Capítulo V. Yo, tú, usted.
Severus terminaba de resguardar el collar de ópalos dentro de una pequeña caja de madera y de hechizarla para que nadie la abriera por error o accidente, cuando escuchó pasos fuera de su despacho. Se acercó a la puerta. Reconoció las voces de Horace Slughorn y ¿cómo no?: Charity Burbage, si seguía cruzándose en su camino, lo volvería loco.
—…una bruja brillante Charity, nunca entendí porqué no se te dio mi asignatura. —Escuchó decir a Horace.
—Pues ya ves… soy tan mala en pociones que no puedo preparar una sencilla cura para un resfriado. —Contestó Charity.
Severus se la imaginó claramente sonriendo y jugueteando con su ridículamente larga bufanda, había notado que tenía la manía de distraer la atención de los demás, cuando hablaba de sí misma. Era nerviosa a veces y Severus se preguntó si siempre había sido así, o había empeorado con la edad. Aunque no era tan vieja, había mencionado que cursó su tercer año en Hogwarts cuando él iba en séptimo, lo que quería decir que tendría alrededor de treinta y dos años. Resopló exasperado tratando de despejar su mente de esos tontos pensamientos.
—Tu problema es que eras demasiado distraída, recuerdo que siempre te perdías los carruajes en las visitas a Hogsmeade y tenías que regresar caminando. —Recordó Horace—. ¡Qué bien, ya encontré las llaves! —Se escuchó cómo introducía la llave en la cerradura y luego el rechinido de la puerta sobre sus goznes.
—Pues esas eran solo bromas inofensivas por parte de mis compañeros… nunca fui muy popular. —Respondía la profesora—. Al parecer fui la única Slytherin en tomar la clase de Estudios Muggles.
Horace removía algunos frascos de la alacena.
—Espero que no lo hayas tomado personal… a veces los jóvenes pueden ser crueles.
Severus recordó que ese mismo día ella había vuelto andando a Hogwarts, en parte por su culpa. Una extraña mezcla de satisfacción y remordimiento lo obligó a sonreír. Y salió de su oficina.
—Buenas noches Horace, Burbage. —Saludó Snape—. ¿Buscan algo? Tal vez pueda ayudarlos.
— ¡Oh no Severus! —Contestó Slughorn mostrando un enorme frasco lleno de crisopos—. Ya lo encontré.
—Gracias Horace —dijo Charity y Severus reconoció una pequeña molestia en su interior al escuchar que se tuteaban—. Solo me apena causarle estas molestias a Madame Pomfrey, hoy ha sido un día muy pesado para ella.
"¿Y qué tal para mí?" Pensó Snape molesto, ¿qué acaso nadie se había dado cuenta que él había detenido la maldición y que más temprano había tenido que lidiar con la loca profesora de Estudios Muggles?
No, nadie lo sabía.
—Tienes razón Charity, espérame un momento —Horace comenzó a sacar más ingredientes del armario—, yo puedo preparar esa poción—. Horace le pasaba un par de frascos a Charity, cuando Severus prácticamente se los arrebató.
—Descansa Horace. Yo la prepararé.
Slughorn le dio el frasco que tenía en las manos y sonrió.
—Gracias Severus, la verdad es que ya estoy envejeciendo. —Aceptó de inmediato—. Bien Charity, te dejo en buenas manos. —Y se despidió de la profesora que no parecía muy contenta con la reciente amabilidad de Severus.
—Pase Burbage. —Dijo Severus, sosteniendo la puerta para que Charity ingresara al aula de Pociones.
—Gracias Snape. —Puso énfasis en la última palabra, tratando de sonar irónica, pero el efecto se perdió luego de un sonoro estornudo.
De inmediato Snape se puso a trabajar en la poción. Se veía tan natural mezclando los ingredientes en el caldero, que Charity se preguntó porqué no podía ella hacer lo mismo. Severus se veía tan concentrado que de repente Charity se sintió invisible.
Severus no se percató de la mirada fija que tenía sobre sí, hasta que Charity soltó un gritito al ver como el líquido del caldero comenzaba a salpicar por la temperatura que había alcanzado. Charity se sonrojó al ser descubierta y Severus frunció el entrecejo, tomó una muestra en una pequeña botella, la enfrió y se la entregó.
—No tiene que tomársela aquí. Le sugiero que lo haga en su habitación porque… —ella ya había vaciado la dosis de poción— es un poco fuerte.
—No te preocupes Severus, no sabe tan mal. —Dijo al momento en que se levantaba y daba un par de pasos, al tercero perdió el equilibrio, pero no cayó porque Severus se había adelantado a sostenerla.
La ayudó a volver a sentarse.
— ¿Desde cuándo soy Severus?
—Que yo sepa, siempre has sido Severus.
—Nunca le he dado permiso para que me tuteé. —Dijo Severus mientras se sentaba a un par de asientos de Charity.
—Sí que lo hizo: "Llámeme como quiera" —lo citó textualmente— ¿recuerda? Además es ridículo hablarnos de profesor y profesora, ¡por Merlín! ¡Somos colegas!
—No espere que yo la llame Charity.
La bruja sonrió. Una de esas sonrisas francas que le había dedicado por la mañana.
