Capítulo IV. Un solo hombre al servicio de muchas causas.
Tenía un buen rato en su oficina enfurruñado y debatiéndose entre disculparse con la profesora Burbage o ignorarla en adelante, cuando con un par de golpes insistentes aporrearon su puerta.
Severus se apresuró a abrir.
— ¡Profesor Snape! ¡Qué bueno que regresó! Hubo un ataque… —decía Hagrid, el torpe guardabosques de Hogwarts.
Severus se encaminó rápidamente a la enfermería cuando Hagrid le informó que la víctima había sido Katie Bell una alumna de Griffindor y que se encontraba siendo atendida por Madame Pomfrey.
Katie se removía violentamente sobre la camilla. Snape avanzó con cautela, al tiempo que agitaba suavemente su varita y susurraba hechizos que solo él comprendía. Inmediatamente Katie se calmó y el profesor pudo examinarla con detenimiento. Al principio no notó nada visible en el cuerpo de la joven, pero después, casi por casualidad, percibió un pequeño punto ennegrecido en su dedo índice. Observó por unos segundos más y pudo ver que el punto lentamente se iba agrandando.
Con esfuerzo logró detener la poderosa maldición y justo cuando se había desplomado sobre una incómoda silla de la habitación, llegó Filch cargando cuidadosamente una horrible bufanda roja y dorada.
—Profesor, éste es el objeto que provocó la maldición. —Informó al tiempo que dejaba ver el collar de ópalos que se escondía entre la bufanda.
—Gracias Filch, déjalo sobre la mesa. —El conserje obedeció y se retiró inmediatamente.
Después de darle instrucciones a Madame Pomfrey, regresó a la mesa en la que había dejado el collar y lo envolvió en la bufanda, a la que previamente tiñó de negro con un sencillo movimiento de varita.
No había llegado a las escaleras que lo conducirían a las mazmorras, cuando un fuerte estornudo anunció la presencia de otra persona.
—Salud. —Dijo Snape secamente al ver aparecer a Charity.
—Gracias profesor, creo que pesqué un resfriado hoy durante mi regreso al castillo… —y añadió—: regresé caminando.
—Eso fue muy estúpido de su parte… Burbage.
— ¿Ahora soy solo Burbage? —Inquirió la profesora.
—Que yo sepa, usted siempre ha sido solo Burbage…
—Sí, pero solía llamarme profesora… siendo así, yo podría referirme a usted simplemente como Snape. —Repuso Charity.
—Llámeme como quiera. —Y dicho esto se apresuró a salir del campo de visión de la profesora.
¿Qué esperaba ella de él? ¿Que de repente se convirtiera en un hombre amable que le ofreciera su hombro para llorar? ¿Que tuviera siempre las palabras correctas? Era simplemente ridícula su actitud.
Ya en su despacho se dispuso a examinar el collar. En parte fue sencillo, pues lo había visto antes en Borgin & Burkes y conocía vagamente el funcionamiento de la maldición. Pero había algo más que le preocupaba y era la forma en la que había logrado Draco Malfoy entregársela a Katie Bell, si no había salido del castillo ese día.
Dejó que el collar cayera con un ruido sordo sobre su escritorio y se reclinó sobre su asiento, tapándose la cara con sus manos, pensando en el pequeño encargo que tenía pendiente por parte de sus dos amos. Alguna vez había leído un libro muggle donde hablaba de que no se podía servir a dos causas sin fallar en alguna. Seguramente el autor de ese best seller no había conocido a Dumbledore o al Señor Tenebroso, ni a Severus Snape, por supuesto.
