesantes e incluso encontraba la forma de unir ambas materias; si consideraba que habían comprendido el tema o conocían lo suficiente veían mas interés. Como lo habían hecho durante una tarde donde hablo sobre hombres lobo y lo ayudaron a realizar una poción mata lobos mientras el profesor Snape hablaba sobre el tema.
Hubieran deseado invitar a Hermione pero siempre parecía cansada y atareada con tantas tareas, que decidieron no ponerla al limite; Draco estaba seguro que un día colapsaría por tanta carga y que no tendría otra opción que abandonar algunas materias selectivas.
Aquel año tuvieron un interesante cambio, al parecer Binns, su habitual profesor de Historia, pasaría a dar clases a los alumnos de segundo por pedido de estos; Ethan les comento que todos los alumnos de su año habían hecho la petición al profesor Dumbledore. Y Harry se sorprendió ante esa revelación, siempre había creído que el profesor Binns era el único profesor que impartía la clase de Historia pero tenia sentido que no lo fuera, Harry siempre se había pregunto que impartían el resto de los profesores que veía en la mesa principal. Como Artemis explico ese día, existían diferentes profesores para cada materia aunque había mas profesores para algunas materias que para otras; por ejemplo: el profesor Lupin era el único profesor de Defensas Contra las Artes Oscuras, pero había por lo menos tres profesores de Encantamientos.
—¿Y por que pidieron el cambio de profesor? —pregunto Draco—. Binns es muy aburrido.
—Lo comprenderás cuando conozcan al profesor Green—dijo Ethan.
Y así fue, pudieron entender por que el cambio de profesor, durante su primera clase con el profesor Green. Era un hombre de baja estatura, un una cabeza mas alto que Harry, vestía un túnicas de rayas y zapatos bien limpios; su rostro no era amable sino severo, tenia los ojos castaños y piel morena.
No los dejo entrar al aula hasta que estuvieran totalmente presentables; fuera del salón muchos alumnos se tuvieron que acomodar el uniforme y la túnica e incluso limpiar sus zapatos o botas. Harry espero que la poción que la señora Malfoy le dio durante las vacaciones fuera suficiente para mantener su cabello a raya; por otro lado, Artemis tuvo que cambiar el color de su cabello que era azul a negro, por que era una distracción para sus compañeros.
—No le hagas caso, Temis—dijo Draco—. De todas formas atraes la atención…—Refiriéndose indudablemente a la parte veela de Artemis.
El aula no era igual al resto, no había pupitres sino largas mesas semicirculares viendo al pizarrón que estaba escaleras abajo y Harry se dio cuenta que todos los alumnos del mismo año tenían la misma clase juntas; lo que era inusual, nunca antes habían tenido las cuatro casas una clase junta.
El profesor empezó a explicar las reglas que tenia dentro de su aula, para luego continuar a pasar lista y realizar un pequeño examen para ver que tanto habían aprendido con el profesor Binns. Harry tuvo que hacer memoria para responder todas las preguntas y con alivio, observo que no era el único con problemas; Artemis estaba jugueteando con su pluma mirando fijamente el examen con el ceño fruncido y Blaise, una mesa adelante, intentaba mirar la hoja de Theodore sin que el profesor se diera cuenta. En cambio Draco ni Theodore parecían tener problemas para responder el examen. Al terminar el profesor les indico un capitulo del libro para que lo leyeran mientras revisaba los exámenes; solo Hermione, Theodore, Justin y Pansy contestaron correctamente todo.
—La Historia de la Magia esta llena de grandes acontecimientos…por ejemplo, ¿quién podría decirme algo sobre la rebelión de los duendes?
Hermione alzo la mano.
—Fue durante 1613 que ocurrió este acontecimiento. Los duendes utilizaron una posada de Hogsmeade como cuartel general. Se sabe sobre esta rebelión que..
—Gracias, señorita. Esta en lo correcto, pero lamento informarle que le descontare un punto a Gryffindor. Nunca le di permiso para hablar.
Todos en el aula parecieron igual de sorprendidos que Hermione, ella nunca había perdido un punto en clases. Hermione avergonzada bajo la mano.
—Señorita Brocklehurst. Dígame un acontecimiento importante de 1637.
—Podría ser el Código de Conducta de los Hombres Lobo—respondió una chica pelirroja de Ravenclaw—. Trata sobre…
El profesor la detuvo con la mano.
—Señor Finnigan podría decirme de que trata.
—…Eh...puede ser que a los lobos…
Hermione alzo la mano, sus mejillas aún estabas sonrojadas pero parecía haber recuperado el valor para responderá una pregunta.
—Mal, señor Finnigan, ¿señorita Smith puede ayudarle?
—En el código se recogen la conducta habitual de un Hombre Lobo para que algún otro acto maligno de un Hombre Lobo que no pertenezca a su conducta habitual sea reconocido como delito.
—Nada mal. ¿Señor Potter, cuando fue que los duendes se hicieron con el poder del banco Gringotts?
Hermione alzo nuevamente la mano. Harry intento exprimir su cerebro por alguna respuesta, pero no podía encontrarla y Artemis a su lado alzo la mano.
—No lo se.
—Señor—replico el profesor.
—Señor—repitió Harry.
—Es una verdaderas lastima. Tan famoso que solo conoces tu historia… ¿Si, señorita?
—Profesor, no llegamos a ver eso—dijo Artemis—. El programa del año anterior no llego a abarcar esa parte de la historia.
—¿Cuál es su nombre?
—Artemis Jones.
—Señorita Jones, esta diciendo que ustedes no saben nada—intento replicar pero el profesor no la dejo—. Esto es algo que deberían saber todo mago. Ahora, si fuera una hija de muggles seria pasable como para un mestizo que solo conocen el mundo muggle. ¿Su caso es alguno de esos dos?
—De hecho soy mestiza, señor, pero eso no tiene…
—Entonces es comprensible su ignorancia.
Artemis frunció el ceño ante aquel comentario pero no añadió mas. Tal vez la mirada del profesor le advirtió que era mejor no echar mas leña al fuego.
—Señor Potter, intentémoslo de nuevo—le dijo el profesor Green mirándolo con cansancio—¿Cuándo se aprobó el Estatuto Internacional del Secreto?
Hermione levanto la mano una vez mas.
—No lo se… Yo soy un mestizo que solo conoce el mundo muggle.
A Harry no le gusto la forma en como se refirió a Artemis como ignorante por ser de sangre muggle. Algunos en el aula lo miraron sorprendidos, otros le mostraron su apoyo ganándose una mirada del profesor Green.
—Pero puede preguntarle a Hermione, seguro ella sabe.
—Señorita, por favor, baje la mano—se dirigió el profesor hacia Hermione—. Y un punto menos para Slytherin, por su insolencia, señor Potter. Y uno menos para el resto de la clase por reírse del comentario insolente de su compañero Potter.
La clase no fue como la de Binns, el profesor no dejaba que nadie se distrajera en su clase y sabia captar la atención. Los alumnos se percataron que era un profesor estricto, tal vez, mucho mas que McGonagall pero un tanto injusto. Un chico de Gryffindor perdió un punto por prestar una pluma y Theodore perdió otro por corregir a un compañero y otro por protesto. Al finalizar la clase, los alumnos se apresuraron a dejar el aula, para quejarse libremente de su nuevo profesor.
—Catorce puntos perdidos para Slytherin, en un solo día—se quejo Artemis—. Es estúpido quitar un punto por ayudar a un compañero. Theodore no hizo nada malo.
—Pero el es el profesor, ¿qué podemos hacer? —dijo Draco también de mal humor—. Ahora entiendo por que Ethan y el resto de sus compañeros no lo querían de nuevo.
Después de eso la clase de Historia de la Magia se volvió la mas desagradable de todas. Otras de las clases que Harry odiaba, eran las que pasaba en la agobiante sala de la torre norte de la profesora Trelawney, descifrando símbolos y formas confusas, procurando olvidar que los ojos de la profesora Trelawney se llenaban de lágrimas cada vez que lo miraba cuando no miraba a Crabbe, quien fue su segunda predicción de muerte. A casi nadie le gustaba la profesora Trelawney pero la trataban con respecto, incluso Pansy, quien era insolente sin faltar el respecto. Solo Lavender Brown y Parvati Patil de Gryffindor, habían adoptado la costumbre de rondar la sala de la torre de la profesora Trelawney a la hora de la comida, y siempre regresaban con un aire de superioridad que resultaba enojoso, por que regresaban como si supieran cosas que los demás ignoraban.
A nadie le gustaba realmente la asignatura sobre Cuidado de Criaturas Mágicas, que después de la primera clase tan movida se había convertido en algo extremadamente aburrido. Hagrid había perdido la confianza. Ahora pasaban lección tras lección aprendiendo a cuidar a los gusarajos, que tenían que contarse entre las más aburridas criaturas del universo.
—¡Esto es asqueroso!—se quejo Draco tras pasar otra hora embutiendo las viscosas gargantas de los gusarajos con lechuga cortada en tiras—. Nadie en su sano juicio quisiera esto de mascota.
Y a comienzos de Octubre, el equipo de Slytherin se reunió a conversar sobre las nuevas tácticas con las nuevas técnicas aprendidas durante los entrenamientos; y mientras Draco continuo con su lesión tuvieron que practicar sin el. Fue por medio de una rifa que Harry tuvo que tomar el lugar de Draco en las practicas para poder entrenar; Artemis no fue ni siquiera mencionada ni invitada a unirse, pero no parecía molestarle. Una semanas después, Draco decidió dejar el drama del brazo y se preparo junto a Harry para entrenar un día; la sorpresa fue que Flint lo coloco en el puesto de Harry para la practica, argumentando que debía ponerse en forma antes de retomar su puesto. Desde entonces, había estado con las posiciones del otro para entrenar.
Una tarde, después del entrenamiento, Harry y Draco regresaron a la sala común; vieron a todos sus compañeros muy animados.
—¿Qué ha pasado? —preguntaron a Artemis.
—Primer fin de semana en Hogsmeade—les dijo Artemis, señalando una nota que había aparecido en el tablón de anuncios—. Es a finales de octubre. Halloween.
Harry se dejó caer en una silla, al lado de Draco, y la alegría lo abandonó.
—Vamos, amigo, en cualquier momento atrapan a Black—dijo Draco—. Todo el mundo esta detrás de él y te dejaran salir de hogwarts.
Harry no se animo, recordó aquella tarde cuando Draco se lastimo y él junto a Artemis fueron a visitar a Hagrid, quien estaba deprimido por lo sucedido en su clase y cuando lograron animarlo, los regreso inmediatamente al castillo por que podían correr peligro. No había forma de que lo dejaran ir.
—Anímate, Harry, aún puedes intentar obtener la autorización con el profesor Snape —le consoló Artemis—. Recuerda lo que dijo Pansy.
—¿Tu crees que me de permiso.?
—Sino lo intentas nunca lo sabrás.
—Inténtalo sino, le diré a mis padres que convenzan a Snape—dijo Draco.
—No creo que tus padres te apoyen, Draco—dijo Artemis—. Haz dicho que a tu madre le preocupaba el asunto de Black y que había algo que la perturbaba.
—Bueno, cuando habla sobre Black parece intrigada por lo que hizo. Pero es normal, era su primo—dijo Draco haciendo una mueca de disgusto—, seguro le parece aún sorprendente sus acciones.
Durante el día siguiente cuando se dirigían a la clase de Transfiguración, se encontraron con un Ron bastante enojado tanto con Artemis como con Hermione. No era inusual que Ron y Hermione estuvieran enojados por algo, pero ¿que Artemis tuviera algo que ver? Eso si era raro, al menos que el profesor Snape estuviera incluido.
—¿Quieres decirme que supuestamente hice? —pregunto Artemis enojada por la actitud de Ron hacia ella.
Neville, entonces se adelanto y le entrego a un pequeño hurón negro.
—Estaba en nuestra sala común—dijo Neville que luego empezó a relatar como el hurón y el gato de Hermione habían intentado comerse a Scabbers sin éxito durante la tarde anterior.
—Oh. Por esto estas enojado—dijo Draco con un toque de diversión—. Así que Warlock fue a jugar con Scabbers.
—A tratar de matarlo, diría yo—dijo Ron.
—Eso—dijo Artemis restándole importancia, colocando al hurón en el bolsillo de su túnica—. Aunque no deberías enojarte conmigo de esa forma por algo que estuvo fuera de mi control.
—¡Tu también vas a defender a tu alimaña!
—No es una alimaña—dijo Artemis—. Solo dije que no debes enojarte así conmigo, como si lo hubiera hecho apropósito, para que te tranquilices alejare a Warlock de tu rata.
—Lo agradecería—le dijo Ron—. Me alegra saber que eres mas comprensiva, por que hay personas que no se preocupan en lo absoluto por las mascotas de los demás.
—Es su instinto, Ron—dijo Hermione.
Se despidieron cuando debieron separarse para ir a clase, Ron y Hermione aún estaban molesto entre ellos y seguramente lo estarían el resto de la tarde. Se apresuraron a llegar al aula de Encantamientos, donde el profesor Flitwick dio una nueva clase sobre hechizos estimulantes y que al parecer seria uno de los temas en el examen, según le confeso a Artemis. Durante la hora de comer, Snape paso por la mesa recibiendo todas las autorizaciones con la ayuda de los prefectos.
Draco y Artemis animaron a Harry a hablar con el profesor, los vieron intercambiar palabras y luego se dieron cuenta que Harry tenia el rostro abatido mientras entregaba su autorización.
—¿Qué dijo? —temió preguntar pero debía hacerlo.
—No puede darme autorización—dijo Harry—. Dijo que tal vez consiga pasar las vacaciones con tu familia Draco… si es que al ministro no interviene como la ultima vez.
La mañana de Halloween llego, trataron de animar a Harry e incluso sugirieron que podía quedarse en el castillo a hacerle compañía pero el no los dejo.
—Te traeremos algunos recuerdos—dijo Artemis intentando animarlo—. Si te anima, no será lo mismo sin ti ¿verdad, Draco?
Le dio un golpe en la espinilla. Draco la miro un segundo y luego dijo:
—Sin duda. Somos un equipo, amigo—habría dicho aquello igualmente sin la necesidad de un golpe.
—No os preocupéis por mí —dijo Harry con una voz que procuró que le saliera despreocupada—. Ya nos veremos en el banquete. Divertíos.
Los acompañó hasta el vestíbulo, donde Filch, el conserje, de pie en el lado interior de la puerta, señalaba los nombres en una lista, examinando detenida y recelosamente cada rostro y asegurándose de que nadie salía sin permiso.
—¿Qué ocurre, Potter? —gritó Smith, que estaba en la cola—. ¿Temes desmayarte de nuevo ante los dementores?
Harry no le hizo caso y volvió solo por la puerta a las mazmorras. Sus amigos lo vieron alejarse, ellos estaban igual de decepcionados o tristes que Harry; era su amigo después de todo y no podría acompañarlos a ninguna visita aquel año.
Draco y Artemis avanzaron por el sendero, el día estaba soleado aunque con el viento frio soplaba, pero se podía apreciar una hermosa vista del paisaje. Durante el trayecto se unieron a Hermione, Ron y Neville. Al hablar sobre Harry, solo Neville y Ron compartían el mismo sentimiento de que su amigo no tuviera la oportunidad de visitar Hogsmeade; Hermione en cambio tenia una opinión diferente a ellos.
—Es mejor que sea así—dijo—. Sirius Black anda suelto y quiere matarlo, lo han visto cerca de Hogsmeade, no creo que Harry debería andar fuera del castillo con semejante criminal por ahí.
Hubo protestas que Hermione silencio; nadie intento contradecirla, excepto Artemis pero Hermione no le dio la oportunidad de hablar; un momento después Artemis lo observó detenidamente, a la espera de que actuara. Draco era el único que parecía ser capaz de lograr hacer cambiar de opinión a Hermione; nadie parecía entenderla mejor que el mismo, ni siquiera Ron, que peleaba con ella a cada rato sin sentido. Draco lo hacia por diversión y con una buena estrategia en mente para ganarle siempre.
—Harry podría estar expuesto al peligro si decide ir a Hogsmeade, no han encontrado a Black y tampoco nadie sabe si sigue por los alrededores. Salir del castillo seria peligroso para él…
—En ese caso—dijo Draco deteniéndose—, vámonos todos de regreso al castillo. Semejante criminal podría matarnos a nosotros también si nos ve—tomo a Hermione de la mano y regreso por el camino al castillo con Hermione protestando mientras todos los empezaban a ver raros—. ¿Qué pasa, Granger? Sirius Black esta suelto y podría matarnos a nosotros también—empezó a imitar sus gestos aunque un poco exagerado—. ¡Mato a doce muggles sin importarle nada, que le impedirá matarnos!… ¡Podríamos ser los siguientes en su lista sin saberlo! No deberíamos andar fuera del castillo con semejante criminal rondando por ahí, cerca de Hogsmeade. Lo mejor será regresar.
Siguió arrastrándola de la mano.
—Lo entendí, Draco.
—Yo no creo que lo entiendas—dijo Draco seriamente deteniéndose—. Harry esta encerrado en el castillo mientras todos vamos a divertirnos un poco, sin preocuparnos de Black, ¿cómo te sentirías tu estando en el lugar de Harry? ¿Qué no puedas salir mientras ves a todos a tu alrededor irse a divertir?—Hermione le sostuvo la mirada pero no dijo nada, su rostro demostraba que había comprendido sus palabras—. Exacto, así es como se siente Harry. Eres muy inteligente, Granger, pero a veces eres un poco ruda, deberías pensar mejor las cosas antes de hablar.
Draco la miro tan callada, que se sintió mal por un momento de haber sido muy duro pero tenia que decírselo, para que intentara de comprender o tener simpatía por los demás; estaba el tema de la rata de Ron y su gata, a quien no podía dejar de buscar la forma de defender y luego había escuchado la situación con Lavender, que había estado en un mar de lagrimas pero Hermione no pudo tener tacto por que quería tener la razón y; por ultimo estaba Harry, que seguro intentaba no pensar en Hogsmeade, al lugar donde no había podido ir por culpa de Black.
—Vamos, Hermione—dijo pasándole el brazo por los hombros, siendo su voz mas amable—, vayamos a divertirnos en Hogsmeade y traer un montón de recuerdos para Harry. ¿No crees, Neville?
—Por supuesto—dijo Neville sonriendo un poco nervioso por lo sucedido.
—Un poco de diversión nos hará bien—dijo Artemis masajeándose su propio cuello.
Paso su brazo libre por los hombros de Artemis, y continuaron su camino hacia Hogsmeade. Al llegar, se detuvieron para apreciar el pueblo mágico antes de ir a recorrerlo.
—¿A dónde iremos primero?
—¿Qué tal las tres escobas?
—¿Honeydukes?
—Vayamos primero a Honeydukes y podemos pasar luego a las Tres escobas—dijo Draco.
—Perfecto.
A pesar de haber sido unos de los primeros en llegar a Hogsmeade, Honeydukes estaba tan abarrotada de alumnos de Hogwarts. La tienda estaba llena de estantes repletos de los dulces más apetitosos que se puedan imaginar. Cremosos trozos de turrón, cubitos de helado de coco de color rosa trémulo, gruesos caramelos de café con leche, cientos de chocolates diferentes puestos en filas. Había un barril enorme lleno de alubias de sabores y otro de Meigas Fritas, las bolas de helado levitador de las que Ron les había hablado. En otra pared había dulces de efectos especiales: el chicle droobles, que hacía los mejores globos (podía llenar una habitación de globos de color jacinto que tardaban días en explotar), la rara seda dental con sabor a menta, diablillos negros de pimienta («¡quema a tus amigos con el aliento!»); ratones de helado («¡oye a tus dientes rechinar y castañetear!»); crema de menta en forma de sapo («¡realmente saltan en el estómago!»); frágiles plumas de azúcar hilado y caramelos que estallaban.
—Miren hay muestras gratis—dijo Neville señalando un barril con un nuevo caramelo que presentaba Honeydukes.
Tomaron un poco y avanzaron apretujados entre la multitud hasta dar con la sección de chocolates. Rellenos de todos los sabores que existían y con distintos efectos; había chocolates de caramelo que hacían que tus dientes se pegaran, otros que a cada mordida era una explosión de sabor en la boca.
—¿Me pregunto si a Harry le gustaran de estos? —pregunto Ron a Neville.
—Sin duda me encantaran—dijo una voz detrás de ella.
—¡Harry! —gritó Hermione—. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo... como lo has hecho...?
—¡No me digas! —dijo Draco asombrado—. ¡Snape te dio permiso a ultimo minuto!
—Por supuesto que no—dijo Harry. Bajó la voz para que solo ellos lo escucharan y les contó lo del mapa del merodeador, un mapa que mostraba todo hogwarts y sus pasadizos secretos como el que había en Honeydukes; Fred y George le habían robado el mapa a Filch durante su primer año y cuando se enteraron que Harry no podría ir a Hogsmeade, decidieron dárselo a él.
—Esos malvados muchachos me mintieron, dijeron que no había forma de que salieras del castillo a escondidas.
—¿Fuisteis tu? Tu le dijisteis—dijo Harry a Artemis.
—Comente algo—dijo Artemis—. Pero es asombroso, no creí que ellos tuvieran en su poder un mapa como este.
—No puedo creerlo—dijo Ron ofendido—. Son mis hermanos, ¿por qué no me lo dieron a mi?
—¡Pero Harry no se quedará con él! —dijo Hermione, como si la idea fuera
absurda—. Se lo entregará a la profesora McGonagall. ¿A que sí, Harry?
Draco rodo los ojos ante el absurdo pensamiento de que Harry estaría de acuerdo con aquello. De hecho Harry no tardo en responder:
—¡No!
—Entregarle ese tesoro—dijo Ron—. Para nada.
—¡Si lo entrego tendré que explicar dónde lo conseguí! Filch se enteraría de que Fred y George se lo cogieron.
—Pero ¿y Sirius Black? —susurró Hermione—. ¡Podría utilizar alguno de los pasadizos del mapa para entrar en el castillo! ¡Los profesores tienen que saberlo!
—Y como sabría el de los pasadizos—dijo Artemis—. Ni siquiera nosotros teníamos conocimiento y mientras Harry no pierda el mapa, no hay que temer. Además, Sirius Black seria tonto para acercarse aquí, con tantos magos que saben sobre él…
—No escuches a Hermione—dijo Draco—. Es algo dramática.
—Me alegra que estés aquí—dijo Neville a Harry.
—A mi también.
—¿No te alegra que Harry esta aquí, Hermione?
—Claro que me alegra, Draco, pero…
—¿Entonces que importa?
—Mejor hay que preocuparnos por que nadie se entere que Harry esta aquí—dijo Artemis quitándose su gorro para dárselo a Harry para ocultar su cabello—. Se meterá en problemas si Snape se entera.
Entonces Neville le paso su bufanda para que se cubriera parte del rostro con ella y Draco le coloco su gorra peluda, para que pudiera taparse la cara con ella si fuera necesario, un simple gorro solo serviría para ocultar su desastroso cabello.
—Es una tontería—dijo Hermione—. Sigue pareciendo igual.
—Bueno, nadie pensara que esta aquí—dijo Ron—, por que se supone que esta en la escuela, por lo cual nadie pensara que es él…
Decidieron dejar a Harry de aquella forma y empezaron a llenar bolsas de diferentes dulces, y antes de que acabaran con el dinero decidieron avanzar para observar el lugar. Recorrieron Hogsmeade mientras escuchaban a Hermione hablar sobre la historia de este, cuando se había fundado y quien lo fundo, como fue creciendo el lugar desde entonces. Una especie de tour privado. Llegaron a las Tres escobas a descansar, el lugar estaba lleno de mesas con tanta gente extraña, unas mas que otras. En la barra había una mujer realmente atractiva que atendía a los clientes.
—Bonita, ¿no lo crees?—susurro Draco a Harry.
—Bonita—concordó Harry.
—Buscaremos una mesa—dijo Hermione—, por que no van por las bebidas.
—Claro.
Draco, Ron y Harry se acercaron hasta la barra, varios alumnos de hogwarts estaban ahí esperando a que los atendiera o simplemente observando a la tabernera. Draco no podía quitarle la vista tampoco, la mujer era atractiva, tenia curvas y un bonito rostro.
—Una hermosura ¿no? —Theodore se acerco a ellos y observo a Harry sin comentar nada—. Es Madam Rosmerta. Blaise ha sido flechado y tiene un gran problema emocional.
—¿A que te refieres?
—Le gusta Madam Rosmerta pero ya vio a la profesora Babbling, la maestra Runas y no la puede olvidar—Theodore se carcajeo un poco—. Creo que el no fue el único flechado—observo a Ron que no se seguía con la mirada a la tabernera.
Se rieran atrayendo la atención de Madam Rosmerta que los atendió, una vez con las cervezas de mantequilla se despidieron y se reunieron con Neville y las chicas en la parte trasera del establecimiento.
—Cerveza de mantequilla a sus ordenes—dijo Draco colocando las jarras de caliente y espumosa cerveza de mantequilla en la mesa.
—Nos encontramos a Theodore—dijo Harry tomando asiento junto a Draco y colocando dos jarras que traía en las manos en la mesa—. No estoy seguro si me reconoció o lo dejo pasar.
—Seguro lo dejo pasar—dijo Draco—. No te preocupes, no creo que Theodore diga algo.
Ambos compartieron una sonrisa.
—Se ve delicioso—dijo Neville observando su jarra.
—Ya lo creo—dijo Hermione.
Draco levanto su jarra y dijo:
—¡Feliz Halloween!
—¡Feliz Halloween!
El resto lo imito.
Draco bebió hasta el fondo. Era totalmente delicioso y reconfortarle para el frio. Estuvieron un rato ahí platicando, sobre lo que había visitado y lo que faltaba por visitar. Hasta aquel momento solo habían ido a Dervish y Banges, la tienda de artículos de brujería, a la tienda de artículos de broma de Zonko, a la oficina de correros y a muchos otros sitios de los cuales Draco no recordó el nombre. Al salir de las tres escobas recorrieron otros sitios de Hogsmeade antes de dejar a Harry en la entrada de Honeydukes.
—Nos veremos en hogwarts.
El aire estaba impregnando del delicioso aroma de calabazas asadas cuando se acercaron al gran comedor. Lo habían decorado con cientos de calabazas con velas dentro, una bandada de murciélagos vivos que revoloteaban y muchas serpentinas de color naranja brillante que caían del techo como culebras de río. Harry saludo a unos cuantos compañeros y dijo algunos: Feliz Halloween, que les fueron regresados.
—¿Y donde esta nuestro ángel? —pregunto Blaise.
Ángel. Era uno de los apodos que Artemis tenia entre sus compañeros y ese en especial lo utilizaban para hacer referencia a la parte veela de Artemis. Había otros como estrella, luciérnaga, cabello pintado, la chica multicolor, arte, etc.; todos utilizados de forma cariñosa, pero usados de forma ofensiva por aquellos quienes odiaban y envidiaban a Artemis. Los cuales no eran pocos.
—Fue a buscar algo que se le olvido en el aula de la loca de la profesora de adivinación—le dijo Draco mientras entrababan al comedor—. Le dije que eso podía esperar hasta mañana, pero Artemis dijo que era importante para una de sus tareas.
—Es un poco testaruda a veces—dijo Harry.
—¿La dejaron ir sola? —dijo Blaise alzando una ceja—. ¿Saben que tendrá que pasar por territorio Gryffindor para llegar hasta la torre norte?
—Artemis sabe cuidarse—dijo Draco—. Lo peor que puede pasar es que se asuste ante la cara de Trelawney.
—O reciba una predicción de muerte—dijo Pansy tomando asiento—. Para empezar, ¿de que tarea se trata? Por que si es de adivinación, no debería preocuparse. Yo le pago a unos chicos de segundo por hacerme la tarea de esa loca.
Blaise asintió de acuerdo, pero antes de que le diera un bocado a su comida, lo alcanzaron a escuchas decir:
—Pero no tuvimos adivinación ayer.
La comida estaba deliciosa. Incluso aunque estaba que reventaba de los dulces que habían comido en Honeydukes, repitió como todo el mundo. La mayoría intento evitar hablar sobre aquel día que pasaron en Hogsmeade, Harry estaba seguro que era para no hacerlo sentir mal por ser el único del año en no poder ir a Hogsmeade; y sonrió para sus adentros por que él, gracias a los gemelos, no se había quedado triste y solitario en hogwarts.
El banquete terminó con una actuación de los fantasmas de Hogwarts. Saltaron de los muros y de las mesas para llevar a cabo un pequeño vuelo en formación. Nick Casi Decapitado, el fantasma de Gryffindor; cosechó un gran éxito con una representación de su propia desastrosa decapitación.
Estaban retirándose del comedor como todo el mundo, sus ojos buscaron vagamente alguna señal de Artemis quien nunca se único a ellos, y esperaban encontrarla sentada junto a su primo Ethan.
—Sera que la profesora Trelawney la secuestro—bromeo Draco.
Apenas se habían colocado el pijama cuando los prefectos entraron desalojando las habitaciones y enviándolos a todos a la entrada donde la premio anual, Gemma Farley, les comunico la situación y que todos estuvieran juntos mientras eran escoltados hasta el Gran Comedor.
—¿Dónde esta Artemis? —escucharon a Pansy a unos metros.
Harry y Draco intercambiaron una mirada mientras los prefectos hacían un pase de lista, ordenándolos en dos largas filas. Esperaron que estuviera a salvo en la torre norte y aunque decidieran buscarla, no podrían, Gemma los mantenía vigilados muy atentamente, seguramente por ordenes del profesor Snape.
Momentos atrás, Artemis se despedía de la profesora Trelawney que le advirtió tener cuidado en su regreso; ahora esperaba que no ocurriera nada malo. Tenia la sensación de que una caída o una leve herida no era a lo que se refirió la profesora, sino a algo mucho peor.
Estaba bajando una escalera, cuando esta se movió y termino en otro lugar, no tuvo mas opción que terminar de descender la escalera pero cuando llego al final creyó ver la sombra de alguien en el pasillo que se abría frente a ella. No era Filch, el conserje, por que ya habría salido a castigarla por alguna tontería. ¿Seria alguien de primero que se perdió o Neville que se confundió de camino por culpa de las escaleras movedizas?
—Hola—hablo acercándose a la figura, era demasiado alta para ser un alumno de primero—¿Quien anda ahí? …¿Eres tu padrino?
Al darse cuenta que no era Snape, aunque su cabellera larga la logro confundir, Artemis se detuvo y un escalofrió recorrió su espalda. Por un momento pensó que era un fantasma que había decidido mudarse al castillo y ser mucho mas terrorífico que el Barón; pero aquel rostro lo había visto antes…
—Tu no eres Snape—soltó tontamente.
—No, y tu no deberías estar aquí.
Y antes de que pudiera salir corriendo, Sirius Black la atrapo y la silencio con una mano, en aquel momento a Artemis se le ocurrió una idea. Mordió la mano de Black y grito por ayuda, esperando que Filch estuviera cerca. Pero Black no perdió tiempo en callarla, la tomo del brazo retorciéndoselo en su espalda, inmovilizándola de cara a la pared.
—¿Qué estas haciendo? —pregunto Artemis con la voz temblando mientras las manos de Sirius Black la tocaban en busca de algo—. ¡No!
Fue tarde, Sirius Black tenia su varita en la mano y bruscamente la volteo para amenazarla con su propia varita.
—No te servirá—dijo Artemis valientemente. Lockhart había intentado usar su varita y esta, había rebotado el hechizo en él; aquel verano, Ollivander le había explicado la razón cuando fue a verlo en su tienda. La varita que poseía era temperamental y exigente, la razón por la cual se dificulta a esa clase de varitas encontrarles un dueño. Su varita por esta razón se guardaba sus potencial solo para el dueño que escogiera, por que ambos debían ser iguales en poder y destreza. Ollivander decidió que ella, Artemis, probara la varita fue por que parecía tan temperamental y exigente como esta, y pensó que ambas aprenderían a ser pacientes y estrictas una con la otra.
—¿Tu que sabes de varitas?—se burlo Black colocándole la varita en su cuello.
Mucho mas que tu, pensó Artemis pero dijo:
—Esa varita envió a un profesor a San Mungo cuando intento utilizarla en contra de mis amigos.
Bajo la luz de la antorcha, pudo ver el rostro de Black. Una masa de pelo sucio y revuelto le caía hasta los codos, y algunos mechones se situaban sobre la cara. La piel de cera estaba tan estirada sobre los huesos de la cara que parecía una calavera, incluso pensó que lo era, y no tenia ojos. Hubiera seguido pensando en eso de no ser por que estos brillaban en las cuencas profundas y oscuras. Era lo único en él que parecía tener vida, eran de un color gris similar al de Draco, pero no eran amigables sino recelosos. Una mueca dejaba al descubierto sus dientes amarillos.
—¿De verdad? —se burlo Black que pareció recordar algo.
—Sino me crees, pruébala—dijo Artemis con todo el valor posible—. Y atente a las consecuencias.
Sin embargo, no hizo nada, solo la observo muy detenidamente con sus ojos que de la furia pasaron al desconcierto. Parecía a ver visto a un fantasma. La mano que rodeaba su cuello se aflojo pero Artemis no intenso zafarse o escapar, había algo en esa mirada que la desconcertó. Cuando sus ojos parecieron terminar de examinar su rostro, la extraña mirada de calidez se convirtió en indiferencia. ¿Qué había sido aquello?
—Mala suerte para ti—dijo—. Tendrás que acompañarme a encontrar a quien busco…
Harry, pensó con terror. Y con alivio recordó que todos debían estar en el gran comedor, algo que Black no debía de saber sino no andaría vagando por los pasillos cuando su objetivo estaba pisos abajo.
—No lo lograras.
—¿Y que, según tu, no lograre?
—Estas aquí por él—las palabras brotaron de la boca de Artemis de repente—. Vienes a matarlo, ya que la ultima vez todo salió mal y no pudisteis hacer nada por que te enviaron a azkaban.
No podía decir con certeza si Black parecía sorprendido o no, pero había una furia latente en sus ojos.
—Pero no tendrás la oportunidad de lastimar a Harry—dijo Artemis frunciendo el ceño—. Deberías darte por vencido… no habrá piedad para ti cuando te encuentren.
Sirius Black sonrió misteriosamente, y el reflejo de la luz contra su mirada desquiciada no ayudo a darle una mejor impresión.
—No te preocupes por mi—le dijo—. Yo se donde encontrar a quien busco…y obtendré mi venganza cuando lo encuentre.
La hizo avanzar con él, escaleras arriba hasta que se interno en un pasillo, no tenia ni idea de a donde iban, hasta que se detuvieron al final de un pasillo, donde se encontraba un retrato de una mujer muy gorda, con un vestido de seda rosa. Recordó a Neville hablar sobre el retrato de la dama gorda que custodiaba la entrada a su sala común, estaba segura que era ese.
—¿Ya termino el banque…
La dama gorda ahogo un grito al ver a Black. Su rostro reflejaba claramente el miedo y la sorpresa de verlo ahí.
—Señora gorda, es un placer verla de nuevo—Sirius Black la saludo como si fueran viejos conocidos. La mujer en la pintura observo con preocupación a Artemis, que estaba rodeada por un brazo de Black.
—Sirius-us Black.
—Abre, necesito entrar.
—¿Entrar? —La mirada de Artemis y la señora gorda se encontraron durante unos segundos—-¿Contraseña?
—¿Contraseña? No es momento para jugar—dijo Sirius Black sonando molesto—. Ábreme…
—Sin contraseña no puedo…
La señora Gorda empezó a alejarse.
—La chica pagara sino me abres.—Artemis sintió su varita hundirse en su cuello, y por la forma en que Black hablo; no dudaría en hacerle daño.—Entonces, ¿me dejaras entrar?
Observo a Sirius Black, sus ojos mostraban una determinación horrible.
—¿Con-contraseña?
La señora gorda termino huyendo cuando Sirius Black empezó a atracarla destrozando el retrato, Artemis se quedo helada en su lugar mirando a Black actuar desquiciadamente; su mente le gritaba que corriera pero su cuerpo no respondía. Black se giro a ella cuando se dio cuenta que no podría abrir la puerta de ninguna y que la señora gorda se había ido dando tales gritos que podrían alertar a la escuela en cualquier momento. La miro por un momento, como si aún no decidiera que hacer con ella y desconcertada observo a Warlock aparecer por el pasillo y acercarse con tanta confianza a Black, que lo coloco en su hombro para luego acariciarlo en la cabeza.
—¿Warlock?
Estaba totalmente sorprendida por el intercambio que acaba de ver entre su propia mascota y un asesino peligroso. Black ignoro su comentario y la obligo a avanzar junto a él. Se alejaron de los pasillos principales y se internaron en unos desconocidos; seria mas difícil ser encontrados. Lo cual no era bueno para Artemis. El tiempo pasaba tan lento o al menos así lo sentía Artemis, y Black parecía aún indeciso sobre que hacer con ella, a cada rato volteaba a verla con aún rara mirada. Caminaron hasta que se encontraron con un armario donde Black le hizo entrar; no escuchaba el ruido de alguien acercarse y menos el bullicio de alumnos. Se preguntó si todos aún estaban en el Gran Comedor. Si era así, entonces...
¿Qué pasaría a continuación? Su sorpresa fue enorme cuando Black simplemente la dejo ahí en el armario y se fue junto a Warlock. ¿El era realmente Sirius Black? No lo entendia. El más temido asesino a sangre fría no la había asesinado ni siquiera le había lastimado; la había dejado ahí sin siquiera preocuparse por qué alertara a todos ni por que intentará hechizarlo con su varita. Por qué Sirius Black le había regresado su varita antes de irse. ¿Él era el asesino de su tío Edward? ¿Y de todos esos inocentes muggles? ¿Estaría arrepentido? No, se veía decidido a tener venganza pero… ¿Qué planeaba al ir a la sala común de Gryffindor? No parecía alguien muy inteligente, había logrado entrar pero nunca contó con que el guardián de la puerta fuera un obstáculo. Además, ¿Cómo conocía la entrada a Gryffindor?
Estaba perpleja y se quedó ahí durante unos minutos; aún tenía miedo de que Black decidiera regresar por ella pero sería más difícil atacarla en un lugar pequeño y con una gran desventaja como no tener varita. Al salir, Artemis no reconoció el lugar e intento buscar el camino hacias las escaleras, si encontraba las escaleras, podría regresar al Hall y alertar a todos.
No se detuvo aún cuando se perdió, mantuvo la varita en lo alto y viendo hacia todas direcciones; encontró algunas escaleras oculta detrás de una puerta y descendió por ellas. Llego hasta un lugar abierto del castillo. Era un largo pasillo sostenido por pilares que dejaban a la vista los terrenos de hogwarts, y estaba bardeado con piedras hasta la altura de las rodillas. Al asomarse, descubrió que estaba cerca del suelo, dedujo que estaba en el primer piso; lo que significaba que solo tenia que bajar una planta mas y estaría en el Hall del castillo. Avanzo por el largo pasillo esperando encontrar alguna ruta que la sacara de ahí, había algunas puertas pero todas eran habitaciones vacías; un movimiento a su izquierda llamo su atención. Por un momento nadie se movió y mantuvieron un contacto visual casi escalofriante.
Artemis podía jurar que era el mismo perro que había dibujado con anterioridad, era exactamente igual a como lo había visualizado pero había algo extraño acerca de aquel perro; sus ojos eran demasiados expresivos casi humanos.
—Tu…—soltó de repente acercándose al borde para verlo mas de cerca.
No podía recordar a nadie en hogwarts que escondiera a un perro tan grande como el; incluso así, era imposible que nadie se enterara. Nunca había visto ese perro con anterioridad, no físicamente.
—¿Warlock? —se sorprendió de encontrar a su hurón junto a aquel perro desconocido. Se suponía que él estaba con Black—. ¿Qué haces tu ahí?
Ambos, perro y hurón, estaban dirigiéndose juntos hacia el bosque prohibido. Desconcertada vio a los dos desaparecer en dirección al bosque.
Estaba tan distraída que no se dio cuenta que empezó a sentir un arrebatador frio hasta que visualizo a unos dementores acercándose; recordó que no había forma de razonar con ellos por lo que salió corriendo hacia el final del pasillo que giraba hacia alguna parte del interior del castillo. Tenia que apresurarse o acabaría muerta, los dementores podrían matarla sin importar que no fuera Sirius Black. Las voces que escucho en el tren, resonaron nuevamente en su cabeza a cada paso que daba. La voz perversa de Tom se alzo sobre las demás, ordenado cosas y riendo con complacido; como si estuviera de nuevo en su cabeza como lo había estado en aquel trance durante el curso anterior. Las voces se silenciaron poco a poco, a como fue alejándose y de repente, tropezó contra alguien; logrando caer al suelo.
Un poco temerosa, levanto la vista pero su temor fue reemplazado con alivio. Era la profesora McGonagall. No podía hablar, pero su sola presencia la alivio; en un impulso la brazo con los ojos llorosos. Todavía temblaba por lo sucedido pero se sentía segura.
—¿Se encuentra bien, señorita Artemis?
Artemis asintió mientras aún la abrazaba.
—Sirius Black—titubeo recordándolo.
—Esta bien, querida, no se preocupe —dijo la profesora McGonagall afectuosamente de verla a salvo—. Todo los profesores están en su búsqueda. Vamos, hay que alejarnos de aquí.
—¿Cómo supo de Sirius Black?
—Peeves a veces puede ser muy útil—dijo la profesora mientras la guiaba por aquel laberinto de pasillos.
Cuando llegaron al Gran Comedor, se dio cuenta que todo estaba en un gran silencio. La profesora McGonagall intercambio unas palabras con los premios anuales que estaban custodiando la entrada; todos los alumnos de hogwarts estaban en sacos de dormir con las luces apagadas. La única luz provenía de los fantasmas de color de plata, que se movían por todas partes, hablando con gravedad con los prefectos, y del techo encantado, tan cuajado de estrellas como el mismo cielo exterior.
Gemma Farley la condujo hasta un parte del comedor, donde le entrego un saco de dormir rojo y la situó cerca del resto de sus compañeros para que descansara. Su llegada levanto murmullos que cada vez se escuchaban mas altos, dejando ver que nadie estaba dormido; Percy Weasley se apresuro a silenciar a todos. Fue cuando vio a Draco y Harry que colocaron sus sacos de dormir junto a ella.
—¿Dónde estabas?
—¿Qué paso?
—Me encontré con Sirius Black—les susurro Artemis—. Fue extraño…
Un poco mas calmada por lo sucedido, les relato entre susurros todo lo que le paso; lo mejor detallado que podía hasta como fue llevada hasta ahí por la profesora McGonagall.
—Pero yo no soy Gryffindor—dijo Harry—. ¿Por qué fue hacia la sala común de Gryffindor?
—La verdad no se. Parecía seguro de lo que hacia—susurro Artemis—. Dijo que sabia donde estaba a quien buscaba.
—Tal vez Sirius Black tenga la idea errónea de que eres de Gryffindor, Harry.
—¿Y por que creería eso?
—Tus padres fueron Gryffindor—dijo Draco—. Recuerdo que lo comentasteis una vez, muchos magos terminan en las casas de sus padres. Yo soy ejemplo de eso.
Eso parecía la solución al problema, pero no para Artemis, había algo muy extraño y el único con las respuestas era el mismo que había logrado escapar de azkaban.
—Tal vez fue eso—dijo aún sin estar convencida.
Durante el día siguiente Artemis tuvo que lidiar con un interrogatorio en la dirección sobre lo sucedido la noche anterior. Les relato a los profesores que regresaba de su visita a la profesora Trelawney, decirles que iba por un libro olvidado no seria inteligente, ellos no serian tan fáciles de engañar con eso como a Draco y Harry; sin embargo, decir que fue a visitar a la profesora Trelawney para desearle un feliz Halloween era mas acertado y no era mentira, había ido a visitarla pero de regreso se encontró con Sirius Black que la amenazo con su propia varita pero no la ataco, la llevo hasta la entrada de la sala común de Gryffindor donde no logro acceder a dicho lugar, para después abandonarla en un armario.
Al terminar su relato, los profesores parecían preocupados por saber si Black le había comentado algo durante su encuentro, probablemente ellos temían que le hubiera comentado su propósito sobre matar a Harry y que Artemis alertara a Harry sobre esto. Intento no perder la calma ante la mirada de todos, pero ¿que debería responder? Ni siquiera ella estaba segura de la intenciones de Black.
—No me comento nada, profesor—dijo Artemis mientras sostenía la profunda mirada del profesor Dumbledore.
—Esta bien, puedes retirarte.
