Capítulo II. El fin no justifica los medios
—Píldoras ácidas. —Pronunció Snape arrastrando las palabras.
Se encontraba en el séptimo piso del castillo frente a una gárgola que se apartó, dejando ver una pared, que al abrirse le mostró una escalera de caracol que finalmente lo condujo hasta el despacho del director. Golpeó la puerta un par de veces y esperó un momento, antes de que la voz de Dumbledore le indicara que podía entrar.
—Buenas noches Severus. ¡Vaya! Éste día he recibido muchas visitas.
— ¡Claro que sí Albus! Hoy tuviste tu primera reunión con Potter… de la que por supuesto no me dirás nada. —Le reprochó Snape—. Aunque no vengo a hablar de eso.
—Entonces, ¿a qué se debe tu visita? —Preguntó con interés.
—Se trata de la profesora Burbage. He estado pensando que deberías contarle sobre la muerte de Emmeline Vance. No tienes que darle detalles, ni decirle el nombre del asesino, solo… solo dale un poco de información. Yo no podría. Ella murió por mi culpa… yo le proporcioné la información al Señor Tenebroso para emboscarla y matarla, Albus… no puedo fingir que simplemente lo averigüe, cuando fui algo más que un simple espectador.
—Sé que esto es difícil Severus, sé que quisieras que todo fuera diferente, pero sabes que mantener la confianza de Voldemort —Snape hizo una mueca— es esencial para ayudar a Harry. Con respecto a Charity, no sé si le hará bien conocer esa información, Emmeline era su prima y su única familia.
— ¿Qué importa si le hará bien o no? Ella quiere saber, es lo menos que se merece.
Albus lo miró por encima de sus gafas de media luna.
—No sabía que mantuvieras una amistad con Charity, Severus… me da gusto. Durante años deseé que te relacionaras más con tus compañeros.
Snape suspiró exasperado y frunció el ceño.
—Ella no es mi amiga. Además en estos tiempos debes reconocer que mi escasez de amistades facilita mi doble trabajo de traidor.
—Espero que no sea doble Severus… confío en tu lealtad.
— ¿Se lo dirás? —Preguntó Snape ignorando el último comentario del director.
—Sí Severus.
Los días pasaban con una rapidez pasmosa mientras Severus evitaba a toda costa ver a Charity a solas. Ella no había vuelto a buscarlo hasta una tarde de octubre, justo antes de la primera visita a Hogsmeade. Charity había llamado a la puerta del aula de Defensa Contra las Artes Oscuras después de asegurarse que todos los alumnos de la última clase habían salido.
Por una milésima de segundo Snape perdió el estoicismo de su rostro al verla entrando, pero ella no lo notó.
—Profesor Snape, quisiera hablar con usted. —Dijo Charity con firmeza y Severus, pudo ver que había recuperado algo de la vitalidad que mostraba anteriormente, aunque no podía estar completamente seguro, ya que nunca había manifestado demasiado interés en la profesora de Estudios Muggles.
—La escucho profesora. —Solicitó secamente.
Ella aclaró levemente su garganta y se esforzó por sostenerle la mirada a su interlocutor, que al parecer se había propuesto intimidarla. Suspiró.
—Hace unos días el profesor Dumbledore me llamó a su oficina y me habló de la muerte de Emmeline y creo que lo hizo por usted. No estoy segura si él investigó o si usted le proporcionó la información, pero de lo que sí estoy segura es que usted tuvo algo que ver y he venido a agradecerle.
—No estaba enterado profesora, pero espero que lo que sea que le haya dicho Albus, la ayude a superar su pérdida. —Dijo Snape intentando cortar la conversación lo más pronto posible.
Los ojos de Charity se humedecieron involuntariamente.
—Gracias. —Dijo simplemente, al tiempo que recorría la distancia que la separaba de Snape y, sin que éste se lo esperara, lo abrazaba por la cintura, parándose de puntillas para estar casi a su altura.
Snape no estaba acostumbrado a esas muestras de agradecimiento y se limitó a dejar que ella lo abrazara. Solo veía al frente con los brazos en los costados, esperando que se terminara esa sesión de tortura.
El abrazo duró una eternidad y al final Snape levantó los brazos para tomar a Charity por los hombros y separarse de ella de la manera menos brusca que pudo. Charity se limpió las lágrimas de su rostro y esbozó una tímida y triste sonrisa al notar la cara de Snape tan cercana a la de ella una vez más.
—Lo siento profesor… a veces… a veces soy muy emotiva.
—No se preocupe profesora Burbage y le aseguro que no tiene nada que agradecerme. —Afirmó Snape tratando de ocultar la mirada cargada de remordimiento que amenazaba con delatarlo.
—Mañana hay una salida a Hogsmeade y quisiera invitarlo a tomar algo. —Lo propuso con naturalidad, pero se sonrojó al ver como Snape fruncía el ceño y se apresuró a añadir—: No será una cita… solo, —suspiró otra vez—, solo quisiera hablar con alguien que no me mire con lástima.
"¿Y quién mejor que yo para eso no? ¿Quién más puede actuar como un bastardo insensible frente a una mujer destrozada?" Pensó Snape.
—Tal vez si dejara de llorar tan a menudo la gente dejaría de compadecerse de usted —dijo sin ninguna emoción en la voz.
Charity resopló entre indignada y divertida por la grosería de Snape.
— ¿Siempre es tan insufrible?
—No siempre. —Respondió.
—Que bien… así que… ¿me acompañará? —Insistió Charity en su invitación. Snape la miró escrutador.
—Tengo algo de trabajo pendiente profesora, lo siento. —Se excusó.
—Sí, claro, de hecho yo también tengo algunos ensayos que corregir, al parecer poco magos saben que para echar a andar un auto se necesita gasolina, y aún menos saben lo que es la gasolina… es curioso cómo convivimos con muggles y nos mezclamos en sus comunidades y al final sigue habiendo tanta desinformación… los magos podemos ser muy perezosos para probar nuevas cosas… ¿no cree profesor?
Charity giraba el pomo de la puerta, cuando sintió la mano de Snape tomando su brazo izquierdo.
—Espere. Vayamos, pero regresaremos temprano, necesito comprar algunas cosas.
Charity le sonrió con franqueza.
Gracias por leer… se aceptan críticas constructivas, destructivas y/o contemplativas… espero que me tengan paciencia porque Severus es un chico difícil y todavía falta un poco para que empiece la historia de amor (me siento tan falsa escribiendo eso, no porque no sea verdad, sino porque yo no soy muy romántica que digamos), así que nos leemos después...
Saludos!
